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Con la “Lumen Fidei” a las periferias existenciales

“El obispo Bergoglio no teorizaba nunca sobre la nueva evangelización; compartía el Evangelio en primera persona, en medio de su gente, con gran amor hacia la grey concreta que le había sido confiada, animando a sus sacerdotes a salir a las encrucijadas y periferias de la vida de la ciudad”. Las palabras del Secretario de la Comisión Pontificia para América Latina en la conferencia que este verano ofreció ante miles de personas en el Meeting para la Amistad entre los Pueblos, que todos los años se celebra en la ciudad italiana de Rímini, nos acercan a conocer la persona del Santo Padre. Cuando se escucha hablar de la experiencia del Padre Pepe en las “Villas Miseria”, que es experiencia pastoral de la arquidiócesis de Buenos Aires en las “Villas Miseria”, dan ganas de exclamar: ¡esto es toda otra cosa que pauperismo ideológico, que populismo pauperista! Dicha experiencia nos ayuda a ver al obispo Jorge Mario Bergoglio mientras recorre las Villas Miseria, cerca de sus sacerdotes, entrando en las casas de los más pobres, compartiendo con ellos el pan y celebrando la Eucaristía. Por otra parte, es la misma imagen del Papa Francisco que lava los pies de los

Conferencia del profesor Guzmán M. Carriquiry

presos en la cárcel de menores de Roma, y que visita Lampedusa, la favela de Varginha o el hospital para tóxico dependientes en Río de Janeiro. Para hacer estas cosas no es necesaria una teología de la liberación. Basta el Evangelio vivido, el abrazo de la caridad, el don conmovido de sí mismo. Basta ser discípulo y dar testimonio de un Dios que siendo rico se hace pobre hasta lo inverosímil, “segunda eucaristía” en todos aquellos que siguen padeciendo en su propia carne lo que falta a la pasión de Cristo. Nos lo dijo el Señor: por lo que hayamos hecho, o no, por los pequeños y necesitados, seremos juzgados. Tal vez ésta ha sido y es la contribución más importante de la Iglesia latinoamericana a la catolicidad: volver al Evangelio y a la tradición católica por una “Iglesia pobre y para los pobres”. (…) El obispo Bergoglio no teorizaba nunca sobre la nueva evangelización; compartía el Evangelio en primera persona, en medio de su gente, con gran amor hacia la grey concreta que le había sido confiada, animando a sus sacerdotes a salir a las encrucijadas y periferias de la vida de la ciudad, con la grata y alegre convicción, –como dice ahora el Papa Francisco– “de que la verdad cristiana es atrayente y persuasiva porque responde a las necesidades profundas de la existencia humana”.

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Fiesta 1029  
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Revista diocesana Fiesta digital, Semanario de las Iglesias de Granada y de Guadix.