Los efectos de la crisis económica se hacen cada vez más evidentes en nuestros bolsillos, en el auge de la criminalidad, en los pobres servicios de salud y educación que recibe el pueblo trabajador. Mientras los pobres y la gente trabajadora vive los efectos de la crisis, un pequeño grupo de millonarios y corporaciones viven de la ganancia que generan de nuestro trabajo.
La aprobación de las leyes de sostenibilidad fiscal, la mal llamada reforma energética, la ley de quiebra de las corporaciones públicas, el desmantelamiento de los sistemas de retiro, la privatización del aeropuerto, el hacinamiento de estudiantes y el cierre de escuelas forman parte del mismo esquema de empobrecimiento y explotación de la clase trabajadora.