Issuu on Google+


El Cuarteto Ímpetu está integrado por Víctor Díaz y Bibiana Ardila en los violines, Andrea Torres en la viola y Darwin Salinas en el violonchelo. Inició actividades en 2010 en el Conservatorio de Música de la Universidad Nacional de Colombia. Al principio de sus actividades abordaron principalmente obras de compositores del periodo Clásico como Boccherini, Haydn y Mozart; a este repertorio sumaron Beethoven y Mendelssohn. Su recorrido y sus experiencias se han visto enriquecidas gracias a la guía que han recibido en clases magistrales con reconocidas agrupaciones de nivel internacional como son el Cuarteto Kuss (Alemania) y el Lincoln Trio (Estados Unidos), la violinista Liz Ángela García, el violinista Leonardo Federico Hoyos y el contrabajista Jaime Ramírez. En 2011, el cuarteto ganó el concurso del Ciclo de música de cámara para todos los tiempos de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, lo que les permitió ofrecer recitales en importantes auditorios como el Teresa Cuervo Borda del Museo Nacional y la sala Otto de Greiff, realizando conciertos didácticos para la divulgación cultural y musical en colegios públicos de Bogotá. Actualmente el cuarteto continúa ampliando su repertorio y trabaja constantemente en el perfeccionamiento y el enriquecimiento de sus experiencias con miras al futuro.

1


PROGRAMA Cuarteto de cuerdas en re mayor, Op. 64 No. 5, “La alondra” Allegro moderato Adagio cantabile Menuet: Allegretto Finale: Vivace

Secretos Vals

2

FRANZ JOSEPH HAYDN (1732-1809)

LUIS ANTONIO CALVO (1884-1945) Arreglo: Julio R. Gutiérrez

INTERMEDIO Arabesque No. 1

CLAUDE DEBUSSY (1864-1918) Original para piano Arreglo: Steve Jones

Cuatro piezas para cuarteto de cuerdas, Op. 81

Andante sostenuto y variaciones Scherzo Capriccio Fuga

FELIX MENDELSSOHN (1809-1847)

CONCIERTO No. 27


NOTAS AL PROGRAMA Por Guillermo Gaviria El término “música de cámara” aparece por primera vez en el Barroco para referirse a la música que, en una estancia pequeña, interpretaban conjuntos conformados por pocos instrumentos o instrumentos solos (camera es una palabra italiana que significa habitación). Si bien la música de cámara tiene sus orígenes en el siglo XVII, es solo hasta el Clasicismo que se desarrolla verdaderamente. Dentro de la música de cámara, el cuarteto de cuerdas es el ensamble que cuenta con mayor reconocimiento, particularmente, durante los siglos XIX y XX. Las razones para que un ensamble conformado por dos violines, una viola y un violonchelo haya alcanzado tan grande popularidad durante varios siglos son diversas. Los argumentos incluyen hasta el carácter simbólico del número cuatro como, por ejemplo, los cuatro elementos clásicos griegos (aire, tierra, fuego y agua), los cuatro temperamentos humanos (colérico, melancólico, flemático y sanguíneo), al igual que la influencia del número 4 en la tradición musical, como en los cuatro rangos de la voz humana (soprano, alto, tenor y bajo); sin embargo es muy posible que las razones se relacionen con la homogeneidad del timbre (cuerdas) la cual permite que la concentración en la composición se dirija a la estructura y calidad de la música misma, más que a la explotación de contrastes o combinaciones colorísticas. Si bien entre los iniciadores de la escritura para cuarteto de cuerdas aparecen Alessandro Scarlatti (1660-1725), Giuseppe Sammartini (1695-1750) y Giuseppe Tartini (1692-1770), entre otros, es a Franz Joseph Haydn (1732-1809) a quien se reconoce como “el padre del cuarteto de cuerdas”, por sus contribuciones al desarrollo de la escritura para este ensamble. Haydn nació en Rohrau (Austria), un pueblo cercano a la frontera con Hungría. Su infancia fue bastante musical -gracias a la afición de su padre por la música folclórica- por lo que, al notar sus padres su talento, fue puesto a la edad de seis años bajo la guía de un pariente, Johann Frankh, maestro y director de coro, con quien fue a vivir a Hainburg. La vida con su pariente no fue fácil por las estrecheces económicas, pero

3


fue su iniciación musical la que le permitiría trasladarse a Viena -en 1740- en donde hizo parte del coro de la Catedral de San Esteban durante 9 años, luego de pasar una exigente audición de ingreso. Al terminar su ciclo en el coro, Haydn se vio en dificultades para sobrevivir, desarrollando todo tipo de trabajos, entre ellos el de músico callejero. Finalmente trabajó como asistente del compositor Nicola Porpora (1686-1768), de quien Haydn decía haber aprendido los verdaderos fundamentos de la composición. Su talento, que era evidente, le facilitó obtener un trabajo con el barón Carl von Joseph Edler von Fürnberg, quien lo condujo a componer su primer cuarteto de cuerdas. Georg August Griesinger (1769-1845), primer biógrafo de Haydn, cuenta la historia de esta manera:

4

La siguiente circunstancia puramente accidental lo llevó a probar suerte en la composición de cuartetos. Un barón Fürnberg tenía un lugar en Weinzierl, a cierta distancia de Viena, e invitaba de vez en cuando a su pastor, su administrador, Haydn y Albrechtsberger (un hermano del célebre Albrechtsberger, contrapuntista, quien tocaba el violonchelo) con el fin de hacer un poco de música. Fürnberg solicitó a Haydn componer algo que pudiera ser tocado por estos cuatro aficionados. Haydn, quien para entonces tenía dieciocho años de edad, aceptó esta propuesta, y así se originó el primer cuarteto que, de inmediato, recibió tal aprobación general, que Haydn se armó de valor para seguir trabajando en este formato (Sotwuell, 2003: pág. 177).

El Cuarteto de cuerdas, Op. 64 No. 5 fue compuesto en 1790, cuando Haydn se encontraba trabajando para la familia Esterházy. Hace parte del grupo llamado Cuartetos Tost, que toman el nombre de Johann Tost, un violinista que trabajó en la orquesta de los Esterházy entre 1783 y 1789. Haydn estuvo vinculado cerca de treinta años en la corte de los Esterházy, tiempo durante el cual compuso numerosas obras para todo tipo de grupos instrumentales y desarrolló su estilo, además de acrecentar su fama y popularidad. Sin embargo, los largos periodos en la casa de descanso de los Esterházy lo fatigaban, y extrañaba la vida social con su círculo de amigos en Viena. Es así que, para la época en que compuso la serie del Op. 64, en una carta de febrero de 1790, escribió a su amiga (y amor platónico) Maria Anna von Genzinger, acerca de su estado de ánimo, luego de regresar del fin de año en Viena a vivir al campo, con su patrón:


Bueno, aquí estoy sentado en mi desierto -abandonado- como un pobre niño -casi sin sociedad humana, melancolía- llena de los recuerdos de los días gloriosos pasados, ¡Sí! pasados, ¡por desgracia! y ¿quién sabe cuándo estos días volverán otra vez? ¿Esas fiestas maravillosas? Cuando el círculo entero es un solo corazón, un alma -todas estas tardes musicales maravillosas- que solo pueden ser recordadas, no descritas, ¿dónde están todos esos momentos entusiastas? -todos desaparecidos- y por mucho tiempo (Green, 2005: pág. 17).

El Cuarteto de cuerdas, Op. 64 No. 5 es probablemente el más conocido de los cuartetos de Haydn. Tiene dos sobrenombres -ninguno sugerido por el compositor-; el más empleado es La alondra, por la melodía con la cual inicia el violín que se asemeja al patrón de vuelo circular de estas aves. El otro nombre alude al movimiento final, Hornpipe, gracias a la melodía que parece fluir inagotable, similar a lo que ocurre en este tipo de danza de marineros ingleses. La vida de Luis Antonio Calvo (1884-1945) estuvo caracterizada por fuertes contrastes, dados entre sus logros y reconocimientos musicales y el alejamiento forzado de la sociedad, debido a su precario estado su salud. Calvo, en una corta autobiografía, escrita en 1924, narra así su nacimiento: En el año de 1882 se meció mi cuna al suave impulso de las brisas perfumadas y fui arrullado por el lejano rumor de la cascada de Santafé de Gámbita, pequeño pueblecito del sur de Santander. Muy niño aún, me extasiaba en la contemplación de la naturaleza, libro divino en donde se muestra el Dios omnipotente con toda su magnificencia. [...] Al mismo tiempo sentía grande inclinación hacia la música, la que fue objeto de mis primeras lágrimas y mis largos desvelos (Perico García, 1975: pág. 32).

Calvo llegó a Bogotá en 1905, después de vivir un tiempo, por sus estudios, en Tunja. En la capital tuvo ocasión de educarse formalmente en la Academia Nacional de Música bajo la guía de los profesores Rafael Vásquez Flórez y Guillermo Uribe Holguín. La vida profesional de Calvo como músico en Bogotá, se interrumpió por la aparición de la enfermedad de la lepra, en 1916, hecho que lo hizo establecerse en Agua de Dios (Tolima), población que acogía a aquellos que padecían la enfermedad para retirarse y evitar contagiar a la población sana. El recuerdo de la llegada a Agua de Dios, por parte de Calvo es el siguiente:

5


Los hermanos del infortunio me recibieron con singulares demostraciones de cariño, del cual soy objeto hasta el presente. Ocho días después de mi llegada a este retiro, recibí a mi amigo favorito, el piano, que muchos de mis amigos y admiradores bogotanos me enviaron como recuerdo. Muchas son las horas en que por mediación del noble como mágico instrumento, mis hermanos martirizados han olvidado sus dolores, ya oyendo lamentos que mi alma atormentada le arranca, ora los brotes de alegría que una risueña esperanza me inspira (ibíd., pág. 73).

La recepción de la música de Calvo fue cálida desde sus primeras obras; se cuentan entre ellas: Carmiña, Livia, Eclipse de belleza, El lejano azul, Anhelos, y el muy reconocido Intermezzo No. 1. Su obra, de más de 160 composiciones, incluye danzas, pasillos, intermezzi y valses. De acuerdo con la maestra Ellie Anne Duque, El genio romántico de Calvo radica en la facilidad con que produce una melodía tras otra en los contextos rítmicos más disímiles. Cada obra es un poema musical secretamente personalizado. Las piezas para piano de Calvo no son descriptivas, sino evocadoras. No hablan de eventos, sino de sentimientos, y de la manera más directa (Duque, 1999).

6

Secretos, arreglado para cuarteto por el violonchelista Julio Gutiérrez, es uno de sus valses “en donde todo es premeditado, cuidadosamente calculado, finamente cincelado, y demuestra un manejo impecable del color tonal, un dominio evidente de los recursos del piano y un sorprendente conocimiento de la armonía” (Hurtado, 2006: pág. 80). Claude Debussy (1862-1918), de quien en 2012 se conmemoran 150 años de nacimiento, es uno de los músicos con mayor influencia en la historia de la música, al punto de que desborda los límites de la música clásica; sus ideas e innovaciones alcanzan hasta el jazz y las músicas populares. Se considera que a partir de su propuesta estética llamada impresionismo, se dio inicio a lo que se conoce de manera oficial como música del siglo XX. Su originalidad se aparta de los cánones tradicionales y de las corrientes que se desarrollaban en la época, para abrirse hacia otras maneras de percibir y estructurar el tiempo, lo que lo condujo a transformar significativamente la música de su época.


El vocablo impresionismo, del cual Debussy no gustaba (“Estoy tratando de hacer ‘algo diferente’ --en cierto sentido, realidades-, lo que los imbéciles llaman ‘impresionismo’ es un término que se utiliza tan pobremente como es posible, sobre todo por los críticos de arte” [Halford, 2000: pág. 2]), fue usado por primera vez en 1874, por el crítico de arte francés Louis Leroy, para referirse al pintor Claude Monet, de manera peyorativa, con relación a la vaguedad de su obra: Impression: soleil levant (Impresión: amanecer) Impresión, estoy seguro de ello. Me estaba diciendo a mí mismo que, puesto que me impresionó, tenía que haber alguna impresión en ella -y ¡qué libertad! ¡Qué facilidad en el oficio!-. Un dibujo preliminar para un patrón de papel tapiz está mejor terminado que este paisaje marino (Blundel y Daval, 1980: pág. 105).

El propósito de los pintores impresionistas era “sugerir más que mostrar; reflejar no el objeto sino la reacción emocional al objeto; interpretar una impresión fugaz en lugar de captar y fijar la realidad permanente” (Thompson, 1937: pág. 21). El misterio, la vaguedad, la abstracción, el sentimiento, la imaginación y el efecto son valores subrayados. Arabesque (en español arabesco) es una expresión que: Aparentemente fue introducida en Europa durante la conquista morisca de España y se aplicó inicialmente a la arquitectura y la pintura para describir un friso o borde ornamental, cuya elaboración de hojas y florituras tiene su contrapartida en música en la ornamentación y la figuración compleja (Brown, 1980).

El arabesco está conectado de manera central al pensamiento musical de Debussy, quien lo consideraba una línea ornamentada, curvada de manera natural. Este concepto atrajo la admiración de Debussy, dado su interés por explorar el instinto natural en su música por encima de las reglas académicas de la composición. El Arabesque No. 1, originalmente para piano, fue compuesto en la primavera de 1890. La serie Cuatro piezas para cuarteto de cuerdas, Op. 81 se incluye con poca frecuencia en los programas de concierto. Muy seguramente, Felix Mendelssohn (1809-1847) no habría aprobado la publicación de las cuatro piezas como una serie

7


integral, pues fueron compuestas en distintos momentos de su existencia, y como no tienen una relación musical clara tienden a tocarse por separado. La más antigua de ellas es la Fuga en mi bemol mayor, que escribió en 1827, la cual es una muestra de la maestría de Mendelssohn en el contrapunto. Recordemos que su abuela materna, Bella Salomon, le regaló en 1823 una copia manuscrita de La Pasión según San Mateo de Johann Sebastian Bach, regalo que afectó transcendentalmente el curso de su vida. La Pasión fue presentada por Mendelssohn el 11 de marzo de 1829, dando inicio a lo que se considera el redescubrimiento de Bach y el camino al reconocimiento universal de su genio y significado para la historia de la música. El capriccio fue compuesto en 1843, el andante sostenuto y el scherzo, que se iniciaron como movimientos para un proyectado cuarteto de cuerdas, fueron compuestos en el año de su muerte y se publicaron en 1850.

8

REFERENCIAS Blunden y Daval (1980) Impressionists and Impressionism, Editorial Skira. Brown, M. (1980) “Arabesque”, The New Grove Dictionary of Music & Musicians. Duque, E. A. (Diciembre-1999) “Luis A. Calvo: Paradigma de la música para piano en Colombia”, Revista Credencial Historia, 120. Publicado en: Biblioteca Virtual del Banco de la República. <http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/revistas/credencial/ diciembre1999/120luis.htm Green, R. (2005) The Cambridge Companion to Haydn. Cambridge, Cambridge University Press. Halford, M. (2000) Debussy: An Introduction to His Piano Music, Alfred Music Publishing. Hurtado, J. I. (2006) “Ad libitum: Luis A. Calvo, mito e intuición”, Revista de Santander, 1ª ed., Bucaramanga, UIS.


Perico GarcĂ­a, J. (1975) El maestro Luis A. Calvo. Bucaramanga, Editorial Salesiana. Sotwell, R. (2003) The Cambridge Companion to the String Quartet. The Cambridge University Press. Thompson, Ă&#x201C;. (1937) Debussy, Man and Artist, New York, Dodd, Mead & company.

9



Cuarteto Ímpetu, música de cámara (Colombia)