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Aviso de Derrumbe AmparoPrieto Monreal



Fig. 1: Detalle tinajas de adobe, Rabones, Maule, Chile.


INTRODUCCIÓN Amparo Prieto Monreal ARTISTA VISUAL


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viso de derrumbe es un circuito de intervenciones artísticas realizadas

en la región del Maule, Chile. Nace en la comuna donde se genera y transmite la energía eléctrica para todo el país: Colbún, una zona rural del Maule, duramente azotada por el terremoto de 2010. Esta producción artística habla de energía electromagnética, terremoto y derrumbe.

En las inmediaciones de la precordillera del Maule, territorio donde vivo desde hace cuatro años, es posible encontrarse a cada paso con las ruinas del terremoto de 2010. Hace ya algunos años que vengo trabajando con las grietas como signo del sistema de ruinas. Al instalarme a vivir en una de las regiones más azotadas por el terremoto surgió la posibilidad de generar una obra que trabajara con la experiencia del desastre. Con las ruinas en exhibición permanente, el territorio que habito recuerda la sensación de vulnerabilidad que provoca la pérdida del refugio, la situación penosa de intemperie cuando se sufre el remecimiento de la naturaleza. Por otra parte, Aviso de derrumbe se constituye en una investigación artística que indaga en la energía electromagnética emitida por torres de alta tensión y en la fragmentación del territorio que causan los trazados de tendidos, los que finalmente confluyen en la mega central de Colbún.

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El trabajo realizado ocupa la transmisión de energía lumínica, mediante fibra óptica, atravesando edificaciones y objetos de adobe en proceso de derrumbe. Esta operación se realizó en tres locaciones: en primer término, en la localidad rural de Rabones, mi lugar de residencia, iluminando las grietas de un conjunto de tinajas de adobe; una segunda intervención se desarrolló en Villa Alegre, mediante la iluminación del frontis de una casona del siglo XIX, en ruinas por el terremoto de 2010 y actualmente con orden de demolición; y, en una tercera y última acción artística se iluminaron las grietas de un mural de adobe que construye una cartografía del trazado de líneas de alta tensión que atraviesan la comuna de Colbún.

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salud de las personas y el hábitat de la flora y fauna. Existen sin embargo otras posturas provenientes de autoridades de salud, medioambiente y energía que consideran que la emisión de energía electromagnética no constituye un tipo de contaminación en tanto no exista suficiente evidencia que compruebe su incidencia negativa en la vida humana y natural. Nos encontramos entonces frente a un tipo de contaminación invisible, no solo porque no podemos verla físicamente, con el sentido de la vista, sino también porque no existe evidencia suficiente que la asocie a daños en la salud y el medioambiente.

Evidencia e invisibilidad.

Evidencia, del latín, ēvidens, visible, evidente, manifiesto: Cualquier conocimiento o prueba que corrobora la verdad de una proposición.

La energía electromagnética que emiten los cables de alta tensión es considerada, por algunos estudios, como contaminación que afecta la

La falta de “evidencia científica” es la excusa que ocupan las autoridades de salud, energía y medioambiente para permitir la proliferación


desmedida de trazados de torres de alta tensión. La invisibilidad de esta energía es la que deja indiferente a los propios habitantes de una zona de sacrificio, saturada por el negocio de generación y transmisión de energía en la comuna de Colbún. Las disciplinas especialmente ligadas al ámbito de la salud, realizan su investigación y práctica profesional desde la búsqueda de evidencias que pongan de manifiesto la opción más óptima para resolver un problema. Buscan asegurar niveles de calidad de esas evidencias a través de una metodología que meta-analiza todos los estudios publicados respecto a un problema, previamente “objetivado”, que asegure el suficiente número de evidencias homogéneas y parecidas. Existen estudios meta-analíticos para resolver una postura u otra. Así, en nuestro caso: yo busco los estudios y evidencias que comprueben que la energía electromagnética afecta la salud y tú buscas al otro lado, los estudios que dicen que no afecta la salud. Es frenética la búsqueda de

esa verdad asociada a la evidencia, pues se convierte en una manera de acercarse a la realidad que se alimenta de sí misma: esos estudios y publicaciones deben estar certificados, finalmente, por los mismos profesionales y académicos que hacen los estudios. El juego está ganado por los dueños del balón. Sin entrar a reflexionar sobre la validez que implica “objetivar” la realidad, a tal punto de considerar solo las evidencias (ver para creer), las disciplinas que avalan estudios de esta naturaleza (el daño o no de un tipo de energía sobre la salud de las personas) se entrampan en un juego teórico y metodológico de “expertos” que finalmente solo se resuelve en el quiebre de la tensión: en la catástrofe y la destrucción. La invisibilidad de este tipo de energía y la falta de evidencia científica de sus efectos en la vida y naturaleza hacen de este tipo de energía una motivación teórica para instalar esta exploración artística en la relación que surge entre “evidencia e invisibilidad”.

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“El poder invisible de la positividad contrasta aquí con la violencia brutal de la negatividad que explota y expolia” Byung-Chul Han, La agonía del eros, 2014.

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Fig. 2-3: Tinajas de adobe, iluminaci贸n fibra 贸ptica, plataforma de recorrido. Dimensiones variables. Rabones, Maule, Chile.

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El problema de la “calidad” de las evidencias se enmarca en el pensamiento racional inductivo que guía a las ciencias desde el siglo XIX, desde donde “la razón audaz avanza sobre la naturaleza, sobre los fenómenos de la naturaleza, dominándolos, (…)”. Este probablemente es el motivo del éxito y la certeza de los modelos científicos actuales. Es decir, la inclusión del razonamiento inductivo en las ciencias permitió tener un modelo científico que nos ha dado una cantidad impresionante de tecnología y supuestas “verdades”. En la ciencia moderna, el razonamiento inductivo basa sus conclusiones en las inferencias estadísticas. Es decir, se toma o registra una cantidad de datos sobre un fenómeno y se establecen conclusiones basadas en modelos probabilísticos. Se podría decir que nuestras autoridades y expertos en salud, energía y medioambiente se rigen por un modelo de razón decimonónico que no alcanza a incluir otros modelos

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de pensamiento, como la razón vital de Ortega y Gasset, donde la vida es el órgano mismo de la comprensión, o la razón poética de la filósofa española María Zambrano, donde el método se practica mediante la acción metafórica, esencialmente para crear otras realidades. El método de la razón poética no aspira a establecer ningún sistema cerrado, sino más bien abre un lugar donde el conocimiento se ensanche. Cualquier modelo de pensamiento que incluya la vida, como realidad radical, consideraría que la acción/ reflexión debe abrir camino, y esto significa proporcionar un modo de visibilidad, “pues lo propiamente humano no es tanto ver como dar a ver, establecer el marco a través del cual la visión —una cierta visión— sea posible (…) ya que al trazar el marco se abre un horizonte, y el horizonte, cuando se despeja, procura un espacio para la visibilidad”. (María Zambrano, Filosofía y poesía, 2006).


Mirado así, el problema de la invisibilidad y la capacidad de encontrar evidencias se torna más bien un asunto de ausencia de otros marcos por los que mirar, de otros espacios para la visibilidad.

Evidencia poética. Ciertos rangos de lo invisible pueden transformarse en evidencia mediante una investigación artística, que más que dar fe de sus efectos mediante la representación, ficcione mecanismos para abrir el rango de visibilidad y, por ende, proporcione otros registros de aquella fuerza invisible e irrepresentable que constituye el campo electromagnético. Si pudiéramos hablar de un tipo de evidencia, ésta sería una evidencia poética, donde lo invisible se hace visible, no por arte de magia, sino por intentar rasgar una apertura para otros espacios de visibilidad. Esta alternativa para la visibilidad (una entre tantas) se da no solo

porque las intervenciones artísticas se hayan realizado en una región eminentemente invisibilizada, sino además porque proporciona una imagen del derrumbe como presagio de la muerte y la ruina en que se convierte toda construcción humana, especialmente la filosófica, en la que se basa nuestra actual forma de ver o “dar a ver”. Una metáfora que crea otras realidades podría ser la manifestación de la energía electromagnética en impulsos sensoriales llamados luz y color. Si esta energía pudiera ser algo visible, claramente sería luz emitida en colores. El campo electromagnético alrededor de una torre de alta tensión vibra en longitudes de onda larga, es decir, de baja frecuencia. Se encuentra ubicado más allá del rango de los infrarrojos. Si bien existe una manifestación sonora muy evidente, esta no satisface la necesidad de “evidencia” inminentemente ligada a lo visual. La luz podría ser la manifestación física directa de esta energía, siempre y cuando tenga un

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soporte físico que la haga aparecer, que la convierta en evidencia. La luz solo es posible en su relación con la materia. La luz es algo invisible que permite la visibilidad. Esta paradoja se resuelve en el ojo humano que es capaz de traducir el impulso eléctrico en visión. En el ojo se produce la evidencia.

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Fig. 4: Tubos fluorescentes que se encienden sin necesidad de conectarse- sostenidos debajo de cables de alta tensión, Colbún, Maule, Chile.


El soporte físico que he elegido para hacer visible la luz es la ruina, o más bien edificaciones en proceso de derrumbe. Este escenario del derrumbe (como algo premonitorio) se constituye como el territorio donde se rompe la relación y juego teórico de los expertos; donde se resuelve la tensión entre evidencia e invisibilidad, este diálogo de sordos, quizás agravado por la alta vibración sonora que emiten los cables de alta tensión, entre quienes conminan a evidenciar lo que su propia y estrecha ventana no permite ver: lo invisible por imposibilidad.

El Derrumbe “Venirse abajo, deseo de la caída, deseo que es el impulso y la atracción de la caída, y caemos siempre varios, caída múltiple, cada uno se sujeta a otro que es él mismo y es la disolución – la dispersión- de sí, y esa sujeción es la precipitación misma, la huida pavorosa, la muerte fuera de la muerte” Maurice Blanchard, Escritura del desastre, 2015.

Fig. 5: Fachada casona intervenida, Villa Alegre, Maule, Chile.

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La primera obra fue realizada en el terreno donde vivo y comenzó a ejecutarse en febrero del presente año. Se recopiló adobe de una casa antigua de Colbún, derrumbada por el último terremoto. Con este material reciclado se fabricaron nueve tinajas, realizadas in situ, sin ser cocidas, con el fin de que el adobe, al secarse, abriera sus propias y naturales grietas para, posteriormente, ser iluminadas con fibra óptica.

En la segunda obra, la fachada de una casona chilena abandonada, que data del siglo XIX, fue intervenida a lo largo de los 30 metros de su corredor con fibra óptica, en las grietas que se abrieron producto del último gran terremoto de la zona central. Perteneciente a un antiguo fundo y rodeada de viñedos, la casona hoy cuenta con una orden de demolición que la convierte en una futura ruina, de las muchas que salpican el paisaje maulino.

Fig. 6 - 7 Casa de los Luna, derrumbada por el terremoto 2010, Colbún, Maule, Chile.

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En los dos primeros montajes, unas tinajas de adobe y el frontis de una casona, ambas de adobe y agrietadas -en estado de fractura- crean una imagen del estado de ambigüedad del objeto, pues no se sabe a ciencia cierta si sus fragmentos están a punto de estallar o, al contrario, se han vuelto a unir. Esta instantaneidad entre pasado -el objeto a punto de derrumbarse- y futuro -lo ya derrumbado y restaurado- define también el lugar donde se equilibran los opuestos -fragmento/totalidadcuya valencia neutral, nos sitúa en una atemporalidad o privación del tiempo, un congelamiento donde no sabemos si ese instante pertenece al pasado o al futuro. Funcionan de manera tensa y equilibrada al mismo tiempo los fragmentos y la totalidad.

de una llevaría a la desaparición de su opuesta y del mundo. Sin embargo, esta dicotomía temporal, dada por la relación pasado/futuro, ya nos adelanta que una de las fuerzas se sobrepasa y el desastre asoma para romper el precario equilibrio de los opuestos: natural/artificial, rural/ urbano,campo/ciudad,analógico/ digital… adobe/fibra óptica.

Heráclito planteaba la armonía de los contrarios como consecuencia del equilibrio dinámico entre ellos. No es una armonía estática, cuyo equilibrio sea un reposo, sino un equilibrio de dos fuerzas opuestas que no permiten que una se exceda. La desaparición Fig. 8: Tinajas derrumbadas, plataforma de recorrido, Rabones, Maule, Chile.

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Dialéctica del desastre Hay un tercer elemento entre fragmento y totalidad que lo constituyen las grietas, que en este trabajo se iluminan para evidenciar la tensión; y a la vez, nos sitúan también en el equilibrio y tensión de los opuestos. La grieta iluminada pareciera estar llamada a regular la relación entre fragmento y totalidad, entre construcción y deconstrucción; el signo de la tensión, la dialéctica que se da en la pieza fracturada. El primer temporal de lluvia y viento azotó mi terreno. Y, aunque no dejó de sorprenderme (y dolerme) ver tres de las tinajas en el suelo, completamente derrumbadas, se cumplió naturalmente una de las premisas del proyecto: avisar, en imagen, el derrumbe.

segundo término, en la imagen de las grietas iluminadas de una casona, que, como si se tratara de un anuncio luminoso, al ser objeto de una amenaza de demolición, anunciara su próxima desaparición.

El escenario del derrumbe consistió, en primer término, en convertir la zona de obra erigida, debido a los embates de la naturaleza, en zona de caída y desastre, donde “el infortunio desastroso se trueca de manera inesperada en salvación”. Byung-Chul Han, La agonía del eros, 2014. Y, en

Fig. 9: Tinaja derrumbada, plataforma de recorrido, Rabones, Maule, Chile.

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Fig. 10: Diagrama mural de adobe para instalación en Museo de Arte Contemporáneo, Santiago, Chile.

En la tercera obra, las grietas iluminadas de un mural de adobe, en exhibición en una sala del Museo de Arte Contemporáneo de Quinta Normal, se convierten en un mapa que muestra la destrucción provocada por las múltiples líneas de alta tensión recorriendo y fragmentado las localidades aledañas a la megacentral emplazada en el pueblo de Colbún. En su conjunto, la producción artística construye imágenes provocadas por la naturaleza y el uso indiscriminado de la energía electromagnética, como expresión del aviso de derrumbe. Rabones, diciembre de 2015.

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Fig. 11: Tinajas de adobe, iluminaci贸n fibra 贸ptica, plataforma de recorrido. Dimensiones variables, Rabones, Maule, Chile.


TERRITORIO, MATERIALIDADES E INTERMITENCIAS Francisco NavarreteSitja ARTISTA VISUAL

Santiago (1986) Artista visual. Licenciado en Artes con mención en Artes Plásticas y Magíster en Artes mención en Artes Visuales de la Universidad de Chile. Además, es doctorante del programa de Doctorado en Investigación en Arte Contemporáneo UPV/EHU . Actualmente vive y trabaja en Bilbao, España. http://francisconavarretesitja.tumblr.com


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viso de derrumbe Interpela las lógicas del territorio, los impulsos, fuerzas que se pliegan y repliegan en él; alrededor, sobre, bajo y dentro de aquella distribución espacial normalizada. Trata de manifestaciones energéticas, trazados y expresiones táctiles que, a partir de diferentes estrategias de invisibilidad, han configurado e intervenido –desde lo general a lo particular – las distintas unidades y relaciones sensibles que establecemos con el entorno.

En el caso de Amparo, este diálogo surge en plena cotidianidad. Desde algunos años, la artista vive y trabaja en el sector «Rabones», comuna de Colbún, al interior de la Región del Maule. Personalmente, tuve la posibilidad de viajar al sector y colaborar en parte del registro fotográfico del proyecto, pudiendo compartir con la artista y su querida familia; dialogando sobre su vida, historias, experiencias, intereses y otros, además de visitar parte de la zona, experimentar el paisaje y conocer las técnicas, procesos y materialidades que dan forma a este cuerpo de obra. De esta manera, al ir poco a poco involucrándome con los elementos que dan sentido al proyecto, pude percibir y apreciar los diversos efectos de superficies y calidades que articulan sus tres hitos. Estos, parecían siempre fosforecer, estallar y a la vez estar contenidos al interior de cada uno de sus cuerpos; tinajas, casona rural y representaciones cartográficas intervenidas con

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fibra óptica. Pues bien, mi primera impresión fue percibir e imaginar una serie de electro meteoros aconteciendo al interior de los sólidos mencionados, como si se tratara de dar cuenta de la presencia de un núcleo iridiscente dentro de estos constructos elaborados a mano, con arcilla, barro y paja. Pues bien, durante la madrugada, sentado frente a las tinajas e inmerso en el frío y niebla local, pensaba en esas formas y luces como la manifestación de profundidades o núcleos que mantienen en suspensión una fracción de materia incandescente. A partir de esa primera sensación me pregunté: ¿Acaso los recipientes de barro, la casona de adobe, la diagramación gráfica del trazado lumínico de la región, no establecen una relación dialéctica con la idea de núcleo, en tanto centros, ejes y depósitos que, cual contenedores, articulan nuestras experiencias con el entorno a partir de sus demarcaciones? Pienso que sí. Por lo mismo, al volver a visualizar las piezas

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e intervenciones elaboradas por la artista, dejo de pensar en la pasividad de esas fuerzas y expresiones materiales. Me da la impresión que todos esos núcleos –centros que amalgaman las densidades de nuestra experiencia–, están al borde del colapso producto del exceso de dominio y artificio. Pues bien, las hendiduras, irrupciones y entretejido lumínico por las superficies de estas arquitecturas


un pretérito, salvo que las formas de sus estrechas aberturas –fisuras producto de la separación o falta de elasticidad de la materia prima– pertenecen a la lógica que dosifican y amplifican lo orgánico, no aquellas que objetivan, fraccionan, simulan, trazan, regionalizan y expolian el territorio sin proyecto de futuro.

Fig. 12: Torre de alta tensión, Colbún, Maule, Chile.

vernáculas, sugieren un momento de titubeo de las formas y contornos. Sus calidades y acabados parecieran no garantizar su cohesión, más tampoco el momento previo al desplazamiento de todas sus partes. Si es posible imaginar un núcleo vibrando al interior de estos cuerpos de adobe, es porque las propiedades de sus aglutinantes dejan en evidencia todo aquello que se podría vislumbrar como un “non finito”. Es que se trata de contenedores que acusan

De esta manera, el adobe se alza como una materialidad pulsante que, en su humildad, maleabilidad y resistencia física, permite reconocer la expansión y contracción propia de la materia; movimientos que tensionan y dialogan con el devenir de esta zona en tanto recurso natural disponible para satisfacer el metabolismo energético requerido por el modelo de libre mercado. En este sentido, si lográramos ver y comprender las hendiduras de las superficies de adobe como intervalos o distancias de un mismo cuerpo, como espacios inacabados, tiempos discontinuos o aberturas hacia lo otro –como si cada trazo luminoso y zigzagueante fuera un intersticio o imagen intermitente

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necesaria para comprender el arquetipo desde el cual interpretamos y concebimos nuestra experiencia con el medio natural–, seríamos quizás consientes de los costos del paradigma económico-geográfico de la globalización territorial sobre el entorno. El asunto es que las fisuras las cubrimos o disimulamos para no verlas más, eso nos seduce. El adobe es un material que está intrínsecamente vinculado a quienes lo preparan. Está cargado de maneras de percibir y organizar el mundo. Seguramente, por esto Amparo crea, interviene y re-significa distintos elementos que dialogan con ciertas expresiones vernáculas del mundo popular. Arquitecturas que, cual resistencias a la sustitución del universo de lo físico, son sentidas por el cuerpo de quienes las fabrican, estableciendo una relación perceptual íntimamente ligada con la totalidad de la experiencia constructiva. El cuerpo –ahora de la artista, antiguamente de la comunidad– cava, mezcla, toca, siente

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y piensa, unificando en un mismo estrato al hacedor, materialidad y objeto proyectado. He ahí, en la relación sensible que establecemos con su calidad material, donde posiblemente radica la potencia simbólica y parte del interés de Amparo por reflexionar en torno a los avances del progreso y sus efectos en desmedro de la vida natural y rural en el Maule. Es por esto que percibo las tinajas de Rabones, casona de Villa Alegre y representaciones elaboradas en adobe expuestas en el MAC, no como fósiles de tierra, trazos inanimados o insignificancias inertes, si no como representaciones vibrantes, dinámicas y diáfanas que buscan dar cuenta, poéticamente, del impacto, fuerzas y poderes que destruyen nuestros ecosistemas. La creación e intervención de materialidades efímeras que nos ofrece la artista se constituye entonces como un umbral en que los sentidos, adobe, luz, formas pasajeras, constructos intervenidos y geografías diagramadas, quieren


retornar al trazado simbólico social a través de lo perceptivo. La superficie reverberante y cristalina de la grieta iluminada es donde Amparo proyecta y escenifica el devenir de esta reflexión. Pues bien, me da la impresión de que todo ocurre segundos antes de iniciar la entropía. Es que las creaciones de Amparo parecen estar suspendidas justo antes de sufrir una transformación irreversible. Ahí, las manifestaciones materiales del tiempo, lo cartográfico y lo especular coinciden en calidades, formas, trayectos y flujos. Hacer evidente las trazas tectónicas a través de la luz emitida por la fibra óptica, equivale a visibilizar los intersticios y efemérides del tiempo desde lo incorpóreo, la trasparencia e inmaterialidad de la radiación electromagnética. La luz irradiada es la que favorece el efecto óptico de contracción y expansión de las superficies, el pliegue y repliegue de energía al interior de éstas, y por extensión, del territorio. La evanescencia de

la luz y yuxtaposición cromática nos permiten advertir como tangibles cada una de las fisuras, como si se tratara de una especie de entramado geológico en suspensión o una superficie vibrante donde se inscribe una serie de paisajes elementales en crisis. Es que a mis ojos, cada uno de los tres hitos lumínicos creados por la artista, parecen expulsar y retener la materia, como un relámpago que debe ser ralentizado para hacer palpables las formas y constelaciones del colapso. Como si en la apariencia cósmica de cada constructo se enfrentaran todas las tensiones y equilibrios precarios del entorno y sus ecos. Bilbao, diciembre de 2015.

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ELECTRO-GEOGRAFÍAS Rodolfo Andaur CURADOR

Iquique. (1973) Curador y Magíster en Historia del Arte en la Universidad Adolfo Ibáñez, 2009. Ha sido un articulador y gestor de diversos proyectos de arte contemporáneo desde el norte de Chile para promocionar las prácticas artísticas locales hacia Argentina, Bolivia, Brasil, Paraguay y Perú. www.rodolfoandaur.cl


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uando recorremos la geografía de Chile observamos e incluso olfateamos la diversidad que expele su fisonomía. Sobre este territorio es posible advertir las huellas de un pasado y presente que está en constante movimiento. Un ejemplo muy preciso, aquí las sacudidas de la corteza terrestre impactan en nuestros cuerpos pero, visiblemente, estos ‘actos telúricos’ agrietan las construcciones que nos rodean, más aún si esos inmuebles han sido levantados con materiales rústicos o endebles.

Esas endiduras que aparecen sobre las fachadas de casas y edificios son una especie de archivo de una memoria que está al tanto de cómo la tierra reacciona, cómo está viva. Los temblores y terremotos, fenómenos de liberación de energía, son transmitidos a través de las grietas que van desdibujando las superficies y los objetos. Las grietas no solo son vestigios sino que también espacios intermedios que conservan esa energía que es liberada por la tierra. Asimismo la fricción tectónica contiene nuestro carácter, lo retiene, lo sacude; provocando, como es costumbre, un cúmulo de reacciones psicológicas y fisiológicas inaudítas. Con este escueto periplo puedo construir un relato que cuente específicamente lo que lleva a una artista visual como Amparo Prieto ha moldear en sus manos el adobe – mítico material de construcción. Es ella quién al moldearlo se encuentra con la estética que exponen estas grietas y desde donde construye una historia que va más allá del

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trabajo artesanal que han ido creando sus introspecciones bajo el contexto de los frondosos valles de la precordillera maulina. Es allá, sobre esos ripiosos senderos que la magnitud de los últimos movimientos telúricos ha dejado una gran cantidad de centenarias haciendas, iglesias y monumentos en el suelo. Algunas edificaciones son re-construidas, sin embargo muchas tantas hasta el día de hoy yacen convertidas en desechos de una época. Los escombros marcan hitos por lo que los materiales derrumbados se impregnan al esquema del trabajo inicial de esta artista. Un trabajo que parte por su conexión con la tierra. Para ella el adobe respira, por lo que el acto de moldearlo la inspira a re-plantearse su práctica artística. Casi todas sus reflexiones, en torno al adobe, revelan las coordenadas de un país con serias fisuras pero también subyugado a un territorio que evidentemente es moldeado por los sismos. De esta manera, Amparo Prieto analiza en

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esas fisuras, visibles sobre el adobe roído, un espacio para crear un discurso artístico desde uno de los lugares más apartados del país. La reflexión que generamos es a partir del poder de la tierra, esa tierra que en este lugar es fértil pero que recambia sus contextos físicos sin mediar. Entonces al ser estos movimientos telúricos los que definen el trabajo de investigación de la artista proyectamos ciertas interrogantes sobre lo físico en el espacio, ese que ha sido alterado por el movimiento de la tierra.


Fig. 13: Arboleda de Rabones, Maule, Chile.

En diversas ciudades y pueblos no solo las grietas marcan un tiempo y espacio. En el caso de una gran parte de la precordillera del Maule la energía electromagnética también ha causado un daño a la tierra, la naturaleza y a sus lugareños. Las cientos de miles torres de alta tensión que rodean las cercanías de Rabones emiten cargas electricas invisibles. Su magnitud y prestancia narran la invasión de grandes transnacionales sobre el territorio, interviniendo el paisaje y provocando que los efectos nocivos sean asemejados a las de

aquellas grietas que actualmente son visibles en los adobes. Sin duda estas torres son los monumentos de un país que busca desesperadamente unos espacios para generar energía y donde cada vez su afanosa actitud industrializada va propagando la incuestionable dependencia energética que solo ha presentado desgracias y desdichas. Y aunque la energía electromagnética no es visible, puede asemejarse a un espectro que descarga su ectoplasma. Lo ‘electromagnético’ posee un ruido particular, marca un tiempo en la atmósfera y acelera tu estabilidad psicomotora. Pero es trascendental como su fuerza sentencia a esos entornos ciudadanos a vivir bajo un tiempo que está demarcado por millones de descargas de energía. El conjunto de esta palpitante relación de campos de energía activos, o sea lo que contiene el adobe, cómo se mueve la tierra y la forma en la que se desprende lo electromagnético, invitan a la artista a crear una seria de ‘obras’ que conjugan una

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Fig. 14: Fachada casona, iluminaci贸n fibra 贸ptica, 30 x 4,5 mts. Villa Alegre, Maule, Chile.


estética que sobresale del espacio convencional de exhibición. Las intervenciones que presenta juegan con el fulgor de la fibra óptica y como ésta emprende un circuito que va distribuyendo luz entre las grietas de inmuebles abandonados y objetos confeccionados con la arcillosa estampa del campo. ¿Qué más podría evidenciar la energía electromagnética en este caso? Claro, puede hacer visible lo invisible y crear una sensibilidad que abriría nuevos cuestionamientos que nos permitan establecer cómo estos conductores de energía pueden transformarse en muchas otras formas de energía. Las cargas suministran la función de algunos objetos pero, por otro lado, transmiten en nuestros cuerpos una seria de transtornos, por momentos, incorpóreos. Podemos tomar nota que la geografía es visiblemente adversa en estas pesquisas que exhibe Amparo Prieto. Y aunque cada cierto tiempo el hombre y el actuar irresponsable de algunas empresas delinean las

vivencias de estos campos, la grieta, la luz y la energía liberada por la tierra aglutinan un discurso que puede ser advertido por una comunidad. Estas propuestas han esquematizado el factor artesanal, ese quehacer manual que ha cultivado el paso del tiempo sobre estos lugares. Finalmente el trabajo de Amparo Prieto está constituido por algunas características propias del trabajo artístico con las que ella ha boceteado esa relación escalofriante entre lo telúrico, el adobe y la energía electromagnética. Todos estos son puntos que convergen entre si y distribuyen energía que permite crear unos transmisores que van asignándole a estas ideas otros valores. Por lo que las ideas conceptuales que rodean estas propuestas componen acciones sobre un gran campo de energía que nos invita a generar reflexiones, no desde la historia del arte o la curaduría, sino más bien para que éstas sean estudiadas bajo la relación sicogeográfica que experimenta el trabajo artístico en esta zona del país. Berlín, diciembre de 2015.

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Fig. 15 - 16 - 17: Fachada casona, iluminaci贸n fibra 贸ptica, 30 x 4,5 mts. Villa Alegre, Maule, Chile.


GRIETAS DE VOLTAJE Sebastián Vidal Valenzuela HISTORIADOR DEL ARTE

Santiago (1978) Doctor en Historia del Arte en la Universidad de Texas en Austin (becario Fulbright). Trabajó como investigador de archivos en el CEDOC del Centro Cultural Palacio La Moneda 2005–2010 y como Graduate coordinator en CLAVIS (Center for Latin American Visual Studies en la Universidad de Austin en Texas). Actualmente se desempeña como académico y director de la carrera de Historia del Arte en la Universidad Alberto Hurtado y como profesor en la Escuela de Arte de la Pontificia Universidad Católica de Chile.


Grietas de voltaje “El suelo se estremeció bajo sus pies, los muros de la prisión se resquebrajaron, todo el edificio se inclinó para caer hacia la calle, lo que no sucedió gracias al edificio de enfrente, que también había cedido y le sirvió como apoyo”. Heinrich Von Kleist, El Terremoto de Chile 1808

La obra “Aviso de derrumbe” de la artista Amparo Prieto toma como punto de partida la fractura de un material histórico, noble e inestable como el adobe de la zona de Villa Alegre en la región del Maule. Trabajando en una casona dañada por el mega terremoto del año 2010, Prieto configura sobre sus muros un diagrama de las fracturas que son transformadas en verdaderas carreteras lumínicas por medio del uso de fibra óptica. Mediante un sofisticado sistema lumínico, diseñado especialmente por la artista, las grietas comienzan a asumir identidad y color propio sobre la dañada estructura del espacio. Así, el adobe cobra una nueva dimensión de un tiempo perdido y recodificado en la vitalidad de una energía que se superpone a la grieta como síntoma de la falta de resguardo patrimonial. El material telúricamente quebrantado se recompone desde sus comisuras a través de la luz canalizada bajo el flujo colorido de un diseño de combinaciones infinitas. De esta forma, Prieto energiza la casona

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Fig. 18: Tinajas de adobe derrumbadas, iluminaci贸n fibra 贸ptica, plataforma de recorrido. Dimensiones variables. Rabones, Maule, Chile.


desde su fisura, otorgando un nueva dimensión de lectura arquitectónica al pasado del mundo campesino. Pero ¿qué subyace bajo la intervención de la cicatriz de la casona? o, dicho de otro modo, ¿qué operación crítica queda al descubierto en la trama lumínica del muro derruido? La exposición de Amparo Prieto lleva por nombre “Aviso de derrumbe” y a pesar de que este juego de palabras, propio del léxico de la construcción, refiere directamente a la efectiva decisión de demoler la antigua casona, ésta ya se encuentra hace cuatro años totalmente abandonada. Si bien la arquitectura sigue ahí, sus moradores la han deshabitado y sólo espera el momento de su remoción ¡Su función ya ha sido derrumbada! La suerte de la casona de Villa Alegre no es sino la de muchas edificaciones tradicionales de adobe en todo el país. La fachada, de unos treinta metros de largo, iluminada en una céntrica calle del pueblo, visibiliza la cara oculta de la llamada reconstrucción de Chile. Un

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proyecto país que con algunas luces y muchas sombras, ha expuesto la deuda histórica de un país con su historia y su geografía. Ante ello y con una periodicidad ritualista, Amparo Prieto viaja a Villa Alegre a encender y energizar el adobe, un acto que constituye una batalla por la memoria de materialidades y técnicas que viven bajo la amenaza de la obsolescencia. La fachada de la casona se electrifica como una voz de alerta respecto al implacable paso del tiempo y la desidia tecnocrática.


Fig. 19: Detalle tinajas, grieta más fibra óptica.

Si bien la casona de Villa Alegre es el centro del tramado visual en el proyecto, una serie de tinajas de greda realizadas en conjunto con una ceramista local complementa esta idea. Durante meses Prieto se embarcó en una reflexión sobre los materiales de la zona donde vive: la localidad de Rabones, cercana a Villa Alegre. Ahí, levantó una exposición en el patio de su propio hogar con nueve tinajas de gran tamaño, las cuales se modelaron con adobe recogido de una casa derrumbada con las técnicas tradicionales de la zona. En

ellas se diseñaron grietas artificiales e intencionalmente se las dejó a la intemperie para que se agrietaran aún más, generando así el espacio adecuado para que su fibra óptica entrara nuevamente en la comisuras y pudiera hacer su trabajo. Al igual que en el muro la luz se apropió del objeto construido con desechos a base del reciclaje no sólo del material sino también de la memoria del territorio. Sin embargo, esta innovadora experiencia no estuvo exenta de sorpresas. Una noche, producto de una tormenta, una de las tinajas se rompió completamente. Al parecer, a raíz de una tormenta la agrietada tinaja se llenó de agua y el material terminó cediendo. Este anecdótico hecho nos sugiere otro evento más: la propia fragilidad del adobe reciclado terminó reciclando también la destrucción previa de su referente. Como un eterno retorno la transformación del estado del adobe en otro soporte finalizó cediendo nuevamente frente a lo implacable de la naturaleza.

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Fig. 20: Tinajas de adobe reconstruidas, iluminaci贸n fibra 贸ptica, plataforma de recorrido. Dimensiones variables. Rabones, Maule, Chile.


A esta doble trama de site specific y escultura, Prieto le sumó una tercera variable: la exposición de una instalación en el Museo de Arte Contemporáneo (MAC). La pieza consistió en el montaje de un muro de adobe agrietado que emula el espacio del muro de la instalación de Villa Alegre. La oscurecida sala del MAC se ilumina como un campo magnético de energía multicolor que recorre las grietas, dejando ver el mismo efecto de la casona del Maule. Sin embargo, algo que nos remite a una operación de desplazamiento visual de un soporte espacial conlleva una idea radicalmente política. Si bien el muro instalado en el MAC funciona como una proyección de la intervención de la fachada de Villa Alegre, las grietas de ésta corresponden al tramado del tendido eléctrico de la empresa hidroeléctrica Colbún S.A. en la zona del Maule. El mapa geopolítico que Prieto configura en la instalación del MAC propone una curiosa relación entre la red de transmisión eléctrica

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proveniente de las centrales hidroeléctricas de Colbún y Machicura –erigidas durante la dictadura en 1985– con la idea de la grieta en el adobe. La luminosidad proveniente de la línea eléctrica circunda el tramado bajo el estatuto de otra fractura. Se evidencian así a través de un alto voltaje las voces críticas de ecologistas y vecinos a un sistema energético que altera el ecosistema mediante la inundación de terrenos naturales para la construcción de embalses. Igualmente, la multiplicidad de líneas de transmisión, demarcadas en las grietas iluminadas, nos remarca con fuerza una cicatriz real, ya no producida por la violencia de la naturaleza sino por políticas energéticas de un país que lee con distancia la posibilidad de la sustentabilidad. Así las grietas iluminadas en la instalación del MAC rediseñan una doble condición del poder y la memoria, tanto en la inoperancia política de resguardar el patrimonio natural y cultural de una región asolada no sólo por los terremotos sino también por la


desidia al respeto por la historia y el presente. La fragilidad del muro de adobe contrasta con el poderío del concreto en los embalses de Colbún y Machicura. En el MAC Amparo Prieto crea un muro agrietado que sostiene, al igual que el cuento de Von Kleist, otro muro. Uno invisible que nos alerta sobre el daño generado por poderes más allá de la naturaleza. Santiago, diciembre de 2015.

Fig. 21: Mural, Museo de Arte Contemporáneo, Santiago, Chile.



Fig. 22: Instalaci贸n de mural de adobe, fibra 贸ptica. 6 x 3 mts. Museo de Arte Contempor谩neo, Santiago, Chile.


Fig. 23 - 24 - 25: Tinajas de adobe, iluminaci贸n fibra 贸ptica, plataforma de recorrido. Dimensiones variables. Rabones, Maule, Chile.


Fig. 26 - 27- 28: Mural de adobe, fibra 贸ptica. 6 x 3 mts. Museo de Arte Contempor谩neo, Santiago, Chile.


AMPARO Concepci贸n, PRIETO1973MONREAL

Fig. 29: Amparo Prieto, con tubos fluorescentes, Cob煤n, Maule, Chile.


Estudia Licenciatura en Artes con mención en pintura en la Universidad de Chile. Guiada por su interés en el uso de la luz eléctrica para sus propuestas artísticas, realiza Master en Diseño, especializándose en diseño de Iluminación en la Universidad de Salamanca, España. A su regreso del extranjero, expone sus primeras obras lumínicas, participando como arista invitada en la Bienal de Video y Nuevos Medios, MAC, Santiago (1999); en las colectivas Espacio Tiempo, Galería Gabriela Mistral, Santiago (2000), Arte Catástrofe, MAC, Valdivia (2003) y de forma individual realiza Intervención Urbana de Iluminación, estación Santa Lucía, Metro de Santiago (2001-2002). Posteriormente retoma estudios de pintura en la escuela Massana, Barcelona (2004-2005) y su trabajo prosigue fuera de Santiago, realizando las exposiciones Memoria y Ornamento, Galería CENTEX, CNCA, Valparaíso (2010);

Reviviscencia, Casa del Arte Diego Rivera, Puerto Montt (2011); Mónada, Centro de Extensión Universidad de Talca, Talca (2013); Proyecto PASAR, Curatoría Carlos Montes De Oca, Fiscalía de Valparaíso (2014). Actualmente Reside en Rabones, localidad rural de la región del Maule, lugar desde donde se ha gestado el Circuito de exposiciones Aviso de derrumbe, con montajes en Rabones, Villa Alegre y MAC Quinta Normal, Santiago. Se ha desempeñado como docente en escuelas de Arquitectura y diseño (UNIACC, Diego Portales, Universidad de Los Lagos, Universidad de Talca, Universidad Austral, DUOC UC) dictando las asignaturas de Diseño de Iluminación y Luminotecnia, así como talleres y workshop en el mismo ámbito. Ha sido beneficiaria de FONDART los años 2002, 2011 y 2015.

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AVISO DE DERRUMBE Circuito de intervenciones lumínicas en Colbún, Villa Alegre y Santiago

Proyecto financiado por el Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes, ámbito regional de financiamiento, convocatoria 2015 Primera edición 400 ejs. Publicación a cargo de: Amparo Prieto Monreal Artista Visual Investigación y escritura: Amparo Prieto Monreal Francisco Navarrete Sitja Rodolfo Andaur Sebastián Vidal Dirección editorial: Rosa Miranda González

Edición general y corrección de estilo Rosa Miranda González Dirección de arte: Amparo Prieto Monreal Diseño y diagramación: Andrés Gallardo Cordero Fotografías: Francisco Navarrete Sitja Rosa Miranda González Se autoriza reproducción parcial citando la fuente correspondiente Impreso en MAVAL

Santiago de Chile, 2015.

Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, Fondo Nacional de Desarrollo Cultural y las Artes 2015.


AGRADECIMIENTOS El circuito de intervenciones y exposiciones Aviso de derrumbe ha contado con la valiosa colaboración de varias personas que generosamente han apostado por una propuesta que debía vencer el aislamiento de las provincias, el abandono de lo local y la soledad del campo. Para que este proyecto se llevara a cabo, inyectando energía y fe, debo agradecer en primer lugar a Rosa Miranda, compañera de camino, productora del proyecto y fotógrafa, por su incombustible paciencia y tenacidad. A Carola Cofré, artista visual y ceramista residente de Colbún, quien con su infatigable oficio realizó las tinajas de adobe y aportó al proyecto, desde su conocimiento y experiencia en la comuna, con coherencia, humildad y humanidad. Agradecer especialmente, por su permanente preocupación, apoyo afectivo y solidaridad a Andrés Gallardo, a cargo de la realización de impecables piezas gráficas, y del guión, implementación y seguimiento de plataformas web; a Francisco Navarrete Sitja, registro fotográfico, texto y asesorías de todo tipo, a toda hora, a toda prueba y en todo lugar! Y finalmente a Ricardo Páez, quien nos “iluminó ” con sus ideas y colaboración en el montaje del mural. Mi reconocimiento especial a Rodolfo Andaur por aceptar formar parte de este proyecto, no solo escribiendo un texto para el catálogo, sino también por su generosidad e interés al venir a conocer las localidades, y ver in situ la realidad de la que habla este proyecto, al igual que a Sebastián Vidal, por confiar desde un principio en esta idea y, desde ese entonces asesorar y pensar el proyecto, además de escribir para este catálogo. Agradecimiento especial para: Loreto Pérez, Juan Agustín Gajardo, Kathia Albornoz, Tanya Skinner, Miguel Ángel Jorquera, Mauricia Saavedra, Jorge Castro, Vicente Rutllant, Alexandra Cordero. Este trabajo está dedicado a Joan Calventus, Taís y Eloi Calventus y a Carmen Monreal, Rafael Mario Prieto, Carmen y Carlos Prieto, a los padres de sus padres y a los hijos de sus hijos.

EQUIPO DE TRABAJO Autora: Amparo Prieto Monreal Productora General: Rosa Miranda González Ceramista: Carola Cofré Fotógrafos: Francisco Navarrete Sitja / Rosa Miranda González Diseñador: Andrés Gallardo Cordero Audiovisualista: Juan Agustín Gajardo Textos: Amparo Prieto / Francisco Navarrete Sitja / Rodolfo Andaur / Sebastián Vidal/ Constructor: Marco Zúñiga Ingeniero Acústico: Ricardo Páez


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