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2013 www.banrepcultural.org/musica

CRISTIAN DEL REAL, piano Colombia

Domingo 23 de junio 窶「 11:00 a.m. Bogotテ。, Sala de Conciertos Biblioteca Luis テ]gel Arango


TOME NOTA • Los conciertos iniciarán exactamente a la hora indicada en los avisos de prensa y en el programa de mano. Llegar con media hora de antelación le permitirá ingresar al concierto con tranquilidad y disfrutarlo en su totalidad. • Si al momento de llegar al concierto éste ya ha iniciado, el personal del auditorio le indicará el momento adecuado para ingresar a la sala de acuerdo con las recomendaciones dadas por los artistas que están en escena. • Agradecemos se abstenga de consumir comidas y bebidas, o fumar durante el concierto, con el fin de garantizar un ambiente adecuado tanto para el público como para los artistas. • Durante el transcurso del concierto por favor mantenga apagados sus equipos electrónicos, incluyendo teléfonos celulares, buscapersonas y alarmas de reloj. Esto ayuda a crear un ambiente propicio para disfrutar la música. • Por respeto a los derechos de autor de los compositores e intérpretes, no está permitido realizar grabaciones de audio o video ni tomar fotografías durante el concierto.


Considerado uno de los talentos colombianos más dotados de las últimas décadas, Cristian del Real (1989), participó desde su niñez en numerosos festivales de jazz y salsa al lado de Celia Cruz y Tito Puente. A los cuatro años fue percusionista en el Madison Square Garden de Nueva York y Puente señal ó que nunc a había conocido un talento de tal dimensión. En 1998 ganó el premio a mejor actor infantil por su participación en la televisión nacional. Por ende, su ciudad natal Cartagena lo nombró alcalde por un día. Bajo la acertada dirección de su padre, se dedicó a los 17 años, de manera autodidacta, a desarrollar el repertorio pianístico. En 2008, mediante beca del Concurso Nacional de Belleza, que reconoce y estimula a talentos nacionales, ingresó a la Universidad Juan N. Corpas de Bogotá, de donde se graduó con Summa cum laude en 2011, bajo la tutoría de Pilar Leyva Durán. Fue ganador en 2009 del segundo puesto en el Concurso Nacional de Piano en Bucaramanga, máximo galardón otorgado a pianistas colombianos. El avanzado y depurado repertorio que ofreció fue preparado a solo meses de comenzar estudios formales. En 2010 hizo su debut en el Festival Internacional de Música de Cartagena con un extraordinario recibimiento tanto del público como de la crítica especializada. Luego participó como invitado en el Festival Internacional Salomón Mikowsky de París y en el Festival Internacional de Gijón, España. Allí fue seleccionado, entre 70 aspirantes, por docentes de la Juilliard School para ofrecer un recital en Oviedo, España. En 2011 recibió clases con el maestro Julián Martín en el I Festival Internacional de Piano de Valencia, España. Se destacó además en el XX Festival Internacional de Piano Torrelodones (Madrid), dirigido por Salomón Mikowsky de Manhattan School of Music.

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En 2012 participó en el Valsesia - Musica, de Varallo Sesia, Italia. También obtuvo el primer lugar en la décimo séptima edición del Concurso Nacional de Piano, evento que hace parte del Festival Internacional de Piano organizado por la Universidad Industrial de Santander (UIS), en Bucaramanga. Este concierto se realiza en el marco de la Fiesta de la Música 2013, evento organizado por la Embajada de Francia en Colombia que reúne artistas de todos los géneros musicales en distintos escenarios de Bogotá.

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PROGRAMA Preludio y fuga No. 13, BWV 858 Sonata en mi bemol mayor No. 62, Hob. XVI:52

JOHANN SEBASTIAN BACH (1685-1750) FRANZ JOSEPH HAYDN (1732-1809)

Allegro Moderato Adagio Finale: Presto

Sonata en si menor No. 3, Op. 58 Allegro Maestoso Scherzo - Molto vivace Largo Finale - Presto non tanto - Agitato

FRÉDÉRIC CHOPIN (1810-1849)

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INTERMEDIO Bambuco en si menor Sonata, Op. 26 Allegro energico Allegro vivace e leggero Adagio mesto Fuga, Allegro con spirito

ADOLFO MEJÍA (1909-1973) SAMUEL BARBER (1910-1981)

CONCIERTO No. 39


NOTAS AL PROGRAMA Por Carolina Conti Bach En su tiempo, el Barroco, Johann Sebastian Bach (1685-1750), más que un gran compositor, era considerado el mejor intérprete de órgano, con una habilidad que sorprendía. Su talento para el clavicémbalo no debía ser menor, si interpretaba su Fantasía cromática o sus conciertos para el instrumento. Su habilidad al teclado, como era lógico, aparece también en sus conciertos, suites o partitas que nos siguen sorprendiendo por la complejidad y por la belleza que despliegan. Pero además, obras como las Variaciones Goldberg o El clave bien temperado constituyen, sin duda, hitos en la historia. En 1717 Bach dejó Weimar, no en los mejores términos, y se trasladó a Anhalt-Cöthen al servicio del Príncipe Leopoldo, profundo amante de las artes. Como maestro de capilla y director de la música de cámara fue un periodo muy productivo para Bach, especialmente en la creación de música de cámara.

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Sus sonatas para violín, sus sonatas trío, los conciertos para violín y los Conciertos brandemburgueses nacieron en ese periodo. Al igual que sus Invenciones, obras para violín o violonchelo solo, el primer libro de El clave bien temperado también surgió en este periodo con un propósito educativo. Los dos libros que conforman la obra contienen, cada uno, veinticuatro preludios y fugas en todos los tonos, que además de su belleza demostraron la resolución de un problema de afinación en los instrumentos de teclado, lo que también trajo consigo una evolución en la escritura de este tipo de obras. Estos preludios y fugas no siguen un modelo establecido sino que en ellos el compositor explaya su genialidad. Cada uno presenta un desarrollo único del material temático, y todo el conjunto es una obra maestra sorprendente por la belleza, variedad y complejidad estructural que lleva la forma de la fuga a un punto que solo será superado en El arte de la fuga hacia el final de la vida de Bach. El Preludio y fuga No. 13, BWV 858, que hace parte del primer libro de esta obra capital del repertorio para teclado, abre el presente recital. Haydn Franz Joseph Haydn (1732-1809) es, sin duda, una de las figuras centrales del Clasicismo y de la historia de la música occidental. A él se debe la consolidación de formas como la sinfonía y el cuarteto de cuerdas que están en la base de la creación musical. La sorprendente evolución de dichas formas no habría sido posible sin sus obras. Haydn hizo igualmente un aporte importante al repertorio para teclado, aunque, a diferencia de Mozart o Beethoven, no era un gran pianista. La sonata para teclado se


desarrolló en el siglo XVIII, durante la vida de Haydn, y su evolución está ligada a la del instrumento, por supuesto. El clavecín fue desplazado poco a poco por el fortepiano con mecanismo de martillos, que permitía cambios en la dinámica del sonido, entre forte y piano, como lo indica el nombre del instrumento. A lo largo de su vida Haydn escribió sesenta y dos sonatas que infortunadamente no son tan populares entre los intérpretes como sus obras en otros géneros, pero en ellas que se encuentran verdaderas obras maestras que dejaron también su impronta. Hay que recordar que Beethoven dedicó sus primeras sonatas a Haydn. Las tres últimas sonatas para piano las compuso Haydn en Londres entre 1794 y 1795, es decir, después de la muerte de Mozart, en lo mejor de su madurez creativa. Las concibió para ser interpretadas en clavecín o en el fortepiano, pues en la partitura aparecen indicaciones de dinámica. La última de ellas, la Sonata en mi bemol mayor, No. 62 es la más larga y es una obra maestra del repertorio. Pero además marca el final del largo periodo de Haydn como compositor de música para el instrumento, al tiempo que es un compendio de la escritura para teclado del siglo XVIII. Está dedicada a Therese Jansen-Bartolozzi, famosa intérprete del piano y profesora que fue alumna de Clementi, a quien también dedicó sus últimos tres tríos con piano. La obra abre con un Allegro moderato luminoso y rico en dinámicas que explora las posibilidades expresivas del timbre del instrumento y que recuerda en ciertos pasajes las sonatas de Domenico Scarlatti. Una de las características de esta sonata es la tonalidad del segundo movimiento Adagio, sorprendentemente distante de la tonalidad inicial por medio tono, lleno de expresión y efectos que requieren gran habilidad por parte del intérprete. El último movimiento Finale: Presto, con sus propias exigencias interpretativas, cierra la obra de manera brillante. Chopin Así como Bach en el Barroco y Haydn en el Clasicismo dejaron una huella en el repertorio pianístico, Fréderic Chopin (1810-1849) hizo lo propio en el Romanticismo. Con algunas excepciones se dedicó enteramente a la composición de obras para piano. Admiraba a Bach y Mozart. Sus veinticuatro preludios se inspiran en El clave bien temperado de Bach, e igualmente recorren todas las tonalidades. Aún así prefería géneros libres, más acordes a su expresión, como el nocturno, la balada, el preludio o el impromptu, y las formas reminiscentes de su Polonia natal como la mazurca, la polonesa y el vals. Por eso evitaba las formas tradicionales. De hecho en su obra encontramos tan solo tres sonatas. La primera, en do menor, Op. 4 la escribió cuando tenía tan solo 18 años y la dedicó a su profesor Joseph Elsner, pero se publicó hasta después de su muerte. La segunda se terminó en 1839 y es una de las obras más populares del repertorio para piano, en parte por la profundidad de la famosa Marcha fúnebre del tercer movimiento.

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Es una obra de madurez del estilo de Chopin, junto con la tercera y última, la Sonata en si menor, No. 3, Op. 58 que tendremos oportunidad de escuchar hoy. Esta última fue compuesta en 1844, en un periodo de tranquilidad y relativa buena salud para el compositor. Su maestría y ese lenguaje tan propio se habían consolidado, y sus innovaciones armónicas, que sorprendían el medio musical al igual que su técnica, eran fruto de un arduo trabajo y una constante experimentación. Esta tercera sonata es su obra más larga para piano solo y se considera un punto culminante de su arte, junto con sus Fantasías y la Balada No. 4, en las que brilla ese lenguaje absolutamente personal y único en la literatura pianística, que parece abarcar toda la historia del piano, incluso la posterior a su muerte. Sus cuatro movimientos están construidos sobre sólida arquitectura que paradójicamente hace pensar que son geniales improvisaciones. Hay en ellos un carácter mucho más profundo y vigoroso que aquel de las composiciones ligeras para placer de los aristócratas de salón, que contrastan con momentos líricos que fluyen como la voz humana, con un sonido que materializa la emoción estética desde una novedosa manera de tratar los recursos mecánicos del instrumento y la técnica interpretativa.

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Mejía La segunda parte del recital inicia con una estética muy diferente en Colombia, con Adolfo Mejía (1905-1973). Su padre era orfebre y su madre, una hábil intérprete de instrumentos de cuerda. Desde muy pequeño sus habilidades musicales se hicieron evidentes. Aprendió con mucha facilidad a tocar la guitarra, instrumento que le acompañó siempre. La familia se trasladó a Cartagena y allí estudió música en el Instituto Música de Cartagena con Juan de Sanctis. A los 21 años era pianista, compositor y, eventualmente, director de la Orquesta Lorduy. Durante un viaje que hizo a Estados Unidos formó parte del Trío Albéniz y logró hacer un contrato con la Columbia Gramophone Company para grabar algunas de sus obras. De regreso a Colombia entró en contacto con los maestros Gustavo Escobar Larrazábal, Andrés Pardo Tovar y Jesús Bermúdez Silva, en el Conservatorio de la Universidad Nacional de Colombia, al tiempo que trabajaba para la Orquesta Sinfónica Nacional como bibliotecario. Estas dos circunstancias fueron muy enriquecedoras en su desarrollo como compositor pues se empezó a interesar en la composición de música orquestal y de piezas para piano, además de sus composiciones de corte popular. A finales de la década de los treinta, el máximo galardón musical en Colombia era el Premio Ezequiel Bernal. A este certamen presentó Mejía su Pequeña suite, una de sus obras más conocidas hoy en día, con la que obtuvo el primer premio, compartido con su maestro, Bermúdez Silva. El reconocimiento fue de gran importancia pues, gracias a él, el jurado acordó ofrecerle una beca para estudiar en Francia en la École Normale de Musique.


La estancia le abrió un nuevo panorama a su creatividad y estilo, pero solo por un corto lapso, pues fue imposible seguir sus estudios debido a la Segunda Guerra Mundial. Nuevamente en Colombia se vinculó al Instituto Musical de Cartagena que más adelante pasó a ser parte de la Universidad de Cartagena. Se debe destacar igualmente su actividad como promotor de la música a través de su participación en la asociación Pro-Arte Musical de Cartagena y de la organización de temporadas de conciertos. Su obra para piano, como era de esperarse, cuenta con una presencia importante de los ritmos populares, como es el caso del Bambuco en si menor, que hace parte del programa de hoy, que rinde homenaje al aire andino, desde una expresión muy personal, llena de nostalgia y un delicado lirismo. Esta y otras de sus obras se grabaron en 2001 en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango por la maestra Helvia Mendoza para el disco compacto Adolfo Mejía (1905-1973) Obras para piano, que hace parte de la colección Música y Músicos de Colombia del Banco de la República. Aunque la obra de Adolfo Mejía no es muy extensa, ha sido suficiente para dejar huella en la música colombiana. Barber Así describía Paul Wittke, editor de G. Schirmer, a su amigo Samuel Barber:

Elegantemente vestido siempre, urbano en sus modales y su hablar, parecía pertenecer al mundo de Henry James y Edith Wharton [...] La variedad de sus emociones y las áreas de conocimiento que dominaba eran enormes, no solo en música sino en cultura en general, particularmente en literatura [...] Debajo de la cara aristocrática de su alegría cosmopolita vivía el hombre más privado, dedicado y disciplinado [...] Pasión y resignación son inherentes a todo lo que compuso (West Chester, Pennsylvania, 9 de marzo de 1910; 1981)

A pesar de ser haber vivido durante el siglo XX, el compositor estadounidense no siguió la tendencia de la creación atonal que dominaba entonces. Por el contrario, su música, melódica y muy expresiva, ha sido considerada como una especie de Romanticismo moderno, aunque esta clasificación puede resultar limitante al momento de acercarse con profundidad a su obra, pues en ella encontramos una lectura personal de diversas técnicas compositivas, pero siempre al servicio de la expresión. Barber consideraba que la música no tenía por qué ser una experiencia difícil para el oyente. “Cuando escribo música para las palabras, me sumerjo en ellas y dejo que la música fluya. Cuando escribo algo abstracto como una sonata para piano o un concierto, escribo lo que siento. Algunos dicen que no tengo estilo, pero eso no importa. Yo sigo haciendo lo mío. Creo que para eso se necesita cierto valor”. De este principio nace su música, frecuentemente lírica, como se puede apreciar en su famoso Adagio para cuerdas, Op. 11, su obra más popular, después de que fue interpretada por Arturo Toscanini al frente de la orquesta de la NBC en un concierto transmitido para toda

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Norteamérica. El enorme éxito del que goza la obra ha opacado el resto de la producción del compositor, que incluye música para la escena, sinfónica, vocal, de cámara e instrumental.

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Su vida musical se inició en la infancia. Ya en esos años mostró un marcado interés por la música vocal, alentado en parte por la hermana de su madre, la cantante Louise Homer y su esposo, el compositor Sydney Homer. A los 14 años ingresó al recién creado Curtis Institute of Music en Filadelfia, donde adelantó estudios en piano, composición, dirección y canto. En 1928 el compositor italiano Gian Carlo Menotti llegó al instituto, y junto con Barber, comenzaron una amistad que duró más de cuarenta años. Su producción de la época de estudiante es definitivamente la de un compositor sólido y maduro. Las obras de este tiempo le merecieron no pocos premios, uno de ellos el famoso Premio de Roma, gracias al cual pasó una temporada en Italia que amplió de forma definitiva su pensamiento creador. A su regreso a Filadelfia trabajó un tiempo como profesor. Con Menotti compró una casa en Mount Kisco, cerca de Nueva York, que llamaron ‘Capricorn’. Allí, cerca del lago y de los árboles, nacieron muchas de las composiciones de Barber, entre ellas Knoxville: Summer of 1915, el Concierto para piano, las óperas Antonio y Cleopatra y Vanessa. También la Sonata para piano, Op. 26, con la cual finaliza este recital. Su única obra en el formato fue escrita en 1949 para la celebración de los 25 años de la Liga de Compositores, una asociación dedicada a promover la creación de obras por parte de compositores estadounidenses. La obra está construida en cuatro movimientos que nos hacen pensar en la sonata tradicional. Sin embargo, el compositor se vale del uso de técnicas cercanas al dodecafonismo en el desarrollo del material temático. Barber quiso que la obra la estrenara Vladimir Horowitz, como en efecto sucedió. Desde entonces la obra goza de una enorme popularidad entre los pianistas, a pesar de las dificultades interpretativas que supone.


Los conciertos realizados en la Sala de Conciertos de la Biblioteca Luis Ángel Arango están autorizados por la Dirección Administrativa de la Secretaría de Gobierno de Bogotá, mediante la Resolución 051 del 15 de febrero de 2013


6 ª

Semana de la guitarra

Banco de la República · 90 años 10 artistas · 38 conciertos · 16 ciudades Julio 2013 Organiza

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CRISTIAN DEL REAL, piano (Colombia)  

Conocido hace unos años como el ‘niño genio’ de los timbales’, ahora Cristian del Real es uno de los pianistas colombianos de mayor proyecci...

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