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ombligos / Pablo Maire e-book


OMBLIGOS Pablo Maire editorial FUGA 2011 equipo editorial: Angela BARRaza Risso cristiAN GOmez O. arturoLEdeZma Diseño & maquetaciOn: Arturo LedeZma impresO en santiago de CL editorialFUGA.cl

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Pablo Maire

OMBLIGOS

editorial FUGA


A Harold Morales

Te enfrentas al terror de dormir, y envuelto en sábanas que ocuparon delincuentes o blancos te irás como un déspota recolectando fruta del suelo para hacer mermelada y untarla en el pan quemado. Imaginas, dices, una ciudad edificante. No es más que la pieza de un escritor o Trotsky alimentando a sus conejos ¡ojalá lo hubieras hecho tu padre! Pero por desgracia te cruzaste con un dragón y dieron a luz, aquí en la tierra donde escondemos el mundo. Como no hubo dinero para dejarte en lugar muerto ahora eres cenicienta - no veo tamaño ni ombligo sólo tu carne sepulta. La que pensabas caería sobre un elefante que recién al morir se da cuenta de su trompa o Dios recogería con su lengua. Lo desconocido - decimos – está en el terreno de la monstruosidad, ahora que sólo sirves a la literatura. Pero pienso abrazarte en algún tipo de resurrección donde las madres sigan con sus canciones de cuna que las auxilian y se levante la prohibición de golpear a los padres o se quemen las escuelas. Quizás seremos la misma porquería y volvamos a ellas para ser domesticados.

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Y hoy, al echar papas sobre ti en vez de flores, pues a decir verdad es lo único que nos salvó del hambre, nos enteramos que don Quijote supo que era escrito cuando este continente fue España y los mapas tiritaban esos días en que el planeta cambiaría. Lamentablemente tus testículos nunca rozaron un caballo. Acá el amor, pájaro muerto que vuela, la guerra y el mar explotan sin razón aparente. ¡Entonces el mundo se libre del hombre y exista la mundanidad! Ya estarás diciendo: ay, ustedes los seres.

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PRIMERA PARTE


Al Dios Ăœl. No te escribo porque seas divinidad, sino por aburrimiento.


I

Hoy amo al mundo y el doble, mi cuerpo está hervido en alegría. Las ropas de la Naturaleza me conmueven tanto como ver la mitad de un ombligo. Soy un Organismo fuerte, el último ciudadano que canta la Internacional y descubre sin conquistar. Me siento plumífero que corre al huevo, una imagen de gigante llevando su último crecimiento a un Tótem, loco por sacar las durezas de la noche y parar la cola. Treinta años mayor y menor, esta vez tengo economía del odio y como pelotón de sangres lanzo arroz graneado al cielo para que se estrelle y con eso muera el hijo que nunca tuve.

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II

Arranco pájara de este lugar y gracias a mis caras el INRI mostrará sus huevos duros, donde podré encontrar proteínas para mi última boca y así soldar su ombligo en mi frente, llena de soldaduras y vea esta Gran Diversidad, mis partes gorrionas y sobrevivientes. Creció un poco la limpieza de este cuerpo y el cosmos aumenta inoportunidad de veces en mí, como miles de hurras y la memoria de mis temas, para que ahí pongan carne de otras materialidades. Mi cuerpo será un círculo amarrado a mi concentración, una saliva llena de adivinanzas o adivinaciones, los masculinos alejarán el puaj y esa cama hoy estará para moverse en brazos del niño Jesús que reza a Jesús. Tanto así será, de más a más y mis cariños tropezarán con sus espinillas. Esa leche la reventaré en mi leche, las haré conversar e iré a su talón que quiere decir final de todo, a sus manos clavadas en mis irregularidades y el no puedo es de aquí en adelante, de cualquier modo y que nos vean siameses mientras agonizo sin saberlo.

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III

Dentro de aquel pasto los jóvenes juegan con sus totalidades y como un nervioso busco dónde dejar mis huecos y elefantes. Para ellos soy un tetón de antiguos estómagos que se parece a dos hermanitas cuando cruzan sus piernas, pero son suficientes mis brazos y la influencia de estas manos para encontrar sus frustraciones. No me griten vas muriendo porque soy entusiasmo en la medida que hay, tengo la magnitud cambiante y mi blanco es espeso como el dinero de los padres. Estos ojos tienen el color de mis seguidores, algo retraídos con los cambios que experimenta mi cuerpo donde engorda cada cosa. También digo a las mujeres que dejen a sus mujeres, vengan a mentir al mundo sobre las reproducciones - por el derecho a mentir – y renuncien a sus colchones haciendo el amor con aborto. Soy lo primo, lo bastante, tengo hombres que viven y mueren cierto tiempo como herramientas de mi edición y antes del hambre me reservo al marido de los países, le muestro mi vientre en grupo de ombligos y desastres que seré.

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IV

Ese individuo era dos padres - Ven y Vence -. En su ombligo está mi pieza donde escondo las guerras y ahí llegan los barrios preguntando si existe Dios, pero es una inquietud que desaparece pronto porque ahora somos como los pájaros que comienzan el vuelo con todas sus sangres y aterrizan calientes. Nos ponemos orejones en los cuerpos que tienen sonido de marea alta y aleteamos locamente cuando hieren nuestra Democracia. Toda una mayoría de hombres, lo que uno entiende por hombre, disminuyen sus horas de sueño para tocar el conocimiento de otros y ver el tamaño de las religiones. Yo soy apetito y renuncio a morir clavado, tan seguro que si sumo todos los ombligos del mundo haría uno pequeñísimo. Nunca he hablado hacia arriba, no me dirijo al cielo porque me arrugo y voy cotidiano a tomar cada color, negro y más negro, amarillo de vez en cuando, para luego tirar inútilmente los treinta y tres y dejen de mí un Soltero levantando mi edad.

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V

A la ciudad voy yendo niño y viudo a conversar con el Tío de la Patria que es varios hermanos sin familia, a inventar un partido político donde asuma la Vice Presidencia - porque soy severo con mis ambiciones - y a gritar República fuimos todos, pero los republicanos asesinaron a los tesoreros quienes frotaban sus manos para salpicarme cuanta contabilidad había. Ya no hay quién me comercie ni intercambie mi columna. La ciudad es como hablar lo todo, presentarse con el mismo cuerpo según el siglo y observar la calamidad de nuestros actos. Allí no me permito decirle a una mujer que se saque la blusa bajo un árbol, teniendo éste las mismas características de un árbol a campo pelado, o a un hombre aplauda mis cuestiones delante de otro, teniendo éste las mismas coincidencias de los hombres que yo investigo. Pero veme, ciudad, ¿qué otra cosa podría yo guardar en mi ombligo sino más ombligos? Observa el ánimo de aquellos jóvenes de pantalones cortos, mi cuerpo rojo está en ellos de la misma manera que una pregunta está sobre una respuesta. Festejen conmigo, armen grupos de a varios y hagamos de estos enlaces la primera comunidad que celebra al contemporáneo y lo hacen mientras hay Acto.

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VI

Prácticamente no estoy vinculado con mi sector izquierdo o derecho, pues noto la superioridad del Indeciso. Ambos son nacionalidades que suman territorios, por eso dicen que tengo a mis semejantes distribuidos de acuerdo a la intensidad de sus presas. Estoy honrado con esta repartición porque nunca uno muere solo, vamos callando con ellas a la vez. Tampoco soy egoísta con mis órganos vitales. De hecho deseo fuertemente que alguien me llene de comentarios y ponga su mano en breve sobre mi identidad, en las veces que estuve preso y debajo de mis centímetros. Pero no aíslo mi condición. Como animal que se organiza para asesinar les pido sean vacas escogiendo el mejor pasto y pasen del verde al blanco, ellas en sus tetas bien mujeres ellos en sus testículos, traspasen su sangre a un solo hombre para que venga a mi ombligo como en votación y me mate a páginas cuando sea la mitad de un ser vivo.

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VII

Ven conmigo quinceañero, a contar de hoy Colega, y mira cómo tengo la grasa distribuida de manera par e impar – por dar número a lo que te digo - así como veo en ti el lugar más sombrío, por tal razón el más multitudinario. Te abrirás de palabras y esperarás tranquilamente el alimento de mi lenguaje, pues yo soy aquel, tengo el resumen del mundo en mis ojos, soy el prójimo contra mí de quien dicen tu padre ha vuelto. Daré miles de recorridos a tu organización, seré pasivo o activo según me reclames, al mismo tiempo veré tus chocolates cayendo, y tú con ellos. Te advierto Colega que podrás ser duro con mis reparticiones, con la extensión de mi dominio. Te acusaré tiernamente de ser un soplón, de masticar mis vocales y consonantes, de chupar el mejor promedio que es mi ombligo. Mucho me duele el cerebro, y el haber comido marisco no me exime del olor en mi boca, pero pienso que tienes varias familias en ti y vendrán cientos a buscar en mí a Jesucristo Pobre. Me llevarán con el Gobernador a pesar de mi pre-embarazo, quien lavará con agua mis genitales e hincharé mis máximos a él, pensando en ti. Me gritará compañero, que quiere decir mátenlo, luego volveré a encerrarme nueve meses en la casa de algún partidario y ofreceré comisiones al hombre en plena noche cuando desnude la institución que tengo.


VIII

No comprendo el instante inmediato después de la muerte o lo sido antes de mi polvo. Tampoco si mi consistencia es extensión hacia mí, si estoy al mismo nivel que un hijo siendo yo un padre o por qué el pescado mantiene la figura de un pez. No sé cuán libre soy sin el pan, cuanto aire tengo en cada una de mis universidades o si mi nombre me inventó. Quizás con Francisco o Augusto sería distinto, tendría un ámbito cruel en desarrollo cada vez que lo pienso. Nadie habla de pájaros, pero si tuviéramos alas el hombre tendría pico y la mujer pica, si no tuviéramos alas sencillamente ángeles sin picos ni picas. ¡No lo sé! Tampoco de herederos pues la única fortuna fue nacer con genética y reproducir como cualquier animal la masturbación - gracias manos, gracias patas -. Me voy de los lugares tirando ombligos por la cabeza a cuanto occidental se cruce, sepan entonces que soy el propio vecino enamorado de mí, África con toda la negritud, por muy novedoso sea este negro que me forra, mi división son los hombres, a veces la multiplicación de ellos. Como buen demócrata voy diciendo hola a la juventud que pasa a sentarse y espera leer el segundo libro de la humanidad bajo el segundo árbol de las ciencias, donde aquel mocoso nos muestra sus colgaduras, entre la cadera y el continente, como un documental de los días, las noches y una tercera distinción del tiempo sin revelar.


SEGUNDA PARTE


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IX

Eróe se gritó en Egipto hace un par de Nilos. Los navegantes tienen puesto el corazón en el retorno. Si no es así consulta con tu Dios, pero debes comprender que el idioma limita con el ombligo. No sé latín, no sé mandarín, no sé otra lengua que no sea la que grita - tTora, tTora, tTora -. Las manos que portan agua: ¡desconfía de ellas¡ Grande eres porque aún naciente, aunque digan criado y muerto en las nieves georgianas del camarada Stalin, amas a tus primeras mujeres como yo a mis primeros hombres. Desde ahora me llamarás – Hans - por decir algún nombre, ¿o acaso Ül es nombre con más propiedad?

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X

Fui uno de los pocos iconodulos que pelearon contra los iconoclastas. No quedando dinero eché manos para construirtu cola de Becerro. Arrasaron con esos campesinos en la estación mujer cuando diste el ombligo a Hitler. A mí me decías la Niña, la Pinta y la Santa María. A dos cuadras de la guerra me tildabas de Niña. Es que los fracasos debieras llamarlos Vietnam, meine Ül. Eran seis orejas perfectas, tres bocas, y sólo dos comían del espárrago. En tanto los camellos - animales egoístas bebían el pichí del toro para masculinizarse y rogarte les dieras camellas fuertes como vacas con mucha sed. Ahora soy un vikingo descontento de su tierra y digo al que quiera oír en la nueva lengua: ¡Caín nació de una vagina de rock!

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XI

Tres de la mañana. Alguien decente osa levantarse a esas horas. Me baño junto a la madre quien últimamente toca sus pechos para ver si tiene cáncer y como un cascarrabias por no pagar mis impuestos pienso desvestirme como se hace frente a cualquier estudiante flojo. Le temo a la trinidad y a los garbanzos que nos arrojan desde la aldea. Pregunto qué significa y envías una paloma blanca con plumas negras a las vengativas del África. Advertencia: mis hombros son hombreras. ¡No importa! soy la novia del peyote e ida a la ciudad secreta de los historiadores – Aciago - me llamaron Discoteca. Los mudos, ni hablar, fueron los más groseros. Cientos de libros ardían y juro no saber qué es un libro o si un autor comienza o termina en un ombligo. En casa del primer ciudadano se me advierte de la actitud esposa y comienzo a reír novio, asustado del sí, mientras el loco manda a quemar al gallo de los tres cantos.

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XII

Una mujer me habló, dijo cosas como: he cobrado. Maternalmente pensé sus pechos alimentan, huele a cloro y digo la verdad cuando pienso que es ideal para degollar a las gallinas. Dice, “por esto cobré”: Tu cara es una idea larga, las manos similares a 1789 y tus piernas un cine pornográfico. La espalda, no digo que no sea espalda, sino más bien carne torpe, algo así como la parte baja de dos uvas. Los codos unos botones heterosexuales. Tus labios son siameses cuando rezas, aunque no sepas rezar. Las mejillas pequeñísimas, se quedaron dentro del útero. Tus ojos no los puedo describir y el ombligo - tal vez - sea literatura. “Te respondo”: Dinero alguno me han dado, pero hablaré de ti. Tu cuerpo sin calcio deja a los hombres llorando. De la boca te salen talentos y a los pocos minutos tus manos son menos ignorantes, como si en verdad hubieran conocido. Eres exquisitez - por decir una palabra – cuando en doble r te acuestas analfabeta. A tu pelo llega el castigo de los veranos que parten tus puntas. Tus ojos como dos publicidades vienen a nosotros y el cuerpo – descánsalo – que para los hombres siempre es fin de semana.

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XIII

Mi nombre es Metodología, aunque quisieron decir Sin Embargo. De bautismos nada sé y de preferencia un pronombre resulta más revelador que un nombre. Llego como inmigrante y en vez de un prostíbulo visito la Oficina de Inmigración. ¿Quién eres? Y me orino. ¿De dónde vienes? Del Mapa, de las tierras en que Ül convirtió el vino en agua. ¡Ese sí es un milagro! ¿Qué llevas ahí? Un ombligo. ¿A dónde vas? A un lugar donde vendan harina de pescado y gritar: Bruta, heme aquí, tu hija. Corro para ganar, porque correr sin olimpiadas nunca importó. Tampoco a mi padre quien me decía – Extraño -. Padre, conozco tu gesto boda, tu cara víctor. Eres anónimo como candado y casi. En lo alto echado atrás, todo enano, caminas a lo William Carmen con puños no en los bolsillos, frente a este Pacífico duro, océano, donde observamos los puertos secos. Sabes bien cuál es el territorio de las serpientes y que la herida más hermosa que llevamos los seres humanos es la vacuna. A partir de ahora si tienes coraje llámame Tuberculosis.

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XIV

Tendrás en tu casa - lugar de viejos gatos donde fácilmente una botella puede ser Dios - un grupo de caras absolutas, como quien dice ha muerto tal o ese es comunista. Son la nueva palabra Discípulos y hacen muecas que entretienen a la gente con temperatura. Por eso báñate en Aceite de Oliva, orina poco sino creerán que te tomas el agua del pueblo y juega con tu carne corta a las vacas. Cuéntales el cuento “vengo del Polo Norte donde no se escucha acerca del norte y tá tá tá”. Uno de ellos querrá lavar tu ombligo y tus frutos fuertes con saliva, ambos parecerán hombres afortunados que toman sus últimas pastillas y gritan esto es arte. Tú que develas secretos en los velorios y tus dedos son tan perturbadores como deportistas griegos, ora a Ül en vieja escritura y sella un pacto no de sangre ni muerte, sino de Sur, de onomatopeyas, en donde los jabones tristes color ñ sean nuestros itinerarios. Recuerda, en este mundo no existen elocuencias y elocuencia es una palabra añeja.

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XV

Ya no hay campo. Será mejor ir a la ciudad donde los filósofos escupen a la gente. Son vedettes entre los más jóvenes, bailan desaforadamente y cuando piensan lo hacen sobándose el ombligo. Greca, hija de Claudia y de Claudio, nos cuenta de su nuevo Dios - Aparente - y que las cosas han cambiado con la guerra, como si no cambiaran. Los romanos nos confunden, dice. Traen óleo, especias y un par de garabatos inscritos en sus caballos. Odian a los judíos con quienes hacen negocios y detrás de ellos se esconde una suerte de Dios que llaman Emperador. “Estoy ciega por voluntad. Hice ciertas cosas - acompañada por supuesto - que ustedes denominan – Arrepentimiento -. A pesar de eso practico el box y continúo envejeciendo, según algunos comics”. Dramático, hijo de Greca y un general de cuyo nombre no me quiero acordar, seductor como los barcos con las barcas, nos trae nuevos condimentos para confundir. Orégano será tu apellido y puedes decir a los hombres que el carpintero fabrica afanoso cruces para los romanos y que el poeta Horacio ha llamado a su hijo Horacio.

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XVI

Lo que aún nos duele no fue perder el paraíso, sino la eternidad. Echar de menos la ceguera del morbo y mortales ya el sexo. Difícil cuando Nádie nos habla. Nádie, sólo al último dio instrucciones para este mundo que olvidó se arrastraba. Se vieron algunas guerrillas y un leve viento indicándonos la aparición de las estaciones y con ello el trabajo forzado. Nádie arrugó la frente al ver a su hija tata. Sucede que el celo la desterró. Veinte años grita: ¡esposo, no te acerques a mi esposo! De trece el otro: cuando mueras madre, ¡dejaré de alimentarme por el ombligo! En tierra, donde nunca probaron los frutillos, comienzan a pensar la guerra y a cortarse las uñas. Caminaron adolescentes, feos, dándose puñetazos. Uffff, ahora es necesario comprender el calendario, las fechas en rojo y el morir, qué es eso de no pestañar y dejar de respirar vestidos. Qué bello es verlos borrachos, hermosas fogatas para la rebelión han armado, pero aquí las consignamos sólo señas. Se les ve bien de ropa jugando con su cáncer de piel a los bautizos y a contarse cuentos para dormir la siesta en la carnicería. Ninguno nota tu pequeña joroba mujer, tu voz ronca ni el brevísimo aro en la nariz sangrando. Tampoco que eras más vieja. Te vemos incómoda por no enterrar al padre y su silencio en torno a la mamá. Quedas tartamuda cuando escuchas la carcajada de un vendedor callejero, profeta

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o el ladrido de los perros asustando algĂşn ladrĂłn. Primera vez amamantando y nunca tomaste leche. Los primeros dos pezones, pezones que todos chupamos. ÂĄSomos carne molida!

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XVII

Habla desde ahora la ciega. Un día pusieron sobre mí fango y dije a los presentes Si querían escuchar un par de cuestiones interesantes, por lo que echaron a reír. Supongo no fue el mejor barro porque no vi. Me mojaron con una llave proveniente del Eufrates, en donde los pescadores son amigos de los charlatanes. Tiré un par de combos y arrodillada pedí perdón al líder por toda esta situación. Ser vidente no cambia ciertas cuestiones, como por ejemplo, que los buenos licores suban de precio o en los restaurantes los mozos reclamen por la propina de los militares que van a combate apretando el ombligo. Tú, quien seas, antes de seguir con tu viaje por el desierto, arranca mis Edenes, deshereda a mi hermano sólo por desheredar a quien amo y envía un emisario a mi casa, al joven con mayor consumo de drogas, bello, de preferencia violento y de menos estadística, a cortar las frutas y hortalizas del jardín que tengo para el cobrador de impuestos, a leer noticias de Norteamérica y deje luego sobre mis pezones terroristas hojas de té para el veneno. Eliseo yo, hijo de Ül y pariente cercano de la diosa Minería. Siendo nieto de los oradores maté a unos cuantos, pero fui tras los asesinos. No responderé en ningún idioma porque me fue negado, podrás entonces decirme Bebé. Por los espejos entro pequeño y una vez me fui de dedos

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sobre un guapo en una pieza hasta luego, donde dejĂŠ mi olor a estornudo, a muchedumbre, a perla culta y perla. Invidente, serĂŠ honesto. A veces es bueno romperse la cara, por eso hago un brindis con mi brazo enfermo a la luna que ayer fue madre soltera.

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XVIII

A Margot varias veces la sacaron a patadas del Partido. Recuerdo cuando íbamos como estúpidos a esperar que los nipones enviaran desde el Este un - Parto Normal -. Todo sentido de esterilidad se perdió y a los muchachos y muchachas, que no viene al caso, mostramos partes de dos cuerpos inmensamente políticos dispuestos a una cesárea cada uno, a callar cuando pregunten quién anda allí, a decir - aún vírgenes - porque los viejos no se olvidan de los pactos, aunque haya que comer ají. Muchachos, no escuchen a sus ojos. Somos sanos, de dos catedrales bautizados, el ombligo lo tenemos hacia fuera, pero estamos hartos. Yo les doy zapatillas, argumentos para el retorno, piedras para responder a los rumores, porque hoy el hombre anda como Golpe de Estado donde hacer fiestas es cosa tremenda. Si me ven tirar con los más jóvenes o jalar cocaína entre los platos sucios de la mesa, pueden jugar a ser más infantiles dentro de esta pieza, en la que deseo llorar como loca en cada uno de sus hombros y desnudo poder contarles un secreto.

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XIX

Si pudiera narrar mejor todo esto lloraría, pero mi vocabulario es angosto. Anoche fue distinto, era un anfitrión común y corriente que olía el trasero de mis visitas, reíamos al ver quemarse la iglesia de la esquina - a pesar de los dos mil años – y dijimos por toda esta historia érase una vez. Afuera pasa un funeral y decir afuera asusta un poco. Las mujeres lloran irregularmente, nadie agacha la cabeza en este funeral mental y en silencio nadie llora realmente. Los niños juegan como religiosos tocando a los más pequeños y las cosas pasan inadvertidas para todos. Quiero un funeral como ese, sin mercados cerrados y un par de mujeres con los ombligos cortados. Esa misma gente atea, mucha gente atea y entierren conmigo algo pagano, algo así como mi nombre es Sucia, me lleve un auto con un caballo de fuerza, pero semental y obligarlo, sí, obligarlo. Mi madre habrá muerto, mi padre la habrá matado y habrá muerto también. Mis hermanos serán hermanas y no llorarán, tampoco lo haría por mí. Mi hija no lo sabrá porque nunca tendré hija y los amigos una explicación leve darán a esta cosa terrible. Guardo de este embarazo un susto, una idea de morir un poco todos los días, porque morir y días es lo mismo.

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XX

Tienes un torrente de rajas en tu cuerpo que es la cosa más nueva, como estirón o bibliotecas donde todos los libros son todos los hombres. Obligación es mirarte el ombligo que no tienes, por eso hablar de nacimiento es raro. Eres alcohólica, una hembra comprometiéndose frente a un mordisco. Posees las descargas del mundo y tu primer nombre ocurrido fue el menos ocurrente. Naciste entre piernas llenas de lunares, noche sin luna, no hubo quién. Como gobierno a punto de caer te irás a la niebla del África y darás a los traficantes de humedad el primer beso en la forma de una boca, borrarán así tus etiquetas y sentido tendrá nacer. Las gentes correrán a recitarte poemas pensando que andas gratis y tan sólo uno acostará tus rajas sobre sus muslos, verás así partes hincharse y salir cosas de las partes como misterio y harás gárgaras que quemarán tus tripas, tersas como un Dandy, para comprender el primer fuego y dejen de decir que eres culpable.

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TERCERA PARTE

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XXI

Tan mudo como mirar será mi entierro al costado del planeta y las estrellas no tendrán las cinco puntas que imaginé cuando niño. Prefiero vivir en el Imperio de los Enanos, ya que somos altos pero no grandes. Pondré mis aguas a remojar a las once, una hora antes del mediodía: ¡qué tremendo! y pensaré tener un hijo cuando un árbol repleto de frutos, pero mis parientes han dicho que no tengo familiaridad, que todas mis caderas son estrechas como un útero. Les dije yo soy vital y mortal, no poseo vínculos con el hijo del hombre, sino con el hijo de la mujer y al igual que un ciego todo está en mis ojos. El mar antes del agua o el desierto después de la arena han cargado mi Nombre Propio, por tanto soy un grano explotando. De mi ombligo crecieron piernas, brazos, cuerpo óseo y cuerpo carne. Diré todo esto a la agricultura y a la obra, luego al agricultor y al obrero porque para mí el canto de los hombres es Victoria y el de las mujeres es Víctor. Podrán ver el universo en mis rodillas, peor aún caer al suelo. También incendiarse mi rabo. Yo soy, Tú soy, Ella soy. Y si me llamaron Tuberculosis, entonces seré papa, un Tubérculo.

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XXII

Gusto me dará continuar con la página anterior, estando en el capítulo y versículo uno del Libro Sacro, chillar el cuestionario para mi madre ¿por qué me encerraste, útera? y devolver la sexualidad a mi santo que lleva las ropas de un príncipe cenicienta. Entregar el zapato antes para acabar con los finales heroicos, por eso blancos, jovencitos que odian el ¡adelante compañera edad! Tranquilos, voy directo a casa de los escritores y ahí tiritamos por el Nuevo Mundo que se viene a mi pecha. Estaba escrito, dicen, el Imperio Egipcio me devuelve sus gatos. Ahora tenemos la generosidad de las razas y nos vamos a desrazar. Nadie pensará del otro un trabalenguas, seremos todos mesopotámicos, la Cuna y la Cama. Pero pasa por hacer de todo esto espuma y devolverla al huevo. Habíamos pocos sin ropas - los verdaderamente disfrazados los chiquillos nos gritaban amén de siés, amén de nóes, los amenes que quieran. Yo mismo traspaso la historia del crudo al cocido y viceversa, como dos libros con dos regresos obligados y entremedio fuego, fuego, fuego. Soy Casimiro Marcó del Pont, el abuelastro que amaba a su nietastro. Otro abuelo y nieto corren por un mismo tren. No me cortarán el ombligo para quitarme poder, no lo harán donde más crece mi pelo.

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XXIII

Arrastro la impaciencia de un examen de sangre y digo ese, aquel con la seguridad de un científico. Qué tonto más bonito. Me voy alejando como el aullido lo hace del lobo o un fiel que deja su religión. La vista me permite ver el mar y no el océano o juntar un par de títulos sin contemplar el libro. ¿Cuanto de esto podría yo decir si fuera loco o creyente? Quizás soy una señorita que habla con odio de las señoras o el joven prehistórico que despreciaba la historia. ¡Váyanse al partido a arreglar las bases y sus actas de nacimiento! Encontré las casas aún bolcheviques donde todos decían ay, ah, bah - ojala fuéramos un poco más soviéticos -. En ellas ningún animal camina sobre sus techos porque la muerte nos tiene agarrados de las patas y como los órganos no salen, yo voy a los órganos. Mi muerte tendrá los respiros del pescado mientras el ombligo cosecha la noche. Luego paso de la ternera a la vaca y probablemente como el buey no infunda temor a Nadie. ¡Lo mamífero ha hechizado al hombre!

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XXIV

Yo soy el invierno del mundo: junio, julio, agosto; diciembre, enero, febrero. Un año es un semestre y durante el verano hiberno, echo mis nieves entre la noche y la tierra, pero siento que los pájaros me encierran. Mis abuelos murieron de cirrosis cuando la Iglesia secuestró al Papa e inventaba un nuevo pecado. Por eso me hice perro enrabiado que sale a morder y se pierde hasta el hocico. Soy un kilómetro que detesta la milla, un Celsius envejeciendo y voy siempre detrás de las primeras patrias, una segundona. Me puedo interpretar porque entro y salgo por mis orificios, así como entra y sale el movimiento por las plantas - o arbustos - de mis pies. Al igual que un murciélago mi ombligo está lleno de sangre y veo que el rosal no tiene botones sino largas camisas. Para mí la vida es un pezón que grita y la muerte es maternidad. Entonces la guerra es una gran teta que siguen los hombres como unos desnutridos y disparan como unas madrastras en el intento del primer hijo. Quizás, tal vez, sin embargo, puede que sea. Cortaron mis piernas y pude caminar. Me cortaron la voz y tuve lengua. Me cortaron escribir y tuve manos.

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XXV

Divino e indivino cocino algo muerto en la olla - tumba del homo sapiens - y su aceite venga a nosotros tu reino. La boca guardé en mi boca para comer la pierna que caminó, la carne que carneó. Arroz, zanahorias, alcachofas, todo está fallecido. A lo lejos la mujer Magallanes descubre el norte, a lo cerca el hombre Alaska descubre el sur, pero no me importa el hielo, sino lo negro y veo cómo un personaje puede despreciar tanto a una persona. Yo fui Aquiles - hoy Talón - igual que las vírgenes tengo los ojos saltones por ver un pájaro mojarse en una cuchara y nado como un balleno con la música que recién escucha la ciencia. ¡Ay ombligos! hay.

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XXVI

Soy el país Cientonoventainueve - casi dos siglos, un Bicentenario - y me pregunto cuál es la distancia entre el bebe y lo viejo, entre la abeja y lo picado. ¿El agú, el zum? Ni todos los científicos. Mejor me baño en el río que se cruza con los muertos. Voy pretérito, voy futuro, con un millar de jajás a comer del único vegetal vivo que cuelga del Bosque. Ahí veo que el Humo y Vapor, iguales del fuego, caen al cielo así como el tren cae al viaje. Para su compañera, la locomotora, motor loco que siempre está aterrizando, no hay islas, sólo la dirección. Pero en el mundo ya no existe la tierra. Nosotras Pablo, Vosotros Pablo, Ellos Pablo. Mi volumen es 33, miro al suelo y soy esclavo. Si tan sólo mis piernas fueran más bajas que los pies sería libre, probablemente. Las prendas de vestir son animales transformados, por tanto yo soy faunos, ángeles. ¡El ombligo se me inflama de pelusas! Abro mi cogote al vampiro, porque sin sangre mis venas seguirán siendo las venas de la sangre y en vez de un padrastro seré un astro padre. Estoy esperando un hijo en la puerta de mi casa. Este universo es un fantasma que apenas se deja ver, por eso los fantasmas son universales y me enrojo, me azulo con las cenizas del primer choque.

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Antes de boca el pico y el hocico, que son lo más alto de las montañas. Grandioso el hocico del Himalaya cuando ladra. Grandioso el pico de Los Andes cuando grazna. Iré diciendo adiós a mi mamadera, sin embargo la muerte.

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XXVII

No me hago seguidor sino siguiente, soy Diablo con mis diabluras, Dios con mis diosuras y flameo como bandera en la luna. Dejo mi olor a los 360 grados - de esto son testigos – las mujeres producen alimento e imento y las bebas secretamente en su puño lo guardan. ¡Oy Alejandría con sus Alejandros! a través de la pupila hago mis pupilos y me siento un país sin Constitución llevando la concha del paraíso, mi siquiatría y lo que viene, pero acontece. Así soy tres magos sin reinado, con una corona de moneda. Pienso que el agua necesita de lo mojado y al agacharme lanzo lo malo. Con esto el cielo vara. Aquella codorniz cree que su huevo es el más egoísta y su pecho el más hembra. Codorniz hombre ¿qué piensas? Al serme dado todo en otro tiempo mi boca fue más profunda que la lengua. Luego de saberlo metí un caballo al ombligo y salió un caballero. ¡Tan fácil es la letra, tan difícil la palabra!


XXVIII

Yo mismo voy a mi osamenta, pero cuando digo Yo mismo, no sé a quién creerle. Poseo el gusto del disparo al encontrarme. Entiendo por humano quien rechaza la muerte, pero también me entiendo. Heme aquí, eme, varonil, brutal, digo la noche va en un pájaro. No hay píos, sólo un pico en el aire. Iré con un collar de ombligos hecho por una misma hambre - somos escritos por alimentados - sólo cinco miserables son los continentes: Asía, Oceanía, lo que sigue. Qué desperdicio de tierras donde fácil podríamos levantar un dios, una diosa, aparearse y un mono al descubierto. Pondré el ombligo en aquel collar y diré hete allí. Sin embargo, fue Pablo quien alentó a Pablo a morir el cardenal, la única flor que dice tener la Iglesia. ¡Para ella coliflores! Eché frío, con la leche maduré y al voltear las manos fui un documento a mi letra, con faltas gravísimas. Si el bello tuvo mala sangre yo tuve mala leche que se chorrea por mi hilo cayendo al extremo sur de mi circunferencia, donde crezco hasta el impedimento.


CUARTA PARTE


XXIX

Quizás hasta cuando conjugue en las seis instancias, desde el lejano Yo hasta el cercano Ellos. O multiplique yo por yo Mí, ellos por ellos Egoísmo. Quizás la ola del año diez reventando. O Jesús en la cruz reventando, Después de Cristo. Quizás el jardinero es el jardín, quien nunca dice sangre de mi sangre sino suelo de mi suelo. O repita podas y toses, antes podáis y toséis. Quizás la ombliga sea la primera gran hembra. O el ombligo sólo un machito. Quizás Madre sea el mejor símbolo de nacer y morir. O dar a luz y dar a oscuridad. Yo, que dudo de mi muerte y de mi nacimiento.

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XXX

En aquella plaza sin pájaras criando huevos pregunté: ¿cuáles estrellas en mi ropa, si no he matado? Sí, lo hiciste, aunque soy la Duda. Entonces matar a Pablo si tienen valiente el Yo, el Tu. En ese gobierno de poncios y pilatos dije: ¿cuál Democracia, si no hay Demos? Tan crático eres. Se me dio lo suficiente: ¡a César lo que es de ella! Antes de decirlo me corrí la paja del ojo. Como historiador soleado puse fecha a mi ombligo: el lado oscuro de la luna. Le puse color, té amargo y cacao, aroma de cráter y lectora. Le puse las pizcas del día y el pellizco - suficiente para hacer la noche - y el oído de la muerte que se hace el sordo. La Muerte es niño, Dios es niña. ¡Travestis, travestis!

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XXXI

Más lentamente soy traslación. Cuántos planetas no tendré, cuantos gases, ¿no? Es que llevo mi humus tan adentro, ¡tan! que arriba y abajo soy precipicio. Pero basta me hundan en el Titicaca, el lago más alto del Tartamundo, y pueda hablarles desde mi ahogo - hoguera en llamas - a los lagos más bajitos donde es suficiente la vida y suficiente la muerte, es. Los pueblos tienen su ombligo, los pobladores tienen su ombligo, el ombligo puebla como una Pachamama, pero ya no tenemos Pacha y la mama anda pezona, vaginona por parir un hombre novedoso. Nüremberg, recuerda el zk del 45 y ven a buscar esta humanitas, pero debes hacerlo con el orto de la conciencia bien abierto porque andamos con el pecho disparándose.

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XXXII

Yo urdo, urdo; yerro, yerro. Siento que abrir la muerte es un tajo insuficiente y dejo el cielo pasado cuando los pollos cantan con su pubertad y alcanzan la cresta. Bajo la hoja de un tabaco cruel, fumo - acaso morir me huma, me inciensa y oigo a las campanas que dicen: el metal aún existe. ¡Aleluya al ting, aleluya al tong! Si he de muerte, pongan en mi ombligo un Cuzco más, un Rapa Nui, más y más hasta lograr la planeta, la sol, la universo, la soy.

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XXXIII

Otóñate, verás que al parir te secas y asesinas pues sabes que tu hoja naciendo muerta estará. Pero lo llorar da aguas, entonces agua el terráqueo furiosamente para que las olas suenen como a cachetadas y la playa sea la mejilla del hombre en seco. Así castigarás el verbo Adán en cada oleaje. También los cristales rotos vuelven a ser arenas puestas en la tierra luego de brindar con uva liquidada por nuestro brusco paso aquí. Y un machote virgen me lenguó donde supo que hallar un ombligo es encontrar la muerte.

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XXXIV

Sí, fui la última cría y dejé a mi madre con los pechos más chicos cuando sólo teníamos Extranjero. De mujer chica a grande soltó: hijo Hay, dirás de ti Yo, de mí Usted y en mi ciclo de muerte un tajante Ella. ¡Seré tu peñasco! Yací en su ombligo días, adentro sangraba hasta que las venas, no con hambre, sino mucha sed. Por ello el castigo del bautismo. De niño prefería envejecer y verme joven, encontrar pelo en el mármol y buscar las cabezas que cortaron cuando moríamos de gripe.

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XXXV

Como un cuesco de boca en boca, este mugroso se levanta – orado - sin sacerdotes de negro o de blanca, sin el catequismo curioso de mis padres, con más muertos y más vivos alrededor. Acá estoy con los mismos tamaños, la manzana del cristiano no es la de un mercader. Ninguna fruta es tuya católica e iglesia, ¡pepa maldicha y barata! son de quienes refrescan el yeso, nuestros callos, como tumba abierta al tieso. Bah, no me basta el relinche, el cacareo de este metrallazo de ombligos que tiro a tus senos - una madre te pare plana para secar tu pechera de lechones, desconocidos en las rues de Paris o en el ex Reino de Chile con su poderío de adobe. Mientras un marido me huye soltero cuando llueve en otro lugar o tiembla en algún libro donde los comunistas hostian y sus delirios son tan hermosos como una mujer que esconde el corazón en la teta derecha.

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XXXVI

Llegué temprano a mi rostro, a tapar lo que cubre la noche - me saco la luna de la cabeza -. Pero la vista es mortal si Ve, la boca no es palabra. ¿Qué hago de pie frente a lo macabro? Un desayuno de frutas sin árboles, hervir el paño que tiene mi ombligo de Santo Sudario, y besar a mi amado, pero como un muerto me olvidarás. Mi madre en pleno cocimiento espera embarazarse de mí, una y otra hasta el sustantivo parto, y dirá: al fin tuve un hombre con rostro heroico.

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XXXVII

Con la insistencia de un borracho aprende esa niña la Ygriega. Sí, la niñez nos hizo sedentarios y su mal higiene nuestro primer vínculo con la muerte. Luego, pondrá las carnes a la mesa como hila-vacas y el cuchillo con el que jugó a matarme. ¡Si escondes tu cuello no me ahorcarás! El cuerpo tiene su justicia o soga. ¿Quién dijo esto? Lo tercero del pretérito Ser: ella fue. Lejísimos, las pescadoras en la última línea de cocaína se hundían en el ombligo de quién sabe, cuando adorábamos la rueda y la tierra era plana.


XXXVIII

Desde el cierre de la leche al gran paseo de la ebriedad - chao calcio fue una mascada a tu culo de negra, hoy cuero de animal que somos. En aquel jumper, diez, cien vueltas a la primera sangre. Este sostén a duras penas llevando tu tronco. Nietos: infancias antiguas y bla blás. Más que ancianos seremos ¡carajos! Mejor bébete el trago de clase media, irritante por no ser alto, y escucha el tarareo de la muerte que te mostrará sus lagañas para ostentar los ojos. Entremedio de tanta mariposa dicha, cae sobre tu ombligo una polilla muerta.


FINAL


XXXIX

Y así hubo un Chile, sin cuestión, tristeza aguda, grave y esdrújula. Contrario al hueso me dan miedo sus carnes y los rubios que no van a la cárcel. Una isla donde los soldados sonríen - sabemos de qué -. Sin sores ni sanes oímos a Glinka o Ludwig, música de difuntos para niñitos de un día, mientras abrazos indígenas para usted. Chile, mitad femenino, mitad femenino, padre de un viejo padre que mira al hijo toda una vez y a la vagina del hombre. Culpa del carnicero (Pablo conoce a Pablo) pues comienza a cortar sin saber el nombre de la mujer de Lot. Porque imbéciles hemos sido siempre, pero los lustrabotas acarician nuestros pies. En el ámbulo un miedo terrible con algodón no apto para negros. Shhhhhttttt, no sabemos si nos matará Dios Padre o la policía. Murmúrenlo cuando enganchen mi ombligo a la Embajada de Chile en Chile. Geografía mala, geografía buena, geografía.

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Indice

Te enfrentas al terror de dormir

5

Primera parte I II III IV V VI VII VIII

11 12 13 14 15 16 17 18 Segunda parte

IX X XI XII XIII XIV XV XVI XVII XVIII XIX XX

21 22 23 24 25 26 27 28 30 32 33 34


Tercera parte XXI XXII XXIII XXIV XXV XXVI XXVII XXVIII

37 38 39 40 41 42 44 45 Cuarta parte

XXIX XXX XXXI XXXII XXXIII XXXIV XXXV XXXVI XXXVII XXXVIII

49 50 51 52 53 54 55 56 57 58 Final

XXXIX

61


COLOFÓN:

OMBLIGOS de Pablo Maire se terminó de imprimir el día 01 del octubre del año 2011 en el taller de editorial FUGA en la ciudad de Santiago de Chile. El armado & impresión fue realizado por los miembros de la editorial utilizando técnicas caseras de encuadernación

http://editorialFUGA.cl


OMBLIGOS/PABLO MAIRE  

Ebook del libro Ombligos de Pablo Maire, publicado en 2011 por editorial FUGA

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