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LIBERALIZACIÓN DEL MERCADO, ¿BENEFICIO O PERJUICIO?

Introducción.-

Entendemos como liberalización del mercado el proceso –en términos económicos– por el cual se pasa de una economía sujeta al control del Estado a una economía de mercado, en la que el carácter público de las empresas que actúan en el determinado sector objeto de la liberalización se convierten de públicas a privadas, lo que supone una reducción del intervencionismo del Estado –directo o indirecto– en la economía del país. Entre los requisitos que conlleva este proceso se exige la desregulación de los precios, que supone una eliminación de la regulación específica por parte del gobierno de algunos negocios para así favorecer la eficiente operatividad del mercado, y que en teoría supondría un aumento en el nivel de competitividad, mayor productividad, mayor eficiencia y menor precio, todo ello en beneficio de los consumidores y usuarios finales. También, el mercado libre garantizaría la entrada al sector de nuevos operadores (nuevas empresas), que generarían un aumento de puestos de trabajo y una mayor competencia entre las empresas que operan en el mismo y así prevenir el oligopolio como una deficiente actuación del mercado.

Teoría VS Realidad.-

En una sociedad de consumo como la que tenemos en nuestros días, vemos como las liberalizaciones de sectores de mercado se están prodigando, dejando atrás el carácter público de muchas de las necesidades “básicas” (¿?) –entendiendo necesidades básicas desde el punto de referencia de la mal llamada sociedad de bienestar generada por el mal llamado Primer Mundo– y llevándolas hasta un carácter privado, en las que existen determinadas empresas privadas que nos bombardean con ofertas y un marketing agresivo para su particular captación de clientes (publicidad en medios de comunicación, publicidad subliminal en programas de televisión, publicidad en paneles en carreteras, mediante correos electrónicos, en paginas web, en –y esto es el colmo– llamadas telefónicas, etc, etc, etc). Pero esto es una cuestión baladí en comparación a los perjuicios que los consumidores y usuarios tenemos en relación a mercados liberalizados (por mucho que nos moleste las llamadasofertas telefónicas a las ocho de la mañana).


Dichos perjuicios consisten en la deficiente actuación del mercado libre, ya que (aunque en la teoría no debería de pasar) existen en cada sector liberalizado un número determinado de empresas fuertes que manejan a su antojo el mismo, eliminando la competitividad y actuando como un oligopolio (forma deficiente de actuación del mercado en la que el mercado lo domina un pequeño número de vendedores o prestadores de servicios), pues presuntamente (difícil de demostrar) se fijan precios mínimos entre ellas ante la atenta mirada de las Autoridades (creo recordar la existencia de la política antitrust). Pero no es sólo ese el perjuicio que existe en las liberalizaciones de sectores del mercado; también vemos como unas de las teóricas garantías de las liberalizaciones de sectores es la entrada de nuevos operadores en el mismo, cosa que redundaría en la libre competencia entre los distintos operadores. Pero en la realidad vemos como existen muchos impedimentos a la hora de poder competir con empresas fuertes (en relación a la capacidad publicitaria y marketing de esas empresas, entre otras cosas) y las políticas de absorción de empresas pequeñas que “molestan”. Esto conlleva el problema añadido de la NO generación de puestos de trabajo (otra de las teóricas consecuencias de la liberalización). También, en relación con lo anterior, vemos que la generación de empleo por parte de las empresas privadas no es real (al menos no en los términos deseados), ya que las políticas de las empresas fuertes es el beneficio (legítimo), cuestión que tiene como consecuencia un menor salario de los empleados, una menor garantía de contratación (en términos temporales) y una mayor facilidad para el despido. Todo ello comparativamente con lo que sería deseable en función del carácter de la empresa –pública–, que presuntamente la política debería ser el interés común y general (sin que por ello quiera decir la perfección de éstas –todos sabemos del problema de la motivación–). Mención aparte tiene la liberalización de sectores como el eléctrico, por su carácter básico, en los que existe un cierto intervencionismo del Estado, con la fijación de una tarifa (la TUR). En base a esa tarifa de intervención, los distintos operadores supuestamente competirán para su captación de clientes, es decir, debemos entender esa intervención como una tarifa de máximos, y a partir de ella las ofertas beneficiarán al consumidor. Otra vez vemos como teóricamente los beneficiarios de la liberalización somos los consumidores, pero que en realidad o no existen las ofertas de los distintos operadores o son insignificantes o –con carácter kafkiano– las ofertas son para la contratación de otros servicios (seguros, regalos de cafeteras, etc.), o las verdaderas ofertas son para servicios a personas jurídicas con actividad económica que tengan grandes consumos. Además, cómo actualmente vimos, existen publicidades engañosas (véase la publicidad de Endesa en la que asegura que no subirá el precio de la luz en tres años, cosa improbable, ya que las subidas las regula el Estado directamente). Y ya por último, en referencia a éstas empresas, observamos como los servicios comerciales son subcontratados, lo que supone una traba más para la adecuada atención al consumidor.


Conclusión.-

En función de todo lo antedicho, teóricamente las liberalizaciones de sectores en el mercado tendrían como consecuencia un beneficio directo de los consumidores, pero en realidad vemos como tal beneficio no existe, además de que éstas suponen una deficiente actuación del mercado y (sin entrar a fondo) problemas en relación a la defectuosa prestación de servicios que conllevan multitud de reclamaciones, además de una deficiente forma de contratación de servicios (contratos no formalizados por la insuficiencia de entidades físicas donde realizarlos, todo ello generado por la política empresarial antes mencionada del beneficio) y un lamentable sistema de atención al consumidor (también generado por la inexistencia de lugares físicos donde reclamar – también generado por la política empresarial del beneficio–). Todo ello con la pasividad pasmosa de las Autoridades. Es por ello que, bajo criterio del que suscribe, las liberalizaciones de sectores del mercado lo único que suponen para el consumidor es un perjuicio, pues en la realidad no se aplica las buenas formas teóricas del concepto de liberalización del mercado (¿Utopía?).

Linares, 15 de Junio de 2011. Pedro Muñoz Casquel.


Liberalizacion del mercado. ¿Beneficio o perjuicio?