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Pregón de Fiestas de Candeleda, 2015. Jesús Rivera Córdoba Buenas noches candeledanos y candeledanas, raseños y raseñas, amigos y amigas, forasteros, transeúntes y gentes del más variado vivir que estos días nos acompañáis en las fiestas, que en honor de la Virgen de Chilla, se celebran en esta villa de candeleda. Comenzaré, como es obligado, dando las gracias a quienes me han mostrado su satisfacción porque hoy ejerciera de pregonero, incluidos quienes lo han hecho a través de las redes sociales y, en especial, a mi tía Mari, que me dio un beso, entendiendo que estar aquí hoy era como estar nominado para un premio. También a quienes me han hecho sugerencias de cómo debía ser este pregón: a los que me decían que no me olvidara de los ganaderos, con problemas por el bajísimo precio de la leche; a los atléticos, que nos crecemos en las adversidades, que querían que el pregón empezara con el Ole, Ole, Ole, Cholo Simeone. A Diego Sánchez y Román Pulido que, cada uno a su manera, me advirtieron que no diera la vara, la turra o la tabarra. A Juana y Roxana... y a mi tía Mercedes, quien me indicó que este pregón no fuera muy largo, pues me podía quedar sólo. No cumplo con menos que agradeciendo el detalle de nuestro alcalde, Miguel Hernández, de haberme invitado a dirigiros este pregón, aunque no sé muy bien sus razones.

En la plaza del castillo la chiquillería jugábamos a las bolas...

Soy continuador de pregoneros candeledanos como Gabi Rey, Juanma García Labajo, Fernando Carrasco, Ángel Blázquez, o Paco Blanco, gentes de aquí, del pueblo... y esa continuidad, me dice que tenemos cosas que contar, o como me dice Karina Pérez en mi facebook, que aquí hay gente muy interesante, gentes como vosotros. Los pregoneros del pueblo, hacemos de espejo de las vivencias de todos los vecinos; narramos pasajes que nos son comunes, que nos identifican como colectivo. Y eso conlleva, ni más ni menos, poner en alta estima a quienes hoy estáis escuchándome porque, en definitiva, los pregoneros somos uno más de vosotros. No sé, estimado Miguel, si mi presencia aquí, obedece a tu voluntad de homenajear a una generación que nació a mediados de los años cincuenta y, por tanto, se debe a las vivencias que vamos acumulando. Esa duda, también asaltó a mi amiga Candelas, en el grupo de whatshapp, quien se preguntaba, incrédula, si seremos tan mayores. —pues no Candelas, créeme, tenemos la edad ideal.— Lo que no empece para reconocer que, ciertamente, hace ya bastantes años que jugaba, en pantalón corto, al melón aquí, en el Castillo —en donde, por cierto, siempre llegaba algún lámina que arramplaba con las perras al grito de !!Esto pal Domund¡¡— Ingenuamente pensaba, que quien se llevaba nuestras perras gordas, salía corriendo para llevárselas al cura, y meterlas en aquellas huchas que había de negritos y chinitos. Con los años, ya bastante grande, llegué al convencimiento de que, quien nos birlaba las perras, se quedaba con ellas.


1910. Candeleda. Vista panorámica desde el cerro de la Grea, con el castillo a la izquierda de la imagen.

Luego, cuando ejercí de alcalde, me empeñé en hacer peatonal esta plaza, e incluso traje aquí, obligado por el barro y los aguaceros, la música de las fiestas y el toro de fuego, cosas que aún perduran a satisfacción del respetable. Esta plaza, llamada del Castillo, sorprende al visitante porque al nombre no le acompaña el monumento. Pero lo hubo y, alrededor de esas palmeras, se alzó un castillo que resistió casi 500 años, hasta 1927, e incluso está fotografiado en una postal de 1910. El castillo, que estaba rodeado por un foso1, fue fiel a su utilidad cuando las tropas de Isabel la Católica se presentaron ante esta fortaleza, al mando de Alfonso de Quintanilla.2 No sabemos si hubo asalto o rendición, pero la presencia de las tropas reales aquí, obedecía al apoyo que los Zúñiga, señores de Candeleda3 y enemigos declarados de la católica, prestaban a la Beltraneja, quien también pretendía ser Reina de Castilla. Y quizá sea esta la razón, mis trabajos sobre la historia de Candeleda, por la que Miguel, nuestro Alcalde, me haya invitado a dirigiros este pregón. Estos últimos años, —después de un largo periplo por la política, y más de una década de incursión

laboral por tierras de Talavera, que acabó con mis huesos en el paro, como los de tantos otros en esta larguísima e insolidaria crisis—, se acordaron de mi, José Antonio Pérez Suárez y Miguel Hernández, para volver al contacto diario con documentos de la historia de Candeleda, cosa que nunca había dejado. Con José María Monforte, hube de crear una empresa, Atornadías,4 para hacer del patrimonio arqueológico un recurso turístico, siendo ejemplo los museos de La Corredera y el de El Raso y mis visitas guiadas. Pues bien, todo esto empezó una noche como hoy, hace ya 35 años, cuando, en la imprenta Jiménez, nos afanábamos en terminar mi primer libro sobre historia de Candeleda: Chilla, origen de un rito popular,5 donde trazaba un paralelismo entre Las Mondas de Talavera y el origen romano de muchos de los rituales de la fiesta de Chilla. Dos año después, la Alegría Candeledana me premió, el trabajo Algunas notas y comentarios para una historia de Candeleda,6 en el que se publicaba, por vez primera, el privilegio de concesión de la dehesa mayor al concejo e homes buenos de la candeleda.7 Si algo he recordado en estos años, de los museos a los libros, de los archivos a las bibliotecas es 4 5

AHMC. Libro de los Ayuntamientos. Folio 147v. 16 de julio 1592. (Hemos foliado el libro al encontrarse sin foliar). 2 AGS. Patronato Real, Legajo 29, folio 55. 3 LORA SERRANO, Gloria. Señoríos y frontera: la nobleza extremeña ante la guerra luso-castellana de sucesión. Revista da Faculdade de Letras, nº 15, pág. 400. Universidad de Porto, 1998. 1

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http://candeleda-atornadias.com/ RIVERA CÓRDOBA, Jesús. Chilla, origen de un rito popular. Candeleda, 1980. RIVERA CÓRDOBA, Jesús. Algunas notas y comentarios para una historia de Candeleda. A.B.S.C. Alegría Candeledana. Candeleda, 1982. RIVERA CÓRDOBA, Jesús. Algunas notas y comentarios para una historia de Candeleda, pág. 21-22. A.B.S.C. Alegría Candeledana. Candeleda, 1982.


que, para conocer la historia, nunca hay que despreciar la sabiduría popular, los mitos y creencias que habitan en el ideario de las gentes. Porque casi siempre, arrancan de un hecho cierto que el tiempo va desvirtuando: solo queda buscar y encontrar el hilo certero. Viene esto a cuento porque en Candeleda se ha dicho, de siempre, que la Dehesa de El Llano se la dio al pueblo una marquesa, y no siendo cierto, sí hubo una mujer de por medio. La respuesta la obtenemos de un libro que se encuentra en el archivo municipal de Candeleda, del año 1563, que nos dice sobre lo que se ha de hacer el día de Santa María de Agosto, en el aniversario de Doña Sancha. Prosigue el texto diciendo que ay en esta vylla memoria muy antigua, que a uenido de unos en otros, que una dueña muy honrrada, natural de ella, que dizen se llamó Doña Sancha, hizo a su suplicaçión la dehesa prevylegiada... lo qual a sido e sera un byen muy jeneral a la dicha vylla e vezinos della, amsi rricos como pobres...8 El documento continúa afirmando que, a pesar de haberse perdido en tiempos pasados las escritu-

ras, se recuerda este hecho por la dicha memoria de honbres, que de unos en otros an uenydo. Y prosigue que por huir del pecado de la yngratitud, que es muy grande... se ordenó que de aquí adelante, para siempre jamás, por el día de santa maría de agosto, en cada un año, los dichos justiçia e rregidores hagan dezir por la anyma de doña sancha... un anyuersario..., e otro día siguiente una mysa de rrequien cantada... e una proçesion alrrededor de la iglesia...9 Queda claro pues, por este documento, que quien intercedió ante Sancho IV,10 para que diera una dehesa a Candeleda, fue una dueña —una monja—, doña Sancha, natural de Candeleda, y no una marquesa. Y en agradecimiento las autoridades deberían hacer, siempre, el 15 de agosto, una serie de actos en auxilio del alma de doña Sancha. No parece momento adecuado, un pregón, para desgranar la importancia que para los candeledanos tendría, a lo largo de los siglos, la posesión de la Dehesa Mayor, que va desde la garganta de Santa María a la de Alardos y desde el Tiétar a la sierra. Pero sí aclararé que, dentro de esta dehesa, los candeledanos tuvieron su primera Dehesa Bo-

Candeleda, 1763. En el Llano se aprecian zonas roturadas para el cultivo. 9 8

AHMC. Ordenanza veintidós. Libro de las Ordenanzas, folio 26v. (Hemos foliado el libro al encontrarse sin foliar).

AHMC. Ordenanza veintidós. Libro de las Ordenanzas, folio 27r. RIVERA CÓRDOBA, Jesús. Algunas notas y comentarios para una historia de Candeleda, pág. 21. ABSC Alegría Candeledana. Candeleda, 1982.

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yal, cuando aún eran aldea, y será La Dehesilla, lo que conocemos hoy como el paraje de La Gesilla.11 Posteriormente, ante el incremento de población de Candeleda, y la presión de los ganados de La Mesta, la Dehesa Boyal se situará en Cardenillo,12 de la que quedan aún como vestigios de la antigua propiedad municipal los Anchurones de Las Zorreras y El Alamillo. y por último estaría la Dehesa Boyal de El Llano. y en ella, las parcelas. Éstas, las parcelas, como las conocemos hoy, son una adjudicación relativamente moderna, del año 1935, obra del alcalde Ángel Pazos, aunque no se llegaría a la plena posesión por los adjudicatarios por el inicio de la guerra civil. Años después, en 1949, Antonio Gil entregará las primera parcelas, cuyo usufructo sigue vigente en la actualidad. Sabemos ya, que la historia de Candeleda se escribe por la sucesiva ocupación y roturación de tierras, con la tenaz oposición de la mesta y de los intereses ganaderos. La presión demográfica obligará a dar tierras para cultivar, y así, sabemos que las parcelas tienen una historia añeja en Candeleda.

Ya se dieron parcelas en el siglo XVI, en 1563, y eran conocidas con el nombre de datas,13 y se daban con una serie de condiciones, que los parceleros de hoy pueden reconocer como similares, si dedican un rato a leer sus contratos de cesión. Así, los miembros del concejo —dice el documento— ordenaron y mandaron que las datas que se an dado, e de aquí adelante se dieren en la dehesa mayor, para herrenales e nabares e ortalizas que sea, e se entienda, que no se les da señorio ny propiedad sino solo el uso e aprouechamyento...14 Todavía el texto referido se extiende en precisar que la persona a quien se diere la tal çerca, la tenga y goze todo el tiempo que touiere los ganados de bueyes o uacas... y que, si sus hijos touieren los dichos ganados, que ansí mysmo tengan y gozen la tal çerca. Pero si la tal persona, e sus hijos e suçesores, se deshizeren de los dichos ganados en algún tiemppo, por alguna causa, que luego ayan de dexar e dexen las tales çercas que ansí touieren y se queden para el dicho conçejo. Y que no las puedan uender ny enajenar... e que nynguno pueda tener e tenga dos datas ny çercas, e si las touiere, las dexe para el dicho qonçejo e se quede con vna.15 Aunque puedan resultar esclarecedores o curiosos estos textos sobre las parcelas a lo largo de la historia de Candeleda, parece lo más adecuado que deje el monte, y que encamine este pregón a hablar de cómo eran las fiestas en Candeleda, en el siglo XVI. Por cierto un siglo que es tiempo de Teresa de Jesús y Pedro de Alcántara; tiempos de Carlos I y Felipe II; tiempos de quiebras del estado y deudas con los banqueros alemanes; tiempos de las cuentas del Gran Capitán, —aquella engreída respuesta de picos, palas y azadones cien millones... por toda justificación del gasto;— tiempos del Lazarillo y de la picaresca... Así, cuando creemos que la historia es pasada, vemos, que aquellos tiempos del siglo XVI tienen muchos trazos y similitudes con el presente que vivimos. En un siglo de gran religiosidad, también del Concilio de Trento, a las celebraciones religiosas se les imprimía de un gran boato, aunque las fiestas de aquella época, si hacemos un paralelo con las de hoy, se concentraban en las romerías, y aquí se celebraban tres, a las que obligatoriamente debían acudir todos los vecinos.

Memoria, de 1936, en la que se explica en contenido del articulado sobre las parcelas. 11 12

AHMC. Inventario de Escrituras, folio 3v. 1579. AHN. Diversos-Mesta, 49,n.2

AHMC. Ordenanza doscientos once. Libro de las Ordenanzas, folio 68v. AHMC. Ordenanza doscientos quince. Libro de las Ordenanzas, folio 72r. 15 AHMC. Acuerdo de el conçejo de esta uilla para difiniçion de las dichas hordenanças. Libro de las Ordenanzas, folio 76r. 18 de mayo de 1564. 13 14


Pero la fiesta relevante eran las romerías, y sabemos con certeza que, para el concejo, las tres romerías candeledanas, San Miguel, San Bernardo y Santa María de Chilla eran iguales, y se debía gastar en ellas la misma cantidad y, a todas ellas, acudían los vecinos de la villa si no querían exponerse a una multa.20 Sin embargo, en estas romerías, aunque en ellas primaba el hecho religioso, cada una tenía sus peculiaridades. Poco conocemos de la romería de San Miguel, que se celebraba a finales de septiembre. Su ermita muy probablemente fuera obra de navarros, hacia el siglo XII-XIII, en los albores de la repoblación de nuestro término, y bien pudiera hallarse vinculada al primigenio núcleo de población de Candavera.

Imagen de la cantiga 144 a Santa María, de Alfonso X El Sabio.

Para nuestro propósito destacaré, entre las fiestas religiosas, la festividad de San Juan de junio, en el solsticio de verano, pues las ordenanzas municipales autorizan a gastar hasta cuatrocientos maravedís en la celebración y, nos dice el texto, que es ese día cuando los toros se corrieren.16 Y este dato, del año 1563, resulta ser la primera cita documental, de la celebración de capeas en un pueblo que, entonces tenía 300 vecinos,17 alrededor de 1.400 habitantes.

Situada en unos cerros a los que da nombre, cerros de San Miguel, curiosamente ha desaparecido de la memoria colectiva de todos los candeledanos, y su decadencia y olvido, quizá premeditado, bien pudiera tener su fundamento en algún conflicto o disputa con la romería de Chilla, que se celebraba quince días antes. Aunque, de este siglo XVI que narro, conocemos numerosos pormenores de la vida de la ermita, desde el nombramiento de mayordomos, cada dos años, a diversas obras de reparación.21

Que había tradición de correr toros, en nuestra comarca, es bien conocido. Las Cantigas de Santa María, escritas hacia el año de 1284 por el rey Alfonso X el Sabio, nos refieren un hecho milagroso en una capea que se celebra en Plasencia, durante una boda.18 En 1598, el concejo de Candeleda acordará, con motivo de los esponsales del hijo del conde de Miranda, que se corra, por la plaça desta dicha vylla, un toro y se vusque el mexor y más vravo que se pudiere allar para hazer la dicha fiesta.19 Los que tenga cierta edad habrán vivido las bodas de choto. Pues de aquí, de esta tradición, se nutren ciertos ritos que eran comunes en las bodas y en las capeas. AHMC. Ordenanza cuarenta y cinco. Libro de las Ordenanzas, folio 33r. 17 COLÓN, Fernando. Descripción y Cosmografía de España, pág. 166. TOMO I. Manuscrito de la Biblioteca Colombina. Edición facsímil de la Sociedad Geográfica, 1910. Padilla Libros. Sevilla, 1988. 18 MONTERO AGÜERA, Ildefonso. Las “Cantigas de Santa María”, primer testimonio literario-pictórico de las corridas de toros, pág., 210. 19 AHMC. Libro de los Ayuntamientos, folio 318r y v. 12 de mayo 1598. 16

En primer término, y en el centro, los cerros de San Miguel. 20 21

AHMC. Ordenanza veinticinco. Libro de las Ordenanzas, folio 27v. AHMC. Libro de los Ayuntamientos, folio 10r. 31 de mayo 1587.


en cometiéndolos, antes que puedan ser presos, se pasan a la jurisdicción de Plasencia y Oropesa, que está muy cerca de do se haze la dicha fiesta... por esta razón, acordarán que se haga en candeleda, y para esto, se traygan las reliquias del glorioso Bernardo a esta billa, do se celebre y solenyze su fiesta, con la deçencia y ornato que es rrazón, y se corran toros la víspera de la fiesta, y se ynvien personas que publiquen el dicho mercado franco...23 Y, como vemos, otra vez correr toros... las capeas. Reliquias de San bernardo en el Humilladero de la Cañada

Otra romería, era la de San Bernardo, que se celebraba en la confluencia del Tiétar con las gargantas de Alardos y Chilla, en un lugar de culto al dios celta Vaélico22, en donde se levantará una ermita visigoda que acabará cristianizada y dedicada a san Juan. Aquí, además de la romería se celebraba una feria. Sin embargo, por pestes o por conveniencia, no pocas veces la romería y feria se trasladaban al pueblo. En 1597 el concejo acuerda, que la romería y feria de san Bernardo, no se celebre en aquel paraje, sino en la villa, en evitación de los muchos pecados y ofensas que allí se cometen, por mugeres de mala bida, y onbres rrufianes y rreboltosos, y ladrones, que a ella bienen por estar en el canpo... y porque

La romería a Santa María de Chilla, en estos años del siglo XVI, no tiene un especial protagonismo. es más, la ermita pasa por un mal momento, pues el concejo acordará en 1596, que por quanto la hermyta de nuestra sra. de chilla, y las casas della, están mal reparadas, y se mojan y pierden, y a la justicia yncunbe el rrepararllas, como patrón que es este qoncejo de la dicha hermyta... y paresçe que la iglesia tiene necesidad de rreparar la puerta mayor, una pared de cal y canto que (se) está cayendo, y (se) reparen los portales y (se) trastexen las casas, y se rompa la pared frontera de la puerta del çierco y haga otra puerta, a cavsa destar la yglesia oscura.24 Además de este cúmulo de ruinas, se advertirá en el concejo que el santero de nuestra señora de Chilla es descuydado, y no cava ni labra las huertas, ni haçe su oficio como es necesario...25

Misa en Chilla a principios de los años treinta del siglo pasado. AHMC. Libro de los Ayuntamientos, folio 285r y v. 20 de julio 1597. AHMC. Libro de los Ayuntamientos, folio 257r. 5 de abril de 1596. 25 AHMC. Libro de los Ayuntamientos, folio 184v. 15 de octubre de 1593. 23 22

FERNANDEZ GÓMEZ, Fernando. El Santuario de Postoloboso. págs. 228 y ss. Arqueología II. Madrid 1974.

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El Santuario de Chilla ha sido lugar de culto desde la más remota antigüedad, en otoño, con el Almazor al fondo.

Aunque cierto es que, en tiempos de hambrunas o sequías, era a la Virgen de Chilla a quien recurrirán los candeledanos. Sirva de ejemplo este texto de 1589 que por quanto la necesidad del agua es tan grande que se secan los panes, y no echan las arboledas y padecen los ganados, por qual rrazón, se proveyó se fuese por la imagen de nuestra señora de chilla y la trajesen a la iglesia desta vylla, y se le dixese una novena... y sehan hechas las proçesiones que fueren necesarias... y por intercesión de la bendita ymajen, sea servyda de ynbyarnos la lubya del cielo.26 Será en siglos posteriores, cuando la romería de Chilla adquiera pujanza, lo que permitirá construir la estructura del actual santuario, aprovechando la piedra de la antigua ermita visigoda. A partir de entonces, la romería de Chilla se celebrará con notable presencia de devotos mejoreños, caleranos, veratos... que traerán músicos y danzantes; que representarán autos sacramentales en honor a la Virgen; y también se harán capeas y se levantarán tablaos en la plaza de Chilla.27 E, incluso, las autoridades eclesiásticas tendrán que advertir al gentío de los excesos en la fiesta... pero hoy, aquí, parece una obviedad redundar en aquella advertencia. 26 27

AHMC. Libro de los Ayuntamientos, folio 58r. 27 de abril de 1589. RIVERA CÓRDOBA, Jesús. Chilla, origen de un rito popular. Candeleda, 1980.

Ahora, los candeledanos, celebramos con alegría y cordialidad nuestras fiestas patronales; con respeto a convecinos y forasteros y, en estos días, mostramos lo mejor de nosotros mismos. somos gentes hospitalarias, pues nuestros montes y aguas, han cobijado a los dioses desde la más remota antigüedad. Recordad, que el santuario de Chilla, ha sido lugar de culto para los candeledanos de todos los tiempos y de todas las creencias: allí indígenas y celtas, adoraron a la diosa Ataecina, que se representaba en una figura de cabra; los romanos prosiguieron su culto, aunque llamaron a esta diosa, Ceres; los visigodos levantaron aquella ermita, y, hacia 1300, la cristianización recuperó la tradición primigenia con la Virgen de Chilla, casualmente aparecida, para resucitar a una cabra. Es por tanto, aquel paraje de Chilla, un lugar de permanencia de los dioses de nuestros ancestros, un lugar en donde los candeledanos nos ponemos en contacto con nuestras divinidades. Por eso, y para concluir, nadie que sea candeledano, sea de la confesión que sea, tendrá reparo en acompañarme y responder a mi colofón: ¡Viva la Virgen de Chilla! Muchas gracias y felices fiestas.


Pregón de fiestas 2015