Page 16

aFondo tificado de Francisco, sorpresa del Espíritu de Dios que sabe cuándo y cómo provocar un resurgimiento cristiano en las almas. La extraordinaria renuncia del Papa Benedicto “por el bien de la Iglesia” adquiere una nueva luz con el pontificado de Francisco. Cuando Benedicto llega a ser dramáticamente consciente, en su diálogo personal con Dios, de su falta de fuerzas para afrontar tareas y decisiones necesarias, su libertad y humildad –¡la conciencia de que es Dios, y no el Papa, quien conduce su Iglesia!– preparan el camino para que el timón de la barca de Pedro sea llevado por quien, por gracia de Dios, es capaz de hacerlo en mejores y sorprendentes condiciones. Después del santo magister, el santo pastor, padre cercano a su pueblo… La más grande teología ratzingeriana, que es una riqueza del magisterio para la Iglesia de hoy y de mañana, deja el paso a la predicación vivida del Evangelio “sine glosa”, que es su fuente. La sólida formación teológica y filosófica del Papa jesuita se hace de este modo esencialidad evangélica, en su peculiar “gramática de la simplicidad”, con un renovado ímpetu y frescura apostólica en el estar entre la gente –jamás apartado, jamás refugiado en la retórica de los “principios”– con gestos llenos de afecto, consuelo y ternura. Es padre imprevisto e imprevisible, porque siempre en búsqueda, guiada por Dios y por su experiencia pastoral, de nuevas vías para llegar a los hombres que tiene delante. Y la gente se siente tocada al percibir el abrazo de una misericordia misteriosa y desbordante. Francisco prefiere la medicina de la misericordia al rigor de la actitud severa y enjuiciadora. “Dios perdona siempre, perdona todo. Somos nosotros –repite– quienes nos cansamos de pedir perdón. De allí la necesidad de

16

la oración humilde, fuerte y valiente, para que Jesús pueda realizar el milagro del cambio en nuestra propia existencia. (…) El Papa Francisco nos llama a la conversión, confiándonos a la gracia para ser liberados de los ídolos y reconquistar la verdadera libertad. Esta revolución de la gracia es fruto del encuentro con Cristo, como no cesa de enseñar y de invitar Francisco, y no de la exaltación de la voluntad (¡pelagianismo!) o de la mera sabiduría humana (¡gnosis!). Ella es la fuente de la misión: comunicar el don del encuentro con Cristo, por “un desbordar de alegría y de gratitud” (como se lee en el documento de Aparecida). “Salir” es el verbo más frecuente en Francisco: salir de nuestra autosuficiencia, salir de la auto-referencialidad, salir de nuestras comunidades autocomplacientes, salir hacia las periferias existenciales en las que está en juego la vida de los hombres y los pueblos. No podemos dejar de plantearnos las preguntas que el Papa Francisco se planteó a sí mismo y a los Obispos brasileños sobre “el misterio difícil de quien abandona la Iglesia; de aquellos que, tras haberse dejado seducir por otras propuestas, creen que la Iglesia (…) ya no puede ofrecer algo significativo e importante (…). Tal vez la Iglesia se ha mostrado demasiado débil, demasiado lejana de sus necesidades, demasiado pobre para responder a sus inquietudes, demasiado fría para con ellos, demasiado autorreferencial, prisionera de su propio lenguaje rígido; tal vez el mundo parece haber convertido a la Iglesia en una reliquia del pasado, insuficiente para

Fiesta 1029  
Fiesta 1029  

Revista diocesana Fiesta digital, Semanario de las Iglesias de Granada y de Guadix.