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un autor no tiene derechos, s贸lo deberes textos e im谩genes: v monroy


LA REALIDAD VIRTUAL v monroy


El eco del eco del eco de una palabra bonita de un padre a un hijo, de un chico a otro, guardado en una piedra. La realidad virtual también es una realidad. Debajo de los árboles vemos volar a un pájaro. Encima de los árboles vemos volar a las galaxias. El sol se va despacio y huele a tierra. Creía que hablaba para mis adentros pero estaba hablando en voz alta: “Si esperamos aquí, sin hacer nada, sólo bebiendo, sólo mirando cómo pasan las cosas con su sombra girando, el eco va a volver para que lo escuchemos”. -Dentro del eco está guardado el secreto- me dices al oído. -Dentro de ti está guardada una


estrella -te digo-, pero ahora con la gorra hacia atrás no sabes nada. Eres una estrella pero en realidad eres mi amigo. Vas distraído. Estás pensando en algo de la noche de ayer. “¿Qué secreto guarda el eco?”, preguntas al final. Pero cuando te respondo ya no estás escuchando. Te has quedado dormido. Un sueño dentro de un sueño donde estamos dormidos en el césped mojado. Venías a contarme que el poema no va a ser como creía. “Idiota”, me dices, “te hace falta el secreto”. El secreto está en el eco. El eco está en la piedra. Yo venía a escribir un poema que contara todo esto y algunas cosas más. Que quien lo leyera se sintiera en el césped. Que quien lo leyera se sintiera en la disco. Ahora mira qué raro. Qué cosa. Nadie se explica cómo bailas en el centro de la disco si las estrellas no bailan. Nadie se explica el hecho. Es que nadie sabe nada. Ni quieren. En el sueño del sueño del sueño es como si de repente el viento viniera a bailar contigo. Eso es todo lo que hay que saber.


Es como si aprendiéramos los unos de los otros y eso es todo lo que hay que saber. Lo que no me dices tú me lo dicen tus ojos. Es un flash. Tiemblo en sueños. Un disparo. Me retuerzo en el césped. Los insectos asustados echan a volar. Hay una mariquita y hay un escarabajo con un cuerno. Tantos insectos que tapan el sol. Era verano y ahora es otoño. “Pura magia”, dices. “La magia de la vida”. “Las estaciones pasan porque la vida pasa”, dices también, “y eso es lo único que hay que saber”. Con la gorra hacia atrás has escrito un poema. Has escrito un poema con las piernas que corren por el bosque. Has escrito un poema con la media sonrisa. Has escrito un poema con las manos vacías. Si rozan a otro chico sabe que eres su amigo. Si te gusta la música empiezas a brillar. Si duermes a mi lado estoy bendito. Despertamos tirados, casi abrazados. Nos rozamos a veces. El sol nos saluda. “Despertad amigos”, dice. Había soñado que me contabas al oído algo perfecto. En el sueño del sueño, si te miraba de frente ponías la sonrisa. Entendía el secreto. El sueño se


acababa pero nosotros seguíamos. realidad virtual también es una realidad.

La

Ahora dime. Lo importante es la búsqueda. El eco del eco. Del padre al hijo. Del chico al chico. -Eso es perfecto- digo. La pregunta: “¿Por qué buscamos algo perfecto si nosotros somos tan perfectos?”. Los aspersores se encienden. Un flash. Los insectos tiemblan. Pero a ti y a mí no nos importa mojarnos. Seguimos en el sueño. En el sueño del sueño. En el sueño del sueño los aspersores riegan y hacen crecer el césped. Hacen crecer los árboles al ritmo de la música. Tú bailas en el medio. Yo venía a escribir un poema sobre chicos que miran las cosas con su sombra girando, pero nunca se sabe. Estás sudado y estás bendito. Lo segundo lo sé por la luz. Ahora has escrito un poema con la luz de por la tarde. Es bueno. Sin metáforas. Empieza hablando del eco y termina hablando del sueño. “Nuestro sueño es grande y caben muchas cosas”, dice un verso. Fiestas a la orilla del mar con las palmeras. Chicos que se quitan la camisa. El que lleva la pastilla está


bendito. Si se baña en el agua, el mar le trae el secreto. “¿Qué secreto guarda el eco?”, pregunto luego. Me pones la sonrisa. Un flash. En el fondo del mar hay un tesoro, te digo. Hablo de corazón. Que no te lo crees, me dices. “Mira la noche y la música y dime la diferencia”. No veo diferencia. Me he perdido. Yo venía a escribir un poema que hablara de chicos que se encuentran en un parque en mitad del verano, con el sol en la nuca y la cerveza. No pude terminarlo porque no tengo el secreto. Me he perdido y eso está bien, porque el que pierde el rumbo siempre encuentra un amigo. La realidad virtual también es una realidad. ¿Has visto cómo se refleja de pronto la luz del sol en las hojas y las vuelve de oro? Ojalá también nosotros estemos hechos de oro por la tarde. Ojalá estemos hechos de plata en mitad de la noche, en un aparcamiento. Ojalá en mitad de la noche te tomes la pastilla. Quiero que me mires con la media sonrisa. “Me pegaría fuego para iluminar la fiesta”, me vas a decir. Entonces vas a ser una estrella.


Eres una estrella y miras desde arriba. Debe ser bonito vernos así. Por la nuca. No sientas claustrofobia porque estás encerrado en el universo. El universo es grande. La música es perfecta. Es imposible que no quieras bailar ahora que llamamos a la noche “la Noche del eclipse”. Que no quieres, me dices. Mira que tenemos el poder del eclipse. Un flash. Trotan los caballos por encima de tu frente. Los insectos asustados vuelven a tapar el sol. Era de día y ahora es de noche. Lo ves. Te lo dije. Para una cosa que digo de corazón, no te la crees. Relinchan los caballos. Vuelve el sol. Como es tan poderoso la cerveza se calienta. Ahora qué. Así mirando el cielo es imposible dormir. Es que tienes el cielo reflejado en la cara. Por eso me deslumbro. Si te miro a los ojos veo una estrella dentro. En una mano guardo el corazón que reluce. En la otra mano guardo la pastilla. Si los cambio de mano pones media sonrisa. “Idiota”, me dices, “todavía no entiendes nada del poema”. No entiendo nada del poema. Ojalá venga el viento con el eco y me enseñe el secreto. Tiro


la foto. Se abre la noche. Sales muy guapo. Yo venía a escribir un poema sobre chicos que bebían cerveza y sobre otros chicos que volaban. Y si el poema le gustara a alguien, y si el poema emocionara a alguien, entonces estaría con nosotros en el sueño del sueño. La realidad virtual también es una realidad. Ojalá venga el viento que a veces nos levanta. Ojalá el universo se siga haciendo grande. “Pero tú eres una estrella y estás en mitad de todo”, te digo. No te conformas. “Depende del sitio desde el que me mires”. Aquí en el césped vemos lo que vemos. Aquí en la playa vemos lo que vemos. Por un momento pienso que te he visto en el mar. Mentira. “Lo que reluce tanto no soy yo, es el tesoro”, me dices al oído mientras bailas. Bailas un ritmo tropical en el bosque. Ojalá vengan todos a la fiesta. En el sueño del sueño. Con el eco del eco. Recuerdo un grafiti en el aparcamiento que decía: “los chicos voladores han vencido”. Mira cómo la pastilla pasa de boca en boca. Es un milagro. Mira cómo la electrónica hace un silencio en el momento más alto para que el corazón te


dé un vuelco. Algunos chicos han quedado suspendidos en el aire. A veces pasa. “Un flash”, escribes en tu poema con la gorra hacia atrás. Ojalá tu vida sean momentos como este puestos uno detrás del otro y así hasta que te venga a buscar la muerte que también debe ser una canción. “Porque si no qué iba a ser”, me dices con los dedos que tiran de la música. La música está enfrente de la noche. Levantas los dedos verdes en dirección al sol. Ahora forman una uve. Es el gesto de la victoria. Los chicos voladores han vencido. “¿Y quiénes son?”, me preguntas. “Tú y yo”, respondo intentando imitar tu sonrisa. En el aparcamiento me preguntas por ti, por tu tristeza. “Tranquilo”, te digo, “todo va a estar bien porque no eres más que un sueño, no existes”. No existes pero sí alumbras. Por encima del cielo alumbras como una estrella y si te veo cruzar puedo pedir un deseo. Puede que te haga una pregunta y si adivinas la respuesta te paso la pastilla. Vamos a compartirla. Pon tu lengua en mi lengua. Puede que estemos “solos en el universo”,


pero no estamos solos. La realidad virtual también es una realidad. Trotan los caballos por encima de tu frente y te digo que no te muevas, que te tiro la foto. Trotan los caballos por encima de tu cuerpo y te digo que lo guapo que estás nadie lo sabe. Nada como estar en una disco y que suene tu canción. Pones la media sonrisa y ya has escrito el poema. Yo venía a escribir un poema y terminé encontrando la amistad. Cuando quise darme cuenta me había quedado dormido. Un sueño de galaxias que sueñan con nosotros. Un cielo con estrellas que nos miran desde el cielo. Un sueño dentro de un sueño dentro de un sueño. Un mundo donde eres irrepetible y que nunca puede desaparecer. En el sueño del sueño del sueño he visto que la luz salía de las cosas. Iba hacia el sol. “Como si el universo se rebobinara”, escribo en mi poema. “Idiota”, me dices, “venía de nosotros hacia el sol, de dentro nuestro”. “Todavía no has entendido el poema”. No he entendido el poema. Escribo porque los dedos se me mueven solos en el aire del


bosque, al ritmo de la música. Mírala, es igualita que la noche. Míranos. Estamos justo donde hay que estar y en el momento preciso. No hace frío ni calor. “Es perfecto”, me dices. Luego están algunos que no entienden. Está el que no ve cómo luce por encima del barrio la luz que viene de nosotros. Está quien te mira sin creerse lo que dices. Pobre. Ojalá vea el eclipse y baile con nosotros, aunque sea en el after porque la disco ya cierra. Salimos. Tengo tu sonrisa en una mano y en la otra mano tengo la pastilla. Tú tienes el poema entre las piernas. Ahora qué hacemos. No existes pero das escalofríos de alegría. El after es un sueño pero el sol es real. En la puerta me miras con el sol en la nuca. La luz no te molesta porque viene de dentro. “Del alma”, dicen unos encendiéndose el porro. “De la galaxia”, dicen y sonríen. Han escrito un poema. “Si encontraras un amigo al que pudieras decir cualquier cosa sin palabras”, dice un verso del poema. Y sé que hablan de ti. La realidad virtual también es una realidad.


Qué bien que un poema hable de ti de esa manera. Qué bien que ese caballo haya trotado en el mar. En el mar de tu frente hay un tesoro. En el sueño del sueño del sueño. Con el eco del eco del eco. Los del porro sonríen. “Por favor, no os olvidéis de ser felices”. “Llenad el universo con canciones”. Con la gorra hacia atrás te vas brillando. “Bailad entre los árboles que crecen en el césped. Dormid bajo la noche que os saluda. El sol nos va contando las historias. El mar nos va cantando las canciones. Descubrid un nuevo mundo. Nuevo no significa malo necesariamente”. Luego estamos andando por la calle pero dices que es mentira. “No hay ninguna calle, ¿ves?”. Y tenías razón. Era que el césped se oscurecía con la noche y parecía asfalto. “Pobre”, digo. “Vamos a bailar”, me dices luego, “no estés triste por esto”. Y nos vamos. Nadie se explica cómo bailas en el centro de la disco si las estrellas no bailan. Nadie se explica el hecho. Ni quieren. Parecía raro estar cada uno en una parte del mundo y de pronto la música nos viene a juntar. Espera.


En un sitio de la música está el eco. En un sitio del eco está el secreto. Brillar desde dentro nos da un calor que es agradable. Un calor que parece de principio del verano. El césped, bendición. El sol sobre la piedra, bendición. La piedra guarda el secreto y el secreto guarda la media sonrisa. “Idiota”, me dices, “pasas por delante del poema y no lo ves, estás ciego”. Yo venía a escribir un poema y de pronto estaba bailando. Tú corrías por el bosque porque te gustaba el crujido de las hojas secas. Sabía que estábamos soñando pero no quería decirlo todavía porque prefería pensar que duraría para siempre. “¿Cómo se llega hasta aquí?”, te preguntaba, “¿se llega andando?” Veía aviones en el cielo pero pensé que no iban a ningún sitio. Que sólo querían rozar las nubes para saber lo que se siente. “¿Cómo se viene aquí?”, me preguntabas. En nuestro mundo del sueño dentro del sueño no hay calles. Un flash. Hemos inventado la teletransportación. “¿Ves ya el poema?”, me


dices con la media sonrisa, “un poema es como teletransportarse”. Tú corrías por el bosque buscando algo pero a la vez parecía que volabas. Ojalá tu vida sean momentos como este puestos uno detrás del otro. Si estás triste te vienes con nosotros al sueño del sueño del sueño. Te tiras en el césped y dejas que el sol que es una canción te duerma. Te tiras en la disco y dejas que el sol que es una pastilla te ilumine. “Idiota”, me dices poniendo la media sonrisa, “llevas dentro el poema, deja de buscarlo”. En una mano tienes un escarabajo. En la otra mano tienes la pastilla. Vamos a hacer un poema que seamos nosotros bailando debajo de los aspersores, con el césped creciendo a nuestro alrededor. Mira. Se te quedan gotitas de agua en las pestañas y reflejan lo que llevas dentro. Me acaricias la frente con un dedo. Lo que llevas dentro son galaxias. Ver el sol todos juntos, bendición. Dormirnos en el césped, bendición. Bendición si de pronto, al ritmo de la música, dos corazones


laten coordinados. El sol está bajando. Los insectos sonríen. Ya no nos tienen miedo. La realidad virtual también es una realidad. El eco del eco del eco de un padre a un hijo, de un chico a otro, guardado en una piedra para siempre. De pronto vino el viento y nos lo trajo. Estábamos durmiendo. “He escuchado el secreto pero no hacía falta”, te digo. También me ha parecido escuchar al mar que aullaba de alegría porque era nuestro amigo. Yo venía a escribir y acabé sonriendo. Al final resulta que el secreto eras tú. “Idiota”, me dices, “justo lo descubres y se acaba el poema”.


octubre 2014

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La realidad virtual  
La realidad virtual  

un poemario de v monroy

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