Page 64

El camino por el que ha transitado la gente del caserío El Choloque ha sido exigente, escarpado y lleno de obstáculos como el que ahora recorremos subiendo y bajando colinas para llegar hasta las 16 colmenas orgánicas que bajo el cerro protector Pan de Azúcar, en la Quebrada del Venado, cuidan como un auténtico tesoro. Aprobada su iniciativa, el primer paso fue buscar asesoramiento técnico y profesional. Con dicha asistencia y ayuda dieron los primeros pasos, aún dubitativos e inciertos, y a través de un improvisado concurso de ideas llegaron a la conclusión de que debían producir miel orgánica y mermeladas de mamey y mango, únicas en la zona. Así fue como estos campesinos que solo cosechaban miel convencional destinada al autoconsumo, se convirtieron en apicultores orgánicos profesionales. Simultáneamente sus mujeres abandonaron el único papel que hasta entonces conocían de esposas y madres, y comenzaron a contribuir de manera activa a la economía familiar mediante la producción y venta de mermeladas, jaleas y conservas en almíbar. La salud del bosque comenzaba su paciente recuperación.

» La producción de láminas de cera se tiene que realizar derritiendo al baño maría cera extraída de las mismas colmenas.

El árbol familiar Los árboles son sinónimo de vida, y en el caserío de Piedra Mora, en Lambayeque, también lo son de historia. Los algarrobos son como las familias: tienen raíces profundas, un sólido tronco con ramas principales de las que parten otras secundarias que juntas conforman una copa grande y tupida. Hace casi 30 años tres hermanos Mayanga heredaron un terreno familiar en lo profundo del

124 | PROGRAMA DE PEQueñas Donaciones ► LAMBAYEQUE

» La profesionalización de las actividades productivas es una pieza clave para lograr ingresar a un mercado todavía reticente. La implementación de una cocina económica ha supuesto para la familia Mayanga un gran paso en este sentido.

bosque de Olmos, un lugar frío y remoto a varias horas de caminata desde Pasaje Norte, la comunidad habitada más cercana. Néstor Mayanga, un hombre decidido y religioso, reunió a su esposa Isabel y a sus cuatro hijos y comenzaron su particular odisea por el páramo. En ese momento casi nadie imaginaba lo que significaría ese bosque en sus vidas. Cuando se asentaron en el verano de 1982 toda la propiedad estaba talada.

—El bosque que recordaba de niño había desaparecido. Para colmo un incendio terminó de destruir lo poco que aún quedaba en pie —narra con emoción este abuelo mientras dibuja en la tierra con su dedo índice y con trazo firme un plano del entorno donde nos indica cómo comenzó su aventura—. Sin embargo, fue al año siguiente que Dios se apiadó de nosotros y mandó unas intensas lluvias que provocaron que el bosque volviera a resucitar.

Las semillas esparcidas a través de los excrementos de los rebaños de ovejas que hacían pastar sus hijos, al contacto con la humedad, comenzaron el milagro de la germinación. “Creced y reproducíos” es el pasaje de la Biblia —único libro que siempre lee— que se le viene a la memoria en esta parte de su relato. La época de bonanza coincidió con el nacimiento de más hijos; años más tarde llegaron los primeros nietos. La familia de Néstor ha

LAMBAYEQUE ◄ PROGRAMA DE PEQueñas Donaciones | 125

El Reino de los Ecologistas Eternos  

Historias de Vida del SGP Perù. Donde proteger el medio ambiente es màs que un pacto de amor

El Reino de los Ecologistas Eternos  

Historias de Vida del SGP Perù. Donde proteger el medio ambiente es màs que un pacto de amor

Advertisement