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hechos con líneas expresivas (que aquí he llamado monigotes), una energía que se irradia más allá de las imágenes de sus pinturas, trasladan la cualidad existencial del arte abstracto norteamericano de los años 40 y 50 a una obra figurativa creada a partir de los años 60. El artista británico William Hogarth fue el padrino de este enfoque del dibujo –el Dickens de los monigotes y los diagramas–. Populares desde muy pronto, sus pinturas e impresiones como The Harlot’s Progress y The Rake’s Progress eran complejas escenas visuales que, leídas de modo secuencial, contaban la historia del respectivo personaje principal. Su complejidad y socarronería era no sólo visual sino también temática. Al final de su carrera Hogarth desarrolló una serie de enigmáticos puzzles visuales tales como The Battle of the Pictures, además de un estudio titulado The Analysis of Beauty, que sirve como manual de instrucciones para crear imágenes y como un comentario irónico sobre el arte representacional. En la principal escena del primero de los dos paneles vemos un jardín poblado de imágenes que ilustran la historia del arte clásico, desde esculturas griegas hasta libros contemporáneos con ilustraciones. En la escena, Hogarth emplea una variedad de gags visuales que ilustran y desmontan el modus operandi del arte representacional: la yuxtaposición de un detallado dibujo de los músculos de unas piernas masculinas y una bota tirada en el suelo; más atrás vemos a un hombre bien vestido que sostiene el brazo de una escultura desnuda. Al borde hay algo todavía

WILLIAM HOGARTH The Battle of the Pictures,1745. Rosenwald Collection

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más insólito: una serie de dibujos del tipo “hágalo usted mismo” que muestran la amplia variedad de métodos existentes para representar imágenes en papel. Estos dibujos van desde retratos clásicos tridimensionales pintados con todo lujo de detalles hasta monigotes de cómic. Hogarth compiló todos estos efectos para exhibir su habilidad composicional pero también lo hizo para elaborar una crítica dieciochesca de aquello que Marcel Duchamp llamaba despectivamente “arte retinal”, un arte que refleja la apariencia del mundo en lugar de explorar su significado. Duchamp empezó su carrera publicando ilustraciones humorísticas y utilizó recursos diagramáticos del cómic en su obra maestra La novia desnudada por sus pretendientes. La crítica de Duchamp hacia el arte representacional en la cultura occidental se lanzó directamente contra la idea del Renacimiento, revirtiendo sus ideales humanísticos de un modo que se ajustaba a la era de la maquinaria democrática que el artista encontró en Nueva York junto a las tiras cómicas. No obstante, en comparación con los comics, el enfoque del arte moderno siguió siendo clásico. Y los auténticos herederos del enfoque renacentista bien pueden haber sido los propios caricaturistas, que inventaron una forma vernácula de expresión visual para una era predominantemente visual, en sintonía con los escritores del siglo XV como Dante, Rabelais, Cervantes y Chaucer, quienes abandonaron el latín y empezaron a escribir en el lenguaje de las plazas de mercado para la gente del común. Krazy Kat, de Herriman, es un gran ejemplo de cómo algunos de los artistas del siglo XX empezaron a usar los comics para divertir e informar a la gente valiéndose de una forma depurada del lenguaje callejero. Krazy Kat es una obra maestra del arte de los monigotes donde unos dibujos aparentemente tontos y unas historias elementales se convierten en parábolas de la representación y la realidad tan complejas como Don Quijote –un libro sobre literatura popular que adopta la forma de literatura popular. En una página dominical (con fecha del 24 de mayo de 1936) Herriman jugaba deliberadamente con la idea del arte, en la línea del Analysis of Beauty de Hogarth, pero de un modo que hacía innecesaria la educación clásica. El panel del título nos muestra una imagen de Krazy Kat vistiendo un cuello ornamentado típico de los retratos de la pintura clásica. En la viñeta inicial vemos a Offisa Pup sujetando un pincel y una paleta frente a un caballete mientras Krazy, intrigado, se asoma al cuadro. El tercer panel nos revela que se trata de un retrato de Ignatz Mouse en la cárcel, la obsesión de Pup y el verdadero amor de Krazy. Este último roba el cuadro y en su escapada se encuentra con Mesa. Finalmente Krazy cuelga el retrato en la ventana de la cárcel de tal modo que luce idéntico al “verdadero” Mouse encarcelado. Pup pasa por allí, ve el cuadro y le comenta a un crítico de arte: “ahí está el original de mi pintura”. La respuesta del crítico (“déjanos ver tu obra maestra”) demuestra su confusión entre arte y realidad. La nueva obsesión de Pup por el arte da carta blanca a Ignatz para lanzar un ladrillo a la cabeza de Krazy en el último panel, mientras el personaje reflexiona

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ARTECONTEXTO Nº10.  

Dossier: COMIC WORLD / MUNDO CÓMIC 2006

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