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© De la presente edición: Asociación Cultural “Historiador Jesús de Haro” Título de la obra: Libro de Actas Capitulares del Ayuntamiento de Bailén 1808 Edición fascimilar Edita: Asociación Cultural “Historiador Jesús de Haro” asoc.cult.jesusdeharo@gmail.com www.jesusdeharomalpesa.org Con la colaboración del Excmo. Ayuntamiento de Bailén Fondos bibliográficos: Archivo Municipal de Bailén

Prólogo: Andrés Cárdenas Muñoz Transcripción paleográfica: Ana María Carmona Casado Glosario: Francisco Antonio Linares Lucena Diseño gráfico y maquetación: Barbara Wojtkowiak Impresión y encuadernación: Elorza. Industria Gráfica Plaza de Reding, 1 23710 Bailén (Jaén) info@elorza.org

Coordinación de la obra: Juan José Lucena-Muñoz Magdalena de Manuel Martínez

I.S.B.N.: 978-84-612-5136-0 Depósito Legal: J-517-2008 Impreso en España - Printed in Spain

Ninguna parte de esta publicación, incluido el diseño de la cubierta, puede ser reproducida, almacenada o transmitida en manera alguna ni por ningún medio, ya sea electrónico, químico, mecánico, óptico, de grabación o de fotocopia, sin permiso previo del editor.


LIBRO DE ACTAS CAPITULARES DEL AYUNTAMIENTO DE BAILÉN 1808 Edición Fascimilar


Índice

1.- Agradecimientos.

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2.- Engarzando eslabones.

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3.- Actas Capitulares de 1808: Acercar la Historia al Pueblo.

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4.- Prólogo: Unos papeles que nos permiten atrapar el tiempo.

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5.- Libro Capitular para este año de 1808.

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6.- Aspectos paleográficos.

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7.- Transcripción de las Actas.

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8.- Glosario.

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9.- Bibliografía.

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AGRADECIMIENTOS Agradecemos las generosas aportaciones realizadas a esta publicación por numerosas personas y organizaciones, y en particular a los colaboradores de esta publicación “Libro de Actas Capitulares del Ayuntamiento de Bailén 1808”. Estamos extremadamente agradecidos a Magdalena de Manuel Martínez del Archivo Municipal, por su apoyo que ha sido de gran valor. Estamos además profundamente en deuda con los expertos, y nos gustaría mostrar nuestra gratitud a Andrés Cárdenas Muñoz por darnos la oportunidad de disfrutar de su conocimiento de nuestra Historia, que en definitiva es la suya, en el ejercicio del prólogo de esta publicación. A Ana María Carmona Casado por su inestimable labor en el extraordinario trabajo de transcripción de las Actas Capitulares e introducción a la paleografía y aspectos de esta disciplina. Nos gustaría agradecer igualmente a Juan Carlos Castillo Armenteros (profesor titular de Historia Medieval de la Universidad de Jaén) por su esfuerzo en la revisión de la transcripción de las Actas Capitulares. Francisco Antonio Linares Lucena realizó una cuidada búsqueda bibliográfica en ediciones de la Real Academia Española del año 1803 para la creación del glosario de términos. Su trabajo hace posible una mejor comprensión del texto. Muchas gracias. Reconocimientos igualmente al equipo que ha realizado el trabajo de escaneado, limpieza y tratamiento infográfico de las imágenes, así como diseño y maquetado de portada y publicación. Y son, Eufrasio Lucena-Muñoz, Barbara Wojtkowiak y Roxana Mesa. Agradecimientos de igual forma a la familia “Gráficas Elorza” por su trabajo y paciencia ante los cambios de última hora. Estamos también muy agradecidos al Excmo. Ayuntamiento de Bailén por ofrecernos la oportunidad de presentar este trabajo, por proporcionarnos el acceso a las Actas Capitulares. Todo han sido facilidades. Este proyecto ha sido cofinanciado por el Excmo. Ayuntamiento de Bailén y por la inestimable aportación de todos los socios y socias de la Asociación Cultural “Historiador Jesús de Haro”. Muchas gracias a todos y cada uno, sin ellos sería imposible llevar a cabo proyectos como éste, de recuperación y difusión del patrimonio local.

Juan José Lucena-Muñoz Secretario de la Asociación Cultural “Historiador Jesús de Haro” y coordinador de esta publicación. Septiembre de 2008

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As H ww isto oc w. ria iac je s do ión pá r u C J gin sd u e as l e s t u ú h de r s a a mu ro d l eH es m tra al pa pe aro ra s we a . o rg b ENGARZANDO ESLABONES.

Primero fue la convocatoria del XI Premio de Investigación “Historiador Jesús de Haro Malpesa”, declarado desierto, en abril. En junio, el concurso ¿Conoces tu historia? entre los alumnos de 4º de ESO. En julio, se hizo la presentación del libro-DVD con los programas de Fiestas Conmemorativas de la Batalla de Bailén. Tres eslabones de la cadena de iniciativas acometidas en este año del Bicentenario por la Asociación Cultural “Historiador Jesús de Haro”.

Ahora presentamos el trabajo correspondiente al cuarto eslabón, con la edición del libro cuyo contenido lo constituyen las Actas Capitulares de 1808. Sin lugar a dudas es uno de los documentos más importantes conservado en el Archivo Municipal de Bailén.

Entre otros, el primordial objetivo de la Asociación Cultural Historiador Jesús de Haro, es promocionar la investigación histórica, así como su divulgación y, especialmente todo lo relacionado con Bailén como epicentro.

Profundizar en el conocimiento de nuestra propia historia, nos ayuda a conocernos mejor y, por tanto a tener una más amplia visión de nuestra identidad como pueblo, lo que nos engrandece y ensancha horizontes en nuestras relaciones con otros colectivos que, a su vez nos vuelve a enriquecer, intercambiando y compartiendo otras experiencias haciendo crecer nuestra dimensión como personas, abriéndonos mentalmente a otras formas de vida. Este año del Bicentenario, queridos paisanos, toca bucear en el pasado histórico de nuestro municipio y, os aseguro que una magnífica manera de hacerlo es leyendo las Actas Capitulares de 1808.

En ellas naturalmente se recogen aspectos relacionados con el movimiento de tropas, la toma de medidas extraordinarias ante una situación bélica y la complejidad de consecuencias que ello acarrea a una población de unos 3500 habitantes, como bien podéis imaginar desbordada por la espiral de tan graves acontecimientos. También se recogen otros aspectos de la vida cotidiana de una población eminentemente agrícola, os garantizo que hay detalles curiosísimos de cómo eran las cosas en el devenir diario de nuestros antepasados, el disfrute está asegurado. El libro que aquí veis es sin duda el resultado de la suma del esfuerzo y trabajo de personas e instituciones sin cuya colaboración, seguro no se habría logrado.

Tanto por su contenido, la calidad de materiales, estructura, anexos que facilitan su lectura y comprensión, como presidente de la Asociación Cultural “Historiador Jesús de Haro”, tengo que manifestar mi satisfacción y alegría de poder ofreceros a todos este libro que, sin lugar a dudas con su lectura nos ayudará a ser más y mejores bailenenses. Ah, se me olvidaba, aún queda otro eslabón más, para finales de octubre también está previsto celebrar un seminario, sobre la Batalla de Bailén, que se impartirá entre alumnos de último curso de bachiller.

Juan Cabrera Gómez Presidente de la Asociación Cultural "Historiador Jesús de Haro"

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As H ww isto oc w. ria iac je s do ión pá r u C J gin sd u e as l e s t u ú h de r s a a mu ro d l eH es m tra al pa pe aro ra s we a . o rg b ACTAS CAPITULARES DE 1808: ACERCAR LA HISTORIA AL PUEBLO.

Las Actas Capitulares, por tratarse de documentos administrativos expedidos por los órganos de gobierno locales, suponen una fuente documental de gran valía para la reconstrucción de los más diversos aspectos de la vida de una ciudad relativa a la época concreta a que se refieran.

Las resoluciones y acuerdos que las Actas Capitulares contienen nos brindan una valiosa información y se constituyen, por tanto, en el más fiel reflejo de la vida y de la evolución política, social y económica de la ciudad. La publicación que tienen en sus manos ha sido posible gracias al trabajo conjunto y coordinado entre el Ayuntamiento de Bailén, como institución depositaria de estos documentos, y la Asociación Cultural Historiador Jesús de Haro, artífice de esta edición. Para todo aquel que esté interesado en el tema, el documento original se conserva en el Archivo Municipal de Bailén. Bailén vive este año un momento especialmente motivador que incita a la investigación y a la indagación. Nos produce hoy más que nunca una cierta curiosidad rastrear en el pasado e ilustrarnos sobre cómo era, y cómo vivía y sentía el Bailén de aquella época pero, sobre todo, cómo vivieron los bailenenses de entonces los acontecimientos acaecidos aquellos días de julio de 1808, fecha en que se produjo en nuestro pueblo un acontecimiento de especial relevancia que cambió el curso de la Historia: La Batalla de Bailén.

En el momento tan especial que nos ha tocado vivir, en el que conmemoramos el Bicentenario de este acontecimiento, emociona releer, en castellano de aquella época, las actas capitulares de la villa de Baylén, celebradas por el cavildo municipal a lo largo del histórico año de 1808. Aparte del interés que su contenido suscita para el investigador y para el historiador, su lectura traduce además un sinfín de sensaciones cuando, como bailenense, dejándote llevar por la imaginación, te sitúas en el escenario del drama que les tocó vivir a nuestros antepasados. Es bueno que los bailenenses podamos comprobar de primera mano las distintas vicisitudes que hubieron de sufrir, afrontar y resolver los vecinos de Bailén, desde sus distintos ámbitos de responsabilidad, para superar las dramáticas situaciones que genera una sociedad en guerra, y el horror que supone vivenciar las calamidades de una cruenta batalla a la puertas de tu ciudad. De esta experiencia se traduce una importante enseñanza y se aprende a apreciar en su justa medida los valores que rigen la sociedad actual, tan distantes y distintos de aquellos que regían tiempos no tan lejanos, si se miden con el reloj de la Historia.

Animo, pues, desde aquí -de manera especial a los bailenenses- a su lectura y a reflexionar y sacar conclusiones sobre los acuerdos y decisiones que los señores que componían el Concejo, Justicia y Regimiento de la villa de Baylén hubieron de tomar, reunidos en la Sala Capitular del Cavildo, como lo han de uso y costumbre para tratar y conferir las cosas tocantes a el util y vien comun, a lo largo del año 1808. Después de ello sabremos apreciar y valorar en su justa medida el significado y trascendencia de lo ocurrido en Bailén hace ahora doscientos años, nos sentiremos más orgullosos de nuestro pasado y entenderemos mejor la enorme responsabilidad que supone honrar la memoria de quienes nos antecedieron. Para finalizar mi agradecimiento a la Asociación Cultural Historiador Jesús de Haro, que siguiendo la trayectoria marcada desde sus inicios, con su trabajo e iniciativa, está haciendo posible acercar la historia a la ciudadanía y expresar mi deseo de que esta publicación sirva como reconocimiento y homenaje especial a nuestros admirados antepasados del año 1808, artífices y protagonistas principales de este episodio de nuestra historia, y de manera extraordinaria a D. Bartolomé Fausto Merino, persona en quien, como Alcalde de la ciudad, recaía en aquel año la enorme responsabilidad de su representación y gobierno. Bartolomé Serrano Cárdenas Alcalde de Bailén

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PRÓLOGO: UNOS PAPELES QUE NOS PERMITEN ATRAPAR EL TIEMPO


As H ww isto oc w. ria iac je s do ión pá r u C J gin sd u e as l e s t u ú h de r s a a mu ro d l eH es m tra al pa pe aro ra s we a . o rg b Hoy es fácil atrapar un presente que dentro de poco se habrá convertido en pasado. Las modernas técnicas de grabación y reproducción permitirán saber con cierta fidelidad dentro de doscientos años lo que ha sucedido en un acto celebrado hoy. Un bailenense que viva en el año 2.208 podrá conocer, por ejemplo, detalles sobre la construcción que se está llevando a cabo en el aparcamiento de la plaza del Reloj. O tendrá acceso fácilmente a las imágenes y a la voz del alcalde que ahora está gobernando la ciudad. O podrá conocer cómo eran las calles que habitaron sus antepasadas y las plazas en donde jugaron los niños de ahora. Alguien se habrá ocupado de grabar y guardar los archivos necesarios para que reconozcamos aquello que ha dejado de existir. Hace doscientos años, como es lógico, no existían esos inventos que nos permiten, como digo, atrapar parte de nuestro pasado. Los grandes acontecimientos históricos sí podían ser recogidos por escribanos o personas que se dedicaban a trasladar al papel aquello que creían necesario y que debía quedar para la posteridad. Pero del acontecer diario de las ciudades, de la intrahistoria de la que hablaba Unamuno, no se ocupaba nadie o casi nadie.

Mucho antes que los libros fue la palabra. Si recordamos nuestra infancia y nuestras primeras ansias por conocer lo que había sucedido en nuestro pueblo, no eran las páginas silenciosas de un libro las que nos trasladaban al pasado, sino el sonido de la voz. Las primeras historias que el niño comienza a descifrar son las nanas y las historias que les cuentan su madre. Ahora ya casi nadie cuenta cuentos o historias porque ese poder lo ha recogido la televisión, pero hasta hace unos años eran los mayores los encargados de transmitirnos oralmente todos aquellos acontecimientos que transcurrían en los pueblos y ciudades, tanto reales como imaginarios. Ahora nos parece imposible que haya habido culturas que no valoraran el acto de escribir, pero una gran parte de la tradición oral se cimentaba en la memoria. Algunos de los grandes narradores de antaño eludieron o desdeñaron el acto de escribir. Ni Homero ni Sócrates lo hicieron nunca. Platón desconfiaba de la escritura porque imaginaba que induciría a los hombres a descuidar el ejercicio de la memoria. De Cristo, nos recuerda Borges, sólo se sabe lo que escribió una vez, fue sobre la arena, y nadie llegó a leer lo que escribió porque él mismo se apresuró a borrarlo.

Durante gran parte de nuestra vida, justo aquella en la que la imaginación es más poderosa y más ávido el deseo de saber, nos alimentamos exclusivamente de las tradiciones orales, igual que les ha ocurrido hasta no hace mucho tiempo a casi todos los hombres. Hasta que ha llegado el poderoso influjo de la televisión, nos hemos alimentado de las historias que nos han contado los mayores. Recuerdo con gran nitidez la voz profunda de aquella anciana vecina, que se llamaba Trinidaíca, contándome la historia de un vecino que se tiró al pozo de su casa porque estaba desesperado. Luego, su espíritu pedía con voz de ultratumba a todos los que se asomaban al pozo que lo sacaran de allí porque se había arrepentido. Recuerdo que yo quería saber quién era ese hombre que se había tirado al pozo y por qué había tomado la decisión de quitarse la vida. Y recuerdo, por último, a la anciana eludir la respuesta en un intento de hacer que mi imaginación se desbordara por completo. Ese es el poder de la palabra. Eran pues la imaginación y la palabra las verdaderas correas de transmisión de los saberes. Sin embargo, había una vida oficial y administrativa en la que no cabía la imaginación. Los asuntos que se trataban en las reuniones de los ayuntamientos eran recogidos en unos documentos por secretarios y amanuenses que hacían la labor de notarios que levantaban acta de las resoluciones que se tomaban. Eso todavía se hace. Por suerte para los baileneses, en nuestro Ayuntamiento existen las actas de aquel año tan importante en el que nuestro pueblo quedó grabado para siempre en el mármol de la historia. Era el deseo del propio Ayuntamiento y de la Asociación Cultural Historiador Jesús de Haro, de la que me honro ser el vicepresidente, rescatar para la población las actas capitulares de aquel año en que, como digo, el nombre de Bailén tuvo el honor de levantar la moral mancillada 17


As H ww isto oc w. ria iac je s do ión pá r u C J gin sd u e as l e s t u ú h de r s a a mu ro d l eH es m tra al pa pe aro ra s we a . o rg b de los españoles. Aquí no tengo más remedio que citar a Magdalena de Manuel y Juan José Lucena, que son los que con más ilusión recogieron la idea y que han trabajado para que aquel proyecto que surgió en una reunión de la asociación, sea ya, con la publicación de este libro, una estupenda realidad.

No hace falta advertir que este no es un libro al uso, de los que esperas una historia e incluso un desenlace, es ante todo un libro para eruditos y curiosos que quieran saber cosas sobre la vida municipal de aquel importante año del que estamos celebrando el doscientos aniversario. Si alguien se atreve a leer las transcripciones que de las actas se han hecho, en las que se respeta como es lógico la sintaxis y la ortografía original, podrá comprobar que reflejan aspectos muy interesantes de la vida de nuestra ciudad en ese año. Sabremos, por ejemplo, quienes eran los que formaban el propio Cabildo, el nombre del alcalde que lo regía, el secretario que firmaba las actas o los bailenenses que formaban parte del Consejo de Justicia. Sabremos que el alcalde se llamaba Bartolomé Fausto Merino, que también era juez interventor del Pósito, y que hasta había un alcaide para el castillo y fortaleza que se llamaba Pedro Pastor Alguacil. La lectura de las actas provoca la curiosidad del lector ávido por conocer cómo era la vida ciudadana hace doscientos años. Hay datos curiosos y realmente dignos de ser tenidos en cuenta. Por ejemplo, siempre que el secretario y escribano de las actas cita a Antonio José Carrero, el autor del alabado librito ‘Baylen, Descripción de la batalla y auxilios que en ella dieron los vecinos’, y que era comisionado por el Ayuntamiento para muchos asuntos en los que hubiera un pleito de por medio, le pone el calificativo de ‘sujeto inteligente’. ¿Quién era en realidad Antonio José Carrero? ¿Era un hombre tan inteligente como anotaba el escribano o era simplemente el halago que requería su persona para ser comisionado? Tendríamos que haber vivido en aquella época para encontrar las respuestas.

En la sesión del cinco de enero se nombran a todos los cargos públicos que iban a llevar las riendas políticas del pueblo. Sin duda, al leer esa acta, a más de uno le asaltará la curiosidad por conocer si su apellido coincide con algún miembro del Cabildo, más que nada porque le da pie a pensar que pudiera haber sido un antepasado suyo. (Sin ir más lejos, yo he encontrado a un comisario de arbitrios que se llamaba Tomás de Cárdenas, que bien podría formar parte de alguna rama de mi árbol genealógico). En esa sesión del día antes de Reyes se nombran a síndicos, procuradores, guardas mayores, personeros comunes, mayordomos… En la sesión siguiente, la del once de enero, se nombran al toldero (encargado de llevar el acopio de sal), al bulero (persona encargada de distribuir las bulas y recaudar las limosnas de los fieles) y a varios depositarios de rentas. También los oficios necesitaban su reconocimiento oficial, por eso en esa sesión se nombran al maestro albéitar (veterinario), al maestro relojero, al maestro herrero y al maestro sastre, entre otros. En aquel tiempo, en nuestro pueblo había normas que hoy son difíciles de entender. Por ejemplo, la sesión del uno de febrero da cuenta de que serían multados con cuatro ducados todos aquellos agricultores que vendieran trigo a forasteros, sin licencia ni permiso. Esa acta da fe también de los nuevos precios del pan: a veinticuatro cuartos la carrera de bazo y a veintinueve la carrera de blanco. También se pone precio a algunos licores: a seis cuartos el cuartillo de vino.

Bailén tuvo las primeras noticias sobre la invasión napoleónica a mediados de marzo. El día 29 se reúne el Cabildo para tratar el asunto de la posible llegada de los franceses. Dicen que tienen noticias de que varios regimientos del ejército de Napoleón estaban en España y que uno de ellos bajaría a Andalucía, por lo que se toman medidas para que se arreglen los caminos por los que van a pasar. “Se hace forzoso que se compongan los caminos intransitables, rellenando huecos y demás destrozos”. Se les estaba pues allanando el camino a los franceses ya que venían en plan de amigos, eso sí, sin que ello supusiera un perjuicio para el vecindario. Menos mal.

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As H ww isto oc w. ria iac je s do ión pá r u C J gin sd u e as l e s t u ú h de r s a a mu ro d l eH es m tra al pa pe aro ra s we a . o rg b Es en el mes de abril cuando el Ayuntamiento de Bailén trata el tema de la abdicación de Carlos IV en su hijo Fernando VII. Los componentes del Ayuntamiento acuerdan que no se cambien los sellos hasta que se agote el papel timbrado existente y que en los nuevos documentos se ponga ‘valga para el reynado de Su Majestad el Señor don Fernando Séptimo’. Así nos enteramos de que los dirigentes municipales, al menos eran ahorrativos. En esa misma sesión, se nombra a Manuel Carmona y Antonio José Carrero, el ‘sujeto inteligente’, para que se pase por Jaén y trate con Hacienda la rectificación de las rentas provinciales y de los tributos de sal. Se acordó así mismo que como era “costumbre inmemorial”, no se cobraran derechos alguno por la venta de carne de monte en el municipio. Las matanzas de cerdos también llegaban a los asuntos del orden del día de las reuniones del Cabildo. Así, el dos de mayo, precisamente el día en que en Madrid el pueblo se ha levantado contra los franceses, los munícipes de Bailén acuerdan que las matanzas las tienen que hacer los propios criadores, lo que parece una estupenda alegoría para los patriotas de entonces. Curiosa es también la reunión del once de mayo, donde el Cabildo, entre otras cosas, aprueba que Andrés Quesada, vecino de la villa, sea el que practique en el pueblo el “arte de sangrador, aplicador de ventosas y sanguijuelas y sacar dientes y muelas”. El peticionario presentaba varios certificados avalados por médicos y cirujanos de la capital. Cuatro días más tarde, el día 15 de mayo, se reúne de nuevo el cabildo para ver el memorial presentado por el vecino Jerónimo Serrano para que se le exonere del pago de un cuartillo de vino que, al parecer, pagaba desde hacía tres años como un tributo.

Pero este era un asunto menor, ya que el tema importante a tratar ese día era el del dictado de normas para los auxilios y alimentos que se habían de dar a las tropas francesas para cuando pasaran por el municipio. Asimismo acuerdan pedir a la Junta que pueblos cercanos como Mengíbar, Jabalquinto, Linares, Baños de la Encina, Ibros, Begíjar, Lupión, Rus, Canena, Baeza y Úbeda, contribuyan al abastecimiento de las citadas tropas francesas. Esa sesión debió ser larga ya que en ella también se fijaron precios para el agua de limón, de almendras, de cebada, de chufa y el agua helada. Por eso también nos enteramos de que ya en aquel tiempo había sorbetes y helados de naranja y mantecado, según se reflejan en las actas. Además de allanarles el camino a los franceses, los vecinos de Bailén debían de tener sus casas limpias y relucientes para recibir a las tropas gabachas. “Que todos los vecinos traten con la mejor armonía y amistad a las tropas francesas y españolas que unidas pasan Andalucía, dándole la mejor acogida, bajo las penas más graves a quienes ultrajen o improperasen a dichas tropas”, dice de manera literal el acta de ese día, en el que también se conoce que era el general Dupont el que estaba a cargo del regimiento francés que iba camino de Cádiz. Los ánimos ya debían estar bastante caldeados porque en esa misma sesión también se acuerda promulgar una especie de edicto para evitar concentraciones de varias personas en las calles y en las puertas de las tabernas. “Que no se junten vecinos en cuadrillas en la puerta de la Posada ni en ninguna otra parte, pues hallando más de dos juntos, serán castigados con el mayor rigor”. O sea, eran tiempos en que uno no se podía parar a hablar ni con su vecino. El Ayuntamiento de Bailén recibió del duque de Berg, el general Murat, cuñado de Napoleón, un decreto por el cual se les conminaba al Consistorio a que ayudaran a las tropas francesas con víveres y provisiones. El Cabildo se reúne el 30 de mayo para dar cuenta de dicho decreto y acuerda cumplir el decreto “para que nada les falte” a los franceses.

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As H ww isto oc w. ria iac je s do ión pá r u C J gin sd u e as l e s t u ú h de r s a a mu ro d l eH es m tra al pa pe aro ra s we a . o rg b Curiosa es también el acta del 14 de junio, en la que se detallan los impuestos que hay que pagar por cada fanega de tierra (cinco maravedíes) y las multas a todos aquellos que tuvieran cerdos, vacas o bueyes que dejaran pastar a sus animales en tierras que no fueran suyas. También para los que “rebusquen espigas, habas u otras semillas hay multas de cuatro ducados”. La siguiente sesión, la del 22 de junio, de nuevo las actas hacen referencia al inminente paso de las tropas francesas. En aquellos días muchos vecinos, ante el temor de la llegada de un ejército de Napoleón, debieron dejar sus casas y sus haciendas e irse lejos. Ya se habían formado las juntas de Sevilla y Granada y en los pueblos debía correr la incertidumbre de la Guerra. Por ese motivo, el Ayuntamiento dicta un bando “mandando a todos los vecinos que se vuelvan en el término de veinticuatro horas a sus casas a continuar las labores y recolección mediante lo atrasada que se haya, bajo la pena de confiscación de sus bienes y pérdida de ellos al que no cumpliese la orden”. Por esos días, igualmente muchos trabajadores abandonaron sus puestos de trabajo, de ahí que en ese mismo bando solicitara a los artesanos “menestrales, facultativos y asalariados, se cuiden de acudir a sus oficios bajo la pena de perder sus salarios y confiscarle sus bienes”. Los puestos públicos debían asimismo abrirse y tener la mercancía disponible e instaba a los panaderos y horneros a que amasasen el correspondiente pan, siempre bajo la amenaza de confiscársele sus bienes si desobedecían el bando. También prohíbe a las cuadrillas que lleven “armas ofensivas y defensivas”.

No debía de haber muchos vecinos dispuestos a ayudar a las tropas francesas, de ahí que en el cabildo del día 24 se nombre a varias personas para que ayuden al Ayuntamiento en la labor de la manutención de los gabachos. Se dice algo así como que no está bien que sea sólo el alcalde y los miembros del consejo los únicos que “despachen el socorro y el suministro de las tropas”. Por eso, “para facilitar el mejor servicio de su Majestad”, nombran a varias personas para que se encarguen de dicha misión. A los abastecedores y proveedores de la villa, los insta a que “tengan lo necesario para las tropas que se esperan para el día de mañana”.

O sea, que los franceses debieron pasar, según las actas, el 25 de junio por nuestro pueblo. Durante el mes de julio no se reúne el Cabildo, ya que no existen actas de ese tiempo. Sin duda debió de ser por el trajín y por la gran cantidad de trabajo que tuvieron que soportar los munícipes para atender los movimientos de tropas que desembocaron en la jornada de la batalla. Hasta el día 22 de agosto no se volvió a celebrar una sesión plenaria. En ella, lo primero que se hace es bajar los precios del pan y de los productos básicos, sin duda también porque la guerra, ya oficialmente instaurada, exigía una economía de miseria y subsistencia. Bailén debió quedarse sin trigo, ya que, mediante un edicto, el Ayuntamiento prohíbe a los panaderos “salgan a comprar trigo fuera de esta villa, pues aprehendiéndolos, se les exigirá cuatro ducados de multa por la primera vez, el doble por la segunda y triplicado por la tercera”. La batalla en particular y la guerra en general, dejó la economía del pueblo muy maltrecha, al igual que la del Ayuntamiento. Lo confirman las actas siguientes en las que en casi todas las reuniones se trataba el asunto de pedir “los débitos de la Real Hacienda para cubrir los gastos indispensables de las tropas” y poder así pagar a los “deudores de trigo y cebada” y “facilitar la más pronta cobranza”. El escribano recoge en el acta del seis de septiembre el lamento del Cabildo “del estado de decadencia en que han quedado estos vecinos por los daños y perjuicios que han sufrido con la demasiada permanencia de las tropas francesas, y el paso de las nacionales”. Piden igualmente los munícipes que aquellos vecinos que tuvieran justificantes de haber contribuido con sus bienes al mantenimiento de la tropa, “acudan al Ayuntamiento y entreguen los recibos a Francisco Rodríguez”.

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As H ww isto oc w. ria iac je s do ión pá r u C J gin sd u e as l e s t u ú h de r s a a mu ro d l eH es m tra al pa pe aro ra s we a . o rg b En esa misma sesión se hace un balance de los “daños y perjuicios sufridos durante la permanencia de las tropas francesas y españolas” y de la batalla. Según el acta, hubo quema de casas y siembras, sustracción de mieses, importantes daños en los olivares, viñas arrasadas… Se nombran a tres peritos (a los maestros de albañilería Antonio de Castro y Francisco Jurado y a los peritos de campo José González y Manuel Montenegro), “los cuales según su pericia, harán el reconocimiento y justiprecio correspondiente”. También el acta da cuenta del lastimoso estado sanitario en que quedó el pueblo, debido sobre todo al “mal enterramiento de los cadáveres dimanantes de los ataques de la guerra”. Da órdenes a los sepultureros para que “practiquen los enterramientos con la profundidad necesaria” y que echen cal en los lugares en donde se inhumaban a los cuerpos sin vida de hombres y caballos para evitar una epidemia más grave. Y es que los cadáveres debieron ser enterrados aprisa y corriendo y sin las medidas sanitarias necesarias, por lo que Bailén sufrió una importante epidemia.

En septiembre el Ayuntamiento también se da por enterado de que José I, el hermano de Napoleón, es elegido para reinar en España. Para no gastar de nuevo el papel que ya estaba timbrado, se decide que se ponga en los documentos oficiales la ya socorrida muletilla oficial de ‘valga para el reynado de Su Majestad el Señor don Fernando Séptimo’. Y es que los bailenenses y los españoles en general, no sabíamos en realidad quién era nuestro rey. Se acordó igualmente ese día nombrar a Francisco Martínez, sepulturero y pregonero, dos oficios con futuro.

El día 27 de septiembre de 1808 también hubo reunión de Cabildo o pleno municipal, como hoy lo llamaríamos. En ella se decide liquidar todas las deudas “en el plazo de un mes” a todos aquellos que no habían cobrado los recibos justificantes de haber ayudado a los soldados. También se decide redactar edictos para multar a los que “roban leña en dehesas que no son las suyas”.

No debió ser muy rápida la Hacienda pública a la hora de pagar a aquellos vecinos que abastecieron a las tropas, ya que los miembros del Consistorio deciden el 10 de octubre que las existencias que hubiera en el mismo “se repartan proporcionalmente a los vecinos que hayan contribuido con especie para dichos suministros”. En ese mes la situación económica municipal debía ser desesperada ya que en la sesión de octubre, la última del año, se comisiona a varias personas para que viajaran hasta Jaén con los documentos, vales y justificantes de los suministros que se habían hecho a las tropas y una estimación de los daños que habían ocasionado en el pueblo. Se nombra al propio alcalde, Bartolomé Fausto Merino y al secretario, “con facultad de cobrar y pedir en caso necesario judicial o extrajudicialmente todo aquello que estime oportuno hasta dejar ventilado en todo punto el particular”. Esa acta lleva varios anexos en los cuales se pide la revisión de los precios del vino y del aguardiente. Y un curioso texto en el que se autoriza a Alfonso Soriano como “aprehendor de malhechores”. Se acababa así la vida municipal de ese año de 1808, sin duda el más movido que ha tenido la historia de Bailén.

Andrés Cárdenas Muñoz Periodista y escritor Vicepresidente de la Asociación Cultural "Historiador Jesús de Haro"

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LIBRO DE ACTAS CAPITULARES DEL AYUNTAMIENTO DE BAILÉN 1808 Edición Fascimilar


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Actas Capitulares del Ayuntamiento de Bailén 1808  
Actas Capitulares del Ayuntamiento de Bailén 1808  

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