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ANDALUCÍA

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Nº 118 julio 2017

De criminalizar a los inmigrantes a criminalizar a las ONG: la indignidad de un Ministro del Interior Traemos a este boletín la entrevista que ha hecho Olivia Carballar para La Marea al fotoperiodista Gervasio Sánchez, que ha pasado dos semanas a bordo del barco de Proactiva Open Arms. En la misma reflexiona sobre las declaraciones del ministro Juan Ignacio Zoilo contra las ONG que rescatan personas en el Mediterráneo.

El fotoperiodista Gervasio Sánchez, testigo de varias guerras alrededor del mundo, ha visto hace solo unos días, en mitad de la espesura del Mar Mediterráneo, las consecuencias de otras guerras que se siguen librando día a día. “He visto miles y miles de personas desesperadas a las que les han arrancado todo lo que tenían. Algunos suben al barco con ropas mojadas que se tienen que quitar y cambiarlas por otras prestadas. Hasta los bebés de países en guerra vienen al mundo con más pertenencias. He visto la frustración en los voluntarios cuando no se ha podido encontrar el bote de goma en medio del mar que indicaba el radar del barco. Saben que la alternativa al rescate es la muerte. He visto guardacostas libios (financiados por la Unión Europea) recoger los motores de las pateras para revenderlos en Libia. He visto la indecencia personificada en forma de organismo europeo que mira a otra parte sin ser consciente de que su pasividad podría ser un crimen de lesa humanidad”. Todas esas cosas ha visto Gervasio Sánchez durante dos semanas a bordo del barco de la ONG Proactiva Open Arms. En este tiempo, en el que fueron rescatadas miles de personas, solo ha visto,

sin embargo, dos guardacostas italianas y un helicóptero.

¿Cómo explicaría al ministro de Interior, Juan Ignacio Zoido, todo esto que ha visto tras las declaraciones que ha realizado contra las ONG? Le explicaría que sin el trabajo de media docena de ONG, incluida Proactiva Open Arms, el Mediterráneo sería aún más rojo con la sangre de un mayor número de muertos. Sus declaraciones son lamentables y demuestran una falta de empatía con personas que huyen de tragedias bélicas o económicas y arriesgan sus vidas por las rutas más peligrosas controladas por traficantes de seres humanos. Y ya que la Unión Europea es incapaz de cumplir con sus obligaciones como institución, por mucho premio Princesa de Asturias de la Concordia que


reciba, que al menos no insulte a los trabajadores humanitarios que intentan evitar más muertes.

Subimos de nivel: de criminalizar a los inmigrantes a criminalizar a las ONG… Podemos criminalizar a la Unión Europea por su pasividad, su cinismo y su hipocresía y por el incumplimiento de sus promesas en lo que se refiere a la aceptación de refugiados. La Unión Europea es incapaz de organizar una operación seria de salvamento marítimo en el Mediterráneo, convertido en un ataúd de agua. Podría ser criminalizada por no prestar ayuda a los náufragos. Incluso podría ser criminalizada por violar varios tratados internacionales. Y con ella, todos sus ministros del Interior, incluido el señor Zoido. ¿Si el ministro se subiera a ese barco, como le ha pedido el fundador de Proactiva Open Arms, Óscar Camps, cree que cambiaría de opinión? Si el ministro viera con sus propios ojos lo que está pasando y escuchara en silencio las historias de los refugiados se volvería más sensible al dolor ajeno en pocos minutos. Y actuaría con la mínima dignidad que se le debe exigir a un ministro del Interior. El grave problema es que nuestro país ha tenido en Interior a los peores ministros, salvo alguna excepción que se escurre en la memoria, desde la transición. Algunos dirigían la guerra sucia y alentaban

el terrorismo de Estado. Alfredo Pérez Rubalcaba inició las expulsiones en caliente y violó las leyes al permitir que menores fueran expulsados de España. Los dos últimos y lamentables ministros del Interior del PP [Jorge Fernández Díaz y Zoido] han continuado ese camino sin piedad y vulnerando la dignidad de las personas. Dice usted en una de sus crónicas en Heraldo y en la Cadena SER: “Sin la asistencia de estas seis ONG seguramente este millar de personas se hubiera ahogado sin testigos”. ¿Cree que tras las palabras del ministro y las actuaciones –o no actuaciones– de los gobernantes europeos existe un intento de invisibilizar esta realidad?

La Unión Europea ha sido incapaz desde finales del 2014, cuando ACNUR advirtió que nos enfrentábamos a la crisis de refugiados más dramática desde la Segunda Guerra Mundial, de preparar un plan serio de emergencia que evitase el sufrimiento gratuito a los centenares de miles de refugiados que huían de las guerras en Siria, Afganistán, Iraq, República Centroafricana, de regímenes brutales como los de Eritrea y Sudán, y de situaciones de violencia yihadista en Nigeria, Níger, Libia, etc. Tendría que haber habilitado una ruta terrestre segura para los refugiados que querían llegar a Europa desde Turquía. Hubiese sido fácil: por Bulgaria y los Balcanes hasta Austria. De esta manera hubieran entrado el mismo número de refugiados con sus ahorros en


sus bolsillos en vez de quedarse en los bolsillos de los traficantes en Turquía con la aquiescencia del Estado turco. Con miles de euros en el bolsillo –se llegaron a pagar 2.000 euros por cruzar desde Turquía a Lesbos por persona– estas familias de clase media, muchas de las cuales huían de guerras brutales, podrían haber empezado una nueva vida con una mayor seguridad económica. ¿Por qué el Gobierno no acoge a las personas que buscan refugio? El Gobierno no acoge a las personas refugiadas a las que se comprometió en septiembre de 2015 porque se ha acostumbrado a engañar al ciudadano y el precio que paga es mínimo. Si hubiera una Unión Europea decente multaría seriamente a España por no cumplir al menos el mínimo comprometido de 17.500 refugiados en dos años, algo que hizo Canadá en menos de seis meses.

¿Por qué cree que hemos llegado a estos niveles? Es decir, ¿por qué los gobernantes dicen barbaridades sin creer que son barbaridades (y continúan en sus puestos)? Hemos llegado a esta situación porque la inmensa mayoría de los ciudadanos se mantienen en silencio ante la falta de sensibilidad de sus gobernantes y ante el dolor ajeno. Quizás creamos que hacemos mucho con nuestras quejas y con alguna manifestación de cuando en cuando pero solo con serios cambios estructurales en los países de origen se podrá frenar la

avalancha. Lo primero que hay que saber es que La Unión Europea es la principal exportadora de armas ligeras del mundo y sus multinacionales (junto con las de Estados Unidos, China, India, Rusia, etc.) se dedican a corromper gobernantes para conseguir las concesiones de materias primas y los contratos a mejor precio. La riqueza del subsuelo ha convertido a muchos países en pobres y violentos, y la mayor parte de la población no recibe esos beneficios. Tras generaciones viviendo en la miseria, muchos jóvenes (250 millones de africanos son menores de 20 años) han decidido arriesgarse a llegar a un primer mundo idealizado (ven nuestros anuncios, ven nuestro despilfarro) aunque el riesgo sea la muerte. Y los gobernantes continúan en sus puestos porque el sistema democrático actual ha perdido la vergüenza y la compostura. ¿Y por qué estamos llegando a estos niveles de inhumanidad? ¿Por qué seguimos mirando para otro lado cuando a nuestras playas siguen llegando pateras? La inhumanidad se presenta en nuestras sociedades envueltas en celofán. Pocos se atreven a decir en público lo que piensan en privado: “No queremos refugiados en nuestras sociedades porque tenemos miedo de perder nuestro estado de bienestar o tenemos miedo de perder nuestros trabajos”. Es entendible que dé miedo una avalancha humana de proporciones bíblicas, pero la obligación de los Estados es solucionar los problemas para evitar que las fisuras que se producen por la inanición sigan siendo instrumentalizadas por una minoría racista y xenófoba. Gervasio, guerras?

¿por

qué

sigue

habiendo


Hombre es incapaz de vivir sin la guerra. Cuando todo se desmorona aparece lo peor del ser humano. He conocido a muy pocas personas que prefieran morir antes que matar. La inmensa mayoría prefieren matar antes que morir.

Las guerras son un gran negocio. Por eso nunca ha habido un periodo de la historia sin ellas. Cada vez que empieza una guerra ya hay mercaderes de la muerte haciendo contratos a miles de kilómetros. Gobiernos como el de España, una de las grandes potencias del mundo que sextuplicó la venta de armas con el “pacifista” José Luis Rodríguez Zapatero y cuyo negocio (el único que no ha sufrido la crisis) sigue espoleando el actual presidente del Gobierno, Mariano Rajoy; empresas armamentísticas; bancos como el Santander y el BBVA, principales financiadores de armas, establecen estrategias basadas en beneficiarse del caos para mejorar sus cuentas de resultados. Una vergüenza sin paliativos. Las personas que sufren las guerras desconocen las causas de su sufrimiento. No saben por qué mueren, son heridas o sufren amputaciones, tienen que desplazarse o refugiarse. En más de 30 años de interrogar a víctimas de los desastres bélicos no he conseguido que un afectado me cuente con una cierta lógica por qué su país está en guerra. Además, el

El ministro Zoido recuerda con frecuencia en su cuenta de Twitter a las víctimas asesinadas por ETA. Pero no recuerda a las del franquismo. ¿Qué opinión le merece esto? El ministro Zoido tiene todo el derecho a recordar a las víctimas asesinadas por ETA. Pero tendría que sentir la misma empatía con el resto de las víctimas si quiere mantener la coherencia. Si hubiera estado en el funeral de Timoteo Mendieta y hubiera conocido a su hija Ascensión seguramente hubiera entendido mejor el sufrimiento de las víctimas. Cuando hay dudas, lo mejor es ponerse en el lugar de las víctimas. Ascensión tenía 13 años cuando su padre fue fusilado. Ascensión tiene 91 años cuando ha visto cumplir su sueño de enterrar a su padre en un lugar digno y honorable. Si él se pusiera en el lugar de Ascensión fácilmente entendería lo que siempre ha buscado esta valiente mujer. Además, con la presencia del ministro, TVE (señores directivos, ¿no les da vergüenza hacer el ridículo?) no se hubiera atrevido a ningunear el funeral, que fue la noticia del día para centenares de medios españoles e internacionales.

30 años 30 poemas de mujeres del mundo Warsan Shire nació en 1988 en Kenia. De padres somalíes, a la de edad de un año emigró a Gran Bretaña donde sigue viviendo. En 2013 ganó el African Poetry Prize y en 2014 fue además elegida como primera poeta joven laureada de Londres.


Su poesía está escrita desde la vulnerabilidad, desde un desnudo total. Narra la experiencia de aquel que no tiene raíces, del inmigrante, de la barbarie, de qué significa ser mujer, del dolor y la nostalgia. Son poemas sencillos que despacio, despacio, se te meten hasta el tuétano. Puedes leer un artículo en el The New Yorker sobre su vida y obra aquí.

HOGAR Nadie abandona su hogar a menos que su hogar sea la boca de un tiburón. Sólo corres hacia la frontera cuando ves que toda la ciudad también lo hace. Tus vecinos corriendo más deprisa que tú. Con aliento de sangre en sus gargantas. El niño con el que fuiste a la escuela, que te besó hasta el vértigo detrás de la fábrica, sostiene un arma más grande que su cuerpo. Sólo abandonas tu hogar cuando tu hogar no te permite quedarte. Nadie deja su hogar a menos que su hogar le persiga. Fuego bajo los pies, sangre hirviendo en el vientre. Jamás pensaste en hacer algo así, hasta que sentiste el hierro ardiente amenazar tu cuello. Pero incluso entonces cargaste con el himno bajo tu aliento, rompiste tu pasaporte en los lavabos del aeropuerto, sollozando mientras cada pedazo de papel te hacía ver que jamás volverías. Tienes que entender que nadie sube a sus hijos a una patera a menos que el agua sea más segura que la tierra. Nadie abrasa las palmas de sus manos bajo los trenes, bajo los vagones.


Nadie pasa días y noches enteras en el estómago de un camión alimentándose de hojas de periódico, a menos que los kilómetros recorridos signifiquen algo más que un simple viaje. Nadie se arrastra bajo las vallas, nadie quiere recibir los golpes ni dar lástima. Nadie escoge los campos de refugiados o el dolor de que revisten tu cuerpo desnudo. Nadie elige la prisión, pero la prisión es más segura que una ciudad en llamas. Y un carcelero en la noche es preferible a un camión cargado de hombres. Nadie podría soportarlo, nadie tendría agallas, nadie tendría la piel suficientemente dura. Los “váyanse a casa, negros”, “refugiados”, “sucios inmigrantes”, “buscadores de asilo”, “quieren robarnos lo que es nuestro”, “negros pedigüeños”, “huelen raro”, “salvajes”, “destrozaron su país y ahora quieren destrozar el nuestro”… ¿Cómo puedes soportar las palabras, las miradas sucias? Quizás puedas, porque esos golpes son más suaves que el dolor de un miembro arrancado. Quizás puedas porque estas palabras son más delicadas que catorce hombres entre tus piernas. Quizás porque los insultos son más fáciles de tragar que el escombro, que los huesos, que tu cuerpo de niña despedazado. Quiero irme a casa, pero mi casa es la boca de un tiburón. Mi casa es un barril de pólvora. Y nadie dejaría su casa a menos que su casa te dijera que aprietes el paso, que dejes atrás tus ropas, que te arrastres por el desierto, que navegues por los océanos. “Naufraga, sálvate, pasa hambre, suplica, olvida tu orgullo, tu vida es más importante”. Nadie deja su hogar hasta que su hogar se convierta en una voz susurrando en tu oído diciendo: “Vete, corre lejos de mí ahora. No sé en qué me he convertido, pero sé que cualquier lugar es más seguro que éste”

Y para finalizar el boletín compartimos los últimos artículos que hemos subido a nuestra web: 

30 años 30 poemas: “Ítaca del Sáhara”, Salka Embarek

Gestrudis la recovera. Libro-comic sobre la memoria histórica


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Boletín de Sur a Sur, nº 118  

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