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INTRODUCCIÓN Los glaciares peruanos están retrocediendo a un ritmo alarmante debido al cambio climático, lo que representa un desafío complejo para los diversos sectores económicos y poblaciones humanas que dependen de sus cuencas hidrográficas. Los Andes peruanos perdieron más del 40% de su superficie glaciar desde el año 1970, más de 34 veces la cantidad de agua que consume Lima al año1,2. Un enfoque a más detalle de esta situación, demuestra una realidad más grave. Existen cordilleras glaciares en extinción en el Perú, algunas de ellas al sur del país que han perdido más del 90% de su área glaciar en el mismo plazo3. Este retroceso rápido es particularmente preocupante dada la distribución geográfica de la mayoría de la población y la actividad económica del Perú, al oeste de los Andes. La demanda del agua en las cuencas glaciares de la vertiente occidental de los Andes no se alinea con la realidad de su abastecimiento. Por ejemplo, el río Santa, el segundo río más grande de la costa del Pacífico del Perú, obtiene al menos 1/3 de su flujo anual de la escorrentía glaciar. Siete de las nueve cuencas hidrográficas de la Cordillera Blanca, incluyendo el Santa, ya han pasado el "pico de agua" debido a la rápida recesión glaciar4. Esta demanda origina la rivalidad entre actores por los cada vez más escasos recursos hídricos. Esa demanda, junto con las quejas existentes sobre el acceso a los recursos hídricos, así como el incremento de contaminación en los ríos, trae una mayor propensión a conflictos socioambientales. Mientras tanto, los ecosistemas de montaña del Perú, son cada vez más vulnerables a los impactos del

cambio climático debido al aumento de la deforestación, el cambio de uso de la tierra y la contaminación. Esto influye directamente en la capacidad de estas áreas para proporcionar servicios ecosistémicos a las poblaciones circundantes. Estos servicios incluyen mitigar la gravedad de los desastres naturales, que son cada vez más frecuentes y devastadores, como los deslizamientos de tierra y las inundaciones que hemos estado experimentando recientemente, debido en parte, a la falta de suelos retentivos y la cubierta de árboles. Además, las cordilleras glaciares son aún más peligrosas que en el pasado, debido al cambio climático. El colapso de una de las muchas precarias lagunas de montaña podría suceder en cualquier momento. Estos factores -y muchos más-, juegan un papel preponderante en la disminución de los resultados del desarrollo humano, como la pobreza, la inseguridad alimentaria, la salud, la productividad económica y la resistencia a los riesgos geológicos. Así, el Perú se enfrenta a un obstáculo multidimensional que requiere soluciones adaptativas. La gestión de este desafío exige una comprensión de los riesgos que, combinado con la fragilidad climática, surge cuando el cambio climático interactúa con otras presiones sociales, económicas y ambientales5. Para ello, es necesario desarrollar mecanismos de coordinación y comunicación intersectoriales para gestionar los riesgos climáticos y problemas ambientales, para lograr la resiliencia climática y bienestar humano que se beneficia del medio ambiente. Entonces, una política nacional de glaciares y ecosistemas de montaña es un paso vital para alcanzar estos objetivos.

ANTECEDENTES DEL INAIGEM Y LA POLÍTICA NACIONAL DE GLACIARES Y ECOSISTEMAS DE MONTAÑA Como país de montaña, la historia del Perú se entrelaza con los Andes y su compleja problemática ambiental. Recientemente, el discurso político ha reflejado esa historia con varias acciones orientadas a lograr una política nacional de glaciares y ecosistemas de montaña, que concluyeron con la creación del Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (INAIGEM), como máxima autoridad en glaciares. Estas acciones tienen sustento en niveles internacionales y nacionales que sirven como base para las deliberaciones sobre la política del presente.

La 19 Política de Estado del Acuerdo Nacional: Que “establece la integración de la política nacional ambiental con las políticas económicas, sociales, culturales, y de ordenamiento territorial, para contribuir a superar la pobreza y lograr el desarrollo sostenible.”

Algunos antecedentes a nivel nacional incluyen:

La Política Nacional del Ambiente, Decreto Supremo N° 012-2009-MINAM: “Siendo el Ministerio del Ambiente el encargado de formular, planear, dirigir, coordinar, ejecutar, supervisar y evaluar la Política Nacional del Ambiente, así como de aprobar los planes, programas y normatividad que se requiera para el cumplimiento de la misma”.

La Constitución Política del Perú, artículos 67 y 68: Que establece “que el Estado determina la Política Nacional del Ambiente y promueve el uso sostenible de sus recursos, además de la conservación de la diversidad biológica y de las áreas naturales protegidas.”

El artículo 100 de la Ley General del Ambiente N° 28611: Que “señala que el Estado protege los ecosistemas de montaña y promueve su aprovechamiento sostenible…y facilitar y estimular el acceso a la información y al conocimiento.”

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Boletin INAIGEM Nº 3  

Enero - Abril 2017

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