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El anarquismo en MĂŠxico

LA SOCIAL Las luchas de los trabajadores de la ciudad y las insurrecciones agrarias

(1860-1882)


Centro de Estudios y Documentación Anarquista Francisco Zalacosta La Social, las luchas de los trabajadores de la ciudad y las insurrecciones agrarias. - 1°. ed. Guadalajara, México: Ediciones del CEDAFrancisco Zalacosta, 2011. 32 p.; 21.59 x 13.97 cm - (El anarquismo en México) Anarquismo en México. Pueblos Indígenas. Movimiento obrero.

primera edición, 2011 se imprimieron 50 ejemplares Centro de Estudios y Documentación Anarquista - Francisco Zalacosta Pavo #209, segundo piso, interior #24. ceda.zalacosta@gmail.com


Índice Introducción .

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La Social y la configuración del anarquismo desde el conflicto social . . . . . . .

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La Social y la insurrección libertaria de Chalco en el tiempo actual . . . .

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Plan de Tantoyuca, 9 de agosto de 1856 .

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Manifiesto a todos los oprimidos y pobres de México y del Universo, 20 de abril de 1868 . . . . . . . . . . . .

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Bibliografía complementaria sobre el movimiento anarquista en México durante el siglo XIX . . . . . . . . . . . .

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La Social, las luchas de los trabajadores de la ciudad y las insurrecciones agrarias Mayo de 2011 Centro de Estudios y Documentación Anarquista - Francisco Zalacosta Soy socialista, porque soy enemigo de todos los gobiernos y comunista, porque mis hermanos quieren trabajar la tierra en común. Julio Chávez López, 3 de noviembre de 1868. Es indispensable salvar el momento... ¡Abolición del gobierno y de la explotación!... Alcemos nuestra cara buscando con serenidad nuestra salvación, que radica en nosotros mismos. Manifiesto a todos los oprimidos y pobres de México y del Universo.

CEDA CEDA--Francisco FranciscoZalacosta Zalacosta

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Introducción

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on esta publicación comienza una colección de textos y documentos que tratan de hacer manifiestas las formas de hacer política, las sensibilidades, las significaciones sociales y los proyectos de movimientos sociales, luchas, resistencias y momentos de rebelión -tanto del pasado como del tiempo actual que se sitúan en la perspectiva de la autonomía, el anticapitalismo, la acción directa, la horizontalidad, la autogestión y el apoyo mutuo, todos posicionamientos ético-políticos y prácticas que el anarquismo ha reivindicado y desplegado desde el siglo XIX para construir un mundo donde las sociedades decidan sobre su forma de vivir, donde los errores y los aciertos sean producto de las propias colectividades de acuerdo a sus capacidades y necesidades. Intentamos hacer un ejercicio de rememoración de los pasados de lucha y rebelión del movimiento anarquista en México. No pretendemos que sea un recurso nostálgico que añora ese pasado y desea volver a ese tiempo, ni tampoco se trata de conocer esas experiencias para repetirlas dogmáticamente en el tiempo actual, ya que estamos situados en otro contexto, con otras capacidades y necesidades. Este trabajo de memoria colectiva es únicamente un ejercicio de actualización de la práctica y el pensamiento anarquista. Es una mirada al pasado desde lo que somos, y teniendo como eje la transformación social en el tiempo actual; por eso mismo la recuperación de las historias libertarias no debe tratarse de un intento por convertir en anarquistas a las personas a la manera de una religión o de un partido marxista-leninista, sino que desde lo que cada quien es se potencien perspectivas emancipatorias que nos hagan preguntarnos sobre cómo romper con la dominación estatal y la explotación capitalista. Lo que buscamos es crear una relación de reciprocidad entre el CEDA - Francisco Zalacosta

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pasado y el presente de antagonismo social, que desde las resistencias actuales se dé vitalidad, se hagan emerger los proyectos emancipatorios que en el pasado quedaron oprimidos, para que estos ahora potencien las posibilidades antiestatales y anticapitalistas que los colectivos y movimientos sociales queremos construir. La posibilidad de tener una memoria colectiva que reconozca que a lo largo de la historia existen personas, comunidades y pueblos que han vivido y luchado por crear otro tipo de sociedad nos inspira, pero sobre todo nos configura un deber, un vinculo solidario, que implica que en el ahora debe seguir germinando un proyecto de sociedad autónoma, que nuestra vida diaria debe significar la negación de las relaciones de dominio y explotación, la resistencia al despojo, la represión y el desprecio. En este sentido, las primeras experiencias del movimiento libertario de México –que La Social expresó en la segunda mitad del siglo XIX, a través de la lucha y organización que desplegó junto con los artesanos y los pueblos indígenas- nos hablan de unas formas de hacer política basadas en lo que hoy el EZLN ha llamado el caminar-preguntando que, articulado con las prácticas de acción directa y descentralización que han caracterizado desde un principio al anarquismo, configuraron procesos de resistencia y rebelión que pusieron en cuestión a los gobiernos liberales de Juárez y Lerdo de Tejada. El anarquismo de ese momento significó la creación de un pensamiento libertario que no repetía lo dicho por Proudhon o Bakunin, sino que se encontró con la historia y cosmovisión de los pueblos indígenas para instituir un comunalismo libertario cuyo eje principal era el territorio y el autogobierno de las comunidades, lo cual se desplegó en la negación por la vía de los hechos de la propiedad privada y en una campaña insurreccional que duro más de 15 años. CEDA - Francisco Zalacosta

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A diferencia de las experiencias de los movimientos anarquistas de esa época en América Latina y Europa -que sólo se desplegaron en las asociaciones artesanales por medio de las sociedades de resistencia, luchando por medio de huelgas, sabotajes y procesos de organización cooperativista- en México los anarquistas y los pueblos indígenas del centro del país llevaron a acabo una lucha que no estaba por las reivindicaciones laborales clásicas (aumento salarial, mejoras en la higiene de los centros de trabajo, reducción de las horas de trabajo, etc.) sino que estaba por la recuperación de los territorios que les habían sido despojados, primero por los españoles, y después por los criollos liberales y conservadores. La historia de autogestión-autogobierno de las comunidades indígenas le dio otro carácter al anarquismo mexicano –y hasta la fecha lo instituye-. En México es muy difícil hablar de una practica y un pensar anarquistas si no es en relación con los modos de lucha, organización y ser de los pueblos indígenas. No es casual que, cuando estuvo desvinculado de los procesos de conflicto generados por los pueblos indígenas, llegó a combatir militarmente al movimiento zapatista del Morelos en 1913, como lo hicieron los militantes del sindicato anarquista La Casa del Obrero Mundial, o pasó su historia en el ostracismo como en las iniciativas federativas que se organizaron entre las décadas de 1930 y 1970. Cuando pueblos indígenas y libertarios se potenciaron mutuamente en una relación de afinidad y complicidad, aportando cada uno sus saberes, historias, modos de hacer política y proyectos de vida diferentes, como fue el caso de las primeras manifestaciones del anarquismo en México, se crearon instantes de tensión y conflicto sumamente radicales, que desde la práctica y el pensar negaron a las instituciones y a las relaciones sociales capitalistas, estatales y jerárquicas. Esos instantes crearon un magma de significaciones, historias y CEDA - Francisco Zalacosta

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formas de hacer que han caminado a lo largo de 150 años en la memoria y en el horizonte ético-político de luchas como las de los magonistas, del Ejercito Libertador del Sur, de las comunidades autónomas del EZLN y de las comunidades y barrios de Oaxaca que en 2006 autogestionaron su vida.

La Social y la configuración del anarquismo desde el conflicto social. Las primeras expresiones del anarquismo en el país se sitúan en un contexto de imposición de las políticas capitalistas de liberalización de la economía y promoción de la propiedad privada, proceso que desplegó la victoriosa corriente liberal de Benito Juaréz y Benjamin Lerdo de Tejada. Estos gobiernos, lejos de representar esa imagen que se les ha creado desde la historia oficial, fueron promotores del despojo de los territorios de los pueblos indígenas, a los que quisieron desaparecer al pretender convertirlos en ciudadanos. Trataron por todos los medios de desarticular las formas de trabajo artesanales y, por tanto, sus asociaciones, al reprimir y cooptar los intentos político-organizativos de los trabajadores de la ciudad. Dicha situación coincidió con la llegada al país, en 1861, del griego Plotino Constantino Rhodakanaty, un médico socialista cercano a las ideas de Charles Fourier y Pierre Joseph Proudhon, que viajó de Grecia a Francia en busca del último y que, finalmente, arribó a México con el animo de construir una colonia agraria bajo los principios socialistas de Fourier. Esta intención le surgió gracias a que años atrás, en 1856, el gobierno mexicano de Comonfort promovió estos experimentos sociales con el objetivo de poblar distintas regiones de la nación. Sin embargo, al verse frustrado su proyecto original, debido al cambio de políticas que se implantaron con Juárez, Rhodakanaty comenzó a contactar con artesanos y estudiantes mexicanos. Asimismo, publicó la Cartilla Socialista en el mismo año de su llegada al país, donde planteó sus propuestas de CEDA - Francisco Zalacosta

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transformación social desde la perspectiva socialista de Fourier y mutualista de Proudhon. Esto permitió la circulación del socialismo entre cada vez más personas, grupos y comunidades, lo que contribuyó al despliegue de formas de hacer política y lucha anarquistas en México durante las siguientes décadas. Rhodakanaty, al haber replanteado el sentido original de su viaje al país, se convirtió en un promotor del horizonte socialista antiautoritario. No se quedó encerrado en su intención de crear colonias agrarias, proyecto que se frustró por varios motivos: no solo porque el Estado ya no daba el permiso legal ni las apoyaba, sino también porque los pueblos indígenas y artesanos en resistencia al exterminio al que los condenaban el capitalismo y el Estado liberal no veían como una opción esperar por un futuro lejano de armonía, igualdad y justicia, que un supuesto progreso social prometía. Rhodakanaty y los primeros anarquistas supieron escuchar estas voces al reconocer las demandas y procesos de resistencia de los trabajadores de la ciudad y de los pueblos indígenas, por lo que se abocaron a aprender de esas luchas, a potenciarse con ellas y a potenciarlas. El contexto del momento, de imposición del liberalismo económico y político mediante el despojo de tierras y extensión de las haciendas, así como de industrialización, hizo entrar en crisis el pensamiento de Rhodakanaty y los jóvenes que se le habían acercado en el espacio de discusión del Club de Estudiantes Socialistas, iniciativa conformada para conocer el horizonte ético-político socialista de la época. Las discusiones que promovieron en ese lugar y el reconocimiento de lo que estaba sucediendo entre los de abajo les hizo caer en cuenta de que no había posibilidades ni tenía sentido pensar en una transformación social donde se niega el conflicto social y la lucha entre intereses antagónicos, como son CEDA - Francisco Zalacosta

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las perspectivas político-organizativas de los falansterios de Fourier y el mutualismo de Proudhon; que era contradictorio con las condiciones de las comunidades y los trabajadores optar por un regreso a las formas de organización y vida de las comunidades cristianas originarias, pues todo ello significaba una forma de pensar el socialismo como un proyecto donde no eran necesarias personas que lo construyeran de acuerdo a sus necesidades y capacidades, sino que eran unas leyes, un progreso social externo a los pueblos, los que un día lo haría alcanzable para la sociedad. Dicho proceso de ruptura llevó a Rhodakanaty y al grupo de artesanos y jóvenes aglutinados en el Club de Estudiantes Socialistas, entre ellos Francisco Zalacosta, Santiago Villanueva y Hermenegildo Villavicencio, a crear ya no solo un espacio de discusión y formación política, sino una organización desde la cual generar iniciativas de educación antiautoritaria y socialista, así como de reorganización de las asociaciones artesanales. Este proceso cristalizó en la creación la primera organización anarquista del país: La Social, en el año de 1865. Se conformó bajo los principios político-organizativos mutualistas y socialistas revolucionarios -expresión del anarquismo que configuraron Mijail Bakunin y el ala antiautoritaria de la Asociación Internacional de los Trabajadores, la I Internacional-. En la primera etapa de La Social predominó el sentido mutualista de entender las formas de hacer política y el horizonte de transformación social; mientras que, a partir de 1871 se reorganizó de manera explícita en la perspectiva de una sociedad secreta, se planteó formas de agitación revolucionaria y participó en las insurrecciones de los pueblos indígenas; es decir, el sentido socialista revolucionario fue manifiesto en toda la década de 1870 y en la primera mitad de la década de 1880.

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El trabajo de La Social lo desplegaron en el ámbito artesanal al plantearse la reorganización y resignificación del sentido de las sociedades mutualistas, y al promover huelgas e iniciativas cooperativistas; y en el campo, a través del proyecto de implantar escuelas socialistas en las comunidades -como la que se creó en Chalco, en el estado de México, en 1868- y posteriormente mediante el acompañamiento de las luchas insurreccionales de los pueblos indígenas y campesinos. El proceso político-organizativo que desplegaron junto con los trabajadores de la ciudad, artesanos en su mayoría, comenzó con la reorganización de la Sociedad Artístico Industrial en 1868, la cual contenía una historia significativa para los artesanos como espacio articulador y de ayuda mutua. En 1868 volvió a ser clave para la vida y lucha de los artesanos, además de que fue potenciadora de una pluralidad de asociaciones mutualistas. La Sociedad Artístico Industrial se conformó como un espacio de resistencia, situación promovida por los militantes de La Social, Santiago Villanueva y Hermenegildo Villavicencio, quienes impulsaron huelgas victoriosas por mejores condiciones de trabajo en fábricas de la ciudad de México y el estado de México como La Colmena, Contreras, La Abeja, Tizapán y San Ildefonso, entre otras. Además, publicaron el periódico El Obrero Internacional en 1874 como órgano de esta sociedad mutualista. Las luchas en lo superficial se configuraron con demandas por mejoras en las condiciones de trabajo, pero detrás de eso se vislumbraba una perspectiva un tanto más radical: la idea de promover experiencias cooperativistas, iniciativa pensada en la perspectiva mutualista de que los trabajadores se crearan formas de trabajo y de sobrevivencia que los pusieran en condiciones de prescindir de los capitalistas. Al mismo tiempo, estas luchas fueron el germen de los futuros círculos de trabajadores y asociaciones que tenían la intención de aglutinar a los artesanos y obreros del país en una lucha común que CEDA - Francisco Zalacosta

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lograra crear un equilibrio en tensión entre capital y trabajo que acabaría con la explotación, esto también planteado bajo la influencia de la perspectiva mutualista de Proudhon. En el mismo año -1868- Rhodakanaty y Zalacosta, también como parte de los trabajos de La Social, crearon en el pueblo de Chalco, en el estado de México, una escuela socialista, llamada escuela del Rayo y el Socialismo; estaba construida como un espacio de educación antiautoritaria para la difusión de las ideas socialistas y como un lugar al que pudieran acudir los indígenas y campesinos de la región. Sin embargo, la escuela del Rayo y el Socialismo no se quedo en eso: los indígenas que acudieron allí, algunos sin tierra y otros resistiendo al despojo, la convirtieron en un espacio organizativo, articulador y desde el cual se potenciaron algunas de sus iniciativas. Las condiciones de despojo, explotación y desprecio que enfrentaban las comunidades, el hecho de que bajo las leyes liberales se encontraban en un camino sin salida, junto al proceso de encuentro y reconocimiento que conformaron dentro de la escuela del Rayo y el Socialismo, les permitió irrumpir en el año de 1868 como una insurrección de los indígenas, peones y campesinos que luchó contra el despojo y privatización de la tierra, contra la explotación y las pretensiones del gobierno de convertirlos en ciudadanos. En la insurrección de Chalco de 1868 -que no se quedo sólo en ese pueblo, sino que se extendió a gran parte del centro de la república- se hizo evidente a través de su manifiesto, que explicaba sus demandas y propuestas, el encuentro entre el anarquismo del momento y la cosmovisión de los pueblos indígenas, se había creado una constelación que articuló los dos horizontes históricos, políticos y organizativos en una lucha que no se quedó en una crítica superficial a las condiciones de trabajo, a la brutalidad vivida en las haciendas, a las imposiciones del gobierno, sino que negó toda forma de CEDA - Francisco Zalacosta

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gobierno, es decir, toda organización social basada en las relaciones de mando-obediencia, de división entre dirigentes y ejecutantes; negó la privatización y la propiedad individual de la tierra, así como la explotación, es decir, el sistema capitalista que se estaba implantando en el país; negó los privilegios y el elitismo de la iglesia católica, y su traición al cristianismo original; promueven una revolución social en México con el horizonte ético-político del autogobierno y el comunalismo. Este manifiesto, que fue redactado por el indígena de la región Julio Chávez López y el militante de La Social Francisco Zalacosta, pero que contiene buena parte de las demandas de las comunidades del momento, no se quedo solo en esa experiencia, sino que ha tenido mayor resonancia: adquiere vitalidad y relevancia en cada tiempo actual de lucha autónoma y anticapitalista que se configura desde la defensa y la recuperación del territorio, lugar donde se reproducen la historia, la cultura, y las relaciones sociales de las comunidades. Es un manifiesto que se convoca cuando hacemos referencia al zapatismo de 1910, al jaramillismo, al levantamiento del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional de 1994, al Congreso Nacional Indígena. Se encuentran los proyectos y se actualizan los pasados en cada lucha por la defensa de la tierra y por la autonomía. La insurrección Chalco significó un punto de ruptura para los militantes anarquistas de La Social ya que, a partir de ese momento, optan por la acción directa como forma de hacer política. Ven que el único motor de la revolución social es el hacer de las comunidades y los trabajadores en lucha, se encuentran con el principio que dio origen a la Asociación Internacional de los Trabajadores: “La emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos”, y al situarse desde ese horizonte ético-político se asumen parte del socialismo revolucionario que sostenían Mijail Bakunin y el ala antiautoritaria de la AIT. CEDA - Francisco Zalacosta

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La Social se reorganizó bajo estos principios socialistas revolucionarios, pues ya no se planteó las tareas filantrópicas que le dieron origen, sino que se propuso convertirse en una organización revolucionaria anarquista. Dicho proceso no fue sencillo: Rhodakanaty, por ejemplo, nunca pudo hacer una ruptura completa con el pensamiento de Fourier. Los procesos de lucha y las demandas de las comunidades produjeron una transformación de la política-organizativa de La Social. Se abrió un periodo insurreccional agrario e indígena a partir de la rebelión en Chalco de 1868 que se caracterizó por la defensa de la posesión colectiva del territorio y el trabajo en común de la tierra, por el rechazo de toda forma de gobierno y por expresar a través de sus planes y manifiestos propuestas de organización social socialista libertaria. Finalmente, este instante insurreccional que llevó a la expropiación de territorios que en el centro del país estaban en manos de los hacendados, también hizo evidente la cara real del gobierno liberal de Juárez: un gobierno que, mediante las leyes, el despojo, la violencia y la explotación, impuso las relaciones sociales capitalistas, sistema al que se le ha dado continuidad y en el que se ha profundizado hasta nuestros días. Esto es ejemplar con la respuesta que da Juárez a las demandas de los pueblos indígena: el fusilamiento de Julio Chavez López, la represión contra los pueblos insurrectos y la persecución contra los militantes anarquistas que los obligó a huir de las regiones donde habían adquirido presencia. Por otro lado, La Social en el ámbito de los trabajadores urbanos -los artesanos y los primeros obreros- se planteó como políticaorganizativa formas de lucha desde la reconstrucción y resignificación de las sociedades mutualistas; se configuraron como espacios de resistencia y organización de los trabajadores, como centros de formación política y propaganda -a través de periódicos como El Socialista y El Hijo del Trabajo-. Junto a esto, los militantes libertarios de La Social abocaron CEDA - Francisco Zalacosta

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parte de sus esfuerzos en la construcción de una organización obrera de carácter nacional, la cual pudiera lograr articular las demandas de los trabajadores de la ciudad y potenciar y radicalizar sus luchas. Se le denominó el Gran Círculo de Obreros de México, y se creó en 1870. Sin embargo, en la vida organizativa del Gran Circulo de Obreros van a predominar los conflictos internos entre las agrupaciones y militantes que allí confluían, pues comenzaron a surgir protagonismos, cooptaciones y divisiones. Hubo pretensiones por generar dirigencias y vanguardias destinadas a tener interlocución con los gobiernos y a entrar a la política institucional y electoral. Este enfrentamiento originó múltiples escisiones y por algunos momentos se crearon organizaciones paralelas que se enfrentaban bajo dos posiciones políticas: la socialista libertaria y la socialista estatal. Por eso nunca pudo consolidarse ninguna organización artesanal con una perspectiva anarquista, a pesar de que durante toda la década de 1870 se concretaron diversos periódicos obreros y surgían de manera esporádica algunas asociaciones. Además, el carácter combativo que desplegaron las sociedades mutualistas a finales de la década de 1860 no se volvió a manifestar. Esta problemática se repitió en el año de 1880 cuando se creó la Gran Confederación de los Trabajadores Mexicanos, que en el inicio se configuró desde un horizonte más cercano al anarquismo, pues se instituyó bajo posiciones como la no participación en la política estatal. Esta organización también fue iniciativa de La Social, a través de su trabajo desde el Gran Circulo de Zacatecas, y la Primera Sucursal, de la Ciudad de México, quiso ser el lugar de articulación de las más de sesenta secciones de trabajadores que entre 1878 y 1880 logró crear La Social; un espacio de organización en consonancia con el horizonte ético-político de la Asociación Internacional de los Trabajadores y en concreto con la Federación del Jura, la CEDA - Francisco Zalacosta

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sección anarquista de la Primera Internacional, pues buscaron que las luchas y las iniciativas de las asociaciones de trabajadores del país se potenciaran con el socialismo revolucionario. Con todo, de entre las iniciativas que surgieron desde las sociedades mutualistas, la de propaganda fue de las que más resonancia tuvo, pues los periódicos permitieron un despliegue descentralizado de las asociaciones durante toda la década de 1870 y los primeros años de la década de 1880. A través de periódicos como El Socialista, El Hijo del Trabajo, La Huelga y La Internacional, entre otros, se hizo un amplia difusión del horizonte ético-político socialista libertario y de cuestionamiento a las políticas económicas liberales de Juárez, Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz. La prensa de agitación como la que se generó a través de La Internacional, órgano de difusión de La Social, tuvo un fuerte impacto, pues a partir de 1878, año en que sale el primer número de este periódico, es la etapa en la que más resonancia tuvo el socialismo libertario entre las asociaciones de trabajadores; fue el tiempo de mayor crecimiento de la secciones de La Social por todo el país. No obstante, a pesar del empuje y crecimiento que tuvo esta última etapa político-organizativa de La Social, el movimiento artesanal no pudo salir de la dinámica que lo caracterizó desde el Gran Círculo; se dio un repliegue de los procesos de huelga, y no se concretaron los proyectos cooperativistas. La misma prensa, que había tenido una función importante, se convirtió en promotora de candidatos a puestos de gobierno, con la excepción de La Internacional. En pocas palabras, la radicalidad que logró instituir el movimiento indígena que luchó con La Social desde la perspectiva socialista libertaria, así como por la recuperación, la defensa y la expropiación de la tierra que CEDA - Francisco Zalacosta

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les fue arrebatada primero por los españoles y después por los dominadores que se quedaron en lugar de ellos, en el movimiento artesanal fue obstruida por los procesos de cooptación, control y represión que los liberales llevaron a cabo. En el mundo artesanal urbano se quiso crear una gran organización de alcance nacional, por lo que se dejó de lado el carácter combativo de las cientos de sociedades mutualistas que habían resurgido bajo los posicionamientos socialistas libertarios, y pasaron a un segundo plano sus procesos de lucha locales de acción directa contra los patrones. Por otro lado, la insurrección de Chalco de 1868 y el manifiesto anarquista del indígena Julio Chavez López y Francisco Zalacosta significaron el horizonte político bajo el que se promovieron las posteriores insurrecciones y lucha agrarias en las que estuvo presente La Social. El manifiesto a todos los oprimidos y pobres de México y del Universo y la remembranza de toda la opresión pasada hacia los pueblos indígenas fueron los medios de agitación que Francisco Zalacosta y los militantes de La Social desplegaron pueblo por pueblo en todo el centro del país, logrando de este modo generar luchas locales que luego se iban extendiendo. Fue un proceso que tuvo resonancia en muchos pueblos indígenas, pues provocó la irrupción de múltiples insurrecciones y conflictos agrarios durante toda la década de 1870 y la primera mitad de la década de 1880 en estados como Puebla, Querétaro, Hidalgo, Tlaxcala, Morelos y el estado de México. Instantes de antagonismo y ruptura que caminaron por la revolución social y el socialismo revolucionario, desde la acción directa, lo comunitario y descentralizadamente. No se luchó por un ideal abstracto o desvinculado a la propia cotidianidad de los pueblos indígenas. El horizonte de lucha era el territorio, la defensa de su historia y cultura -que los liberales buscaron, sin

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éxito, desaparecer, para convertir a todos en ciudadanos- y la autogestión política y económica de sus comunidades. A diferencia del proceso político-organizativo del movimiento artesanal, que el gobierno logró desarticular mediante la cooptación, la intervención y el control de las asociaciones mutualistas, el movimiento libertario de los pueblos indígenas fue tan radical que sólo pudo contenerlo el Estado, representado primero por el gobierno de Juárez, luego por el de Lerdo de Tejada y finalmente por el de Díaz, mediante la violencia; no hubo modo de cooptar a los pueblos ni a los militantes libertarios como Zalacosta quien fue fusilado en 1882, pues sus demandas no se solucionaban con donaciones, financiamientos o candidaturas; el horizonte político de los pueblos era apropiarse de la tierra que los hacendados les habían quitado mediante la violencia, y era la autonomía que sólo se lograba mediante la destrucción del Estado.

La Social y la insurrección libertaria de Chalco en el tiempo actual. Para lograr dimensionar este instante de ruptura que generaron los militantes anarquistas de La Social, los pueblos indígenas insurrectos y los artesanos en lucha. Para sacar sus experiencias y horizonte ético-político del olvido hizo falta extraerlos del continuo de la historia, pues éste sólo es capaz de mostrar y legitimar a los dominadores. El intento por recordar este momento de lucha que buscó la abolición del Estado y el capitalismo tiene la intención de crear una constelación entre el tiempo actual y ese pasado, una constelación que se configura en el encuentro de ese momento de insubordinación con los movimientos, colectivos y personas que se insubordinan hoy. Recordar es volver a darle vitalidad a su horizonte ético, político y organizativo; es saber que el pasado de resistencia y rebeldía nos ha dado una débil fuerza emancipatoria que nos llama a CEDA - Francisco Zalacosta

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vengar a los oprimidos de ayer en la lucha que se da hoy. Se trata de romper en el tiempo del ahora con el continuo de los dominadores, pues eso también es luchar contra los dominadores del pasado como Benito Juárez, Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz. Darle vitalidad a estos momentos de ruptura, donde se crearon proyectos de vida desde la autonomía, es poner en cuestión toda la dominación pasada y presente, pues la memoria colectiva del tiempo del ahora se llena de instantes de acción directa antiestatal y anticapitalista. La convocatoria de la historia libertaria de La Social nos obliga a seguir poniendo en cuestión toda dominación y explotación actual, pues cada esfuerzo por nuestra emancipación crea una constelación con los esfuerzos emancipatorios de los insurrectos de Chalco de 1868, como Julio Chavez López y de los socialistas libertarios de La Social como Francisco Zalacosta y Soledad Sosa que trabajaron desde las asociaciones y la prensa obrera -como El Hijo del Trabajo y La Internacional- por la revolución social y el socialismo revolucionario. Las astillas del pasado que se incrustan en la acción política del presente, aquello que adquiere actualidad del horizonte ético, político y organizativo de La Social y que se convierte en imágenes que relampaguean en el tiempo de ahora, puede potenciar, si somos capaces de reconocer esos instantes y experiencias, la política-organizativa de los movimientos del presente. Una primera imagen que se nos presenta en la actualidad, muestra la capacidad que tuvo La Social para pasar de una organización conformada por 4 militantes libertarios a desplegar procesos de lucha en la ciudad y el campo que desembocaron en las primeras huelgas y experiencias organizativas de los obreros, en la defensa de los artesanos de su derecho a seguir existiendo desde la organización y CEDA - Francisco Zalacosta

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resignificación de sus sociedades mutualistas y en los instantes insurreccionales y de insubordinación que los pueblos indígenas generaron por la defensa y recuperación de sus territorios, así como para demostrar su capacidad de autogobernarse y autogestionar su vida. Otra imagen que configura la experiencia político-organizativa de La Social es la necesidad de congruencia entre medios y fines, pues un horizonte político por el que trabajaron, basado en el socialismo libertario y la autonomía, no podía hacerse más que al margen de la política institucional. Por eso siempre se negaron a aceptar las “donaciones” de los gobernantes, nunca aceptaron ofrecimientos de candidaturas, no veían como solución a sus demandas el apoyar a un personaje para que llegara a ocupar cargos dentro del Estado, nunca se pretendieron vanguardia de nadie, ni se veían como dirigentes de los pueblos indígenas, artesanos y obreros, sino como sus compañeros en el camino por la revolución social. En pocas palabras, el rumbo de su práctica política se instituyó desde la frase de la Asociación Internacional de los Trabajadores: “La emancipación de los trabajadores ha de ser obra de los trabajadores mismos”. En el mismo sentido, otra imagen más que nos aporta es sobre su disposición y capacidad de resignificar su horizonte éticopolítico cada vez que lo consideraron necesario, pues cuando fueron conscientes que los experimentos sociales que proponía Charles Fourier no eran posibles en un contexto de conflicto social generado por el despojo, la explotación, la represión y la opresión capitalista, su hacer pensante se configuró desde el socialismo revolucionario, ya que en ese contexto la acción directa y la revolución social anticapitalista y antiestatal estuvo en consonancia con la demanda histórica por la tierra y las formas comunitarias de los pueblos indígenas, así como con el peligro de muerte al que se enfrentaron los artesanos.

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Asimismo, una imagen más que relampaguea en las formas de hacer política actuales es la que muestra que cuando el horizonte anarquista emerge en afinidad con los pueblos indígenas, cuando hay un reconocimiento de sus formas de organización comunitarias, se potencia gracias a esa relación de reciprocidad, porque tanto en el movimiento libertario como en los pueblos indígenas su práctica política se configura desde la acción directa. Por ello la insurrección, el sabotaje, la expropiación y el autogobierno fueron las iniciativas que entre 1868 y 1882 desplegaron La Social y los pueblos indígenas del centro del país.

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Plan de Tantoyuca. Villa de Tantoyuca, Huasteca Veracruzana, 9 de agosto de 1856

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n la Villa de Tantoyuca a los nueve días del mes de Agosto de mil ochocientos cincuenta y seis, reunidos en la garita del intejérrimo Patricio Ciudadano Rafael Díaz las clases oprimidas de obreros, indígenas y proletarios para mejorar su condición han proclamado este plan. Considerando que no habiendo podido tener otra base la propiedad en su principio y la usurpación, la tierra es de todos los hombres, por consiguiente, todos deben gozar de ella como de la luz del sol, como del aire que respiran, porque es ridículo que unos no tengan más que el palmo de tierra y otros miles de acres: Que existiendo además en el cuerpo social ciertas especies de vampiros sedientos de la sangre de los pueblos y cuya feroz CEDA - Francisco Zalacosta

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avidez jamás queda satisfecha: hablamos de los capitalistas, es intolerable que unos hombres estén nadando en oro, cuando otros no tienen un ochavo en el bolsillo: Que siendo opuesto a las leyes de la naturaleza esa propiedad que se estiende hasta sobre las mujeres, porque, las hembras de los animales no pertenecen a ningún macho: que cuando la vista de una mujer ecsita nuestros deseos es absurdo que venga un marido a prevalecerse de sus derechos y prohivirnos que nos acerquemos a la que amamos: Para rejenerar la sociedad y hacer de ella un modelo, proclamamos y juramos sostener los siguientes artículos: Artículo 1º. Declaramos guerra a muerte a la propiedad para que quede por consiguiente la tierra de todos los hombres para que gocen de ella a su gusto. Artículo 2º. También la declaramos a los capitalistas para que sus tesoros sean repartidos hermanablemente o que se entreguen al Depósito común. Artículo 3º. Todas las mugeres son comunes, y sus hijos serán atendidos por la comunidad o el estado hasta la edad en que puedan sostenerse por sí solos. Artículo 4º. Habrá corporaciones en todos los pueblos nombradas popularmente y la diferentes necesidades de cada localidad determinaran el número de las secciones de éstas. Artículo 5º. Habrá secciones de sastres, de zapateros de médicos, etc. etc. para que cuando un vestido sea juzgado demasiado maduro o unos zapatos hayan hecho demasiado servicio etc., sea repuesto nuevo en su totalidad sin pago de ninguna clase pues todas las necesidades estarán satisfechas, por consiguiente el dinero será inmueble inútil, se pondrá en CEDA - Francisco Zalacosta

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Plan de Tantoyuca

caja o solo se empleará en el comercio exterior. Artículo 6º. Todos participarán igualmente de los placeres como de los trabajos. Artículo 7º. Ningún ciudadano estará dispensado del servicio militar, a menos que sea cojo, manco, giboso, o tenga otros defectos análogos de constitución, las mismas mugeres tendrán la libertad para alistarse en este servicio. Artículo 8º. Se pasarán copias de este plan a todos los pueblos para que generalizándose sea secundado en todo el mundo. TANTOYUCA Rafael Díaz, Lázaro Mendoza y Saucedo, Pedro Martín del Ángel. Siguen 270 nombres y 71 firmas. Veracruz, Agosto 26 de 1856. Meade, Joaquín. La Huasteca Veracruzana, México, Editorial Citlaltepetl, Tomo II, 1963, pp 405.

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Manifiesto a todos los oprimidos

Manifiesto a todos los oprimidos y pobres de México y del Universo. Cuidado mexicanos: Ha llegado la hora de conocer a los hombres con el corazón bien puesto; ha llegado el día en que los esclavos se levanten como un solo hombre reclamando sus derechos pisoteados por los poderosos. Hermanos: ha llegado el momento de despejar el campo, de pedir cuentas a los que siempre nos las han exigido; es el día de imponer deberes a quienes sólo han querido tener derechos. Vamos a una contienda de sangre. Pero qué importa, si esta sangre generosa fertilizará nuestros campos, dará exuberancia a las plantas y dejará un rastro a la humanidad del futuro. Infinidad de años y de siglos hemos caminado penosamente agobiados por el cansancio, por la miseria, por la ignorancia y por la tiranía, y el día de la venganza sagrada es con nosotros. ¿Qué poseemos sobre la superficie del planeta, los que vivimos CEDA - Francisco Zalacosta

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Manifiesto a todos los oprimidos

clavados en el trabajo? ¿A quién deja beneficio el sudor de nuestras frentes, las lágrimas de nuestros ojos, el dolor de nuestras espaldas, el cansancio de nuestros brazos, la fatiga de nuestros pies y la angustia de nuestros corazones? ¿Quién ha pensado alguna vez en recoger lo que siembra, cuando todo se nos arrebata? Los que se han aprovechado de nuestra debilidad física, moral e intelectual, se llaman latifundistas o terratenientes o hacendados. Los que pacientemente nos hemos dejado arrebatar lo que nos corresponde, nos llamamos trabajadores o proletarios o peones. Los peones hemos entregado nuestras vidas e intereses a los hacendados, y éstos nos han sometido a los mayores abusos; han establecido un régimen de explotación por el que estamos condenados a no disfrutar de la vida. ¿En qué consiste el régimen de explotación establecido? Es un sistema que exclusivamente se dirige a mancillar la existencia de un peón. Nuestros padres fueron comprados por la hacienda, al precio de un real diario de jornal, y como no era posible poder subsistir con un real, porque en los mercados establecidos en las haciendas se compraban los artículos a los precios más exagerados, aun aquellos artículos que nosotros producimos con nuestra mano, mes por mes y año por año, se iba haciendo una deuda, a cargo de nuestros padres. ¿Quién podría solventar aquella deuda, cuando el jornal no pasaba de ser el misérrimo real? ¿Quién había de prestar a nuestros padres para cubrir sus adeudos? ¿Quién les había de abrir crédito, cuando el crédito siempre está en manos de los detentadores de la producción? Cuando nosotros venimos a este mundo nos encontramos con que las deudas de nuestros padres pasaban a nuestro cargo, y que, por lo visto, habíamos nacido esclavos y con la obligación de seguir trabajando en el mismo lugar, bajo el mismo sistema, a título de cubrir la famosa deuda. Pero nuestro jornal tampoco aumentaba; nuestro crédito tampoco se abría y teníamos que conformarnos con la misma situación. Y quién ha cooperado a mantenernos en el silencio, en la CEDA - Francisco Zalacosta

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Manifiesto a todos los oprimidos

humillación, en la ignorancia y en la esclavitud: la Iglesia, y solamente la Iglesia, que por medio de sus hipócritas misiones, ha tejido la mentira de la salvación espiritual en un lugar que no es la tierra. Nuestras madres, nuestras hermanas, nuestras esposas y nuestras hijas, rezan con fervor pidiendo a todos los santos que nos salven de esta situación horrenda. Más todo ha sido en vano, porque según ellos, los frailes, hemos venido a padecer a este valle de lágrimas, y tenemos que esperar para que en el cielo nos premien la resignación. Lo más curioso del caso es que los que nos piden resignación son los que menos se resignan a una existencia penosa, ya que han adquirido propiedades inmensas, las han explotado a sus anchas y con grandes beneficios, y también con toda paciencia nos han explotado, han comido opíparamente el sudor de nuestra frente. Los curas nos han engañado profanando la doctrina del gran Cristo, a quien hay que reivindicar, ya que sus promesas de caridad, de paz y de concordia siempre han sonado en nuestros corazones con inmensa alegría. Por desgracia, no ha llegado el momento de hacerlas efectivas, porque sus llamados representantes desempeñan el papel de Judas, que el Cristo bondadoso siempre condenó, por ser el mal frente a la razón que predicaba. Que reine la religión, pero nunca la Iglesia y menos los curas. Por eso las leyes de Reforma a las que nosotros apoyamos desde hoy y para siempre, son tan grandes y tan bellas; lástima que no se practiquen en todo su rigor, debido a que los mismos gobiernos que las proclaman hacen, al fin, causa común con los enemigos del pueblo, víctima de traiciones. En el Estado libre y soberano de Puebla se ha visto que los curas han acarreado con todo para los altares, y después para sus casas. Han llevado grano por grano de nuestras cosechas, diciéndonos que cada grano era una indulgencia que se concedería a nuestros pecados en la otra vida, y así, de acuerdo con los hacendados, nos han dejado en la ruina más espantosa. CEDA - Francisco Zalacosta

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Manifiesto a todos los oprimidos

Si los curas son malos, también lo son todos los hombres que mandan. ¿Qué diremos de eso que hemos dado en llamar Gobierno, y es tiranía? ¿Dónde está el Gobierno bueno? Juárez, a pesar de llamarse republicano y enemigo de la Iglesia, es mocho y un déspota: es que todos los gobiernos son malos. Por eso, ahora nos pronunciamos contra todas las formas de gobierno: queremos la paz y el orden. Hemos pedido tierras y Juárez nos ha traicionado. ¿Por qué no tener el pedacito de tierra que labramos? ¿Con qué derecho se han apropiado algunos individuos, unos cuantos, de la tierra que debería ser de todos? ¿Quién ha sido ese atrevido que con lujo de fuerza se hizo señalar sus propiedades, cuando la tierra no tenía más dueño que la naturaleza? Los hacendados han sido los hombres fuertes que, validos del ejército que ellos mismos sostienen para asegurar propiedades, han señalado sus posesiones en los lugares que han deseado, sin que el pueblo proteste. Habíamos creído que el triunfo de la República sería el verdadero triunfo del pueblo, ya que todos los hacendados se habían refugiado en los faldones del imperio; pero con suma tristeza hemos visto que estos mismo hacendados han tenido refugio en los faldones de la República, lastimándose así los intereses que deberían ser inviolables: los de los pobres. Esto indica que es menester emprender una lucha más racional, que venga a asegurar lo que nosotros queremos. ¿Qué queremos? Hermanos nuestros: Queremos el socialismo, que es la forma más perfecta de convivencia social; que es la filosofía de la verdad y de la justicia, que se encierra en esta tríada inconmovible: libertad, igualdad y fraternidad.

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Manifiesto a todos los oprimidos

Queremos destruir radicalmente el vicioso estado actual de explotación que condena a unos a ser pobres y a otros a disfrutar de las riquezas y del bienestar; que hace a unos, miserables, a pesar de que trabajan con todas sus energías, y a otros, les proporciona la felicidad en plena holganza. Queremos la tierra para sembrar en ella pacíficamente y recoger la cosecha tranquilamente, quitando desde luego el sistema de explotación; dejando en libertad a todos para que siembren en el lugar que más les acomode, sin tener que pagar tributo alguno, contando con libertad para reunirse en la forma que más les acomode, sin tener que pagar tributo alguno, contando con libertad para reunirse en la forma que más crean conveniente, formando grandes o pequeñas sociedades agrícolas que se vigilen en defensa común, sin necesidad de un grupo de hombres que les ordene y castigue. Queremos abolir todo lo que sea señal de tiranía entre los mismos hombres, viviendo en sociedades de fraternidad y mutualismo y estableciendo la República Universal de la Armonía. Pueblo Mexicano: Este es nuestro plan sencillo, que haremos triunfar en alguna forma y en pos del verdadero triunfo de la libertad. Seremos perseguidos: tal vez acribillados ¡No importa!, cuando en nuestro pecho laten esperanzas. Qué más tenemos en nuestra vida, si no morir antes que seguir perpetuando el agobio de la miseria y de los padecimientos. Se nos desprecia como liberales, se nos mancilla como socialistas y se nos condena como hombres. Es indispensable salvar el momento, y levantar nuestros esfuerzos en torno de esa sacrosanta bandera de la revolución socialista, que dice desde lo más alto de la República: ¡Abolición del gobierno y de la explotación! Alcemos nuestra cara buscando con serenidad nuestra salvación, que radica en nosotros mismos. Queremos tierras, queremos trabajo, queremos libertad. CEDA - Francisco Zalacosta

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Manifiesto a todos los oprimidos

Necesitamos salvarnos de todos los padecimientos, necesitamos salvar el orden, en fin, lo que necesitamos es el establecimiento de un pacto social entre los hombres a base de respeto mutuo. ยกViva el socialismo! ยกViva la libertad! ". 20 de abril de 1868 http://www.angelfire.com/zine/lahuelga/manifiesto.html

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Bibliografía del movimiento anarquista en México

Bibliografía complementaria sobre el movimiento anarquista en México durante el siglo XIX GONZÁLEZ,

José María. Del Artesanado al Socialismo, México, SepSetentas, 1972, 180 pp. HART, John. Los anarquistas mexicanos, 1860-1900. México, SepSetentas, 1974, 182 pp. ---- El anarquismo y la clase obrera mexicana 1860-1931. México, Siglo XXI editores, 1980, 244 pp. ILLADES, Carlos (editor). Pensamiento socialista del siglo XIX. México, Universidad Nacional Autónoma de México, 2001, 236 pp. ---- y Ariel Rodríguez. Ciencia, filosofía y sociedad en cinco intelectuales del México liberal, México, UAM-Miguel Angel Porrua, 2001, 246 pp. ----. Rhodakanaty y la formación del pensamientos socialista en México, España, Anthropos Editorial – UAM, 2002, 158 pp. ----. Las Otras Ideas El primer socialismo en México 18501935, México, Ediciones Era – UAM-Cuajimalapa, 2008, 327 pp. LIDA, Clara y Carlos Illanes. “El anarquismo europeo y sus CEDA - Francisco Zalacosta

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Bibliografía del movimiento anarquista en México

primeras influencias en México después de la Comuna de Paris: 1871-1881”, en Historia Mexicana, México, Vol. LI, núm. 1, Julio-Septiembre de 2001, pp. 105149 pp. NETTLAU, Max. Actividad anarquista en México. México, INAH, 2008, 78 pp. REINA, Leticia. Las rebeliones campesinas en México (18191906). México, siglo XXI editores, 1998, 471 pp. RHODAKANATY, Plotino. Escritos, México, CEHSMO, 1976, 88 pp. VALADES, José. El socialismo libertario mexicano (siglo XIX). México, Universidad Autónoma de Sinaloa, 1984, 174 pp.

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folleto La Social  

folleto La Social

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