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los Ángeles 1955-1985 París Centre Georges Pompidou

El look de Los Ángeles MARIANO NAVARRO Antes de centrarme en la exposición objeto de crítica quisiera apuntar un par de ideas que inevitablemente me vinieron a la mente durante la visita. La primera, cómo –en sus más de tres décadas de existencia– este museo forma parte de una generación cuya mirada, en cierto sentido, ha sido forjada por la institución, convertida en una de las guías imprescindibles y fundamentales. La segunda, derivada directamente de esta, venía confirmada por las palabras de su actual director, Alfred Pacquement, en su introducción a la muestra: “El Centro Pompidou, que desde su origen se encomendó como misión recorrer el arte y su historia desde los inicios del siglo XX a través de ciudades, países o continentes, sin límites geográficos, debía abordar un escenario cuya actualidad es tan absolutamente presente”. Fidelidad a un proyecto, distinción entre arte e historia del arte, compromiso con el presente. He ahí tres razones por las que forma parte de nuestra instrucción, y tres argumentos que deberían ser de obligado cumplimiento en nuestros museos y centros de arte contemporáneo. Los Ángeles 1955-1985 prolonga la serie de muestras dedicadas desde los años setenta a las relaciones París-Nueva York, París-Moscú, ParísParís y París-Barcelona y lo hace, por primera vez, dedicándola a una sola ciudad, a la que considera, por así decirlo, compañera y antagonista de Nueva York. Catherine Grenier, comisaria y editora del imprescindible catálogo, aduce que el periodo elegido es relativamente arbitrario y sustentado no en algún suceso determinante, sino en dos mutaciones relacionadas con cambios profundos en la escena artística: la migración de artistas de la generación Beat de San Francisco a Los Ángeles mediados los años cincuenta y el desarrollo de los museos, del sistema de galerías y de un nuevo tipo de coleccionismo durante los años ochenta. El factor diferencial con Nueva York –Grenier lo denomina vector esencial común al conjunto de los artistas de la ciudad– es el valor que en Los Ángeles se concede a la noción de experiencia, sea esta tecnológica –luz artificial, química de los policarbonatados, incluso de la cerámica–, vital –lo que la convirtió en el centro más abierto a la performance y a prácticas en las que la ironía o el más ácido sarcasmo forman parte natural del paisaje artístico–, e integradora de disciplinas –cine, teatro, poesía, música– sin el romanticismo idealista de las vanguardias. Dicho en una frase rotunda, si en Nueva York el arte remite a una idea del arte, en Los Ángeles el arte remite a una idea de la vida. Un total aproximado de medio millar de piezas, que incluyen pintura, escultura, video, instalaciones, fotografía y, cómo no, películas, montadas con el sistema habitual, un tanto cargado, del Centro trazan un recorrido no cronológico –el catálogo, sin embargo, sí se organiza secuencial-

JOHN BALDESSARI Kiss/Panic,1984. Toni and Martin Sosnoff Collection © John Baldessari

mente– que empieza –tras el cínico homenaje de Ruscha a la Twenteeth Century Fox– con los assamblages de Edward Kienholtz y concluye con las pinturas de Larry Pitman y la proyección de varios filmes underground, donde hay varios puntos especialmente contundentes. Las obras posminimalistas de Larry Bell, sus célebres cajas de vidrio, y las esculturas de plexiglas y lacas acrílicas de Craig Kaufman; las piezas de luz de Robert Irwin y James Turrell; las que ahora me parecen nostálgicas pinturas de Richard Diebenkorn y el David Hockney de su primer viaje a la ciudad californiana; la impresionante sala del gran John Baldessari y su continuación en la de muchos de los artistas conceptuales –Chris Burden, Allan Kaprow, Allen Ruppersberg, Mike Kelley, Paul McCarthy y David Lamelas– algunos de los cuales fueron integrados por él como profesores de la UCLA, ¡en 1970! –en el catálogo una fotografía recuerda Cremation Project, de ese mismo año, cuando Baldessari quemó todos los cuadros que había pintado hasta entonces–; las extraordinarias fotografías de Denis Hopper y los fluorescentes de Bruce Naumann; el grupo pionero de artistas feministas, con Judy Chicago y Miriam Shapiro; las esculturas de Robert Therrien, las instalaciones de Mike Kelly y los primeros vídeos de Bill Viola. CRÍTICAS · ARTECONTEXTO · 109

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ARTECONTEXTO Nº10.  

Dossier: COMIC WORLD / MUNDO CÓMIC 2006

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