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VESTIGIOS Aldo Soto Espinoza Instituto Profesional de Arte y Comunicaci贸n ARCOS Opta al t铆tulo de Fot贸grafo Profesional Noviembre 2013 Profesor Gu铆a: Gabriel Uribarri M.


ÍNDICE

Contenido

Página

Introducción

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Fundamentos

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Retrato/Autorretrato

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Huella/Espejo

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Vestigios

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Entrevistas

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Conclusión

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Bibliografía

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Retratados

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Apéndice

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Agradecimientos

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INTRODUCCIÓN

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Introducción

El significado de la palabra cicatriz según la RAE tiene dos acepciones, en primer lugar aparece como una “señal que queda en los tejidos orgánicos después de curada una herida o llaga”. Como alternativa al significado anterior, la real academia española propone lo siguiente “impresión que queda en el ánimo por algún sentimiento pasado”. Es la materialidad de la primera definición la que es necesaria para poder ser expresada mediante la fotografía, pero sin embargo, es la profundidad de la última definición la que aporta complejidad a este ensayo fotográfico. Qué es una cicatriz sino un signo de algo ocurrido, huella de un acontecimiento que produjo una transformación traumática, transformando nuestras vidas para que esta nunca volviera a ser la misma, o que en algunos casos, encaminó nuestra forma de ser desde siempre. Huellas de un acontecimiento muchas veces traumático, o a modo de vestigio de alguna enfermedad, ya sea adquirida o congénita. Junto a estos, se hace presente en el ser humano otro tipo de huella, esta vez no tan evidente, incluso llegando a ser imperceptible para el resto de las personas, marcas psicológicas que son huella de un hecho en particular, que nos marcaron profundamente, como puede ser la pérdida permanente de algún ser querido. Marcas que al igual que las cicatrices estarán junto a nosotros el resto de nuestras vidas, llegando a transformarse en algunos casos en una parte importante de esta, recordándonos permanentemente aquel suceso que fue el causante de estas, “una cicatriz ahí está y va a estar siempre, sé cuándo me la hice, porqué me la hice, qué tan profunda estuvo, pero ya si me la toco, si la aprieto, si me pego, ya no se abre, ya no duele” (Sánchez, 4). Para poder enfrentar el tema de la huella desde la fotografía, evidentemente las cicatrices presentes en el cuerpo humano, ya sea por heridas traumáticas, o por alguna malformación congénita, son las que pueden ser retratadas, sin embargo, en este proyecto, el fin son las personas y la forma en que estas logran desenvolverse en un mundo en que actualmente la imagen proyectada y las apariencias son muy importantes. El rostro y cuello, las zonas del cuerpo que se encuentran más expuestas a las miradas, se convierten en la carta de presentación que tenemos hacia los demás. En este contexto, las cicatrices ubicadas en cualquier otra parte del cuerpo pasan a segundo plano, y en general se vuelven invisibles al común de las personas, sin embargo, no dejan de ser importantes y muchas veces traumáticas para quienes las poseen. No así en el caso de una persona que presenta una marca en su rostro, zona en la que es prácticamente 10


Introducción

imposible ocultarla, por lo que aceptar y aprender a sobrellevarlas ayuda a que quienes poseen una cicatriz a enfrentarse desde una posición más adecuada al mundo, en que las apariencias son parte fundamental de nuestra sociedad, “Hoy, las imágenes idealizadas del cuerpo están permanentemente visibles a través de la publicidad, el cine y la televisión. Estas imágenes incitan a realizar, comparaciones: vemos lo que somos y vemos lo que podríamos ser, con un pequeño esfuerzo” (Pérez, 50), presencia que podemos advertir en prácticamente todas las calles de nuestra ciudad. Al mirar la cicatriz desde otro punto de vista, es posible interpretarla como una huella, a modo de vestigio de una enfermedad o accidente, ambos sucesos traumáticos que dejaron su impronta en el cuerpo, la que recordara cada vez que sea perceptible al afectado el hecho que llevo a que esta existiera. En tanto, la fotografía es una huella de un instante, un hecho, que en todos los casos, son experiencias o sucesos irrepetibles, “Necesitamos signos que glorifiquen nuestros días y que dejen constancia de ellos. La fotografía es un signo que cumple esta función, actúa como indicio de lo que fue”. (Pérez, 207). El término huella, o el concepto tras esta palabra, puede ser asociado al de memoria, sin embargo, la huella es la materialización de un suceso (rastro, seña, vestigio que deja alguien o algo. RAE) y la memoria, debido a su condición, es algo completamente intangible (facultad psíquica por medio de la cual se retiene y recuerda el pasado. RAE). Por tanto la memoria, al igual que una cicatriz psicológica, no es susceptible de ser fotografiada explicitamente, al encontrarse en un estado inmaterial, sino más bien, es la búsqueda de esa huella sicológica implícita en los rasgos de cada persona, como puede ser una mirada, un leve gesto o mueca, etc. Ese vestigio psicológico, huella de un suceso que nos transformó, es el que intento exteriorizar o representar, si bien se hace evidente en las cicatrices de los retratados, estas hablan de una historia personal, de una experiencia de vida propia marcada por profundos cambios, como dijo Henri Cartier-Bresson “Los clientes desconfían de la objetividad de la cámara mientras que el fotógrafo busca la agudeza psicológica; el encuentro entre estos dos reflejos hace que se genere un cierto parentesco entre todos los retratados de un mismo fotógrafo: una semejanza que surge de la relación que se establece entre las personas retratadas y la estructura psicológica del mismo fotógrafo” (Cartier-Bresson, 23). Es así como estos retratos logran convertirse en una especie de autorretrato y la fotografía hace las veces de espejo que refleja el mundo interno del propio fotógrafo. 11


FUNDAMENTOS

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RETRATO / AUTORRETRATO “Todos los rostros del mundo buscan la perfección. Sufren y luchan por acoplar su cara, su expresión, a la que desean tener, a la estándar. Las fotografías ofrecen un acercamiento a un modelo común, que se camufla entre lo normal y lo aconsejable. Cuidamos que nuestros rasgos no correspondan a los tipificados como reflejo de comportamientos extraviados y peligrosos, que nuestros retratos no desvelen nuestras debilidades, errores, enfermedades, locuras y depresiones” (Pérez, 213). Tener un aspecto diferente al estándar, escapándose del común de la población, es un tema al que la sociedad constantemente está apuntando. Esto puede verse reflejado en el considerable aumento por ejemplo de diseñadores emergentes, quienes promueven sus marcas principalmente basados en la originalidad, y en el reducido número de prendas que poseen la misma confección que fabrican, una diferencia considerable y un plus a la hora de querer lucir distinto en comparación a las grandes marcas de ropa, las cuáles, gracias a la posibilidades que brinda la producción en serie, las prendas se fabrican por miles, por tanto, la originalidad en este sentido se pierde, a cambio de un valor por lo general más reducido que el primer ejemplo mencionado. Este lucir distinto es algo netamente intencionado, es algo buscado conscientemente, sin embargo, existen personas que notoriamente son distintas, y que están lejos de lucir así voluntariamente, es el caso por ejemplo de alguna enfermedad, cicatrices a causa de estas o en su defecto accidentes, los que dejaron una impronta permanente en el organismo de quienes se vieron afectados por estas circunstancias. Estas marcas, en muchas ocasiones invisibles al común de las personas por la ubicación en la que se encuentran, en algunos casos son completamente evidentes, y sin ninguna posibilidad de poder ser ocultadas por quienes las poseen como son las marcas en la cara o en el cuello. Huellas, que nos van conformando como individuos y de una u otra forma nos hacen ser diferente a las personas que nos rodean, tanto en apariencia como en nuestra forma de ser, no corresponden con una búsqueda intencionada y voluntaria por intentar desprenderse o alejarse del común de las personas como lo es el ejemplo recientemente descrito de la ropa. En este contexto, y como refiere la cita mencionada al principio de este capítulo, un ser humano con una cicatriz importante en el rostro o cuello no tendrá la posibilidad de disimular esta condición al momento que le realicen un retrato fotográfico, por tanto, se estará escapando de los cánones tipificados como estándar aceptados por la sociedad. 14


Fundamentos

Retrato / Autorretrato

“A través de nuestra cámara, aceptamos la vida en toda su realidad” (Cartier-Bresson, 22), y en este caso, de la misma forma en que aceptamos la realidad para poder fotografiarla, esta debe ser comprendida por quienes son retratados, y generar una especie de auto aceptación sobre su cuerpo y más específicamente sobre su rostro y la cicatriz que en él existe, y así poder entregarse y abrirse en un instante de sinceridad e intimidad, para de esta forma lograr ser fotografiados. “La fotografía se utiliza en el proceso de filiación y control de los seres humanos. Ella es la confirmación de nuestra identidad, pero para que los sea tenemos que ser iguales al ser creado, parecernos a la imagen de nosotros mismos. Imagen variable y parcial, porque la fotografía es una manipulación de la realidad que recoge un solo momento” (Pérez, 209). Ese registro fotográfico, usado desde hace muchos años atrás con tal propósito, ha sido y es un generador de identidad para los distintos estamentos legales y gubernamentales en el mundo. Si no posees una cédula de identidad o un pasaporte con una fotografía que confirme tu existencia, no serás parte de este mundo. Ésta última cita, realiza un guiño a la fotografía como artificio generador de realidad, ya que menciona que, para que la fotografía de identidad cumpla efectivamente su fin, es fundamental que la persona retratada se parezca lo más posible a la imagen de sí misma, generando en tanto la identidad del retratado. Junto a lo anterior, la fotografía de retrato, y en general la mayoría de las fotografías producidas, son un aporte al autoconocimiento de los fotógrafos por quienes son creadas, es decir, ayudan a estos a definirse como individuos, ya que de la misma forma en que no somos capaces de reconocer mediante los sentidos lo que no conocemos, siempre las fotografías que hagamos serán un reflejo del yo interno de cada fotógrafo, “¿Puede el retrato ayudarnos a encontrar nuestra identidad? ¿Es un reflejo de la misma o lo es sobre todo de su negación, una confirmación de la imposibilidad del yo único y real? ¿Podrá acceder a ella si depositamos en el otro, en el fotógrafo la tarea? Le dejamos al otro que nos defina a cambio de definirle. Por eso, los retratos que hacemos de otras personas son de alguna manera autorretratos, pues son proyecciones de nosotros en ellos” (Pérez, 213). En este extracto del ensayo de Jana Leo, y al igual que Cartier-Bresson lo mencionara en su libro Fotografiar Del Natural, entre muchos otros fotógrafos y teóricos, en los retratos que realizamos (y cualquier fotografía que sea realizada conscientemente) hay ciertos rasgos del 15


Fundamentos

Retrato / Autorretrato

retratista representado en ellos, lo que permite inferir de estos una especie de autorretrato, de los que pueden desprenderse ciertas características del ámbito sicológico del propio fotógrafo, “cada retrato es una pieza de la colección de nosotros mismos” (Pérez, 213). Jugando otro rol, la fotografía, junto a su papel en el autoconocimiento y definición del fotógrafo, tiene influencias en quien las está observando, los retratos (y la fotografía en general) punzan de la misma forma sobre quienes tienen acceso a ellas, produciendo diversas sensaciones y emociones, que muestran a quien las está contemplando una parte de ellos mismo, por tanto la reflexión emanada del retrato por el público produce un aprendizaje, en tanto el observador se hace consciente de lo que está viendo, “Como espectador de imágenes humanas no sólo experimentamos algo sobre los retratados, sino que, en última instancia, conseguimos conocimientos sobre nosotros mismos” (Pérez, 220). De esta forma, la persona que se encuentra frente a un retrato (o fotografía de cualquier tipo), puede adquirir en este contexto conocimiento acerca de tres factores: el retratado, o en su defecto, lo fotografiado (el tema) que gracias al alto grado icónico que este medio posee, nos entrega un vasto conocimiento sobre lo que en ella se puede apreciar a simple vista, sin embargo, en el sentido totalmente opuesto, lo que no está mostrando tácitamente también se encuentra en la fotografía generando desde su silencio, conocimiento acerca de lo que se ha fotografiado. “La fotografía es una llave que abre los poros de nuestras emociones, una voz que sin hablar dice lo que quiere ser oído, que nos sume en una cercanía profunda y descabellada con lo que representa, pues habla sobre las cosas que no enseña, a las que alude. Las fotografías son importantes por lo que no está. Por lo que sugieren y por lo que estimulan” (Pérez, 209). Otro de los factores sobre los que es posible generar conocimiento a través de la fotografía, como fue mencionado algunas líneas más atrás, es sobre el propio fotógrafo que ha generado la imagen, y esta hace las veces de autorretrato, desnudando aparte de lo que se ha fotografiado, al propio fotógrafo; y el último de los tres factores sobre los que genera conocimiento una imagen, en el caso particular de este proyecto los retratos, es sobre la persona misma que está contemplando la fotografía, ya que, al ser esta generadora de sentimientos en el observador, tal como ya fue mencionado, entrega la posibilidad de que este realice una reflexión acerca de los sentimientos que ha producido tal o cuál imagen en él, entregando la posibilidad de conocer más el yo interno de cada observador. 16


HUELLA / ESPEJO Desde tiempos muy antiguos, tal como fue el tiempo de las pinturas rupestres, imágenes más antiguas de las que se tenga conocimiento, el hombre (referido como especie no como género), ha intentado crear un registro de lo que tiene a su alrededor y que puede percibir, es decir del mundo sensible, e incluso más allá, desde aquellas tan lejanas pinturas para nosotros, ya existen muestras sobre sus intereses en registrar algo que se escapa de este entorno próximo sobre las rocas que conformaban sus cuevas y cavernas, en ellas existe la presencia de pinturas que muestran un mundo onírico, traspasando este mundo tangible, más allá de lo material y que es una exteriorización de imágenes probablemente alojadas en su subconsciente y afloradas desde sus sueños, y que finalmente representaron de la forma que hasta entonces sus avances técnicos les permitían, el mundo visto desde su particular perspectiva. Desde ese entonces, la idea de dejar registro de aquellos eventos, en su mayoría ligados a la caza, da cuenta del interés del ser humano desde sus orígenes por hacer patente y dejar una huella de sus actos o de sus pensamientos, “Las figuras de los bisontes superpuestas en los muros de la cueva para los rituales de caza nos permiten inferir que, desde entonces, hace miles de años, había un juego entre imagen y realidad donde se pretendía manipular la realidad por medio de su imagen”. (Mandoki, 2004). Desde aquellos tiempos, hasta hoy en día, se han creado numerosos aparatos técnicos con el fin de representar de tal forma nuestro entorno, que la imagen sea lo más similar posible a su referente. Con esta idea de representación, y junto al afán de intentar fijar la imagen producida en la cámara oscura por parte de los científicos de la época, luego de muchos intentos fallidos se obtuvo lo deseado, la posibilidad de fijar y hacer permanente la impronta dejada por la luz sobre el soporte elegido. Desde su invención, la fotografía siempre fue realizada sobre un soporte material, si bien estos han variado en el tiempo, la materialidad que ellos han presentado permite efectivamente hablar de una huella, del vestigio materializado de un instante irrepetible, que fue captado por la cámara de la forma más objetiva posible que cualquier otro artefacto técnico pudiera hacerlo. Sin embargo, con la irrupción de la era digital, la industria de la fotografía también se embarcó en este rumbo, llegando hoy por hoy a relegar a la fotografía química a un segundo plano, tanto así, que inclusive por esta tendencia de mercado, se han dejado de fabricar algunas películas icónicas por haber 17


Fundamentos

Huella / Espejo

dejado de ser rentable la producción de estas para las grandes empresas del rubro. Uno de los temas más tratados por la teoría desde la irrupción de la fotografía digital, es la desmaterialización del soporte sobre el que es creada la imagen respecto a la fotografía química, y el paso de una imagen formada por haluros de plata a una imagen creada por la interpretación de un software de códigos binarios obtenidos por el sensor de nuestras cámaras, lo que conlleva la perdida de esa huella química y de un rastro material de un suceso acaecido ante el lente, “La fotografía, en sus más de 150 años de vida ha ido sobreviviendo a los distintos avances tecnológicos como la fotografía en color, las cámaras instantáneas Polaroid, las cámaras automáticas, las cámaras desechables, y a la aparición de nuevos medios que en su momento se pensó que podían hacerle la competencia de una manera mortal, como la televisión. Sin embargo, el cambio en la tecnología nunca (hasta ahora) había desvirtuado su esencia” (Martín, 6). Para quienes la fotografía digital dejó de ser fotografía, basan esta hipótesis en la consecuencia que la pérdida de la materialidad del soporte trajo consigo, y que es la pérdida de la capacidad de la fotografía misma de ser a modo de registro un fiel reflejo de la realidad, de construir la realidad a modo de espejo de esta, ya que la manipulación digital está al alcance de cualquiera y difícilmente esto puede ser detectado, menos aún ante un espectador inexperto e ingenuo, como es el común de la población. Sin embargo, ante esta premisa, existen numerosas pruebas de manipulación de imágenes desde muchos años antes que la fotografía digital fuera inventada y masificada, por tanto, posiblemente lo que ha ocurrido con la fotografía digital, es que ha abierto los ojos de los críticos respecto al tema, y la fotografía tal como era concebida, a modo de espejo de la realidad, realmente nunca existió, “Ha sido la inocencia de la fotografía digital la que, al ser abiertamente manipulable y tratable por programas informáticos, ha puesto de manifiesto que, en realidad, estos valores tan asumidos por la fotografía no son tan seguros y tan estables como generalmente se creía” (Martín, 7) Batchen hace referencia a esta idea, apuntando a la fotografía como manipuladora de la realidad desde su origen, “Estoy sugiriendo que la producción de cualquier fotografía implica siempre algún tipo de intervención o manipulación. Al fin y al cabo, ¿qué es la fotografía sino la manipulación consensuada de niveles de luz, tiempos de exposición, concentraciones químicas, gamas cromáticas, etc.? En el acto de transformar el mundo en imagen (la tridimensionalidad en bidimensionalidad) los fotógrafos no tienen más remedio que fabricar la imagen. Por 18


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Huella / Espejo

consiguiente, es inherente a la vida fotográfica algún que otro tipo de artificio. En este sentido, las fotografías no son ni más ni menos “ciertas” con respecto a la apariencia de las cosas del mundo de las imágenes digitales” (Ribalta, 323). La fotografía junto a su capacidad intrínseca de detener el tiempo, y la huella que ésta posee, entendida y publicitada desde sus inicios como un espejo de la realidad, ha llegado a ser tan importante para la sociedad, que se ha transformado en un instrumento forjador de realidad y junto a lo anterior ha ido creando y configurando la memoria colectiva como la conocemos hoy en día. “La imagen de lo real sustituye a la realidad hasta tal punto que sólo si recogemos una fotografía de esa imagen somos capaces de disfrutar plenamente de ello. La fotografía actúa como su vestigio, a la vez que nos sumerge en la ficción protegiéndonos de las salpicaduras. La fotografía funciona como advertencia sobre la desaparición de lo humano y de lo real en el ambiente artificial del mundo moderno. De un lado nos alivia al traernos lo real entre sus huellas y de otro evidencia la pérdida, al recordarnos que eso es sólo una representación” (Pérez, 206). Dentro de este mismo contexto, hoy por hoy, la visualidad, y las imágenes se han transformado en tales creadores de realidad, que si un instante de la vida no es fotografiado, es como si este no hubiese existido, “la realidad recurre a la fotografía casi para probar su existencia: la foto funciona como prueba y testimonio por indicialidad de la realidad de su objeto” (Mandoki, 2004). El siempre creciente número de fotografías que se crean día a día en el mundo, probablemente obedece a este afán, la idea de construcción de realidad que en la mayoría de los casos es realizada inconscientemente, pero que sin embargo, busca constatar lo ocurrido en ese instante, busca dejar una huella del aquí y el ahora, sin embargo ese aquí y ahora dejo de existir en el instante mismo en que se realizó la fotografía, por tanto paso a ser un instante que ha perecido, un tiempo muerto, que paradójicamente ha sido inmortalizado para de esta forma, cada vez que sea visto por quienes participaron de ella, traiga al presente los recuerdos de aquel instante, “Necesitamos signos que glorifiquen nuestros días y que dejen constancia de ellos. La fotografía es un signo que cumple esta función, actúa como indicio de lo que fue” (Pérez, 207). Barthes, a su modo, también hace referencia a la fotografía como creadora de realidad: “Ante los clientes de un café, alguien me dijo justamente: “Mire qué mates son; en nuestros días las imágenes son más vivientes 19


Fundamentos

Huella / Espejo

que la gente.” Una de las marcas de nuestro mundo es quizás este cambio: vivimos según un imaginario generalizado” (Barthes, 176). Un imaginario que ha sido, y sigue siendo creado mediante las fotografías que diariamente son producidas en masa por el común de los habitantes del planeta, para dar cuenta o constatar la existencia de los sucesos que han sido experimentados. “Toda fotografía es un certificado de presencia” (Barthes, 134). Las cicatrices, al igual que la fotografía química, refiere a un suceso pasado, pero que sin embargo sigue presente en cada momento de la vida, trayendo al presente aquel hecho traumático, esta vez, si una iconicidad tan directa como lo es en la fotografía, pero con una carga en su signo y en su índice que el recuerdo es tan vivo o más que lo que se logra mediante una fotografía. Sin embargo, en muchos casos, estas cicatrices fueron consecuencia de violentos accidentes, o en otros casos, a muy corta edad, por lo que los recuerdos de estos hechos son más bien difusos, y están basados principalmente en la historia que sus cercanos les han contado sobre tal hecho, lo que va produciendo una alteración de la realidad e impide saber con certeza, los hechos tal cual fueron. Por otro lado, la fragilidad de la memoria, está constantemente alterando los recuerdos, por lo que con el paso de los años, estos recuerdos distaran mucho de lo ocurrido, en algunos casos llegando casi a desaparecer. Ahí radica la importancia de la fotografía, y la huella de la que esta se jacta ser capaz de crear. “Salvamos la existencia de la muerte por el hecho de fotografiarla, para que el olvido no lo asole todo” (Pérez, 213). De esta forma, ya sea que estemos refiriéndonos tanto a la fotografía química como a la fotografía digital, el hecho de haber fotografiado algo, nos permite hacerlo eterno, hasta que la propia materialidad de la fotografía realizada permita su existencia, independiente del soporte de esta. La memoria, a causa de su condición, es muy errática, y va cambiando los recuerdos constantemente, los va manipulando. Como ejemplo de esto, una de las muchas situaciones por las que pase junto a mi familia para el terremoto del 27 de febrero del 2010 fue la siguiente, al momento de comenzar a arrancar del tsunami (me encontraba en Constitución, VII Región del Maule), cuando habíamos caminado una cuadra, una camioneta se detuvo a nuestro lado y el conductor ofreció llevarnos cerro arriba porque las olas ya estaban comenzando a entrar por el río Maule. Pasado el tiempo, y en el contexto de conversaciones familiares sobre el tema, mencioné que una camioneta blanca nos había recogido en el camino y que nos había dejado en 20


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el cerro, en ese momento uno de mis familiares con los que iba arrancando del tsunami dijo: “No, la camioneta era verde”. Con este ejemplo, queda más clara la necesidad que el ser humano tiene sobre la fotografía, a modo de vestigio de un acontecimiento, cualidad que le permite ayudar a la memoria a revivir recuerdos que de otra manera irían mutando, hasta llegar a una evocación completamente distinta con el transcurrir del tiempo. En este sentido, el propio Barthes hace mención en La Cámara Lucida, a una situación en que una fotografía, a pesar de él no recordar el momento, lo sitúa en un contexto que no puede negar, aun cuando su memoria le juegue en contra, “Un día recibí de un fotógrafo una foto mía de la que me era imposible, a pesar de mis esfuerzos, recordar dónde había sido tomada; inspeccionaba la corbata, el jersey, con el fin de recordar en que circunstancia los había llevado; era perder el tiempo. Y sin embargo, por el hecho de tratarse de una fotografía, yo no podía negar que había estado allí (aunque no supiese donde)” (Barthes, 133). Claramente, un ejemplo más que refiere a la fotografía a modo de huella innegable de algo efectivamente ocurrido ante la cámara. No obstante lo recién mencionado, la fotografía entendida como una herramienta de disección, trae al presente solo una parte de lo acontecido en las situaciones fotografiadas, con lo que al ser utilizada como mediadora entre el pasado y el presente, produce nuevamente un quiebre en la memoria, permitiendo que sea recordado fehacientemente lo que en ella está representado, pero que sin embargo, es solamente una muestra de lo que ocurrió ante la cámara, y que permite recordar lo que quiere ser recordado. Fred Ritchin, realiza una reflexión en torno a este tema, en la que da a conocer como la agencia Magnum en una exposición resume cuarenta años de historia en lo que en realidad han sido cuatro segundos de capturas fotográficas, representando una versión sesgada y por otra parte parcial de los hechos acontecidos, ya que cada fotógrafo que realizó las imágenes que formaban parte de la muestra tenía una visión personal sobre los hechos, además de realizar los trabajos para una agencia, que de una u otra forma posee ciertas líneas editoriales, por tanto, la historia representada, si bien es objetiva en cuanto a lo que aparece en las fotografías efectivamente ocurrió ante la cámara, los fragmentos que estas muestran obedecen a los puntos recién mencionados, por tanto muestran la visión que otros tuvieron (en el momento de la captura, luego en la edición y finalmente en la curaduría de la muestra) sobre los hechos noticiosos que fueron registrados, “una exhibición muy grande de obras de fotógrafos de la agencia 21


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Magnum que ayudé a curar, con cuatrocientas imágenes que mostraban cuatro décadas de la historia del mundo, representaban sólo cuatro segundos de verdadera actividad registrada, calculados sobre la base de velocidades de obturación de las cámaras de los fotógrafos” (Ritchin, 170). Otra mirada a la fotografía, bajo la misma premisa de esta como huella de un acontecimiento, es el llamado índex, al que hacen referencia varios autores, sin embargo los ensayos más conocidos y difundidos sobre el tema son los escritos por Philippe Dubois. Dentro de sus ensayos, Dubois explica a qué se refiere con este concepto con las siguientes palabras “la imagen fotográfica se vuelve inseparable de su experiencia referencial, del acto que la funda. Su realidad primera no dice nada más que una afirmación de existencia. La foto es ante todo índex. Solamente luego puede volverse semejanza (ícono) y adquirir sentido simbólico” (Dubois, 52). Ante esta cita, se reafirma aún más el concepto de huella que recae sobre la fotografía y que se ha estado tratando en las páginas precedentes. No obstante lo anterior, en la actualidad, con la aparición y posterior invasión de la fotografía digital, esta trajo consigo una serie de reinterpretaciones y opiniones sobre el concepto de huella en esta, y que sin embargo, analizando los escritos de Dubois, existe material que puede ser utilizado en esta temática. Dubois plantea lo siguiente “…los índex (o índices) son signos que mantienen o mantuvieron en un momento determinado del tiempo, con su referente (su causa), una relación de conexión real, de contigüidad física, de co-presencia inmediata, mientras que los íconos se definen más bien por una simple relación de semejanza atemporal y los símbolos por una relación de convención general” (Dubois, 56). Bajo esta aclaración sobre el concepto de índex que propone este autor, y volviendo a la fotografía digital (ya que esta referencia está realizada teniendo como base la fotografía química) y la metodología en la que estas son capaces de capturar y posteriormente generar las imágenes, que en este procedimiento en realidad no existe tal contigüidad física, no existe la conexión real que menciona Dubois para poder hablar de la fotografía digital a modo de índex de lo fotografiado, ya que la fotografía primeramente es captada por un sensor fotosensible, lo que posteriormente es transformado en señales eléctricas que finalmente derivan en bits, los que son procesados por medio de hardware y software para generar una imagen o fotografía virtual, por lo que esa conexión física 22


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real no existe, por tanto el concepto de índex en la fotografía digital quedaría obsoleto. Con los conceptos citados y explicados anteriormente, la pérdida del índex a modo de signo o huella de lo que ha sido fotografiado con aparatos digitales sería irrefutable, sin embargo, en la literatura especializada existe algunos escritos a modo de ensayo que pueden dar nuevas luces sobre esta materia, en este caso, es sólo una de estas ideas las que interesa para hacer referencia tanto a la fotografía química cómo a la fotografía digital a modo de signo indicial. “Las fotografías no son indiciales sólo porque la luz se registre en un instante sobre una porción de película fotosensible sino, primero y ante todo, porque se hicieron” (Green y Lowry, 50), por tanto, como proponen los autores recién citados, el acto mismo de llevar a cabo la fotografía, de estar presente en el lugar y tener la posibilidad de hacer click, resulta en que la imagen obtenida ya sea huella de lo fotografiado, independientemente de lo que esta haya captado, e independientemente del soporte utilizado. Por tanto, con esta idea, el tema del soporte pasa a segundo plano a la hora de analizar o entender a la fotografía como huella o índex. En otra interpretación sobre el momento en que se genera el acto fotográfico y considerando a este ya a modo de signo indicial del suceso capturado, puede ser la interpretación que Jana Leo realiza en uno de sus ensayos sobre el tema, “Al mirar las fotos resonará en nosotros lo ocurrido y reproduciremos el proceso de la toma, aun cuando no estuviéramos allí lo haremos nuestro” (Pérez, 209), de esta forma, el espectador al momento de observar una fotografía, hace suyo esa imagen, llegando a reproducir de alguna manera el proceso que debió seguir el fotógrafo que llevo a cabo la imagen observada, por tanto, el acto mismo de hacer la fotografía ya es huella de lo que esta muestra y puede ser considerada un signo indicial de lo que la imagen está mostrando.

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ENTREVISTAS

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Entrevistas

Gonzalo Cuevas De Pablo ¿Cuál es la razón de su cicatriz? La cicatriz, se origina como consecuencia de un evento que marcó un antes y un después en mi familia. Era el año 1993, yo tenía 4 años, e íbamos en el auto con mi mamá y mi hermano un año

menor que yo. Íbamos de vuelta del jardín, en dirección a mi casa y en una curva cerrada chocamos de frente con un camión. Yo iba de copiloto, lamentablemente, sin cinturón de seguridad; lo que me llevó a salir proyectado por el parabrisas, impactando a alta velocidad con el vidrio. De los 3 que íbamos dentro del auto, yo fui el de mayor gravedad; quedando en estado de coma por dos días, columna vertebral fisurada, fémur izquierdo quebrado y mandíbula expuesta; lo que me tuvo en la clínica por cerca de un año. En la actualidad soy una persona totalmente sana, y la cicatriz es la única huella que queda del accidente. ¿Qué significa para ti y cómo te afecto en tu vida diaria? Creo que haber sufrido el accidente a tan corta edad, me enseñó mucho. Ya que cuando entré al colegio ya venía con esa marca. Lo que me hizo tener cierta identidad, y que eso fuera percibido así por mis pares. Al ser tan chico, uno es muy absorbente y va desarrollando ciertas habilidades o aptitudes, que sería muy distinto haber sufrido lo mismo a una edad mayor, por ejemplo desarrollar la tolerancia, la frustración, el agradecer las cosas, partieron desde esa edad. Creo que al tener la cicatriz hoy me hace constantemente mirar hacia atrás y reflexionar quién soy y de qué manera he ido aprendiendo de las distintas experiencias que la vida te pone en el camino. Gracias a la cicatriz creo que he aprendido a valorarme, a sentirme más seguro, saber enfrentar a las demás personas con otra mirada, he aprendido a valorar mucho más los detalles, ya que me siento profundamente agradecido con la segunda oportunidad que la vida me dio en ese minuto. Sin duda es el hecho que más me ha marcado en mi vida; a pesar de no recordar el hecho mismo (ya que lo que respondí en la pregunta 1, es la versión que me cuenta mi mamá) siento que si está presente en mi vida cotidiana. Muchas veces me ofrecieron operarme, y yo digo que no. No sería el mismo Talo, perdería esa esencia que me marca, si voy a seguir haciendo mi vida, quiero que sea así. Con lo que la vida me puso en el camino y tomándolo como un plus, y no como un elemento negativo. 60


Entrevistas

Daniella Waldman Escala ¿Cuál es la razón de su cicatriz? Cirugía de la tiroides. Me extirparon el nódulo derecho debido a que tenía un quiste benigno de 3,5 cm. de diámetro. ¿Cómo afecto ésta a su vida diaria? La cicatriz en un comienzo me generó muchas molestias. Se me formó queloide y estaba muy irritado y rojo por harto tiempo. Tuve que pasar como un año con un parche especial para aplastármela. Comencé a ser muy consciente de la cicatriz y me la tapaba con collares y pañuelos. Yo antes vestía con mucho escote, pero debido a la cicatriz me comenzó a dar vergüenza y cambié mi forma de vestir. Siento que suena un poco frívolo pero físicamente me sentía mal, y no me gustaba en absoluto sentir que llamaba la atención. Además de esto, tengo hipersensibilidad en la zona del cuello y hasta ahora me molesta usar ropa de cuello alto que me genere roces. ¿Qué es para usted, o que significa esta marca hoy en día? Hoy en día casi ni me acuerdo de que la tengo (excepto en invierno cuando me incomodan los chalecos). Pero ya no tengo esa preocupación de que llame la atención o no. Yo la superé con el tiempo. Además, con los años, se ha ido borrando de a poco y mis amigos casi no me la notan. Para mi hoy en día, es simplemente una marca que tengo y que junto a otras marcas que me ha dejado la vida, me caracterizan como la persona que soy.

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Entrevistas

Kathy Zarate ¿Cuál es la razón de su cicatriz? Desde chica tuve hipotiroidismo, con presencia de pequeños nódulos, los cuales con el tiempo fueron creciendo y aumentando en número. Hace ya un tiempo, estos nódulos fueron afectando mi vida, a tal punto que me costaba dormir, cambie mi voz y bueno, mi cuello abultado casi no lo podía tocar porque obviamente me dolía, imposibilitándome incluso a practicar deportes porque la agitación hacia que la sangre no circulara bien y dolía. Por otro lado odiaba mi cuello gordo y con notorias pelotas en él. El último examen indicaba que tenía 9 nódulos, dos de tamaño importante: 4 y 2,5 cm de diámetro. Con ello, la operación se hice inaplazable, de ahí mi cicatriz. ¿Qué significa para usted y qué efecto tuvo ésta en su vida diaria? Si bien mi cicatriz es reciente y me encuentro en un periodo de recuperación; donde mi voz y la movilidad de mi cuello no están al 100%, y quizás la vanidad en ciertos momentos me genera conflictos con el espejo y algo de vergüenza de lo que pensará la gente, nada absolutamente nada se compara al dolor y sensaciones desagradables que tenía previa a la operación. Con esto lo que quiero decir es que es una cicatriz aliviadora, y algo pequeña para todo el tiempo que sufrí con la enfermedad. Es lo mejor que pude haber hecho por mi salud. Y si llegase a quedar como la tengo ahora, lo cual lo dudo, siempre significará para mí una mejoría en mi vida, nueva energías y la felicidad total y absoluta de que al fin se fue esta enfermedad.

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Entrevistas

Jorge Michell ¿Cuál es la razón de su cicatriz? Fue consecuencia de una intervención quirúrgica en el cerebro. El trozo de hueso que el médico retiró para hacer la operación debió haber sido restituido en su lugar antes de cocer, sin embargo, por razones que ignoro, no lo hizo y es por eso que en ese lugar se advierte una suerte de hendidura en mi cráneo. ¿Cómo afectó ésta a su vida diaria? La existencia de dicha “irregularidad” no ha tenido ninguna influencia en mi subjetividad, ni tampoco en mi vida social o profesional. Normalmente no tengo consciencia de la “anomalía”. Creo que poco a poco y cada vez más todos nos damos cuenta que las nociones de “normalidad” o “perfección” corporal pierden la importancia que antes tuvieron. El ideal social de belleza física se esfuma. ¿Qué es para usted, o que significa esta marca hoy en día? Personalmente significa que, como todos, estoy expuesto a sufrir algún tipo de alteración en mi integridad corporal y que ésta puede dejarme una “huella” fisonómica que de alguna manera hace presente a los demás que algo “grave” me ocurrió en algún momento de mi vida. Somos físicamente frágiles y “deformables”. Como consecuencia de la violencia social y política, los conflictos territoriales y los accidentes que se derivan de la “sociedad del riesgo” que el capitalismo y la técnica han instalado en el mundo, cada vez habrá más personas que exhibirán corporalmente la huella de algún acontecimiento para ellas “grave” e inesperado que les ha sucedido, pero que muchas veces no cambia el curso “normal” de una existencia.

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CONCLUSIÓN

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Conclusión

Teniendo presente a la fotografía a modo de huella, es posible generar un link entre ésta (fotografía) y las cicatrices. Podemos darnos cuenta que estas últimas, vestigios de un hecho traumático permanentes en el cuerpo humano, en muchos casos, mantienen vivo el recuerdo del acontecimiento que las produjo, aún pasado un largo periodo desde que este hecho tuvo lugar. A su modo, la fotografía, y su paradoja temporoespacial, nos permite mantener en el presente un hecho pasado, para recordarlo necesariamente tal y cómo fue retratado, y no siempre tal cual este fue desarrollado. Dentro de este ensayo, se han dado numerosos ejemplos de cómo la fotografía a través de su historia y evolución ha ido teniendo diversos usos, y ha sido entendida desde la teoría de distintas formas, hasta llegar hoy por hoy a estar en boca de muchos teóricos el asunto de la muerte de la fotografía debido a la arremetida de la fotografía digital, siendo una de las causas a la que atribuyen este hecho, la supuesta pérdida de la huella gracias a la facilidad de manipulación de la que es susceptible la fotografía digital, sin embargo este tema, tan tratado hasta el día de hoy por la teoría, y basados en el punto mencionado ¿realmente tiene sentido discutirlo? O incluso ¿analizarlo? Teniendo en cuenta que la fotografía, prácticamente desde su origen ha sido manipulada e intervenida. Tal cómo se menciona dentro de este ensayo, y según las palabras en el mismo sentido de Green y Lowry, la fotografía es ante todo un índice de lo fotografiado gracias a la performance que significa llevar a cabo y materializar una imagen fotográfica, es decir, el hecho de primero que todo, estar presente en el lugar que se realiza la fotografía, luego todo el razonamiento que la preparación de esta significa: medición de la luz, exponer de acuerdo a esta medición y según los resultados que se esperan obtener, encuadrar, inspirar profundamente y sostener la respiración para evitar trepidaciones y finalmente accionar el obturador para que esta imagen seleccionada sea inmortalizada; todo esto lleva consigo la carga del índice, por tanto, entrar ya en discusiones sobre el soporte con el cuál se trabajó dicha situación, probablemente sería tratar temas meramente técnicos, lo que no afectaría definitivamente lo que una fotografía, ya sea química de gran formato, medio formato, o 35mm, o en su defecto, se trate de una imagen digital ya sea esta de gran formato, formato medio, full frame, APS-C, móvil (celular, tablet, etc), e incluso se trate de la imagen producida por un escáner, cómo los trabajos realizados por Pepe Guzmán, nada de eso altera que la imagen producida por uno de estos soportes, haga un 66


Conclusión

click en mi memoria, y traiga al presente por ejemplo el rostro de mi abuelita al ver una fotografía que a ella se le haya realizado. Acorde a esto, la fotografía sigue reflejando, mediante una interpretación en este caso, tanto del fotógrafo como de la tecnología (hardware y software), un hecho acontecido ante ellos, independientemente del soporte que se esté utilizando.

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BIBLIOGRAFÍA •

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Tagg, John. El Peso de la Representación. Barcelona: Gustavo Gili, 2005.

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RETRATADOS

Página

Página

• 26, 27:

Fernando Cortéz.

• 45, 46, 47: Jorge Michell.

• 28:

Carlos Ibañez.

• 48:

Johanna Jofré.

• 29:

Carla Meza.

• 49:

Angelo Lizama.

• 30, 31:

Gonzalo Cuevas De Pablo.

• 50:

Trinidad Pérez.

• 32, 33:

Miguel Carú.

• 51:

Martín Lagos.

• 35, 36, 37: Soledad Urrutia.

• 52, 53:

José Toro.

• 38, 39:

Kathy Zarate.

• 54:

Francisco González.

• 40, 41:

Daniella Waldman.

• 55:

Tamara Lagos.

• 42, 43:

Daniela Rozental.

• 56, 57:

Karla Rodríguez.

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APÉNDICE

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FICHA TÉCNICA • Cámara: Nikon D90 • Lente: Nikon 50mm AF-D 1:1.8 • Realizado íntegramente en los estudios del instituto, equipo de iluminación Profoto, 2 o 3 flash dependiendo la ocasión. Luz principal siempre con Softbox, luz de realce con panal. • 1103 fotografíar realizadas. • 20 sesiones y 18 personas fotografiadas. • Todas las fotografías fueron realizadas con la siguiente configuración: Iso 100 f: 2.8 T: 1/160 seg. • Software utilizado en la Posproducción: Adobe Photoshop CS6 y Adobe Photoshop Lightroom 4.1 (ambos 64 bits). • Software utilizado en la maquetación y diseño de esta memoria: Adobe Indesign CS6

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AGRADECIMIENTOS Primero que todo, agradecer a mis padres, que sin el apoyo incondicional que estos me han dado, junto al resto de mi familia, estudiar esta carrera y llegar a esta instancia no hubiese sido posible. A Paula, mi compañera de vida, quien con su interés, preocupación, motivación y ayuda, ha sido la piedra angular del desarrollo que hasta ahora he tenido en esta carrera, gracias por todo, te amo. Al profesor Jorge Aceituno, gracias por siempre creer y confiar en mí, por los incontables consejos entregados, los que en su mayoría se han transformado en piezas claves de mi formación tanto académica como personal y por siempre estar dispuesto a escuchar cuando uno lo necesita. Al Profesor Elías Lizama, por su valioso, desinteresado y siempre constructivo aporte. A mi profesor guía de este proyecto, Gabriel Uribarri M, quien con su contagiosa pasión y constante motivación, logró que este proyecto finalmente viera la luz. A Francisca, Liliana, Matías y Nicole, por hacer del paso por Arcos una de las mejores experiencias que he tenido. Y finalmente a quienes voluntaria y amablemente decidieron cooperar en este proyecto permitiéndome retratarlos(as), aun sin conocer a la mayoría de ellos(as).

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Vestigios  

Proyecto con el que obtuve el título de Fotógrafo Profesional. 2013.

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