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(…) Dejémonos sorprender junto con las multitudes que le manifestaron una extraordinaria acogida, con un ánimo abierto, alegre, lleno de expectativas, también por aquellos que se habían alejado de la fe o de aquellos que pensaban haber definitivamente cerrado las cuentas con la Iglesia. ¿Qué es la misión sino una atracción, la atracción de una verdad, de una belleza, que despierta “corazones anestesiados”, que rompe la capa de la indiferencia, que pone en movimiento los deseos, que suscita un presentimiento curioso, una pregunta cargada de esperanzas? “La gente sencilla tiene siempre espacio para albergar el misterio (…). En la casa de los pobres, Dios siempre encuentra sitio”, afirmó el Papa Francisco en su extraordinario discurso programático al episcopado brasileño. Por ello, se necesita una “una iglesia que da espacio al misterio de Dios; una iglesia que alberga en sí misma este misterio, de manera que pueda maravillar a la gente, atraerla. Sólo la belleza de Dios puede atraer. El camino de Dios es el de la atracción. (…) Él despierta en el hombre el deseo de tenerlo en su propia vida, en su propio hogar, en el propio corazón. Él despierta en nosotros el deseo de llamar a los vecinos para dar a conocer su belleza. La misión nace precisamente de este hechizo divino, de este estupor del encuentro.”. Si se quiere atraer a la gente hacia Dios no se puede partir de los “no”, ni siguiera de aquellos “no” descontados en una Iglesia que sabe que no puede negociar nada de aquello que es sustancial en su doctrina.

(…) Al mismo tiempo, ¡cómo no admirar el hecho de que se sucedan pontífices de tan diversas biografías, venidos de contextos culturales tan diversos, de temperamentos, formación, sensibilidad y estilos tan distintos, al punto que cada uno de ellos parece diseñado y definido como la persona adecuada para responder tempestivamente a las necesidades de la misión de la Iglesia en las diversas coyunturas históricas! Por ello es obra del demonio –príncipe de la mentira y la división– concentrarse obsesivamente en la confrontación entre el Obispo emérito de Roma y su sucesor, tanto para permanecer nostálgicamente aferrados al Papa precedente –y ésta se vuelve “nostalgia canalla” cuando degenera en juicios farisaicos sobre el Papa actual– como para exaltar al Papa actual hasta el punto de denigrar a los predecesores, considerando todas las novedades y reformas que lleva consigo como una ruptura revolucionaria con la tradición de la Iglesia, con esa historia ininterrumpida de amor que es ella misma. Hoy tenemos un solo Papa, Francisco, protagonista de una Iglesia que, por gracia de Dios, se auto-reforma in capite e in membris. El pontificado de Benedicto XVI, que fue para aquel hombre santo, humilde y sabio una especie de via crucis, en medio a un clima tenso y dramático en la vida eclesial, deja el paso a la inesperada pero deseada explosión de alegría y esperanza del pon

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Fiesta 1029  
Fiesta 1029  

Revista diocesana Fiesta digital, Semanario de las Iglesias de Granada y de Guadix.