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Recorridos por la música de cámara

CUARTETO MODIGLIANI, cuarteto de cuerdas (Francia) Domingo 2 de junio de 2013• 11:00 a.m. Bogotá, Sala de Conciertos Biblioteca Luis Ángel Arango Martes 4 de junio de 2013 • 7:00 p.m. Pasto, Universidad de Nariño - Teatro Imperial


TOME NOTA • Los conciertos iniciarán exactamente a la hora indicada en los avisos de prensa y en el programa de mano. Llegar con media hora de antelación le permitirá ingresar al concierto con tranquilidad y disfrutarlo en su totalidad. • Si al momento de llegar al concierto éste ya ha iniciado, el personal del auditorio le indicará el momento adecuado para ingresar a la sala de acuerdo con las recomendaciones dadas por los artistas que están en escena. • Agradecemos se abstenga de consumir comidas y bebidas, o fumar durante el concierto, con el fin de garantizar un ambiente adecuado tanto para el público como para los artistas. • Durante el transcurso del concierto por favor mantenga apagados sus equipos electrónicos, incluyendo teléfonos celulares, buscapersonas y alarmas de reloj. Esto ayuda a crear un ambiente propicio para disfrutar la música. • Por respeto a los derechos de autor de los compositores e intérpretes, no está permitido realizar grabaciones de audio o video ni tomar fotografías durante el concierto.

Los conciertos realizados en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango están autorizados por la Dirección Administrativa de la Secretaría de Gobierno de Bogotá, mediante la Resolución 051 del 15 de febrero de 2013


Philippe Bernhard y Loïc Rio, violines; Laurent Marfaing, viola y François Kieffer, violonchelo “Uno de los mejores cuartetos del mundo [...] Balance, transparencia, comprensión sinfónica, seguridad; su interpretación alcanzó un nivel muy alto y muy inspirado”. Harald Eggbrecht en Süddeutsche Zeitung.

Conformado por cuatro grandes amigos, el Cuarteto Modigliani se dispone a celebrar esta temporada 2013 sus primeros diez años de existencia. Hoy es uno de los cuartetos más solicitados del mundo, con presentaciones en escenarios como el Teatro de los Campos Elíseos, la Cité de la Musique, el Wigmore Hall, el Carnegie Hall, la Biblioteca del Congreso de Washington, el Concertgebouw de Ámsterdam, el Palacio de las Bellas Artes de Bruselas, la Musikverein y el Konzerthaus de Viena, el Mozarteum de Salzburgo, el Konserthuset de Estocolmo, la Philharmonie de Colonia, así como en Lucerna, Rheingau, Schwartzenberg, Gstaad, La Roque d’Anthéron, Philarmonie de Luxemburgo y La Fenice de Venecia, entre otros. En la temporada venidera la agrupación debutará en la Herkulessaal de Múnich, la Tonhalle de Zúrich, el Brighton Dome, así como en los festivales de Schwetzingen, Bad Kissingen y Schleswig-Holstein. Luego regresará para presentarse en el Wigmore Hall, en el Teatro de los Campos Elíseos, el Concertgebouw de Ámsterdam y en el Konzerthaus de Viena, y viajarán a los Estados Unidos, así como a Japón, China e Israel.

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En 2008 el Cuarteto Modigliani inició una estrecha e intensa colaboración con el sello musical Mirare, con el cual han realizado cuatro producciones discográficas ganadoras de premios y objeto de elogiosos comentarios en varios países. Su primer disco de Haydn fue seleccionado por Strad y su disco de Mendelssohn de 2010 fue galardonado por Fono Forum como disco del mes, despertando la admiración de la crítica y la audiencia alrededor del mundo. En 2012 su cuarto disco fue dedicado a cuartetos tempranos de Mozart, Schubert y Arriaga. En este año lanzarán un disco de música francesa (Debussy-Ravel y Saint-Saëns). Tan solo un año después de su fundación, este cuar teto atrajo internacionalmente la atención con su triunfo en la Frits Philips String Quartet Competition de Eindhoven, en 2004. Al año siguiente consiguieron el primer premio en el concurso Vittorio Rimbotti de Florencia, y en 2006 ganaron las Young Concert Artists Auditions en Nueva York. Luego de cursar sus estudios en el Conservatorio Nacional Superior de Música de París, el Cuarteto estudió con el Cuarteto Ysaÿe en esta misma ciudad, asistió a clases magistrales de Walter Levin y György Kurtág y después tuvo la oportunidad de trabajar con el Cuarteto Artemisa en la Universität der Künste de Berlín.

2 Este concierto cuenta con el apoyo de


PROGRAMA Cuarteto en mi bemol mayor, No. 3 Allegro Andantino Allegro Presto agitato

Cuarteto en fa mayor No. 16, Op. 135 Allegretto Vivace Lento assai, cantante e tranquillo La difícil decisión: Grave, ma non troppo tratto - Allegro

JUAN CRISÓSTOMO ARRIAGA (1806-1826)

LUDWIG VAN BEETHOVEN (1770-1827)

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INTERMEDIO Cuarteto en la mayor No. 3, Op. 41 Andante espressivo - Allegro molto moderato Assai agitato - Un poco adagio - Tempo risoluto Adagio molto Allegro molto vivace

ROBERT SCHUMANN (1810-1856)

CONCIERTO No. 37


NOTAS AL PROGRAMA Por Carolina Conti El Cuarteto Modigliani toma su nombre de Amedeo Modigliani (Livorno 1884 - París, 1920), pintor y escultor italiano que desarrolló su carrera principalmente en París. Aunque la tendencia de su época era el cubismo y el futurismo, y admiraba a Toulouse-Lautrec y a Cezanne, creó un estilo muy personal de líneas sencillas. Predominan en su creación los desnudos femeninos y los retratos de artistas y personajes de la época. Su trabajo escultórico revela su admiración por el arte primitivo que fue fundamental en la evolución de su pintura.

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Como “cuatro personas razonables que conversan entre sí”, definió el poeta romántico Johann Wolfgang von Goethe a la forma musical del cuarteto de cuerda, que se estableció a partir del Clasicismo, con las obras de Haydn y Mozart, expresión de la forma más seria de la música de cámara. Desde entonces esa ‘conversación’ entre los cuatro instrumentos ha tratado los temas más variados en estilos distintos. La forma ha supuesto un enorme reto para todos los compositores desde entonces, incluso, para algunos, mayor que la creación sinfónica. Hoy podremos disfrutar de tres obras creadas en el siglo XIX por un compositor español y dos alemanes. “¡Asombroso! Tú eres la música misma”, fue el comentario que el director del Conservatorio de París y compositor italiano Luigi Cherubini hizo a Juan Crisóstomo de Arriaga y Balzola (1806-1826) en el momento en que le presentó su Stabat Mater. Lo más asombroso es que Arriaga tenía solo dieciséis años —él nació en Bilbao el 27 de enero de 1806—. Hijo de un organero, mostró un sorprendente talento para la música desde la infancia. Sin tener mayores conocimientos de armonía escribió a los once años de edad un octeto para cuerdas con guitarra, trompa y piano, que llama la atención por el entendimiento de la música a tan temprana edad. Con trece años escribió una ópera, Los esclavos felices, que se representó con éxito en Bilbao. Infortunadamente, hoy solo se conservan la obertura y algunos números de la obra. Con dieciséis años partió a recibir una mejor educación musical en París. Allí estudió violín y composición y escribió sus obras más relevantes, entre ellas las escenas dramáticas como Agar o Herminia, la Sinfonía para gran orquesta, al igual que obras religiosas para piano y sus tres cuartetos para cuerdas. Su entrega total al trabajo le acarreó serios problemas de salud. Murió el 17 de enero de 1826, un año antes que Beethoven, y pocos días antes de cumplir veinte años. Dos años antes del trágico suceso, en 1824, se publicaron los tres cuartetos para cuerdas que dedicó a su padre. Dadas sus circunstancias de vida, se puede decir que son obras de madurez. Estas piezas están llenas de gracia e inteligencia,


pues despliegan encanto melódico, a la vez que evidencian un dominio de la técnica. Igualmente se puede advertir un acercamiento innovador al género en la estructura. Aunque se le ha comparado con Mozart, estos cuartetos denotan influencias de los primeros cuartetos de Beethoven y de Schubert. El Cuarteto en mi bemol mayor, No. 3, que abre el recital de hoy, es el más complejo de los tres en términos de técnica compositiva, y el más personal, pues ya se aleja de los modelos clásicos. Sus movimientos conforman un todo con sonoridades populares y descriptivas. En él encontramos una amplia variedad de contrastes dramáticos que llegan a un final de gran vitalidad emotiva. Es inevitable pensar que mientras Arriaga escribía estas obras en París, Beethoven componía sus últimos cuartetos en Alemania. El último de estos se escuchará a continuación. Al igual que sus sonatas para piano, sus sinfonías o sus conciertos, los cuartetos de Ludwig van Beethoven (1770-1827) forman un ciclo maravilloso y determinante en la historia del género. El compositor alemán escribió dieciséis cuartetos para cuerdas a lo largo de su vida y en ellos se percibe la evolución del género y de su propio lenguaje. Los primeros seis los dedicó al príncipe Lobkowitz y corresponden al Op. 18. Se publicaron en 1801 y tuvieron una gran acogida por parte del público que en aquella época estaba conformado principalmente por músicos aficionados que tocaban en sus casas. Aunque en ellos se puede percibir la influencia de Haydn y Mozart, a partir del No. 4 en do menor comienza a manifestarse el lenguaje personal de Beethoven. Más elaborados son los tres cuartetos del Op. 59, un encargo del príncipe Razumovsky, que Beethoven asumió a partir de 1806, tiempo después del fracaso del estreno de su ópera Fidelio. La complejidad formal y la intensidad en la expresión resultaron demasiado audaces para su época. En 1809 vuelve al retomar la forma y compone el cuarteto Op. 74, llamado por su publicista Las arpas, debido al uso del pizzicato1 que nos recuerda el ancestral instrumento. Tras un periodo de arduo trabajo, Beethoven enfermó y transcurrió un tiempo considerable antes de retomar su trabajo, esta vez con un ánimo depresivo que marcó sus composiciones. Entre ellas está el Cuarteto en fa menor, Op. 95, que llamó Serioso y presentó por primera vez en 1814. Hacia el final de su vida, después del estreno de la Novena sinfonía, en la que condensa magistralmente su ideal sinfónico, Beethoven dedica sus dos últimos años a componer cuartetos. Alcanzará a escribir seis, que a su vez completan su ideal en el género camerístico y contienen lo más depurado de su estilo. Con estas obras, particularmente con la Gran fuga, que inicialmente era el sexto movimiento del Cuarteto Op. 130, Beethoven trasciende de manera sorprendente el lenguaje del Romanticismo y predice los alcances estéticos de la música del siglo XX. 1

Efecto sonoro que se consigue pellizcando las cuerdas de un instrumento con las yemas de los dedos.

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Beethoven compuso el Cuarteto en fa mayor No.16, Op. 135 en octubre de 1826, pocos meses antes de su muerte en marzo del siguiente año. Fue una etapa dolorosa para el compositor, no solo por su terrible enfermedad sino también por el intento de suicidio de su sobrino Karl, a quien había dedicado tanto afecto, aunque torpemente, durante toda su vida. Resulta curioso que a pesar de que los demás cuartetos son bastante innovadores, el último sea más clásico; casi evoca los cuartetos del Op. 18 con un tono de nostalgia, pero también con un nuevo refinamiento. Tiene cuatro movimientos que se inician con un gracioso Allegretto que nos introduce en una especie de danza. Le sigue un vigoroso Vivace casi marcial que nos remite a sus obras orquestales, que da paso al tercer movimiento, Lento assai, delicado, introspectivo, con sutiles cambios tímbricos que impregnan el fragmento de dramatismo. El movimiento final, Grave, ma non troppo tratto - Allegro, lleva el enigmático título de La difícil decisión. En el momento en que se expone el tema, la partitura tiene las palabras Muss es sein? (¿Debe ser?). Y más adelante, cuando musicalmente el tema se invierte, las palabras son Es muss sein (Debe ser). Múltiples interpretaciones, desde las más mundanas hasta las más espirituales, han surgido de estas indicaciones. Lo cierto es que musicalmente plantea un cuestionamiento que resuelve con una afirmación tranquila, e incluso alegre. Con esta última obra Beethoven se reafirma como la figura dominante en la historia de la música a partir del siglo XIX. Tanto por su obra como por su vida, Robert Schumann (1810-1856) es indudablemente una figura central del Romanticismo alemán. Su padre era librero y se encargó de despertar en su hijo el interés por la literatura que mantuvo durante toda su vida. De hecho, en algún momento dudó entre dedicarse a la música o a las letras. De alguna forma optó por las dos. La literatura en muchos casos fue la inspiración de sus obras, pero también fue una actividad importante, pues fundó la revista semanal Neue Zeitschrift für Musik, en la que escribía sobre todo lo que pasaba con la música y sus creadores en su época. Igualmente, desde la adolescencia redactó diarios que son hoy un tesoro documental de su pensamiento y también de la época. Su talento musical era evidente desde niño. Un primer intento por estudiar con Weber se frustró. Al terminar sus estudios básicos viajó a Leipzig a estudiar leyes, por deseo de su madre. La enorme ciudad, con todos sus atractivos y ofertas culturales, le proporcionó un nuevo mundo en el que su interés por la música se acrecentó rápidamente, al tiempo que surgían las primeras manifestaciones de la locura del compositor. Conoció en Leipzig a Friedrich Wiek, profesor de piano y padre de la prodigiosa Clara, que sería el gran amor de la vida de Schumann. La fuerte oposición del padre a la relación hizo que la historia se desarrollara como una desgarradora novela de la época. La lucha por el amor inspiró al compositor a crear muchas de sus canciones y piezas para piano.


Clara era reconocida en toda Europa como la mejor pianista de la época y pasaba mucho tiempo de gira. Schumann solía deprimirse y se refugiaba en el alcohol. Gracias a su amistad con Mendelssohn logró cierta estabilidad que le permitió trabajar en obras importantes. Finalmente, después de desgastantes luchas, incluso jurídicas, los amantes se casaron en 1840, año en que muchos estudiosos han denominado como “el año de la canción” en el proceso creativo de Schumann. Pero aunque la vida en común era feliz, no estuvo exenta de conflictos. A finales de 1841 permaneció en Leipzig, mientras su esposa estaba de gira. La melancolía lo llevó nuevamente a la bebida. En su soledad empezó a estudiar los cuartetos de Haydn, Mozart y Beethoven, y también los de Mendelssohn. En ese entonces, a sus 31 años de edad era un compositor reconocido en el repertorio sinfónico, pianístico y vocal, pero no había explorado el repertorio de cámara, a pesar de que Franz Liszt le había sugerido que lo hiciera. “Creo haberle expresado ya en una de mis cartas precedentes el deseo que sentía de verle escribir algunas piezas de conjunto, tríos, quintetos o septetos. ¿Me perdona que insista sobre este punto? Parece que el éxito, incluso económico, no le faltará”, escribió el compositor húngaro. Con la llegada de Clara Schumann se alegró nuevamente y siguió la recomendación de Liszt. En el verano de 1842 se concentró en este repertorio y produjo obras casi obsesivamente en muy poco tiempo, comenzando con los tres cuartetos que conforman el Opus 41. De este mismo año son también su Cuarteto con piano, Op. 47 y su magistral Quinteto con piano en mi bemol mayor, Op. 44. Los cuartetos los compuso en poco más de un mes y los dedicó a Felix Mendelssohn. Aunque en ellos se evidencia la influencia de los compositores clásicos, el lenguaje personal de Schumann está presente. El carácter íntimo del formato de cámara conviene a esa expresión depurada, que ya se ha revelado en su repertorio vocal y pianístico. El tercero de estos, el cuarteto en la mayor, que nos ocupa hoy, es el más popular de los tres y presenta diferencias formales con los otros dos, principalmente en el uso de los tempos de cada movimiento. Si los dos primeros inician con un Allegro, el tercero abre con un Andante espressivo, más calmado, más delicado, pero dramático al mismo tiempo y con cambios de temperamento súbitos. Para el segundo movimiento el compositor opta por un tema y variaciones que cambia de carácter según está indicado: Assai agitato - Un poco adagio - Tempo risoluto. En el tercer movimiento se encuentra al Schumann de las canciones, romántico y lírico, con melodías profundas e íntimas que se entrelazan en un Adagio molto. Contrasta con todo lo anterior el último movimiento Allegro molto vivace, de una gran vitalidad, que Schumann logra a través de contrastes en lo rítmico y a través de una variedad de texturas logradas a partir de la individualidad de cada instrumento. Con esta obra cerró Schumann su incursión en el género del cuarteto de cuerdas.

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Recorridos por la

Músicadecámara www.banrepcultural.org/musica

Miércoles 5 de junio · 7:30 p.m.

PAUL STEWART piano (Canadá) N. MEDTNER: Danza festiva, Op. 38, No. 3. F. J. HAYDN: Sonata No. 58, Hob. XVI: 48. C. FRANK: Preludio, coral y fuga. S. RACHMANINOV: Preludio, Op. 32 No. 12. N. MEDTNER: Sonata, Op. 25 No. 1. N. MEDTNER: Sonata, Op. 25 No. 2.

Conversatorio:

6:30 p.m. Boletas:

$20.000

Previo al concierto se realizará un conversatorio en la Sala de Audiovisuales. Entrada libre hasta completar aforo. Adquiéralas en Tu Boleta PBX: 593 6300, #593 desde cualquier celular. www.tuboleta.com o en el punto de venta de la Biblioteca Luis Ángel Arango Descuentos disponibles

Biblioteca Luis Ángel Arango · Sala de Conciertos · Calle 11 # 4 - 14 · Bogotá


6 ª

Semana de la guitarra

Banco de la República · 90 años 10 artistas · 38 conciertos · 16 ciudades Julio 2013 Organiza

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CUARTETO MODIGLIANI (Francia)  

En diez años de trayectoria, el Cuarteto Modigliani ha forjado una personalidad musical enérgica y particular que le ha permitido ganar vari...

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