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ORÍGENES DE LA PRENSA LEONESA PERIODISMO EN TIEMPOS DE REVOLUCIÓN (1808 – 1823)

1. Introducción.

La aparición de la prensa escrita posibilitó la difusión de información a sectores amplísimos de la sociedad. Cada vez mayor número de personas estuvo al tanto del desarrollo de los acontecimientos históricos y políticos de sus países, y pronto, también del exterior. Pero, ¿cuándo fue el momento en el que nace el periodismo? Nadie podría contestar con exactitud a esta pregunta, por más que la búsqueda de una respuesta ha dado origen a innumerables obras relacionadas con la historia de la prensa. Mientras algunos autores piensan que sólo se podría hablar de periodismo a raíz de la invención de la imprenta, otros creen que existen formas del mismo desde la Antigüedad Clásica1. Pero este es un debate que no interesa en este estudio, en el que dedicaremos nuestra atención al desarrollo periodístico en León en el primer cuarto del siglo XIX. La prensa se ha convertido en una fuente indispensable para los que se dedican al estudio de la historia contemporánea, como ya preveía Clemente Bravo en su obra: “…nadie duda que en adelante, el periódico ha de ser el documento consultado por el historiador con más asiduidad y fortuna, por aparecer en él todos los aspectos que la historia moderna necesita abarcar, ya que es producto y reflejo del medio social en que vive”2. El periodismo leonés de esta época ha sido estudiado después por otros autores en artículos y estudios generales sobre historia contemporánea de la provincia3. Desde comienzos del XVI hasta 1808 se da en España un rígido control sobre los medios de comunicación que, como dice Celso Almuiña, era ejercido mediante dos vías: la obligatoriedad de obtener licencia para imprimir cualquier tipo de obra y la aplicación de una 1

SÁIZ, M. D.: Historia del periodismo en España. 1. Los orígenes. El siglo XVIII, Madrid, Alianza, 1983. p. 26. BRAVO, C.: La imprenta en León. Apuntes para una monografía, León, Imprenta de Máximo A. Miñón. 1902. Prólogo, pp. XIV y XV. Constituye una fuente insustituible para el conocimiento de la actividad impresora en la provincia. Reproduce numerosos documentos que de otra forma se habrían perdido y que aportan importantes datos sobre la historia del XIX leonés, pero lo más valioso es un índice descriptivo de todas las publicaciones periódicas leonesas desde 1808 a 1902, que constituye el primer estudio de la prensa de la ciudad. 3 CARRO, J. A.: Historia de la prensa leonesa, León, Diputación Provincial, 1984. Pequeño ensayo que aborda la historia del periodismo en toda la provincia desde 1808 a 1975. Más datos sobre prensa en CARANTOÑA, F. (coord.): La Historia de León, Vol. IV, Universidad de León, 1999, ÁLVAREZ, W. Y SERRANO S. (coord.): Crónica contemporánea de León, León, La Crónica 16 de León, 1991. También ha repasado las publicaciones leonesas LORENZANA, A.: “Absolutismo y represión política en la ciudad de León: la causa contra Luis de Sosa (1815–1818), Estudios Humanísticos, 14 (1992), pp. 113–136, y “Entre el fracaso y la esperanza: la difusión del liberalismo en León durante la crisis del Antiguo Régimen, (1808–1833), Estudios Humanísticos Historia, 1 (2002), pp. 261–305. Alude a la prensa en la época de la independencia GARCÍA, P.: La ciudad de León durante la Guerra de la Independencia, Junta de Castilla y León, Valladolid, 1991, p. 291. 2

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estricta censura previa con duras penas económicas y personales para los transgresores 4. La reacción ante los acontecimientos de la Revolución Francesa llevó a la promulgación del decreto de 24 de febrero de 1791 que suspendía todos los periódicos de España excepto la Gaceta Oficial y el Diario de Madrid. Otra orden de 1805 establecía un juzgado especial de imprenta, con facultades para actuar en el terreno de su competencia con total independencia de cualquier otro tribunal. Un grupo de censores estudiaba las obras; se nombró juez de imprenta al abate Melón que, con Moratín y Estala, integró “el Triunvirato”, protegido por Fernando VII. Las publicaciones que vieron la luz dedicaron sus esfuerzos a la difusión de las artes y ciencias y a discusiones literarias.

2. La prensa durante la Guerra de la Independencia.

El levantamiento de 1808 ante la invasión napoleónica inicia una guerra de liberación al mismo tiempo que una revolución política imbuida de las ideas reformistas que, como los atacantes, provenían de Francia. Una de ellas defendía el principio de libertad de imprenta, trayendo consigo la proliferación de periódicos y folletos que apoyaban el principio de soberanía nacional y alentaban al pueblo a la resistencia. Hace su aparición en ese momento la “opinión pública”, y la prensa se dedica a formarla y dirigirla. La cantidad de publicaciones fue desorbitada, ya que en el caos de la guerra el juzgado de imprenta no tenía medios para imponer su censura. El periódico pasaba a ser una forma de instrucción de los españoles5. Hubo publicaciones de carácter oficial, dependientes de las Juntas Provinciales o de la General, y otras promovidas por iniciativa privada. Abordaban noticias de la guerra y desarrollaban el pensamiento político, absolutista o liberal, mostrándose tan solo de acuerdo en la idea de la independencia del país. El periódico más representativo sería el Semanario Patriótico, que empezó a publicarse el 1 de septiembre de 1808. Contrario a todo lo que tuviera que ver con la dominación extranjera, se publicaba los jueves y tenía dos partes: una política y otra literaria. A su vez, la primera se dividía en histórica – formada por noticias de la guerra – y didáctica – destinada a difundir ideales relacionados con la soberanía nacional. La sección literaria trataba 4

ALMUIÑA, C.: La prensa vallisoletana durante el siglo XIX (1808–1894), T. I. Valladolid, Institución Cultural Simancas, 1977, p. 172. 5 SEOANE, M. C.: Historia del periodismo en España, 2. El Siglo XIX, Madrid, Alianza, 1983, pp. 28–29. Debe tenerse en cuenta que aunque la prensa difundiera sus ideas, estas sólo llegarían a una minoría de población culta por vía directa, debiendo este grupo difundirlas por otros métodos al pueblo, analfabeto en su mayoría. Sobre esto, ARNABAT, R.: “La divulgación popular de la cultura liberal durante el Trienio (Cataluña 1820–1823)”, Trienio, 41, mayo 2003, pp. 55–83.

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sobre obras que podían ser de interés para el público. En Madrid se publicaron 13 números hasta la nueva invasión francesa de principios de diciembre, momento en que el periódico se mudó a Sevilla, donde desapareció finalmente al negarse sus redactores a elaborarlo según el dictado de la Junta Central. Hubo otros periódicos importantes anteriores a las Cortes. Los personajes políticamente influyentes huían ante el avance francés y fueron refugiándose en Cádiz, creando un ambiente propicio para la aparición en aquella ciudad de multitud de publicaciones. Una vez reunidas las Cortes, una de sus principales tareas fue dar forma a la ley de libertad de prensa, lo que generó un debate entre liberales y conservadores del que se hicieron eco los principales periódicos6. La conclusión llegó con la publicación, el 10 de noviembre de 1810, del decreto que establecía que los impresos se podían publicar sin sujeción a limitación previa, pero estableciendo en cada provincia una junta de censura, y otra central para el reino. Las primeras estudiarían las causas que debían ser falladas por la segunda, pasando ésta las causas a los tribunales. Estaba constituida por nueve miembros, tres de ellos eclesiásticos, y las provinciales por cinco, de los que serían clérigos dos. Además, se ordenaba que todas las obras debieran ser firmadas para que hubiera un responsable de ellas7. La ley de libertad de prensa animó la publicación de nuevos periódicos más atrevidos y combativos, que en unos casos defendían el liberalismo, desde la moderación a la exaltación, y en otros el absolutismo fernandino. Son escasos los ejemplos de prensa periódica leonesa conservados de esta época. Así, en ocasiones, el testimonio y las descripciones de Clemente Bravo en su obra son lo único que tenemos para conocer su existencia y su carácter. Las diferentes juntas animaron a publicar textos que elevaran el ánimo de los españoles. De esta forma, la historia del periodismo en León comenzaba en la capital, en el año 1808, por iniciativa de la junta de gobierno que impulsó la publicación de El Manifiesto de León. Vio la luz el día 22 de diciembre. Cómo se puede leer en su primera página, surgía para tener a los ciudadanos al corriente de la guerra, ya que las noticias y correos eran interceptadas frecuentemente por el enemigo francés. Incluía una petición de donativos para el ejército y noticias de la heroica resistencia madrileña y de otros acontecimientos de la guerra, además de una nota final que anunciaba que el producto de su venta sería destinado a la 6

Sobre la discusión parlamentaria, CABRERA, I.: “Libertad de la imprenta: sus antecedentes en el Consejo (1808–1810)”, en FERNÁNDEZ, P. Y ORTEGA, M.: (eds.) Antiguo Régimen y Liberalismo. Homenaje a Miguel Artola. 3. Política y Cultura, Madrid, Alianza, 1995, pp. 445–450. 7 MARCUELLO, J. I.: “La libertad de imprenta y su marco legal en la España liberal”, en FLAQUER, R. (ed.): Derechos y Constitución, AYER, 34 (1999), pp. 65–91. Ofrece un estudio sobre las vicisitudes de la libertad de imprenta desde la época de la Constitución gaditana hasta la II República.

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compra de utensilios para el ejército. Se trataba de un folleto de ocho páginas de 19 por 15 centímetros, que tenía las características de las publicaciones que salían de la imprenta de Santos Rivero8. Aunque solamente vio la calle un número, podemos considerarlo como el primer periódico de León, pues en su segunda página queda constancia de la intención de la junta de seguir publicándolo:

Manifiesto de León. ASI - LS

“Sus respectivos numeros, que no se multiplicarán sin evidente necesidad se emplearán unicamente en manifestar al Pueblo con sencilled y precision las noticias ciertas de aquellos hechos que influyan en el bueno o mal estado de nuestra actual situación.” El documento no está firmado, pero diferentes autores atribuyen su autoría al coronel Luis de Sosa, quien, en efecto, dice haberse dedicado a su publicación en una relación de méritos que él mismo redactó en 18169.

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BRAVO, C.: op. cit. p. 559. El único ejemplar conservado está en el Archivo de la Real Colegiata de San Isidoro. Sección IV. Extracapitulares. Archivos Particulares Incorporados. Fondo Luis de Sosa (ASI-LS), caja 315, leg. 38.

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La segunda publicación que cita Bravo es Conversaciones del día, aparecida en la imprenta de Pablo Miñón en 1813. Da una descripción del número 2, el único que pudo encontrar, y deduce que era obra de algún eclesiástico a juzgar por su tono y contexto10. Recurre a la forma de fábula, que usarán otras publicaciones, para afrontar los problemas de la época. Se reproduce una conversación, denominada Conversación Segunda, entre tres personajes: Theodulo, Agrantes y Comines. Actuando el segundo como nexo entre los otros, el primero defiende los derechos y la utilidad de la Iglesia en una discusión con el tercero, representante de la línea ideológica que atacaba la influencia clerical en la vida política y social. La suscripción a este periódico se podía hacer en el comercio de don Francisco Salinas y su precio era de 18 reales por veinte pliegos11. El número concluye con una Conversación Militar en forma de poema.

Conversaciones del día. AHPL

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Relación de los meritos y premios del Coronel de los Reales Exercitos D. Luis de Sosa, natural del reyno y provincia de León. León, Imprenta de la viuda de Rivero, 1816, p. 4. Este documento fue redactado por Sosa para usarlo en su defensa en los problemas legales a los que se enfrentó. Cfr. LORENZANA, A. 1992 y 2002, op. cit. 10 BRAVO, C.: op. cit. p. 479. Conservado en Archivo Histórico Provincial de León (AHPL), caja 11.595, Sigt. 53. 11 El nº 2 se extiende por las páginas 13 a 20, de lo que se deduce que existía una Conversación Primera, que ocuparía las doce primeras formando el número 1. Desconocemos cuanto tiempo sobrevivió este periódico.

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El Mercurio Sublantino es el primer periódico leonés que se ha podido conservar en su totalidad, impreso con la tinta de la Viuda de Rivero12. Aunque nunca da su nombre y siempre habla de “los redactores” a la hora de dirigir algún anuncio editorial al público, es seguro que el editor, redactor y único responsable de esta publicación fue nuevamente Luis de Sosa, como podemos comprobar en las cartas que escribe a sus amigos entre junio y noviembre de 1813. Estos amigos se encargarían de difundir el texto en diferentes puntos de la provincia y de España, así como de enviarle las noticias de guerra en el caso de militares como Federico Castañón13. El 20 de junio de 1813 veía la luz el “Prospecto del Periódico que se publicará en León todos los miércoles con el título de MERCURIO SUBLANTINO”14. El autor subrayaba su intención de arrojar luz sobre la realidad e instruir al pueblo aprovechando la recientemente conseguida libertad de imprenta. Destacó la vergüenza que supondría para la ciudad el no disponer de una publicación periódica local en un momento en que estas proliferaban por todos los rincones del país. Trataba así de incitar a los lectores a suscribirse por un periodo de seis meses desde el primer número, con un precio de 68 reales dentro de la provincia y pueblos limítrofes, y de 48 en la capital, donde no habría costes de correo. Quedaba establecido que no se vendería ningún ejemplar de forma aislada, ya que sólo pensaban publicar un número de periódicos igual al número de suscriptores. Su intención inicial, manifestada en el “Plan y método del periódico”, era la de publicar el escrito todos los miércoles en “pliego y medio de buen papel”. Estaría formado por dos partes: la primera, con un tamaño de medio pliego, ofrecería extractos de la prensa nacional, e incluiría una lista de los soberanos decretos publicados por las Cortes; la segunda, formada por un pliego, pretendía ser la parte instructiva de la publicación, tratando sobre política, economía y moral, para promover la prosperidad de la Nación en general y en particular de la provincia. Ante la escasa respuesta recibida publicó el 4 de agosto el “Cabo suelto”, donde pretendía hacer entender al público la necesidad que tenía la ciudad de tener un periódico que dejara constancia de los sucesos que en ella acontecían para su conocimiento por el país y la posteridad. Aunque ningún documento lo certifica, Sosa se queja de que los sectores conservadores intentaban que el Mercurio no viera la luz, desacreditando la publicación antes de su nacimiento. Es probable que esto sucediera, pero más probable es aún que el motivo del 12

AHPL, caja 11.595, Sigt. 65. BRAVO, C.: op. cit. p. 560. ASI-LS, Caja 316, leg. 42. Cartas personales de Sosa. 14 La elección de aquel nombre surgía en memoria de la antigua ciudad de Sublancia, identificada entonces con León. 13

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ínfimo éxito de la publicación fuera la propia pasividad de la ciudadanía. Las suscripciones solicitadas no llegaron a cincuenta, por lo que el lanzamiento debía retrasarse hasta recibir contestación de todos los pueblos a los que envió el Prospecto. Sin embargo, insistía en que el texto vería la luz: “Si no es en el mes de Agosto lo será en el mes del mosto”.

Mercurio Sublantino, Núm. 2. AHPL

El número uno del Mercurio Sublantino nacía por fin el 15 de septiembre de 1813, y se gestaron tres números más, con una periodicidad quincenal, hasta la publicación del cuarto y último el 1 de noviembre. Tal y como se había anunciado, constaban de dos partes. La primera fue siempre de igual tamaño, consistiendo en cuatro páginas con noticias de la guerra, tanto de Europa como de España, que incluían además extractos de las reuniones de Cortes. La segunda parte es mucho más llamativa, por cuanto constituye un auténtico manifiesto de doctrina liberal y constitucional. Su tamaño varió en cada número y, bajo el título “Noches Patrióticas”, representaba un texto en forma de carta que un tal D. Santos enviaba a los redactores del periódico hablando de su estancia en Santa Marina, desconocido lugar en las montañas a donde va a esconderse del invasor en casa de un tío suyo que era párroco. En aquel pueblo coincide con ciertos individuos con quienes debate sobre la situación política de España. Los principales contertulios son el propio D. Santos, que defiende con elocuencia la 7


Constitución de Cádiz y el cambio de régimen; D. Serafín, joven clérigo que aboga por el liberalismo exaltado; D. Lupercio, un aristócrata conservador; y D. Prudencio, moderador de las conversaciones. Otros asistentes tenían un protagonismo secundario: el Beneficiado y Fray Melitón, personajes que apoyan a D. Lupercio; y el Tío Vigilias, Francachelas, Juan Cazurro, el Satélite Anfibio y el tío de D. Santos, que sólo lanzan algún comentario de vez en cuando. En la primera carta cuenta D. Santos su llegada a casa de su tío y cómo fue visitado por D. Lupercio, quien se jactó de pertenecer a una familia noble de alta alcurnia, a lo que aquel respondió que en aquel momento en España eran todos los hombres iguales, súbditos de las autoridades. Así logró D. Santos desde el principio enemistarse con D. Lupercio, que le trató de afrancesado y francmasón. Después habla de la llegada de D. Serafín y D. Prudencio, acabando la carta con una discusión entre el primero de aquellos y el noble. En las siguientes misivas van apareciendo los demás personajes, siendo eje principal de las conversaciones el enfrentamiento entre el liberalismo y el absolutismo, respectivamente encarnados en las personas de D. Santos y D. Lupercio. Se tratan temas como la conveniencia de la abolición de la Inquisición, la situación de la Iglesia, la Soberanía Nacional y la invasión francesa. En el último número era anunciada la muerte del periódico por falta de suscriptores, señalando otros motivos que el autor trató de explicar reproduciendo un poema que denominó “Letrilla”, en el que arremete contra aquellos críticos que citaba ya en el “Cabo suelto”. No se interrumpía sin embargo el interés de Sosa por difundir sus ideas reformistas, y de paso enriquecerse, y aprovechó su despedida para anunciar que “los redactores” abrían la suscripción a la reimpresión de sus obras. Se publicaría después un “Suplemento al Mercurio Sublantino de Iº de Noviembre de 1813”, que aclaraba a los interesados en dicha colección que no podían publicar todos los escritos que el coronel elaboró en la época de la revolución, añadiendo una lista de los textos que se ofrecían15. El mismo día en que desaparecía el Mercurio surgía en los talleres de Miñón El Pescador de León, de cuya existencia quedan pocas pruebas. Bravo declara que ya no existían ejemplares de esta obra en el momento de publicarse la suya, por lo que se basó en el testimonio del “…autor de la Guía de León, que pudo ver los números de este periódico que poseía D. F. Argüello…”16. Era un folleto de cuatro páginas de 20 por 11 centímetros del que se publicaron veinte números semanales desde el 1 de noviembre de 1813 a finales de marzo de 1814. Bravo cita como responsable principal de la publicación a D. Antonio Chalanzón, 15

AHPL, caja 11.595, Sigt. 53. Entre ellos estaba El Mentor o Ilustrador Popular, periódico de diez números que Sosa elaboró durante su estancia en Cádiz, lo que demuestra que intentó otras empresas periodísticas fuera de León. LORENZANA, A.: “Entre…” op. cit. p. 271. 16 BRAVO, C.: op. cit. p. 480.

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boticario que fuera miembro de la Sociedad de Amigos del País. Sin embargo, uno de los testigos del proceso que se dio contra Luis de Sosa en 1815, el maestro ensamblador Luis Álvarez, declaró que era obra del coronel, el cual nunca lo admitió17. Gómez Imaz calificó al periódico de poco liberal18, pero descubrimos por el testimonio de Posse que fue tachado de herético por los gobernadores eclesiásticos de León a raíz de unos artículos que tenían que ver con el celibato de los sacerdotes19. El último periódico conocido en este periodo fue El Redactor de León20. Su editor era Carlos María Bermejo, a quien veremos durante el Trienio Constitucional como secretario de la Sociedad Patriótica de León y voluntario de la Milicia Nacional. El primer ejemplar conservado es el número 4 del lunes 21 de febrero de 1814, aunque – según el prospecto que reproduce Bravo – empezó a publicarse el primero de dicho mes con una periodicidad semanal en la imprenta de la viuda de Santos Rivero. En el encabezado se incluía una cita de Séneca: “Maluerim veris ofenderé, quam placere adulando”21, y bajo las palabras del filósofo se recordaba además el santoral de la semana, del lunes al domingo. Los redactores aceptarían artículos firmados y pretendían extractar noticias de la prensa nacional y publicar los decretos de las Cortes. Se admitía la inscripción a tres reales al mes en la librería de D. Manuel Candanedo. El número 4 terminaba con un aviso a los suscriptores donde comunicaba que, gracias a la gran aceptación que habían tenido los primeros números, los editores se disponían a dar otro pliego los jueves – finalmente sería los viernes -, para lo que los interesados debían abonar un real y medio más al mes. Ante la noticia de la llegada a la Corte de Fernando VII, se publicó – el sábado 12 de marzo de 1814 – un número extraordinario titulado “Noticia agradable”, que destacaba aquel hecho, rogando al pueblo que rezara en las iglesias por el éxito de su gobierno. Se han conservado también los números 18 y 23, correspondientes al viernes 15 de abril y al lunes 2 de mayo, que curiosamente salieron de los talleres de Miñón. En el primero se puede leer una respuesta de los redactores a las habladurías sobre su tendencia política, donde manifestaban su neutralidad, que no era tal, declarándose ante todo como españoles

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LORENZANA, A.: “Absolutismo…” op. cit. p. 97. GÓMEZ IMAZ, M.: Los periódicos durante la Guerra de la Independencia 1808 – 1814. Madrid. Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos (1910) p. 235. 19 POSSE, J. A.: Memorias del cura liberal don Juan Antonio Posse con su discurso sobre la Constitución de 1812. Edición a cargo de Richard Herr. CIS – Siglo XXI. Madrid. Posse se dirigió después al Gobernador para quejarse de esto y decirle que se atuviese a las órdenes vigentes, lo que le valió una causa eclesiástica y la enemistad de numerosas personas. pp. 166 – 170. 20 AHPL, caja 11.595, Sigt. 53. Citado por Bravo en p. 482. 21 “Preferiría ofender con la verdad a complacer con adulaciones”. Traducción facilitada por el Dr. Manuel A. Marcos Casquero. 18

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sujetos a la ley y partidarios del gobierno. Además, se incluye un artículo de don Luis de Sosa en el que el coronel declaraba su miedo ante la perspectiva de la abolición de la Constitución. Trataba de convencer al ciudadano de la necesidad de la ley y del desastre que supondría regresar al absolutismo. En todo momento tiene mucho cuidado de criticar a Fernando VII, y señala que, en caso de volver al antiguo orden, la falta de libertad no sería culpa del monarca, sino de sus funcionarios y validos. Sosa especifica, además, que era la primera vez que participaba en esa publicación, para acallar algunas voces que al parecer le atribuían otros textos22. El número del 2 de mayo sería el último, ya que el periódico dejaría de existir con la reinstauración del absolutismo.

Redactor de León, Núm. 23. AHPL

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LORENZANA, A. “Absolutismo…”, op. cit. La redacción de aquel artículo fue una de las bases de la acusación contra Luis de Sosa en el proceso que contra él se llevó a cabo.

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3. El Sexenio Absolutista.

Mediante el Tratado de Valençay, el 11 de diciembre de 1813, Napoleón reconocía a Fernando VII como rey de España e Indias. El 16 de abril de 1814 el “Deseado” entra en Valencia, donde recibió el “Manifiesto de los Persas”, firmado por 69 diputados que le aconsejaban anular la Constitución, lo que hizo por decreto de 4 de mayo reinstaurando el absolutismo en el país. El debate periodístico se había agudizado en los primeros meses de 1814. Mientras los conservadores eran conscientes de su próximo triunfo y lo manifestaban, los liberales siguen escribiendo a favor de su causa y tratando de hacer ver al rey que todo se lo debía al pueblo. Los periódicos serviles instaban a Fernando VII a la persecución de liberales. La noche del 10 de mayo, las tropas del general Eguía irrumpieron en las casas de los regentes, ministros, diputados y otras personalidades liberales, y los apresaron. Al día siguiente se publicó el decreto de 4 de mayo que disolvía las Cortes. Las detenciones continuaron en los días consecutivos y los liberales enmudecieron. La prensa anticonstitucional incitaba al castigo, lo que sirvió para que se persiguiera a los periódicos publicados de 1808 a 1814. Por decreto de 25 de abril de 1815 se abolía la libertad de imprenta, autorizándose de nuevo solamente la publicación de La Gaceta y el Diario de Madrid. A pesar de ello, se permitieron algunas publicaciones de carácter cultural, que abordaban temas científicos o de crítica literaria. En León la actividad periodística se paralizó, y algunos liberales, entre ellos Sosa, sufrieron persecución.

4. El Trienio Liberal.

Riego devolvió a España la libertad constitucional en 1820, como ya sabemos. Cuando Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución, quedó restablecida la libertad de prensa. Uno de los primeros actos de las Cortes fue la reinstauración de la junta suprema de censura, y se empezó también a plantear la necesidad de dar forma a una nueva ley de imprenta más elaborada. Se nombró un comité para llevar a cabo esta tarea y el primer proyecto fue leído en las Cortes el 15 de septiembre de 1820, aprobado el 22 de octubre y promulgado el 5 de noviembre. Establecía una nueva tipificación de los delitos relacionados con la imprenta, que

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serían estudiados por un jurado. Para velar por ella, el artículo 78 de la ley disponía que las Cortes nombraran cada dos años una “Junta de Protección de la Libertad de Imprenta”. El cambio de régimen se reflejó, además de en la aparición de innumerables publicaciones periódicas, en la de las Sociedades Patrióticas. Estas novedades eran la manifestación de las dos principales vertientes de la libertad de expresión: la oral y la escrita23. La prensa tendría una gran actividad en aquellos tres años. En León también resurgió la prensa, pero sólo se conoce la existencia de cuatro publicaciones, de las cuales apenas quedan ejemplos, por lo que la fuente principal vuelve a ser la obra de Bravo. Hasta el momento se había creído que eran tres los periódicos de esta época, pero explicaremos cómo se ha debido a una confusión o asimilación entre los dos últimos. Parece ser que se publicó un periódico llamado El Hurón, cuya única prueba de existencia es el testimonio de Bravo, que dice haber encontrado una alusión a él repasando cuentas del año 1820 de la casa de Miñón. A raíz de aquellos datos, con muchas reservas al respecto, podríamos aventurar que se publicaron un suplemento y tres números así como un cartel anunciando su venta24. El segundo texto que vería la luz en 1820 fue El Amigo del Pueblo, conocido por ser órgano de expresión de la Sociedad Patriótica de la ciudad de León 25. Es de suponer que contara entonces con la experiencia editorial de Bermejo y Sosa, miembros de aquella. El primer número salió el 5 de mayo de 182026. Después lo haría los martes y sábados, con 4 hojas de 20 por 14 cm., costando siete reales la suscripción mensual27. Se dedicaba a dar noticias de León y la provincia y, como era lógico, a tratar temas políticos, con artículos doctrinales de defensa de la Constitución y extractos de los decretos oficiales. El último número, con el que se sumó un total de dieciséis, salió el día 11 de julio del mismo año, y en él se decía que el texto desaparecía por falta de medios económicos para continuarlo. Cierra la lista de publicaciones el Semanario Patriótico de León. El número uno parece haber salido del taller de Miñón, quien fue su editor, el sábado 23 de diciembre de

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FUENTES, J. F.: “Sátira y revolución en la prensa del Trienio Liberal”, Trienio, 20, noviembre 1992, pp. 83– 100. 24 BRAVO, C.: op. cit. p. 485. 25 Este periódico es citado en BRAVO, C.: op. cit. pp. 562 y 608. También en GIL NOVALES, A.: Las Sociedades Patrióticas (1820–1823), Vol. I, Tecnos, Madrid, 1975, p. 157, y en Vol. II. p. 989, como órgano de la Sociedad Patriótica de León. Además hace mención a la aparición de algún comentario sobre el nº 2 en el nº 7 de 18 de mayo de 1820 de El Universal. 26 La Sociedad Patriótica no se fundó oficialmente hasta el 9 de mayo. 27 Es interesante un detalle que menciona Bravo: al parecer se publicaba en las dos imprentas de León, la de Miñón y la de Viuda de Rivero. En una salían los números de los martes y en la otra los de los sábados.

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1820, acompañado de un prospecto28. La siguiente noticia que tenemos se refiere al tercer número; la corporación municipal se reunió el 6 de enero para celebrar su sesión, y en ella se habló de que el número 3 del Semanario contenía un comunicado en el que se criticaba el buen recibimiento que había dado el ayuntamiento al obispo de Oviedo, Gregorio Ceruelo, reconocido “persa”, que se hallaba en la ciudad29. El ayuntamiento acordó formar una comisión para examinar el asunto, sin embargo, el tema no vuelve a ser tratado, por lo que supongo se abandonó. Este hecho deja claro el carácter liberal de la publicación. El periódico se publicó los sábados y constaba de cuatro hojas de 20 por 14 cm.30. Bravo adquirió una colección de 16 números, pero, además de aquellos, se publicaron el prospecto ya citado y un Suplemento del 17 de marzo de 182131. El número ordinario de aquel 17 de marzo llevó el número 13, y en él, el editor anunciaba que debía abandonar la publicación por tener que atender a otras obligaciones. Después de esto, se encargaría de su publicación la diputación provincial. Ya en la sesión de 6 de marzo de 1821, los diputados, tras deliberar acerca de algunas dudas planteadas por algunos pueblos sobre ciertas órdenes, comprendieron que el mejor medio para que los ciudadanos conocieran la legislación y otros temas era la prensa, por lo que acordaron obligar a los ayuntamientos a suscribirse al “periódico leonés” y estimular a los demás pueblos a que también lo hicieran 32. El día 13, el jefe político, Florencio García, enviaba una carta a los ayuntamientos en la que decía: “La imprenta es el vehículo de la ilustración, y los periódicos el papel más a propósito para difundirla entre nosotros. (…) Vuestra Diputación, pues, ha acordado que se publique semanalmente un periódico con el título de Semanario Patriótico de León, y que a el se suscriban todos los Ayuntamientos de la Provincia por un ejemplar…”33.

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Bravo lo cita en su obra, pp. 486 y 609, y según GIL NOVALES, A.: Vol. II, op. cit. p. 1039, el periódico El Liberto de Murcia, en su número 50 de 9 de enero de 1821, cita la publicación de un prospecto y del número uno del periódico leonés. 29 Archivo Municipal de León (AML), actas municipales, caja 85, libro 112, sesión de 6 de enero de 1821. 30 BRAVO, C.: op. cit., habla del Semanario en pp. 486 y 609. Se trata de un formato pequeño, muy aproximado al que tuviera El Mercurio. 31 En él se narra la historia de una alhaja regalada por el gobierno a la provincia de León como recompensa por los sacrificios hechos durante la Guerra de la Independencia. Durante un tiempo este Suplemento fue el único testimonio que Bravo tuvo de este periódico, antes de adquirir la colección completa, por lo que se atrevió a aventurar en un principio que se habían publicado unos 20 números hasta el 17 de marzo de 1820. Este documento también lo cita Gil Novales, y se conserva un ejemplar en la Biblioteca de las Cortes. 32 Archivo Diputación Provincial de León (ADPL), Actas de la Diputación. Sesión de 6 de marzo de 1821. El precio de la publicación, era de dos reales y cuatro maravedíes (suponemos que se refiere a la suscripción mensual). 33 AML, actas municipales, caja 85, libro 112, sesión de 27 de abril de 1821.

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El ayuntamiento de León recibió la orden de la diputación y la discutió en la sesión municipal del 27 de abril, acordando que debería dejarse un ejemplar del periódico en la plaza de la Constitución al alcance de los ciudadanos34. Confiando aún en la palabra de Bravo, sabemos que el último número del Semanario Patriótico que consultó, fue el 16, correspondiente al sábado 7 de abril, último que editó Miñón. Si reconstruimos el calendario del año 1821 podemos comprobar que se cuentan exactamente 16 semanas desde la publicación del primer número el 23 de diciembre del año anterior, y el último35. Sin embargo, nada se ha conservado además del Suplemento. Si han quedado ejemplos por el contrario, del que considero un periódico diferente: el Semanario Patriótico de la Provincia de León, que llevaba el lema “Verdad, utilidad y moderación” y cuyo formato era mucho más grande que el de los 16 del anterior Semanario36. Conservados dos ejemplares, el texto que lleva el número 4 está fechado el sábado 5 de mayo de 1821, y el número 5, salió el 12 de mayo, es decir, el sábado siguiente. Si contamos hacia atrás en las semanas de 1821, el número 3 correspondería al 28 de abril, el 2 al 21 y el primero habría visto la luz el 14 de abril, exactamente el sábado siguiente al de la publicación del número 16 del Semanario Patriótico estudiado por Bravo. A raíz de estos datos, la conclusión más lógica sería que, ante la renuncia de los antiguos editores, que interrumpieron la publicación el 7 de abril, la diputación tomó en efecto las riendas de la empresa, cambiando el formato y lanzándolo como un periódico nuevo, con nueva numeración, que además recibía el apelativo de Provincial, ya que, como hemos visto, todos los ayuntamientos estarían obligados a suscribirse a él. En esta nueva andadura se incluían noticias de España y de la provincia, y una sección llamada Comunicado, que incluía artículos de opinión sobre la Constitución y su aplicación. Desconozco durante cuanto tiempo se publicó aquel papel, pero al menos se llegó al número 9, publicado el 9 junio, ya que don 34

AML, ibidem. Como ya hemos visto, Bravo tuvo un error de cálculo cuando sólo tenía en su poder el citado Suplemento del día 17 de marzo; ver nota 33. Este error vino dado porque las caras de las páginas de dicho documento recibieron los números 119 a 128, es decir, era un documento de cinco páginas. Desconozco que criterio siguió Bravo para aventurar que existían alrededor de 20 números en el momento en que hizo su primera mención al periódico, pero cuando notifica en la p. 609 que ha logrado consultar una colección de 16 números no hace mención alguna a la paginación de los números, aunque si dice que cada número constaba de 4 hojas, por lo que llevaría 8 números impresos en ellas. Si asignamos la numeración correspondiente a los periódicos publicados, llegamos a la conclusión de que las páginas 1 a la 4 correspondían al citado prospecto, comenzando la numeración del periódico ordinario en la número 5, así, el número del 17 de marzo llevaba los números 111 a 118, y fue el único que estuvo acompañado por un suplemento hasta ese momento. Si suponemos que no se publicó ningún otro suplemento posterior y asignamos el mismo criterio de numeración, podemos lanzar la hipótesis de que la última página publicada del Semanario Patriótico, llevaba el número 146. 36 AHPL, caja 11.514. 35

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Pablo Miñón escribió a la diputación provincial el 11 de junio reclamando el pago por su impresión37. Aquel documento constituye el último testimonio referente a la prensa leonesa en el Trienio Constitucional.

Suplemento al semanario patriótico de León. Biblioteca del Congreso de los Diputados

Excepto el que hemos considerado primer periódico, que surgió por una necesidad patriótica, y el segundo, con una tendencia marcadamente a favor del clero, el resto de las publicaciones leonesas en los orígenes del constitucionalismo tomaron partido del lado del reformismo. Los hombres que las hicieron posibles fueron siempre tenidos por liberales, y en ocasiones pagaron duramente por ello.

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ADPL. Actas de la Diputación. Sesión de 11 de junio de 1821.

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Orígenes de la prensa leonesa. Periodismo en tiempos de revolución (1808-1823)  

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