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El transporte marítimo Desde el principio de los tiempos, el ser humano, al descubrir que su cuerpo era capaz de sostenerse sobre un tronco de madera, comenzó a explorar en el ámbito del transporte a través de las corrientes de agua, abriendo agujeros en el interior de los troncos e impulsándose con remos cortos. Pero no es hasta varios millones de años después, que se fabrican por fin las primeras embarcaciones por la civilización egipcia con el fin de comerciar con otros asentamientos por medio del río Nilo. A partir de entonces los transportes marítimos han ido evolucionando. Ha habido infinidad de transportes marítimos que se han ido sucediendo los unos a los otros: los troncos se sustituyeron, por barcas y canoas, estas por los llamados barcos de vela (utilizados en la Edad Media), tras ellos vinieron las carabelas, naos y galeones y en el siglo XIX fue cuando el transporte náutico experimentó su mejor época al incluirse en él la máquina de vapor que hacía las travesías mucho más cortas que el uso de la convencional vela. Al principio la máquina de vapor era solo una parte auxiliar del barco, pero poco a poco, estos fueron abandonando las velas hasta que definitivamente dos barcos ingleses, el Sirius y la West Western se lanzaron, en 1838, a un viaje a través del océano Atlántico alimentados exclusivamente de la potencia que les proporcionaba la

máquina de vapor, completando su recorrido en catorce días, la mitad que un velero corriente. Ese mismo año se incluyeron las hélices en los barcos y se comenzaron a construir buques de hierro, lo que era más barato. Finalmente, en 1900 el 70% de las flotas de los países industriales utilizaban el vapor.

Pablo Fuentes, 2º F


El%20transporte%20marítimo[1]