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Relatos Breves

Se hace pesada la mochila de mi vida Está terminando el año y la mochila de mi vida está demasiado pesada... He parado un momento y me he asomado a ver qué llevo dentro... De cuclillas, en el suelo de mi aeropuerto he metido el brazo... !Madre mía¡ qué cantidad de cosas... Lo remuevo con la mano... ¿Qué es esto?. Parece algo viscoso... Saco la mano y veo que es lodo... Tendré que lavar bien mi mochila... Al final decido volcarla en el suelo... Mucho ruido... La gente se para y mira... Digo yo que qué les importa mis cosas... Recojo todo en un montón... La gente en su deambular por allí ha desplazado algunas de mis cosas de una patada... Me fijo en unas tarjetas... Son tarjetas de descuento, esta es de 20%, esta otra del 30%... Sí, lo recuerdo... La primera me la dieron por ayudar a una mujer anciana en un supermercado de Barcelona... No podía con el carrito de la compra... Las miro atentamente y veo que están caducadas... !Mejor¡, Así no he sacado ningún beneficio de esta buena acción... Como si lo hubiera hecho desinteresadamente...

Veo que aún conservo entre mis manos la cajita desconocida. La curiosidad me apremia e intento abrirla torpemente... no puedo. La megafonía del aeropuerto anuncia la salida inminente del vuelo 345 con destino a Los Ángeles. Miro el reloj. Las 10,30. Debo darme prisa si no quiero perder el avión. Me guardo en el bolsillo derecho de la cazadora la cajita y me apresuro a meter todos mis enseres en la mochila. Con el desorden apenas entra todo, y me veo obligado a presionar con fuerza para cerrarla.

Me doy cuenta que una persona se ha parado a mi lado... Está contemplándome... Me molesta que la gente me observe... No consigo verle el rostro... está a contraluz de los grandes ventanales del aeropuerto... Me pongo algo nervioso... Sigo mirando y tocando las cosas de mi mochila... Ya no me interesan... Pero el señor que se había detenido a mi lado, me está señalando algo con el dedo... Hago como si no le estuviera viendo... Mis ojos se fijan en el objeto que el personaje misterioso me está señalando... No lo reconozco... ¿qué será?... Quiero coger otras cosas... El personaje me chista diciéndome que no y vuelve a señalarme con el dedo una caja... Yo me pregunto qué hace esa caja en mi mochila... No la quiero coger. Me distraigo haciéndome el remolón contemplando por los ventanales un avión que aterriza. Oigo que me dice: "No tengas reparos, cógela". Casi de mala gana obedezco y la sujeto con mis dedos... Siento una sensación extraña. Un cosquilleo en mis dedos.

Me dirijo a la puerta de embarque, y entrego a la azafata la tarjeta de vuelo. Siempre me han disgustado esos pasadizos para llegar al avión. Me da la sensación que esas chapas encastradas unas en otras se van a desplomar en cualquier momento. La tripulación en pleno se encuentra a la entrada de la aeronave. Todos con una sonrisa que me recuerda los anuncios de dentífrico, saludan: "Buenos días, que tenga un feliz vuelo." Una de las azafatas me acompaña para indicarme el número de mi asiento. Le doy las gracias y me dispongo a acomodarme en el mismo. Abro el compartimento del portamaletas e introduzco mi mochila. Al quitarme la cazadora para dejarla en el mismo sitio, me doy cuenta de que en el bolsillo derecho de la misma llevo la intrigante caja. La extraigo y la dejo en el porta revistas del asiento. Un auxiliar de vuelo viene comprobando si los compartimentos de los equipajes están perfectamente cerrados. Al llegar al mío, comprueba que la pestaña no ha cerrado bien. Presiona con fuerza varias veces, pero algo no consigue cerrarlo. "Caballero, ¿es suya esa mochila?". Asiento con la cabeza. Hace una señal a una compañera, que inmediatamente se apresura a venir con un pequeño maletín. Ella misma me indica que saque algunas cosas de la mochila y lo meta en el maletín que me da. Seguro que así se podrá cerrar el compartimento del portamaletas. Vuelvo a depositar mi mochila sobre el asiento. Al abrirla me doy cuenta de la cantidad de cosas superfluas que uno lleva consigo. Cosas que ya no valen para nada. Malos recuerdos. Malos momentos. Malas acciones. Malos deseos. Me apresuro a depositarlo todo en el maletín cedido por la azafata. Se lo lleva a la cola del avión. Con holgura he podido cerrar mi mochila. Al levantarla para introducirla en el compartimento de equipajes, me percibo que es ligera como una pluma. Me siento y me abrocho el cinturón. Algo desconcertado me fijo en la caja que he dejado en el porta revistas del asiento. Noto una tremenda presión sobre mis espaldas. Estábamos despegando. No sin cierta angustia he vuelto a coger la caja. Al presionarla con los dedos por el lado derecho se ha abierto sola. Está vacía, pensé, al no ver nada en un

La pongo más cerca de mis ojos. !Qué extraño¡ juraría que jamás la

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principio. Al darle la vuelta, percibo que tiene un papel doblado en su interior. Lo extiendo. El texto se encuentra algo borroso. No sé por qué se


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había visto antes. Levanto la vista hacia arriba y me doy cuenta que el personaje desconocido había desaparecido. Muevo la cabeza para los lados con la seguridad que no se encuentra muy lejos. No lo veo. Ha desaparecido.

Jesús Antonio Jiménez Mayo - © 2011 17 de noviembre de 2011 Ávila

Jesús A. Jiménez Mayo. © 2011 Todos los derechos reservados.

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apodera de mi un estado de ansiedad. A duras penas consigo leer: "TU VIDA SOLO VALE EL AMOR QUE HAYAS DADO, ESE ES TU EQUIPAJE". Miro por la ventanilla del avión y contemplo un sol radiante, empotrado en el azul del cielo. Exhalo un profundo suspiro, mientras pienso que el peso de la mochila de nuestra vida es Dios quien lo soporta.

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