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WILL EISNER The Spirit (“Il Duce’s Locket”), 1947 Dibujo para una viñeta de periódico, publicado el 25 de mayo, 1947. Exhibida en el MOCA. Colección de Denis Kitchen. © Will Eisner Estate.

mir riesgos, paso a paso, viñeta a viñeta– creó un estilo instantáneamente reconocible y no sólo gracias a los personajes, actualmente considerados como iconos. Peanuts, sin duda, es el apogeo de la tira cómica descrita con simpleza. Nadie como Schulz ha puesto tanto cariño a la hora de dibujar a sus personajes ni tanta lucidez para narrar sus historias. Por su parte, Thimble Theatre, de Segar, allanó el camino a Mickey Mouse, Bugs Bunny y otros comics afines –en la pantalla no menos que en las páginas impresas–. Por último, las aventuras audazmente descritas de Caniff y Gould pusieron los cimientos para la legión posterior de superhéroes, incluyendo a los de Jack Kirby (el único de los “maestros” cuya obra consta exclusivamente de historias sobre héroes disfrazados que luchan contra el crimen). Los comics de Caniff y Gould –narradores de aventuras domésticas y exóticas en tiempos de guerra– también influyeron en la obra, más sofisticada desde el punto de vista narrativo y moral, de Will Wisner y Harvey Kurtzman, dos brillantes copistas cuya perspicacia hacía mucho más verosímil un cuento espeluznante y mucho más mordaz una sátira maliciosa. 44 · ARTECONTEXTO · DOSSIER

La forma de la tira cómica no es más que otro fenómeno propio de la modernidad, pero sus dos “edades doradas” establecieron patrones que pueden describirse en términos pre-modernos: la “barroca” y la “clásica”. La edad dorada moderna del cómic propiamente dicha llegaría en los años 60 y 70, la etapa de los “komix” underground; y sin duda el Picasso de los libros de cómic modernos sigue siendo R. Crumb, pues si las creaciones de éste último daban lugar a frases célebres y estilizaciones hiperbólicas que derivaban en exuberantes apologías del sexo y las drogas o en la introspección auto-paródica, sus sucesores se han limitado a elevar el tono. La exposición incluye trabajos de Art Spiegelman y Gary Panter, hiperconcientes historiadores del género que surgieron en los años 80 y que actualmente son los estandartes de otra edad dorada: la postmodernidad de los libros de comics. Maus, de Spiegelman, es una fascinante tira cómica, tanto por sus conceptos visuales como por la desgarradora historia que narra. Pero en trabajos anteriores, Spiegelman había practicado todas las formas posmodernas del historicismo y la reflexividad, llegando a reciclar incluso los reciclajes del propio Crumb. Jimbo, de Panter, trata el arte del cómic como una forma marginal y se desarrolla, entre muchos otros rasgos embarazosos, en medio de una torpeza y un tono obsesivo deliberados. Con este nuevo siglo que comienza, aparece Chris Ware para instituir, según parece, una nueva edad dorada con un solo protagonista. Entre los antecedentes de su obra pueden citarse el adusto claroscuro de las novelas gráficas, los bajorrelieves expresionistas, la exagerada complejidad de los juegos de mesa para niños y los pixelados dibujos hechos por ordenador. Las tiras de Ware son a la vez insuperablemente densas y confortablemente lógicas, llenas de detalles pero dibujadas y escritas de tal modo que cada matiz puede verse y leerse con total claridad. En cierto modo, el estilo de Ware recobra las asimetrías dinámicas y la coherencia estructural de la arquitectura deconstruccionista –o si se prefiere, neo-moderna–. La neo-modernidad de Ware se apoya no sólo en la claridad de Crumb, sino también en la vivacidad del clasicismo de Eisner, Kurtzman y Gould –e incluso en las elaboraciones barrocas de Herriman y McCay–. Como ya dije, la selección de Masters of American Comics se redujo a quince artistas. Desde luego hubo muchos más maestros del género en los Estados Unidos durante el último siglo, y es natural que los aficionados se sientan ligeramente ofendidos por la ausencia, digamos, de Rube Goldberg, Walt Kelly o Robert Williams. Todos tenemos nuestros favoritos. No obstante, si ninguno de los suyos está entre los elegidos, una visita a la muestra –o a las muestras– puede servir para agregar alguno a su panteón particular. En efecto, es posible que usted no haya oído hablar de figuras actualmente olvidadas como Eisner y Kurtzman, o de talentos como Panter o Ware, cuyas obras no han llegado aún al público de masas. Asimismo, es posible que no haya reparado nunca en la calidad y versatilidad de maestros pioneros como Feininger y King. La exposición se concentra en aristas individuales y no en la historia del medio. Por otro lado, el hecho de limitar la selección a Norteamérica no obedece a un criterio nacionalista, pero sí arroja luces sobre una sensibilidad y una pasión nacionales. * Peter Frank es curador del Riverside Art Museum y crítico de arte para Angeleno Magazine y L.A. Weekly.

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ARTECONTEXTO Nº10.  

Dossier: COMIC WORLD / MUNDO CÓMIC 2006

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