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HAIKU

JORGE ANDÚJAR ESCOBAR


2 HAIKU

El nombre de “Haiku” se refiere a una forma de poesía tradicional japonesa muy breve y que consta de tres versos de cinco, siete y cinco sílabas respectivamente. Cuando la escritura china llegó a Japón, aproximadamente en el siglo VIII, en pleno esplendor de la dinastía Tang, ya tenía más de 20 siglos de historia. En ese momento Japón salió de la prehistoria y comenzó la producción de su rica literatura. La poesía china clásica tuvo una gran influencia en la literatura japonesa y el estilo de los poetas chinos fue muy imitado. Tradicionalmente el “Haiku”, así como otras composiciones poéticas, buscaba describir los fenómenos naturales, el cambio de las estaciones, o la vida cotidiana de la gente. Muy influido por la filosofía y la estética del zen, su estilo se caracteriza por la naturalidad, la sencillez, la sutileza, la austeridad, la aparente asimetría que sugiere la libertad y con ésta la eternidad. El gran maestro y creador de “Haikus” es, sin lugar a dudas, Matsuo Bashoo (1644-1694). Después de Bashoo, viene una larga nómina de autores de “Haikus”: Onitsura (1660-1738), una mujer, Chiyo (1701-1775), Taniguchi Buson (1716-1783), Issa Kobayashi (1762-1826), y otros. Desde inicios del siglo XX, el “Haiku” empezó a extender cierta influencia en poetas de Occidente: el francés Paul Louis Couchoud; el inglés B. H. Chamberlain, los españoles Juan José Domenchina, Llorenc Vidal, Eulogio del Corral y especialmente en América Latina, como se pude ver en las obras de poetas mexicanos como José Juan Tablada, Efrén Rebolledo, Rafael Lozano, Octavio Paz, José Rubén Romero, Francisco Monterde y José María González de Mendoza. En Argentina cultivaron ocasionalmente el “Haiku”, entre otros, Jorge Luis Borges y Álvaro Yunque. También, como ya he dicho al principio el uruguayo Mario Benedetti, así como poetas de Perú, Chile, Colombia, Venezuela, Cuba y otros. Finalmente para acabar esta breve introducción, quisiera decir que el “Haiku”, me parece una forma lírica bastante difícil, tanto por su estructura fija como por su brevedad obligada, ya que con tan sólo 17 sílabas y con una distribución invariable (5-7-5), es en sí mismo un poema mínimo y completo. Es en realidad como un chispazo o una visión instantánea de lo cotidiano. Bashoo lo definió de la siguiente forma: "Haiku es simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento". A continuación, y como ejemplo, aquí va una relación con algunos de los “Haikus” más apreciados tanto de autores orientales y occidentales. Matsuo Basho: La rama seca Un cuervo Otoño-anochecer. Narciso y biombo: uno al otro ilumina, blanco en lo blanco.


3 Maravilloso: ver entre las rendijas la Vía Láctea. Arakida Moritake: Noche de estío: el sol alto despierto, cierro los párpados. Yamazaki Sokán: Luna de estío: si le pones un mango, ¡un abanico!6 Nishiyama Soin: Lluvia de mayo: es hoja de papel el mundo entero. Enamoto Kikaku: ¡Ah, el mendigo! El verano lo viste de tierra y cielo. Hattori Ransetsu: Contra la noche la luna azules pinos pinta de luna. El Año Nuevo: clarea y los gorriones cuentan sus cuentos. Kobayashi Issa: Para el mosquito también la noche es larga, larga y sola. Mi pueblo: todo lo que me sale al paso se vuelve zarza.


4 Jorge Luis Borges: Algo me han dicho la tarde y la montaña. Ya lo he perdido. La vasta noche no es ahora otra cosa que una fragancia. Callan las cuerdas. La música sabía lo que yo siento. Hoy no me alegran los almendros del huerto. Son tu recuerdo. Bajo el alero el espejo no copia más que la luna. La luna nueva ella también la mira desde otro puerto. Álvaro Yunque: Te has suicidado con el puñal de un sueño no realizado. Carlos Spinedi: Noche lunar un ajedrez de sombras en la terraza Seca una rama quiébrase entre mis manos Llega el invierno Eduardo Gonzales Lanuza: No hay silencio mayor: dormido en el azogue un gato blanco.


5 Ertore José Palmero: Pequeño arco-iris cerca de la cascada. ¿Cuándo bajó? ¡Mis noches blancas! ¡Veinte años! Y el sendero entre los pinos. ¡Esos gorriones alegres, entre cubos grises de hollín! María Santamarina: Agua de pozo: el niño baja el balde, sube una estrella. El viejo roble: surcos en la corteza camino al cielo. Flor de magnolia: y todo su perfume ¡un solo día! Antonio de Undurraga: La mariposa -como todoslleva los ojos untados de niebla. El grillo en su negro peinecillo canta. ¡No vayáis a creer en la muerte! Berta G. Montalvo: Los cocuyos se pierden en los palmares. Amanece otra vez. Jorge Teillier: Los charcos abren ojos aterrados al oir a los patos.


6 Carlos Alberto Castrillon: Blanca mariposa polvorienta, amarilla sobre el estiércol. German Arias: Telaraña, aprisionas una pluma. La araña está muerta. Gloria Inés Rodríguez Londoño: Canto de cigarra; contra el rojo atardecer un viejo sauce gotea... Helcias Martan Góngora: El humo: epitafio del bosque moribundo. Humberto Senegal: Luz de luna llena En el estanque, inquietos los peces. Jaime Pérez Russi: Entre la luna y yo, mi bambú... movido por la brisa. Javier Tafur González: Las caras iluminadas por una luciérnaga. Hoy no sale la luna. Jorge Iván García: Polvareda en el camino. Se ha despertado el viento envejecido.


7 Krishna Vanessa Jaramillo Rodríguez: La fila de las hormigas, en la pared se pierde. Raúl Henao: En el jardín Blanco pavorreal La niebla. Roberto Medina y Agredo: Lluvia en otoño El fuerte viento Tristeza que viaja Victor Sánchez Montenegro: En esa gruta, la noche se ha dormido y no despierta. Walter Mondragón: Llueve en el bosque, Umbrío camino a casa. Croan las ranas Ana Rosa Núñez: Cangrejo: amigo. También yo quisiera desandar mis caminos. Desde la reja la lluvia es una jaula serena. Eduardo Benet y Castellón: El puente viejo cruje de verse inútil sobre el arroyo seco. Por el camino vi venir una sombra, y era yo mismo.


8 Eugenio Florit: Sola en la tarde la gaviota vuela con su cansancio. Sol de noviembre. Viejecitos y ardillas aún en el parque. Adriano del Valle: El clarín, sobre la plaza abre un quitasol de gritos: -¡El toro! Emilio Prados: La noche, con su café desveló al agua y al viento. Enrique Díez-Canedo: La curva criolla de una voz vuelve americana la calle Ernestina de Champourcin: ¡Qué pájaro más terco! ¡Siempre con la misma nota, como yo cuando pido! Todo el mundo olvidándote. Y tú, desde el cielo, amándonos a todos. Jorge Guillén: Fútiles cielos Sin alguna conciencia Que los abarque. Juan José Domenchina: Lluvia de estío: en los árboles verdes cuelga sus nidos;


9 Besos azules: noches de luna, claras; cielo sin nubes; Pájaro muerto, ¡qué agonía de plumas en el silencio! Juan Ramón Jiménez: Está el árbol en flor, y la noche le quita, cada día, la mitad de las flores. ¡Ay, el aire yerto, campana en el frío, ojos en la escarcha! No sé con qué decirlo, porque aún no esté hecha mi palabra. iQué lejos, azul, el cielo, de la tierra pobre! Pero los dos son el día bueno. Luis Cernuda: ¿Sabes lo que espera el pájaro quieto por la rama seca? Negro es el cuerpo del árbol Y gris el aire nocturno, Oro el astro. Dios por lo visto hace muestra Que ha oído alguna estampa Japonesa. María Pilar Alberdi: La inclinada fragancia de la rosa, sobre la hierba. Bajo la tierra crece un lirio que ser asombro.


10 Recuerdo una lengua, abriéndole paso al amor. En un banco se posan juntos: un gorrión y mi mirada. Llamamos cielo a aquel azul, después del primer beso. José Juan Tablada: Pavo real, largo fulgor: por el gallinero demócrata pasas como una procesión. Insomnio: en su pizarra negra suma cifras de fósforo. Por nada los gansos tocan alarma en sus trompetas de barro. Trozos de barro: por la senda en penumbra saltan los sapos. Peces voladores: al golpe del oro solar estalla en astillas el vidrio del mar. Hormigas sobre un grillo inerte. Recuerdo de Gulliver en Liliput. Elías Nandino: Una gota de rocío y dos pétalos de rosa ¡hacen una mariposa! ¡Nada es tan mío como lo es el mar cuando lo miro!


11 Francisco Hernández: Pino seco en medio de lo verde: llamarada Bajo la lluvia posa desnuda para mí la tarde Francisco Hurtado Mendoza Ladran los perros... La luna tiene miedo tras de los cerros. Tierra mojada y el canto de los grillos de madrugada. Francisco Monterde: Jardín municipal: bancas de hierro con ociosos que miran el kiosco central. De la torre mojada el vetusto reloj deja caer las horas como lágrimas. De las aguas la luna saca a flote la plata que se hundió con los piratas. Gabriela Rabago Palafox: Flor del naranjo, ¿qué dejará de tu ser la primavera? Copos de nieve endurecen la fuente. El pez observa. Jorge Mouriño: Prende el otoño en la desnuda rama, la mariposa.


12 Hondo en lo oscuro, el rescoldo de los astros chisporrotea. José Dolores Frías: En tus cabellos se apaga una luciérnaga: mi pensamiento. Maldito y único tu amor me salva, truenos de triunfo. José María González de Mendoza: La gota de agua cayendo, cayendo, se suena Niágara. En los alambres golondrina posada: la del paisaje. Mi vida es muda, ni novia ni amistades... ¡Ah, sí! La luna. Juan Cervera y Sanchíz: Llueve despacio sobre la casa vieja. Cruje el misterio. Teresa N. Marzialetti de Gaspari: Silencio de árbol seco, risa cristalina de niños entre las ramas secas... Mario Benedetti: Por si las moscas hay profetas que callan su profecía Los premios póstumos se otorgan con desgana y algo de lástima


13 Lo peor del eco es que dice las mismas barbaridades A nuestra muerte no conviene olvidarla ni recordarla No sé tu nombre sólo sé la mirada con que lo dices Pasan la nubes y el cielo queda limpio de toda culpa No sé mentir nunca he mentido salvo cuando he sabido Me siento viejo pero el zorzal es joven y me provoca No me seduce el burdel del poder / prefiero el otro Van las muchachas cada paso más lindas y yo más viejo Si el corazón se aburre de querer para qué sirve Cómo reirían los puntos cardinales si fueran cinco Tantos amigos entre un invierno y otro nos van dejando Le costó pero por fin halló el camino del camposanto


14 Dice el corrupto que no que no que sí y allí se queda Resucitar es tan difícil como morir con gana Del cine mudo lo bueno era el pianista beso y acordes Hace unos años me asustaba el otoño ya soy invierno

Creo que no se puede expresar de una más forma reducida, sensible y clara, un pensamiento, el rumor de la brisa en los árboles, el ruido de las gotas de agua de lluvia, el murmullo del mar, el canto de los pájaros, el amor o una simple pincelada de lo cotidiano.

Linares 5 de Junio 2010. Jorge Andujar Escobar


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