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2 Prologo Jacobo final_Antologia fantastica 19/09/13 09:56 Página 58

Hasta aquí las grandes líneas históricas de la literatura fantástica. Veamos ahora cuáles son sus temas. III El repaso a la temática desarrollada en los relatos fantásticos otorga una vista panorámica de sus figuras, metáforas y perspectivas literarias. La otredad es un vasto campo de posibilidades y dilemas, cuya suma constituye todo el tejido metafórico de ese sentimiento de extrañeza que llamamos fantástico. Sus variantes son enormes, tal vez inabarcables, pero no sus temas medulares. Veamos: –El fantasma, que regresa al mundo desde el más allá, es la primera y más constante figura de la literatura fantástica. Proviene de un arraigado terror ancestral que encontramos ya en La Odisea (cuando Ulises penetra en el Hades y conversa con los muertos), en las sagas islandesas medievales o el teatro isabelino. Más tarde, a principios del XVIII, vuelve a hacer su aparición en el escueto reportaje de Daniel Defoe, A True Relation of the Apparition of One Mrs. Veal the Next Day after her Death to One Mrs. Bargrave at Canterbury the 8th of September, y a finales de ese mismo siglo, resurge a borbotones, con la novela gótica. Sin embargo, las diferencias entre los fantasmas góticos y los modernos son notorias. En las novelas góticas las apariciones espectrales son más bien almas en pena (vagas presencias torturadas por un sentimiento de culpabilidad, que reclaman un enterramiento adecuado) o agentes del destino que presagian todo tipo de desastres. Casi todas las apariciones son de almas penitentes o agentes del destino. En cualquier caso, no tienen fuerza individual; forman parte de la atmósfera de los castillos o los cementerios. Además, nunca tocan a los vivos ni son peligrosos. En cambio, el fantasma moderno grita, muerde, succiona, estrangula o destroza a sus víctimas. Según M. R. James, debe ser maligno, pues cuanto más amenazador sea, mayor será su efecto en el lector. A veces, el fantasma se lamenta y susurra en la niebla, como en La puerta abierta, de Margaret Oliphant. Otras, está condenado a vagar eternamente por el mundo, como en el cuento me58

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