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v inos y licores

el poso denso de la copa, haciendo vista ciega al cuerpo desvaído de aquel infeliz ya muerto, me bebí en tan prometedora compañía, sin rechistar, y hasta la última gota, el contenido de aquella ánfora nefanda. Compartía placeres gustativos con mi anfitriona que me repitió, encantada, y más de un par de veces, las excelencias de aquel bebedizo avinagrado, que ella había combinado en pura improvisación gastronómica de unos tiempos de pobres, con una ensalada de palmitos de lata, ajos, cebollas y tomates, encapirotada con algunas aceitunas y aliñada con vinagre de garrafón. Qué tarde inolvidable. Me convencí,

“El momento lleva a vinos novedosos, ya que la gente anda ávida de novedad. Querrá sorprender, sorprenderse, y no gastar demasiado. Son vinos de precios moderados, que no deberán incrementarse más que un tanto por ciento prudente”. si no lo estaba ya, de que uno de los elementos sustanciales de un buen maridaje para cualquier vino es la grata compañía y el deseo de pasarlo bien, mejor a dos que en multitudes. Fue la prudencia la que guió a mi socia y a mí mismo, años más tarde, y en los pasos previos para abrir el restaurante, a acudir a Eduardo Méndez Riestra, amigo de ambos, gastrónomo asturiano que había publicado algo sobre vinos, para que nos hiciera la carta base con la que comenzaríamos la andadura de la bodega del restaurante. La respuesta llegó rápida, escrita con cuidada caligrafía. Eduardo, hombre prudente, nos

contestaba prácticamente a vuelta de correo con una propuesta de Carta de Vinos ecléctica, en la que predominaban los caldos blancos - este gastrónomo defiende esta categoría menospreciada tanto por los cursis- y no faltaban los rosados, pero de lo que lo más importante, era, sin duda, el consejo preliminar: “El momento, gran momento, lleva a vinos novedosos, ya que la gente anda ávida de novedad. En especial, en la franja de clientela en la que habrá bastante “snob”. Un público que querrá sorprender, sorprenderse, y no gastar demasiado en el intento. Son vinos de precios moderados en origen, que no deberán incrementarse más que un tanto por ciento prudente. Llenarán la bodca del comensal, no con la nobleza de los caldos solemnes, sino con la gracia de una serie de notas fáciles pero llamativas.” Mi propuesta inmediata fue, respetuoso con la autoridad oficial, que le hiciéramos a nuestro experto amigo todo el caso que merecía la sincera propuesta. Pero mi socia prefirió contrastarla con otros pareceres. Y, con aquella relación escueta en la mano, anduvimos preguntando opiniones a más restauradores, a proveedores potenciales, y a cuantos amigos del beber y, sobre todo, del decir se nos cruzaron en el camino. Todos metieron mano en la lista, para criticarla aquí y allá, y ampliarla, sobre todo. Así añadimos más y más opciones, y, dejando la relación de Eduardo ya inservible, convertimos la propuesta en una sinfonía inacabable de la variada y creciente oferta vitícola del país, dedicando por traca final, al pasarla del papel a realidad, unos cuantos millones de pelas (cosa de 24 a 30.000 euros de los de ahora) para dotarnos de una vinoteca que sería digna de figurar entre los despropósitos del sector. En ella estaban representadas casi las más de cincuenta denominaciones de origen patrias, y, de cada una, no faltaban unos cuantos fabricantes con sus más sonoras marcas. Además, con criterio que nos parecía razonable, decidimos mantener al menos seis botellas por cada caldo en stock, el espacio que ocupaba nuestra bodega reclamaba protagonismo y vida propia en el local de restauración, e inagotable, se acabó prolongando en nuestras casas, arrinconando mi modesta colección de los ya imbebibles líquidos vinosos,

Revista La Barra Edición 30  

Edición 30 Revista La Barra bh Hoteles tendra 15 hoteles en el 2012

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