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XXX PREGÓN DE LAS GLORIAS DE MARÍA AUXILIADORA 10 DE MAYO DE 2018 PRESENTACIÓN DEL PREGONERO P0R ENRIQUE JULIÁ PASTRANA

Rendido a tus plantas, mi Reina y Señora Hoy vengo a presentar de tus fiestas al pregonero A rogarte, derrames tu gracia infinita En mi hijo Juan, al que tanto quiero.


Rvdo. Sr. Director , Comunidad Salesiana, Sra. Presidenta de la Asociación de Devotos de María Auxiliadora, familia salesiana toda. Sras. y Sres. Hoy es un día grande y luminoso para todos los que sentimos en salesiano y una fecha inolvidable para el pregonero, mi hijo Juan. Un exalumno salesiano que quiere a su colegio y lleva en su corazón a la Virgen de Don Bosco, pregonar las fiestas que dedicamos a la Madre Auxiliadora en este florido mayo es un verdadero honor. Juan nació en Cádiz el siete de septiembre de mil novecientos sesenta y cuatro, es el mayor de los cuatro hijos del matrimonio formado por Enrique y Mari. Su primera escuela fue la Academia de San José de la que pasó al Colegio Salesiano San Ignacio, donde realizó los estudios de Educación General Básica, Bachillerato y Curso de Orientación Universitaria. En la Universidad de Cádiz se diploma en Ciencias Económicas y Empresariales.


Su vida laboral se desarrolla en la entonces Caja de Ahorros de Cádiz, hoy Unicaja, a la que accede mediante oposición. Ha trabajado en oficinas de Cádiz, Algeciras, Chiclana, San Fernando y Puerto Real, conservando la amistad de muchos de sus compañeros de esas etapas. Unas oposiciones internas le llevan a formar parte del departamento de auditoría y actualmente presta sus servicios como analista en el departamento de riesgos de la Dirección Territorial de Andalucía. Aficionado al futbol, seguidor y socio del Cádiz Club de Futbol, se le puede ver en el Fondo Norte del Carranza con sus amigos del Rincón Cadista Don Bosco. El carnaval es otra de sus aficiones, siendo componente junto a su esposa del conocido Coro de los Estudiantes. La Semana Santa como buen “gadita” es otra de sus pasiones, ha cargado varios pasos y actualmente es componente de la cuadrilla de cargadores de la Virgen de la Soledad de la Cofradía de la Veracruz, Pero su verdadera vocación es la participación en el mundo asociativo.


En su colegio, nuestro colegio, fue uno de los fundadores del movimiento “Amigos de Domingo Savio”, los A.D.S. Integrante de aquella famosa escolanía dirigida por el profesor Galiana en los años setenta, obteniendo varios premios a nivel local, regional y nacional. Miembro de la Asociación de Antiguos Alumnos de Don Bosco desde el año mil novecientos ochenta y dos ha formado parte de varias juntas directivas. Y pertenece a la Asociación de Devotos de María Auxiliadora. Fuera del colegio, Juan fue vocal de actividades y vicepresidente de la Cruz Roja de la Juventud y al cumplir la edad reglamentaria pasó a formar parte de las Brigadas de Tropas de Socorro de esa Institución, donde realizó su servicio militar. Una vez cumplido este, pasó a formar parte de la Unidad de Socorros y Emergencias de Cruz Roja de la que fue director. Tiene el título de socorrista emitido por Cruz Roja Española y el de socorrista acuático emitido por la


misma Institución y por la Federación Nacional de Salvamento y Socorrismo. En esta etapa, cuando ejerce el voluntariado, conoce a la que hoy es su esposa, María José y fruto de su matrimonio es su único hijo, Javier, mi nieto Javi. Juan ha llevado numerosas veces sobre sus hombros a la Virgen Salesiana de la que es ferviente devoto y de la que desde dos mil dieciséis es capataz de su paso en su salida procesional del veinticuatro de mayo. Todos te queremos y confiamos en ti, esperamos que este pregón sea sencillamente como tú eres, sencillo pero grande de corazón.


XXX PREGÓN DE LAS GLORIAS DE MARÍA AUXILIADORA 10 DE MAYO DE 2018

Rendido a tus plantas de nuevo Para decirte otra vez te quiero Para tu auxilio volverte a pedir Virgen Santísima ruega por mí. De los jóvenes reina de su cariño Señora del corazón de los niños Guíame al puerto salvo y feliz Virgen Santísima ruega por mí. Consuelo en los momentos duros de la vida Madre amante que siempre nos cuidas En cuerpo y alma me ofrezco a tí Virgen Santísima ruega por mí.


Rvdo. Sr. Director y Comunidad Salesiana. Rvda. Hermana Directora y Comunidad de las Hijas de María Auxiliadora. Sr. Presentador, querido papá. Sra. Presidenta y Junta Local de la Asociación de Devotos de María Auxiliadora. Sra. Coordinadora y Consejo Local de Salesianos Cooperadores y Hogares Don Bosco. Sr. Presidente y Junta Local de Antiguos Alumnos de Don Bosco. Sr. Hermano Mayor y Junta de Gobierno de la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Despojado de sus Vestiduras y María Santísima de la Concepción. Sra. Presidenta y junta de Padres y Madres de Alumnos. Padres, profesores, animadores, catequistas, niños y jóvenes. Devotos y devotas de María Auxiliadora. Señoras y Señores.


Como reza el lema de los Antiguos Alumnos, “Es de bien nacido el ser agradecido”, no puedo comenzar sin antes agradecer en primer lugar a mi padre las hermosas palabras que ha pronunciado. ¿Quién mejor que un padre para presentar a su hijo? A fin de cuentas mucho de lo que ahora soy te lo debo a ti, a tu esfuerzo y dedicación para hacer de mí un buen cristiano y honrado ciudadano. A quien tuvo la idea de proponer a este humilde pregonero, Juan Cerejido, al director del colegio, Don Gustavo Martagón por confiarme este privilegio, a quienes después ratificaron que mi humilde persona era digna de obtener este honor, Justo Blázquez, María del Carmen Mora, Cristóbal Sánchez, a la Comunidad Salesiana por confiar en mí, a mi mujer y a mi hijo, sin su apoyo y ánimos hoy no estaría aquí, y a todos vosotros por honrarme hoy con vuestra presencia, espero no defraudaros.


Rendido a tus plantas mi Reina y Señora Vienen a cantarte tus hijos buenos cristianos Rendido a tus plantas mi Reina y Señora Como nos pidió Don Bosco te proclamamos su Auxiliadora. Tus auxilios madre buena, hoy te los vengo a pedir Te lo ruego Virgen Santísima, que Tú siempre ruegues por mí De este mar tempestuoso, la más bella eres Tú De entre todas las estrellas, que tu manto nos proteja Y nos lleve hasta tu luz. Guíame al puerto salvo y feliz Eres faro en las noches más oscuras Tú mirada siempre pura nos dirige hacia ti. Con amor, con amor,


con amor venimos a cantarte los salesianos, Besar tus benditas manos De madre, de madre y señora Consuelo en la lucha Como madre nos escuchas Cuando te vengo a rezar Ante Dios, ante Dios, Por siempre serás la abogada de este pecador Recuerda Madre mía, Llevarme hasta los cielos cuando acabe mi vida Con mi cuerpo y alma, reina de mi casa, yo me ofrezco a Ti Rendido a tus plantas estaré Rogando tus favores Auxiliadora ruega por mí.


1.- MARÍA MADRE DE DIOS Y MADRE NUESTRA.

¡Hola Mamá! Sí, Mamá. Mamá, porque es la primera palabra que un niño aprende a decir. Mamá, porque para una madre seguro que no hay palabra más hermosa que un hijo pueda dirigirle. Mamá, porque no hay palabra que exprese mayores y mejores sentimientos. Mamá, porque decir mamá es decir comprensión, cariño, bondad, refugio, perdón, amor, auxilio…. Mamá porque desde pequeñito te he sentido como madre, porque mi madre terrenal se encargó de que te sintiera como tal y cuanto más avanzo en el camino de la vida más te siento y necesito. Comparto contigo los buenos momentos, en ti confío en los momentos difíciles, a ti me acerco cuando me siento vacío, cuando necesito que llenes de amor divino mi alma vacía de pecador.


Mamá porque siempre me escuchas, porque cuando me acerco a ti tengo la sensación de que te encuentras a mi lado, de que me abrazas, de que soy yo a quien sostienes sobre tus brazos mirándome con esa mirada cautivadora que sólo una madre puede tener. Mamá, porque tuviste la valentía de decir sí y aceptar el compromiso y el designio divino de ser la Madre de Dios. Mamá, porque tu amor de madre te dio fuerzas para permanecer junto a tu hijo al pie de la cruz y convertirte en madre de todos nosotros. El que yo te sienta como madre no es para ti algo nuevo, ya en las catacumbas de Roma, los primeros cristianos grabaron en sus paredes la frase “María, madre de Dios” y sin duda este es el principal y mayor título que puedas ostentar, sin embargo seguro que Tú hubieras completado la frase con esta otra: Y madre vuestra. Pablo VI y el Concilio Vaticano II emplearon como título para hablar de la Virgen el de Madre de la Iglesia y Madre de los Hombres. En la mayoría de las ocasiones los hijos no sabemos valorar lo que las madres sois capaces de hacer


por nosotros, cada palabra, cada gesto, cada hecho, cada mirada de amor que nos dirigís son lecciones de vida, lecciones que nunca deberíamos olvidar y tenerlas siempre presentes. ¡Y qué pocas veces lo hacemos! ¡Quién tuviese la mirada de un niño! Para verte con los ojos que él te ve, Para mirarte con los ojos que él te mira. Con la mirada cándida… que sólo tienen los niños, Con la mirada dulce… con la que miran a su madre, Con esa mirada de amor Con la que sólo los niños miran.


2.- MI RELACIÓN CONTIGO. La madre, siempre la madre, sostén de la familia, amiga, confidente, confesora, profesora, guardiana de los más íntimos secretos. ¿Recuerdas Madre cuando nos conocimos?, sin duda que sí. Cuántos años. ¿Verdad? Mi historia personal contigo estoy seguro comienza como otras tantas historias de alumnos que han cursado estudios en una casa salesiana. Mi madre terrenal tenía el deseo de que estudiase en el Colegio Salesiano. Que te admitiesen no era una labor fácil, mi casa, aunque cercana, se encontraba aún más cerca de un colegio nacional por lo que, los baremos de entonces, hacían que me correspondiese estudiar en él, pero mi madre se empeñó en que no. Como todas las madres quería para su hijo la mejor educación y pensaba que la educación recibida en un colegio salesiano, tanto escolar como humana y cristiana era la mejor. ¡Cuántas veces tuvo que venir a ver a Don Manuel Caballero para rogarle que hiciese lo posible


para que entrase en el colegio! ¿Verdad mamá? Las listas provisionales me habían dejado fuera, pero mi madre era tenaz y su tenacidad dio sus frutos. Sin duda ya entonces velabas por mí e iluminaste a Don Manuel. Y aquí estoy, luciendo orgulloso mi insignia de antiguo alumno, mi medalla de miembro de la Asociación de María Auxiliadora y mostrando a todos la alegría cristiana de haber sido educado en un colegio salesiano y sentirme hijo de mi madre Auxiliadora. De pequeño mi madre ya nos hacía rezarte cada noche antes de dormirnos por lo que en mi primer encuentro contigo en el colegio no me resultaste extraña. Con seis añitos, que era la edad con la que entonces se entraba en el colegio, el conocimiento que uno tiene de ti es muy limitado, pero hay algo que desde que uno pone los pies en el colegio comienza a tener claro, no hay rincón en esta casa donde la presencia de María Auxiliadora no se haga patente, y no sólo por las imágenes en forma de grabado, en un almanaque, cuadro, figura o de cualquier otra representación, es porque tu presencia se advierte, se


siente uno cerca de ti, protegido por tu manto. En la clase, en los patios, en el teatro, en la capilla…. Pero no sólo en el colegio, en nuestro barrio de San José tu imagen preside cualquier lugar, de pequeño lo recuerdo, y aún podemos comprobar que estás en los escaparates de las tiendas, en los almanaques, en estampas ¡qué alegría inunda el corazón de quienes te queremos cuando nos encontramos con tu imagen! Y así, sintiéndote cerquita comienza a nacer y a enraizar en la mente de un niño el amor, el cariño y la devoción hacía ti. María, tu eres la Madre de Dios pero ¡qué hermoso es sentir también que eres mi madre!


Ese día que a nuestra madre Se dedica todos los años Si estudiaste en Salesianos Debieras de no olvidarlo. El regalo que es mejor Para nuestra madre Es rezarle con amor Y abrazándola decir felicidades. ¡Qué bonito es un regalo! ¡Cuándo se quiere de veras! Y decirte aquí estoy madre A tus pies me encuentro Para lo que tú quieras, Que más quisieran algunos Poder decir madre mía, Poder sentir tu presencia En los ratos de amargura Y en los ratos de alegría.


Quien no te siente de cerca Y no te quiere de veras No siente todas las noches El dulce beso que tú me entregas. Y en ese día veinticuatro De cada año por mayo Yo me acuerdo de mi Madre, De lo más hermoso Que existe en la tierra.


3.- CRECER JUNTO A TÍ.

Y pasaron los años, mi primera comunión. Primer gran encuentro con Jesucristo y tú presidiendo y compartiendo desde tu altar el paso de la vida de los jóvenes a los que proteges. Es entonces cuando comienzas a comprender porque Don Bosco mandaba antes de enviar a los salesianos una imagen de María. Eres tú quien lo haces todo. Tú eres el principio, el desarrollo y el fin de la obra salesiana. Nada se entiende sin ti. Tú eres la maestra del sueño que a los nueve años tuvo Don Bosco. Tú eres la madre que acompaña a esa misma edad a los niños al encuentro con Jesús. Tú, siempre tú. Tú, siempre el auxilio de los jóvenes necesitados, de los más desfavorecidos, de los más humildes. Junto a ti fui creciendo en sabiduría y conocimientos académicos, pero sobre todo en amor a ti y a los demás. Los salesianos se cuidaron mucho de ello, jamás podré olvidar lo mucho y bueno que aprendí de D. Manuel Caballero, D. Pedro de Arribas, D. Gregorio Calama, D. Juan Carlos Pérez Godoy y sobre


todo del salesiano coadjutor D. Demetrio Martín. ¡Cuánto les debo! Y la vida sigue, los salesianos, mis profesores, mis compañeros y los cursos fueron pasando, el colegio evolucionando, pero Tú, Tú siempre estabas ahí, esperándome en la capilla, jugando conmigo en los patios, en las clases. ¡Cuántos ratitos juntos! Me acercaba a la iglesia y me sentaba en los últimos bancos, después de un Ave María te comentaba mis problemas, mis dudas de adolescente, te pedía ayuda en los exámenes, sobre todo en los que no había estudiado mucho, y tú siempre estabas ahí, oyéndome y hablándome. Sí, hablándome, porque quienes se acercan con fervor y amor te oyen y aprenden. ¡Cuántas cosas me has enseñado! Tú fuiste mi consuelo en mis primeros años de adolescencia, la pérdida inesperada de uno de mis hermanos cuando contaba con ocho añitos de edad marcó inexorablemente mi vida. Confieso que en esos momentos me enfadé contigo, no podía comprender por qué a una familia totalmente vinculada a ti nos privabas de su presencia, de la presencia de un niño que a su corta edad ya te amaba. Y en esos momentos, en


los momentos en que la fe se quiebra aparece la figura de los salesianos que nos recuerdan las palabras que Don Bosco pronunció en 1862 y que aún son de total vigencia, “La Virgen quiere que la honremos con el título de María Auxiliadora; los tiempos que corren son tan tristes que tenemos verdadera necesidad de que la Santísima Virgen nos ayude a conservar y defender la fe cristiana”. Ellos me hicieron comprender que mi hermano era un ángel que Dios nos envió y que como ángel tenía que volver a tu regazo a seguir junto a ti velando por nosotros. Seguro que él está a tu lado vestido de monaguillo y te acompaña cada año en tu procesión por las calles de Cádiz. Mis años escolares, son recuerdos de muchos momentos vividos junto a ti. Recuerdo una frase de mi madre que no olvidaré nunca, “dile a los salesianos que te pongan una cama en el colegio”. De aquellos años recuerdo con especial cariño mi paso por los Amigos de Domingo Savio, los campamentos de verano, mis tardes con el coadjutor salesiano Demetrio Martín construyendo una caseta de


playa para la Comunidad Salesiana o las estructuras de las casetas de la primera verbena de María Auxiliadora, o vendiendo helados y refrescos en el patío del colegio para recaudar fondos para los campamentos, y sobre todo la celebración de los 24 de mayo donde desde pequeñito ayudaba a mi madre y a las otras mujeres de la Archicofradía a preparar tu paso. Y cuando fui un poco más mayor la primera vez que Momo me concedió el tremendo honor de pasearte sobre mi hombro por las calles del barrio. De todas estas experiencias aprendí el significado de dos palabras que sin duda han sido mi consigna de vida, dos sustantivos, amor y perdón, que alcanzan su máxima expresión al convertirse en verbos, amar y perdonar. La conjugación de estos verbos resumen sin duda el mensaje de Jesús y en ti María se escriben con mayúsculas. Y que decirte, cuando me acerco a tu lado ávido de amor y necesitado de tu auxilio y te miro a los ojos, me muestras el camino a seguir. Juan, no pidas amor cuando no eres capaz de darlo, porque no puede recibir quien no es capaz de dar. Ponte siempre en el lugar del otro, porque no es posible dar si no comprendes la


necesidad. Perdona siempre, porque no es posible pedir perdón cuando uno no ha perdonado antes. Don Bosco lo tuvo claro, tu título de Auxiliadora de los Cristianos no nace por casualidad ni por capricho, nace de la necesidad de que el amor sea el sentimiento que una al mundo, frente al ataque a la fe no hay mayor arma que el amor y el amor no se entiende sin perdón, y así te situó en el cuadro que preside la basílica de Turín, rodeada de ángeles y en torno a ti los Apóstoles, los Profetas, las Vírgenes y los Confesores, todos ellos necesitados de amor, del amor que sólo entrega una madre, una madre que los une y que hace de ese amor su máxima fortaleza. Y en la parte inferior del cuadro a todos los pueblos del mundo reclamando su auxilio, su auxilio como fruto del amor sincero y noble de una madre.


Loquito por verte a mi vera Cariñito mío. Mirando para el cielo suspiro Que tengo una madre Señoras u señores que quita el sentido Coqueta y elegante Que no hay quien pase por su verita sin alabarle Con tanto y tanto arte Que está bonita hasta cuando la despeina el levante Y me enamorado Me he enamorado Yo me he enamorado De una virgencita Bendición del cielo Que de un santo salesiano fue su sueño Bella señora a la que a mí desde chiquillo Tres veces al día a rezarle me enseñaron Celos, yo tengo celos


Que me envenenan cuando veo cuanta gente Se te acerca hasta tu altar, Tengo una madre hermanos A la que Don Bosco llama Auxilio de los Cristianos.


4.- DEPUÉS DEL COLEGIO

No sé si les ocurrirá a todos los que salimos un día del colegio pero yo al menos siempre he notado a mi lado tu presencia protectora. Incluso cuando más alejado he estado de ti. Ya sabes, los avatares de la vida nos hacen pensar en otras cosas, algunas importantes y otras más triviales haciéndote pasar a un segundo plano. Estoy seguro que ni en esos momentos has dejado de estar a mi lado, aunque yo, inserto en otros menesteres, ni lo haya notado. Es curioso, pero al cabo de los años, muchos de los que nos hemos criado bajo tu amparo volvemos a ti. Lo corroboro cada año cuando celebramos tu fiesta, coincido con antiguos compañeros en la novena, al paso de la procesión, podrán olvidar incluso parte de su vida escolar pero no se olvidan de ti y me consta que te tienen cerquita. A veces he abierto mi cartera y tu imagen guardada en la misma ha abierto otra cartera para mostrarme que también estabas allí, y te muestran con orgullo, con el orgullo que hacía su madre sólo pueden mostrar los hijos que la quieren.


Ahora que ya peino canas, bueno, las pocas canas que aún me quedan, sigo acercándome a tu lado, con problemas distintos a los de cuando era joven, pero con la misma fe y amor que entonces y con el convencimiento de que siempre, siempre estás ahí, mirándome, oyéndome, cuidándome y enseñándome. ¡Cuánto te quiero madre!


5.- LA DEVOCIÓN A MARÍA AUXILIADORA Preparar este pregón ha sido algo apasionante, la lectura de la vida de Don Bosco y su relación con la Virgen, en un principio bajo la advocación de la Dolorosa, la Consolata o de la Inmaculada y después con la de Auxiliadora, me ha mostrado de nuevo la fe inmensa que tenía en la Virgen y como a través de esa fe y devoción todo es posible. La oración como medio de comunicación y la acción como forma de llevar adelante nuestros retos son un ejemplo a seguir. Podría ahora recordaros momentos en que la actuación de la Virgen Auxiliadora y la fe en ella han sido fundamentales en el desarrollo de hechos históricos pero no lo voy a hacer porque estoy seguro de que muchos de vosotros podríais contarme también experiencias vividas con Ella, tanto o más interesantes que las que yo haya podido leer. Sin embargo vais a permitirme que os narre una vivida en mis carnes no hace mucho tiempo. Después de una noche con un terrible dolor de cabeza, al levantarme esa mañana mis ojos habían dejado de ver la luz, estaba ciego. Nervios, tensión, miedo. Rápidamente al hospital, pruebas


médicas, la tensión en los dos ojos disparadas, rápidamente, monitorizado, un gotero… ¿Qué me pasa?. Después de momentos de zozobra y nervios me quedo sólo… ¿Sólo?, no. Ahí como siempre estabas Tú. Vienen a mi mente las palabras que más me gustan de la oración que Jesús nos enseñó, “hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” y con esa frase comienzo mi charla contigo, simplemente te digo que si crees que eso es lo mejor que me puede pasar pues bienvenido sea pero que honradamente creía que podría servir mejor a Dios y a los demás con ojos que sin ellos. Recuerdo que esa charla me dejó una paz interior inmensa. Los días posteriores a ese día los médicos no eran capaces de decirme si iba o no a volver a ver, pero yo os lo aseguro estaba bien tranquilo, podéis preguntar a quienes me veían diariamente y todos me decían, nosotros preocupados, cariacontecidos y tú sonríes. Eres tú quien nos da ánimos en lugar de nosotros a ti, tus ojos muertos destacan en una cara llena de vida. Quince días después la vista fue volviendo paulatinamente a mis ojos. Los médicos aún no se explican lo que me pasó, es algo que ocurre muy raramente y por causas que en mi caso no se daban, pero aún menos se explican mi curación, el 99% de estos casos termina en ceguera


total. No he preguntado más, tengo claro que además de las manos de buenos doctores, la fe en Ella tuvo mucho que ver. “Propagad la devoción a María Auxiliadora y veréis lo que son milagros”. Esta frase de Don Bosco la hago ahora mía y os pido a vosotros, los Salesianos, que sigáis enseñando a los niños a querer a María Auxiliadora, las enseñanzas en matemáticas, historia, lengua no tienen sentido en un colegio salesiano sin el conocimiento de Ella. A vosotros los jóvenes, aprended a quererla, acercaros a ella, descubrid en ella a la madre que yo descubrí con vuestra edad. A vosotros, miembros de la familia salesiana y en especial a los miembros de su Archicofradía, tened fe en Ella, hablad con ella, queredla como yo la quiero y propagad su devoción, ella es parte importante de nuestras vidas, forma parte de nosotros y nuestro deber es compartirla con quienes aún no la conocen. A vosotros, los cargadores de su paso, llevadla en la procesión con honor sobre vuestros hombros, la fe y la devoción se propaga de muchas formas y la cultura popular es una de las formas de mostrarlas a quienes aún no ven otra forma de sentir su amor.


Se sienta a mi lado Y me habla al oído Me entrega su amor. Me besa en la frente Me arropa en sus brazos Y me da calor. Me presta su auxilio Consuela mi alma Calma mi dolor. María Auxiliadora Mi madre del alma La madre de Dios Se siempre el consuelo Se siempre el auxilio De aquel que pecó. Si un día de ti me olvidara De mi no te olvides Si ves que de ti me alejara Mis pasos dirige. Y cuando me llegue la hora Y a la muerte encuentre Se la abogada de este pobre hombre Que de sus faltas ante Dios responde Arrepentido de ser pecador


Tu no me dejes No me abandones Solo te pido que me perdones Porque a tu lado siempre quiero estar.


5.- HASTA PRONTO Bueno Madre, creo que va siendo hora de terminar nuestro encuentro. Hoy hemos compartido nuestras cosas con unos amigos que nos han honrado con su presencia. Pronto nos volveremos a ver como tantas veces, sentadito en los Ăşltimos bancos de la iglesia y mirando a esos ojos que me miran con amor. Estoy ĂĄvido por comenzar tu novena, por verte bajar de tu altar y besar tus pies sagrados, por dirigir tus pasos por las calles del barrio y volver a pedirte por todos, por los jĂłvenes, por los mayores, por los enfermos, por los sanos, por los hombres, por las mujeres, por los pobres, por los ricos, porque a fin de cuentas eres nuestra madre y en el mundo no hay nada mĂĄs hermoso que una madre.

Pregón a María Auxiliadora de Juan Juliá  
Pregón a María Auxiliadora de Juan Juliá  
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