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Diario de la

Muerte


La Muerte nacemos con la certeza de que este cuerpo morirá. el día menos esperado los corazones se detendrán y no habrá más pálpito que el de la Muerte respirando en nuestras gargantas, llenándonos de frío con su aliento consolador. llenándonos de muerte para tomar una segunda oportunidad. No es de negar que la vida es acción de la muerte, si se entiende la muerte como un proceso degenerativo al que todo ser vivo se expone desde su concepción. hay que cambiar dos o tres cosas, pensar en muerte no es pensar en negro, ni en luto ni en lágrimas. La costumbre ha hecho que solo reconozcamos la muerte cuando hay ausencia de espíritu, pero ¿y lo demás?


No sólo es

desecho

Arrancar la mañana, haciendo de la muerte un trabajo que a diario gratifica la ciudad es para personas valientes, que ven en un mundo lleno de necesidades la oportunidad de conseguir la manera de sobrevivir y ayudar al desarrollo de la ciudad y de la misma construcción urbana. Es trabajo del reciclaje donde muchos lo detestan, lo desprecian y hasta lo creen insignificante, es de esos trabajos que pocos quieren hacer y que ayuda a que el desorden y el reciclaje sea útil para la Medellín que se vive en la época: una ciudad más limpia, más amable y con muchas ganas de vivir. Arrancar la mañana a las 4:00 am. Para Yolanda es lo habitual y normal dentro de su vida llena de situaciones que a diario la impulsan a trabajar con la muerte industrial, es decir, la chatarra y el reciclaje, donde ve oportunidades inmensas de sacar su familia adelante. “Aunque para muchos lo que se deja en la basura es basura, para nosotros es la oportunidad para conseguir el pan de cada día”, algo de lo cual muchas personas no son concientes. Yolanda tiene su esposo, con quien trabaja las rutas a diario. ellos se reparten dichas rutas y no recorren juntos, ya que para poder conseguir un buen día y ganancias hay que salir juntos pero por aparte. Con su traje verde y de gorra para protegerse del sol salen a rebuscar en las esquinas el dinero para poder pasar el día y comer la noche.


Ellos tienen las zonas” marcadas” por días, porque con el tiempo han aprendido que hay lugares donde los recorridos no son los mismos y no dan dinero, y es que con su trabajo se han convertido en maquinas, en el buen sentido de la palabra, de selección de material de reciclaje donde todos las bolsas son saqueadas y despojadas de cualquier cosa que pudiera representar dine ro. Para esto, se adelantan siempre al carro de la basura para poder llegar sacar lo que hay que sacar y continuar con el día. Alrededor de las 8:50 am, cuando ya tienen la primera “carga o viaje”, se desplazan al lugar de e ncue ntro, la bodega de reciclaje que compra lo que ellos recolectan, allí hay más amigos y todos comparten la hora del desayuno. Luego de tomar el desayuno inicia lo que ellos llaman selección del material: el cartón aparte, la pasta aparte, el vidrio, el aluminio; luego lo venden y salen a continuar la rutina para ajustar el diario y retornar a su casa. Aunque su trabajo puede ser invisible para la sociedad, es un trabajo en el que hay que pasar ratos malos, desagradables y olores incomparables, pero que gracias a su decisión de trabajar desarrollan a una ciudad que los necesita y que no podría ser lo que es sin ellos.


Aquí

termina la vanidad

del mundo

De la forma más sencilla, humilde, pero a la vez elegante y sobria termina la vida en el mundo terrenal. Sí, en una tumba. Para hablar de mue rte terrenal, hay que tocar la religión, la familia y una serie de circunstancias que la rodean. Existen canciones en las que se mencionan todo tipo de frases que paradójicamente reflejan y asemejan a la realidad. “La vida es un carnaval” Celia Cruz, “Sobre las tumbas de gente que se ama, humildemente una flor de llanto quiero dejar” Cheo Feliciano y quizás la más diciente de todas “Todo tiene su final” Héctor Lavoe. Así como lo dice “el cantante de los cantantes” quien desafortunadamente ya no vive para contarlo, en la vida todo tiene su final. En la vida se nace, se hace y se yace.


Hace poco perdí un ser querido, un ser que siempre creyó en Dios, un ser que con sus palabras sabias siempre tuvo la razón, un ser que simplemente, por decisión de Dios, dejó de ser. En la vida dejó un legado, una enseñanza, dejó valores Pero ¿cuántos seres abandonan este mundo terrenal por cada minuto que pasa? La respuesta puede ser fácil: por cada vida que se va, hay dos que llegan. La vida está llena de cosas buenas y cosas malas, existen los ricos, los pobres, los negros, los blancos, mulatos, mestizos, todos con una supuesta diferencia, que algunos cree que es social, pero realmente todos terminamos igual. Sólo para quien lo quiera saber y no lo tenga presente, tiene que saber que de repente puede ya no estar y en una simple morada su cuerpo descansar. Sí, ya esta serie llegó a su final y probablemente termine donde tiene que quedar, allá donde termina la vanidad del mundo.


Diario de la Muerte: el reporte