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BARTOLOMÉ BOHÓRQUEZ GIL, TEÓSOFO Y MASÓN

ANTONIO MORALES BENÍTEZ

UN UBRIQUEÑO LIBREPENSADOR

Bartolomé Bohórquez Gil, teósofo y masón © Antonio Morales Benítez Licenciado en Historia

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uestro siglo XX estuvo dotado en algunas ocasiones de una dinámica destructiva de tal magnitud que llegaría a borrar durante muchos años una parte importante de nuestra historia más reciente. El final de la guerra de 1936 supuso para este país enterrar no sólo la memoria de los vencidos, sino la de muchos otros que aún habiendo permanecido al margen de las luchas políticas o sociales suscitaron la desconfianza del nuevo régimen que se implantó en España tras el conflicto bélico. Es el caso del ubriqueño Bartolomé Bohórquez Gil. Su trayectoria en nuestra población estuvo condicionada por su profesión de maestro de primera enseñanza y por el hecho de que abandonara Ubrique en una fecha muy temprana para incorporarse a otros destinos profesionales. Por lo que desarrolló la mayor parte de su labor fuera de esta población. Todo ello hace que entrañe ciertas dificultades la reconstrucción de su vida siguiendo sus pasos a través de los testimonios que nos dejó en los diferentes destinos. En Bohórquez Gil descubrimos una personalidad muy compleja. Desarrolló su actividad en diversos ámbitos como la enseñanza, la política, el periodismo o las sociedades iniciáticas. Fue un hombre movido por un sincero deseo de conocer que se preocupó por el significado de las religiones en el mundo, la idea de Dios y el sentido de la existencia humana. Este deseo de conocer le llevó a ingresar en sociedades como la masonería o la teosofía. Aunque en esta búsqueda no se apartará de la religión en la que fue bautizado. Y hacía declaración de fe cristina pero, al mismo tiempo, no renunciaba a descubrir la verdad por sus propios medios, por lo que no se adscribirá a ninguna de sus iglesias. Convencido de la capacidad de la razón humana para entender las verdades tradicionalmente consideradas sobrenaturales, acogerá el lema de los teósofos de «No hay religión más elevada que la verdad». Aquellas organizaciones se presentarán como una síntesis de todas las religiones que permitían desarrollar las ideas propias. Recogían las doctrinas más antiguas de Oriente consideradas como aproximaciones a una verdad a

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la que el iniciado ha de llegar a través de su perfeccionamiento físico, intelectual y moral. El pensamiento de Bohórquez entroncaría con la tradición liberal y progresista de la segunda mitad del siglo XIX y con las corrientes librepensadoras que se extendieron durante este período por nuestro país. En este contexto, este heterodoxo se entregará a buscar la verdad por los medios naturales de la inteligencia humana con la sola luz de la razón y la experiencia. Y no siempre encontrará un fácil acomodo en las sociedades masónicas o teosóficas que también iban a estar intervenidas, como otras, por el dogmatismo, las rivalidades internas o el personalismo de algunos. Bohórquez Gil nació en Ubrique el 26 de enero de 1855. Sus padres, Cristóbal Bohórquez y Francisca Gil, tenían su domicilio en la calle Alcantarilla1. Estudió la carrera de Magisterio. En abril de 1888 un decreto del rectorado de la Universidad de Sevilla le nombraba auxiliar en propiedad de la escuela elemental de niños de Ubrique en virtud del concurso libre en el que había tomado parte y era destinatario de un sueldo anual de 456,25 pesetas. El 7 de mayo tomaba posesión de la plaza en la escuela de San Pedro ante los miembros de la Junta Local de Primera Enseñanza, que estaba presidida por el alcalde Manuel Carrasco2. Sin embargo, con anterioridad a este nombramiento contaba ya con una amplia trayectoria en su localidad natal como masón, puesto que se había iniciado en la logia ubriqueña seis años antes. La logia América se fundó el 9 de abril de 1882 a partir de un núcleo de Fiat Lux de Ronda3. A la cabeza de este taller se situaba el cubano residente en Ubrique Alejo Bonachea Palmero, que denominó a la logia con el mismo nombre que tenía el taller en el que se había iniciado en la ciudad isleña de Remedios4, de donde era originario. Bohórquez Gil ingresaba en América unos meses después, el 16 de julio de 1882. El estudio de la trayectoria de estos dos masones resulta importante para conocer orígenes de una entidad que operó en esta población a lo largo de casi cincuenta años. Después de su iniciación, Bohórquez Gil se ponía al frente del taller al ocupar el cargo más elevado, el de Venerable Maestro. Sin embargo, la vida de esta logia iba a verse alterada al estallar una grave crisis interna motivada por las diferencias políticas que empezaron a surgir en su seno. Sabemos que en el taller convivían miembros liberales y republicanos. Bohórquez lideraba a un grupo que pedía de nuevo en 1887 su ingreso en la logia rondeña, mientras otro sector permanecería en la de Ubrique. Pero, superada esta primera crisis, se producía la definitiva reunificación de los dos sectores que volvían a converger en el interior de América a finales de ese mismo año. El 1

Archivo Diocesano de Jerez, Libro de Bautismos, Ubrique, pág. 271. Archivo Municipal de Ubrique (AMU), Instrucción Pública. Educación, leg. 750, «Expediente para dar posesión al Auxiliar nombrado en virtud de Título expedido por el Rector de la Universidad de Sevilla, para la escuela pública de niños denominada San Pedro, Don Bartolomé Bohórquez y Gil», 1888. 3 Centro Documental de la Memoria Histórica (CDMH), Salamanca, Masonería, leg. 765- A /13. Sobre esta logia: PINTO MOLINA, María: La Masonería en Málaga y provincia (último tercio del siglo XIX), Universidad de Granada, Granada, 1987. 4 Archivo Histórico Nacional (AHN), Madrid, sección Ultramar, leg. 3.622; MORALES BENÍTEZ, Antonio y SÍGLER SILVERA, Fernando: «La Masonería gaditana de obediencia cubana: la logia Tolerancia y Fraternidad», en Masonería Española y América, I , Centro de Estudios Históricos de la Masonería Española (CEHME), Zaragoza, 1993, pp. 313-322. 2

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miembro fundador Alejo Bonachea ocupaba ahora el cargo de Venerable y Bohórquez el de Orador. Pero en 1888 el primero abandonaba definitivamente la logia y Bohórquez, que había adoptado el nombre simbólico de Catón y era ya grado 3º, se convertía de nuevo en Venerable5. Superada esta crisis, la logia de Ubrique iniciaba una nueva etapa de expansión en cuanto al número de miembros que acogía en su seno y por la importante labor que podía desarrollar en el campo profano con la creación de entidades educativas y culturales, como el Círculo Instructivo Luz de la Sierra, la Escuela de Adultos Regeneración, la escuela laica Ateneo, que impartía una enseñanza más especializada y desarrollaba asignaturas tales como Nociones de Geografía, Nociones de Zoología, Nociones de Psicología o Causas del indiferentismo religioso. En algunas de estas materias puede observarse ya algunos de los grandes asuntos que preocuparon a Bohórquez a lo largo de su vida. Se distanciaba del clericalismo y de la línea oficial de la iglesia católica española al considerar que sus ministros habían apartado a muchos fieles del verdadero cristianismo. La logia ofrecía también una biblioteca que estaba considerada como la más importante de la sierra gaditana y que era ampliada constantemente con nuevos fondos6. Por todo ello el nombre de América aparecía con frecuencia en el boletín de Gran Oriente de España. Y esta federación masónica en atención a toda esta labor en el mundo profano distinguía a esta la logia con los títulos de Benemérita y de Muy leal. Incluso, su fama traspasaba nuestras fronteras. Sabemos que una logia de Francia, L'Industrie, colocaba en su templo una orla con las fotos de los masones ubriqueños. Pero en 1889 Bohórquez Gil se daba de baja en América. En la relación de miembros, o cuadro lógico, del taller en el que se había iniciado siete años antes, lo encontramos ahora como representante o garante de amistad ante otro taller. Ese año abandonaba Ubrique para cubrir un nuevo destino docente. Este destino le iba a llevar a la ciudad de Tarifa. En la década de los noventa Bohórquez Gil se encontraba al frente de la escuela de niños de Tarifa. Era, además, director de un Círculo Instructivo del Obrero que ofrecía clases nocturnas a cuantos trabajadores lo solicitasen en un aula situada en la calle Azogue nº 5. Estas clases comprendían materias básicas como lectura , escritura y aritmética7. En 1892 era director de un colegio de Primera Enseñanza Elemental y Superior que estaba situado en la plaza de la Constitución nº 1 y en la calle Almedina nº 2 y que impartía las siguientes asignaturas: lectura, escritura, aritmética, gramática, doctrina cristiana, geografía e historia de España. Además, daba lecciones particulares en el salón de clases o a domicilio8. 5

CDMH, Salamanca, Masonería, leg. 744-A-1. Sobre esta logia: MORALES BENÍTEZ, Antonio y SÍGLER SILVERA, Fernando: «Aportación al estudio de la masonería en el medio rural andaluz: la logia América nº 27 de Ubrique (Cádiz)», en Masonería, Política y sociedad, II, CEHME- Junta de Andalucía, Zaragoza, 1989, pp. 1101-1109; MORALES BENÍTEZ, Antonio: «Masonería y republicanismo en Ubrique», Papeles de Historia, nº 3, Ubrique, 1999, pp. 53-81; y «La Masonería en el medio rural. Implantación e incidencia social en la Sierra de Cádiz durante la coyuntura finisecular», en Masonería española y la crisis colonial del 98, II, CEHME, Zaragoza, 1999, pp. 845-863. 7 El Defensor (periódico de Tarifa) , nº 3, 24/ diciembre/ 1890, p. 4. 8 El Tarifeño, semanario independiente, nº 32, 17/ julio/ 1892. 6

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Pero en Tarifa se encontró con otro taller masónico, la logia Bercelius9, a la que se afilió. Al frente de este taller se encontraba el médico y farmacéutico Pablo Gómez Moure, de origen gallego pero afincado en Tarifa desde que sirvió como sanitario en la guerra de Marruecos. Se trataba de una personalidad relevante dentro del masonismo español que llegó a alcanzar el grado 33º, la máxima distinción que concede la masonería10. En Tarifa, además, Bohórquez Gil desarrollaba una intensa labor. La logia sostenía aquí una escuela de adultos y organizaba actividades culturales, como conferencias. Incluso se proyectó la creación de otras instituciones académicas, como una cátedra especial de Geografía e Historia. Y el taller recibía las felicitaciones del Grande Oriente Nacional de España. En 1893, Bohórquez era elegido Primer Vigilante de la logia -el segundo cargo en importancia orgánica-. Pero este taller iba a desaparecer en 1895, anticipándose por unos años a la crisis de la masonería española que provocó el desmantelamiento de la mayor parte de los talleres y de las obediencias masónicas11. En Tarifa desarrolló, también, cierta actividad política. En 1894 era designado alcalde de barrio del tercer distrito tarifeño, denominado Hospital 12. Ese mismo año era propuesto para integrar una comisión de 20 vecinos representantes de diversos sectores de la localidad para intervenir en el asunto del pleito que la ciudad mantenía con la Casa Ducal de Medinaceli para recuperar las dehesas usurpadas siglos antes por la nobleza a los vecinos de la población13. Integrado en el partido liberal de Tarifa, participaba en la vida política de la localidad y en algunas misiones en la provincia por encargo de sus jefes políticos. Así, sabemos que en 1897 era comisionado, junto a otros miembros del partido liberal dinástico de Tarifa como Marcos Núñez Reynoso, José Cazalla Sotomayor y Eusebio del Corte, por Fernando de los Ríos Acuña para reorganizar el partido en Jimena de la Frontera. Su misión era salvar las diferencias que existían en el liberalismo de esta ciudad con el nombramiento de un nuevo comité14. Bohórquez Gil entendía el liberalismo político como «un sistema de gobierno que basa su principio en la felicidad de todos los españoles» y que en aquellos momentos de la Restauración monárquica sería altamente beneficioso para el país.Y se preguntaba en unos de sus artículos: «¿ Hay Estado mejor, en cualquier sentido que se tome, que aquel en que libremente se desenvuelve la sociedad o el individuo, unido a la razón, la equidad, la justicia y el amor a Dios demostrado por el bien hecho a sus semejantes ?». Por ello no entendía la postura de la iglesia española –«El liberalismo es pecado», se 9

CDMH, Salamanca, Masonería, leg. 743-A-24. NÚÑEZ JIMÉNEZ, Carlos: «Pablo Gómez Moure», Aljaranda, nº 5, Ayuntamiento de Tarifa, 1992, pp. 34-35; y MORALES BENÍTEZ, Antonio: «La trayectoria política, social y masónica de Pablo Gómez Moure (1833- 1897) en Tarifa», Aljaranda, nº 26, Ayuntamiento de Tarifa, 1997, pp. 16-24. 11 Sobre esta logia: MORALES BENÍTEZ, Antonio: «Masonería y Política en Tarifa a fines del siglo XIX», Almoraima, nº 13, Mancomunidad de Municipios del Campo de Gibraltar, Algeciras, 1995, pp. 363-368; «Los miembros de la Masonería tarifeña entre 1885 y 1895», Aljaranda, nº 33, Ayuntamiento, Tarifa, 1999, pp. 16-22; y «La crisis de la Masonería tarifeña», Aljaranda, nº 47, Ayuntamiento, Tarifa, 2002, pp. 24-27. 12 Archivo Municipal de Tarifa (AMT), Actas Capitulares, sesión 1/ enero/ 1894, punto 3º. El resto de los alcaldes de barrio serían: Distrito 1º (San Mateo), José Martín Chamizo; distrito 2º (San Francisco), Agustín Peralta; y distrito 4º (Jesús), Manuel Buas Silva. 13 Archivo Municipal de Tarifa (AMT), Actas Capitulares, sesión 1/ enero/ 1894, punto 3º. El resto de los alcaldes de barrio serían: Distrito 1º (San Mateo), José Martín Chamizo; distrito 2º (San Francisco), Agustín Peralta; y distrito 4º (Jesús), Manuel Buas Silva. 14 El Eco de Tarifa, nº 7, 28/ febrero/ 1987, pp. 1 y 2. 10

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decía–. Ello le llevó a ahondar aún más sus diferencias con algunos prelados del catolicismo que condenaban el liberalismo por alejar a los hombres de Dios. Y para rebatir estos argumentos recogía otras palabras del propio Papa León XIII que exhortaba a los católicos a participar en política a través del partido liberal que sería, para Bohórquez, la más segura garantía de orden público de la España de entonces15. Pero su actividad principal, fuera de la aulas, iba a ser la periodística. Esta ciudad tiene una extraordinaria tradición periodística desde el siglo XIX con numerosas publicaciones de casi todas las tendencias políticas. Ya desde 1891 sabemos que colaboraba con semanarios locales, como El Defensor de Tarifa16. En 1897 era director del El Eco de Tarifa, publicación dominical de intereses locales. De carácter liberal, tendría una gran importancia en la localidad durante estos años. Su primer número salía a la calle en enero de ese año. Este periódico recoge algunos artículos suyos. Además, aparece salpicado de pequeñas notas sin firmar que hacen referencia a los temas que siempre le preocuparon, como la religión y la idea de un Dios cercano a los hombres. Y puede vislumbrarse ya el paso que habría de dar hacia la teosofía. Así, en los números que se han conservado17 se habla de asuntos como la necesidad de la sociedad de volver a Dios, el advenimiento de su reino para que se haga su voluntad o de poner la suerte del mundo en manos divinas.

PORTADA DEL 21 DE FEBRERO DE 1897 DE EL ECO DE TARIFA, DIRIGIDO POR EL UBRIQUEÑO BARTOLOMÉ BOHÓRQUEZ GIL. 15

Ibidem, nº 6, 21/ febrero/ 1897, p. 1y 2. Este número del periódico dirigido por Bohórquez contiene un artículo titulado «El liberalismo político». 16 El Defensor de Tarifa, semanario independiente, nº 23, 13/ mayo/ 1891. Contiene un artículo de Bohórquez Gil titulado «El paseo de Tarifa». En él propone una serie de ideas para construir un paseo marítimo en Tarifa y otras mejoras urbanísticas. 17 El Eco de Tarifa tenía una periodicidad semanal. Sólo se han podido consultar cuatro números –desde el 5 hasta el 8–, pertenecientes todos ellos a los meses de febrero y marzo de 1897. 5


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Pero durante los años posteriores pondría fin a su etapa tarifeña. No sabemos con exactitud cuándo abandonaba esta ciudad. En cualquier caso, retomamos al personaje en Valencia en 1912. Sabemos que en ese año dirigía una sociedad de estudios psicológicos que tenía por nombre El Faro de la Paz y que era representante de la Orden de la Estrella de Oriente de la Sociedad Teosófica en aquella ciudad18. Después de su etapa masónica, en la que llegó a militar al menos en tres logias, encontraba otro espacio de sociabilidad donde desarrollar sus cualidades intelectuales y sus deseos de ser útil a los demás. El deseo de conocer le llevaba ahora a considerar a la teosofía como las más perfecta de las doctrinas de su tiempo. La teosofía, o sabiduría de Dios, frente al materialismo de unos y al espiritualismo de otros, proponía una síntesis entre ciencia y religión y se basaba en una concepción armoniosa del mundo y de «cuanto el hombre puede saber acerca de ese mundo y de sí mismo». Esta escuela quería reconciliar todas las creencias bajo un sistema común de ética, basado en verdades eternas. La Sociedad Teosófica había sido fundada en Nueva York en 1875 por Henry Steel Olcott y madame Helena Petrovna Blavatsky. A ellos se unió en 1889 Annie Besant . Se constituyó como una organización internacional que tenía secciones en cada país. Su cuerpo doctrinario se basaba en una mezcla de doctrinas de procedencia hindú y otras doctrinas. En su interior, como Maestras que inspiran a los demás socios de la Orden o como propagandistas para llevar este ideal a todos los rincones, destacaba la presencia de mujeres. Además, su organización –ramas en vez de logias– y sus fines –el ideal de fraternidad– eran muy parecidos a los de la masonería. Estas sociedades llevarán la confusión a los propios miembros del Gobierno español. Así, el prestigioso teósofo extremeño Roso de Luna vio como le era negada la cátedra de Historia de las Religiones en la Universidad de Madrid al ser considerado un budista por el ministro Santiago Alba19.

HELENA PETROVNA BLAVATSKY.

MARIO ROSO DE LUNA.

Bohórquez, aunque ya en Valencia trabajaba como oficial de la Hacienda Pública, seguía dedicando buena parte de su tiempo a la educación, ya que era también director 18

CDMH, Salamanca, Masonería, Expediente Personal de Bartolomé Bohórquez Gil, leg. 14, exp. 367. CORTIJO, Esteban: «Mario Roso de Luna: concepto de masonería y sus relaciones con la masonería de Ultramar», en Masonería española y América, II, CEHME, Zaragoza, 1993, pp. 649-670. De este mismo autor: «Masonería y teosofía en Iberoamérica: Argentina, México y Brasil», en La Masonería española entre Europa y América, I, Diputación General de Aragón, Zaragoza, 1995, pp. 379-401. 19

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de un colegio laico de primera enseñanza20. Existía en esta ciudad una tradición de escuelas laicas y racionalistas desde el siglo anterior vinculado a grupos republicanos, masónicos y librepensadores, que estaban animadas por algunas ilustres republicanos, como Blasco Ibáñez. En 1906 este movimiento se unificó con la creación de la Escuela Moderna de Valencia. Aunque el proyecto educativo más ambicioso no llegaría hasta 1928 con la constitución, después de la muerte del escritor, de la «Fundación Cultural Blasco Ibáñez»21. Además de estar al frente del colegio laico, Bartolomé Bohórquez impartía conferencias de teosofía y era director de la revista de contenido teosófico La Luz del Porvenir. Durante estos años, y debido a su intensa labor como propagandista de las doctrinas teosóficas, manifestaba sus deseos de alejarse de todo para dedicarse más tiempo al estudio y la reflexión. Pero era ya la cabeza visible del teosofismo en Valencia. Dentro de la Orden de la Estrella adoptaba el ideal adventista. Y se entregaba a la tarea de organizar y extender esta sociedad en Valencia y a difundir su doctrina a través de sus conferencias o de las publicaciones teosóficas que editaba. También realizaba gestiones para organizar en Valencia una biblioteca internacional de temas teosóficos. En los locales de la sociedad teosófica se organizaban encuentros y prácticas en la meditación. Y una vez al mes tenidas blancas, reuniones abiertas a personas ajenas a la organización. En 1914 era elegido presidente de El Faro de la Paz22, continuaba editando la revista y su grupo valenciano disponía de un nuevo local. Pero durante los años de la primera guerra mundial debió decrecer la actividad de esta organización, a tenor de la escasa documentación que nos ha llegado. Una vez finalizado el conflicto bélico, en 1918, Bohórquez solicitaba carta constitutiva para fundar como entidad autónoma de Madrid la rama de la sociedad teosófica en Valencia. Y el antiguo miembro de las logias de Ubrique y Tarifa, que era elegido primer presidente de la nueva rama, recibía de La India esta documentación para operar dentro del campo del teosofismo. En septiembre de 1920 solicitaba su ingreso en la sección española de la Escuela Esotérica de Teosofía. Se trataba también de un movimiento a nivel internacional. Esta sociedad le exigía para ingresar el reconocimiento de una serie de preceptos como la creencia en la reencarnación, el «karma», la existencia de seres suprahumanos y subhumanos y de seres divinos o maestros en continua relación con la humanidad 23. En toda esta filosofía se observa también una clara influencia de las doctrinas orientales. El neófito que ingresaba en esta Escuela manifestaba su intención de «purificar y espiritualizar su vida y poder ser un servidor más útil a la humanidad». En el mes de 20

CDMH, Salamanca, Masonería, Exp. Personal, leg, 14, exp. 367. Carta de Bohórquez Gil a Joaquín Gadea y Mira, 27 / mayo/ 1912. La carta tiene el membrete de «El Faro de la Paz. Sociedad de Estudios Psicológicos», que estaba situado en la calle Hospital nº 3, 2º izqda. 21 LÁZARO LORENTE, Luis M.: «Blasco Ibáñez: Masonería, Librepensamiento y Educación», en Masonería, Revolución y Reacción, II, Instituto de Cultura Juan Gil-Albert, Diputación, Alicante, 1990, pp. 213-225. 22 CDMH, Salamanca, Masonería, Exp. Personal, leg.14, exp. 367. Cartas de Bohórquez Gil a Joaquín Gadea, Valencia, 10/ octubre/ 1913 y 19/ octubre/ 1914. En la primera de las cartas se adjunta un escrito que consta de diferentes apartados sobre la organización de la Rama de Valencia de la sociedad teosófica. 23 Ibidem, documento firmado por Bohórquez Gil con fecha 9 de septiembre de 1920 con las condiciones que suscribe para su ingreso como miembro de la Escuela Esotérica de Teosofía. 7


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octubre se producía el ingreso de Bohórquez en esta sociedad y expresaba su deseo de estudiar el teosofismo en el plano físico. Había multiplicado sus contactos a nivel internacional, recibía publicaciones de todo el mundo y sus artículos circulaban por otros países. Recibía, también, la visita de propagandistas extranjeras de la nueva filosofía. Seguía editando La Luz del Porvenir, que se definía como una publicación de «espiritualismo ecléctico» que pretendía dar cabida a las corrientes teosóficas y estaría identificada, según sus propias palabras, con «las verdades eternas». Dentro de la Escuela se comprometía a seguir la disciplina gnóstina cristiana y se adscribía, al no haber esta disciplina en Valencia, al grupo de Madrid. En 1921 tenía 66 años y seguía profesando su fe cristiana pero libre de los dictados de cualquiera de sus iglesias. Poseía un gran conocimiento de la Biblia y lo demostraba en sus escritos con numerosas citas. En 1923 era secretario de la Orden de la Estrella en Valencia y, ante el aumento de afiliados, se creaba un segundo grupo. En ambos se sigue observando una importante participación de la mujer. En 1924 redactaba un trabajo para ser leído en el Congreso de la Estrella y pedía consejos a los hermanos de España y de América sobre su contenido. Participaba en las sesiones de Consejo General de la Sociedad Teosófica Española celebradas en Madrid en octubre de 1924. Y apoyaba desde Valencia los proyectos de la rama de Madrid de editar una serie de publicaciones como La Revista Teosófica Internacional, Casa Española de Publicaciones Teosóficas o la revista Sophia24. Pero dentro de estas sociedades también se vivieron algunos episodios de rivalidades entre sus miembros. Dentro del teosofismo español se presentaban dos opciones encabezadas por Roso de Luna y por Manuel Treviño, o «entre los seguidores de la vía devocional, llamados místicos, y los partidarios de la vía racional, o intelectuales»25. No conocemos los contactos de Bohórquez Gil con Roso de Luna, si es que los hubo. En sus escritos apenas hay referencias a él. Aunque sí sabemos de otros contactos del teósofo extremeño en nuestra provincia , ya que solía visitar la ciudad de Algeciras y recalaba en el «Café de Bohórquez». En este local, regentado por la familia Bohórquez Morales, se desarrollaron encuentros con los masones locales. Dos miembros de esta familia algecireña, Francisco y Juan, eran componentes de la logia Trafalgar26. El primero de ellos sería fusilado por los sublevados en agosto de 1936, junto con la mayoría de los miembros de esta logia, mientras que el segundo consiguió huir a Gibraltar.

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Ibidem, carta de Bohórquez Gil a Manuel Treviño y Villa, Valencia, 17/ septiembre/ 1924. CORTIJO, Estebán: «Mario Roso de Luna...» , op. cit. 26 CDMH, Salamanca, Masonería, legs. 460-A-1, 461 -A- 2 , 462-A- 2. 25

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Conocemos, sin embargo, la correspondencia de Bohórquez Gil con Treviño, con quien mantuvo siempre unas relaciones cordiales y cercanas desde que ingresó en esta sociedad27. En 1928 Manuel Treviño era elegido como «organizador nacional» de la orden, máximo responsable esta sociedad en España. Pero iba a producirse al mismo tiempo su distanciamiento con los organismos rectores de Madrid. Durante estos años se observaba una divergencia en el movimiento teosófico internacional. Esta crisis también parece que se traslada a la rama valenciana y eran evidentes las diferencias entre el nuevo presidente de la rama y Bohórquez. Éste aceptaba en 1928, el cargo de secretario de la provincia de Valencia. Tenía 73 años y ya se constataba su delicado estado de salud que lo limitaría a la hora de hacer propaganda en los 170 pueblos de su jurisdicción valenciana. Estaba vinculado, además, al Ateneo Científico, donde se impartían conferencias y se organizaban tertulias y debates sobre diferentes temas. Esa dualidad era frecuente entre los teósofos españoles. El Ateneo como lugar de diálogo, debate, crítica y librepensamiento, frente a la rigidez de la Orden. Durante el año 1928 sacaba a la luz una nueva revista teosófica que recibía el nombre de Fiat Lux, el mismo que tuvo la logia rondeña que lo había acogido cuarenta años antes. En 1929 recibía las felicitaciones del organizador nacional por haber conseguido la legalización de la rama valenciana. En el reglamento que Bohórquez remitía al Gobierno Civil de Valencia para su aprobación se describían los fines de esta organización: reunir a todos los que creen que «el Instructor del Mundo está presente en la tierra» y colaborar con él para el establecimiento de sus ideales28. El grupo legalizado se declaraba contrario a intervenir en actos políticos o religiosos, pero se esforzará en «fomentar la comprensión y el Amor al prójimo». En otros escritos Bohórquez se extendía sobre la figura del «Instructor del Mundo», que sería para él la percepción de la verdad tenida por el individuo, ya sea percibida a través de las enseñanzas que ha recibido de los maestros de la Orden o como resultado de su propio discernimiento. La Orden debía extenderse a todos los que buscan la verdad y desean establecerla en sí mismo y difundirla por el mundo. Estas enseñanzas, inspiradas en el jefe mundial de la Orden, J. Krishamundi, estarían abiertas a todos los seres humanos sin distinción de sexo, raza, nacionalidad o 27

Ibidem, Exp. Personal, leg. 14, exp. 367. Carta de Bohórquez Gil a Manuel Treviño, Organizador Nacional de la Orden de la Estrella, Valencia, 10 / mayo / 1928. 28 Ibidem, «Proyecto de Reglamento para la Sociedad Grupo de la Orden de la Estrella de Valencia», 1928. 9


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credo religioso porque buscan la comprensión, el amor al prójimo, la felicidad y la verdad. Sin embargo, pese a estas nobles palabras, durante estos años eran perceptibles en el interior de estas sociedades las querellas internas. En diciembre de 1929 tenemos el último testimonio de Bartolomé Bohórquez Gil. Ese año se producía su ruptura con la Orden de la Estrella. El 12 de diciembre dirigía una carta a Francisco Rovira29, secretario de la Sociedad Teosófica, en unos términos tan duros contra él y contra el presidente del núcleo valenciano que debió sellar su alejamiento, suponemos que definitivo, con la Orden que lo había acogido en 1912. Estaba próximo a cumplir los 75 años. Bohórquez Gil fue un espíritu libre que, en esa eterna búsqueda de la verdad, sintió tanto respeto por sí mismo y por los demás que sólo quiso seguir los dictados que fuesen producto de su propia reflexión. Por ello este pensador ubriqueño exploró diferentes territorios30. Quiso servir a los demás a través de su profesión de maestro de instrucción y de su activismo masónico y teosófico. La línea abierta en el masonismo de Ubrique o Tarifa presenta similitudes en cuanto a su dedicación por llevar la luz de la cultura y la educación a todas las capas de las sociedad. Su trabajo intelectual como teósofo o propagandista de estas ideas a través de conferencias y publicaciones quieren llegar a todos, situándose por encima de las diferencias religiosas o políticas. Tenía los pies en el suelo y por encima de todo se observa ese deseo de ser útil a los demás. Este heterodoxo de Ubrique perteneció a aquella generación de teósofos españoles que eran capaces de combinar los temas más elevados y de preocuparse al mismo tiempo por lo más cercano. Su filosofía de la vida le llevaba a sentir la presencia divina como algo tan próximo y cercano que llegaba a impregnar todo lo que le rodeaba, porque, como escribió el sabio Roso de Luna, «en una gota de rocío se encuentra la totalidad del universo».

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Ibidem, carta a Francisco Rovira, secretario del Organizador Nacional, Valencia, 12 / diciembre / 1929. El enfrentamiento surgió a raíz del nombramiento de Joaquín Román como presidente del Grupo de Valencia. 30 Una primera versión de este trabajo, ahora completado, apareció en Ubrique Información en cuatro entregas: los días 25 de febrero, 12, 19 y 26 de marzo de 2003. 10

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