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LAS MICROFINANZAS BAJO LA LUPA A las microfinanzas se les atribuye gran parte del éxito o fracaso del sector microempresarial. La realidad es diferente: el acceso al crédito es condición necesaria pero no suficiente para que las microempresas salgan adelante. Según el DANE, en Colombia hay casi 1,4 millones de microempresas que representan 96 por ciento del total de compañías. Tres por ciento son pequeñas y medianas, es decir, las mipyme suman el 99 por ciento del universo empresarial y casi 60 por ciento está en la informalidad. Este indicador demuestra la importancia de fortalecer al sector microempresarial en su competitividad y propiciar su formalización. La reglamentación de las microfinanzas en Colombia aún está en proceso de maduración. Se mira a las Instituciones Microfinancieras (IMF) con los criterios que se aplican a la banca tradicional. El debate subsiste; es difícil identificar y aun más replicar un marco adecuado de regulación y supervisión. Las normas para las IMF deben ser diferentes, lo que no implica mayor flexibilidad o permisividad, sino tener en cuenta sus particularidades, debidas a que los clientes no tienen documentación formal, garantías reales, ni automatización de información y de procesos productivos. Además, el bajo monto de una transacción exige mucha eficiencia en la evaluación de riesgo. Esto lleva a que quien promueve el crédito también estudie el flujo de caja de la microempresa, fuente de pago del crédito, y formule la propuesta que será sometida a un comité de aprobación. El perfil del cliente exige una metodología de crédito apropiada, con un equipo de analistas debidamente entrenado para atender una población que no es sujeto de crédito convencional. Además, las IMF requieren inversión en tecnología, relaciones cercanas y transparentes con los clientes y un portafolio de servicios adecuado a las necesidades cambiantes de los microempresarios. Ninguna regulación sustituye la ética en los negocios. Es preciso instaurar un buen gobierno corporativo para lograr una relación equilibrada entre la rentabilidad de los accionistas, la sostenibilidad de la institución y de sus clientes. Por esta razón, tan importante como la reglamentación formal de la actividad es armar estructura y procesos eficientes y seguros. Una de las causas de fracasos ha sido que el tema se puso de moda y el crecimiento desbordado no se ha sujetado a las buenas prácticas de la industria microfinanciera. Asimilar el microcrédito al crédito de consumo puede ocasionar pérdida de foco y aplicación de métodos de análisis de riesgo inapropiados. Colombia es bastante buena en microfinanzas según el índice Microscopio del Economist Intelligence Unit. Ocupa el noveno puesto en la lista de 54 países. Perú, Filipinas y Bolivia lideran. Estos países alcanzaron puntajes muy altos en dos de las categorías principales del índice: marco regulatorio y desarrollo institucional. Perú es el único país entre los cinco primeros puestos en las tres categorías. Filipinas tiene el mejor entorno regulatorio, con Camboya, que no está


entre los diez primeros, y Pakistán que sí está en el grupo. El tercer criterio es clima de inversión, donde se destacan Chile, Turquía y Bosnia. Los países en los diez primeros puestos tienen características macroeconómicas y políticas muy diversas. Las microfinanzas son un reto para sus administradores, para las autoridades y para la sociedad en general. Pueden, sin ser la solución central, ser elemento clave en la lucha contra la pobreza, pero se requiere el esfuerzo articulado de todos los sectores. Clara Serra de Akerman Presidente Banco WWB S.A.


Artículo La Republica Enero 2011