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J O S E P H CA M P B E L L I M AG E N D E L M I TO ATA L A N TA


I M A G I N AT I O V E R A

ATA L A N TA

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JOSEPH CAMPBELL

IMAGEN DEL MITO

TRADUCCIÓN R O B E R T O R . B R AV O

PRÓLOGO LEANDRO PINKLER

A T A L A N TA 2012


En portada: Diosa Abu. Primera mitad del III milenio a.C. Museo de Bagdad. En guardas: Quimera de Arezzo, ca. 380-360 a.C. Museo arqueológico de Florencia.

Cualquier forma de reproducción, distribución, comunicación pública o transformación de esta obra sólo puede ser realizada con la autorización de sus titulares, salvo excepción prevista por la ley. Diríjase a CEDRO (Centro Español de Derechos Reprográficos, www.cedro.org) si necesita fotocopiar o escanear algún fragmento de esta obra.

Todos los derechos reservados. Título original: The Mythic Image © De la edición original: 2012 Joseph Campbell Foundation (jfc.org) © De la traducción: Roberto R. Bravo © Del prólogo: Leandro Pinkler © EDICIONES ATALANTA, S. L.

Mas Pou. Vilaür 17483. Girona. España Teléfono: 972 79 58 05 Fax: 972 79 58 34 atalantaweb.com ISBN: 978-84-939635-5-2 Depósito Legal: GI. 1.389-2012


ÍNDICE

Prólogo 11 Prefacio del autor 23 I. El mundo como sueño 29 1. El Señor del sueño 33 2. El Señor de la muerte y la resurrección 41 3. El Niño Dios 57 4. La gran Diosa 77 II. La noción de un orden cósmico 95 1. Las tradiciones culta e iletrada 97 2. La Montaña del Mundo 102 3. La Montaña del Mundo en Mesoamérica 132 4. El círculo del calendario 171 5. La esfera giratoria del tiempo y el espacio 195 6. El centro de transformación 219


III. El loto y la rosa 251 1. El cetro florido 253 2. El sostén de la flor 263 3. Las aguas inferiores y las superiores 279 4. La semilla dorada 295 IV. Transformaciones de la luz interior 319 1. Yoga y psicología 321 2. La serpiente guía 324 3. El advenido 347 4. La sabiduría de la lejana orilla 353 5. La escalera del loto 369 6. El regreso a la tierra 432 V. El sacrificio 455 1. La víctima voluntaria 457 2. Órdenes mágico, moral y místico del sacrificio 475 3. Ofrenda de sangre 479 4. El mito 496


VI. El despertar 533 Notas 551 Índice de ilustraciones 568 Índice onomástico y de contenidos 601


Imagen del mito


1. La creación de Eva. Miguel Ángel

Estamos hechos de la misma sustancia de los sueños, Y nuestra breve vida está rodeada del sueño. Shakespeare, La tempestad Hay un sueño que nos sueña. Un bosquimano del Kalahari … que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son. Calderón de la Barca, La vida es sueño


Una noche, Zhuang-Zhou soñó que era una mariposa, revoloteando feliz y contenta de serlo. Pero no sabía que era Zhou. De pronto, Zhuang-Zhou se despertó, sorprendido de ser él mismo. Sin saber si era una mariposa que soñaba ser Zhuang-Zhou o Zhuang-Zhou que soñaba ser una mariposa. Los Capítulos Interiores de Zhuang Zi No es cierto que vengamos a este mundo a vivir; venimos sólo a soñar. Poema azteca, anónimo

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I EL MUNDO COMO SUEテ前


El sueño fatídico flota y fluye entre el rosal enmarañado; pero ¡he aquí la mano y el corazón destinados a desvanecer el hechizo del sueño!

Aquí yace el amor contenido, la llave de todos los tesoros. Ven, mano destinada a apresar el don, y destierra el sueño para siempre.

2. La bella durmiente, de la serie Briar Rose, por Edward Burne-Jones. El arbusto (arriba); El rincón de la rosa (abajo)

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3. El rey de la luna y su gente. Pintura rupestre, sur de Rodesia. (Véase un análisis descriptivo en la página 470.)


4. Vishnú soñando el universo


1 EL SEÑOR DEL SUEÑO

La idea de que este mundo, con los cielos, infiernos y todo lo que contiene, es un gigantesco sueño de un solo ser cuyos personajes sueñan a su vez, ha fascinado y dado forma, en la India, a toda su civilización. La imagen de la página anterior es una clásica representación hindú del gran soñador, Vishnú, flotando en el Océano de Leche cósmico, acunado en medio de los anillos de la serpiente abisal Ananta, cuyo nombre significa «Interminable». En primer plano están los cinco hermanos Pandava, héroes del poema épico Mahabharata, con Draupadi, su esposa: alegóricamente, ella es la mente y ellos los cinco sentidos. Son el objeto del sueño, los seres soñados. Con los ojos abiertos y dispuestos para la lucha, los jóvenes afrontan este mundo de luz en el que estamos nosotros contemplándolos, en el que los objetos parecen diferenciarse unos de otros, en el que prevalece la lógica aristotélica y A no es no-A. En contraposición, detrás de ellos se ha abierto una puerta del sueño, que comunica con una dimensión interior, replegada sobre sí misma, de donde surge una visión en la oscuridad. ¿Son estos jóvenes –podríamos preguntarnos– un sueño de ese dios de la luz, o es el dios un sueño de ellos? Como si estuviera dilucidando esta obra de arte india, C. G. Jung escribe lo siguiente: El sueño es una pequeña puerta oculta a los recovecos más íntimos y secretos del alma, una apertura a la noche cósmica que ya era psique mucho antes del surgimiento de la conciencia del yo, y que seguirá siendo psique sin importar cuánto se amplíe nuestra conciencia del yo; ya que toda conciencia del yo es aislada: separa y discrimina, sólo conoce particularidades y sólo ve lo que se relaciona con el yo. Su esencia es limitación, aunque logre alcanzar las más lejanas nebulosas entre las estrellas. Toda conciencia tiende a la separación; pero en los sueños nos revestimos de similitud, de nuestro ser más universal, más verdadero, más eterno, que mora en la oscuridad de la noche primordial. Allí, el hombre es todavía la totalidad, y la totalidad vive en él, indistinguible del resto de la naturaleza y desprovisto de todo sentido del yo. 33

Fig. 4


Es de estas profundidades en las que todo es unidad de donde proviene el sueño, por infantil, grotesco o inmoral que pueda ser. Es tan primoroso en su candor y veracidad que nos hace sonrojar por lo engañosas que resultan nuestras vidas.1 Una flor de loto flota sobre el durmiente dios indio, como si creciera de su cuerpo, y sentado en su corola se encuentra Brahma, el señor de la luz, creador del mundo visible, cuyos cuatro rostros radiantes iluminan los cuatro puntos cardinales, dando forma distinguible a las imágenes del día a medida que surgen de la noche. A su izquierda (nuestra derecha) está el terrible dios Shiva, destructor de ilusiones, que cabalga junto con su diosa Parvati sobre su toro Nandi, blanco como la leche, seguido por un miembro de su clamorosa hueste, un joven dios del viento o Marut; entretanto, a la derecha del Creador (nuestra izquierda) están los dioses que mantienen la ilusión del mundo: el poderoso Indra, equivalente indio de Zeus, sobre su elefante blanco de cuatro colmillos Airavata (la nube de lluvia desde la que el dios arroja sus terribles rayos), y junto a él, montado sobre un pavo real, el joven dios de la guerra e hijo de Shiva llamado Kumara, el «Joven Casto», ya que sólo está casado con su ejército. Éstas son las principales personificaciones indias de esos poderes universalmente reverenciados que el poeta Robinson Jeffers llama gobernantes fantasmas de la humanidad, que sin existir son más reales que lo que les dio vida, y sin tener forma se la dan a cuanto los constituye: su carne y sus nervios como sombras, sus miembros y vidas como sombras, sombras que perduran, sombras a las que se dedican templos, iglesias, labores y guerras, visiones y sueños.2 La figura que está a los pies de Vishnú, desempeñando el papel de virtuosa esposa india, que le masajea la pierna derecha y estimula así el sueño cósmico, es la diosa SriLakshmi, «Belleza y Buena Fortuna», también llamada Padma, «Dama del Loto», pues es ella quien aparece simbólicamente en el sueño de su esposo bajo la forma del loto que es el trono de Brahma. Hay un himno que la celebra como matriz de la fenomenalidad: Sólo por Tu poder Es por lo que Brahma crea, Vishnú conserva,

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Y al final de todo Shiva aniquila el universo. Sin Tu concurso, impotentes serían ellos. Por eso, sólo Tú eres Creadora, Mantenedora Y Destructora de este mundo.3 Porque en los sueños las cosas no son tan independientes, unitarias, separadas del resto como parecen ser, en ellos falla la lógica aristotélica, y lo que es no-A puede en realidad ser A. La diosa y el loto son representaciones equivalentes de esta única esfera de espacio-tiempo contenedora de vida, en donde todas las cosas se manifiestan, se multiplican y, al final, regresan a ese vientre, matriz universal, que es la noche. Detrás de la diosa que está a los pies de Vishnú, hay una asistente femenina de pie, sosteniendo atenta la maza del dios, y a su lado, también con una actitud servicial, vemos en forma humana la cabalgadura del dios, el pájaro solar Garuda sobre el que viaja por los cielos hasta las zonas de su sueño desde donde le llegan gritos de auxilio, como ocurre en la figura 6, en la que el dios acude volando al rescate de un elefante que ha quedado atrapado en un estanque de lotos por el abrazo de un rey serpiente y su esposa. Mientras que el soñador de la figura 4 es un dios que sueña a sus criaturas, el que se muestra a continuación es una criatura que sueña con su dios; y otra vez vuelve a surgir la pregunta: ¿Es Job una criatura de Yahvé, o es Yahvé una criatura de Job? ¿Son los Pandavas producto del sueño de Vishnú, o es Vishnú una creación de ellos? ¿Somos usted y yo, tal como nos conocemos a nosotros mismos, meros reflejos de algún misterio superior? Y si es así, ¿se halla ese misterio adecuadamente representado en nuestra imagen de «Dios»? El dios de Job, en el grabado del poeta William Blake, señala con una mano las tablas de la ley y con la otra las llamas del infierno. Para Blake, la idea que una persona tenga de Dios no puede trascender sus propias limitaciones espirituales; y Job, tal como conocemos el relato, se esfuerza por comprender las calamidades de su vida desde consideraciones legales y racionales, de acuerdo con la ley de Moisés…, lo que no encaja con su visión de las cosas, ya que él no ha violado ninguna de esas leyes. Como nos lo relata el libro sagrado: Había un hombre en la tierra de Uz llamado Job; y era un hombre íntegro y recto, temeroso de Dios, que se mantenía apartado del mal... Y el Señor dijo a Satanás: «¿Has

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Fig. 6

Fig. 4 Fig. 5


«Con sueños sobre mi lecho me asustaste y espantaste con visiones.»4 5. La visión de Job. William Blake

reparado en mi siervo Job, en que no hay nadie como él en la tierra, un hombre íntegro y recto, que teme a Dios y se mantiene alejado del mal?». Y Satanás respondió al Señor: «¿Acaso no tiene Job una razón para temer a Dios? ¿No has colocado una cerca protectora a su alrededor, y de su casa y de cuanto le pertenece? Has bendecido la labor de sus manos, y sus posesiones se han acrecentado en la tierra. Pero extiende tu mano ahora y toca todas sus posesiones, y te maldecirá en tu cara». Y el Señor dijo a Satanás: «Sea ahora que todo cuanto él posee quede bajo tu dominio; sólo a él mismo no podrás tocarlo». Y Satanás se retiró de la presencia del Señor. (Job 1, 1; 2, 3-7) 36


6. Vishnú rescata al rey elefante ceden devotamente su víctima al dios dentro de cuyo sueño ellos sólo desempeñan un papel secundario. El Purana cuenta que Vishnú voló en su disco y le cortó la cabeza a la serpiente, la cual, liberada así de su escamosa forma, renació al instante como un músico celestial en un paraíso de erótica felicidad, aunque este elegante panel graciosamente clásico no muestra la escena de violencia. El soñador del ilusorio mundo simplemente remonta el vuelo en su pájaro solar para entrar personalmente en el episodio de su propia imaginación (tal como cualquiera de nosotros puede entrar ilusoriamente en el contexto de su propio sueño), con lo que su obra queda realizada.

El Bhagavata Purana (8, 2-4) cuenta la historia de un poderoso elefante que vivía con su manada en un remoto bosque de una montaña, el cual, queriendo tomar un refrescante baño en un agradable lago de lotos, quedó atrapado por los anillos de un rey serpiente. El animal se debatió durante largo rato hasta que, incapaz de liberarse del abrazo de la serpiente, finalmente elevó una plegaria que recordó de una vida anterior, a la cual respondió inmediatamente el dios cuyo sueño es el universo. En esta escena se muestra al devoto paquidermo sosteniendo en alto con la trompa una rama de loto, rogando por la aparición de su salvador; mientras, el rey serpiente y su reina, cuyo prodigioso tamaño empequeñece incluso a la figura del elefante,

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Fig. 5 Fig. 6 Fig. 4

Fig. 4 Fig. 5

La complacencia del dios de Job al comienzo de la historia es un reflejo, en la perspectiva de Blake, de la autosatisfacción del hombre bueno con su propia virtud; y el nombre que da el poeta a esta autocomplacencia es Egoísmo. El dios de Job, reflejo de ese engreimiento, es, en consecuencia, el Gran Egoísta, es decir, Satanás; de ahí la serpiente y la pezuña hendida que muestra la imagen. El soñador de Blake, por tanto, es un personaje volcado en sí mismo, interesado sólo por su propia condición, más parecido al elefante aterrorizado y apresado por el rey serpiente de un estanque de lotos que al «Yo» situado más allá de sí mismo y que reposa en el océano cósmico, cuya rememoración salvará al elefante. En suma: el contraste de ambos soñadores sugiere una oposición entre dos puntos de vista desde los cuales pueden interpretarse las formas del mito. Las figuras del retablo indio son símbolos de magnitud cósmica, mientras que en el grabado de Blake el dios y sus leyes, junto con las llamas y demonios de su infierno, son sólo reflejos de las limitaciones personales o culturales del soñador. Dicho de otro modo, las formas del mito pueden ser consideradas o bien como una referencia a misterios de una importancia universal, que trascienden su propia expresión, o bien como meras funciones de una particular idiosincrasia étnica o incluso personal. En la India, estas dos facetas de toda mitología y de sus correspondientes ritos reciben respectivamente los nombres de marga y deshi. La primera, marga, significa «vía», «camino», esto es, la vía o el camino hacia el conocimiento inmortal; la segunda, deshi, «perteneciente al lugar o región, étnico», el aspecto específico, local, particular o histórico de todo culto, que define a un pueblo, grupo o cultura. Como no puede ser de otro modo, el presente trabajo considerará ambos aspectos del mito, ya que la universalidad nunca se experimenta en estado puro, al margen de su configuración específica en unas condiciones concretas. De hecho, su fascinación reside en esas infinitamente variadas metamorfosis. Por ello, si bien mi idea rectora en la realización de este libro ha sido intentar mostrar ese acorde único a través de la gama de sus transformaciones históricas, evitando que los colores locales oscurezcan los temas principales, también he procurado que la maravilla de ese eterno acorde no disminuya nuestra apreciación de sus infinitas variaciones.

que trascendiera la juventud y la vejez, el nacimiento y la muerte, y que fuera prácticamente inmortal, ya que tendría bajo su dominio toda la experiencia humana de uno o dos millones de

«Si fuera posible», ha sugerido C. G. Jung, «personificar el inconsciente, podríamos representárnoslo como un ser humano colectivo que combinara las características de ambos sexos,

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predictor incomparable, gracias a su inmensurable experiencia acumulada. Habría vivido incontables veces, una y otra vez, la vida del individuo, de la familia, de la tribu y del pueblo, y poseería un sentido vital de los ritmos, el crecimiento, el desarrollo y la decadencia.»5

años. Si tal ser existiera, se hallaría por encima de todo cambio temporal, y el presente no tendría para él una importancia mayor ni menor que la de cualquier otro año transcurrido cien milenios antes de Cristo; sería el soñador de todos los sueños ancestrales, al tiempo que un

7. Shiva Maheshvara, el Gran Señor

quierda del observador es masculino, y el de la derecha, femenino; el rostro que mira de frente es la fuente sempiterna de la que proceden todos los opuestos: masculino y femenino, conflicto y armonía, creación y aniquilación.

El trasfondo vivo de todos los seres se halla personificado en esta sublime imagen triádica de siete metros de alto por seis de ancho, tallada en alto relieve en la pared posterior de una gran cueva excavada a mano, en una isla del puerto de Bombay. El perfil situado a la iz-

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8. PietĂ etrusca. Siglo

V

a.C.


I m a g i n a t i o ve ra Traducida por primera vez a nuestra lengua, Imagen del mito es una de las obras fundamentales del gran mitólogo norteamericano Joseph Campbell. Este libro hace un extenso recorrido por la mitología de las culturas de todo el mundo a lo largo de más de cinco mil años de historia y 423 ilustraciones del arte de Mesopotamia, Egipto, India, China, Europa, Oceanía o la cultura olmeca mexicana. Campbell distingue dos maneras de elaborar mitos: la de las tradiciones populares de las culturas iletradas, relativamente simples, y la de las culturas más complejas que han desarrollado la escritura, como es el caso de las tres grandes religiones universales: budismo, cristianismo e islam. Traza líneas esenciales de todas estas mitologías y de la enorme influencia que han ejercido en el mundo, mostrando, a través de un cuidadoso análisis de los textos y las imágenes, las importantes diferencias que existen entre la cultura asiática y occidental con respecto a la idea del mundo como sueño, el orden cósmico y los ciclos y eones del tiempo, el símbolo del loto y la rosa, las transformaciones interiores del yoga y la psicología jungiana, para terminar con el sacrificio ritual y el despertar. Imagen del mito es un perfecto acercamiento a la comprensión del significado profundo que tienen los mitos del pasado, tan ajeno y desconocido para el lector de hoy, pues, si cualquier mitología se muestra en su forma exterior y literal como una serie de fábulas, contemplada desde el ángulo interior y simbólico se revela como una sucesión de realidades psicológicas llenas de sabiduría espiritual. «Un libro rico en contenido y ampliamente ilustrado, algo así como un filosófico “Catálogo de toda la Tierra”. Su asombrosa variedad de fotografías e imágenes logra hacer accesible al lego complejos análisis interculturales con una claridad que sólo se alcanza tras un largo proceso de intensas y eruditas investigaciones.» Digby Diehl, Los Angeles Times «Un estudio auténticamente revelador de la tendencia universal, en toda época y cultura, a interpretar el destino del hombre en imágenes de sorprendente similitud.»

Publishers Weekly Joseph Campbell (Nueva York,1904-Honolulú, 1987) fue junto a Mircea Eliade el mitólogo más importante de la segunda mitad del siglo XX. Profesor emérito de literatura en el Sarah Lawrence College de Nueva York, fue un reconocido escritor y conferenciante de temas de mitología y religiones comparadas. Entre sus numerosos libros merecen destacarse: El héroe de las mil caras: psicoanálisis del mito (1949; Fondo de Cultura Económica, 1959), Las máscaras de Dios (4 volúmenes, 1959-1969; Alianza, 1991), The Inner Reaches of Outer Space: Metaphor As Myth and As Religion (1986), The Mythic Dimension: Selected Essays (1959-1987), The Mythic Image (1974), Transformations of Myth Through Time (1990), A Joseph Campbell Companion: Reflections on the Art of Living (1991), Mythic Worlds, Modern Words: On the Art of James Joyce (1993), Thou Art That: Transforming Religious Metaphor (2001) y Myths of Light: Eastern Metaphors of the Eternal (2003).

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Imagen del mito. Joseph Campbell  

El gran mitólogo Joseph Campbell aborda con maestría diferentes mitos y simbólos de disitintas civilizaciones. Contiene 423 imágenes color y...

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El gran mitólogo Joseph Campbell aborda con maestría diferentes mitos y simbólos de disitintas civilizaciones. Contiene 423 imágenes color y...