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Director: Alfredo Arturo Elizalde Contreras Diseño Editorial: Victor Andrés Elizalde Contreras Coordinadora de fotografía y video: Lucero Alejandra Peñafiel Castillo Ilustradora y compiladora artística: Atzin Edith Mendoza Hernández Jefe de corrección de estilo: Karla Mejía Jefe de crítica literaria: Gamaliel Valentín González Consejo editorial: Arturo Elizalde, Atzin Edith Mendoza, Lucero Alejandra Peñafiel, Emmanuel Reyes Relaciones públicas: Emmanuel Reyes, Lilleam Peñaloza Oficinas: Calle Navidad #4 col. Lomas de San Bernabé delegación Magdalena Contreras C. P. 10350

Editorial: Todo proyecto tiene un inicio y en este número, el personal que conforma “El Errante” quiere dedicar su trabajo a la mujer que nos vio abrir los ojos por vez primera y que nos ha llevado de la mano en cada momento difícil de nuestras vidas, con amor, paciencia y dedicación. A nuestras mamás y a las de todo el mundo, queremos desearles que no sólo el 10 de mayo, sino que todos los días reciban la cantidad de amor que se merecen. Por esas noches en vela cuidando nuestros sueños, por ese esfuerzo interminable que han hecho para darnos sólo lo mejor, por vivir cada logro y cada fracaso a nuestro lado sin dejar de sentirse orgullosas de nosotros, pero sobre todo por significar todo para cada uno de sus hijos, muchas gracias por inspirar el trabajo que hacemos cada día de nuestras vidas.

El errante mayo 2014/agosto 2014

¡Felicidades mamás! Con amor, El Errante, Revista Literaria.


Una violeta que no fue de más

Francisco Tario, de origen español, nació en 1911 en la ciudad de México. Su juventud fue multifacética, pues se dedicó a actividades como portero de futbol, hasta administrador de un par de cines en Acapulco. Su obra no es muy extensa, en este caso podemos aplicar la premisa "calidad y no cantidad es lo que importa"; efectivamente es lo que se lee en los libros La noche (1943), Tapioca Inn: mansión para fantasmas (1952), Una violeta de más (1968). No se le puede encasillar como autor de fantasía, realismo, realismo mágico, surrealismo, etc. porque cometeríamos un grave error. Francisco Peláez, su verdadero nombre, prefirió una vida tranquila para escribir, sin esperar ser afamado, criticado o formar parte de las verbenas literarias, puestas de moda por esos años, mucho menos formar parte de un "ismo". Alejandro Toledo, compilador y editor de Entre tus dedos helados (1988), menciona "[Tario] no se esforzó por aparecer junto con sus contemporáneos, si está ahí es como un fantasma, es decir como un ser invisible"; sin embargo esta distancia tomada por el escritor no le impidió relacionarse con diferentes


personalidades del espectáculo y del arte, tales como Octavio Paz, Helena Garro, María Félix, Lola Álvarez Bravo, Rosenda Monteros, por mencionar algunos. “Era un gran lector”, nos comenta Julio Farell, su hijo; de eso no hay duda, pues posee una maestría excepcional como cuentista. Dentro de su narrativa se encuentran implícitos una variedad de temas, en cambio otros son el aspecto medular para que el acto creativo ocasione un estado de "shock” en el receptor, un "knock out” según Cortázar. Descubrir a Francisco Tario es una experiencia frenética. Tario no solo fue escritor, sino un amante. Amó lo que tenía y este amor le dio la chispa para escribir. Durante el primer semestre de Letras Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, trabajábamos de forma grupal en la asignatura de Investigación, la maestra nos encargó la tarea de trabajar con un autor, que por consenso, nos fuera grato; en nuestro equipo hubo un compañero que mencionó a Lovecraft, ante lo cual hubo un mutuo acuerdo, sin embargo cuando la maestra nos preguntó el autor, desdibujó su cara de docente en la rutina, para después mostrarnos un rostro en el que se mezclaban la duda y el asombro, pronunció “qué les parece


Francisco Tario, les recomiendo “Una violeta de más”; nuestra reacción fue como la del empleado que da la razón al jefe para no perder su puesto. Como el nombre nos era completamente desconocido empezamos a consultar en la Biblioteca Central y en la Biblioteca Samuel Ramos, buscar en Internet. En cuestión de dos semanas la curiosidad del equipo dio resultados, no sólo encontramos información biográfica y bibliográfica, sino que nos dimos cuenta que permanecía aparentemente olvidado, a no ser por un estudioso de su vida y obra, Alejandro Toledo. Desde ese momento nos adentramos en los cuentos de Tario: nos sedujo su estilo, el hecho de prestarle voz a los objetos, un sentimiento de nostalgia casi constante en su narrativa, en pocas palabras hechizó a los cinco integrantes del proyecto. No puedo precisar en qué momento las palabras proféticas de nuestra profesora se hicieron realidad “Ustedes como lectores no buscan al autor, es el autor quien los encuentra a ustedes”, el hecho es que un amigo casualmente se enteró de que se inauguraría una exposición de fotografías en torno al literato en el Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, así que no


nos quedó otra opción más que ir. Para el colmo llegamos tarde al evento. Escuché que alguien susurró “ése es el hijo de Francisco Tario”. Tengo que confesar que me llamó la atención su barba a la Rabindranath Tagore; entonces me acerqué un poco temeroso, “Hola maestro vengo de la Facultad de Filosofía y Letras, la maestra nos encargó un trabajo acerca de Francisco Tario, ¿me concedería una breve entrevista?”, inmediatamente me miró, mostró una sonrisa, para después felicitar, a tono de broma, a nuestra maestra, por habernos designado a tal escritor. Inicialmente nuestro trabajo era el análisis literario de la obra, a cada uno de los integrantes nos tocó cierta temática a analizar, escogí la forma en que Tario aborda a la muerte en varios cuentos (“Entre tus dedos helados”, “Asesinato en Do sostenido mayor”, “Ave María purísima”, por mencionar algunos), por esta razón la entrevista realizada a Julio Peláez Farell adquirió cierto sentido. He aquí.


1.- ¿Cuál cree usted que haya sido la causa de la habilidad de Tario al escribir? Él era muy observador, muy sensible y un gran lector; cuando no estaba escribiendo, estaba leyendo, era su pasión, entonces yo creo que esto sirvió para despertar más la sensibilidad que tenía y darle un gran conocimiento, para luego escribirlo. 2.- ¿Cómo manejaba Tario el tema de la muerte? Eso es difícil, habría que preguntárselo a él, pero yo creo que sí, se burlaba un poco de ella y a la vez le temía; de hecho, cuando él falleció yo estaba con él en el hospital, momentos antes, el doctor, (ellos a veces, por su trabajo se vuelven muy insensibles y muy bruscos) lo estaba auscultando y le dijo: “¡respire!”, mi papá pues ya estaba falleciendo, entonces se voltea y, sin perder hasta el último momento su sentido del humor, le dice, “¿cómo voy a respirar, como si estuviera en el parque?”, entonces el doctor se quedó helado, lo desarmó por completo, me llamó y me dijo: “a su papá le queda muy poquito, póngale la mano en el pecho y cuando vea que deja de latir el corazón, nos habla para ver si lo podemos revivir” casi en cuanto salió el doctor dejó de latir el corazón. Estos fueron sus últimas palabras y momentos, antes de su muerte conservó su sentido del humor.


3.- Maestro, quisiera saber, ¿usted cuando platicaba con su padre, él le revelaba alguna visión en cuanto a la muerte? No. Ese era un tema para él, no comentaba con nosotros nada de eso. Cuando él escribía sí nos pedía opinión sobre el título de un libro o se lo daba a leer a mi mamá, a ver si coincidía con lo que a él le gustaba o nos daba a leer a nosotros, para él oír cómo le sonaba lo que había escrito, pero del tema de la muerte, así abiertamente, no nos hablaba. 4.- Tengo entendido que Tario vivió gran parte de su vida en España… Sí claro y ahí está enterrado. 5.- En su narrativa, ¿Francisco Tario tiene folclor mexicano o español? Pues tiene folclor mexicano y folclor español, obviamente sus papás eran españoles y él vivió en los dos lados, de hecho estudió en un colegio en Llanes, en Asturias, que era el pueblo de mis abuelos y ese colegio aún se conserva, pero ahora es un hotel del pueblo. Entonces él vivió en los dos lugares, entonces como nos ocurre con los que vivimos en dos países, amamos a los dos países y nos identificamos con los dos. 6.- Usted, como pintor, ¿se identifica con las dos culturas?


Yo sí, no puedo negarlo, de hecho ahí estudié, ahí me casé, ahí nació mi hija, de hecho le tengo un amor a España, pero soy mexicano, nacido en el Sanatorio Español. La mitad de mi vida la ha vivido en un país o en otro. Aquí tengo alrededor de veinte años. Me fui de niño de México y ahí viví, no solo en España, sino en Europa, pues viví en varios países. 7.- Maestro, en su obra pictórica, ¿hay algún punto donde usted tenga matices de Francisco Tario? Mi papá me apoyó siempre muchísimo en las actitudes que yo tenía de querer pintar. Normalmente la pintura es muy difícil que deje dinero, los papás casi siempre desvían esa actitud de los hijos para que estudien medicina, o algo que sea más provechoso en la sociedad. Pero no, mi papá siempre me apoyó, desde el principio me alentó, le gustaba mucho lo que yo hacía. Hace algunos años cambié de forma de pintar; al principio, cuando yo empecé, pintaba construcciones derruidas, que en cierta forma es un poco la muerte en edificios, la muerte de una puerta; curiosamente una vez pinté una puerta, que estaba ya realmente en las últimas, cayéndose, con la madera carcomida. Me fascinó la puerta, la pinte; pocos días después pasé y ya


habían cambiado la puerta, habían puesto una nueva, en cierta manera yo fui el último testigo de los últimos momentos de esa puerta, en cierta forma se le podría llamar la muerte de esa puerta, muerte de ese edificio, muerte de esa fachada, muerte de esa ventana. Hoy ya tengo una forma de pintar, desde hace seis años, todavía no lo he expuesto, estoy interpretando cuadros famosos, los hago a mi manera. 8.- ¿Influyó su padre en su manera de pintar? No. Simplemente él me dijo “haz lo que realmente piensas hacer” y a él le gustó todo lo que yo hice, de hecho lo último que escribió mi papá en vida, me lo escribió a mí, sobre mi pintura, yo tenía una exposición en Madrid y la que escribía una columna de un periódico inglés, que se publica en Mayorca, España, que se llama Iberian Dairy Sun, me dijo “no te voy a poder escribir nada porque mi marido está muy grave, entonces yo te cedo la columna y si tú tienes un buen texto, te lo ponemos”, entonces yo le dije a mi papá, esto fue en noviembre y en diciembre se murió, me dijo:“no, sabes que yo ya no escribo, desde que murió tu mamá, yo ya no escribo” y yo me enojé, la verdad, egoístamente me enojé a pensar “que egoísta soy, mi papá está enfermo, no tengo porque obligarlo a hacer algo”,


regresé, casi como para pedir perdón y cuando entré me dijo “Julio ya te lo escribí, ahí lo tienes, a ver si te gusta”, lo leí, se me salieron dos lágrimas, era precioso y entonces yo lo llevé al periódico, lo tradujeron al inglés y mi papá se sintió muy satisfecho y muy orgulloso cuando ya vio su crítica en el periódico, traducida al inglés, con un cuadro de mi elaboración. Eso fue en noviembre y en diciembre murió. Fue el último texto, es un texto muy bello. 9.- Desde su opinión, ¿cuál fue la chispa que impulsó a Tario a tomar la pluma? Pues yo pienso que fue mi mamá, porque mi mamá era una mujer bellísima, pelirroja, de ojos verdes. Octavio Paz dijo que era la mujer más bella que había conocido, de hecho Octavio Paz vivía al ladito de la casa donde vivíamos, compartíamos la pared de los jardines; cuando mi mama se asomaba y abría la ventana al despertarse, le daba la luz del sol en su pelo; decía Octavio Paz que eso le sorprendía enormemente y quiso conocer a la familia y pues se hicieron amigos. 10.- ¿Y la chispa de Usted? ¿La mía? Pues la mía yo creo que fue la familia, porque mi tío era pintor, el hermano de mi papá era Antonio Peláez, ya


fallecido, y tuve a mi papá, que obviamente era escritor; era polifacético porque pues él escribía, tocaba el piano, tomaba unas fotos maravillosas, muchas de las que están aquí son de él, fue portero de futbol, entonces toda esa cultura que él tenía, todo ese encanto, pues me lo transmitió, pero pues yo soy una persona muy sensible, lo capté adecuadamente y siempre tuve un apoyo, un estímulo desde niño, yo quería ser pintor. Los amigos de mi papá me preguntaban:“¿qué quieres ser de grande?”, “pintor” les decía y se reían porque los niños dicen: bombero, astronauta; pero yo lo cumplí y fui pintor, siempre tuve el apoyo de mi papá. En los cumpleaños me decía: “¿Qué quieres que te regalemos?”, “¡Pinturas!”, “pero, ¿otra vez pinturas?”, “pero es que ahora quiero estas pinturas”, o venía mi mamá y me decía “Ya llegaron los invitados de tu cumpleaños, vístete que están abajo”, “No es que tengo que terminar esta pintura”. 11.- Maestro, la última pregunta ¿Por qué al igual que su padre, usted se quitó el primer apellido? Yo me llamo Julio Peláez Farell, y me dejé solo el segundo por mi mamá, así se apellidaba ella.


Así terminó la charla con Julio Farell, quien al retirarnos me ofreció su dirección para vernos otro día. No he vuelto a contactarlo porque la promesa para hacerlo fue que se publicara la entrevista.

Eduardo Rodríguez Torres

El errante no.3 Complemento  
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