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2 Prologo Jacobo final_Antologia fantastica 19/09/13 09:56 Página 46

que también brotan de las entrañas. En este sentido, no es un habilísimo artesano, como M. R. James, sino un artista que expresa. Muchos de sus cuentos más célebres fueron escritos en la última década del XIX, la era del decadentismo, después de conocer en Londres al ocultista A. E. Waite y a Oscar Wilde, quien lo animó encarecidamente a escribir relatos sobrenaturales. Como todo autor que innova, no alcanzó a saborear las mieles del éxito, aunque nunca le faltó la admiración de ciertos círculos literarios. No menos peculiar es la calidad de su prosa, siempre limpia y fluida, cultivada con esmero. En su ensayo Hieroglyphics (1902), Machen se demora gozosamente a lo largo de 165 páginas para explicar su concepto romántico del arte, según el cual el éxtasis es el ingrediente esencial de la verdadera literatura, y enumera «rapto, belleza, adoración, asombro, temor, misterio», como sus elementos esenciales. Para Machen, «los meros incidentes no son nada, sólo se convierten en algo cuando son el símbolo de un significado interior». Otro notable maestro moderno del cuento sobrenatural fue Algernon Blackwood (1869-1951).7 Sus relatos tratan lo sobrenatural como una extensión de la consciencia más allá de sus posibilidades normales. En ciertas ocasiones, esta extraña cualidad del mundo psíquico está activa en la atmósfera de algunas casas, poseídas por «espíritus» o residuos psíquicos que afectan a la forma de pensar y actuar de sus moradores. Su otro tema dilecto 7. A pesar de acabar su carrera siendo una figura muy popular, no sólo como escritor sino como locutor radiofónico y televisivo, la aventura vital de Algernon Blackwood no pudo estar más alejada de las convenciones mundanas. Al terminar sus estudios, viajó a Canadá con el vago propósito de probar fortuna y fracasó en varios oficios. Pero esta experiencia le forjó un alma estoica y errabunda. Marchaba por el mundo acompañado de una maleta con una muda, un pijama y su máquina de escribir como únicas pertenencias. Después de regresar desde Estados Unidos a Inglaterra en 1899, viajó por Francia (allí escaló los Alpes) y por Alemania, donde remontó el Danubio, paisaje que le servirá de escenario para uno de sus cuentos más celebrados, Los sauces (The Willows). En aquella época comenzó a interesarse por la magia, y en 1900 entró a formar parte de la Orden Hermética del Alba Dorada (Golden Dawn), a la que pertenecían W. B. Yeats, Arthur Machen, A. E. Waite, Aleister Crowley y Constance, la esposa de Oscar Wilde.

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