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24 de marzo de 2019 Nº 1276 • AÑO XXVII

TRÁGICA CONFUSIÓN EN EL PUEBLO CRISTIANO

A PROPÓSITO DE LAS PRÓXIMAS ELECCIONES GENERALES MADRE RIQUELME, PRÓXIMA BEATA GRANADIN

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Semanario de las Iglesias de Granada y Guadix


vozdelPapa

Vocación de servicio y bien común “Ser católico en política no significa ser un recluta de algún grupo, una organización o un partido, sino vivir dentro de una amistad, de una comunidad”. Extracto del discurso del Santo Padre Francisco dirigido el pasado 4 de marzo a un grupo de miembros de la Pontificia Comisión para América Latina. Ser católico en la política no significa ser un recluta de algún grupo, una organización o partido, sino vivir dentro de una amistad, dentro de una comunidad. Si tú al formarte en la Doctrina social de la Iglesia no descubres la necesidad en tu corazón de pertenecer a una comunidad de discipulado misionero verdaderamente eclesial, en la que puedas vivir la experiencia de ser amado por Dios, corres el riesgo de lanzarte un poco a solas a los desafíos del poder, de las estrategias, de la acción, y terminar en el mejor de los casos con un buen puesto político, pero solo, triste y con el riesgo de ser manipulado. (…) Con la mente y el corazón puestos en Jesús y guiado por la Doctrina social de la Iglesia, san Óscar Arnulfo Romero decía, y cito: “La Iglesia no se puede identificar con ninguna organización, ni siquiera con aquellas que se califiquen y se sientan cristianas. La Iglesia no es la organización, ni la organización es la Iglesia. Si en un cristiano han crecido las dimensiones de la fe y de la vocación política, no se pueden identificar sin más las tareas de la fe y una determinada tarea política, ni mucho menos

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Los cristianos y la política se pueden identificar Iglesia y organización. No se puede afirmar que solo dentro de una determinada organización se puede desarrollar la exigencia de la fe. No todo cristiano tiene vocación política, ni el cauce político es el único que lleva a una tarea de justicia. También hay otros modos de traducir la fe en un trabajo de justicia y de bien común. No se puede exigir a la Iglesia o a sus símbolos eclesiales que se conviertan en mecanismos de actividad política. Para ser buen político no se necesita ser cristiano, pero el cristiano metido en actividad política tiene obligación de confesar su fe. Y si en eso surgiera en este campo un conflicto entre la lealtad a su fe y la lealtad a la organización, el cristiano verdadero debe preferir su fe y demostrar que su lucha por la justicia es por la justicia del Reino de Dios, y no otra justicia”. Estas palabras pronunciadas el 6 de agosto del 78 para que los fieles laicos fueran libres y no esclavos, para que reencontraran las razones por las que vale la pena hacer política, pero desde el evangelio superando las ideologías. La política no es el mero arte de administrar el poder, los recursos o las crisis. La política no es mera búsqueda de eficacia, estrategia y acción organizada. La política es vocación de servicio, diaconía laical que promueve la amistad social para la generación de bien común. Solo de este modo la política colabora a que el pueblo se torne protagonista de su historia y así se evita que las así llamadas “clases dirigentes” crean que ellas son quienes pueden dirimirlo todo. (…)


Sumario Directora: Paqui Pallarés Redacción: María José Aguilar Ignacio Álvarez Colaboradores: Antonio Gómez (Guadix) Ignacio Fernández

Edita: ARZOBISPADO DE GRANADA Plaza Alonso Cano, s/n 18001 GRANADA tel.: 958 215 675 e-mail: mcsgranada@archidiocesisgranada.es www.archidiocesisgranada.es Facebook: Archidiócesis Granada / Secretariado Mcs Granada Twitter: @Archigranada Diseño y maquetación: Secretariado de Medios de Comunicación de la Archidiócesis de Granada

Sumario 02. Voz del Papa Vocación de servicio y bien común Los cristianos y la política 04. Mirada • Apertura de consulta dirigidas a los fieles • El Papa aprueba el Decreto del milagro atribuido a la granadina Madre Riquelme • “Lo que hacemos en el Seminario es vivir” • 24 horas continuas de oración, adoración a Dios y confesión de los pecados • La diócesis de Granada celebra la ordenación de un nuevo diácono • Mons. Orozco, nuevo presidente del Patronato de Proyecto Hombre Granada • El paulino Miguel Carmen, nuevo Director General en San Pablo • Donación a Cáritas Parroquial de Cúllar recaudada en la VI Marcha Solidaria • Premiada la archivera de Guadix por una novela sobre Mira de Amescua • Agenda

12. Textos “El amor cuida la vida” Nota de los obispos españoles en la Jornada por la vida 14. A fondo Trágica confusión en el pueblo cristiano Artículo de Mons. Martínez a propósito de las próximas elecciones 19. Cultura Una ocasión para la libertad A los católicos comprometidos en la Iglesia y en la sociedad 22. Testimonio “No quería abandonar a los enfermos” Beato Marià Mullerat i Soldevila 25. Signo y Gracia El símbolo en la tradición cristiana Sacramentos cristianos (y VI) 26. Luz de la Palabra “Deja que la higuera crezca” III Domingo de Cuaresma

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Mirada

Apertura de consulta dirigida a los fieles Forma parte del trabajo que se lleva a cabo y que pueda concluir en la apertura del estudio de una posible causa de beatificación. Las comunicaciones deben dirigirse únicamente a Secretaría General del Arzobispado y no hacerse públicas, para no perjudicar ni dañar dicha labor. El Arzobispado de Granada abre un periodo de consulta dirigido a todos los fieles de la diócesis, para que comuniquen cualquier información útil, a favor o en contra, antes de iniciar un posible proceso diocesano de beatificación, sobre el granadino padre Manuel Gil de Sagredo Arribas, misionero presbítero de la Congregación del Santísimo Redentor. Quienes puedan aportar dicha información, especialmente quienes le conocieron en persona, deben dirigirse únicamente a Secretaría General del Arzobispado de Granada en el correo electrónico secretariageneral@archidiocesisgranada.es o en el teléfono 958-21-63-23, así como en su sede en el Edificio Curia Metropolitana (Plaza Alonso Cano).

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Se subraya que para trasladar dichas comunicaciones deben contactar exclusivamente con Secretaría General, no debiendo difundirse públicamente,

Sobre el padre Manuel Gil de Sagredo Arribas para no perjudicar ni dañar un trabajo que pueda concluir en la apertura del estudio de una posible causa de beatificación. PADRE GIL SAGREDO El padre Gil de Sagredo Arribas fue misionero presbítero de la Congregación del Santísimo Redentor, que desarrolló su ministerio en China. Natural de Granada, en nuestra Diócesis fue Superior de la Comunidad Redentorista y Rector del Santuario del Perpetuo Socorro. Se formó en el Seminario mayor redentorista de Astorga (León), donde realizó sus estudios eclesiásticos, siendo ordenado presbítero el 6 de julio de 1930. Tras estudiar en Londres para perfeccionar el idioma, se marchó a China en 1931, donde permaneció hasta 1941, cuando regresa a España para informar de la situación de la misión en aquellas tierras de oriente. Tras permanecer en prisión durante cinco meses, como consecuencia de la revolución maoísta, es expulsado de China. Murió repentinamente el 4 de agosto de 1952, a los 44 años, de una angina de pecho, agotado por los padecimientos sufridos en su cautiverio.


Mirada El Papa aprueba el Decreto del milagro atribuido a la granadina Madre Riquelme Fundadora de la Congregación de las Misioneras del Santísimo Sacramento y de María Inmaculada, esta aprobación es un paso más en el camino hacia una posible beatificación. En la Solemnidad de San José, la Santa Sede ha hecho público la aprobación del Papa Francisco al Decreto que reconoce el milagro atribuido a la intercesión de la Venerable Sierva de Dios María Emilia Riquelme y Zayas, nacida en Granada y fundadora de la Congregación de las Misioneras del Santísimo Sacramento y de María Inmaculada. La Sierva de Dios María Emilia Riquelme, que nació en Granada el 5 agosto de 1847 y murió el 10 de diciembre de 1940, se encuentra enterrada en la Casa Madre en nuestra ciudad. EL MILAGRO El milagro que ha permitido la aprobación de este Decreto, que lleva a la Sierva de Dios a estar más cerca de una posible beatificación, es una pancreatitis aguda de una persona en Colombia, que además estaba desahuciada. La hermana de esta persona colocó una reliquia y una estampa de la Madre Riquelme cerca y rezó una novena en honor de la Venerable Sierva de Dios, que fundó en Granada la Congregación conocidas familiarmente como “riquelminas”. La reliquia es un trozo de hábito de la Madre María Emilia Riquelme. MADRE RIQUELME Nacida en una familia católica, de alta posición económica y cultural en el siglo XIX, la muerte de su padre a los 7 años de edad marcó su vida. En esa ocasión y en su adolescencia acudió a la Virgen María, marcando en ella “una profunda experiencia” en su vida. “Comienza por poner al servicio su tiempo y cualidades en favor de los más pobres en escuelas para niños pobres, catequesis, visitas a prostíbulos, ayuda a familias necesitadas, etc. María Emilia no descansa, capta las necesidades de su tiempo y redobla su trabajo a favor de los más necesitados; quiere vivir el sí que hace años dio al Señor”, explica la Congregación.

COLABORADORAS CON LA PASTORAL UNIVERSITARIA Esta inquietud dio origen en Granada a la Congregación de las Misioneras del Santísimo Sacramento y de María Inmaculada, que en la actualidad colaboran con la Pastoral Universitaria diocesana, que cada verano pone en marcha su Misión Bolivia con estudiantes universitarios. Estos jóvenes acuden durante un mes a la selva boliviana para ayudar a sus habitantes en tareas de educación, formación y sanidad, al mismo tiempo que evangelizan y comparten la vida. Estos jóvenes comparten esta tarea evangelizadora con la ayuda de las misioneras del Santísimo Sacramento en esta región y el sacerdote franciscano español José Manuel Barrio, conocido familiarmente como “Padrecito”. La Congregación tiene su Casa Madre en el centro de Granada y, además de estar presentes en otras ciudades españolas, también cuenta con casas en países como Brasil, Portugal, Bolivia, Colombia, Estados Unidos, Angola, México y Filipinas. Paqui Pallarés

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Mirada “Lo que hacemos en el Seminario es vivir” Con motivo de la Solemnidad de San José, patrón de los seminaristas, entrevistamos al Rector del Seminario Mayor San Cecilio, D. Enrique Rico Pavés, de cuya conversación ofrecemos un extracto y pueden leer íntegra en www.archidiocesisgranada.es. El lema de este año es El seminario, misión de todos. En qué sentido lo es. El Seminario es misión de todos porque la vocación surge dentro de una comunidad de vida, que, normalmente, es la familia, y dentro de una comunidad cristiana de vida que es una parroquia, un movimiento, una realidad eclesial, donde uno se plantea qué quiere el Señor de mí. Por eso, la vocación no surge como “francotiradores”, sino en unos ambientes de relaciones que son los ambientes en los que nos movemos. Ahí surge una vocación. Si hay medios en que uno puede escuchar al Señor, se dará una respuesta. Si la familia está abierta al don de Dios en los ámbitos que sean, de su familia brotarán vocaciones. Si una parroquia está abierta, también. Por eso, no es misión del seminario, sino de todos los ambientes y realidades, donde el cristianismo se inserta, que es la familia, la sociedad, en todos los ambientes donde Jesucristo se hace presente. Cuando hablamos de seminaristas, podemos pensar que están haciendo una especie de “carrera”. Y no se trata de eso, ¿verdad? No. A mí una religiosa me dijo una vez que el discernimiento de la vocación se realiza en la vida, y lo que hacemos en el Seminario es vivir. En una vida en la que hay que estudiar, en la que hay actividades pastorales, en la que hay deporte, en la que hay convivencia. En esa vida, uno discierne la llamada del Señor. En la que hay muchos momentos de oración, por supuesto, y de trato con el Señor. Pero es en la vida donde uno discierne lo que el Señor quiere de mí. Cómo sabe uno cuándo el Señor le está llamando a algo. Normalmente, estas cosas las sabemos con ayuda, porque uno solo se puede equivocar, o se puede engañar,

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o se puede autosugestionar. Por eso, la vocación se suele decir que es algo de dos: de uno que siente la llamada y de la Iglesia que discierne si esa llamada es real o si hay elementos que hacen que sea una propia invención, una propia sugestión, o incluso una manera de huir. Por eso, el periodo del Seminario no son dos meses; son en torno a seis años, en los que uno va exponiendo qué es lo que ve en su interior, qué es lo que ve en sus cualidades, qué es lo que ve en sus capacidades, y la Iglesia también discierne si uno está llamado a eso o está llamado a otra realidad. Por eso, el periodo del Seminario es un periodo de discernimiento. Es verdad que brota de una intención inicial. Normalmente, uno quiere ser sacerdote porque ha recibido ejemplos de sacerdotes que le han llamado la atención; o le ha entusiasmo ese tipo de vida; o ha recibido una palabra del Señor que le ha llamado especialmente la atención y le ha resonado en el corazón. Después, comienza un proceso de ver si eso equivale con una llamada o ha sido simplemente un momento de entusiasmo. Y para eso, la Iglesia dedica un ambiente, un ámbito y un tiempo largo para ver la realidad de esa llamada. Precisamente, en el año 2016 el Papa Francisco aprobaba un texto titulado El don de la vocación presbiteral, y mucho tiene que ver con la formación de los seminaristas. Cuéntenos en un par de pinceladas qué recoge este texto. Ese documento se llama la Ratio Fundamentalis, es decir, el itinerario que debe guiar la vida de los seminarios en los próximos años, y luego se tiene concretar a nivel de Conferencia Episcopal en la Ratio Nacional. Es decir,


Mirada ese documento es para toda la Iglesia, que marca los hitos que debe ser la vida de un Seminario y luego cada Conferencia Episcopal lo debe aplicar a la realidad nacional que vivimos. El documento lo que marca principalmente son las etapas y los acentos que se deben cuidar en el Seminario: la formación humana, la formación pastoral y la formación espiritual. Son los tres pilares, junto con la formación comunitaria, porque el sacerdote –como he dicho antes- no es un “francotirador”, sino que está llamado a ser padre en una comunidad y a alimentar a una comunidad, y alimentarse él mismo de la vida de comunidad. Por eso, hay que estudiar; hay que cuidar

una intensa vida espiritual, en la que sea un acento importante en la dirección espiritual, en la oración, el tiempo a solas con el Señor; y hay que aprender a utilizar los medios que nos permitan llevar el Evangelio a los demás, como es explicar la fe a los hermanos, estudiar la Palabra de Dios. A todo eso se le dedica bastante tiempo en el Seminario, con una mirada hacia los hombres y mujeres que van a recibir el mensaje cristiano. Paqui Pallarés Entrevista completa en www.archidiocesisgranada.es

24 horas continuas de oración, adoración a Dios y confesión de los pecados

Es la iniciativa 24 horas para el Señor, que se celebrará desde el 29 de marzo a las 17 horas, hasta el 30 de marzo a las 17 horas, en la S.I Catedral y el santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, en Motril. Un año más, en el tiempo litúrgico de Cuaresma, la Archidiócesis de Granada se suma a la iniciativa en la Iglesia universal de penitencia y conversión propuesta por el Papa Francisco llamada 24 horas para el Señor. Con el lema Tampoco yo te condeno (JN 8,11), la iniciativa desea ser una ayuda y una invitación en esta Cuaresma para la conversión personal, contemplando la imagen de Jesús que ofrece su Misericordia a todas las personas, en el perdón de los pecados. 24 horas para el Señor se llevará a cabo en la S.I Catedral y en el santuario de Nuestra Señora de la Cabeza en Motril, desde el 29 de marzo a las 17 horas, hasta el 30 de marzo a las 17 horas. En el caso de la S.I Catedral, las 24 horas para el Señor concluirán con una Eucaristía. Durante 24 horas continuas habrá oración, adoración al Santísimo Sacramento y sacerdotes administrando el Sacramento de la penitencia.

Se ha habilitado un horario disponible en www. archidiocesisgranada.es, que recoge entre otros momentos destacados la celebración penitencial presidida por nuestro arzobispo, un Vía Crucis de la Misericordia, el rezo del Rosario por la vida, además de los momentos de oración siguiendo la Liturgia de las Horas y diversas Eucaristía a lo largo de la jornada.

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Mirada La diócesis de Granada celebra la ordenación de un nuevo diácono Una vez pedida la intercesión de los Santos, el Arzobispo procedió entonces a la imposición de manos, rogando la efusión de los siete dones del Espíritu Santo, para confirmar al nuevo diácono en su ministerio, al igual que los apóstoles en los primeros siglos, confiaron a distintos varones “el cuidado de los pobres, a fin de poder ellos entregarse con mayor empeño a la oración y a la predicación de la Palabra”, según reza la plegaria del Orden.

El pasado domingo, 17 de marzo, Día del Seminario, se celebró en la Catedral de Granada la ordenación de un nuevo diácono, D. Wylliam José Sauce Charmel. Este seminarista de nacionalidad venezolana estará destinado en misión a algunas parroquias de las Alpujarras. Cientos de fieles se dieron cita en la Santa Iglesia Catedral para presenciar la ordenación al orden diaconal de D. Wylliam José Sauce Charmel, natural de Venezuela. Durante la celebración, de hecho, se invitó al Pueblo de Dios a unirse en oración para “pedir por esta querida nación, que pasa por momentos de mucha angustia”. A la celebración pudo asistir la familia de Wylliam José, que viajó desde el país venezolano. La celebración contó además con la presencia de otro diácono permanente, también acompañado de su familia, que ejerció por vez primera como diácono en la Iglesia de Granada. El candidato fue presentado formalmente y considerado digno del ministerio “según el parecer de quienes lo presentan y después de consultar al Pueblo cristiano”. Tras ello, el Arzobispo de Granada, Mons. Javier Martínez, eligió a Wylliam José como diácono.

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Una vez ordenado por la imposición de manos, D. Wylliam José Sauce fue ya revestido de la estola diaconal y de la dalmática, como signos visible del ministerio “que desde ahora va a ejercer en las celebraciones”. A ello siguió la entrega de los Evangelios y el abrazo de la paz entre Arzobispo y diácono. La ordenación concluyó con la Eucaristía, en la que el propio D. Wylliam José Sauce participó ya ejerciendo su nuevo ministerio diaconal. Al final de la misa, Mons. Javier Martínez confirmó que D. Wylliam José estará ahora destinado en la localidad de Ugíjar y otros pueblos vecinos de la localidad alpujarreña. ENVIADO A GRANADA Wylliam José nació hace treinta años en Puerto Cabello, en Venezuela, donde comenzó a formar parte del Camino Neocatecumenal, fue durante un encuentro vocacional en el que se pidieron vocacionales que este joven se puso en pie para ofrecer su vida al Señor e ingresar en el Seminario misionero Redemptoris Mater. Fue con 20 años, en el 2009, cuando fue destinado a Granada como lugar de envío y sitio en el que realizar sus estudios. Ha sido aquí en nuestra diócesis, y durante 10 años, donde Wylliam José se ha formado en su vocación sacerdotal y misionera con periodos también de servicio en otras diócesis como Madrid. Ignacio Álvarez


Mirada Mons. Orozco, nuevo presidente del Patronato de Proyecto Hombre Granada

El día 18 de marzo de 2019 se reunía el Patronato de la Fundación Granadina de Solidaridad Virgen de las Angustias –Proyecto Hombre Granada(FGSVA) en una de sus reuniones anuales para tratar diferentes temas de interés para el buen funcionamiento de todo el Programa EducativoTerapéutico Proyecto Hombre destinado a la Rehabilitación y Reinserción Social de personas con Problemas de drogas y otras adicciones. Entre sus temas del orden del día estaba la renovación de la presidencia de dicho patronato y la secretaría. La presidencia ha recaído en el nuevo obispo de Guadix-Baza, Francisco Jesús Orozco Mengíbar, que ha aceptado con agrado dicho servicio, dada la buena trayectoria del proyecto que sus predecesores supieron poner en marcha y gestionar, fruto del Jubileo del año 2000 que unió a las diócesis de Guadix-Baza y Granada junto a instituciones públicas y privadas, así como a personas particulares. Para la secretaría se ha elegido a Jesús García Fernández, que es también coordinador del departamento de Servicios Generales del Proyecto Hombre. Juan Carlos Carrión González deja la responsabilidad de Secretaría y se le han agradecido profundamente sus servicios y su gestión desde el inicio del Proyecto Hombre.

El resto de la reunión se desarrolló con la normalidad de siempre. Se aprobaron las cuentas auditadas del año 2018 que dan un balance positivo y una buena gestión de los recursos económicos, en su mayoría públicos por lo que se ha indicado el trabajar para conseguir también más fondos privados. El informe amplio del tesorero, realizado por la administrativa Carmen María Tortosa Alarcón, y el informe del director/presidente del Programa, Manuel Mingorance Carmona, han sido muy esclarecedores y dan amplia información de lo que se vive y trabaja en Proyecto Hombre, destacando la buena gestión y el buen hacer de todos. Los gastos mayoritarios son los de personal y de Seguridad Social, que se aplica el convenio colectivo del Tercer Sector respetando las subidas salariales anuales en la medida de nuestras posibilidades. Hay proyectos en marcha, tanto provinciales, regionales, nacionales y europeos, e ilusiones de seguir trabajando y cumpliendo objetivos sin descuidar lo que se hace. Con ellos se pretende la rehabilitación de las adicciones y también la Reinserción Social a todos los niveles posibles: familiar, laborar, educativo, etc… Todos los miembros del Patronato han quedado invitados a la XV comida solidaria de Proyecto Hombre del domingo 31 de marzo en el Hotel Abades Nevada Palace de Granada a las 14 horas. José Mª Tortosa Alarcón

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Mirada El paulino Miguel Carmen Hernández, nuevo Director General en San Pablo El P. Miguel Carmen Hernández, hasta ahora Editor Ejecutivo de San Pablo, ha sido nombrado Director General de San Pablo España por el P. Lázaro García Caso, Superior Provincial de la Sociedad de San Pablo, por el tiempo en que dure el mandato provincial. Sustituye en el cargo al Provincial, que ocupaba el puesto de forma interina desde la salida del anterior Director General, Octavio Figueredo. Nacido en Irámuco (Guanajuato, México) en 1986, ingresó en la Sociedad de San Pablo en Guadalajara, Jalisco, en 2001. Incorporado a la provincia de España en 2010, hizo su profesión perpetua en abril de 2013 y fue ordenado sacerdote en Roma el 26 de noviembre de 2016. Licenciado en Ciencias de la Comunicación y Filosofía en Ciudad de México, hizo los estudios de Teología en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, y posee el máster en Edición y el máster en Gestión de Empresas e Instituciones Culturales, ambos por la Universidad Complutense de Madrid. Vinculado desde su llegada a España al Departamento Editorial de San Pablo, ha sido responsable de diferentes publicaciones y proyectos editoriales, además de redactor jefe de la revista Cooperador Paulino.

Fiel a la orientación de su fundador, el beato Santiago Alberione, de “llevar la palabra de Dios a los hombres de hoy con los medios de hoy”, y al compromiso de “hablar de todo, pero siempre cristianamente”, la Editorial San Pablo tiene como objetivo la formación integral de la persona en todas las edades y ámbitos, a través de los libros, la música y los productos multimedia.

Donación a Cáritas Parroquial de Cúllar recaudada en la VI Marcha Solidaria Entregados por el club Anda Ya. El club de senderismo Anda Ya, de Cúllar, ha entregado a Cáritas Parroquial de Cúllar un donativo de 3.200 euros, fruto de la Marcha Solidaria que se celebró el pasado 24 de febrero. Esta es la VI edición de esta marcha solidaria que, en esta ocasión, ha transcurrido por parajes de la localidad, comenzando y terminando junto a la nave del SENPA. Cada año destinan lo recaudado a un fin social y, en esta ocasión, le ha tocado a la Cáritas de la parroquia. Desde Cáritas Parroquial, los voluntarios y el párroco, José Manuel Suárez, agradecen este donativo al club Anda Ya y a todos los que colaboran por hacer un mundo mejor. Antonio Gómez

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Mirada Premiada la archivera de Guadix por una novela sobre Mira de Amescua Carmen Hernández ha recibido el primer premio Alféizar 2019 por su obra Memorias de la cautiva, que versa sobre la vida y la obra del dramaturgo accitano del XVI-XVII. Carmen Hernández es archivera en el Archivo Diocesano de Guadix y acaba de recibir el primer premio en el concurso Alféizar 2019 por su novela Memorias de la cautiva. Por este motivo, el Archivo Diocesano de Guadix ha hecho público un comunicado en el que felicita a su autora y que reproducimos a continuación: El Archivo Histórico Diocesano de Guadix se complace en felicitar a su archivera Carmen Hernández Montalbán, por el primer premio del IV Concurso Alféizar de Novela, de la Editorial Alféizar de Valencia-Córdoba. La novela premiada lleva por título Memorias de la cautiva y versa sobre la persona y la obra de nuestro Canónigo Arcediano D. Antonio Mira de Amescua, insigne accitano, dramaturgo y poeta de los siglos XVI – XVII. Fue también provisor de nuestro obispado y hombre cuya vida honra a Guadix y a su Cabildo Catedral.

AGENDA • Jornada por la vida. Solemnidad de la Encarnación del Señor el 25 de marzo. Entre las parroquias que celebrarán esta Solemnidad, la parroquia de San Juan María Vianney informa que será a las 19 horas. El día anterior, 24 de marzo, en la parroquia de Órgiva tendrá lugar una vigilia de oración por la vida, a las 19 horas. • Pastoral de la salud. Charla-coloquio el día 21 a las 19 horas en la residencia de las Siervas de María y Ministras de los enfermos, a cargo del delegado diocesano de Pastoral de la salud, D. José Gabriel Martín Rodríguez. Asimismo, el día 23, a las 10 horas, habrá retiro cuaresmal en la residencia de las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús (C/ Arabial, 49).

También, el Archivo Diocesano, se siente especialmente honrado, no sólo por ser la génesis del desarrollo de la novela con su documentación, sino también porque el trabajo de la persona premiada llena de alegría y de honra a nuestra institución y a sus legajos y libros. Manuel Amezcua Morillas

• Retiro del clero. El día 25 el Seminario Mayor acoge el retiro del clero del mes de marzo, a partir de las 11:15 horas, dedicado al tema A ti grité y me sanaste (Sal. 29), a cargo del Vicario Episcopal Territorial I del Arzobispado de Granada, D. Francisco Tejerizo. • Exposición. El día 29, a las 19:30 horas, inauguración de la exposición de escultura Pedro de Mena y Medrano, granatensis, en la sala de exposiciones del Centro Cultural Nuevo Inicio (Plaza Alonso Cano. Edificio Curia Metropolitana). Organizada en colaboración con el Obispado de Málaga, donde también se ofrece una muestra dedicada al escultor, la exposición en Granada podrá visitarse hasta el 5 de julio, en horario de 10 a 13:30 horas, y los sábados de 11 a 13:30 horas. La muestra permanecerá cerrada del Jueves Santo al Domingo de Resurrección y la Feria del Corpus Christi.

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Textos

“El amor cuida la vida” Nota de los obispos de la Subcomisión Episcopal para la Familia y la Defensa de la Vida con motivo de la celebración de la Jornada por la vida que se celebrará el lunes 25 de marzo, Solemnidad de la Encarnación del Señor. “Dios es amor y quien permanece en el amor permanece en Dios” (1 Jn 4, 16). Es la Buena Noticia que la Iglesia ha recibido como un tesoro magnífico y que ha de proclamar a tiempo y a destiempo. En cuanto anuncio, despierta la esperanza de las personas que sienten el amor y la llamada a amar como algo suyo. Frente a una idea de un Dios lejano que nos ha dejado solos y al que no interesan las cuestiones humanas, se nos presenta una verdad muy diferente de la cercanía de Dios en todas nuestras cosas, incluso las más cotidianas. San Juan sabe que lo que verdaderamente mata el amor es la indiferencia y revela entonces que ese deseo profundo de amor que hay en el corazón humano tiene una fuente que muchas veces

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Nota de los obispos españoles en la Jornada por la vida

desconoce la persona y que se le puede manifestar. Los cristianos estamos llamados a manifestar ese amor. Es el mismo san Juan el que declara en primera persona: “nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él” (1 Jn 4, 16). La Iglesia, al recibir esta misión, es bien consciente de que «el amor se debe poner más en las obras que en las palabras». Que repetir palabras de amor sin que de verdad cambie algo en la vida es un modo de falsearlas. Dios ha hecho suyo, por amor, todo lo que el ser humano vive, y desea comunicarle lo más grande: “he venido para que tengan vida y una vida abundante” (Jn 10, 10). Cristo, al resumir así su propia misión, no ignora el dolor y el abandono de muchas personas. Más bien es esta debilidad humana la que le impulsa a manifestar su amor. Conocer esta verdad del corazón de Cristo nos obliga a reconocer que: “La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia (…). La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo”.


Textos

UNIDOS EN UN ÚNICO AMOR Creer en el amor que Cristo nos tiene y al que nos llama implica una “lógica nueva” que necesariamente hemos de asumir y enseñar. Es verdad. Como dice el papa Francisco: “El amor mismo es un conocimiento, lleva consigo una lógica nueva. Se trata de un modo relacional de ver el mundo, que se convierte en conocimiento compartido, visión en la visión de otro, o visión común de todas las cosas”. Se trata de hacer nuestro un amor incondicional, anterior a las circunstancias concretas y a los estados de ánimo por los que podemos pasar. Esta condición rescata al amor humano de ser solo una “chispa” incapaz de servir plenamente a la vida. El amor de Dios Padre al hombre es una “roca firme” (cf. Mt 7, 24-27) ante los ríos que chocan contra la casa y tienden a hacer líquidos el amor y la sociedad. Es un amor que permanece. De otro modo, se “cede a la cultura de lo provisorio, que impide un proceso constante de crecimiento”. La universalidad de la experiencia del amor requiere un aprendizaje. En esto observamos grandes carencias en nuestra cultura actual que inunda a las personas de reclamos emotivos, pero no las acompaña en ese camino de crecimiento en el amor verdadero. El papa Francisco llama la atención acerca del pernicioso emotivismo ambiental que puede disfrazar el egoísmo en la pretendida

sinceridad de las emociones. Es verdad: “creer que somos buenos solo porque ‘sentimos cosas’ es un tremendo engaño” . Solo es posible ver en verdad la vida humana desde la luz de ese amor primero de Dios, donde encuentra su verdadero origen. Esto es lo que hace proclamar a la Iglesia con fuerza: “la vida es siempre un bien”. Ha nacido de ese amor primero y por eso pide ser acogida y reconocida como digna de ser amada. No hay vidas humanas desechables o indignas que puedan ser por eso mismo eliminadas sin más. Dios es el garante de su vida: “Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en los cielos el rostro de mi Padre celestial” (Mt 18, 10). Reconocer la dignidad de una vida es empeñarse en conducirla a su plenitud que está en vivir una alianza de amor. (...) La Iglesia, consciente de ello, se empeña con las personas de buena voluntad en la construcción de una sociedad del cuidado de la vida en todas sus manifestaciones, cuidado que nace de la conciencia de la verdadera responsabilidad ante el otro. (…) Esto significa de verdad amar la vida, anunciar que es un bien, celebrar su acogida y crecimiento y, mediante el testimonio, saber denunciar lo que la desprotege, la aísla, la abandona o la considera sin valor.

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aFondo

Trágica confusión en el pueblo cristiano Artículo de Mons. Martínez a propósito de las próximas elecciones Parto de la base de que un político o un grupo político cualquiera, en un país que se dice libre, y hasta en uno que no lo fuese, es libre de proponer y defender (hasta de forma heroica), lo que considere mejor para el futuro del pueblo al que quiere servir. Y doy también por supuesto que todos los votantes, católicos y no católicos, son perfectamente libres de votar a la opción que consideren mejor para la sociedad en que viven. Más aún, voy a dar por supuesto que, tanto los políticos cuando hacen sus propuestas como los votantes cuando votan, lo hacen de hecho con la mejor voluntad de servicio, y quieren lo mejor (al menos para sus hijos y para sus amigos y para los hijos de sus amigos). Unos, quiero creer, proponen lo mejor que saben, y otros votan lo mejor que pueden. Yo soy un pastor de la Iglesia Católica. Pues bien, en los últimos meses, he venido oyendo, con sorpresa y tengo que decir, con una preocupación creciente, y en ambientes que se consideran verdaderamente católicos,

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que en las próximas elecciones van a votar a una opción política que ellos ven como la más cercana a “la visión cristiana del mundo”. Por desgracia, en las circunstancias actuales de la Iglesia y de la sociedad, lo que eso revela sobre todo es que una parte muy considerable de quienes nos decimos católicos ya no sabemos lo que es el cristianismo, y eso nos permite confundirlo con cualquier ideología o “espiritualidad”, venga del lado que venga, desde las más caras y lujosas (con SPA incluido) hasta las de todo a euro. Ya pasó con el marxismo, y luego (o antes, incluso) con el nacionalismo. Lleva varios siglos pasando con el liberalismo, y pasará con las que vengan. Pasará con cualquier oferta que tenga un buen marketing en el mercado de lo espiritual y de los valores, a menos que suceda una verdadera conversión: el despertar de una fe que tiene en sí misma todo el potencial que se necesita para rejuvenecer el mundo, sin el apoyo sobrevenido de ningún régimen o de ningún grupo político, pero que lleva en nosotros demasiado tiempo dormida, engañada y confundida.


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De ese sueño de la fe católica nace la parálisis del pensamiento cristiano en nuestra tierra, pero no sólo en el ámbito de dentro de la fe, sino en la política y en la economía, en el matrimonio y en la familia, en la estética y en la organización del trabajo, en el cuidado de la tierra y en todas las cosas que tienen que ver con lo humano (que son todas). La miopía de ese catolicismo es tal que ni siquiera se da cuenta de que quién tiene más interés en el crecimiento y el (relativo) éxito de esas propuestas de las que hablo, y que coquetean con él, son precisamente los grupos dispuestos a todo con tal de fracturar al pueblo español y desarraigarlo total y definitivamente de su tradición cristiana. Por muy paradójico que parezca, votar a una cierta “derecha” es votar a una cierta “izquierda”, hasta el punto de que esa “derecha” parece a veces casi subvencionada. Desde luego, es esa “cierta” izquierda quien la provoca y la hace crecer y la alimenta gustosamente. Y es necesario que eso se sepa. Y es necesario que un pastor de la Iglesia lo diga. Y luego, si uno lo sabe y aun así quiere votarles, porque sigue pensando que es lo mejor para todos, pues que los vote, pero que sea consciente de lo que hace. En la tradición moral cristiana, sólo lo que se hace consciente y libremente tiene valor moral, y es un acto propiamente humano (son las dos únicas cosas que la Iglesia pide para que un matrimonio sea matrimonio). Pero, entonces, me dicen amigos míos, un católico no tiene a quién votar. Conste que entiendo perfectamente la indignación de un pueblo que se ha visto traicionado en casi todo por aquellos a los que habían elegido como sus representantes, y entiendo el deseo de castigarles con el voto, ya que votar una vez cada cuatro años es (casi)

lo único que se puede hacer para contribuir de algún modo configurar a la sociedad que deseamos. Pero me temo que no hemos aprendido la lección, y estamos, una vez más, dispuestos a caer (y más hondo todavía) en la misma trampa. Sí, no hay un partido “cristiano”. ¡Pues claro! ¿Qué esperábamos? No estamos en un mundo cristiano. ¿O es que no nos habíamos dado cuenta? ¿Y qué pasa? ¿Y si ésa fuera precisamente la oportunidad que Dios nos da para que supliquemos de nuevo con seriedad “la fe y el Espíritu Santo”, y para volver a ser cristianos —simplemente cristianos— en un mundo que, diga lo que diga, se muere de sed del Dios de Jesucristo? No necesitamos ni un partido ni un gobierno que “apoye” a los cristianos. No es el pueblo cristiano el que tiene necesidad de que los políticos apoyen su visión del mundo, son más bien un cierto tipo de políticos los que buscan ansiosamente el apoyo del pueblo cristiano, y tratan a toda costa de hacernos creer que es al revés. La verdad es que llevamos tanto tiempo apoyándonos en esos “falsos” apoyos que sin darnos cuenta hemos perdido la fe. Y nada necesitamos tanto como un poco de aire libre que nos cribe y nos purifique. Y nos vuelva a enseñar a ser cristianos “a la intemperie”, y no sólo alrededor de nuestra mesa camilla. Los cristianos de los primeros siglos tenían unos emperadores que no les trataban precisamente bien, ni les tenían mucha simpatía. En algunos lugares se acusaba a los cristianos de comer niños. En otros, de ser ateos en un mundo saturado de dioses. Por ahí andamos… Los cristianos rezaban por esos emperadores enemigos suyos. Es verdad que aquellos cristianos antiguos no tenían que votar a los emperadores. Y hasta da la impresión de que no les

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aFondo preocupaba demasiado quién fuera el emperador. Pero ser cristiano en aquel mundo significaba casi siempre “jugársela”, de una manera o de otra. Y sin embargo, ellos no delegaban su respuesta al amor de Dios en las estructuras del imperio, para que el imperio respondiera a Dios en nombre suyo. La verdad es que jamás la Iglesia creció tanto como en aquellos primeros siglos. Tanto y tan libremente. Cuando hablo así no estoy tampoco invitando a la abstención. Que, por supuesto, también es legítima, si uno cree verdaderamente que es lo mejor que puede hacer. Pero nada más lejos de mi pensamiento. Porque quien se abstiene, como quien vota en blanco, también vota, sólo que vota al grupo que resulte mayoritario. Es decir, vota al que vaya más “con la corriente” cultural dominante, o al que mejor haya manipulado las masas en la carrera electoral hacia el poder. Ya sé que muchos van a decir que un pastor de la Iglesia no debe “meterse” en “política”, porque la religión no tiene nada que ver con la política. Este razonamiento es diabólico, pero no me voy a detener a demostrarlo. Es un razonamiento diabólico, aunque sea uno de los mantras más repetidos en ciertos círculos católicos, de todo tipo, pero más aún en los supuestamente conservadores. Lo cierto es que ese mantra lo tenemos tan inoculado en nuestro ADN moderno, nos parece tan evidente, que no creemos siquiera que sea útil pensarlo, y mucho menos someterlo a crítica. En todo caso, un pastor tiene, creo yo, una cierta obligación de “salvar su alma” el día que tenga que responder de ella en el juicio de Dios (que es el único que realmente importa). Y eso incluye para él ante todo el haber tratado de guiar y de iluminar a su

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pueblo, también lo mejor que sabe, en los avatares de la historia. Guiar es también evitar que caiga en las trampas que hay por el camino, y más aún “cuando es de noche”. Y más aún, cuando el pueblo de Dios está propenso a enfermar gravemente, dejándose seducir tan solo con que algunos cantos de sirena dejen caer hábilmente de vez en cuando citas de algún santo o de algún papa. Alguien me ha dicho hace poco que a Mao le gustaba leer a Santa Teresa y a San Juan de la Cruz. Curioso, verdaderamente curioso… Lo siento mucho, pero en ningún caso yo creería haber cumplido con mi deber de pastor si dejo que el pueblo que el Señor me ha confiado confunda esos fuegos artificiales con la luz que brilla en los mártires y en los santos, y en la Gran Tradición de la Iglesia. Porque con la excusa de “no meterme en política”, resultaría que estaría ofreciendo mi incienso y mi adoración a la política (y a la religión) del imperio, que es quien se ha inventado esa historia de que religión y política no tienen nada que ver la una con la otra, con el resultado útil (para el imperio) de una enorme debilitación y una confusión creciente de la fe de los cristianos. Resultaría también que yo habría renegado de Jesucristo (porque Jesucristo habría muerto en vano), y habría adoptado a cambio la religión liberal, ya sea en su variante enteramente secular o en su variante secular a medias (es decir, aparentemente católica). Esa religión liberal no sólo está expuesta a todas la críticas de la religión de los siglos diecinueve y veinte, sino que en gran parte se las merece, se las ha ganado a pulso. Pero hay que decirlo, esa religión no es el cristianismo. No es lo que ha nacido del costado abierto de Cristo la tarde del Viernes Santo y no es la nueva creación que ha empezado a brotar la mañana de Pascua. No. Esa religión es más o menos la del deísmo y la de la masonería, la de los padres de la economía política y la de los padres de la constitución americana. Revestida o no de restos de vocabulario cristiano, es una religión tan inconsistente intelectualmente y tan pobre, que ni mi mente ni mi cuerpo me piden que me apunte a semejante cosa. Esa religión es la fábrica más eficaz de falsos creyentes, de no creyentes (y de resentidos) que ha conocido la historia cristiana en veinte siglos.


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El cristianismo es la afirmación de un hecho, la encarnación, la muerte y la resurrección del Hijo de Dios, y la experiencia del derramarse el Espíritu de Dios sobre los hombres “de todas las naciones” mediante la fe en Jesucristo y la pertenencia a él en ese misterioso cuerpo suyo que es la Iglesia. El cristianismo, podría decirse en síntesis, es la experiencia del Amor infinito de Dios que se nos da en Jesucristo y en la comunidad generada por ese regalo increíble a la humanidad que es Jesucristo. Es la experiencia de vivir y morir ya en la vida eterna y en el horizonte de la vida eterna. Por supuesto, que un hecho así tiene consecuencias para todos los hombres, de todas las culturas, y en todos los ámbitos de la vida. Esas consecuencias no son inmediatas. Requieren, por lo general, tiempo, y muchos mártires y testigos y maestros de la fe. La Iglesia tuvo desde el primer día que evangelizar y educar a “partos, medos, elamitas, cretenses y árabes…”, a Grecia y a Egipto, al norte de África y a Etiopía, a los pueblos germánicos y a los pueblos eslavos, a la Roma pagana, y a Mesopotamia y a Persia, que eran paganas de otra forma, y a los pueblos del Cáucaso (Armenia y Georgia), y a Kerala en la India, y a América, del Centro, del Norte y del Sur, y a China, y a Vietnam y a Filipinas, y a Corea, y al Japón. El hecho cristiano acoge todo lo que hay de verdadero, bello y bueno en

cualquier cultura, y en el curso del tiempo lo purifica y lo enriquece y se enriquece con ella. Pero en ninguna cultura se siente extraño Jesucristo, y ninguna es del todo extraña a Jesucristo. San Juan Pablo II decía que “el profundo estupor ante la dignidad de la persona humana se llama evangelio, se llama también cristianismo”. El cristianismo, cuando es vivido, sostiene el valor de toda persona humana, de toda vida humana como vocación a la vida eterna. Y de ahí nace un especialísimo amor a todo lo humano: en primer lugar a la razón y a la libertad, a una libertad que no es ni la libertad liberal ni la libertad libertaria, anarquista; y también a la belleza de todo lo creado y de todo lo que hay de bueno en la historia humana. Nacen también una cierta concepción cristiana del trabajo, de la economía, de la familia, de la vida social, y de ahí una literatura, un arte, una música, toda una visión de la vida, de la creación y de la historia. [Por cierto, que la concepción cristiana de la familia, la familia cristiana, no es para nada lo mismo que lo que feministas “progres” y otros ideólogos suelen llamar la familia tradicional; eso que ellos llaman “la familia tradicional” no es más que la familia burguesa, por lo general machista, con un pedigrí que no va más allá del amor cortesano del siglo XIII, ya influido por el islam; y es esta concepción de familia la que hoy se descompone sin remedio. Pero volvemos a lo mismo. Que también en esto

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Los líderes de L’Acción française durante la fiesta de Juana de Arco, 8 de mayo de 1927.

se nos ha olvidado lo que es el cristianismo. Y también habrá que explicarlo con más detalle en otra ocasión.] Pero pensar que se puede sostener esa “visión del mundo” (o a algunos aspectos selectivos de ella) sin la fuente de donde esa visión brota y se mantiene viva, ésa es la trampa más grande en que los cristianos llevan cayendo una y otra vez al menos desde el siglo diecinueve. Pensar que se puede hacer una cultura cristiana sin Cristo, sin la gracia de Cristo, sin la pertenencia a Cristo y al pueblo nacido de la Pascua es un insulto, no a la fe cristiana, sino a Jesucristo. Aunque estuvieran intactos todos los elementos de esa cultura cristiana —que nunca lo están, sencillamente porque la vida profunda de la Iglesia es de origen divino—, la mayor bofetada que un cristiano puede darle a quien proclama como su Señor es creer —y hacer creer a otros— que Jesucristo es un dato adjetivo en nuestra vida, y que se puede gozar de algunos bienes que Jesucristo ha inaugurado en la historia sin necesidad de él, de su gracia y de la pertenencia a su pueblo. Digo que cuando falta esa pertenencia fiel a la Iglesia y a Cristo —a Cristo vivo en la Iglesia de hoy, guiada por el Papa Francisco, el Vicario de Cristo y el Sucesor de Pedro—, nunca están todos los elementos de la cultura cristiana, sino sólo unas apariencias ambiguas. Ya he dado la razón verdadera para ello. Por ejemplo, esa “cultura de la familia y de la vida” que ahora se nos propone como si fuera la piedra angular del cristianismo (y el anzuelo en el que van a picar miles de cristianos de buena voluntad), no sobrevive tres minutos a la pérdida de la experiencia cristiana, y si no lo vemos a nuestro alrededor, es que estamos ciegos. Pero más aún, cuando esa supuesta “cultura de la familia y de la vida”

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se compagina con una defensa del capitalismo global y de la cultura del máximo beneficio, o se contrapone a la caridad social y política para con los barrios marginales de nuestras ciudades o con los emigrantes, alguna alarma roja debería encenderse en nuestra conciencia. Pues resulta que no se enciende nada, y eso es lo grave. Porque pone de manifiesto que ya no vemos a Jesucristo como el Señor (por muchas veces que usemos la palabra), como el centro de la creación y de la historia. Con otras palabras, que hemos perdido la fe. En lenguaje cristiano, eso se llama apostasía. “Apostasía silenciosa”, la llamó San Juan Pablo II. Y, por mucho que nos duela, ésa es exactamente nuestra situación. Por cierto, a comienzos del siglo pasado, en Francia, sucedió una historia parecida. No era el contexto de hoy, lo sé. El partido se llamaba entonces L’Action Française. Quería restaurar la cultura cristiana, pero sin la fe cristiana, sin Cristo. El supuesto restaurador, Charles Maurras, no era creyente. Muchos católicos lo apoyaron, de todos los niveles culturales y de todas las clases sociales. En el año 1926, la Santa Sede condenó a Maurras y prohibió a los católicos votarle. No todos siguieron la indicación de la Santa Sede. Pero la mayoría de quienes no lo hicieron terminaron echándose en los brazos de Hitler y de Mussolini. † Javier Martínez Arzobispo de Granada


Cultura

Una ocasión para la libertad A los católicos comprometidos en la Iglesia y la sociedad Discurso de Papa Emérito Benedicto XVI durante su encuentro con los católicos comprometidos en la Iglesia y la sociedad, con motivo de su viaje apostólico a Alemania el mes de septiembre de 2011. Me alegra tener este encuentro con ustedes, que están comprometidos de muchas maneras con la Iglesia y la sociedad. Esto me ofrece una ocasión de agradecerles personalmente y de todo corazón su servicio y testimonio como “valerosos pregoneros de la fe y de las cosas que esperamos” (Lumen gentium, 35), como el Concilio Vaticano II define a quienes, basándose en la fe, se preocupan como ustedes del presente y del futuro. En sus ambientes de trabajo defienden con entusiasmo la causa de la fe y de la Iglesia, algo que verdaderamente –como sabemos– no es siempre fácil en el tiempo actual. (…)

En efecto, la Iglesia debe verificar constantemente su fidelidad a esta misión. Los tres Evangelios sinópticos destacan distintos aspectos del envío a la misión: la misión se basa ante todo en una experiencia personal: “Vosotros sois testigos” (Lc 24, 48); se expresa en relaciones: “Haced discípulos a todos los pueblos” (Mt 28, 19); trasmite un mensaje universal: “Proclamad el Evangelio a toda la creación” (Mc 16, 15). Sin embargo, a causa de las pretensiones y de los condicionamientos del mundo, este testimonio viene repetidamente ofuscado, alienadas las relaciones y relativizado el mensaje. Si después la Iglesia, como dice el Papa Pablo VI, “trata de adaptarse a aquel modelo que Cristo le propone, es necesario que ella se diferencie profundamente del ambiente humano en el cual vive y al cual se aproxima” (Carta encíclica Ecclesiam suam, 24). Para cumplir su misión, deberá continuamente también tomar distancias respecto a su entorno, deberá, por decirlo así, desligarse del mundo.

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Cultura

En efecto, la misión de la Iglesia se deriva del misterio del Dios uno y trino, del misterio de su amor creador. Y el amor no está presente en Dios sólo de un modo cualquiera: Él mismo lo es, es por su naturaleza amor. Y el amor de Dios no quiere quedarse aislado en sí mismo, sino que por su naturaleza quiere difundirse. En la Encarnación y en el sacrificio del Hijo de Dios, este amor ha alcanzado a la humanidad – esto es, a nosotros – de modo particular; y esto por el hecho de que Cristo, el Hijo de Dios, ha salido, por decirlo así, de la esfera de su ser Dios, se ha hecho carne y se ha hecho hombre; no sólo para ratificar al mundo en su ser terrenal, y ser para él como un mero acompañante que lo deja tal como es, sino para transformarlo. (…) Los Padres lo explican del modo siguiente: nosotros no tenemos nada que podríamos dar a Dios; sólo podemos poner ante Él nuestro pecado. Y Él lo acoge, lo asume como propio y nos da a cambio a sí mismo y su gloria. Se trata de un intercambio verdaderamente desigual, que se lleva a cabo en la vida y la pasión de Cristo. Él se hace pecador, toma sobre sí el pecado, asume lo que es nuestro y nos da lo que es suyo. Pero después, en el desarrollo del pensamiento y de la vida a la luz de la fe, se ha ido aclarando que nosotros no le damos sólo el pecado, sino que Él nos ha dado la capacidad; desde lo íntimo nos da la fuerza de darle también algo positivo, nuestro amor, de entregarle la humanidad en sentido positivo. (…)

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La Iglesia debe su ser a este intercambio desigual. No posee nada por sí misma ante Aquel que la ha fundado, de modo que se pudiera decir: ¡La hemos hecho muy bien! Su sentido consiste en ser instrumento de la redención, en dejarse impregnar por la Palabra de Dios y en introducir al mundo en la unión de amor con Dios. (…) Cuando es realmente Ella misma, está siempre en movimiento, debe ponerse constantemente al servicio de la misión que ha recibido del Señor. Por eso debe abrirse una y otra vez a las preocupaciones del mundo, del cual ella precisamente forma parte, dedicarse sin reservas a estas preocupaciones, para continuar y hacer presente el intercambio sagrado que comenzó con la Encarnación. En el desarrollo histórico de la Iglesia se manifiesta, sin embargo, también una tendencia contraria, es decir, la de una Iglesia satisfecha de sí misma, que se acomoda en este mundo, es autosuficiente y se adapta a los criterios del mundo. Así, no es raro que dé mayor importancia a la organización y a la institucionalización, que no a su llamada de estar abierta a Dios y a abrir el mundo hacia el prójimo. Para corresponder a su verdadera tarea, la Iglesia debe hacer una y otra vez el esfuerzo de desprenderse de esta secularización suya y volver a estar de nuevo abierta a Dios. Con esto sigue las palabras de Jesús: “No son del mundo, como


Cultura

tampoco yo soy del mundo” (Jn 17,16), y es precisamente así como Él se entrega al mundo. En cierto sentido, la historia viene en ayuda de la Iglesia a través de distintas épocas de secularización que han contribuido en modo esencial a su purificación y reforma interior. (…) Los ejemplos históricos muestran que el testimonio misionero de la Iglesia desprendida del mundo resulta más claro. Liberada de fardos y privilegios materiales y políticos, la Iglesia puede dedicarse mejor y de manera verdaderamente cristiana al mundo entero; puede verdaderamente estar abierta al mundo. (…) La Iglesia se abre al mundo, no para obtener la adhesión de los hombres a una institución con sus propias pretensiones de poder, sino más bien para hacerles entrar en sí mismos y conducirlos así hacia Aquel del que toda persona puede decir con san Agustín: Él es más íntimo a mí que yo mismo (cf. Conf. 3, 6, 11). Él, que está infinitamente por encima de mí, está de tal manera en mí que es mi verdadera interioridad. Mediante este estilo de apertura al mundo propio de la Iglesia, queda al mismo tiempo diseñada la forma en la que cada cristiano puede realizar esa misma apertura de modo eficaz y adecuado.

Hay una razón más para pensar que sea de nuevo el momento de buscar el verdadero distanciamiento del mundo, de desprenderse con audacia de lo que hay de mundano en la Iglesia. Naturalmente, esto no quiere decir retirarse del mundo, es más bien lo contrario. Una Iglesia aligerada de los elementos mundanos es capaz de comunicar a los hombres –tanto a los que sufren como a quienes los ayudan–, precisamente también en el ámbito social y caritativo, la particular fuerza vital de la fe cristiana. “Para la Iglesia, la caridad no es una especie de actividad de asistencia social que también se podría dejar a otros, sino que pertenece a su naturaleza y es manifestación irrenunciable de su propia esencia” (Carta encíclica Deus caritas est, 25). (…) Queridos amigos, me queda sólo implorar para todos nosotros la bendición de Dios y la fuerza del Espíritu Santo, para que podamos, cada uno en su propio campo de acción, reconocer una y otra vez y testimoniar el amor de Dios y su misericordia. Gracias por su atención.

(…)

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Testimonio

“No quería abandonar a los enfermos” Beato Marià Mullerat i Soldevilla

Este beato fue médico, alcalde y fundador de un periódico local en la localidad de Arbeca, Tarragona. Entregado a la caridad y preocupándose por familia y pacientes hasta el último momento, murió martirizado durante la persecución religiosa del siglo XX en España, perdonando y haciendo el bien a sus verdugos. La catedral de Tarragona acoge este 23 de marzo por primera vez la celebración de la beatificación de uno de sus hijos. Este médico y padre de familia, fue asesinado en los primeros meses de la Guerra Civil, el 13 de agosto de 1936 en El Pla, cerca de Arbeca, la localidad leridiana de la que fue alcalde. Marià Mullerat nació en Santa Coloma de Queralt, Tarragona, el 24 de marzo de 1897. Fue el sexto de los siete hijos supervivientes del matrimonio constituido por Ramón Mullerat i Segura y Bonaventura Soldevila i Calvís. Recibió el bautismo el 30 de marzo, y la confirmación el 17 de mayo del mismo año 1897. Frecuentó una escuela en su pueblo natal

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hasta los trece años. Después lo enviaron a Reus, donde ingresó en el colegio San Pedro Apóstol, perteneciente a los religiosos Hijos de la Sagrada Familia, fundados por San José Manyanet. En calidad de alumno interno realizó cuatro años de estudios, de 1910 a 1914, y se examinó con óptimos resultados en el Instituto de Segunda Enseñanza de la misma ciudad. En 1914 comenzó a cursar la carrera de medicina en la Universidad de Barcelona. Se distinguió por su aplicación y por la profesión y defensa de la fe. Desde 1919 fue alumno interno pensionado de la facultad, con la obligación de estar en contacto directo con enfermos ingresados. Fue uno de los estudiantes más activos que recorría, especialmente durante las vacaciones, diversos pueblos y ciudades dando conferencias sobre temas católicos y sociopolíticos inspirados en la doctrina de la Iglesia. Obtuvo la licenciatura en Medicina y Cirugía en octubre de 1921.


Testimonio

El beato Marià Mullerat junto a su mujer Dolors Sans.

Desde noviembre de 1918 entabló una correspondencia epistolar con la joven Dolors Sans i Bové en orden a contraer matrimonio, que se verificó en Arbeca el 14 de enero de 1922. En esta población de alrededor de 3.000 habitantes establecieron su hogar. Fue allí y en diversos pueblos vecinos en donde Marià Mullerat ejerció como médico. Del matrimonio nacieron cinco hijas, aunque la primogénita murió apenas nacida en enero de 1923. Las cuatro restantes recibieron una formación profundamente cristiana. Perteneció a la asociación de los Ejercicios Espirituales Parroquiales. Se inscribió en el Apostolado de la Oración y fue presidente del grupo de la Perseverancia de la fe. Animaba a los enfermos graves a recibir los sacramentos, asistía a los pobres gratuitamente, ayudándolos también en sus necesidades materiales. Desde 1923 a 1926 dirigió un periódico local en catalán, titulado L’Escut. Fue elegido alcalde de Arbeca el 29 de marzo de 1924, cargo que desempeñó por dos trienios consecutivos, hasta marzo de 1930. Era respetado por sus conciudadanos y trabajó en favor de una convivencia en paz entre los habitantes de la villa, impulsando el progreso en los diferentes ámbitos, incluido el religioso. Lo cierto es que por entonces Marià Mullerat gozaba de gran prestigio en la provincia. Al proclamarse en 1931 la Segunda República Española se manifestó muy consciente de la gravedad

de la situación y del peligro que corría su propia existencia, por motivo de la fe que profesaba en el ámbito personal y profesional. El Juez delegado de la causa diocesana de beatificación, Pedro Cardona, explica que cuando comenzó la Guerra Civil avisaron al médico de que “iban a por él” y se marchó del pueblo, pero rápidamente volvió porque “no quería abandonar a los enfermos”. En la mañana del 13 de agosto de 1936, fue sacado violentamente de su domicilio. Se sabe que antes de abandonar por última vez su casa, pidió una vez más a su esposa que perdonara a los perseguidores, como él los perdonaba. Antes de obligarlo a salir del hogar arrojaron por un balcón objetos religiosos que le pertenecían. Amontonándolos en plena calle, los prendieron fuego. La animadversión hacia los valores cristianos empujó a sus perseguidores a retornar de nuevo a su casa, mientras él permanecía detenido en el cuartel de la Guardia Civil. Una vez allí, conminaron entonces a su viuda y suegro y, en general, a los allí presentes, a que, bajo pena de muerte, quemaran todas las imágenes que quedaban aún por la casa. D. Pedro Cardona explica que durante el tiempo de su arresto no dejó de hacer el bien a quienes lo perseguían: “cuando ya sabía que lo iban a matar, en el vehículo en el que lo llevaban, a un miliciano se le disparó el arma y él que llevaba el botiquín, lo

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Testimonio

curó”. Hizo asimismo una receta para el hijo que tenía enfermo uno de los que lo acosaban. Además, se sabe que se acordó de sus pacientes, y pidió un lápiz y papel para escribir los nombres de los que esperaban su visita profesional. Rogó a alguien de su entorno que hiciera llegar aquella lista a otro médico del pueblo, para que él mantuviera bajo su cuidado a quienes ya nunca podría atender. Con cinco detenidos más, cuyos nombres circulaban con anterioridad como “gente de orden” que merecía ser ejecutada, fue llevado al lugar denominado El Pla, a unos 3 kilómetros de distancia de Arbeca, por la carretera que conduce a les Borges Blanques (Lleida). En el viaje hacia el lugar de la condena exhortó a la oración a sus compañeros detenidos y al arrepentimiento. Llegados a El Pla, los hicieron descender del vehículo que los trasportaba. Esperaban allí reunidas varias decenas de gentes que procedían de diversos lugares, dispuestos a participar en la ejecución o al menos a presenciarla de cerca. Contra los prisioneros no se había formado proceso alguno. Se cree que el beato exhortó a la plegaria a los demás detenidos. Una persona que pasaba por aquel lugar oyó que pronunciaba estas palabras: “En tus manos, Señor, encomiendo mi espíritu”. Antes de matarlo lo asestaron un golpe en el rostro con una azada. (…).

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Con los impactos de las balas en sus cuerpos y, cuando al menos algunos, estaban todavía con vida, rociaron a los ejecutados con gasolina y los prendieron fuego. (…) Aquella misma tarde partió de Lleida una crónica para el periódico barcelonés La Rambla, en ella se ofrecía una versión de los hechos completamente alejada de la realidad. El relato los presentaba como atacantes fascistas apostados al borde de la carretera, a los que los milicianos que circulaban por allí se vieron obligados a repeler, causando entre ellos algunos muertos, entre otros, el médico de Arbeca, al que se mencionaba expresamente como agresor. Los allegados a los muertos, con gran valentía y riesgo, pudieron reunir algunos restos que quedaron esparcidos por el lugar del asesinato. Más tarde, el 13 de agosto de 1940 colocaron las cenizas mezcladas de los fusilados en un monumento en forma de cruz que elevaron en el lugar de El Pla, en donde desde entonces hasta ahora se encuentran. La fama de martirio del beato Marià Mullerat comenzó a raíz del conocimiento de su muerte y fue aumentando con el paso del tiempo, hasta impulsar la causa que ahora ha logrado su beatificación.


SignoyGracia

El símbolo en la tradición cristiana Los sacramentos tienen como base las formas de comunicación humana, que tiene en el símbolo y en el lenguaje sus elementos principales. En el cristianismo el símbolo adquiere nuevas riquezas. Para el cristiano no son ya actos inconscientes, sino expresión de una concepción de Dios y de uno mismo bien determinada. La tradición judeo-cristiana ve a Dios como protagonista de la historia y los sacramentos como esa realidad múltiple y alusiva que pone en contacto al hombre con Dios. Para obtener el sentido profundo del sacramento cristiano acudimos al griego y a la Biblia. Los cristianos adoptan la palabra mysterium y sacramentum, para traducir el contenido de la palabra griega símbolo. El sacramento cristiano incorpora el significado de mysterion= secreto, doctrina secreta, culto secreto, sacramento. En la Biblia el mysterion va unido a una revelación: descubrir, anunciar, dar a conocer, expresar, comunicar, de modo que hay que comprender los sacramentos cristianos como signos reveladores. El pueblo del Antiguo Testamento vivió su relación con Dios a través de una serie de prácticas rituales y de relatos, de modo que la palabra y el rito se incorporan al mundo de la revelación. Se refieren al designio salvífico de Dios manifestado en la revelación de Dios a los que Él elige. En el Nuevo Testamento hay testimonios de una praxis litúrgica y ritual muy diversificada: eucaristía,

Los Sacramentos cristianos (y VI) bautismo, algunos actos penitenciales, la imposición de manos y la unción, pero su sentido sigue conectado con la revelación del designio divino y orientado a expresar que Cristo es el misterio (sacramento) de Dios. La meta de este misterio es la unidad plena de todos los hombres con Dios y entre sí. San Agustín fue el primero que elaboró una teología de los sacramentos. Colocó el sacramentum en el género de los signos visibles, que expresan o indican una realidad invisible. Un sacramento es un “signo sagrado” esto es, un signo que remite a Dios, que alude a una realidad divina y la contiene en sí. El peligro de esta teología es que termine concibiendo la realidad exterior y la interior como separadas. En esta tradición Tomás de Aquino, define el sacramento como “signo de una realidad espiritual que santifica a los hombres y que da culto a Dios” (III, 60, 2). Tradicionalmente se ha usado la categoría de signo para definir el sacramento como “signos de fe”. Por eso, se habla de los símbolos, como forma antropológica más directamente relacionada con el concepto de sacramento cristiano. El mundo cristiano ha asumido este substrato antropológico en su concepción de los sacramentos. Además de los símbolos, en los sacramentos cristianos se ha dado siempre mucha importancia a la palabra de Dios. Ignacio Fernández González Sacerdote Diócesis Granada

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luzdelaPalabra

“Deja que la higuera crezca” - Éx 3, 1-8a. 13-15 - Sal 102

III Domingo de Cuaresma

dieciocho sobre los que cayó la torre en Siloé y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que los demás habitantes de Jerusalén? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis de la misma manera”.

- 1 Cor 10, 1-6. 10-12 - Lc 13, 1-9 En aquel momento se presentaron algunos a contar a Jesús lo de los galileos cuya sangre había mezclado Pilato con la de los sacrificios que ofrecían. Jesús respondió: “¿Pensáis que esos galileos eran más pecadores que los demás galileos porque han padecido todo esto? Os digo que no; y, si no os convertís, todos pereceréis lo mismo. O aquellos

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Y les dijo esta parábola: “Uno tenía una higuera plantada en su viña, y fue a buscar fruto en ella, y no lo encontró. Dijo entonces al viñador: Ya ves, tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro. Córtala. ¿Para qué va a perjudicar el terreno?. Pero el viñador respondió: Señor, déjala todavía este año y mientras tanto yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto en adelante. Si no, la puedes cortar”.


laPuntada Reflexiones para náufragos Dios no desea de nosotros un sacrificio por el mero hecho de hacer sacrificio, sino para vivir más. La Pascua no es un tiempo de renunciar al deseo, un tiempo de masoquismo y de sufrimiento. La palabra correcta es ‘podar’. Dios corta el viñedo podando las ramas ‘golosas’ que desperdician la preciosa savia, para producir más. Denis Sonet Sacerdote francés

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Fiesta 1276  

Revista diocesana Fiesta digital, Semanario de las Iglesias de Granada y de Guadix.

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