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la condición postmedia Madrid MediaLab - Centro Cultural Conde Duque Coproducción: Neue Galerie Graz (Austria) y Medialab Madrid

una selección ciertamente institucional de la que sólo cabe aquí mencionar las proyecciones de GRAF+ZYX, los vídeo tableaux vivants de Muntean/Rosenblum, las palabras subliminales de Ruth Schnell y las cartografías comunicativas de Annja Krautgasser (que como otras instalaciones no funcionaba en una segunda visita). Quién mucho abarca

La modernidad como antigüedad, como clasicismo VICENTE CARRETÓN CANO Resulta agotador tener que insistir una y otra vez sobre lo obsoleto de indexar la creación actual de los mundos de vida glocalizados con su condición postnacional bajo las etiquetas de los nacionalismos. ¿Hasta cuando la estrategia de ARCO por asegurarse el patrocinio de sus “selectos” invitados va a seguir empantanando la vida cultural capitalina con el desembarco masivo de embajadas artísticas filtradas por los poderes hegemónicos nacionales, propiciando una visión del arte como relaciones públicas del poder político? La condición postmedia es una exposición, enmarcada dentro de la última invasión austriaca, justificada teóricamente por Peter Weibel, el artista-teórico que nadie se atreve a contestar, cuyos tentáculos se expanden por toda Europa desde su taifa del ZKM, el museo para el arte de los media que dirige en la ciudad alemana de Karlsruhe. Que Viena fue una de las psicogeografías sobre las que se levantó la modernidad europea, nadie puede ponerlo en duda. Como tampoco puede negársele al arte austriaco su condición de pionero experimentador con los nuevos medios creativos de la performance, del vídeo o de los sistemas electrónicos interactivos, después de la magnífica exposición Re-play, sobre los comienzos del media art internacional en Austria, que Sabine Breitweiser comisarió para la Generali Foundation de Viena en el año 2000; ni tampoco olvidarse su papel de promotor aventajado de festivales que animaron el cotarro electrónico durante los últimos veinte años desde las ciudades de Linz (Ars Electronica) y Graz (Film+Arch). Pero uno se resiste a pensar que los artistas seleccionados en esta y otras exposiciones coincidentes, representen lo más granado de los frutos de tamaña insistencia y dedicación por lo moderno y lo mediático. De ser así, tanto esfuerzo por la tecno-cultura habría resultado en vano. Con todo, deben de ser los idóneos para ilustrar la “gloriosa” tesis del asesor científico del proyecto. Mucho ha tardado Weibel, que participó desde muy pronto de dicha escena, en darse cuenta de la paridad de las artes y los materiales artísticos (la condición postmedia), que en España (donde supuestamente aún estamos de ida y no de vuelta), ya en 1972, Simón Marchán conceptualizó como “la superación de los límites categoriales de los géneros [artísticos]”. Sin embargo, lo más preocupante de lo que se presenta como arte austriaco postmedia es el excesivo regodeo con la recuperación de los hitos y códigos de las vanguardias en clave formalista. El reciclaje de la modernidad como antigüedad y su vuelta como clasicismo en otro ciclo de lo moderno, con la ubícua implantación de lo distópico suplantando la difusa tiranía de lo utópico. La condición postmedia es

LOIS RENNER Kenzo, 2005. Cortesía del artista

poco aprieta y además el antipático espacio del Conde Duque se ahoga con tal exceso de mercancías. Uno ya no sabe si esta en ARCO o en el centro de Madrid, devenidos ambos topologías de severa vigilancia, en lo micropolítico y en lo artístico. De lo que sí estamos seguros es que Konrad Becker –el nosferatu electrónico que con su Public Netbase t0 (instituto para las nuevas tecnologías de la cultura)– magnetizó la mirada internacional sobre la entonces ruina de lo que hoy es el flamante Museums Quartier de Viena, víctima de la especulación con el inmobiliario cultural y la represión de la disidencia intelectual, propiciadas por la política del actual gobierno, al ser borrado por incómodo del mapa cultural austriaco– habría sido mejor sensor, al menos independiente, para tomarle el pulso a la verdadera realidad del media art por aquellos lares. Eso sí, más allá de la selección institucionalizada, jerarquizada y decadente de los museos, los festivales y el poder político, con su visión del arte como sector terciario, de “servicios”, mensurables por las agencias inmobiliarias, los patronatos de turismo, el Ministerio de Educación y Cultura y la embajada de turno, pero sin valor social o simbólico. ¿O he de decir postsimbólico? ¡Humm! Tendré que consultarlo con Frank Hartmann. CRÍTICAS · ARTECONTEXTO · 133

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ARTECONTEXTO Nº10.  

Dossier: COMIC WORLD / MUNDO CÓMIC 2006

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