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EL TURISMO 2001

EDICIÓN Asociación Cilniana para la defensa y difusión del patrimonio cultural de Marbella y su comarca COORDINACIÓN Antonio Serrano Lima GRUPO CILNIANA DE FOTOGRAFÍA Mª del Carmen Blanco Juan Caracuel Caracuel Javier Jiménez Gutiérrez Inmaculada López Medina Antonio Luna Aguilar Daniel Merino Sánchez Fco. Javier Moreno Fernández María Ortiz Checa Ana Mª Rubia Osorio Francisco Sánchez Jiménez Catalina Mª Rosa Urbaneja IMPRESIÓN

MONT AJE MONTAJE Juan Caracuel Andrades Joaquín Sánchez Vázquez MAQUET ACIÓN MAQUETACIÓN Pepe Moyano REPRODUCCIONES Foto Jaén Foto Marbella Foto Sánchez E. Belón Pedro Antonio Foto Marpy Fotomar

IMÁGENES DE MARBELLA VI EL TURISMO 2001 Catálogo de la Exposición

COL ABORAN Aspandem Central Multiópticas Colegio Bocanegra Hotel San Cristóbal Junta de Andalucía Fundación Banús AGRADECIMIENTOS Andrés Sánchez Cantos Antonio Serrano Lima Familia Goizneta Familia Parra Jiménez Francisco Cantos Moyano Hotel El Fuerte Hotel Guadalmina Hotel Los Monteros Hotel Marbella Club Juan Luis Lima Vicente Ramón FOTO POR TAD A: PORT ADA: Visita a Marbella de la Sociedad Excursionista de Málaga. Años 20.

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El nacimiento de una nueva ciudad:

MARBELLA, LA TURÍSTICA ntes no era así. Y se puede imaginar por los jóvenes y recordar por los mayores que esta ciudad fue muy distinta, tan irreconocible hoy, que puede ser considerada otra. Sin lamentos por la añoranza, ni laudatorias por el presente. Cada una con sus diferentes problemas y ventajas, los de ayer están en la memoria, los de ahora son parte de la vida cotidiana. No era un pueblecito de pescadores pero tampoco una gran ciudad. En 1950, 9.921 habitantes, en el 2001 más de 100.000. Ya lo decía Campos Turmo, "Marbella es una de las poblaciones más lindas de España y pudiera serlo de Europa". Cómo explicar este cambio que ha transformado nuestra forma de apreciar la vida, los usos y costumbres tradicionales, las labores habituales, incluso la percepción del entorno con las modificaciones en el paisaje y en el urbanismo. ¿Hemos sido capaces de asimilar esta mutación? De la casa al edificio, del camino a la autopista, del vecino a la comunidad de propietarios, del anonimato a la internacionalización; dejamos la pesca, vendimos los campos, aprendimos a conducir los Seillas, la taberna se convirtió en snack y la posada en hotel, compramos un piso en Miraflores o en la Divina Pastora y nos pusimos al servicio del forastero balbuceando el yuspikinglis. Les dimos clima, mar y montaña y grandes dosis de amabilidad adobadas de tópicos en tablaos flamencos, jaranas y voluptuosidad exótica. Desde el tiempo en que esos locos viajeros buscaban aventuras románticas en el XIX hasta el viaje masivo y organizado de los tours operadores han pasado muchos años pero la mentalidad es la misma, aunque ahora el turista adquiere sus vacaciones en bloque que incluyen, como un paquete más, la cultura del lugar de destino que queda reducida a una serie de elementos característicos que son consumidos de forma superficial. La zona turística se suma a este

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proceso promocionando elementos secundarios y no definitorios de la realidad del país. Del mismo modo, la propaganda turística incide en aspectos como la vida vacacional aristocratizada y sofisticada y un retorno a lo primitivo y a lo exótico aunque con las debidas medidas de seguridad, bajos precios y facilidad de acceso. La puesta en marcha de esta enorme maquinaria de consumo implicaba un sacrificio urbano de adaptación como lugar de destino y residencia de una zona barata, una ganga de grandes extensiones de terrenos improductivos de la que se aprovecharon inversores españoles y extranjeros con la compra masiva de territorio a bajo costo y con grandes beneficios especulativos que sirvieron para que unos pocos se forraran y nosotros pudiéramos vivir dignamente, con posibilidades de mejorar con un poco de suerte en los negocios. En el imaginario colectivo podían apreciarse ciertos cambios en las actitudes: sorpresa, convencimiento y resignación unidos al espectacular crecimiento de la ciudad. Sorpresa cuando se inició la construcción de la Torre de Marbella, del edificio Mediterráneo y de tantos otros a principios de los sesenta. Extrañeza y admiración por los visitantes foráneos, sus costumbres y modo de vida. Convencimiento cuando la maquinaria publicitaria turística defendía esta actividad como generadora de riqueza, opinión aún vigente que sirvió y sirve para justificar el desarrollo junto a los desmanes producidos por la ineficacia de las normas de control y protección del entorno, pues esta prosperidad ha tenido un alto costo en el impacto en el medio ambiente, en el paisaje y en la salvaguarda del patrimonio y las tradiciones. Y resignación, para siempre, por lo perdido, por los inconvenientes producto de los errores pasados de la nueva ciudad siempre disculpados por la misma generación de riqueza y asumidos como parte del precio del desarrollo.


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El crecimiento turístico de la ciudad, basado en las teorías urbanas del franquismo de periferias concéntricas, comenzó a aplicarse con la construcción de los primeros edificios en el límite con la Alameda, al ser la zona de mayor valor por su cercanía al mar. A la vez comenzaba la urbanización de las barriadas de la Divina Pastora, del Pilar-Miraflores y la expansión de San Pedro Alcántara para absorber la gran cantidad de inmigración convertida en mano de obra del sector servicios. Malagueños, gaditanos y sevillanos de los pueblos de interior emigraron para ocupar esa demanda de trabajo.

fianza de un pueblo confiado. Ya nada sería igual. Y las crisis volvieron, de forma cíclica, la última a finales de los ochenta. Este paraíso no era perfecto y hubo que recurrir a importantes cambios, a la búsqueda de nuevos mercados, a devaluaciones, a rebajas de precios, a reciclado de actividades. De Costa del Sol a Costa del Golf. Y ahora tenemos de todo un poco: turistas ricos y pobres, de residencia y de hotel, atraídos siempre por el sol y la playa, y ahora también por Puerto Banús, los campos de golf, Antonio Banderas y Julio Iglesias.

Al mismo tiempo que Marbella crecía como una mancha de aceite, nacieron las grandes urbanizaciones de extrarradio –Guadalmina, Nueva Andalucía y Elviria–, junto a pequeñas islas al sur de la Carretera Nacional en forma de núcleos cerrados, exclusivos de aristócratas, consortes y nuevos residentes, sobre todo europeos, en busca de un paraíso alejado de sus grandes centros urbanos. Los hoteles ocupaban los mejores lugares al sur de la principal vía de acceso, a pie de playa, recibiendo paquetes turísticos por centenares. Los edificios de apartamentos comenzaron a surgir a este y oeste de la ciudad siguiendo esta misma línea, la gran pantalla paisajística se dibujaba.

Una nueva generación de marbellíes protagonizan desde los años ochenta la vida política, económica, social y cultural de la ciudad. Son marbellíes europeos, africanos o asiáticos, castellanos o andaluces. Un mundo de muchos mundos, multilingüístico, multicultural, multirracial y ecuménico. Una pluralidad a la que nos hemos ido acostumbrando a golpe de crecimiento para convertir esta ciudad en una nueva Marbella, la turística.

Los vaivenes de una economía cada vez más globalizada dejó sus secuelas con la primera gran crisis, la de 1973, causada por la subida de los precios del petróleo. El pánico, los cierres, los esqueletos de edificios, las quiebras, los despidos masivos rompieron la con-

Esta exposición de imágenes de un pasado reciente, aún fresco en la memoria, pretende conjugar y rescatar recuerdos y hechos para que tengan una utilidad, la de servir de acicate a la reflexión para todos los sectores de nuestra ciudad, desde el empresario al empleado, para que así podamos conservar un atisbo de sensibilidad hacia el futuro. Francisco Javier Moreno Fernández

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“En relación con las denominaciones que se adjudican a nuestras costas se debe de hacer constar que las mismas tienen ya su nombre de antaño, cual es el de COSTABELLA, nombre propio que no se confunde con ningún otro de procedencia extranjera” Acta de la Comisión Permanente del M.I. Ayuntamiento de Marbella, 19 de enero de 1953

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Vista general de Marbella desde el oeste. A単os 40.

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Aproximación a la historia del

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ediante esta exposición pretendemos acercar al público una realidad que comienza a ser historia. Ante sus ojos pasarán retazos de una época heroica, oculta bajo el deslumbrante colorido del papel couche. Para unos rememorará una experiencia vivida en blanco y negro, pletórica de añoranzas. Para otros iluminará las más cercanas raíces de su pasado. La mayoría apreciará las grandes transformaciones de un municipio turístico con solera. Algunos persistirán en la idea de una creación reciente, de no más de una década... Para todos, en especial para los que quieran acercarse a una parte de nuestra historia, sirva esta sucinta aproximación a la aventura turística de Marbella.

jes y estancias en lugares distintos de su entorno habitual, por un periodo de tiempo consecutivo, superior a una noche e inferior a un año, en un alojamiento colectivo o privado en el lugar que visitan, con fines de ocio (vacaciones, recreación o diversión), por negocios u otras razones. Estas pueden ir desde los tratamientos de salud y visitas a amigos o familiares a las convenciones de carácter científico, deportivas, religiosas o profesionales. Para todo ello se necesitan una serie de servicios como el transporte, el alojamiento y otros complementarios. Por tanto entendemos al turismo como una actividad socioeconómica que se centra en facilitar los servicios que precisa el turista.

Bernecker asegura que el término turismo ha dado lugar a tantas definiciones como autores se han ocupado del tema. De ahí que aceptemos la adoptada por la O.N.U. en 1993, la cual señala que el turismo comprende las actividades que realizan las personas durante sus via-

La génesis de la historia del turismo en nuestra ciudad no es tan simple como pudiera parecer. Suele establecerse una relación directa entre el turismo en Marbella y el microclima de la zona, favorecido por el conjunto montañoso que rodea a la Sierra Blanca. También se propone


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como factor desencadenante del proceso turístico la creación de un hotel, de una urbanización o de un puerto deportivo... Sin quitar importancia al papel de la orografía, que ha generado una benignidad climática y un paisaje decorado estéticamente inigualable, o la relevancia de algunos vínculos familiares, no creemos que podamos establecer una correspondencia tan clara. Tampoco es suficiente atribuir el nacimiento del turismo en Marbella a la tolerancia de sus gentes, ni a la imagen de dolce vita que acompaña a algunos personajes de la conocida jet set, ni siquiera a la publicidad gratuita de tantos visitantes de renombre que eligen nuestra costa para residir o veranear. Resulta difícil encontrar causas únicas para los hechos históricos, siendo más frecuente que haya diversas motivaciones que expliquen los fenómenos que acontecen. Por ello consideramos que las condiciones climatológicas y paisajísticas de nuestro municipio, o la llegada de tal o cual personaje con su cohorte de amigos, o la imagen percibida por el potencial turista a través de los medios de comunicación, sólo son favorecedoras del proceso pero no su causa. Múltiples, por tanto, son los factores que han favorecido el nacimiento y desarrollo del turismo en nuestra ciudad. Para ello fue imprescindible, aparte de sus excelentes condiciones naturales, su descubrimiento, la puesta en escena en los mercados turísticos, el desarrollo sostenido merced a un esfuerzo continuado, la preparación de los servicios necesarios para atender al turista, la adaptación a los nuevos tiempos, la vigilancia y defen-

sa de lo genuino, la protección del entorno... De ello saben los que habitan Marbella, tanto la población autóctona como la más amplia de origen foráneo que recaló en esta acogedora villa desde lugares próximos o muy remotos. Ambas aportaron su saber hacer en la conformación de esta ciudad. Temporalmente el fenómeno turístico se desarrolla en dos fases: una de creación y otra de madurez. La fase de creación es el momento en que se comienzan a valorar las posibilidades del entorno, se manifiestan algunas iniciativas, pero todavía no reúnen todas las condiciones para el despegue y por tanto no es el turismo la actividad económica predominante. Esta fase se desglosa en dos etapas: arcaica, o preturística, y de ruptura. En la fase de madurez se plantean claramente los objetivos, aparecen simultáneamente las iniciativas y desde múltiples ángulos se proyecta el futuro apostando claramente por el negocio turístico. Esta fase se puede desdoblar en una etapa bisagra y otra de expansión. La fase de creación es anterior a la Guerra Civil. En su etapa arcaica, o preturística, surgen los primeros contactos con el exterior a través de aquellos viajeros que desde tiempos ignotos se acercaron por estas tierras. Puede parecer un anacronismo, pero hoy día se considera que estos aventureros forman parte de la prehistoria del turismo. Algunos saciaron su curiosidad intelectual y dejaron constancia de sus viajes en publicaciones de diverso carác-

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ter, aunque la mayoría no dejaron señas de su paso por la localidad. Entre los primeros debemos recordar los tantas veces citados Ibn Batoutah (s. XIV), Anton van der Wyngaerde (s. XVI), Pedro Teixeira (XVII), Antonio Ponz (s. XVIII), Francis Carter (s. XVIII), Willian Jacob (s. XIX), Richard Ford (s. XIX). Hay pocas referencias a las posadas, mesones, tabernas y fondas que pudieron atender a estos viajeros, algunas de nombre desconocido, otras citadas en diversos documentos: mesón de Alonso de Ayala en la calle Misericordia, mesón de Luis Navarro en la calle del Pilar, La Corona en la Plaza o San Cristóbal en la Puerta de la Mar... A fines del XIX algunos visionarios resaltan las condiciones de Marbella y trazan proyectos de carácter turístico en del marco de las doctrinas higienistas y regeneracionistas de la época. Son las primeras señales de un futuro prometedor. Sólo es un anticipo, pero algunos personajes celebran las condiciones benéficas de nuestro clima y formulan iniciativas, esbozadas o fracasadas, que anuncian las posibilidades futuras de desarrollo económico mediante la actividad turística para nuestra ciudad. Así el síndico del Ayuntamiento, Rafael Vallejo, en 1890, indica de modo profé-

tico: “No puede calcularse hasta donde llegarían los beneficios si se lograse atraer a este país parte de los viajeros de posición desahogada u opulenta que buscan su salud o su cómodo bienestar en ciudades que respecto a su clima templado son inferiores a Marbella”. Ese mismo año se plantea el fracasado proyecto de los ingenieros Amador Villar Pérez de Castropol y Jorge Fournier, que se interesaron por la zona comprendida entre las Cañadas de las Culebras y la Casa Blanca para instalar una Colonia Estación de Invierno con la finalidad de que los europeos del norte se recuperasen de sus dolencias mediante helioterapia e hidroterapia. Poco después, a inicios del siglo XX, Lord Hirsel con un grupo de técnicos visitan Marbella para preparar un estudio de viabilidad de la zona como lugar de vacaciones en la misma línea de la Costa Azul, valorando el gran potencial de desarrollo de esta costa. Sin embargo las carencias de infraestructura, la falta de carreteras y la necesidad de una alta inversión, entre 20 y 30 millones de ptas. de la época, disuadieron a los promotores. Más tarde, en 1923, el Cardenal P rimado de España, Benlloch, y los Marqueses de Torrelaguna se acercan a nuestra ciudad a fin de conocer las posibilidades que ofrece el municipio para establecer una sucursal del hotel Príncipe de Asturias (más tarde Miramar) que por aquellos momentos se levantaba en Málaga, cumpliendo los vehementes deseos del rey Alfonso XIII. En este contexto de regeneracionismo nacionalista no podemos olvidar la figura de Ramiro Campos Turmo que se convertirá en el principal teórico y difusor de las bellezas de nuestra localidad, impulsando una serie de iniciativas que se plasmaron en dos pequeños opúsculos y en múltiples referencias en la prensa de la época, en las que se anticipa, entre la ilusión y la sistematización, a proyectos posteriores. En su obra Costabella (La Riviera española). Notas para la implantación de una ruta de turismo presenta el correspondiente anteproyecto de turismo local dentro de la que denomina Ruta andaluza de Turismo. La influencia de la Costa Azul es evidente. Otro tanto ocurre con El jardín de España en Marbella en el que se puede apreciar el influjo de la Exposición Iberoamericana de Sevilla. Uno de los primeros exponentes prácticos del interés turístico que despierta Marbella se produce a inicios de la II República y se inscri-

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be dentro de los valores difundidos entre la clase media, desde épocas precedentes, no sólo por la figura de un rey deportista, Alfonso XIII, sino también por el Centro Excursionista de Cataluña o la Institución Libre de Enseñanza, sin olvidar los evidentes intereses económicos que comienzan a vislumbrarse. Las primeras visitas organizadas que conocemos se producen en 1931 a propuesta de la Sociedad Excursionista de Málaga, que inicia sus actividades de la temporada con una excursión a nuestra ciudad. Marbella tiene unas instalaciones hoteleras destinadas a acoger los viajeros que se acercaban a esta población por su carácter de cabeza de partido judicial y centro mercantil. Es el caso del conocido hotel Comercial, cuyo propietario es Antonio Sánchez Ortiz; la casa de huéspedes de Sebastián Burgos García, en la Plaza; el parador de José Jiménez Guillén, situado en San Juan de Dios o la casa de huéspedes de Elise King Spark, en Guadalpín. Nuestro municipio aún no cuenta con instalaciones orientadas a recibir turistas, aunque hubo esfuerzos notables como los de Agustina Zuzuarregui Soto y su marido José Laguno, que, en 1933, fueron pioneros al fundar un hotel, el Miramar, con pretensiones de atracción turística. Era una sociedad con unos modos de vida netamente tradicionales, con una pequeña oligarquía terrateniente, una población marcadamente agraria, una baja renta per cápita, que no reúne las condiciones económicas y sociales necesarias para que triunfen las iniciativas turísticas. Todavía habrá que esperar. La etapa de ruptura con la tendencia anterior se inicia en los años cuarenta (1939-1951), en un contexto difícil por las consecuencias de la Guerra Civil y la posterior recesión, agravada con el estallido de la II Guerra Mundial y el ulterior aislamiento de un régimen que voluntariamente se negaba a aceptar las condiciones de las democracias triunfantes. La escasez de alimentos y de gasolina, con los consiguientes racionamientos y dificultades para el transporte; el retroceso del

nivel de vida y de la producción industrial, que no alcanzará valores precedentes hasta la siguiente década; la orientación autárquica de la economía, con una clara defensa de los intereses de los terratenientes agrarios; las dificultades para obtener visado... Todo ello genera una triste realidad que aleja de Marbella las pequeñas esperanzas puestas en el turismo años atrás.

En estos años de crisis se producen algunos movimientos que sirven para asentar las bases de futuras realizaciones, de ahí que suponga una auténtica ruptura con la etapa precedente. Aunque en principio no se plantean con una finalidad turística, sino como medio de solucionar las carencias existentes en el municipio o para ayudar a mitigar el paro obrero, servirán para iniciar la acumulación de capital, la mejora de la infraestructura de la ciudad, la toma de posiciones en cuanto a un espacio con futuro valor turístico. No obstante, se plantean a largo plazo, tardan en iniciarse y muestran un cambio de mentalidad. Por fin se proyecta un tímido ensanche en dirección al sur, hacia la playa, la traída de aguas, el alcantarillado, la canalización del arroyo de la Represa... Mientras gran parte de España sufre con rigor las consecuencias de la guerra algunas familias con claras relaciones con el régimen vencedor o con posibilidades económicas, comienzan a construirse sus hotelitos -denominación que por entonces designaba a los chaletspara veranear en nuestra ciudad iniciando un proceso que llega a nuestros días. En paralelo se produce un acercamiento hacia la carretera y el mar en algunas zonas del municipio y aunque las motivaciones de los compradores no sean fáciles de

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terior y con ellas aparecerán los que inviertan en la compra de terrenos, aunque los líderes de la localidad empiezan a reconocer el deseo de cambio y algunos parecen aprovechar el incipiente desarrollo. En esta etapa en el turismo del mundo subdesarrollado se produce un creciente impulso del turismo interior que acude, sobre todo, a casas de amigos y parientes como puede apreciarse en Marbella. El turismo internacional solo será posible alcanzada la madurez. La fase de madurez se inicia con la década de los cincuenta y se desarrolla a lo largo de dos etapas sucesivas: una etapa bisagra, anterior a 1958, y otra etapa de expansión a partir del plan de estabilización. demostrar, no tardarán en parcelarse, en construirse o en convertirse en importantes urbanizaciones. En este periodo se crean en Marbella diversas instalaciones hoteleras de carácter familiar: la pensión El Fuerte de Elvira Vidal, que más tarde se convertirá en hotel; las casas de huéspedes de Rafael Guerrero Velasco, abierta en 1938 en la Alameda, y al año siguiente la de Josefa Soto Mateos en la Pza. Borbón; en 1940 el parador de Juan Jiménez Sánchez en Puente Málaga; poco más tarde la casa de huéspedes de Enrique Barrera Belón, en 1942, y la fonda de Ana Román Mena, en 1946, ambas en la actual plaza de Los Naranjos. A ellos se unen las escasas instalaciones hoteleras ya existentes en la localidad. Culmina la década con una iniciativa que marca un hito al ser la primera muestra de la incipiente fase de madurez. Se trata de la inauguración, en 1947, del hotel Ventas y Albergues del Rodeo en una urbanización con una clara vocación turística. Su creador será Ricardo Soriano Scholt. Desde el punto de vista económico comienzan a darse las condiciones previas para el despegue. Las ideas innovadoras parten del ex-

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Durante la etapa bisagra (1951-1958) se producen importantes cambios en el marco nacional e internacional que inciden en la política turística de modo notable, destacando el nuevo contexto de Guerra Fría, el principio del fin del aislamiento del Régimen y la creación del Ministerio de Información y Turismo. En 1953 se inicia el Estudio para la Ordenación Turística de la Costa del Sol, que verá la luz en 1955. Al año siguiente se promulga la Ley del Suelo con clara incidencia en el desarrollo urbano de Marbella. En estos años se amplía el número de iniciativas de carácter hotelero, bancario, la mejora de los transportes, etc. Se produce el cambio de denominación y localización del hotel Comercial, que pasará a denominarse hotel Salduba, y la pensión El Fuerte se convertirá en hotel de la mano de José Luque Manzano en 1957. A partir de 1954 se fundarán varios hoteles de reconocido prestigio nacional e internacional: el hostal, luego hotel, Artola por Jorge Rein Segura; el hotel Marbella Club, en 1954, de la mano del Principe de Hohenlohe, y el hotel San Nicolás, en 1957, bajo la iniciativa de Carlos de Salamanca y Hurtado de Zaldivar. Les seguirán, en 1958, La Venta de Las Chapas de Salvador Guerrero Ramírez y el hotel Golf Guadalmina de Norberto Goizueta Díaz. Con ellos se producirá


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un cambio de tendencia hacia el turismo de sol y playa que desembocará en una nueva etapa de expansión. También hemos de recordar la propuesta de creación, en 1955, de la Ciudad Residencial de Educación y Descanso en la finca de San Manuel de Las Chapas, que se inaugurará siete años después.

tal era atraer divisas, lo cual, junto a las remesas de los emigrantes, sirvió para equilibrar la balanza de pagos y de motor para la economía nacional. El intervencionismo en la política de precios favorecerá a los touroperadores, aunque desde 1962 será sustituida por otra de precios concertados entre administración y hoteleros.

La etapa de expansión se iniciará a finales de los cincuenta. A partir de este momento se producirá un continuo goteo de solicitudes de licencias de apertura de establecimientos orientados hacia el turismo y de solicitudes de licencias de obra para la construcción de urbanizaciones. Su despegue se inicia a partir de 1959 pero se consolida, en cuanto a hoteles, entre 1961 y 71 y en las urbanizaciones posteriormente: entre 1964-74. El boom es inmenso y genera multitud de construcciones ilegales, a pesar de que pretenderán regularse con el Plan Municipal de 1968. Desde entonces Marbella no ha dejado de crecer, salvo en periodos de crisis económicas, y no siempre este crecimiento ha ido acompañado de un desarrollo equilibrado.

Hasta 1960 la economía de la provincia de Málaga se basaba en la producción de mercancía agrícola, pero a partir de este momento se implanta un nuevo modelo de características capitalistas vinculadas en muchos casos a formas especulativas del suelo. En estos años se conjugan en Marbella un importante número de fuerzas que provocan un desarrollo sin precedentes en un marco muy poco controlado por el poder público y en el que las iniciativas particulares tienen muy pocas limitaciones. Son años de un notable incremento demográfico por inmigración, especialmente de poblaciones próximas.

Los inicios de cambio de la etapa bisagra habían producido un fuerte crecimiento, pero con desequilibrios tan profundos que agotan la vía nacionalista del capitalismo español iniciada en 1939. En consecuencia el general Franco, carente de convicciones económicas profundas, en su afán por sobrevivir acepta los cambios propuestos por los partidarios de una cauta apertura exterior y una liberalización controlada. Ello suponía el golpe de gracia para los que habían apostado por el estado corporativo, con un manifiesto intervencionismo económico regulador del mercado.

El desarrollo urbano posterior fue a rebufo de las necesidades planteadas por un crecimiento excepcionalmente acelerado y contaminado por intereses espurios. No contó con suficiente reflexión sobre el modelo de municipio, especialmente en cuanto se refiere al diseño más deseable para el futuro en función de la propia atracción turística. Y todo ello a pesar de la existencia de sucesivos planes y leyes (Plan de Ordenación y Desarrollo de la Costa del Sol, Plan de Promoción Turística de la Costa del Sol, Ley de Centros y Zonas de Interés Turístico, Leyes del Suelo o los sucesivos Planes Generales) que, a pesar de sus objetivos reguladores, nacieron sin vida, demasiado tarde o fueron ig-

El Plan de estabilización de 1959 inicia el fenómeno desarrollista. La política turística se extenderá a los años setenta y tendrá como meta el crecimiento turístico. El I Plan de Desarrollo pretendía conseguir la máxima captación de turismo extranjero, lo que fomentó la obsesión por batir records sin ningún tipo de criterio selectivo en términos de coste beneficio, especialmente en infraestructuras y en repercusiones sociales. El objetivo fundamen-

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norados por muchos particulares y, en ocasiones, por los que debían velar por su cumplimiento. A partir de estos años se crean, tanto por particulares como por sociedades diversas, la mayor parte de la actual planta hotelera de nuestra ciudad, desde el hotel Bellamar, que pronto se convertirá en un importante Hotel Escuela, al Cortijo Blanco; desde el pequeño hotel Finlandia al Guadalpín; desde la Residencia Lima a Los Monteros; desde el Mabella Hilton, luego Don Carlos, al Estrella de Mar; desde el Ortigosa al Andalucía Plaza; desde el Saint Tropez al Rancho Wellington; desde el hotel Ric-Mar al Meliá Don Pepe. En fin cantidad de nombres como los renovados Miramar-Playa y El Fuerte, y tantos otros que han dejado algún rastro de su presencia en diversas categorías y calidades, como el aparthotel Skol,

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El Rodeo, Nagüeles, Paco, Munich, Coronado... o los más conocidos San Cristóbal, Pueblo Andaluz, Don Quijote, Pinomar, Alcotán, Puente Romano... A ellos añadiremos los más recientes: Don Miguel, Coral Beach, Pyr, Tryp Marbella Dinamar, Princesa Playa, Marbella Inn, Westin La Quinta... junto a cantidad de restaurantes, chiringuitos, bares, y otras instalaciones de carácter turístico que no podemos citar por falta de espacio. También se construyen muchas urbanizaciones con villas o apartamentos que acogen, como segunda residencia, a muchos veraneantes generando unos beneficios importantes para el municipio. A la vista de la definición de turismo nos resulta difícil delimitar cuales forman parte del mercado turístico, aunque sus promotores las promocionen dentro del mal llamado turismo residencial. Entre todas hemos de desta-


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car la urbanización de Nueva Andalucía fundada por José Banús Masdeu, importante constructor, que también creará el puerto que lleva su nombre. La urbanización Elviria construida a iniciativa de Salvador Guerrero, que llega a realizar un concurso internacional de ideas para su urbanización o la de Guadalmina de Norberto Goizueta. Otras destacables serán: Marbella Sierra Blanca, Las Lomas de Marbella... El valor de las mismas dependerá de muchos factores aunque especialmente la proximidad al mar o su capacidad de desarrollo urbano. Aparte de las instalaciones hoteleras y de las urbanizaciones turísticas se ha favorecido el desarrollo de un turismo de calidad mediante la creación de instalaciones relacionadas con el mundo del golf y de la náutica. Para captar este tipo de turismo, generalmente de alto poder adquisitivo, ha sido necesario invertir en la creación de unos campos de golf que durante esta etapa de expansión se fundan a iniciativa de particulares. En Marbella el golf vendrá de la mano de Angel Fernández de Liencres, Marqués de Nájera y los campos se construirán en torno a importantes hoteles. Así, en 1959, Norberto Goizueta crea el Guadalmina Club Golf. Más adelante, en 1965, Ignacio Coca hizo lo propio creando el Golf Río Real Los Monteros, también con la inestimable ayuda del marqués. Le seguirán, tres años después, el Club de Golf Las Brisas y, en 1975, el Aloha Club de Golf. Desde entonces el número y calidad de los campos de golf no ha dejado de crecer.

Marbella se ha transformado totalmente por el fenómeno turístico, que es la locomotora impulsora de su economía y, junto a la actividad inmobiliaria, forman un peligroso monocultivo productivo con grandes riesgos en momentos de crisis. Su fragilidad evidencia la necesidad de una continua puesta al día del capital humano que lo atiende y la necesidad de cuidarlo, actualizarlo y diversificarlo, a fin de estar a la altura de los posibles competidores. Nosotros sólo hemos pretendido mostrar al espectador algunos aspectos de los orígenes del turismo en Marbella. De su posterior evolución y de sus efectos, tanto positivos como negativos, habría mucho que contar. Pero eso es ya otra parte de su historia. Antonio Rodríguez Feijóo

No podemos dejar de citar las iniciativas que dieron lugar a la creación de importantes puertos deportivos. A mediados de la década de los cincuenta Alfonso de Oltra y de Borbón, junto a otros socios, plantea la necesidad de crear un Club Marítimo que fructificará en la década siguiente, al realizarse el Puerto Deportivo de Marbella. En la misma década de los sesenta el constructor José Banús inicia el puerto homónimo (Puerto Banús) y posteriormente, en los ochenta, se termina el último de los puertos deportivos: el de Cabo Pino. En este pequeño acercamiento a los orígenes del turismo en Marbella dejamos muchos nombres y aspectos sin tocar, no hay más que recordar la evolución de los transportes, la mejora de las vías de comunicación, el llamado turismo residencial, las agencias de viajes, los grandes personajes, los árabes, los rusos....

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“Habitantes de Marbella: Meditar y pensar si vuestros servicios locales y municipales están a la altura que requiere una población de 10.000 habitantes... Cuando tengáis desarrollado el programa de necesidades locales y los servicios municipales sean perfectos, es el momento de invitar al turista a que pase a visitaros” Ramiro Campos Turmo, 1928

El Hotel Comercial. Plaza de África.

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El Hotel El Fuerte antes de convertirse en hotel, 1955.

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La Posada, calle San Juan de Dios.

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A la izquierda, posada "Diente de Oro". Puente Mรกlaga.

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Café "La Jaula", 1915.

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Café "La Jaula". Años 50.

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Interior de la Sociedad del Casino de Marbella, 1932.

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Cine Otal.

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“Para ir de Málaga a Marbella es preciso pedir a las naves su hélice o a los gamos su agilidad y ligereza. Porque la carretera no está terminada ni lleva trazas de estarlo, y las diligencias que salen todos los días de Málaga constituyen, más que una empresa industrial, una empresa heroica” José Ortega Munilla, 1892

Diligencia entre Fuengirola y Marbella, 1918.

(Archivo Dª María Vega Sánchez)

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La diligencia a su paso por el puente de Fuengirola.

El autobĂşs en la parada de "La Jaula".

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“La región turística de Costabella tuvo la suerte de cambiar la polvorienta carretera Málaga-Algeciras, por otra asfaltada en el recorrido Málaga-Fuengirola y, con el proyecto de riego asfáltico, en el resto” Ramiro Campos Turmo, 1929

Automóviles Portillo. Línea Algeciras-Málaga, 1927.

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La Carretera. Cruce con la calle Huerta Chica y avenida Miguel Cano.

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La Carretera a su paso por la Alameda.

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El Faro.

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El paseo de Guadalpín, 1927.

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Paseo en carreta.

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Nueva Marbella. Años 60.

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“... y conste, aunque pueda parecer otra cosa, que la Marbella que precedió a la del turismo, por muchas carencias que tuviese, no era la «pobre aldea de pescadores» que algunos ignorantes sostienen en descrédito de una ciudad que, según un ilustre escritor que la conoció bien, «nunca fue palurda»” Fernando Alcalá Marín, 1997

Villa Juanita. Familia Chinchilla, 1891.

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Excursión en automóvil.

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Paseo por la playa. A単os 20.

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Bañistas en la playa de El Faro. Años 30.

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Ba単istas. A単os 40.

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Concurso de castillos de arena. Playa de El Fuerte, 1966.

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Hotel El Fuerte.

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Hotel Guadalmina.

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Vista aĂŠrea del hotel Marbella Club.

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IMÁGENES DE MARBELLA VI

La Ciudad Sindical, 1960.

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Interior del Hostal Huerta Grande, 1961.

Dibujo del Hotel Skol, 1962.

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IMÁGENES DE MARBELLA VI

El Hotel Andalucía Plaza en construcción.

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“El turismo busca bellos y atractivos lugares donde instalarse y cuando se expande en el lugar escogido, lo destroza. Lo que toca se marchita. Playas paradisíacas son contaminadas y destruidas por la construcción indiscriminada y los bosques arrasados” Fco. Jurdao Arrones, 1992

Inicios de la construcción de la Urbanización Nueva Andalucía.

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IMÁGENES DE MARBELLA VI

La Urbanización Nueva Andalucía.

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Hotel Cortijo Blanco, 1961.

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IMÁGENES DE MARBELLA VI

Los primeros edificios en construcción.

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El edificio Mediterr谩neo en construcci贸n.

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IMÁGENES DE MARBELLA VI

La colonia Ansol en construcción.

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Hotel-Albergue "El Rodeo".

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IMÁGENES DE MARBELLA VI

Hotel-Albergue "El Rodeo".

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Hotel-Escuela Bellamar, 1963.

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IMÁGENES DE MARBELLA VI

Hotel San Cristóbal.

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Restaurante Antonio. Puerto BanĂşs.

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IMÁGENES DE MARBELLA VI

Hotel Los Monteros.

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Albergue Nacional Universitario, 1950.

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IMÁGENES DE MARBELLA VI

"El Pinar", 1960.

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Campo de Golf Hotel Guadalmina, 1959.

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IMÁGENES DE MARBELLA VI

"Hotel Salduba.

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Camping Marbella.

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IMÁGENES DE MARBELLA VI

Playa de El Fuerte.

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Inauguraci贸n de Puerto Ban煤s, 20 de Mayo de 1970.

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"El Paseo Marítimo.

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Puerto Banús, 1972.

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IMÁGENES DE MARBELLA VI

Puerto de Cabopino, 1982.

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Club Nรกutico de Marbella.

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“Marbella es un hijo de España. Marbella es la feria de las vanidades, el crisol de los virtuosos. Porque, a fe que hay que ser ascéticos para evitar sus tentaciones. Y en verdad que es preciso un espíritu franciscano si se quiere evitar ser, por lo menos una ocasión dentro de la temporada, persona que se exhiba en el más grande escaparate del mundo” Antonio D. Olano, 1974

Franco en Puerto Banús, 17 de Abril de 1973.

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Los príncipes de Mónaco, Don José Banús y el Agha Khan.

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El Príncipe Juan Carlos visita Nueva Andalucía, 14 de Marzo de 1972.

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La Princesa Soraya en el Hotel Marbella Club.

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IMÁGENES DE MARBELLA VI

Gina Lollobrigida y Antonio "El Bailarín".

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IMÁGENES DE MARBELLA VI

Marisol y Pedro "el peluquero".

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EL TURISMO 2001

Lola Flores y Lolita en una fiesta en su casa.

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IMÁGENES DE MARBELLA VI

Fiesta de Cary Lapique.

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Julio Iglesias.

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IMĂ GENES DE MARBELLA VI

Fiesta en casa de los barones Rotschild. Liza Minelli, la Baronesa, Jackie y Mara Lane.

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Cilniana: El Turismo