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2 Prologo Jacobo final_Antologia fantastica 19/09/13 09:56 Página 49

El proceso, ambos se tiraban al suelo de risa; y podemos suponer que algo parecido debió de ocurrir con La metamorfosis. Se ha producido un cambio sustancial en la sensibilidad del nuevo siglo: ahora el horror hace reír. La suave sonrisa del XIX se ha transmutado en descarnada ironía. Más de la mitad de la lectura de La metamorfosis es sumamente cómica (curiosamente, el resto se va haciendo cada vez más conmovedor y patético). A pesar de todo, el insólito e insoportable mundo absurdo de Kafka siempre transmite una profunda sensación de extrañeza, que, es en definitiva uno de los elementos esenciales de lo fantástico. Aunque este cuento, por razones de espacio, no figura en esta antología, su influencia sobre la literatura del XX es tan evidente que casi no se podría hablar de literatura fantástica sin dejar de citarlo. En otro nivel totalmente diferente se encuentra H. P. Lovecraft (1890-1937). La inmensa popularidad y la decisiva influencia que ejerció sobre el cuento de terror en su evolución a la ciencia-ficción, lo convierten en una figura paradigmática del siglo pasado.9 Lovecraft trabajaba durante el día con las persianas bajadas. La oscuridad y la noche fueron siempre sus elementos más íntimos, pues le permitían concentrarse en lo único que le interesaba: transmutar sus pesadillas en goce estético. Sus primeros cuentos, muy influenciados por Poe, evocan el ambiente gótico de las viejas y decrépitas mansiones. Luego pasó por una época muy dunsaniana, de intensa fantasía poética aunque no exenta de elementos terroríficos. 9. Hijo de una madre neurótica y puritana, y de un viajante de comercio mujeriego, que casi no paraba en casa y murió pronto, Lovecraft se educó bajo los arduos auspicios de una viuda rencorosa que no dejaba de restregarle por la cara su fealdad y fomentar su delicada salud. Además le tenía enseñado a no jugar con los demás niños (que, según decía, eran todos unos brutos) y lo forzaba a ampararse de un mundo externo que en su opinión era violento, degenerado y lascivo. En consecuencia, fue un niño solitario y soñador, que con los años acabaría siendo un perfecto reaccionario, racista y puritano, profundamente sarcástico con todo lo que sonara a «democracia», «progreso», «libertad» o «religión».

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