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¿QUÉ CUENTA, ABUELA? RELATOS BREVES ANA MARÍA BOSCH ANGLADA


¿QUÉ CUENTA, ABUELA? RELATOS BREVES ANA MARÍA BOSCH ANGLADA


Ana María Bosch Anglada ¿Qué Cuenta Abuela?- 1era Ed. - Buenos Aires 40 p, 14 x 21 cm ISBN 27-31423408-7 1. Arte. Título C00 708 Fecha de Catalogación: XX / 05 / 2014


Indice

ESPAÑA EN EL CORAZÓN Alambrada La hija de Mercedita Liberto Las Parcas en Galicia

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LOCO! LOCO! LOCO! Nunca pienso nada inteligente Príncipe Puertas con olvidos para poder recordar De la fuga y el vuelo del Nano Ratas Con el dentista, siempre la boca abierta

21 24 30 43 52 56

INTIMOS El Zambo Griselda San José Obrero no era comunista Mariposa Caleidoscopio Doña Tina

60 62 67 69 70 72


01. InĂŠs Laborde


España en el corazón “¡Venid a ver la sangre por las calles, Venid a ver la sangre por las calles!”

(“España en el Corazón”, Pablo Neruda, S. de Chile 1937)

Milicianos huyen cruzando Los Pirineos. Foto tomada de Internet. España 1939 (El primero de la izquierda puede ser mi padre ¿Por qué no? Tal vez sea el último de la fila, o uno de los que van en el medio, uno de ellos es, bueno, era).


Alambrada

Febrero 2007

Nunca es simple esperar que pase el llanto de un interlocutor, tampoco es sencillo aguantarse las ganas de consolarlo. Sin olvidar que trmpoco es muy adecuado llorar junto a una paciente en medio de una sesión de psicoterapia. Creo que ese martes pasé la prueba de abstinencia con bastante esfuerzo. Luego de que ella (“la pequeña Mariana”, como la llamaba su abuelo) lloró largamente. Cuando logró recuperarse sus explicaciones fueron confusas. Las razones del llanto no eran claras. Había una angustia profunda de muy difícil puesta en palabras que fue intentando esenredar mientras me decía que había ido a una exposición de fotos y entrevistas en el Cen Rta. La muestra viajaría luego a Chile para ser presentada en la sala de exposiciones que hay bajo el edificio del palacio de La Moneda. La muestra era de intelectuales del exilio catalán, mi paciente pensaba encontrar alguna foto que inspirara una idea que traía en carpeta desde hacía meses. Había escrito unos apuntes para hacer una dura crítica a la puesta en escena de lo que ella llamaba “la historia contada con saña.” Esta frase era motivo de mucho más llanto y desconsuelo. Había escrito en su cuaderno frases que me leía en los minutos que lograba recuperar la calma, versaban sobre la falta de los milicianos, la negación de los campesinos, algo sobre “esta cáfila de intelectualoides, comerciantes y oportunistas”, en este punto volvía al llanto. Se recuperaba y decía que pensaba en la posibilidad de usar las fotos en otra muestra donde haría entrevistas a los que allí no 11


estaban, a los que ella conocía, y se fue perdiendo en murmullos dolorosos para terminar pidiéndome disculpas. Luego de un silencio donde se recompuso, me dijo, poniendo mucho énfasis, se puso de pie, dramatizó la escena caminando por el consultorio mirando la pared como si allí estuviera la exposición, movía los brazos y decía que tenía mucha bronca, que estaba en ese momento elaborando mentalmente el texto de una crítica demoledora, cuando, de manera intempestiva, sin verla y casi cayendo sobre ella, se tropezó con un gran trozo de alambrada. Me dijo, llena de angustia: “Estaba allí toda oxidada, vieja enrollada de cualquier manera, parecía una malla de gallinero, una cerca de establo, toda llena de alambre de púas, color marrón. ¡La trajeron de Argelès1!, de Francia, la fueron a buscar a la playa y la pusieron allí, con todo el oxido de casi 70 años encima. ¡La pude tocar!”. Volvió a llorar, esta vez sin recuperarse. El reloj marcó la hora. Yo guardé silencio. Ella se levantó y prometió volver la próxima semana “un poquito menos confusa” y se quedó mirando fijo al suelo y siguió diciendo cosas sobre: las ropas enganchadas -que no había- el pasto que crecía entre los alambres -que tampoco había- la lluvia, la escarcha, el viento, la arena, la sal del mar -no había nada de eso-. Y se fue enojada porque creía que yo no la entendía y se le caían las lágrimas. No sé si de tristeza o de rabia, da igual, la acompañé hasta la puerta como todos los martes, se fue corriendo en medio de todo el mundo anónimo de la 1El Campo de concentración de Argelès-sur-Mer fue un campo de internamiento construido por el gobierno de Francia en una playa de la localidad de Argelès-sur-Mer, en la costa mediterránea del país, para albergar a parte de los 550.000 refugiados que traspasaron la la frontera, huyendo de España tras el fin de la Guerra Civil Española, en 1939. Lugar donde se lee una placa que pone:


calle. Me quedé con el sentimiento de haberla dejado muy sola con su sufrimiento. Podría haberle dicho algo, no sabía qué, me parecía un vacío de contención ¿Me sentiré culpable de algo? En razón de todo esto, me fui a ver la exposición ¿Qué otra cosa podía hacer para entender el ruido que le provocaba una alambrada? Fui temprano para no encontrarme con mucha gente, entré con calma y me di el trabajo de mirar, leer y oír todo lo que allí había. Salí de la exposición con la pesada carga de lo que significa tragarse en una hora toda la instalación del exilio español: desde los molinetes de la frontera con Francia, pasando por los campos de concentración, los pasaportes timbrados, los trabajos forzados, la resistencia, el maquís, las fotos del exilio, las revistas, las familias del exilio, las fotos de los exitosos, de los que publicaron sus obras, de los que escribieron sus libros y algunas de los que volvieron. Otras de los que no volvieron y la pasaron bien. Ninguna de los que trajeron consigo la derrota y no la olvidaron. ¡Ese era el punto de Mariana! También vi la alambrada que había dejado llorando a mi paciente, más bien a la nieta del refugiado español, esa nieta que a la que le dolía una soledad de campo de concentración interno, estando a setenta años de distancia y a miles de kilómetros de la playa. Creo entender, cual era el llanto de la nieta del combatiente, y la bronca que yo también siento ahora, porque soy testigo de eso y ella lo sabe y por eso exigía una brizna de comprensión que no supe darle. ¿Nuevamente siento la culpa? Entiendo ahora qué ese llanto, era el llanto ante la falta “A la memoria de los 100.000 republicanos españoles, internados en el campo de Argelès, tras la retirada de febrero de 1939. Su desgracia: haber luchado para defender la Democracia y la República contra el fascismo en España de 1936 a 1939. Hombre libre, acuérdate”.


de otros, de los que fueron representados por esa alambrada oxidada, corroída por el mar de la indiferencia, la sal de la distancia, el viento de los años. Mariana lloraba por los que se pusieron viejos mirando un punto de desilusión en el horizonte. Creo entender que la alambrada representaba mucho mejor el exilio de sus viejos, de los del barrio donde pasó toda su infancia, de los del club donde festejó todas las grandes ocasiones, de los que ella conocía bien y que hicieron un exilio trabajando hasta el último aliento, enfermando de falta de aire libre, enflaqueciendo de falta de comprensión militante, muriendo en geriátricos sin agua y sin cariño, encerrados en manicomios incomprensibles donde a fuerza de olvido y de demencia, fueron perdiendo su carácter de combatientes por la libertad. Como la alambrada, vieja y oxidada que ya no es ni la sombra de lo que fue.

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