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) Masters of American Comics

Hammer Museum & Museum of Contemporary Art de Los Ángeles

GARY PANTER RAW No.3, 1981 Portada de la revista RAW. Exhibida en el MOCA. Colección de Art Spiegelman. Autorizada por el artista y Pantheon Publishers.

Por Peter Frank* ¿Se pueden considerar los comics como “arte”? ¿Son los museos de bellas artes su lugar de destino? Nadie cuestiona la idea de archivar o exponer comics; como maravillas técnicas o en calidad de influyentes muestras de cultura popular, han sido coleccionados como artefactos históricos e incluso como literatura. Pero si los comics merecen ser archivados en las bibliotecas, ¿vale la pena exhibirlos bajo el mismo techo junto a pinturas y esculturas? Asimismo, ¿funcionan los comics igual de bien en una pared que en una página? Para que un comic sea un comic, ¿es necesario leerlo o basta con mirarlo? La exposición Masters of American Comics, comisariada por John Carlin y Brian Walker es un intento de mostrar que podemos ver los comics como un fenómeno visual, independientemente de las historias que cuentan. Algunas de las elecciones de la muestra refrendan esta afirmación, otras no, pero cada página y cada panel están dispuestos de tal modo que la potencia visual alimenta y se integra completamente con la potencia narrativa. La exposición tuvo como sede a dos de los museos más importantes de Los Ángeles, cada uno situado en un extremo de esta gigantesca metrópolis. Posteriormente fue trasladada al Este y se presentara en Nueva York en el Jewish Museum y en el Newark Museum. La separación geográfica puso los comics de la primera mitad del siglo XX en una sede, y los comics de la segunda mitad en la otra. Si bien esto puede parecer desconcertante, también obliga al espectador a tomarse un necesario descanso de al menos un día entre su visita a las dos secciones. Masters of American Comics fue una 42 · ARTECONTEXTO · DOSSIER

exposición inmensa, llena de información visual y verbal, la mayor parte de la cual se encontraba en el propio material (los rótulos de las paredes y los objetos eran minuciosos pero agradables, informales y fáciles de leer –en muchos casos mucho más fáciles de leer que las tiras cómicas adjuntas). La instalación de las obras era francamente atractiva, bien en las paredes o en prolijas vitrinas de diseño elegante, cosa que hacía relativamente fácil apreciar las piezas. Este tipo de instalación revelaba, irónicamente, que por lo general hay que hacer cierto esfuerzo para leer los comics. Ninguna forma de arte, ningún otro medio de comunicación ha sido diseñado para ser consumido tan fácilmente (aunque también de modo tan extenso y sustancial) como los comics. Pero con su elaboración lineal y su sucesión de cascadas de diálogos, los comics ponen ante el espectador/ lector una imaginería profusa y abigarrada. Dicho exceso visual funciona bien cuando se observa –o mejor, cuando se lee– en una mesa o en un escritorio. Pero si se intenta leerlos de pie pronto empiezan a dolernos los pies. El propósito de esta muestra es que nos concentráramos en las cualidades gráficas de los comics. Desde luego existía la posibilidad de leerlos en las paredes o en las vitrinas, pero los dedos de los pies no tardaban en hincharse y palpitar. Al menos en las exposiciones de Los Ángeles no había sillas o bancas, excepto en un par de puntos estratégicos donde era posible hojear algunas antologías en las mesas de lectura –que se han convertido casi en un sello distintivo de las exposiciones en museos norteamericanos de todo tipo– (El uso de

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ARTECONTEXTO Nº10.  

Dossier: COMIC WORLD / MUNDO CÓMIC 2006

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