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Aproximación heurística a la teoría de la luz.

1. Introducción: Pretendemos presentar en este trabajo una perspectiva o interpretación de la física de la luz que, basándonos en la dinámica térmica entre onda y materia, permita explicar con sencillez y de manera unificada algunos fenómenos microscópicos y macroscópicos que actualmente no admiten una misma explicación. Aun careciendo de demostración experimental ni matemática, la exposición está realizada de forma asertiva con el propósito de agitar “el árbol de la ciencia” y mover “las ramas de la reflexión” en torno a conceptos que, de esclerotizados por el paso del tiempo, pensamos que tal vez puedan estar obstaculizando la concreción de nuevas perspectivas, cada vez más amplias, abarcadoras e integradoras, de la Física futura y actual.

2. Palabras Clave: Onda, amplitud, fuerza, longitud, frecuencia, empuje, atracción, gravedad, curvatura, partícula, átomo, electricidad, electromagnetismo, protones, electrones, neutrones, cuanto, espín, interacción, servomecanismo, retroalimentación, dinámica, energía, luz, flujo, corriente, velocidad, movimiento, orbitación, rotación, traslación, browniano, clima, estaciones, sol, planetas, materia, densidad, masa, volumen, calor, térmico…

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3. Exposición: La dinámica térmica entre onda materia: Partimos de la hipótesis de que una onda de luz que encuentra en su ondular una partícula material, experimenta en su amplitud una curvatura proporcionalmente inversa a la masa (volumen y densidad) de la partícula que trata de traspasar. Pensamos en la onda moviéndose no de forma lineal, sino de manera que su amplitud encuentre y haga de fuerza de empuje de la partícula a la que encuentra en su ondular. Así contemplada la onda de luz la estaríamos percibiendo, al mismo tiempo que como onda, como campo gravitatorio de la partícula o materia Fig.1, actuando como tal campo gravitatorio la misma amplitud o fuerza de la onda. De este modo la Gravedad sería una fuerza pero no de atracción sino de empuje, y una curvatura pero no del espacio sino de la onda misma de luz o del espacio visto como onda que encuentra a la materia. La modulación de la amplitud de la onda y de su longitud y frecuencia vendría entonces dada por la densidad y volumen de la masa material, existiendo a mayor densidad una mayor amplitud en la onda, ya que la materia presentaría una mayor resistencia a ser traspasada por la onda lumínica cuanto mayor fuera la densidad material, y a la inversa cuanto menor sea esta densidad. Pero estamos considerando a la amplitud de onda, de la onda de luz que viaja de forma promediada a trescientos mil kilómetros por segundo, como un campo gravitatorio propiamente dicho en su parte cóncava. Cuanto mayor sea esa amplitud de la onda modulada menor será su longitud y mayor su fuerza, y la partícula que quede afectada por este campo de gravedad que consideramos a la fuerza de empuje de la onda, vera como sus propiedades físicas comienzan a transformarse por efecto del movimiento de rotación que le imprime este campo a la materia desde el momento de su encuentro. Al tiempo, la partícula experimenta un movimiento de traslación en la dirección de empuje de la onda luminosa. Ninguno de estos dos movimientos, el de rotación y el de traslación es constante más que por periodos sucesivos, ya que en el de rotación se produce un incremento y decremento alterno y periódico de velocidad de giro, y en el de traslación se produce un avance y retroceso sucesivo e igualmente alterno en su avanzar, como ocurrirá en el avanzar de la misma onda de luz. Al generarse un movimiento de rotación en la partícula con velocidad incremental, la materia comenzará a perder densidad y a ganar volumen y temperatura de forma progresiva y creciente, y presentará cada vez una menor 2


resistencia a la fuerza de la onda que trata de traspasarla, por lo que esta relajará progresivamente su amplitud y ensanchará su longitud disminuyendo su frecuencia. Pudiera parecer entonces que la partícula absorbe la fuerza de la onda y que esta pierde parte de su propia fuerza en beneficio de la materia atómica. Literalmente pensamos que es así. Llevados por esta dinámica llegamos a un momento en el que habiendo adquirido la materia su mayor velocidad de giro, volumen y temperatura, la onda la traspasara con mucha mayor facilidad al no encontrar resistencia. Si mirásemos aquí de nuevo a la onda en su amplitud como campo gravitatorio veríamos que habría disminuido notablemente. Alcanzado este punto crítico, la partícula comenzara entonces a ralentizar su giro y su temperatura comenzara de nuevo a enfriarse, su volumen a constreñirse y su densidad a incrementarse revertiéndose la dirección del proceso ya que la onda comenzaría de nuevo a recobrar su amplitud de forma progresiva y creciente. Habría así dos puntos críticos en la interacción de onda y materia que generarían dos movimiento de ida y vuelta, cíclicos, periódicos, alternos e inversamente proporcionales entre sí. Cuando la materia gana volumen, temperatura y velocidad y pierde densidad, la onda pierde amplitud y frecuencia ganando en longitud de onda, sucediendo a la inversa en el proceso contrario. ¿Sería esta dinámica de materia y onda inacabable en el tiempo? aunque se desprenda energía en forma de calor o de movimiento en el proceso, si la onda de luz que atraviesa a la partícula es un flujo continuado y constante, parece que la dinámica duraría el tiempo que dure este flujo lumínico. Así consideradas onda y materia, no pueden identificarse ni confundirse la una con la otra a pesar de su íntima interactuación más que si las consideramos desde el punto de vista de la absorción y emisión de energía, de la pérdida y ganancia mutua y recíproca de energía que tiene lugar en esta dinámica. La onda entonces no es al mismo tiempo una partícula ni la partícula es al mismo tiempo una onda, pero una puede ser contemplada como la otra desde el punto de vista de la energía que genera su mutua interacción. La onda de luz por sí sola y la partícula por si sola no generan energía. En este sentido entendemos que un material “no conductor” de electricidad es aquél que no presenta resistencia a ser traspasado por la onda de luz, no generando a penas ganancia ni pérdida de energía ni alteración en su masa ni en su temperatura ni movimiento alterado por incremento o decremento en su encuentro con la onda, y un material “conductor” de energía presenta por el contrario una resistencia a ser traspasado por la onda siendo esa misma resistencia la que 3


origina el aumento y disminución de masa, temperatura y velocidad de giro en la materia que modula a la onda, aumento y disminución que se manifiestan en forma de ganancia y pérdida sucesiva y alternativa en partícula y onda… Si consideramos que la materia en sí misma no tiene carga ni genera o conduce energía, un átomo aislado de la luz no tendría por tanto protón alguno ni electrón por si mismo. Así el número de Protones que atribuimos a cada elemento atómico en el Número atómico que son los que determinan la longitud de su onda, se han de referir al momento en que el átomo es traspasado por una onda de luz. La onda de luz tampoco seria entonces eléctrica ni magnética por si misma, ya que la electricidad se originaria por el movimiento de cargas positivas como absorción por la materia de la fuerza de empuje de la onda, literalmente fuerza gravitatoria, y negativas como perdida de la fuerza absorbida por la materia al interactuar con la luz, y el magnetismo se originaria por el movimiento de rotación de la partícula originado también en su encuentro con la onda. Ello equivale a considerar también que la energía, cinética, calorífica, eléctrica y magnética que se origina en la dinámica interactuación entre onda y materia son consecuencia de la fuerza gravitacional que se origina en el encuentro entre ambas. Pero ¿a cuál de los momentos de interacción entre onda y partícula nos referimos al hablar de Protones en el núcleo del átomo? Pensamos que al momento en el que la partícula ha absorbido la Fuerza de la onda que lo traspasa. En este momento la amplitud de la onda se encontrará en la fase de menor intensidad y mayor amplitud, y el átomo en la de mayor velocidad de giro de rotación, mayor temperatura y volumen y menor densidad. Es el punto crítico en el que se revierte el sentido de la dinámica, a partir de aquí la partícula ralentiza su giro por la menor fuerza del campo de gravedad que existe en la amplitud de onda. Entonces para que podamos hablar de electrón habrá de haberse llegado a completar dentro de esta dinámica el doble movimiento de ganancia y pérdida en el átomo de la fuerza absorbida de la onda. El momento en el que aparece el electrón en la partícula coincide con la fase en que se ralentiza su velocidad de giro, se enfría su temperatura y se constriñe su volumen aumentando su densidad material. El neutrón se correspondería con el momento en el que entre onda y partícula no existe ganancia ni perdida de una con respecto a la otra. Es por ello que entendemos que las subpartículas del átomo han de considerarse en realidad como estados de emisión y absorción de energía que solo surgen cuando se encuentran onda y materia y que dependen de la densidad original de esta. 4


El movimiento de la onda de luz: Si una onda que se mueve en sentido horizontal su Amplitud se encuentra en sentido perpendicular a la dirección de la onda. Así considerado su movimiento la amplitud no puede considerarse como fuerza de empuje de la materia que encuentra en su ondular. La amplitud habría de hallarse en el mismo sentido horizontal en el que se desplazara la onda. Así considerada, la luz viaja al encontrarse a la materia con un doble o cuádruple, según se mire, movimiento de avance y retroceso y zigzagueo de derecha a izquierda a modo de pulsación o “parpadeo” de igual y constante duración, dependiente de la densidad de la materia que encuentra en su ondular. Si la materia es densa, la luz encuentra mayor resistencia a traspasarla y es mayor el fenómeno de su refracción. Al desencadenarse la dinámica térmico gravitatoria de la partícula y la onda cambiará la densidad de la materia, la onda extenderá su longitud y se producirá una disminución de su refracción porque la materia será menos densa de forma progresiva. Al mismo tiempo que la onda cambia de dirección y la recupera por la cambiante refracción, su amplitud habrá cambiado también desde una mayor fuerza a una completa relajación, según la facilidad con que traspasa a la materia a tener de la densidad cambiante de esta. Y nos preguntamos ahora, ¿no estamos describiendo en este doble movimiento de la onda de luz al encontrar a la materia el doble movimiento que se aprecia en la precesión y nutación de la esfera planetaria al girar sobre sí misma?... ¿no es el mismo movimiento que se dice de aparente regresión de las órbitas planetarias, el que trató de explicarse mediante los llamados Epiciclos de la antigüedad? ¿Puede acaso denominarse a este sinuoso movimiento ondulatorio descrito como movimiento Browniano?... tal vez denominemos a las mismas cosas con diferentes nombre y pensamos que se tratan de cosas diferentes... Considerando a la luz como flujo ininterrumpido de ondas y no como una única onda, o cuantos separados de onda, la primera vez que la onda encuentre a la materia tardará más en traspasarla que a otra materia de menor densidad, sin embargo después se igualaría en velocidad emitiendo una mayor energía que en el caso de la interacción con una partícula menos densa originalmente. La velocidad de la luz es constante e igual de forma promediada cualquiera que sea el medio por el que viaje, lo que no es igual es la energía que genera en el encuentro con diferentes densidades materiales. La luz y la materia se encuentran entonces en una permanente y continua pulsación. En nuestro cuerpo no solo late nuestro corazón sino que laten, literalmente hablando, todas y cada uno de los átomos y las moléculas que nos 5


conforman... y esta "latencia" o “palpitar” es una pulsación que se conforma por el aumento y disminución progresivos, ininterrumpidos y cíclicos, de la densidad o masa (densidad y volumen) del átomo. La masa del átomo es siempre constante en cada momento en el que cíclicamente exista un número determinado de cargas positivas, “Protones” o cargas neutras “Neutrones” o cargas negativas “electrones”... pero no es constante más que de forma promediada porque su transformación es continua y fluida en el proceso dinámico de ida y vuelta que mantiene con la onda. ¿Quiere decirse con eso que el átomo es impredecible e indeterminable?... La luz en cambio, contemplada de forma genérica tiene un valor siempre constante en su velocidad, pero si contemplamos un haz de luz visualizándolo instante tras instante veríamos que presenta un movimiento de avance y retroceso en su encuentro con la materia atómica, representado en el aumento y disminución de su amplitud y disminución y aumento de su longitud y frecuencia... al mismo tiempo que presentaría un movimiento de zigzag derecha a izquierda proporcional también con la densidad del átomo al que atraviesa, pues un átomo denso ocasiona una desviación por refracción mayor que un átomo menos denso, y suponemos que la densidad del átomo varía de forma continua. La Energía es onda y materia: Si admitimos que la energía es indistintamente Materia u Onda de forma alternativa y cíclica, entonces habremos de poder expresarlo en una doble fórmula que contemple esta doble interacción: primero observando a la energía como onda y no como partícula, la energía como electrón y no como protón, como pérdida de la energía absorbida por el átomo y ganancia de la fuerza recuperada por la onda, podríamos decir que E=(m/2)c. Pero si hablamos de energía como pérdida de la Fuerza de la onda, es decir de la amplitud o gravedad, y su ganancia inversamente proporcional por el átomo, entonces podríamos expresarla como E=m(c/2). De manera que en sentido propio la energía en su doble ciclo de generación sería E=(m/2)c=m(c/2). Pero si hablamos de campo gravitatorio para referirnos s la amplitud es evidente que la energía estaría íntimamente relacionada con el incremento y decremento del campo gravitatorio generado al encontrar la onda de luz a la materia. De este modo la Gravedad sería siempre relativa con respecto a la materia, sin materia no existiría gravedad, y mantendría un valor concreto según la densidad material específica de cada momento, y un valor regular y promediable por periodos o intervalos iguales e inversamente proporcionales. La gravedad no sería entonces constante más que por periodos cíclicos iguales e inversamente proporcionales a la constancia de la densidad de la materia. 6


Si el espacio-tiempo de una partícula viene dado por su velocidad de giro gravitatorio, entonces ¿se puede decir que el espacio tiempo de toda partícula viene determinado por sí misma, por su propia densidad y volumen en primer término, y por la Gravedad que determina su propia densidad después?... a menor gravedad (representándola como decremento de amplitud de onda) se produciría enfriamiento de la materia, disminución de la velocidad de giro de rotación de la partícula, disminución de volumen y aumento de densidad, pero no con una progresión dirigida a la entropía sino con una progresión que revertiría su sentido al alcanzar un punto crítico modulado por la propia densidad de la materia que haría que la amplitud de onda o gravedad se incrementasen nuevamente aumentando la velocidad de giro, la temperatura y el volumen y disminuyendo la densidad. Y si la Gravedad es la misma amplitud de la onda, la curvatura cóncava de la onda será su campo gravitatoria, la Gravedad es entonces se puede definir como la Fuerza de la Luz, o la resistencia que presenta una materia a ser traspasada por una onda... además, el giro de rotación del átomo en el interior de este Campo gravitatorio formado por la amplitud de onda lumínica genera a su vez un campo magnético igualmente variable por el incremento o decremento de la velocidad de giro, ¿podría considerarse como lo que se ha denominado “Espín”?. Si pensamos en la gravedad como Fuerza de empuje tanto desde una perspectiva microcósmica como macroscósmica, tal vez habría que preguntarse si no es un último vestigio del antiguo geocentrismo el hecho de considerar a la gravedad como una fuerza de atracción. Porque si la consideramos como una fuerza de empuje habremos perdido hasta lo que considerábamos nuestro centro legítimo, el que al menos determinaba y conformaba el giro de nuestro satélite…. Pero si ni siquiera nuestro campo gravitatorio es nuestro, entonces que nos queda… Si admitimos que un campo gravitatorio pueda ser la misma curvatura de la luz en su interacción con la materia, dependiente de la densidad de esta, la gravedad es entonces una fuerza de empuje de la onda de luz tanto mayor cuanto más densa sea la materia a la que trata de traspasar. La materia, sea planeta o partícula, habrá de experimentar en consecuencia un movimiento de desplazamiento traslacional proporcional a la resistencia que ofrece a la Onda misma. Considerando entonces “T” a este movimiento de traslación de átomo o planeta, “A” a la amplitud de onda y “r” a la resistencia que ofrece la materia a ser traspasada por la onda podríamos decir que T=A/r. Podemos calcular el valor de r porque será proporcional a la densidad de la 7


materia y podemos calcular A conociendo la frecuencia determinada por el número atómico… sin embargo el valor de T será en esta fórmula promediado puesto que este movimiento de traslación (lo mismo que el de rotación) variará por intervalos sucesivos y constantes en su velocidad aumentando y disminuyendo en relación a la disminución y aumento de la densidad material y al aumento y disminución de la amplitud de la onda… la materia empujada literalmente en su movimiento por la luz, experimenta en su traslación un movimiento de avance y retroceso y de desplazamiento hacia los lados igual que la onda de luz que la traspasa y acompaña como flujo continuo. Tiene que existir entonces una relación de proporcionalidad directa entre el movimiento de traslación y rotación de átomos y planetas, y la Energía que se genera en la interacción de onda y materia que habría de poder expresarse a modo de fórmula promediada. El movimiento de traslación del átomo como movimiento de empuje por la fuerza de la onda, debe de describir el cuádruple movimiento derecha-izquierda, avance-retroceso que describe la onda en su cíclica variación. ¿No parece de nuevo que a este movimiento de la partícula dependiente de o conducida por la onda, pueda calificársele de Browniano? Del mismo modo, el campo magnético del átomo, el llamado Espín (no identificamos aquí Espín con electrón sino con rotación del átomo tanto en su fase de absorción como de emisión de fuerza de la onda) habrá de poder calcularse en relación a la densidad de la materia y la resistencia que ofrece a la amplitud de la onda, pues son estas las que originan su velocidad de giro. ¿Habría de restarse a estas velocidades una cantidad equivalente al rozamiento que pueda experimentar la materia en su trasladarse espacial, o únicamente interviene en su cálculo la resistencia material a la onda?... si el espacio es supersimétrico, entonces no. Pensando la cuestión desde la perspectiva planetaria, podríamos mirar a la tierra y preguntarnos ¿cuál es la onda de luz que está originando nuestro movimiento de traslación y rotación y a la que debemos (pues es su misma amplitud o fuerza) nuestro campo gravitatorio? ¿el mismo campo gravitatorio solar es la fuerza o curvatura de esta onda que nos desplaza? Deberíamos de preguntarnos entonces si el campo gravitatorio terrestre es propiamente el de la tierra o si no deberíamos llamar campo gravitatorio solar. Además, el doble movimiento de la onda de derecha a izquierda, ¿podría interpretarse como el que da lugar al movimiento de precesión de los “polos magnéticos” y con él a las estaciones en nuestro planeta Tierra? En este caso parecería que el cambio de densidad en nuestro sol se produciría con los intervalos marcados por las estaciones…

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Si el sol es muy denso su temperatura será más fría y la onda que lo traspasa tendrá más amplitud; consideramos a esa amplitud tanto la fuerza que impulsa como empuje al astro solar en su movimiento de traslación, como el campo gravitatorio que le hace girar sobre si mismo y sobre el cual orbitan los planetas de nuestro sistema. Al ser mayor el campo gravitatorio existirá una aceleración del movimiento de rotación y traslación solar y de los movimientos de rotación y traslación planetarios del sistema. Además la onda que encuentra esa mayor resistencia del sol a ser traspasado por ella sufrirá una refracción mayor. En este momento el sol ha disminuido su masa y es la onda que lo mueve y traspasa la que ha recuperado su fuerza o amplitud. Si esa onda se inclina nos inclinará también a nosotros como planeta que orbitamos en ella como campo gravitatorio. Estamos en el Solsticio de Invierno, el 22 de Diciembre. La tierra gira sobre si misma más deprisa y los días son más cortos. Pero este es el punto crítico en el que se invierte la interacción del sol con la onda que lo traspasa pues al haberse enfriado, incrementarse la amplitud de la onda y girar más deprisa, comienza a calentarse de nuevo por su movimiento cinético. Y al calentarse comienza a perder densidad y ganar temperatura y volumen. La onda comienza a traspasarlo más fácilmente y se distiende su amplitud o fuerza siguiendo este proceso hasta el 22 de Junio que marca el Solsticio de verano, momento en que la amplitud de la onda es menor porque lo traspasa sin apenas resistencia y sin apenas refracción. El campo gravitatorio solar es entonces menor, el sol gira sobre sí mismo más despacio y los planetas orbitan con mayor lentitud en él. Es el día más largo. El Sol tiene ahora un mayor volumen, ha absorbido la mayor energía de la onda galáctica o cósmica y esta ha perdido su amplitud en relación a él. Y aquí se revierte de nuevo el proceso ya que al haber disminuido la velocidad de rotación y traslación el sol comienza de nuevo a enfriarse y hacerse más denso, la amplitud de la onda comienza de nuevo a hacerse mayor….. Así considerado, el movimiento de precesión terrestre sería consecuencia del efecto de incremento y decremento de refracción que experimenta la onda cósmica que trata de traspasar al sol siendo al tiempo su campo magnético y gravitatorio y la fuerza de su empuje y movimiento de traslación… movimiento que a su vez describiría una aparente sinuosidad que ¿habría de calificarse igualmente de Browniana?… Las estaciones entonces solo pueden ser propiamente dos, invierno y verano, siendo la primavera y el Otoño estaciones de tránsito hacia los dos puntos críticos en la interacción del sol con la onda de empuje que lo encuentra y lo traspasa, los de mayor y menor amplitud de dicha onda, de incremento y 9


disminución del campo magnético y gravitatorio solar. La energía que genera el sol está estrechamente relacionada entonces con esta onda que constituye el campo gravitatorio solar y que a su vez viene de otra u otras estrellas mayores que él o que se encuentran antes que él al paso de la onda galáctica…. Y si el campo gravitatorio solar varía de esta forma, el movimiento de traslación terrestre tendría que incrementarse de forma progresiva hasta alcanzar su punto máximo con la llegada del verano y de ahí comenzaría a ralentizarse hasta la llegada del invierno que es donde alcanzaría una menor velocidad… interaccionando además con la propia densidad terrestre…. Todo lo descrito sería aplicable al Hemisferio Norte pero, y los veranos y los inviernos del Hemisferio Sur?... habría que acudir para explicarlos a la existencia de una segunda estrella solar que alumbre a nuestro planeta junto a nuestro sol, formando un sistema binario? Y para concluir, ¿el cuádruple movimiento de la onda de luz guarda relación con la ordenación de las estructuras que observamos en el Reino vegetal y animal, en toda la naturaleza, que se han relacionado con la secuencia Fibonacci y el número Phi?... ¿Tiene que ver el número Phi también con el doble movimiento de contracción expansión, sístole y diástole que emite nuestro sol una vez al año y de desplazamiento en su moverse por causa de la refracción de la onda de luz cósmica o galáctica que lo traspasa y empuja en su desplazarse traslacional?... podríamos continuar estableciendo relaciones por similitud, pero serian inagotables como la naturaleza misma que observamos…

4. Ideas Resumen: a. La onda no es al mismo tiempo partícula ni la partícula es onda, pero la Energía que absorbe y emite cada una es, por intervalos sucesivos y alternos, onda y partícula y es consecuencia de su mutua interacción. b. La Luz no es eléctrica ni magnética en sí misma ni la a materia conductora ni no conductora de electricidad por sí sola. Electricidad y magnetismo surgen de la interacción dinámica de onda y partícula. c. La Gravedad es una fuerza pero no de atracción sino de empuje, y una curvatura pero no del espacio sino de la misma onda de luz. La Gravedad es la Fuerza de la Luz, su amplitud de onda modulada por la masa, densidad y volumen, de la materia que encuentra en su ondular. d. No existen subpartículas positivas (Protones), negativas (electrones), neutras (Neutrones) ni de ningún otro tipo más que como forma de denominar estados de energía que se generan en la interacción entre onda y partícula. El átomo es solo volumen y densidad de masa, la onda amplitud, longitud y frecuencia. 10


e. El influjo dinámico entre onda y partícula se produce por incremento y decremento, aceleración o desaceleración cíclicamente constante del movimiento de rotación impreso en la partícula por efecto de la Fuerza o amplitud de onda que la traspasa en su ondular, considerada esta amplitud de onda como campo gravitatorio que ella misma modula con su densidad y volumen, y la variación cíclica de su volumen temperatura y densidad inversamente proporcionales a la variación subsiguiente de la amplitud, longitud y frecuencia de onda. f. La pérdida y recuperación (decremento e incremento) de la fuerza o amplitud de la onda se traduce en ganancia o absorción y pérdida o emisión de energía en la partícula y a la inversa, proporcionalmente, en la amplitud de onda, por periodos sucesivos y alternativamente inversos. g. No existe irreversibilidad en la interacción termodinámica entre onda y partícula, pues la materia se expande, se contrae y se expande de forma sucesiva y constante por intervalos iguales de incremento y decremento siendo la luz un flujo incesante y continuo de ondas. h. La materia está determinada con respecto a sí misma por la onda. La onda transforma a la materia en la medida en que esta a su vez la ha modulado en su encuentro y está determinada con respecto así misma por la materia. i. La materia es constante en su masa en intervalos iguales de tiempo o de forma promediada, pero estás sujeta a cíclica variación en su interacción con la luz. El átomo late en presencia de la luz. El átomo no se rige por las leyes del azar ni la estadística y su posición es previsible conociendo como interactúa con la luz y la dinámica que mantiene con ella. j. La luz se mueve avanzando y retrocediendo en su amplitud y extendiendo contrayendo su longitud de onda en presencia de la materia, aunque su velocidad promediada sea constante. j. El Magnetismo se genera por el movimiento de rotación de la partícula dentro del campo gravitatorio que se genera en su encuentro con la onda de luz, siendo magnetismo y gravedad, densidad y volumen de la materia y fuerza y longitud de onda variables dentro de determinadas magnitudes en las que se desarrolla de forma incesante la dinámica del encuentro entre onda y materia. k. Son posibles velocidades superiores a la de la luz. Es posible evitar la gravedad.

5. Anexo: Fig.1 Gráfico de la interacción Onda-partícula:

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1 Diciembre 2010, Alfonso De Miguel Bueno

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Teoria de la luz