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T A F REVISTA CULTURAL DEL COLECTIVO LITERARTO TIRARSE AL FOLIO Número 2

Verano 2009

Poesía – Narrativa – Ensayo – Libros


SUMARIO Editorial Poéticamente hablando Ángela Reyes Juan Ruiz de Torres Irene Mayoral Elvira González-Calero Juan Calderón Matador Cruz Cartas Ríos

Contando historias Pilar Ugarte Muñoz Lui Antonioli Begoña Antonio Graziela E. Ugarte Muñoz

Entrevista a Javier Pérez Cruz Cartas Ríos

De los libros y sus autores Alejandro de Diego Martín


Noticias de TAF

TAF Revista Trimestral Nº 2 – Verano 2009 Dep. Legal: Vg.: 293-2009 Director:

Juan Calderón Matador Coordinación:

Lui Antonioli Cruz Cartas Ríos Versión digital a cargo de:

Javier Bueno Jiménez Edita y Patrocina:

Ediciones Cardeñoso Plaza Joaquín Fernández Santomé, 1 36209 Vigo- España Tfos: 986435511 – 637559902 edicionescardenoso@mundo-r.com Correspondencia: TAF (Colectivo Literario TIRARSE AL FOLIO) C/ Benito Castro, 11- 2º-Izq. 28028 Madrid http://tirarsealfolio.blogspot.com/ tirarsealfolio@gmail.com Ilustraciones de Miguel Ángel Guerreiro http://perso.wanadoo.es/manguerreiro equevin@hotmail.com


EDITORIAL Con los primeros días del verano llegan las celebraciones del día del orgullo gay, ese momento de fiesta y algarabía en que las ciudades son tomadas por los hombres y mujeres que viven el amor de forma diferente. Pero tan solo son tomadas de forma pacífica, sus únicas armas son la música, el bullicio, la explosión de color, carrozas en las que no tiene cabida la vergüenza. Nada que ver con aquellos tiempos de oscurantismo, cuando había que ocultar los sentimientos en la balda más profunda del armario, cuando los propios padres se convertían en verdugos y obligaban a sus hijos a someterse al tormento de los psiquíatras, que no curaban la homosexualidad pero sí volvían locos a sus pacientes, aquellos años de represión policial, cuando el mero hecho de tomar una copa en un bar gay era motivo suficiente para ser detenido y torturado tras una redada. Mucho han cambiado las cosas desde entonces en España, pero aún hay países donde se sigue practicando la intolerancia. Vaya desde estas páginas nuestra solidaridad con todos aquellos que la sufren.


POÉTICAMENTE HABLANDO


TODOS LOS DORMITORIOS tienen su olor a carne muda, a lámpara encendida a la hora del beso, del libro y de la muerte. En todas las alcobas hay espacio para que pase un ángel con las alas abiertas sin rozar tu cabello. En todas cabe un golpe de agua, esa ola que en sueños atraviesa la vida sin mojarte los párpados. Por la ladera de tu cama se aleja una mujer con el viento de frente y un sombrero de paja enfebrecida. Te regaló la menta de su boca y se lleva la duda de si te quiso demasiado.

Ángela Reyes (Del libro No llores, Poseidón, 2008)


DESDE IGUALES ESQUINAS Ya nos preguntamos en dónde, cómo, qué es la vida. Los pájaros de la duda asesinan cualquier desviación, la duda misma. Y en nuestro incontenible desamparo cancelamos las citas, enviamos excusas, olvidamos... Sí, porque iguales decepciones miran desde iguales esquinas.

Juan Ruiz de Torres


ÉRASE UN HOMBRE ENAMORADO DE SUS MONTAÑAS Hoy, pienso que has venido, mis noches se duermen con tus párpados, sobrecogida me despierto, desnuda, con tu sabor mordido. Lo certifico, ya sé: Tú, me entrarás en ese primer día, por una de las puertas de mi Jerusalén. Ya no escuches el canto de montañas-sirenas, no, cuando yo te reclamo más allá de las cumbres, y mi cuerpo ondulado será de cordillera. El deseo, río corriente por tus venas. Ven, arrópame tendido, conságrame entregada, amorosamente cierta, así, con ojos verdecidos de espejear tus tierras, y te estoy, con mi carne vibrando chorreada de estrellas, y... con un corazón latiendo redivivo, y la palabra, AMOR, tatuándome la lengua.

Irene Mayoral


AGUA DERRAMADA Necesito rodearme de cosas hermosas. Baste esa hermosura para calmar mis sentidos. Y mientras macera en el aljibe de mi pecho, un día extraño, una filigrana de palabras en el paladar, me harán recordar esa belleza. Me volveré agua de nuevo, agua derramada en medio del camino. Cruzarás el charco, o te mojarás levemente. Esas gotas bastarán para remover tus fluidos, te derramarás, como yo hice, se hará visible la belleza a tus ojos. Cuando la muerte


repique en mi ventana, marcharĂŠ tranquila. Elvira GonzĂĄlez-Calero


A LA DERIVA Su barco es un colchón tan fatigado que apenas puede el agua servirle de camino. Desde su anciana proa el hombre mira y mira la corriente buscando bajo el líquido la maraña del tiempo, como si fuese la mirada un sedal con anzuelo donde prender al pez de los recuerdos. Qué fue de aquella noche de cómplices palabras, de susurros bordados en los gestos, donde no hubo rincón que no bañase la saliva cuando incubó sus huevos el ave del amor. De todo aquel naufragio el hombre sólo pudo conservar un gabán de dolor sobre la herida, el retazo de cama donde creyó sentirse amado y que tan sólo fue el extremo del hilo que enredaba la mujer.


Cuando ella dijo adi贸s, 茅l supo que era nave a la deriva. Juan Calder贸n Matador


DÉJAME FLORECER Despierta estoy, amor, para quererte, mi cuerpo todo, tenso por la espera, convertido mi tiempo en primavera marchando los relojes a tu suerte. Sólo amanece el día para verte, para sentir tu mano en mi cadera, para buscar a ciegas la manera de vivir a tu lado y no perderte.

Deja que sea mi boca tu locura, el refugio secreto de tu vida, el ansia de tu sed y tu aventura. Deja que me derrita en calentura y me derrame en nieve derretida. Déjame florecer en tu hermosura.

Cruz Cartas Ríos


CONTANDO HISTORIAS


PALABRAS MARCHITAS Pilar Ugarte Muñoz ¿Me tomo ya la merienda? Sin apartar los ojos del libro, suspiró Lola. Debía armarse de paciencia, le advirtió el médico, tendrá momentos lúcidos, pocos y cada vez menos. -Mamá, ya la has tomado.- respondió e intentó centrarse en la lectura. La anciana miró a la mujer sentada frente a ella y se preguntó quién sería. Barruntaba que la conocía, aunque no atinaba a saber de qué. Se maliciaba que era alguien del pueblo, ¿la maestra? ¡Quia! Va más atildada. ¿Será Flor, la señoritinga? Anda que no se da pote por tener casa de dos plantas, balaustradas y puerta a pie de la plaza Mayor; por la Patrona enjalbegan y, de atardecida, se acicala, saca la jamuga repujada y se sienta al relente; ni así logra cortejar. ¡Qué cosas! -Tu no eres Flor- le espetó a la hija- no vas tan remilgada y eres más galana. Es una desaborida, ya veras, ya; ahora, cuando salgamos al fresco reparas en ella y ya te vas a percatar de que no se nos arrima. Las demás mozas hacemos corrillo en el patio; baldeamos, sacamos las sillas, las bajas de anea que son más aparentes para hacer labores. Estamos de cháchara, para no mentir, pero no descuidamos la faena, atentas cada una a lo nuestro: las banastas de tiras de castaño, los capachos de pita… La Petra, dale que zurra a los bolillos, ¡y qué primores hace! El sonsonete de los palillos parece que le pone musiquilla al parloteo y, a veces, terminamos cantando coplas, que en las mocitas no está mal visto un poco de holgorio. Las madres no nos quitan ojo, aunque también se ocupan de sus quehaceres: embotan tomates, desgranan mazorcas, desmotan legumbres… Pero Florita no se arrejunta, se queda en el zaguán de su casona. Dice Ramona, que es chismosa y devota en salsear de tranquera en umbral y por eso está enterada de buena ley, que el Nicasio, el hijo del boticario, la


ronda; no es de extrañar, el pobre es un desatalentado, un camueso que ni huele ni entiende y no chamuya más que sandeces. La señoritinga le despabila para que no le espante a otros futuribles, ¡como si tuviera tanto donde esleer! Di que no hay otros; sus inferiores saben que no tienen chance, a los chiriperos ni los para en mientes, y los de un buen pasar, como pueden picar alto, tienen otras miras y ponen los ojos en las más garbosas. Y es que Florita es de todo menos guapa y campechana; las comadres siempre andan con consejas y sentencias, con esa de que a los diecisiete no hay moza fea, pero el aserto no le cuadra a Flor que está agostada casi desde que empezó a germinar. Lola observó a su madre; mientras discurseaba remedaba los gestos de una tarea invisible, el índice y el pulgar juntos sosteniendo el ganchillo, el meñique petulante, como una batuta que acompasase los movimientos de las manos sarmentosas, salpicadas de manchas marrones. ¿Te gusta, muchacha? -preguntó tensándose el regazo del cernedero- Me está quedando muy propio este tapete. No respondió, la congoja le anudaba la garganta. Se fijó en una fotografía de su madre, enmarcada sobre el aparador. Era de dos años atrás, aunque se le antojaba imposible semejar a aquella mujer, refinada y elegante, con la que ahora sonreía bobalicona, musitando como si conversase con alguien. En la instantánea se le notaba la edad y, aún así, tenía cierta frescura en el rostro alegre, los ojos refulgentes, avispados. Le parecía increíble que fuese la misma. La enfermedad se había cebado con ella destruyéndola, arrebatándole su mayor felicidad: disfrutar con los suyos, conversar, interesarse por todo y por todos. El médico también le puso en antecedentes de que esos enfermos perdían la memoria inmediata, y lo comparó a una cebolla: las capas profundas son las últimas en degenerar, están más enraizadas en nosotros. Era cierto, lo comprobaba a diario. Su madre empleaba palabras obsoletas,


aprendidas en su puericia pueblerina, dichos y términos que, hasta que enfermó, sus hijas no le habían escuchado. No eran habituales en su lenguaje capitalino, el que adoptó cuando la familia emigró y ella atesoró a fuerza de estudio, de lectura. Resultaba chocante oírle expresiones que, según las últimas noticias, los académicos de la Lengua estaban barajando eliminar del Diccionario. Durante esas “crisis retrospectivas” aniñaba y agudizaba la voz preguntando por sus padres, por su casa. ¿Cuándo vamos? Apremiaba desparpajada. Ésta es tu casa, le aseguraba Lola, mostrándole sus pertenencias para convencerla, y ella porfiaba empecinada: no, esta no, la otra, a espaldas de la estación, en la linde de la andadera donde el mocerío novillea los domingos. Mis hermanas mayores ya tontean; Paloma y yo no, no estamos en edad de merecer y tenemos que conformarnos con ver a las parejas pasear arriba y abajo intercambiando arrumacos, bisbiseando requiebros y ternezas. Los vemos desde el patio, por entre los barrotes de la cancela, como dos cautivas culpables de haber nacido las últimas. Siempre trajina cerca el señor cura, lerdeando cansino; aparenta leer el breviario, pero no atiende a los latines. No, de tapadillo vela para que el mocerío no se desmande y se embosque por la trocha que baja al río. Que la espesura y la corriente son de temer y ya se han llevado la honra de algunas mocitas, dicen los mayores previniendo a las hijas. Resultaba tan doloroso saberla así, sumida en una vorágine brumosa, dependiendo de que la vistiesen, lavasen, diesen de comer… Y lo más terrible es que estaba ignorante de todo, no reconocía a los hijos, los nietos. Es penoso para usted, para los allegados, le consolaba el neurólogo, pero ella no sufre precisamente porque no es consciente de su estado. Lo dudaba Lola. A veces la sorprendía llorando, desesperada sosteniendo un objeto sin saber qué hacer con él, mirando una fotografía o a ella, fijamente. No me acuerdo, gemía moviendo la cabeza nevada,


retorciéndose las manos desvalidas, desmemoriadas de afanes cotidianos. ¿Quién es este niño? Y usted, ¿cómo se llama, qué hace aquí? Preguntaba y preguntaba sin retener las respuestas. De repente discurseaba un galimatías ininteligible, se desvivía para hacerse entender y, al no conseguirlo, enmudecía, se quedaba ausente con la mirada vacía, el gesto inexpresivo, las manos lacias...

Cuando volvía a la realidad, aunque de escasos

momentos se tratase, qué bendición, reaparecía la mujer curiosa, brillante y cultivada que siempre fue; hasta la voz le cambiaba y era la de antaño: pausada y ronca. A pesar de llevar tiempo viendo a su madre padecer aquel calamitoso estado, Lola no se acostumbraba y también a ella se le anegaron los ojos. La abrazó y besó con ternura, acariciándola como si de una criatura se tratase. -Mi niña, no llores- dijo la anciana calmosa, enronquecida, cuneándola a su vez, y Lola, quebrantada, se dejó hacer- El tiempo pasa en un suspiro. Ya verás, en cuanto nos descuidemos estaremos libres. Las dos, hija mía, las dos. FIN


TE DEJO Lui Antonioli -¡Dime algo, rápido, que estoy esperando! –gritaba Jenny desde la otra habitación. Cómo le iba a contestar si ni siquiera había asimilado las dos palabras. -Te dejo. ¿Te dejo qué? Te dejo la comida, te dejo el coche, te dejo la ropa sucia, te dejo el gato... ¿Qué era lo que quería dejar? -¿Qué es lo que dejas? –preguntó al fin. -Te dejo a ti. Esto lo tranquilizó. -Ah, si solo era eso... bueno, está bien. ¿Cuándo regresas? Jenny se asomó y mirándole con verdadero odio le dijo: -Espero que nunca. Otra respuesta capciosa, pensó. -Es que nunca es mucho tiempo, tendrás un límite ¿verdad? -Pues no, no tengo límite y nunca quiere decir jamás. La miró con ojos tristes, para ver si se conmovía, pero no surtió efecto; ella siguió en la otra habitación terminando con las maletas. Luego un: -Adiós. Un portazo y el silencio. Él no intentó seguirla. Miró a su alrededor. Recorrió la casa buscando, sin saber bien qué.


Todo le pesaba, todo parecía oscurecerse. La soledad se apoderó de él convirtiéndolo en sombra. Desconcertado, al fin se tumbo en la cama y, suspirando profundamente, exclamó con una triste sonrisa -¡Por fin, la cama ahora es toda mía!

EL METRO Lui Antonioli Rápido, raudo y veloz, así es el metro que conozco. Yo canto las canciones de siempre, mientras el convoy me mece. A veces, siento que mi guitarra molesta, entonces callo y bajo al andén. Pero, en las horas muertas, en esas en que la gente viaja tranquila, sin apuros, yo me agrando y mi publico lo agradece, siempre conservo dentro de mí, la sonrisa de complacencia con la que me escuchan. Es mi escenario, es mi teatro, es mi particular plató. Yo me doy a ellos, me entrego incondicionalmente. Lo único que echo en falta son los aplausos. Sería bonito que los pasajeros aplaudieran si una canción les gusta, como en los teatros... En mi país no existe el metro, y es muy duro lograr unos céntimos de los viandantes. Aquí en cambio, son generosos, en los amplios pasillos de las estaciones, me acurruco y despliego mi repertorio. Espero siempre a que alguien se interese por mí, por mi música. Se ven tantas personas importantes pasar por aquí... En el andén con un convoy, llegará también mi gran día, no pierdo la esperanza.


NADA ES LO QUE PARECE Begoña Antonio Luís va cada mes a Guijuelo a comprar chorizo; hace años que sigue una cura con este producto tan español. Desde que cada día desayuna un bocadillo de chorizo salmantino su vida ha cambiado: le han bajado los triglicéridos, su índice de masa corporal es óptimo, ya no sufre de artritis, tiene una piel luminosa, le han desaparecido los granos de la cara, el pelo de la coronilla le ha vuelto a salir y desde luego su vida sexual es como nunca soñó, las mujeres se lo rifan, es más, está seguro de que el paquete le ha crecido, los pantalones desde luego le quedan más entallados, así que no deja ni un solo día de tomar su ración. Su amigo Mariano le envidia –Este Luís es un cabrón con suerte – piensa, no sabe qué hace para llevarse de calle a todas en la oficina, hasta le ha visto coquetear con la mujer del jefe. Se conforma pensando que Luís fue a un colegio caro, quizás es eso lo que les diferencia ¿qué si no?. Mariano es un adicto a la tortilla, le parece algo cómodo, cada noche bate unos huevos y echa algo dentro para darle sabor, lo sirve en un plato, se hace una ensalada y esa es su cena, algo triste, pero no le apetece cocinar, llega a casa anestesiado de tanta gestión comercial, siente que cada día le pesa más la rutina, pero qué puede hacer... si al menos le sonriera la vida como a Luís.


TEATRO Graziela E. Ugarte Muñoz La radio estaba conectada y un bolero llenaba la cocina con la voz cálida y romántica de Olga Guillot, entremezclada con el ruido del vapor que despedía la plancha. “Teatro, la vida es puro teatro...” – Es verdad, nunca me había parado a pensarlo, qué razón tiene esta canción; cualquier vida es puro teatro y la mía no iba a ser menos -murmuraba Elisa afanándose en planchar el pantalón de algodón.- Si alguien me hubiera dicho que iba a estar como estoy ahora después de todo por lo que he pasado, no lo habría creído. Yo, que parecía tan dispuesta a comerme el mundo... Sin embargo, casi muero devorada por él. Una ilusa, eso es lo que yo era. Me sentí la reina del universo cuando Jaime me propuso que me casara con él. Ni siquiera había terminado la carrera, menos mal que mi padre fue inflexible en eso: “Hasta que no termines tus estudios no hay boda.” Cuantas veces me he acordado de aquello. Entonces le odié y, no obstante, ahora me siento muy agradecida, lastima que él muriera sin que se lo pudiera decir. Tampoco llegué a agradecerle que nos comprara esta casa y su empeño en ponerla sólo a mi nombre, aquello me pareció una falta de delicadeza y la de quebraderos de cabeza que me ha evitado después. Por lo visto, mis padres tenían más claras las cosas de lo que yo las he tenido nunca. – ¿Está ya el pantalón, mamá? – No, hija, todavía no. Estoy en ello. – Por tu culpa voy a llegar tarde y ya sabes qué mal humor se le pone a papá cuando tiene que esperar –protestó Lorena mientras sacudía su


melena mojada, salpicándolo todo, sujetándose al mismo tiempo la toalla que la cubría y con la contrariedad dibujada en el rostro juvenil. – Claro que sé que tu padre no soporta la falta de puntualidad; he estado casada quince años con él y hay cosas que no cambian nunca. No es culpa mía que se te haya ocurrido a última hora ponerte esto, podías habértelo pensado antes y no tendríamos que andar con agobios, como siempre. ¡Esta tela es un martirio! ¿Por qué no te pones otra cosa hija? – No puedo, es el único que me va con la camiseta nueva. – No me acuerdo cual es la camiseta que dices. – Es que no te la he enseñado, es como una blusa, me lo ha regalado el otro día Carlota. – ¡Acabáramos! Por qué no te vas secando el pelo y arreglando mientras termino; estás poniendo el suelo perdido de agua. – Vale, pero que yo sepa el agua no mancha. – Conociéndote, con lo que te falta aún tienes para media hora larga. – Termina rápido y no me pongas más nerviosa. Espero que papá se haya pasado antes a recoger a Gonzalo. – ¿También va tu hermano? – Sí. En cuanto esté planchado me lo llevas al cuarto. – Claro, no te preocupes “lo que usted mande” –contestó Elisa en tono irónico. – Venga mami, no seas borde. – No, si encima la borde soy yo. Si le hubiera hablado así a mi madre con tu edad, mi padre me saca los dientes. “Falsedad bien ensayada / estudiado simulacro” Parece que han hecho la letra de esta canción a mi medida. A Jaime nunca le gustó que yo saliera, ni que me relacionara con nadie fuera del periódico, y él, siempre lejos de casa. Tanto trabajo, pobrecillo, constantemente viajando con lo aburrido y pesado que resulta. Me sentía


sola, nunca estaba cuando le necesitaba, tenía que ocuparme de todo, no podía contar con él para nada y si le decía algo encima teníamos bronca. “Perdona que no te crea / me parece que es teatro” Y tanto que era teatro y yo creyendo todos sus embustes hasta aquella tarde fatídica. Recuerdo que era jueves y mi suegra celebraba su cumpleaños; como allí no hay quien aparque no quise llevar el coche, después ya nos traerían a Lorena y a mí alguno de mis cuñados. Jaime, por supuesto, no estaba en Madrid. Al pararse nuestro taxi en un semáforo, más adelante vi a mi marido sentado en el asiento del acompañante de un coche que no era el suyo. No pude ver con quien iba. Como soy imbécil, creí que habría adelantado su regreso para dar una alegría a su madre. ¡Qué ilusa! No comenté nada por no chafarle la sorpresa. Pasé toda la velada esperando que apareciera en cualquier momento; no sólo no llegó sino que llamó para felicitarla, disculpándose diciendo que estaba en Gijón y que hacía un tiempo horrible. Yo estaba segura de haberle visto y no dejaba de darle vueltas al asunto. Ya en casa, escuchando las noticias, dijeron que el tiempo había sido excelente en toda España, comentando lo inusual que resultaba que la máxima del día se hubiera registrado en Oviedo. Ya no podía seguir dejándome engañar. Confesó que existía otra mujer y después supe que tenían un hijo en común. Llevaba una doble vida desde que Lorena cumplió seis años. Era el mejor actor que he conocido jamás. ¡Qué cosas! Y en mi casa me decían que yo había equivocado la profesión, que debería haber sido actriz, que estaba perdiendo dinero, pero el drama nunca fue lo mío. Mi vida ha sido más de sainete, y mi género la comedia. Desde luego, si no fuera por el humor que siempre me ha salvado en las situaciones más trágicas, me gastaría el sueldo en psicoterapia. – ¿Terminas de una vez? – ¡Hija, qué susto me has dado! Sí, ya está.


– ¿Con quién hablabas? – Con nadie. Sería la radio o que estaba pensando en voz alta. – Pues se te oía desde la habitación. ¡Estás como la abuela! – ¿No pensarás salir así a la calle, verdad? – ¿Qué pasa? – Que lo que no se te ve, se te trasparenta y vas muy maquillada... – Bueno, no empecemos como siempre. Te fastidia que la novia de papá me regale cosas, por eso no te gusta la blusa. – No, Lorena. Es que vas llamando la atención, pidiendo guerra. ¿A tu padre no le importa? – ¡Qué va! A Carlota también le gusta vestirse así. Algunas veces creen que somos hermanas. – No me extraña, con la edad que tiene parecerá la hija de tu padre y no su novia –dijo Elisa sonriendo con cara de maldad. – ¡Mamá! No seas bruja. Mi móvil. Es papá. –Anda, dame un beso y baja rápido no le hagas espera más. Se acabó, recojo esto y que baje el telón que yo también tengo alguien que me espera.


ENTREVISTA A JAVIER PÉREZ


ENTREVISTA A JAVIER PEREZ Cruz Cartas Ríos Hace tiempo, navegando por Internet, descubrí una casa rural de nombre mítico “Cumbres Borrascosas”. Al pinchar la página aún vi algo más interesante: en la casa se realizaban talleres literarios algunos fines de semana. Así fue cómo conocí a Javier Pérez, poeta, novelista, excelente anfitrión, hombre amable y buen conversador. Javier Pérez se atreve con casi todos los géneros y obtiene reconocimiento en todos, como lo avalan sus premios en poesía, relato, ensayo, novela corta y novela, (premios tan prestigiosos como el Azorín 2006 por su novela “La crin de Damocles”) y su amplísimo currículum. Siendo además persona generosa no tiene inconveniente en hacernos partícipes de su experiencia y su trabajo, tanto en los talleres (estupendos, puedo asegurarlo), como en la entrevista que ahora nos concede. - La primera pregunta es obligada, Javier, escribes desde los catorce años ¿por qué? La respuesta fácil es que, en realidad, no sé hacer otra cosa. Entrar en consideraciones psicológicas puede ser mucho más aburrido, tanto para mí como para los lectores. Supongo que lo importante, en mi caso, es que empecé como satírico y eso, si se quiere mirar con buenos ojos, significa inconformismo. Si se prefiere mirar de otro modo le dejo al lector la definición.


- ¿En qué género te encuentras más cómodo? En la novela negra, sin duda. Me interesa especialmente la parte más laberíntica del alma humana y en la novela negra se puede uno dejar arrastrar por ideas no siempre admitidas por la dictadura bienpensante. Me gusta también el relato, por su concisión, pero prefiero el espacio de una novela, donde los matices no son simples pinceladas y es posible aspirar a la complejidad. - ¿El premio Azorín supuso un antes y un después en tu trabajo? Sinceramente, del trabajo, no. Antes del Azorín escribía todos los días y después también. Supuso, eso sí, un fuerte espaldarazo, moral y profesional, pero también un encuentro, más bien de bruces, con una realidad que ya conocía en lo teórico y aún fue más cruda en lo real. Cuando escribía y no publicaba solía decir que no hay relción alguna entre la calidad de lo que escribes y la posibilidad de publicarlo; por supuesto, me daban la razón con una sonrisa condescendiente. Ahora, sigo diciéndolo, pero no tengo que aguantar ya esa sonrisa. Algo es algo. - ¿Algún consejo para los noveles que comienzan su carrera en los certámenes literarios? Trabajo, osadía, perseverancia, cruzar los dedos y seguir adelante, pase lo que pase. Los concursos tienen algo de sorteo y hay que saberlo. La vida también tiene algo de sorteo y no pasa nada por eso. El camino hacia adelante está empedrado con las cabezas de los que se aburrieron y lo dejaron. Y algo más: yo no juego al baloncesto porque soy un patoso y un inútil; a lo mejor hay que plantearse si uno vale para escribir antes de


decicarle tanto tiempo y esfuerzo. Es falso que todo el mundo sirva para todo. - En “La crin de Damocles” nos expones una visión bastante desconocida de la época de la Alemania nazi ¿Cómo fue la labor de documentación? Larga, interesante y sobre todo muy impresionante, por los paralelismos que se encuentran con hechos actuales y que a veces tenemos la tentación de pasar por alto. A menudo pensamos que los nazis son gente de la historia y de las películas, o sea, gente de hace mil años. Pero un día te das cuenta de que no, que son de ahora mismo, y que los mismos que votaron a Hitler o lucharon en su ejército son los vejetes que se bajan de un autobús de excursionistas o que toman el sol en un parque de Munich. Entonces, tienes que preguntarte si es que eran todos una banda de canallas, o se volvieron locos de pronto, y como no parece posible ni lo uno ni lo otro te ves en la necesidad de despojarte de la armadura de los prejuicios y tratar de averiguar qué pensaba y qué sentía aquella gente para llegar a lo que llegó. Así fue como empecé a hablar y a cartearme con la gente que vivió directamente aquellos años, tratando de comprenderlos, sin juicios previos, y llegué a preguntarme qué hubiese hecho yo en su lugar. Por supuesto, es mucho más fácil agarrarse al topicazo, dar por buena la lágrima fácil del ternurismo cinematográfico y no pensar en nada. Siempre es más fácil creer que pensar. - Tu última novela “La espina de la amapola” guarda relación con la anterior. Forma parte de un proyecto mayor ¿Podías hablarnos de ello?


No sé si es un proyecto mayor. En realidad, la única relación que guarda “La espina de la amapola” con “La crin de Damocles” es la época y algunos personajes, con un hilo conductor común, aunque los casos sean distintos. Lo que pretendía era mostrar la evolución ideológica y moral de un país en absoluta ruina, con una moneda que no vale nada y millones de parados en las calles. La tesis es que cuando se pierde toda esperanza se acaba perdiendo también cualquier temor. La tesis, como decía Strasser, es que no se puede hacer esclavo a un pueblo que sabe morir. Y si además sabe matar, menos ¿Un poco cruel? Desde luego: eso son en realidad los años veinte a los que algún pamplinas les puso el sobrenombre de “felices”. - Me gustaría también que nos comentaras brevemente cómo surge tu casa rural y la idea de los talleres. Eso es más fácil: me eché al monte. Quise volver al lugar donde me había criado, pero como hay que vivir de algo, compatibilicé la casa en las montañas leonesas (Brañuelas) con el negocio del turismo rural. La casa resultó ser extremadamente grande porque, por aquí, lo único que nos sobra es espacio. A la hora de pensar en qué actividades podía organizar, pensé en la literatura. Si en vez de escritor hubiese sido peluquero hubiese dado cursos de peinado y cortado, supongo. Lo mejor de este asunto fue la respuesta de la gente, acostumbrada a cursos de aire académico y que pareció muy complacida con el tono práctico y participativo que le dimos a aquellos talleres. Unas veces fuimos muchos y otras pocos, pero siempre, invariablemente., lo pasamos bien, y quizás ese sea el éxito: que disfrutamos de lo que hacemos. - Ahora, ¿en qué estás trabajando?


En una novela sobre el secuestro de un candidato pocos días antes de las elecciones y cómo manipulan todos los partidos el sentimiento a favor de la víctima y la posible culpabilidad de unos u otros en el hecho. Una broma macabra sobre la capacidad de la violencia para influir en la opinión pública. - Y por último una pequeña duda: Escribes, diriges la casa, tienes blogs literarios ¿duermes? Y juego al ajedrez, y paseo con la familia, y charlo con los amigos, y voy de bares… Es una barbaridad el tiempo que sobra en una casa donde no se ve la tele. Se lo aseguro. En nombre del colectivo Tirarse al Folio y en el mío propio, muchas gracias, Javier, por dedicarnos una parte de tu tiempo. Muchas gracias a vosotros. Ha sido un placer.


DE LOS LIBROS Y SUS AUTORES


LA NOCHE QUE MURIÓ PACA LA TUERTA Alejandro de Diego Martín Título: La noche que murió Paca la tuerta Autor: Juan Calderón Matador Editorial: Ediciones Cardeñoso 127 páginas A quien le guste un tornado, la asfixia de un sol tórrido, unas aguas bravías, el hielo profundo de una noche de invierno, un granizo inmenso, una luna llena, llena, llena que lea a Calderón, a Juan Calderón. Estamos en presencia de un libro de relatos, veinticinco para ser exactos, en donde la quietud brilla por su ausencia. Obviamente los sobresaltos son domésticos y hay que realizar un pequeño esfuerzo creativo para visionar escenas próximas a la locura; no obstante, la locura del prosista es cuerda, se puede asir. Fácilmente contagiosa por ser humana, se identifica con el ansia de vernos libres, libres de todo y de todos. Enmarcado en la tradición popular, nuestro autor pronto se desmelena haciendo estallar los diques que sujetan su creación. Revienta las compuertas de la presa y lanza al mundo un torrente de imágenes alocadas, deseosas de hacerse notar. Las aguas tranquilas del poeta (Calderón es fundamentalmente poeta), al verse libres, no se contienen. Dando rienda suelta a su libre albedrío utilizan su pluma para despertar al mundo de una literatura de letargo. En el caso que nos ocupa se muestra un mundo interior ingobernable e insondable y, aunque el autor trata de llevarlo por el mismo cauce de las aguas remansas, no lo consigue, porque así no es Calderón, contenido no es en el papel y es de agradecer, ya tenemos bastante con los usos y costumbres de la vida real. Dentro de las muchas facetas de expresión artística que, me consta, goza el autor, vamos a seccionar el libro por sus más representativas; en


cada una de ellas colocaremos cinco naipes como en el juego del póquer, la combinación ganadora queda al gusto y envite del lector. Agrupar los relatos no tiene otra pretensión mayor que buscar, dentro del desconcierto existencial por la abundancia de temas, un camino que nos aproxime a sus reivindicaciones como escritor. Como artista pintor que es, el autor nos descubre a Oveguetren, el mostruo de la guerra, una metáfora de la dirección que pueden tomar los acontecimientos si nos comportamos como borregos. Pretende captar en sus lienzos la inexistencia del tiempo y en consecuencia la inmortalidad. Es la trama que subyace en El Corazón de Hipólito, donde los desvaríos de un anciano consiguen el amor de una muchacha. Con un pequeño boceto nos construye una escena en un andén, es el relato de La Mujer de la Boquita Roja, donde un vidente presencia la muerte de su último cliente, corroborándose la verdad que horas antes anunciaran sus cartas. Visiones, persecuciones, reencarnaciones, transposiciones, La Vendedora de Dibujos, traslaciones, seres en permanente movimiento universal, apariencias y ausencias. En Lámpara Gótica los artilugios luminosos cobran vida al amparo de la energía eléctrica y se convierten en carnívoros. Desde el punto de vista de la musicalidad, el prosista crea pequeñas melodías para lograr una sinfonía total, es el caso de El Chino del Libro Rojo, en donde por metamorfosis de la vista nos saca del libro rojo historias y más historias hasta configurar un solo cuento. Con todo un requiebro artístico digno del más allá, Calderón rompe con la estructura básica del relato, en El Aviso, y nos resuelve el conflicto antes de que se plantee, es el aplauso final antes de la interpretación. Luchar por detener el tiempo como empeño inútil, es el caso del micro relato Edad. Somos evolución, parte integrante del movimiento universal, detenerse es morir y


desaparecer. Desde algún lugar llegaba una lejana melodía, nos dice el autor en Encuentro Navideño, un supuesto infarto de soledad es la excusa empleada para recordarnos que el tiempo pasado jamás volverá. Como si se tratara de la canción de la vida, en Voz de Otoño, una mujer niega la evidencia del envejecimiento, tras varios estadios, al final triunfa la verdad del espejo. La poética también aparece, es el caso de un Rastro de Soledad, aquí el autor sale en defensa de la infancia, maltratando a su vez el mundo trepa de las artistas. En Julieta de las dos Lunas, realidad y ficción conviven sin saberse quien es quien, se trata del tan anhelado amor, que unas veces vive en el mundo soñado y otras es un sueño hecho realidad. Personajes que salen de los libros para estrangular a su creador, esto sucede en El Libro de los Mensajes, Calderón, en este relato, da un paso más en la literatura universal al endemoniar los libros y atribuirles maléficos poderes. Asistimos atónitos al mundo obscuro de la muerte como salvación de la vida en El Rectángulo Barroco. El autor impone soluciones satisfactorias para desgracias y desdichas, micro relato Reencuentro, aunque para ello no dude un instante en crear nuevos mundos imaginados. El teatro está presente en la noche que murió Paca la Tuerta, el prosista elige a Genaro para hablarnos en primera persona y recordarnos la leyenda de Pantaruja, que él aprendió siendo niño en su Alburquerque natal. En el Santito de la Sangre, utiliza el mundo del sida para recuperar al padre Miguel y hacerle partícipe de un milagro. Recurre nuestro autor al mundo mágico para poner orden y hacer justicia en la cotidianeidad de nuestras vidas, por culpa de una promesa incumplida en Piso en Venta. Subyace en nuestro autor un deseo permanente de hacer justicia, Y Por Fin Salió del Pozo, trata de una reencarnación concebida exclusivamente para


vengar a una madre asesinada. Un amuleto africano cambia la apariencia de los seres, Sin Esperanzas, los humanos pasan a ser perrunos y viceversa, sólo en su aspecto exterior, escenas que nos conducen a la comedia. Llegado el momento del intérprete y cantante, nuestro literato toma las riendas del asunto como narrador protagonista; su atrevimiento es total, sin ningún tipo de fronteras, así ocurre en El Gobernador del Cosmos, traspasa lo irreal buscando escenarios nuevos, para ello se deja conducir por los sueños de seres invisibles que ansían fantasías eróticas en orden a asegurar la sucesión en el trono. Canta con voz de mujer, en primera persona, las envidias fraternales, adornándose de las locuras propias de un hospital psiquiátrico, en La Curadita de Espanto. Un accidente laboral con resultado de muerte provoca una decisión urgente en Los Nigerianos; posteriormente, los espíritus, conducen al protagonista hasta el lugar del cadáver. Volvemos a notar en Calderón un deseo bíblico de restablecer el orden impartiendo justicia, en La Mujer de Niebla, la víctima, escritor para más señas, asume su tragedia sin ofrecer resistencia en un delirante convencimiento de la venganza de los espíritus. Por último, en Libro de Poemas, nos ofrece una interpretación, metáfora del hombre libro, que consiste en invitarnos a llenar, escribir y ocupar las páginas en blanco del libro de la vida. En definitiva, se trata de un libro de relatos claro, conciso y preciso que no deja tiempo para el embeleso. El autor se empeña una y otra vez en trasladarnos las historias a través de fogonazos fotográficos, ideal para leer en el metro o en la sala de espera. Es como un paquete de tabaco, fumar un cigarrillo en la pausa sindical y otro después del café, siempre marcado por los tiempos, pero consciente el lector de que con la siguiente narración se repetirá el mismo deleite.


NOTICIAS DE “T A F” I CERTAMEN DE NARRATIVA “Maestro Gerardo Muñoz y Muñoz” I CERTAMEN DE POESÍA “Poeta Juan Calderón Matador” Los premios se fallarán durante el mes de Junio y la entrega de galardones se efectuará pasado el verano. El fallo se hará público en el blog del colectivo y se comunicará personalmente a los galardonados. http://tirarsealfoliopremiosyconvocatorias.blogspot.com

TIRARSE AL FOLIO Cuadernos Literarios El día 11 de Mayo pasado ha visto la luz el número nueve de nuestra colección, bajo el título de

Dardos al cielo, firmado por nuestra

compañera Carmen Arranz, a la que deseamos éxito en esta primera aventura en solitario sobre papel impreso. TÉ CON PASTAS (DE CARTÓN) Nos congratulamos de haber podido contar entre nuestro invitados a tres pesos pesados en el campo literario, nada menos que Juan Ruiz de Torres, Ángela Reyes e Irene Mayoral. Cada uno de ellos supo convertir en única su intervención y pusieron de manifiesto la calificación de maestros que pesa sobre sus hombros. Nuestra gratitud por compartir con nosotros sus experiencias y sabiduría, con generosidad y entrega.


SESIÓN Nº 5 - día 11-03-09

Juan Ruiz de Torres es madrileño, aunque gran parte de su vida

ha

Industrial,

transcurrido Periodista,

Informática. y

Física

España,

Ha

fuera Licenciado

realizado

Atómica

Colombia

de

y

y

España.

en

estudios Nuclear.

Estados

Es

Filología de

Unidos.

Hispánica

Ciencias

Profesor

Ingeniero Económicas

Universitario

Profesor

e

de

en

drama

en

Colombia. Director y Actor de diez grupos de teatro, y ha coqueteado Presidente Ha

con de

publicado

ensayo

y

el

la

mundo

Asociación

treinta

narrativa.

Ha

del

celuloide.

Prometeo

poemarios,

y

recibido

una

de otras

Poesía, tantas

veintena

distinciones en América y España a obra y labor.

Fundador

de

entre

y

otras.

obras

de

premios

y


SESIÓN Nº 6 – Día 22-04-09

Ángela

Reyes

Cofundadora

de

Miembro

de

es la

su

de

poemarios

sus

títulos

cinco

encontramos

dudaba,

Mujer

que

La

Jimena

publicado

volúmenes

de

Azul,

a un

para

No

llores

Poseidón,

en

y

narrativa

citaremos: Troya,

Crónica Adiós

a

Poesía una

muerte

Cartas

Breviario

Frontera.

Entre

olvidada,

Ulises

de

recuerdo,

cuanto

de

un

las

Amazonas,

a

lirista

y

docena

narrativa.

La

sola,

la

de

Ha

Amaranta,

niña

de

Prometeo

vive

méndula, en

de

Asociación Patronato.

y

Lázaro

Morir

gaditana,

poesía.

una CarEn

naufragado, Cuentos

en

Arganzuela, y Los trenes de Marzo (11-M). Casi todos sus libros bido

han el

Vicente Pablo

sido San

Gaos Corner.

premiados.

Entre

Lesmes

Abad,

“Ciudad

de

Poemas

cincuenta antologías.

otros

Villa

Valencia,

suyos

han

galardones

de Blas sido

la

Roda, de

ha

Leonor,

Otero,

incluidos

reci-

en

Juan unas


SESIÓN Nº 7- Día 13-05-09

Irene 1989

Mayoral, publica

madrileña,

con

asiduidad,

poemarios:

Huellas

en

Velásquez

y

Esa

África,

yo,

diario libro

composición

poética

otra

formal

Antología

Mínima, en

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desde

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ella.

Cruces.

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tatuados, yo, 202,

Ven y

Una historia, una aeronave. Es

Viceministro

Dirige

la

del

Tertulia

Parlamento Tres

Mil.

Internacional Miembro

del

Vicepresidenta de Prometeo.

¡ FELIZ VERANO!

para

la

Patronato

Paz. y



REVISTA DIGITAL TAF (Verano 2009)