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EL DÍA, Tenerife, domingo, 29 de abril de 1984

LAS

F I R M A S DEL

SÉPTIMO DÍA

Temas isleños

De domingo a domingo

Cuatro nuevas cruces

Hospital de la Gomera: tirar de la manta

N casi cuarenta y ocho horas, cuatro nuevas cruces en el cementerio de nuestro corazón donde, por desgracia, ya son más los muertos que los vivos. El dolor, pan del hombre, ha vuelto a nosotros y, una vez más, en pocas horas, nos pareció morder la hierba más amarga.

E

Mientras gira y gira la rueda atroz de las desdichas, cuatro nuevas cruces se clavan en el alma. Los nombres de Antonio Vizcaya Cárpenter y Julián Peña Isla —el buen escolapio— me traen a flor de memoria unos años idos para siempre y, también para siempre, bien recordados. Con estos dos nombres, los de José Manuel Hernández Pacheco y Juan Lacasa Nebot, nías nuevos en el conocimiento, eran, por paradoja, viejos en la nueva amistad. Hoy venimos en piadoso recuerdo a honrar con piadosas palabras —llenas de recuerdos y evocaciones ya— la memoria de cuatro personas a quienes la muerte tronchó en la flor de la vida o en su plenitud. Por lo que respecta a José Manuel Hernández Pacheco, no sé la verdad qué podrá haber en el clásico Menandró, según el cual muere joven aquel a quien los dioses aman, Pero, sin lugar a dudas, es muy doloroso —su-

premamente doloroso— ver desaparecer a los que, como en el caso de José Manuel, era toda una promesa, toda una realidad en el mundo del arte. Antonio Vizcaya era amigo de infancia —de escuela primaria— y, a través de los años, bien supe de los escritos de su mano y su corazón. Ahora, recordar días de escuela e instituto, tardes en la Biblioteca Municipal —allí, frente a la araucaria de la plaza del Príncipe— y, desde luego, tardes de lejana infancia en la quietud de las calles que hoy se nos apare cen llenas de dulce añoranza. Arriba, en el antiguo Quisí sana —rodeado de ciudad y silencio— el padre Julián Peña Isla trabajó mucho, pero sin resultado, para enseñarme latín. Fue hombre demasiado sencillo y pleno de paciencia, de corazón abierto e inquieto y, hoy, su recuerdo nos llega con los de otros escolapios —los padres Desiderio, Marcos, Antonio,

Turiel, Leopoldo, Rufino, etc.— que tanto por nosotros trabajaron, que bien nos formaron. Fallecidos unos, gracias a Dios con vida otros, nuestro recuerdo estará con ellos mientras proyectemos sombra sobre la tierra. Juan Lacasa Nebot tenía bondad activa e infatigable —tenía la bondad de un buen pan en la mesa— y, si sólo lo conocí y traté durante pocos meses, estas sus características calaron hondo en el corazón de cuantos le tratamos y mucho estimamos. Con él evocamos la niñez de gozo tranquilo y, también, supimos que lo mejor de nuestra vida está en nosotros. Con Juan Lacasa volvimos al alma muerta de la infancia, a las dilatadas serenidades de la inocencia, a las sorpresas del cotidiano descubrir del mundo, Cuatro ilusiones más que la muerte nos arrebata. Cuatro cruces más en el cementerio de nuestro corazón pero, si bien sabemos de su buen vivir —de sus estelas ejemplares— bien sabemos de la eternidad de su buen reposo o

Juan A. Padrón Albornoz

redondel de los días

Alberto LBERTO. Bastaba el nombre. Una mínima seña de identidad para comprender una humanidad vertida, generosa, cordial, ocurrente. Es el caso más sorprendente de realización personal que conozco. Los límites estrechos de una isla no recortaron sus miras de altos vuelos, su admiración sin mojones por las obras del espíritu de la Roma eterna y del país más recóndito o hermético del Lejano Oriente, Un personaje de «Migajas», Julio Fuentes, hacía los itinerarios mundiales a base de recorrer con su dedo las páginas de un atlas ilustrado. Algo, o mucho, de eso le ocurría a mi amigo Alberto, a nuestro amigo Alberto. Dejó pendientes algunos viajes pero cumplidos, porque creo en la justicia última, la mayor parte de sus sueños.

A

Alberto era una voz y unos gestos, irrepetibles. No necesitaba para su dialéctica contundente el apoyo gestual, pero era innato. Tenía la dignidad de las razones y éstas, cuando hablaba de arte, de La Palma, de Ca narias, se le escapaban, sin que lo pudiera evitar por el arqueo de sus cejas, por los asombros de los ojos, por la sentencia siempre mesurada de las manos. Alberto era, a tantos niveles y a niveles tan comunicativos, la razón. Quien se reconoce como un instigador nato, porque repudia una vida absoluta entre raíles, no deja de reconocer que en la mayoría de las ocasiones había que dejar, sin dolor ni violencia, sin ningún sentimiento de perdedor, que se rayara el millo ganado en buena lid. Sin embargo, Alberto fue de las pocas personas con ideas propias, que sabía escuchar y no como concesión galante, como deferencia o audición a lo que no interesa, sino en la posición más valiosa y generosa de la comunicación. No quiero que esta columna, que jamás deseé escribir, se llene de evocaciones personales. Debo a Alberto muchas horas

llenas, tengo impagada la deuda de la amistad en todo tiempo, y en esta hora de luchas y tensiones, no hay nada más limpio que se pueda agradecer que la amistad sin fisuras, sólida como el barbuzano que él me ofrecía como variante a la escasez del ébano para una cruz necesaria de un soltero Cristo de marfil. Alberto llenó las horas de muchos amigos y su marcha al descanso, tan bien ganado, nos deja a todos con la calidez del recuerdo y con el vacío de los días grises en que una llamada telefónica, una conversación alámbrica sobre arte o sobre La Palma, sobre esto o aquello, nos devolvía la sonrisa y el ánimo o nos comunicaba aquella apocalíptica cólera cuando denunciaba un desaguisado esté tico, cometido en aras a una falsa piedad. No quiero tampoco que estas letras se llenen de elogios funerarios. Cuanto tengo que decir ahora, lo dije en vida, lo escribí y lo pregoné a los cuatro vientos y a los oídos de quienes lo quisieron escuchar. Alberto, ese nombre propio, hizo por La Palma cuanto pudo

Dr.fSANCKCOHERNÁNDEZAMM GINECÓLOGO Comunica la apertura de su consulta en Santa Cruz de Tenerife, calle Castro, núm. 5-4° D, teléfono: 28.02.03 Horario de consulta: lunes a viernes de 5 a 8 de la tarde, previa petición de hora.

y más. Pudo mucho y ahí están templos y edificios civiles para agradecerlo, más porque regateó tiempo a su sueño, a su descanso, a su sustento, y no exagero, para hacer ese milagro posible del arte por el arte, La Palma, como cuantos le conocimos, está en deuda con su memoria y no pagó, durante sus ricos cincuenta y cinco años, cuanto hizo por su memoria histórica, por su fisonomía sencilla o monumental. Los amigos, quienes disfrutamos de su presencia en horas y años, tenemos la mejor palabra en los labios y el sentimiento más áci do en la boca. No habrá en la Calle Trasera aquella puerta franca, aquella persona amable, aquel mordaz y humano Alberto, aquel «brujo» ocurrente, y «brujo» se llamaba a sí mismo, que hizo posible que todavía, en estas horas de tensión y sospecha, creyéramos en la buena fe de los hombres y en su destino solidario. Alberto, Alberto-José Fer nández García, daría para muchas columnas, pero son todas historias para otro día, cuando el alma se serene y entendamos que su actividad increíble pasa al estado de las sombras queridas y benéficas que iluminan y reconvienen si es necesario a quienes les quisieron y les extrañan en el mundo de abajo. Ese era, Alberto, el tono pactado; la deuda signe, con mi nostalgia.

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Próximamente, suplemento monográfico especial de EL DÍA:

E aguardado a tener el material necesario para poder tirar de la manta en el espinosísimo tema del Hospital Insular de la Gomera. Que conste que, afortunadamente, lo que voy a decir o está solucionado, aunque en mínima parte debido al volumen del problemas global, o está en vías de solución.

H

No voy a señalar culpables, porque culpables son todos. Más exactamente, somos todos. No eludo la parte que me corresponde, porque antes de ahora debí haber sacado a la letra impresa un estado de cosas que ha ido agrandándose como la bola de nieve. Advierto que, cuando en la Media Columna de este periódico, toqué por primera vez el tema, tampoco fue mí intención apuntar directamente a nadie. Recogí el rumor que estaba en la calle: el secre to a voces de la «guerra» presidente del Cabildo-director del Hospital. Dije también, siguiendo el mismo rumor, que el presidente había cantratado a un gerente para que éste se cargara al director del centro. Fue una manera de plantear la cuestión y de invitar a que las personas se definieran. Lo han hecho el director del Hospital, Antonio Manuel Pérez y Pérez, y el gerente, Salvador García Carrillo, No ha dicho ni pío, porque está a mayor distancia, el señor presidente de la corporación insular, don Antonio Plasencia Trujillo, a quien me une una amistad familiar desde que él era niño y yo mayor. El doctor Antonio Manuel Pérez, que vino a esta Redacción cojeando con un pie enyesado, tras la reciente operación que dio lugar a su baja y al reverdecimiento del problema, comenzó por decirme que el gerente no fue a echarlo, que el señor García Carrillo estaba haciendo una buena labor; que un médico del Hospital gana poco (106.000 pesetas líquidas), que él gana un poco más (118.000 líquidas), que un gerente no es necesario en un Hospital de sesenta camas (en lo que concuerda el señor García Carrillo) y que él había comunicado su baja desde el 5 de enero. Si su puesto no fue cubierto, no es porque no hubiese avisado con la antelación debida. El director del Hospital, que en principio estaba a partir un piñón con el presidente, se queja del señor Plasencia, al que acusa de meter las narices en el campo de la Dirección. Dice que el presidente, por decreto, le cambió de destino a una Ats, que durante tres años no ha

Golpe a la lapa Viene de la página 2 Fuerte ventura, en la provincia oriental, la Gomera y El Hierro, en Santa Cruz de Tenerife, han corrido la misma suerte del absentismo y del abandono, y quien lo ponga en duda que vaya a la colombina gomera a darse un paseo en coche, a la machínese a séptima isla o a la maxorata de reminiscencias u~ namonianas. Canarias tiene que sacudirse como región, empezando por cada una de las islas, que esto es un archipiélago, conclusión a la que llegaría el propio Panduro, y las diferenciaciones entre los peñascos acrecientan los problemas del conjunto y son causa de agravios comparativos y servidumbres políticas, sociales y económicas. No nos creamos, sin embargo, el ombligo del mundo, porque en el contexto nacional existen ahora mismo zonas o comarcas que subyacen en una vergonzante marginación, y aquí todos somos españoles, por mucho que lo que nos interesa e importa es Canarias, la tierra canaria, que tiene que pagar un alto precio político por su lejanía, y asumir esto es cuestión no ya de Gobierno, del color que sea, sino de Estado, con toda la asepsia que comporta el término. En Canarias no cabemos y siguen cerradas las puertas de la emigración, que la crisis es mundial y Venezuela no iba a ser una excepción, pues el país hermano está pagando los platos rotos de una corrupción que tampoco tiene fronteras, y sí nombres propios allá y aquí, fe-

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cogido vacaciones y que los escritos que le manda no los contesta; que hasta el último pleno no se acordó pagar las guardias que se vienen prestando hace seis años en Medicina general; que hace unos tres años que no revisa los sueldos de médicos y Ats y que, no hace mucho, admitió por su cuenta a un anestesista que no tenía título. Añadía que, por culpa del presidente del Cabildo, no habían sido convocadas plazas de personal necesario. Dijo también que hay una Junta de Gobierno y que a este organismo no se hace caso porque sus acuerdos no pasan por el pleno de la corporación. Este órgano, supe luego, es consultivo; Eso dijo el doctor Antonio Manuel Pérez y Pérez, una persona cordial, simpática y amable y, se gún he podido informarme, un buen cirujano y un buen médico, pero un mal director, por los datos que aportaré. Llega al centro don Salvador García Carrillo, contratado por tres meses con la única misión de orga nizar el Hospital. No es verdad —dicen los médicos— que lo hayan recibido de uñas. Lo que pasa es que implantó un horario y metió orden en el establecimiento. Pidió una auditoría al doctor Emilio López, gerente del Hospital de Valladolid y jefe de los Servicios de Inspección de la Comunidad autónoma de Castilla-León, especialista en estos menesteres, y comenzó a trabajar intensamente con un equipo formado por él y dos personas más. Quizás —son palabras de García Carrillo— el enfrentamiento entre el presidente y el director sea una simple cortina de humo que cubre problemas muy complejos. La cosa es realmente seria. Y seria tiene que ser cuando en el quirófano de un centro de esta clase no hay, ni siquiera, agua caliente, faltan hasta las vitrinas para material estéril, la unidad de esterilización es deficiente y se incumplen las normas del Ministerio de Industria. Y vamos ya a repasar lo que falta. Terminaría mucho antes relacionando lo que hay. Veamos. Empiezan por faltar atribuciones

nómeno muy triste y lamentable que tuvo y tiene su caldo de cultivo en los malos gobiernos dictatoriales y herencias que no tuvieron la réplica de la ruptura. La aventura canaria en América está ahí en todos los casos, y recuérdese cómo Teñerife se quedó vacío allá en la penosa década de los cincuenta, epopeya cruel de la emigración todavía no escrita, que se selló con sangre, sudor y lágrimas, unos datos nunca p'ara olvidar, cuando se replantea ahora mismo la región canaria. Así, pues, vamos a no tirar de nuevo piedras sobre nuestro propio tejado. Aquí hay que trabajar de duro y dejarnos de más lamentos, que las islas hay que sacarlas adelante contra corriente y marea y golpe a la lapa, y esto último lo digo por Tenerife.

a la Dirección, quien debe proponer mejoras que no propone, con la debida contundencia. No hay documentación sobre presupuesto del Hospital. El director, por tanto, desconoce el gasto por capítulos. Falta coordinación. No hay jefatura de Enfermería. Se carece de archivo central de historias clínicas, que es imprescindible. No hay previsión de material en pediatría. El Laboratorio está insuficientemente dotado y, en cambio, en CirujíaTraumatología sobran aparatos de alta especialidad. No hay carro de paradas para el tratamiento de infartos ni Uvi y falta la necesaria anestesia. El descontrol en la compra de medicamentos constituye un despilfarro. El gasto ha sido excesivo y pomposo en la construcción y en la dotación de la nueva planta, mientras las otras siguen en su abandono. No hay suscripción a libros o revistas de técnica hospitalaria. Se carece absolutamente de gestión de administración. No existen estadísticas para la obtención de indicadores de rentabilidad conforme a la normativa vigente. Se desconoce la oferta de proveedores, ignorando la Ley General de Contrataciones del Estado. La desorganización administrativa es total en la Unidad de admisión de enfermos y hay desconcierto en el coste real de la estancia por carencia de estadísticas y documentación. No hay libro de reclamaciones. Se desconoce también documentalmente la plan tilla. No hay expedientes de personal. Existen claras incompatibilidades. Faltan celadores y gobernanta y la vestimenta es dispar. Los electrodomésticos no funcionan en gran parte. Algunos se han estropeado por falta de uso y faltan cosas tan elementales como cunas, accesorios de anestesia, buena mesa de partos, báscula y tallímetros para bebés, etc. Termino por decir que no hay ni inventario para que los lectores puedan hacerse cargo de tan descomunal desorden. Hay que añadir que el Hospital tiene un concierto con médicos especialistas de Tenerife para una consulta una o dos veces al mes en el centro. Los médicos utilizan el Hospital, cobran a todos, asegurados o no, y no dejan beneficio alguno al centro. Está facultado a hacer consulta en el Hospital el personal de plantilla, que tiene que dejar el cuarenta por ciento al establecimiento. Se ha hecho un anteproyecto de Reglamento y se ha propuesto un Órgano de gestión. Se ha confeccionado un proyecto de presupuesto que importa unos 33 millones de pesetas en material y unos cincuenta en personal. Es también necesario informatizar el centro. Los indicadores de rendimiento correspondiente a 1983 han sido determinados por el señor García Carrillo y aquí se produce un descubrimiento que, por lo visto, había pasado inadvertido hasta entonces, El costo hospitalario cama/día es de cinco mil ciento treinta y cinco pesetas y la Seguridad Social paga sólo dos mil trescientas catorce. Es decir, el Cabildo subvenciona cade enfermo de la Seguridad Social con dos mil ochocientas veintiuna pese ta por día. |Y no lo sabía! O sea, que el Insalud se ha saca do la lotería con el Hospital Insular de la Gomera, ya que, de los asistidos, el 87 por ciento pertenecen a la Seguridad Social. Si hay que pedir responsabilidades por este desastre increíble, vamos a ver a quién las pedimos,

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