El regalo de Tusitala

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Cecilia Blanco Ilustraciones de Javier Joaquín



La carta

Mi papá trabaja para el gobierno, tiene un cargo muy importante que lo obliga a viajar a distintos países. Nosotros no vamos con él, aun­ que a mí me encantaría hacer una larga travesía en barco y llegar a un lugar en el que no haya nieve en invierno, esté rodeada de animales sal­ vajes y la gente hable idiomas desconocidos. Pero no. Papá es el único que viaja y está casi siempre fuera, viviendo en otro país. Hace algunos meses se fue a una isla muy lejos de aquí, en el Océano 13


Pacífico. Trabajará allí durante varios meses y es muy probable que no esté en casa para mi próximo cumpleaños. Así que ya le puedo ir sumando más tristeza a la Navidad que viene. Cuando está de viaje, papá siempre manda car­ tas. Mamá nos lee las partes que le parece que son para nosotras. En especial a mí —mi hermanita no entiende mucho de qué tratan—, que me interesa saber dónde está, qué hace, cuál es el idioma que se habla ahí, qué come, a qué juegan los niños y esas cosas. Mi mamá me deja entrar en el estudio de papá cuando no está y entonces puedo averiguar muchas cosas. Por ejemplo, hay un globo terráqueo en el que encontré Samoa, el lugar donde ahora él está trabajando como comisionado. Una mañana, llegó el cartero con dos cartas. Una era de papá. La otra no lo supe enseguida porque mamá se encerró en la habitación a leerlas. Yo me quedé cerca, esperando noticias. A cada rato gol­ peaba la puerta para que no se olvidara de mí. Fi­ nalmente salió y, con una extraña sonrisa, me dijo: 14


—Papá te manda muchos cariños y me pidió que te entregara esta otra carta. Tomé el sobre, emocionada. ¿Papá ya me consi­ deraba lo suficientemente mayor como para escri­ birme? ¿Qué cosas me contaría? Corrí a su estudio y cerré la puerta. Miré el sobre, que decía: “Señorita Annie H. Ide”. No era la letra de papá, qué ex­ traño. Di vuelta el sobre y el remitente me dejó más perpleja aún: “Robert L. Stevenson”. No lo conocía. Tomé el abrecartas de uno de los cajones del escritorio y rasgué el sobre con mucho cuidado. Adentro había varias hojas finas, escritas de un solo lado. El texto de la primera era muy breve:

Vailima, 9 de junio de 1891. Estimada señorita Ide, Adjunto encontrará un documento que le pertenece. Lo he redactado con todos los términos acordes a la ley. 15


Atentamente,

Robert Louis Stevenson

Dejé la hoja sobre el escritorio y me senté con las piernas cruzadas en el sillón de cuero para se­ guir leyendo las otras páginas, que decían:

Yo, Robert Louis Stevenson, abogado del Colegio de Abogados de Escocia, autor de muchos libros, ingeniero frustrado, propietario de una finca en Vailima, en la isla de Upolu, Samoa, un sujeto británico en buen estado mental y físico. Teniendo en cuenta que la señorita Annie H. Ide, que vive en Vermont, Estados Unidos de América, nació, sin ninguna razón, el día de Navidad y tiene, por lo tanto, injustamente negado el beneficio de un cumpleaños apropiado. Considerando que yo, Robert Louis Stevenson, he alcanzado una edad en la que ya no necesito hacer uso de 16


mi cumpleaños. Y considerando la amistad que me une al comisionado Henry Ide, padre de Annie H. Ide. Por la presente transfiero a Annie H. Ide todos mis derechos y privilegios del día 13 de noviembre, anteriormente el día de mi cumpleaños y de ahora en adelante el cumpleaños de Annie H. Ide.Para que la susodicha lo tenga, ejercite y disfrute de la manera acostumbrada: luciendo ropa fina, comiendo platos ricos, recibiendo regalos, cumplidos y versos, todo a la manera de nuestros antepasados. Y le ordeno a Annie H. Ide que se agregue como segundo nombre el de Louisa al menos, en privado y le pido que use mi cumpleaños con moderación y humanidad. Es un cumpleaños no muy joven y me ha resultado muy satisfactorio desde que tengo uso de memoria. En el caso de que Annie H. Ide descuide o contravenga cualquiera de las condiciones anteriores, por la presente revoco la donación y transfiero los derechos de mi cumpleaños al presidente de los Estados Unidos de América. En fe de lo cual, he puesto mi firma y sello a este documento a los 19 días del mes de junio del año mil ochocientos noventa y uno. 17



En el final de esta última hoja había tres fir­ mas: la de Stevenson y las de dos testigos cuyos nombres también desconocía. Saqué un dicciona­ rio de la biblioteca de papá y volví a leer la carta detenidamente, buscando el significado de las pa­ labras que no entendía. Cuando terminé, dejé los papeles en el escritorio y di un largo suspiro. Algo quedaba bien en claro: Stevenson, sea quien fuere este señor, me había regalado su cumpleaños.

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Más sobre la autora: CECILIA BLANCO

Soy Cecilia Blanco, la autora de esta novela. Me dedico a escribir libros y también trabajé muchos años como periodista. Me gusta leer casi de todo y así fue como me topé, curioseando en internet, con la carta en la que Stevenson cedió su cumpleaños. Esa simple carta puso mi imaginación en movimiento y me provocó una ganas locas de construir una historia de amistad entre el escritor y la niña. La literatura te da esa maravillosa posibilidad de viajar en el tiempo y en el espacio para crear un mundo que cabe en la palma de una mano. Un libro quizá se lea rápido, pero su recuerdo perdura cuando la historia divierte, emociona, gusta, conmueve. Espero que algo de esto les pase a ustedes.

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Más sobre el ilustrador: JAVIER JOAQUÍN

Nací en Buenos Aires en el mismo año que el hombre llegó a la luna. Como todos los niños y niñas, desde chico pasaba horas dibujando y pintando. Seguramente, además de divertirme, me di cuenta de que podía expresarme mejor a través del dibujo: contar historias, crear personajes y animales de todo tipo. Por suerte, nunca dejé de dibujar y con el tiempo se transformó en mi trabajo. En mis ratos libres también me gusta leer, mirar películas, escuchar música y —sí, adivinaron— pintar. Además de ilustrar libros de literatura infantil, trabajo como ilustrador para el diario La Nación. También doy clases y talleres de dibujo e ilustración para jóvenes y adultos. Mis ilustraciones han sido publicadas por editoriales de Reino Unido, Estados Unidos, Uruguay, Puerto Rico y, por supuesto, Argentina.


EXTRA

BO LETO

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Un boleto de acceso para que puedas entrar, recorrer, participar y disfrutar de la experiencia de la lectura. La ficción nos abre la oportunidad de conocer nuevos mundos; algunos parecen más reales que otros, pero en todos vos elegís hacia dónde te llevan. El viaje sigue: hay un boleto extra que te está esperando.

Entrevistamos a Cecilia y le preguntamos sobre su escritura, la inspiración y mucho más.

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Índice

El día equivocado ................................................... 7 La carta .................................................................... 13 Dudas ....................................................................... 21 Todo se acomoda.................................................. 27 A la manera de nuestros antepasados ��������������� 33 Mary .......................................................................... 39 Rumbo a Samoa ................................................... 45 Tusitala ..................................................................... 51 A la manera samoana ........................................ 59 Gracias a mi lava-lava ........................................ 65 En la selva ............................................................... 71 De regreso ............................................................... 79 Los verdaderos protagonistas de esta historia ....................................................... 85 Más sobre la autora ............................................. 92 Más sobre el ilustrador....................................... 93 Boleto extra............................................................. 94


El regalo de Tusitala Robert Louis Stevenson vivió varios años en Samoa. Allí lo llamaban Tusitala, que significa “contador de historias“. Desde su casa en la isla le escribió una carta a Annie Ide, la hija de un buen amigo. Una carta que cambió fechas y festejos.

Nivel Lector

087-0403

EXTRA

BOLETO

Esta es una novela basada en una historia real, un regalo de Stevenson que Annie usaría para siempre.

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