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miscelánea

continuo que responde principalmente a las necesidades demográficas; la arquitectura se ha ido transformando en soluciones verticales —no sólo en Japón sino también en todo el mundo. Sin embargo, en esta evolución arquitectónica han permanecido dos factores arraigados en su cultura: el simbolismo y la sensibilidad. El origen del diseño minucioso y la perfección del ambiente que caracteriza a los japoneses se remontan a la minka, que literalmente significa “casa de la gente”. Fueron las residencias ocupadas desde el más alto cargo del pueblo hasta el más pobre granjero, rompiendo barreras sociales, y que de acuerdo al clima y terreno de cada región, se edificaron en varios estilos, con variaciones que iban de la cubierta de paja muy inclinada del norte, que soportaba las intensas nevadas invernales, a edificios más pequeños y bajos en el sur, con pisos elevados para maximizar la ventilación y minimizar los daños en caso de inundación. El pintor japonés Mukai Junkichi (Tokio, 1901-1945) dedicó gran parte de su vida a dibujar minka de paja tradicional en el periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial, cuando en el campo muchas de ellas eran abandonadas al deterioro y en las ciudades eran derruidas para dejar espacio a los edificios modernos. La minka fue elaborada con materiales procedentes de sus bosques y montañas, de ahí surge el simbolismo más peculiar de esta construcción: el pilar de madera, generalmente redondo por identificarse con el cielo, en contraste con la tierra, simbolizada por el cuadrado. Si un pilar se rompía o caía, instantáneamente toda la estructura (cielo y tierra) se derrumbaba. Así, un techo a dos aguas AVISPERO

con fuerte pendiente y con pilares inclinados entrecruzados en la parte de arriba, daba lugar al estilo gasso-zukuri (literalmente “estilo de las manos en plegaria”). En este marco surge el estilo arquitectónico sukiya (siglo xvi al xvii). Estas edificaciones tradicionales nos muestran los primeros planteamientos básicos para el diseño de los espacios, condicionado por el pabellón del té y el uso del tatami (estera de paja) de medidas antropométricas (90 x 180 cms.). Antes de la adopción del sistema métrico que puso fin a esta medida, el diseño de las habitaciones de una vivienda se reglamentaba por el número de tatamis que pudiera contener el espacio; aún hoy en día el salón de té debe de medir 4.5 tatamis, colocados cuidadosamente y nunca en cuadrícula, pues se dice que si tres o cuatro esquinas coinciden en un solo punto traerán mala fortuna. De esta forma se iban diseñando los espacios de una casa en múltiplos de noventa. La máxima sensibilidad de los japoneses se ve reflejada en la casa de té, espacio que fue creado como un escape a la presión del trabajo, la violencia y el militarismo de una sociedad feudal, pero principalmente usada para expandir los horizontes del individualismo. Los espacios interiores de una vivienda se dividían mediante paneles deslizantes hechos de papel opaco fusuma y papel traslucido shoji, que provee una ventilación natural para tolerar el calor y la humedad en verano. La versatilidad de este “divisor de ambientes” (que en las casas acomodadas era decorado con pinturas de hermosos paisajes o motivos naturales, invitando a la relajación y meditación) permitía abrir o

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Avispero | N° 8 | Japón  

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