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DÍADA (EL ORATE Y EL ERUDITO)

DÍADA (EL ORATE Y EL ERUDITO)

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Buscando el olvido se volvió marmóreo (bañó el presente en licor áureo). Queriendo poseerse se perdió la eternidad (ni cielo, ni tierra, DÍADA

quedó en la mitad).

(EL ORATE Y EL ERUDITO). Buscando salidas creó con la vida un laberinto (sólo forjó entradas I

para un viento egocéntrico).

Cuántas miradas hacia el cielo deseando romper el gris velo

Buscar... queriendo huir;

tras el que sueña el pensamiento

huir hacia delante...

plena libertad como el viento.

progreso... ¿evolución ilógica?.

II

Así siempre quieto

Entre las rejas

en la memoria del tiempo.

(pupila gris, retina gris) de los ojos te arrojas

IV

queriendo ver si tu lamento

Todos los días se levantaba

es libre en el firmamento:

con la nueva alegría

sólo ves piedra y cemento.

de lo que viviría en el día.

De piedra se hará tu dolor,

Todos los días se acostaba

para que te arrojes

con la extraña melancolía

con más dureza

de que alguien le había usurpado el día.

(sin sentimiento) entre las rejas

V

proyectadas por tu lamento.

¡Ay!...inquietud de este corazón que parece dormido,

III

tremolando su sueño de vida

Queriendo alzarse, se hundió

entre el maravillarse y el olvido.

en el granito (nunca la piedra tiende al infinito).

DÍADA (EL ORATE Y EL ERUDITO)

¡Vamos corazón despierta

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a la añoranza de la amplitud lejana del infinito!.

Desde esta cima, encumbrado por el pasado de un tiempo doliente,

VI

brotan las aguas que dan cauce al río:

No, no soy piedra en el río,

buscan, las silenciosas lagrimas,

ni nube en el cielo,

el profundo azul

ni tan siquiera amapola

de Mar del Olvido.

entre flores virginales. Sólo soy lo que queda

IX

de la abierta herida del hombre:

Cuando la tempestad

el dolor de la locura.

pronunció mi nombre, llamé a los ángeles

VII

que yo creía cabalgando sobre ella.

Mirando la vida (un único tiempo de días)

El eco de mi voz

desvelado e inmóvil,

trajo la respuesta:

esperando el vuelo cálido

una inmensa soledad

de la flecha reflexiva

que sólo sabía pronunciar mi nombre.

que extasíe mi pensamiento. X VIII

Para poder caminar

Desde el sutil alcor,

necesito oír mi voz.

en la que me ha encumbrado

Para poder cantar

el tiempo incidental,

necesito caminar.

veo caminos nunca andados:

Cuando miro atrás:

jardines que pudieron ser felices,

no hay sones que dejan huella,

y ámbitos de reposo

ni sendas donde serpenteen cantos.

con luces que quedaron apagadas,

Soy, únicamente, un atípico sueño

con músicas danzando su silencio...

de lo utópico de mi mismo.

Y por entre ellos,

XI

un río de aguas traslúcidas

Se colmó la vida,

reflejando un cielo

como somática cornucopia,

de esperanzas perdidas.

con ambrosías, ámbar, e incienso.

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XIII Y se ocultó mi vida

Por sendas no queridas

en ánfora de barro sin memoria

he transitado,

de felicidad:

siempre temeroso e inseguro.

de ambrosías que lo exalten,

Mas, mirando hacia atrás,

de ámbar que lo perfume,

contemplo la certeza

de incienso que la extienda...

de un presente sin futuro. (He aprendido a llorar

(La ánfora quedó cubierta

con la etérea risa

por losa de tiempo desvelado,

del abrazo del infinito).

como un sólido tapón de irracional agonía).

XIV Aquí no entra la luz;

XII

de aquí no sale ninguna luz.

Un mal sueño me despertó:

(¿Por qué?

La tierra lloraba arcilla

si hasta la sombra más oscura

salpicando a la luna,

refleja brillos de sol).

y ésta vomitaba piedras negras enlutando a la tierra.

Aquí, la soledad, ingente, levanta muros inconmensurables,

En un instante

tan herméticos

-¿sueño de mil años?-

que el vacío no tiene espacios.

la luna fue masa de barro (mi alma entristecida)

Todos los misterios han huido;

mientras la tierra era escoria de carbón

aquí nada entra, aquí nada sale.

(mi alma desesperada).

Y todavía hay lugar para el dolor.

Me desvelé más de mil años y, al volver a dormir,

XV

aprendí,

Este dolor que oprime la vida:

con alegría y paciencia,

semillas de versos...

los sueños

Esta voz ahogada, sin aire:

que velan el Joyero y el Alfarero.

canto mudo... Este latir sin ánima: antagónico ritmo...

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¿Cuántos nudos desenlaza No está el silencio

la inefable muerte?.

de sonidos melódicos;

-Uno:

no está la poesía

La mítica libertad.

de cadencias silenciosas... Entre el atar y el desatar ¿Pero de qué está lleno

la rígida maroma del Bien y del Mal

este vacío que aliena?.

se retuerce en un nudo gordiano, inevitable y justiciero.

XVI De nuevo en el mirador

XVIII

de la esperanza.

...y en la soledad,

Pero...¿de cuál?...

en tu desbordante soledad,

he hollado tantos.

te alzas porque sientes la vida... la VIDA;

De nuevo: la quietud del viento,

...y comprendes que la eternidad

la quietud de la intolerancia,

está a tu alcance,

la enajenada quietud del corazón.

y alargas tu mano triunfante para lograr abrir

De nuevo en el mirador

la puerta hacia ese Buen Destino;

de la esperanza con la mirada escondida

...y entonces ves otras manos

tras la lejanía.

asiendo el vacío dejado por el deseado pomo

De nuevo la misma espera

de tan bendita puerta...

desesperada.

(lo arrancó la VIDA para hacerse dueña

XVII

de todo futuro sueño);

¿Cuántos nudos se necesitan para ceñirse la vida?.

...y en la soledad,

-Dos:

en tu angustiosa soledad,

La ilusión del corazón

penetras para arrancar,

y la locura del alma.

con dolor de locura, un pequeño sueño a la vida...

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de la sabiduría de la búsqueda. XIX Busqué la Flor de Oro (flor de perpetua santidad)

XX

aquella que sembró y cultivó

Cuántos silencios en la voz,

Salomón

cuántas palabras en la mirada,

en la esotérica profundidad

nos hablan de hermosas ínsulas

de su laberíntico jardín.

(creadas con el aroma de sueños) donde la felicidad olvide

Encontré caminos cerrados,

las sombras del corazón.

intangibles e incomprensibles; otras sendas estaban abiertas, pero carecían de sentido

XXII

-mas no de normas y de leyes-;

Fugazmente pasan los años.

todos los caminos

Y en un instante el tiempo

eran engañosos, bellamente falsos.

(horas de consuelo, días imperfectos)

(Tiene espinas el tallo del rosal

se vuelve intemporal pasado.

y, en su final. la suave y dócil flor).

El tiempo –olvido del presentenos empuja con turbulencias

Desistí: olvido desesperado.

de imperfecto pasado.

Hoy, un sentimiento lejano,

Se echan anclas de ilusiones.

un remoto palpitar,

Nada se aferra a la tierra,

un susurro incisivo,

y somos arrastrados

trae el arcano aroma

a un futuro pleno de recuerdos.

de la esencia de la Flor.

Se desangra el alma

Y en su recuerdo cercano

en tal esfuerzo sobrehumano.

(no se olvido de mi) me incita a encontrar

¡Cuánta impotencia

y volver a sondear caminos.

para tanto sueño presente!. ¿Quién nos despertó a este tiempo?.

Buscaré...

Agradable será volver

sin deseo de encontrar,

a pertenecer al Único Sueño

disfrutando,

del Gran Durmiente.

tan sólo,

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XXIII

XXIV

Mirad,

Camina...

¡mirad a vuestro alrededor!.

Desde que el fuera consciente

No podéis, ¿verdad?:

sólo recuerda que camina;

la rigidez de las cervicales no es innata,

no sabe hacia donde,

es herencia de vuestra sombría historia.

cada vez le importa menos.

Fuisteis niños con sueños alegres,

Alguna vez tiene añoranza

pero os levantaron la cabeza

de cuando caminaba

(con severidad de normas)

hacia algún lugar

para que admirarais

y conocía el destino del día.

los horizontes que abre el oro. Y así, quedasteis rígidos, inflexibles,

Hoy transita confundido

con el pensamiento siempre al frente.

entre la locura difusa y la soledad marginal.

Deseáis volver (¿no es verdad?)

En el vacío silencio

a soñar en vuestra entrañable cuna.

de sus horas inconclusas

No la busquéis...

se va diluyendo;

...cread y procread,

y camina, camina...

de la vida nace la vida,

tras el huero reflejo

sólo os queda tiempo para dar

dejado por la sombra de su otoño.

(es la génesis de todo nacimiento). Mirad a vuestro alrededor...

XXV

¡perdonad!, es verdad, no podéis.

Sucedió:

Pero aún así...dar, dar, dar...,

le atrajo el reflejo

tal vez los huesos tomen la forma

del licor de la botella:

y el palpitar de vuestro corazón de carne.

lleno el vaso y saboreo, trago tras trago,

Entonces, y sólo por un instante,

la inevitable atracción de esas luz.

podréis girar la cabeza al otro lado

Desde entonces necesitó

y ver la danza alegre

del irisado licor

de la vida y la muerte.

para impulsar el destello dormido de su consciencia.

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XXVI

Bañó el cuerpo en su sangre.

De la falsedad de la palabra

Lo encontraron

queda una falaz memoria;

ebrio de su inconsciencia.

la vida, ingrata maestresala, nos la llena de falsa esperanza.

Después, el espejo de sus ojos,

En tan árida tierra

siempre ausentes,

germina y crece la realidad.

destellaba con la fuerza

Como cíngulo espinoso

de los soles de tres eternidades:

se desarrolla

tras el azogue lunático

tomando nuestro contorno,

del arrebatado cristalino,

limita nuestra expansión,

él colorea sus blancos sueños.

y nos lacera el pecho, la voz, la vista, el pensamiento...

XXVIII Entregó su mirada

Se dictó la ley, que todos aceptaron:

a escudriñar la rectitud del horizonte.

no hay dolor común,

Un día promulgó

no hay sufrimiento genérico.

la imperiosa norma que reguló,

Se dictó la sentencia

para siempre, esa justicia lineal.

(escrita está en la historia): ¡Quién susurre el dolor del hombre

En honor a tan ilustre mirada,

desterrado será,

le concedieron ilustres premios

por una eternidad,

e ilustrísimos dones;

a la insondable soledad del poeta!.

fundó universidades, e inscribieron su nombre

XXVII

en los Anales de la Historia.

Desesperación: después de tres eternidades

Hoy, ya anciano,

(o tres sueños qué más da)

mira y mira a ese horizonte;

volvió al mismo punto.

pero su mirada, ahora turbia,

Erguido de lúcida conciencia

sólo distingue los ritmos quebrados

se colocó frente al espejo

de su olvidado corazón.

reflexivo de su realidad,

Y sonríe, con felicidad de niño,

y acometió contra él

maldiciendo

con furor atormentado.

la recta idiotez del horizonte.

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de su corazón herido. XXIX Su alma traspasó

Día a día luchó contra su locura.

los límites humanos del amor.

Línea y color dieron imagen

Tras ella iba el cuerpo

de la paz que buscaba.

balbuciendo torpemente su felicidad.

Sufría: esfuerzo y trabajo

A su espalda se levantaron

para sentir un solo instante

cientos de voces inconmovibles:

de patética felicidad.

¡Loco!...¡Payaso!...¡Pordiosero!... Lo cierto es que ni vientos,

XXXI

ni tormentas, ni guerras de hombres,

Desde la sombra de sus manos

han conseguido borrar

surgió un cuerpo de barro;

la etérea hondura de las huellas

su infantil sueño

que dejaron sus descalzos pies.

lo convirtió en caballo alado. En ese rocín cabalgaron

XXX

sus manos dando formas

Necesitaba un sufrimiento mas real.

a lo informe de huidizas sombras.

El fecundo viento hiriente,

Bruñó madera, piedra y bronce

sobrecogiendo a su cuerpo y a su alma,

con los reflejos que a la luz robaba

no le abandonaba, ni de noche ni de día.

de las sombras de las nubes.

Obsesionado el pensamiento

Despertó a los sueños de los hombres,

de pertenecer irremediablemente

dormidos

al harén de la locura,

en la profundidad de las frías piedras.

se abrazó como amante al haz luminoso de los colores. Desde la sombra de sus manos El viento se volvió impetuoso;

surgió el deseo de ser alma de piedra,

como flecha lumínica, lanzada

y con su pensamiento velaba

desde el arco del pensamiento,

las sendas secretas del útero de la tierra.

se propagó por el lienzo, donde, con un grito de vida,

Y descubrió, de ella,

el sufrimiento plasma con colores

sus últimos misterios, a los que entregó

las alegrías vivientes de la sangre

su ingente esperma de creatividad.

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De la sombra de sus manos volaron formas de luz

XXXIII

fundiéndose con los sueños

...y esa Estrella,

áureos de su definitivo crepúsculo.

como todas: única, está llamando a la eternidad. Su luz penetra en nuestra noche,

XXXII

encendiendo la herida

Deslizándose por un tobogán de silencio,

que el lacerante tiempo

desde la oscuridad uterina del tiempo,

produce en nuestra consciencia.

regresan las palabras que el mar entregó a la frágil nube

...y la porción de eternidad,

en la que deambulaban los sueños.

que se nos entregó, deambula, como alucinado náufrago,

Regresaron al desierto ardiente,

por los insondables y metálicos

para amalgamar al polvo de la belleza

mares crepusculares

con la árida tierra de la pasión:

de la razón inconsciente.

en la soledad del profundo azul, en la que comulgan los astros,

XXXIV

un náufrago encuentra su norte.

Todos somos una ilusión; un sueño real que va desgranando

En una balsa de sombras

soledades como única armonía.

(anárquica polifonía)

No hay magia, no hay misterio;

ha permanecido inmóvil su conciencia;

todo es aparecer y desaparecer

ahora danza y silabea los enigmas

dentro de tan esotérico sueño.

que la brisa sustrae del corazón nocturno de la luz que baña a las flores:

Entre la luz y la sombra,

canciones sin palabras.

de su laberíntico cosmos, un etéreo Ángel de Olvido

La música vibra en sus ojos;

despierta y duerme a los seres.

la mirada es dulzura de labios, transmitiendo, con cálido temblor,

Todos somos una misma ilusión,

el sacro palpitar del universo;

divina manifestación irreal

detrás, el límite, la música

de nuestro propio sueño.

alborozada y risueña de la locura.

(Y... nosotros, ¿soñamos a Dios?).

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XXXV Tremolan los ojos,

Se dejó extasiar

ciñéndose a un sin sentido,

al encontrar su niñez,

al intentar detener

en las manos y la mirada,

el reflejo de sus sentimientos.

que en su alma reflejaba.

La siempre fértil lágrima cae herida, por su quietud,

XXXVII

en el pozo inescrutable de la angustia;

La mirada se deshace.

sus reflejos perlados

Recoge fragmentos de experiencia

no acercaron el espíritu de la luz

quebrada, curvada sin límite,

al ojo que nombra la tristeza.

con la que engrasa los engranajes de la inteligencia:

Ahora, entre un olvido de sombras,

se aviva el fuego violento

golpea con insistencia

destilando vino de rencor.

la puerta que sella el paso

La mirada se ahoga, ebria,

a la estancia del último límite.

con su lazo gordiano de límites.

Al abrirse, emerge

Queda revoloteando

la enjundia bífida de la razón

en un espejo de ojos.

hacia la pupila, irisándola con azogue de alucinaciones...

XXXVIII (La puerta se abre

...y tremulan los ojos

señalando el horizonte).

al ver alejarse entre tinieblas a la Dama de la Vida.

Mira a su alrededor, pero nadie contesta

XXXVI

lo que sus ojos preguntan:

Se dejó llevar

Pendulantes siluetas humanas,

hacia ámbitos inefables

como autómatas invertidos,

por una caricia de risas

caminan siguiendo el orden

que en su alma sonaban.

de un compás de confusión.

Se dejó voltear,

Este ritmo le seduce (de nuevo)

entre las luces y las sombras,

y aborda el tren

por una brisa de felicidad

donde un rayo de luz fluorescente

que en su alma revoloteaba.

lo aguarda.

DÍADA (EL ORATE Y EL ERUDITO)

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La puerta se abre:

la arborescente sangre de melancolía

destella el horizonte.

trascribirá en esa página (en el vacío nunca olvidado)

Siente que las agujas del reloj

el sonido del último trote

giran opuestas al tiempo;

del caballo que volaba,

el silencio extasiado de su voz

y jugaba, y cantaba,

transfigura el enrarecido aire,

en las inquietas praderas silenciosas.

donde pájaros autómatas

Un único paso

silban metálicas canciones

que sólo el vacío descifrará.

con frenética y permutable inquisición. Rostros indiferentes a la luna los contemplan con veneración.

XL No encontraréis esquinas de terciopelo,

Mira a su alrededor,

ni terebintos que exuden diamantes,

recoge toda la tristeza

ni banderas que ondeen la libertad,

que su corazón acepta,

ni mariposas púrpuras de prensil

y vuela hacia el horizonte

(omnipotencia...

que lo aguarda. (Creó, firmemente, que desde ese día

...no, no encontraréis la vereda

-único que perdurará en la eternidad-

en el laberíntico lupanar

es feliz, gozosamente feliz).

de la irreflexiva inteligencia donde nos alberga el legado de la vida.

XXXIX Día de página en blanco;

XLI

por ella han transitado reflejos

¿Qué destino tenía la simiente?:

de todos los colores;

¿ser árbol de linfa,

a ninguno ha atrapado.

liviano colibrí deseante de luz,

Ensombrecida de tiempo queda.

estrella vibrante para un ojo solitario, o parábola de un paisaje de luna?.

Poco a poco se escribe el libro de la épica fútil,

Ser árbol para la vida,

sobre distintas praderas de sueños

ser ave libando arreboles de nube,

estáticos, inconexos e indiferentes.

ser silueta silenciosa de la mirada, ser alfombrada espiral de esperanza:

Un día, junto al borde del crepúsculo,

DÍADA (EL ORATE Y EL ERUDITO)

ésta es la inercia del cromosoma,

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su onírico pensamiento antes de arrebatarlo la locura.

De pronto un pájaro albo, único, penetra en la oscuridad

XLII

de una pequeña huella solitaria.

Un águila bicéfala recorre los cielos. Desciende, sigilosa, atrapando miradas a la luna. Asciende portando los vitrificados ojos de seres, románticas estatuas que quedan, en solitaria ceguedad, absortas en sus oníricos sueños hermafroditas. El águila descansa mecida por golondrinas de luna y sueños lunáticos. Y se ensueña en la humanidad del orate y en la alienación del sabio. Así su corazón palpita esperanzas andróginas

Por un instante despierta perdiéndose tras la alba estela del ave, a la ilusión de los recuerdos futuros. XLV Delante: nada. Los ojos vagan (¿existieron los horizontes?). Detrás: nada.

XLIII

Lagrimas filantrópicas huyen en barco.

Entran. Salen.

Nada...¿nada?...

Salen. Entran:

Un centro: una lámina del pensamiento

son etéreos pájaros de corcho,

traduciendo en sentimientos

aves herméticas de inquietas sombras,

la vacía falsedad de la nada

ataviadas de anémica sonrisa.

(¿existieron las estrellas?).

Su silencioso vuelo deja el frío sonido que desgarra la paz.

XLVI Mira y mira su reloj

Entran. Salen:

(presiente que el techo se acerca)

y voltean las campanas

buscando en su esfera de desolación

de las torres del averno.

el embeleso de una sonrisa.

Pensamientos silentes enajenados en credos ególatras.

Sólo hirientes risas escucha (monotonía de tiempo relojeado)

XLIV

silabeando el fuego de los minutos.

Deslumbran los recuerdos. El inhóspito aire está lleno de ellos:

Cubierto con la máscara de su noche,

ángeles herrumbrosos tiznando

danza, con hilos de luz lunática,

las nubes blancas;

al ritmo de su idiota risa.

miles de aves córvidas defecando sus secretos miedos

(Mientras, su corazón (reloj de sangre)

sobre un horizonte quebrado.

es golpeado por las iracundas olas

DÍADA (EL ORATE Y EL ERUDITO)

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de un vertiginoso mar de miedos. Poco a poco transformándose en reloj de arena marcará para siempre el compás de su eterna risa). XLVII En cualquier atardecer se rasgará el silencio de ese vacío cristalino, revoloteando como mariposa entre las flores sembradas por su mente, y se abrirá una sacra herida de esperanzas. XLVIII Le obsesionaba el viaje de la luna:

recuerdo, como rémora de fuego, se enquistó en el pensamiento, para velar la fábrica de sus sueños: Unas manos cálida, dulces, lo toman. Abre la boca y pronuncia el único sonido ancestral: el llanto. Abre los ojos y ve otros que lo miran: cálidos, dulces, serenos. Las manos lo llevan por un sendero de luz, y lo acercan (así lo siente) al centro del universo. Ahora abre la boca (ancestral impulso) para recibir la ambrosia láctea del río refrescante del sol. Y escucha la canción. Ahí está el ritmo cálido, dulce sereno, y dinámico, del son de un amante corazón. (Antes de su primer amanecer, despertó sollozando. Balbuceó inconexos sonidos y entregó, para siempre, la mirada al vacío. En las noches claras sus ojos destellan con la misma ingravidez placentera que en sus días de nonato).

en su astronomía nocturna recorría los ángulos de cielos y ríos,

L

proyectando trayectorias

Volverás a hollar el musgo humedecido por dos lágrimas. Regresarás a sentir tu vegetal miedo: Raíces que comunican con bosques, donde ululan agudos gritos silenciosos, y los siglos han petrificado la paciencia de la eternidad. Reconocerás, sobre ti, tu solitario cielo de incolora soledad, inundándote con su angustiosa luz y, ante ti, el indiferente perfume de un jardín, desvelado por la subliminal noche creada por tus deseos.

uniendo a todas las estrellas. Cipreses rojos crecieron delimitando la luz obstinada compañera de tanta belleza. Y el hechizo de la luna provocó, en sus ojos, lluvia de ceniza. En días de luna llena es traspasada su memoria por pensamientos de ángulos agudos. XLIX

(Nacer)

Dos veces le pareció escuchar el trémolo de una canción. Este recuerdo invadió las horas de su día. En la oscuridad de la noche, el DÍADA (EL ORATE Y EL ERUDITO)

(¿Morir?)

Entre sus flores brota, entre irisaciones, una inflorescencia transparente, flor que alegra a la esperanza herida; escucharás el trinar de su ecléctico aroma. Y de nuevo tomarás el eclipsado equipaje de ilusiones, dispuesto a regresar, por sendas imposibles, a tu ínsula. Cuidarás el árbol de los espejos donde anidan las mariposas de cristal sus crisálidas de pensamientos diamantinos. Estigmas de estereotipos desaparecerán. Volarás sobre somáticas nubes de ignorancia, para recorrer los cielos que sólo a ti te pertenecen. (Así sea).

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DÍADA (EL ORATE Y EL ERUDITO)

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Diada (El orate y el erudito)  

Pesía sobre la realidad y la locura de no verla.