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CUENTOS Y MICROCUENTOS Grabando

Ana González Juliana Alvarán Estella Agudelo Laura Cano Inés Hernández Lizeth Patiño Fernanda Garza Valentina Reyes Vanessa David

Manuela Monsalve Elisa Hurtado Camila Castañeda Andrea Álvarez Daniela Villegas

Proyecto ganador de la Convocatoria de Estímulos para el Arte y la Cultura 2020, Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín


Agradecimientos, El equipo de Arte-Sanas en Cuarentena, Jorge Giraldo y Lorena Agudelo queremos agradecer a cada una de las mujeres que se sumaron a esta iniciativa que dio forma y tuvo pies, gracias a ustedes que siempre supieron estar; a pesar de sus diferentes compromisos. Por la apertura y entrega demostrada en cada trazo, en cada palabra, en cada cuento. Queremos agradecer la valentía que demostraron al hablar sobre asuntos que en ocasiones sintieron que quebraba su fortaleza. Gracias por emprender este viaje que recorrió lugares tal vez negados, incómodos o ignorados. Por tejer historias, caminos, complicidad y sobre todo crear hermandad; en tiempos que la virtualidad permea nuestra condición de ser humano, tratando de desarraigar la posibilidad de crear tejido social. Construir, resistir, resignificarse fueron palabras que marcaron indudablemente este viaje. Sin desconocer esa posibilidad de sentir, de tener dudas, de cuestionarse. De reconocer que no todas tejen con el mismo estilo, ni con el mismo hilo. Que a veces simplemente no hay que reinventarse, sino amarse y amar el silencio que lleva a ese viaje interior que sana. Infinitas gracias por pertenecer, y por resistir a caer.


Introducción Arte-sanas en Cuarentena nace como una apuesta desde el arte y la psicología dirigida a mujeres, con el ánimo de potencializar y visibilizar su rol como agentes transformadores de sus propios procesos personales, dar un espacio de reconocimiento a sus pensamientos y sentires subyacentes a la cuarentena. Además, brindar herramientas que ayudaran en el conocimiento y canalización de sus emociones y sentimientos; muchos de estos nuevos o desconocidos, dadas las circunstancias en las cuales estamos inmersos por la pandemia. Se inicia esta aventura gracias a que la propuesta fue ganadora en los estímulos para el Arte y la Cultura 2020, de la Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín, en la convocatoria especial para artes no escenicas; línea de formación. El enfoque de Arte-Sanas en Cuarentena estuvo enmarcado por los encuentros virtuales que se realizaron por diferentes plataformas con las mujeres, que a través de convocatoria abierta decidieron sumarse a dar forma y realidad a este proyecto. Entre las medidas preventivas dispuestas para mitigar los efectos de La COVID-19, se encuentra el aislamiento social. Por tal, se hizo indispensable hacer uso de los recursos virtuales que posibilitaran el adecuado desarrollo de este trabajo. Cabe anotar, que para dar inicio al desarrollo de este proceso no se instauró como requisito que las mujeres participantes tuvieran algún conocimiento o estudio en arte y/o psicología. Se partió de la premisa de dar acompañamiento y herramientas para el manejo de la ansiedad en los tiempos de COVID-19. Indistintamente de la condición social, política, económica, religión y posturas filosóficas de cada mujer; lo primordial era tener el deseo de hacer parte de esta iniciativa.


Al recorrer las páginas de este libro podrán apreciar microcuentos construidos por las mujeres participantes, que a partir de ejes temáticos como: el reconocimiento de emociones y sentimientos, estados de ansiedad y resiliencia; desarrollaron posterior a cada sesión un microcuento que habla de su apreciación o experiencia personal durante la cuarentena con cada una de las temáticas abordadas. Paralelamente realizaron la construcción de un personaje ficticio con características físicas, rasgos de personalidad, debilidades, sentimientos y un nombre. Este personaje es el protagonista de sus cuentos. Hoy queremos dar la bienvenida para que se sumerjan en estas páginas cargadas de historias de vida, amor, creatividad y una valiente resistencia de mujeres que se niegan a caer en el abismo de un aislamiento que pone a prueba toda su fortaleza y deseos de seguir.


PERSONAJES


SOLIDARIA, RESPONSABLE, CREATIVA, AMABLE, ESTABLE, CONFIABLE, AMOROSA

Ariel


SERVICIAL, INTROVERTIDA, PRECAVIDA, PACIENTE, BONDADOSA

Crisรกlida


IMPACIENTE, PERFECCIONISTA, AMOROSA, ALTRUISTA, TIMIDA, EMOCIONAL, REBELDE

Aurora


- SOMBRILLA PARA DESMARAÑAR LO QUE LLAMA PROBLEMAS - GARDENIA PARA ACOMPAÑAR LOS RECUERDOS DE LOS QUE SE HAN IDO - RELOJ EN LA MANO QUE APURA SU LENTO ANDAR

Ellel


TÍMIDO, TERCO, INSEGURO, DULCE, AMABLE, NOSTÁLGICO, SENSIBLE, EL MELO, EL MELOCOTÓN, EL MEJOR

Elme


ENOJONA, DESESPERADA, PERFECCIONISTA, CREATIVA, OCURRENTE, ENÉRGICA, ALEGRE

Falafela


SENSIBLE, EMPÁTICA, AGRADECIDA, SINCERA, AMOROSA, AMABLE

Ixchel


IMPACIENTE, MELANCÓLICA, SERENA, OPTIMISTA, RADIANTE, SENSIBLE, PROTECTORA

JulyA


AFECTUOSA, AGRADECIDA, NOSTÁLGICA, ANSIOSA, IMPACIENTE, SENSIBLE, ANALÍTICA, INDEPENDIENTE

Magdalena del Río “la coste”


ALEGRE, SE CULPA CONSTANTEMENTE, APASIONADA, CARIÑOSA, PEREZOSA.

Margarita


INSEGURA, TRANQUILA, AMOROSA, PACIENTE, OPTIMISTA, SENSIBLE, AMANTE DE LA NATURALEZA

Naia


PENSATIVA, TIERNA, TEMEROSA, TÍMIDA, ENÉRGICA, RISUEÑA, POSITIVA

Nozomi


TIMIDA, AMIGABLE, INSEGURA, SENSIBLE, IMPACIENTE, ALEGRE, CARIÑOSA

Panza Sana


PROCRASTINADORA, INGENUA, NOBLE, INTUITIVA, ANALITICA, AVENTURERA, AMOROSA, RESERVADA

Urkudú


MIS EMOCIONES, TODO UN CUENTO


MIS EMOCIONES, TODO UN CUENTO

Hoy es el día en que Aurora se sentará en el monte de venus a desempolvar todos los rincones de su alma, un día en el que son sólo ella y la oscuridad. Aurora cierra los ojos y hace un llamada a la oscuridad, esta abre sus grandes ojos color estrella y mira a Aurora con tal admiración e inquieta por las palabras que saldrán de la boca de la joven. Aurora suspira y comienza “Solíamos ser muy cercanas, pero por un tiempo se me olvidó que estabas ahí y ahora regresas tan puntual como un reloj, estás más serena, más madura, con la cara más limpia pero igual de pálida. Aún siento tu intensidad, eres como una fogata que rompe el río de la madrugada. Aún tienes esa mirada cósmica detrás de la cual se esconde un universo, te escondes detrás de cada nebulosa como queriendo desaparecer de la oscuridad, pero mi amada tu eres luz, eres las estrellas, la luna y el sol” Oscuridad no sabía a quién se refería Aurora hasta que miró sus manos y notó que en esta había un espejo, para ese momento Aurora abrió sus ojos y siguió hablando: “Tú aquí, ¡Qué sorpresa!” Pero sabía que regresarías, que bonito es sentirte de vuelta, aún recuerdo que te gusta el crujir de las hojas secas, las madrugadas frías, la música que viene con el silencio y las personas rotas. Por un momento lo olvidé; eres yo. Oscuridad sonrió dejando escapar una estrella fugaz.

AURORA


MIS EMOCIONES, TODO UN CUENTO

Ser una gema y tener luz propia era ventajoso. Nozomi no era muy buena en los albores de su existencia en reconocerse a sí misma, pero esta energía, con sus especiales características, le fueron de gran ayuda. Puede que al inicio Nozomi no identificara completamente qué le quería decir su corazón ni lo qué rondaba en su cabeza cuando vivía algo inesperado. Pero si era consciente donde sentía su brillo, como empezaba, qué partes de su cuerpo se iluminaban y con cuanta intensidad. Esta particularidad de su especie le empezó a dar pistas sobre su propia singularidad. Había encontrado ella inesperadamente, una forma para comprenderse. Se le hacía difícil comunicarse con los humanos, pero en su paso por la tierra, Nozomi encontró una técnica humana muy curiosa: el escribir. Ese sentarse en un lugar tranquilo unido al ritual de arreglar el espacio, depurar su alrededor, poner música y respirar; escoger un lapicero, el color qué más llamara la atención y abrir la libreta, acariciar las hojas y tocarlas como si ellas mismas contuviese los secretos que se van a plasmar y finalmente, dejarse ir. Permitir que sus dedos se conectaran con ese núcleo interno, con las sensaciones de su cuerpo y con las pistas que daban su brillo y que a través de sus manos y ese objeto mágico llamado lapicero, fluyera como energía ese remolino de sensaciones, emociones y pensamientos qué parecía no tener forma ni conexión alguna.


Era muy bonito de observar cómo con el paso del tiempo y con la colección creciente de trazos, algo amorfo empezaba a existir dentro de este plano y se permitía bautizarle y comprenderle. Pero en ocasiones ese escribir no era suficiente para generar la claridad esperada, tenía que sumarse a una nueva habilidad: el leer lo ya escrito. El conectar realmente lo de adentro con lo de afuera. Así, Nozomi descubrió que cuando no comprendía porque su cuerpo y su luz se activaban. Lo qué sentía, pensaba o hacía, al permitirse escribirlo y leerlo otra vez; lo entendía, lo conectaba, lo podía ver. Era asombroso verla, en ocasiones sus ojos se llenaban de lágrimas, a veces las comisuras de su boca quedaban marcadas por una sonrisa que no flaqueaba. Pero la mayoría del tiempo solo escribía y escribía. Tomaba pausas y observaba el infinito, su mano libre en su cabello o acariciando distraídamente las marcas de su cuerpo, y de la misma manera en la que se desconectaba volvía y seguía escribiendo. Pero esta vez con mayor vehemencia, como si hubiese encontrado en ese lugar donde su mente fue a parar, alguna pista, alguna respuesta y la copiaba para no olvidarla.

NOZOMI


MIS EMOCIONES, TODO UN CUENTO

Panza Sana con su poca estatura, sus cabellos negros, manos desgastadas, le agrada estar activa y relacionarse con todos y ve la creación como su hermana a quién le debe cuidar. Hoy se siente feliz de reunirse con su familia, familia que no es sólo la biológica. Comparten una rica cena y además chistes e historias que le hacen reír mucho, también abrazos que van y vienen ¡oh cuánta paz se transmiten unos a otros! y su cara de pastel, aunque su panza duela de reír. Así transcurren las horas, panza sana cuidándose para cuidar.

PANZA SANA


MIS EMOCIONES, TODO UN CUENTO

Al despertarse se asomó a la ventana para ver que era un día amarillo. Falafela odiaba la luz opaca y brillante de la ciudad, le causaba migraña. Al salir de casa se dio cuenta que una tensión angustiante inundaba el ambiente. Parecía como si nadie más que ella se percatara de eso, como si nadie más temiera a la muerte. A cada paso que daba era más difícil esconder el miedo que brotaba por cada uno de sus poros. Ya no podía escuchar ni el sonido de su propia respiración. El miedo la cegaba y ensordecía. Y a pesar de que ella trataba de controlarlo todo, siempre hay un punto ciego. Se acercaba a prisa a la esquina. Una parte de ella le decía que diera vuelta atrás, pero la otra la obligaba a caminar para descubrir lo que había al otro lado. Quería dejar de sentir aquel peso en sus hombros.


En el instante en que se acercaba al borde de la barda y miró al otro lado de la esquina, todo se sumergió en una eterna pausa, sus pequeños ojos jamás se habían visto tan abiertos, sintió una campanada en el estómago y sentía caer infinitamente al vacío. Pero a poco fue aterrizando a la realidad, sus pies sintieron que el suelo los sostenía; apareció su respiración inflando su pecho y un latido más calmado. Se dio cuenta que podría haber seguido huyendo y sería devorada por el miedo o que podía enfrentarse y vencer. Ahora sabía que nadie la seguía, nadie la esperaba y nadie la observaba. Ahora sabía que todo estaba bien.

FALAFELA


MIS EMOCIONES, TODO UN CUENTO

Con la barriga llena miro jugar los árboles al frente de mí mientras pienso: ¿cuántas veces los he escalado creyendo conocerlos? «este es frondoso» «este es pino» «tal es eucalipto» «por este no subo llena» «por tal nunca me acerco» como si definirlos o pensarlos los fuera a hacer menos real. Ahí va una sensación, sube por mi cuello. Poso mi mano sobre mi frente y pienso: ¡já! que ciega como si se escalaran con la mente y no con las garras.

MARGARITA


MIS EMOCIONES, TODO UN CUENTO

La tierra y el mar, en ambos Ariel podía estar. Su cuerpo se adaptaba a la necesidad del ambiente que debía habitar. Se caracteriza por su alegría y optimismo, por los sentimientos de amor y gratitud. Ante un amenazante extraterrestre que llega del más allá llamado C-19 ella inicia una exhaustiva investigación para identificar qué tanto malestar podría generar. Se da cuenta que en el mar este extraterrestre no podía llegar y todos los seres en paz podían estar. Todos los animales de la tierra y el mar, libres lograron cohabitar. Todos los humanos confinados debían quedar, para protegerse de este mal. Finalmente, los seres acuáticos como Ariel y animales de otras especies todos los días se encontraban para jugar, cenar, cocinar, hacer ejercicio y fortalecer el amor de la tierra y el mar.

ARIEL


MIS EMOCIONES, TODO UN CUENTO

Ante un estímulo de la tarde en el parque sentí náuseas, había un olor muy fuerte y me empezó a doler el estómago, todo a mi alrededor se tornó de color morado, sólo pensaba en repeler esa desagradable situación. Al buscar entre mis pertenencias un pañuelo, me di cuenta que tristemente el durazno de mi mochila se había podrido, ya no estaba melo.

ELME


MIS EMOCIONES, TODO UN CUENTO

No era la primera vez que Magdalena debía tomar una decisión “de vida o muerte” puesto que ya había sido golpeada en su vida por otro tipo de pandemias dolorosas. Ante esta nueva pandemia que le presentaba la vida, su mente solo le recordaba lo que antes había hecho para refugiarse y protegerse; volver a casa. Volver a la familia, a las raíces, al calor humano, a esas paredes y esas vigas que ya habían superado tantas tormentas. Fue así como decidió empacar, sin hablar, sin despedirse y tomar el primer vuelo que la llevaría a su refugio. Cuanta confusión sentía, cuantas sensaciones que no podía procesar, por eso corrían lágrimas por sus mejillas, algunas representaban una sensación de tristeza por irse sin despedirse, sin desearlo y otras eran lágrimas de alegría de que pronto podría encontrarse con las personas que la amaban, que deseaban estar con ella y también protegerla. Salió de aquella casa a las 3:00 am de la madrugada, con frío y oscuridad, por su mente solo estaba el deseo de poder llegar, pensaba que si era de morir “quería morir en su tierra” y este pensamiento lo repetía una y otra vez. El vuelo salió a las 6:00 am y una hora después, a las 7:00 am ya estaba en medio de un sol brillante y un calor de costa, su costa bella bañada por el mar y por el río que le dio a ella su nombre, Magdalena del RÍo. Junio 27 de 2020

MAGDALENA DEL RÍO “LA COSTE”


MIS EMOCIONES, TODO UN CUENTO

El miedo se apoderó de ella desde que decidió irse. Pero entendió que la soledad es una parte de la existencia. Invadida por la melancolía, por esa turbadora emoción cuando algo se nos va, decidió que SER lo que quería era lo único que le ayudaría a florecer. Decidida a no estar más en este lugar cuando la tristeza regrese, dejo los apegos en casa, ya no los necesita para ser feliz.

JULYA


MIS EMOCIONES, TODO UN CUENTO

Ixchel es una mujer que se caracteriza por ser emotiva con todas las personas que tiene a su alrededor, les voy a contar sobre ella; la llaman la diosa del arcoíris. Toda su vida se desarrolló en la península Maya; dentro de su cultura esta mujer multicolorida tenía poderes sanadores, entre sus mantras favoritos estaba: “Sana que sana, la flor de manzana, si no sana hoy, sanará mañana”. Era una mujer muy especial, dentro de su pueblo. En aquella época estaba sucediendo un acontecimiento extraño; a raíz de una gripa que ningún mago, ni hechicero era capaz de descubrir, la gente se moría en extrañas circunstancias. El mundo de Ixchel se paralizó, no entendía qué le estaba pasando. Mucho menos entendía qué le pasaba a la gente de su aldea. Una noche tuvo una reunión con toda la cúpula de magos y hechiceros de la aldea, para hablar sobre lo que estaba pasando; pero no llegaron a ninguna conclusión esa noche. Pasaron los días y la gente se empeoraba, decían que les dolía el cuerpo y el alma, Ixchel cuando escuchaba esto sentía que su alma perdía luz y le daba depresión. Antes de que sucedieran más tragedias, ella habló con el rey y sus dioses, y tomaron la decisión de mudarse a Marte con el fin de proteger a su aldea. La orden se dio y a la noche siguiente todos estaban listos; abuelos, niños, niñas, mascotas y todo lo que tuviera valor sentimental. Cogieron sus maletas y unas extrañas y divertidas naves fueron por todos. Ixchel fue la última en subir, ese día no


pararon sus lágrimas, decía que se sentía la mujer más desafortunada por no tener el poder de sanación para esa enfermedad, que también atacaba el alma. Una vez llegaron a Marte, Ixchel entró en una profunda depresión que sus magos de cabecera no fueron capaces de regresarla, sólo dejó una carta; carta para aquellos que miren con ojos de amor. Mis sentimientos más profundos y significativos los tuve en aldea; fueron los días y noches más maravillosas, los bailes más sensuales y locos, la música más alegre y viva como nunca, la comida y el chocolate más exquisito. No entiendo qué está sucediendo, ni mis varitas son capaces de quitarme estas emociones más frías y espeluznantes que haya tenido en mi vida; siento rabia y descontrol en mi mente ¿acaso será que esto también está atacando la mente de todos? pues no sé, eso cada quien lo determinará. Yo llegue a la conclusión que la cura está en: Primero dormir como nunca y antes de hacerlo pedir un deseo. Como segundo, está tener tanto amor por si nos quedamos en el sueño. ¡Ahh! y conseguir una matica de pronto alivio por si te duele el alma y seguro eso ataca el virus.

IXCHEL


MIS EMOCIONES, TODO UN CUENTO

Erase una vez una niñita con una gran sonrisa en su cara y gran belleza. Vivía feliz en su árbol, servía y colaboraba a sus amigos los topos. Ellos día a día veían llegar a la niñita para llenarlos de felicidad, palabras de ánimo y confianza. Al pasar el día la niñita se esforzaba en ayudar; al caer la noche regresaba a su árbol sintiéndose triste y vacía porque veía que sus amigos los topos no eran suficientes para ella poder sentirse completa. Un día un gran rayo cayó en el árbol de la niñita, quemando las hojas y parte del tronco de este inmenso árbol, ella muy triste salió buscando ayuda de sus amigos topos y no la encontró. La niñita se sintió con desasosiego y un brote de desesperanza nació en su corazón pequeño y verde. Pensó en no regresar. Todos los días en su árbol quemado pensaba en la falta de amor que tenía los topos y su árbol se fue secando, más las alas que tenía la niñita fueron cayéndose al punto de no permitirle volar más. Hasta que un día un lindo mono siervo se acercó y la abrazó reconfortando a la niñita, a la cual se le iluminó su mirada. Entendió que su árbol no estaba dañado, que aún las raíces estaban vivas. Junto al mono salió a mirar hermosos pastizales. Cuando cayó la noche ya tarde, ella regresó a su árbol y vió que brotó un pequeño arbusto, dando vida a la niñita y a su sinigual monito.Pronto creció el árbol y para cuando los topos volvieron la niñita tenía no uno sino dos árboles majestuosos.

CRISÁLIDA


MIS EMOCIONES, TODO UN CUENTO

Una mañana, una mañana cualquiera, Ellel toma su café, saluda a la gente, hace su trabajo. Luego conduce y sigue conduciendo, realiza una parada de las llamadas “técnicas” y finalmente llega a su hogar. Ellel hace lo mismo una y otra vez, día a día, pero no se siente a sí misma. El reloj en su mano apura sus lentos pasos y angustian su ser; sus ojos se pasman, su mente se nubla, su sombrilla se atosiga y apretar en la incomodidad la gardenia, ya es habitual. Siente una gran molestia ya hace varios días sobre su espalda, molestia ubicada justo debajo del girasol y de la rosa roja. El dolor agudo le ha obligado a permanecer tendida en el suelo durante varias horas en las noches. Así, solo así le era posible entender que le costaba más de la cuenta apreciar su sentir en su impactante jardín. Una tarde, una de esas de marzo, después de una noticia razonable. Ellel nota que algo brota de aquel inexplicable dolor; dolor rojo, rojo sangre. Unas alas con el pasar de los minutos se hicieron notar, a la vez que su angustia. Hace una llamada al señor de la cabina de los encuentros, encuentros de amor para sí, hace poco descubiertos. Entre la angustia y el asombro entiende, con las palabras de aquel ser, que sus alas son el resultado de la comprensión y la lectura en su interior. Pero a la vez, son la posibilidad de explorar y sentir que el tiempo, entre la lentitud y el apuro, es la vida. Entre tanto, a su puerta llegan: un café para la vitalidad que le cuesta, una caja para su sentir y un libro para las historias


memorables, para los días. Del tiempo perdido en la rutina, al tiempo desordenado del encierro, pasó a tenerlo ahora como gran posibilidad y decidió tejer. En la labor de la sincronía de los tejidos, sus pies sostienen la forma natural de la gardenia, donde habitan sus recuerdos y los aromas de lo inexistente. Acepta aquellos recuerdos en la labor del vivir y ya escribe con mayor habilidad sus días. Sin olvidar la labor del sentir, de sentirse, a sí, y a los otros.

ELLEL


MIS EMOCIONES, TODO UN CUENTO

La basura de varios días atrajo cucarachas y gusanos amarillos que se arrastraban por el suelo buscando escapar de la calle peligrosa. Naia los veía con pesar, ellos no debían estar ahí desprotegidos, a merced de los transeúntes. El olor intenso a comida descompuesta le llego a la nariz e intento escapar de el, pero era inútil: ya habían llegado los recuerdos de aquel viaje en el que evidenció como su perro injustamente envenenado por un desconocido, falleció a la orilla de una calle, para días después ser encontrado por ella a medio descomponer. Al llegar a casa el televisor estaba prendido en las noticias, después de escuchar un par de reportajes lo apagó. Los despreciables hechos que allí se exponían le revolvían el estómago y la llenaban de tedio y rechazo. Se fue a su cuarto a despejarse un poco y sin hablar con nadie, quizá otro día estaría de humor para enfrentar tan repulsivas realidades.

NAIA


MIS EMOCIONES, TODO UN CUENTO

Urkudú, curiosa de sentirse pequeñita, decidió atravesar su país y llegar a una tierra lejana, buscando cumplir su sueño de crecer ayudando a otros. Pero ¡Oh sorpresa! Las atemorizantes fábulas que escuchaba de tierras lejanas, resultaron siendo verdad. La gente sufría de enfermedades espeluznantes y sus síntomas así mismo lo eran. Por ejemplo, se sabía que alguien sufría de mediocridad porque se les notaba a metros su falta de sentido de pertenencia. Había una peste en el aire que hacía que lo injusto primara sobre lo correcto y a quienes más afectaba era a los dirigentes, les hacía alucinar al punto de considerar la corrupción como crecimiento personal o mofarse de su deshonestidad. Incluso también los inmovilizaba; alcanzó a ver uno en particular que se le dibujó la pataleta en la frente que quería hacer y no podía, todo porque se le había derretido el helado sabor a robo. Al ver todo esto, Urkudú se abrumó, deseó tanto ser río y que la corriente la regresara a su nido. Al no poder, corrió a la farmacia más cercana; necesitaba protegerse, cada sorbo de aire que respiraba, era el riesgo de contagiarse. Había viajado kilómetros para crecer, no para pudrirse de peste, no habían tapapicos. En ese momento sintió tanta presión en el pecho que se volvió amarilla; amar y ya, descubrió su propio escudo contra tal peste.

URKUDÚ


AL MANDO DE MI CUERPO


AL MANDO DE MI CUERPO

Margarita la osa, acostumbraba dormir como si estuviera hibernando, eso es: sueño profundo, tranquilidad, perdida de los límites habitando abismos y fantasías. Pero, no esa noche, esa noche en su cama con una atmósfera fresca en su alcoba; sentía la culpa de un día sin cazar, sin trepar árboles, sin hacer lo que supone deben hacer las osas. Como una abeja la culpa le picaba en el pecho, bajaba hasta los dedos de los pies obligándola a moverlos con desespero mientras daba vueltas mentales y corporales sin parar; obligada a hibernar fuera de ciclo.

MARGARITA


AL MANDO DE MI CUERPO

Ariel se encontraba en la necesidad de cumplir unas metas en el tema laboral en la Tierra. Sin embargo, a este lugar llegó un virus de otro planeta llamado C-19, trayendo grandes inconvenientes para los seres de la tierra. Muchos de ellos han muerto, otros están muy enfermos. En general, no hay contacto social, todo con el ánimo de evitar contagios y más muertes. A Ariel le surgieron sentimientos de ansiedad y nerviosismos; pues su trabajo se detiene y su hermano mayor en la Tierra, es médico y hace parte de la atención primaria de este virus C-19. Afortunadamente, Ariel contó con el apoyo continuo de su familia y su novia. Ariel ante esta cuarentena decide quedarse en la Tierra con su familia para apoyar y acompañar a su hermano. Con C-19 en la tierra, Ariel y su familia pasaron la cuarentena de forma agradable y feliz. Diariamente cenaban juntos (cuando llegaba Juan). Vieron películas, jugaron UNO y parqués. Aprendieron a cocinar y a hacer manillas. Todo con el ánimo de disminuir la ansiedad y aprender a convivir en un mundo diferente al mar. La familia descubrió que esto fue la mejor oportunidad para conectarse con lo valioso de la vida, la familia y el amor.

ARIEL


AL MANDO DE MI CUERPO

Aurora va caminando hacia la Luna, allí encontrará la luz que necesita para iluminar sus temores. Para llegar necesita pasar por Fénix, Orión y Saggita. “Estas 3 constelaciones están muy alejadas unas de las otras, así que es mejor comenzar”. -Pensó Aurora. Mientras caminaba percibió que todo estaba muy oscuro y que probablemente se perdería en el camino. Este pensamiento le produjo un vacío en la mitad del cuerpo, sintió como si toda su fuerza se estuviera yendo por él. Sus piernas comenzaron a hormiguear y ponerse frías como hielo, por un momento pensó que la sangre ya no le estaba llegando a las piernas “seguro también la estoy perdiendo por el vacío que se ha instalado en mi cuerpo” -Analizó. Esto la hizo sentir peor, casi perdiendo el aire que había en sus pulmones. Las manos le pesaban y sus neuronas iban más rápido que un tren bala. Los pensamientos inundaron su cerebro, quizá pronto tendría un derrame. Aurora sintió que sus más grandes temores comenzarían a apoderarse de ella y no podría soportarlo. Todo estaba oscuro y sus piernas parecían que hubieran cogido camino propio. “¿A dónde iré? ¿Qué haré? Creo que no llegaré” -Pensó. Todo le daba vueltas, sentía que iba a vomitar, debía detenerse y tratar de respirar… Vio un campo lleno de hermosas Gerberas blancas y decidió sentarse allí. El césped estaba un poco húmedo por la brisa. El olor de las flores era muy agradable, podía sentir como el aire fresco llenaba sus pulmones. Todo estaba en silencio y pensó: ”ya me siento bien, estoy segura y en paz, pero ¿dónde estoy?” Aurora no se había percatado de que había estado caminando tan rápido para no ser alcanzada por sus temores, que había pasado todas las constelaciones llegando a la Luna sin darse cuenta. Al fin podía iluminar sus temores.

AURORA


AL MANDO DE MI CUERPO

¿Dónde quedó todo?, ¿dónde quedaron los proyectos a realizar?, ¿dónde quedaron los días de libertad?, ¿en qué momento la “normalidad” de la vida dejó de ser “normal”? Sin quererlo planeamos la vida para al menos tener un piso por donde caminar, naturalizamos el transcurrir de los días, semanas, meses, años… de la vida misma. Y un día, sin llegar a imaginarlo no dejan de resonar las palabras; pandemia, muerte, cuarentena, aislamiento, pandemia, muerte, cuarentena, aislamiento… COVID-19 ¿Qué es eso?, ¿sí será tan exagerado como lo muestran?, ¿cómo surgió?, ¿qué genera?, ¿cómo se cura? Pensaba un poco incrédula sobre lo que los medios de comunicación mostraban. Sensaciones y pensamientos como: ¡que miedo! – menos mal está ocurriendo muy lejos de aquí. ¡Que va, es exageración!, ¡que drama!, ¿Un murciélago? Pff – Este mundo está patas arriba. Lo más cercano a esa realidad que ya no estaba muy lejos, lo había visto en noticias sobre la contaminación en China, desde la comodidad de mi casa respirando un aire medianamente bueno y riendo por cómo se veían las personas, usando tapabocas como perros con bozal. ¿Quién imaginaría que en estos tiempos le tocaría vivir una pandemia? Pues por mi cabeza eso jamás pasó.


Los días pasaban demostrando la realidad y gravedad del asunto. Yo un espectador más de la situación; desde el encierro, la soledad, la incertidumbre, ansiedad, miedo, estrés, aburrición, monotonía, COVID. Intentaba estar bien para servir de tranquilizadora para mis familiares y amigos. Pero algunas tardes o noches nostálgicas, extrañaba, pensaba, quería. Quería poder salir, sentir el aire en mi piel, quería seguir haciendo lo de siempre. Quería que mis impulsos y proyectos no se frenaran por eso que en ocasiones me costaba entender. Quería no perder la libertad que en medio de tanta cohibición yo había alcanzado o tal vez construido, quería no perder mi salud mental. En ocasiones ignoraba, en otras percibía. Y en otras tantas sentía y sentía de más; angustia, miedo, ansiedad. Personas con bozales en la calle, en el televisor, en redes sociales, en todo el mundo; al fin la humanidad tiene algo en común sin ser excluyente, protegerse de un virus del que no se sabe nada a ciencia cierta, más allá del nombre. Que frágil es la vida y que duros somos los seres humanos, no tan humanos. Un revoltijo de todo que por momentos me hacía sentir sensible, sin valor, sin fuerzas, sin rumbo. Como todo siempre hay dos o más opciones; podía perder mi vida viendo pasar los atardeceres desdibujados a través de mi ventana, hasta que el fin del mundo o de mi mundo (mental) llegara a ponerle actitud y sabrosura a mi vida, que no le pertenece a nadie más que a mí. Buscar fortalecer mi espíritu y mi alma, buscando distractores, trabajando en proyectos, dándome antojitos, aprendiendo a mirar cada día el cielo, respirar y continuar. Desde ese día la vida no es más fácil, el COVID no ha desaparecido, pero tengo en mi interior algo que algunos llaman “corazón”, cada vez más fortalecido. Porque ninguna tormenta es eterna y mientras esta se acaba, la música suena más fuerte y más sabrosa. Los colores son más radiantes, la casa más hogar, el bozal menos extraño y yo con mis anhelos intactos esperando el verano con mis tenis y gafas de sol que me dan el Flow, listo para compartir allí afuera todo lo que aprendí acá adentro ¡hoy me siento Melo!

ELME


AL MANDO DE MI CUERPO

Si le pides a Nozomi hacer una lista con su top cinco de emociones y sentimientos, creo que no encontrarás ahí la palabra ansiedad. Se podrían hallar algunas palabras asociadas, como “estar abrumada”, un poco “paralizada” y “estresada”. Pero la ansiedad como tal no. Para ser una criatura tan sensible, identificaba que la ansiedad la sentía solo en momentos muy particulares; y en lo profundo de su corazón agradecía que no fuera una sensación que permaneciera con ella en el tiempo. Era la ansiedad anticipatoria de su futuro la que lograba en ocasiones abrumarla y sacarla de su realidad, descuidar sus obligaciones y buscar refugio en el mundo de los sueños. El sentir que nunca encontrará la forma de plantar la semilla de sus sueños, de enredarse en aspectos superfluos como el color y el tipo de material del recipiente. En lugar de explorar el tipo de tierra adecuado, el abono necesario, junto a los cuidados especiales para que este sueño y anexo a este, su sentido de vida finalmente crezca, florezcan y den fruto. Pasar los días de cuarentena no fueron nunca un estímulo que le generara ansiedad. Pero algunas noches inevitablemente, pensaba en su rutina y la contrastaba con sus sueños y se veía incapaz de conectarlos con los verdaderos anhelos de su corazón, logrando que este sentimiento tiñera su brillo de una tonalidad caoba. Su mente empezaba a rumiar y la sensación de no tener el coraje para tomar decisiones firmes y dar pasos seguros para atreverse a salir de su jaula de oro, donde no le faltaba nada material pero nunca encontraría su realización, le entumecía los brazos y le secaba la boca. Su cuerpo se paralizaba y ese futuro incierto con sus millares de variantes tomaba la forma y el peso de un meteorito queriendo dejar mella sobre su corazón, que le hacía pesar de tal manera su forma corporal que no quedaban en ella las fuerzas para salir de su cama, ni posar su energía en algo que no fuere dormir o usar su celular.


Era fácil en ocasiones identificar aquellas ideas distorsionadas con respecto al virus; las más prevalentes fluctuaban en la duda si el mundo se acabará o si la virtualidad reinará y no habrá excusa para explorar la humanidad. Era sencillo desarmarlas, pero a veces, Nozomi simplemente decidía no darles un lugar en su cabeza. Comprendía que estamos viviendo una situación en donde no tenía poder ni control, y como en su naturaleza no cabía el pesimismo, las respuestas que daban calma a su interior y pintaban su exterior de un azul aguamarina eran creer que todo sucede por algo, quizás el mundo y la sociedad necesitaban este aislamiento y se encontrarán formas de vivir nuevamente. Pero ¡ay! de cuando estos pensamientos se enlazaban al miedo de su futuro y de no ser capaz. Sus estrategias no siempre funcionaban, pero después de descansar lograba recoger las fuerzas suficientes para mover esa roca, llenar sus pulmones de aire y contemplar su alrededor. Su brillo titilaba, se agitaba para desplazar más este peso. Le permitía sentarse y empezar a escribir, centrarse en lo que podía hacer y dividir aquello que tenía claro en pequeños pasos y los conceptos complejos plasmarlos en tentativas palabras.

NOZOMI


AL MANDO DE MI CUERPO

Panza Sana para su trabajo y se dirige a la cocina, con tanto apetito que se preparó una deliciosa comida, que no quería parar de comer. Se dio cuenta que comió más de la cuenta. Fue solo pensar en que su trabajo e hijos la querían sana y se propuso cuidarse de otra manera. Porque el amor siempre la mueve a hacer cosas maravillosas, esto le permite estar tranquila y le fluyen mejor las ideas para seguir adelante, siempre progresando.

PANZA SANA


AL MANDO DE MI CUERPO

A lo largo de su vida Falafela había sentido muchos miedos, como por ejemplo a la obscuridad, a estar sola, a las películas de miedo, a perderse, al mar… Cada miedo era más grande y crecían conforme ella crecía. Pero todo empeoró cuando sintió miedo a la muerte. Todo comenzó con pequeñas opresiones en el pecho, algunas ocasiones en que sentía que se le iba el aire, pero al calmar la mente podía calmar el cuerpo y el miedo también. Falafela sabía que podía controlar su mente y su respiración, conocía ya las sensaciones y algunas fórmulas para alejar el miedo como dibujar; hacer figuras con plastilina, refrescar su cuello y cara con agua fresca, abrir la ventana para sentir el aire fresco en sus manos y rostro. Pero los miedos crecían conforme ella crecía, un día ya no lo pudo controlar. Aquel miedo era como un pozo profundo en el que ella caía lentamente, como si alguien la arrastrara. Los miedos se multiplicaron y ella pensaba en los miedos más improbables o remotos; como miedo a morir ahogada, miedo a una fuga de gas, miedo a que entraran a su casa por la noche, miedo a que su familia muriera, miedo a los temblores y quedar atrapada, miedo a chocar contra un tráiler. Y ese miedo se iba apoderando de su cuerpo, de su respiración, de sus emociones y de su mente. Sentía una opresión en el pecho, campanadas en el estómago, mareos a cada giro de cabeza, falta de aire y pensamientos tristes que no se querían ir. Falafela se resguardó en las páginas de Momo para poderse encontrar consigo misma, para frenar el tiempo y poder escuchar su corazón. Sabía que esa calma le ayudaría a encontrar una solución.

FALAFELA


AL MANDO DE MI CUERPO

Transcurridos los primeros días de la pandemia, Magdalena parecía sentirse agobiada porque todo aquello que sucedía a su alrededor se salía de su conocimiento y control. Por ello, no le era suficiente ver únicamente las noticias, sino que empezó de manera desesperada a contactar a su mejor amigo que residía en España. Esto le ayudaría a conocer cómo estaban ellos afrontando la emergencia y poder intuir así que posibles medidas se tomarían en Colombia. Esto, creía ella, le podría brindar una sensación de conocimiento de la situación y de aparente “control”. De un momento a otro las cifras y las estadísticas diarias se convirtieron en tema frecuente para ella, en su mente y en sus conversaciones. Por otro lado, y sin siquiera imaginarlo empezó a surgir una preocupación adicional al hecho de contagiarse por Coronavirus: “Había que reinventarse”. ¡Empezaron a llegar señales por todos los medios que ante esta nueva realidad era necesario hacer una reinvención! ¡Esto parecía intranquilizarla mucho más que el propio hecho de contagiarse!


¿Pero cómo reinventarme? Se preguntaba. ¿Cómo hacerlo cuando lo único que deseaba era poder ganar la batalla contra la muerte física? Su mente solo le decía “lávate las manos” “usa tapabocas” “toma distancia social” y casi que no había espacio para dejar entrar la creatividad y ¿había que reinventarse? ¡Su mente estaba bloqueada! ¿Cómo dejar fluir ideas y proyectos cuando lo simple y lo básico se convierten en lo más importante? Sucede que para Magdalena esta emergencia le mostraba que lo más importante en realidad era poder contar con alimentación, con un techo, con salud y estar al lado de su familia. Sin embargo, no todo fue caos para Magdalena, el hecho de que la coste fuera inquieta en las redes, la llevaría a encontrar un lugar especial en medio de la virtualidad, un lugar quele brindó una experiencia especial. ¿De qué se trataría? ¿Que podría brindar las redes que le ayudaría a ella? Algo que nunca imaginó: ¡Se podría tener paz en medio del caos de la Pandemia!

MAGDALENA DEL RÍO “LA COSTE”


AL MANDO DE MI CUERPO

Cuando ella era pequeñita le encantaba pintar, todas las mañanas se levantaba muy muy temprano y pintaba el amanecer, los que más le gustaban era los amaneceres de primavera, a los colores los acompañaba el canto de las aves y las muchas flores. Eso le daba a su paleta muchas más opciones. Ella nunca tuvo muchos amigos, nadie supo nunca entenderla. Tenía unos ojos grandes y negros, como la noche más oscura y hermosa. Por eso decidió pintar amaneceres para traer a su vida la calidez y la calma. Ella a veces tenía miedo, cuando en las noches de tormenta el cielo con su grave voz comenzaba a entonar esa canción de amplísima sonoridad, corría a esconderse bajo la cama. Allí también se sentía a salvo cuando el viento sin pedir permiso entraba a su casa y alborotaba todo, los estantes, los libros, las cortinas, sus ideas y el cabello de su madre. Ella pasaba todas las tardes buscando razones, por aquí, por allá, abajo y arriba, en el cielo, en las estrellas, en la luna. Nunca las encontraba, confundida se dormía pensando en su próximo amanecer. No tenía más compañía que su madre, pero ella era más que una madre, ella era palabras y cuentos, risas y sonrisas, pasteles y mermeladas, ¿Cómo puede ser alguien tantas cosas? Pues ella era solo ansiedad. No tenía otro nombre más que ese.


Todas las noches su madre le contaba historias para ver si algún día en esos ojos negros la tristeza se iba, si en un frío invierno esas lágrimas se congelaban para que por fin llegará la primavera a la vida de esa pequeña. Después de muchas lunas ella perdió el miedo, la mirada de terror en los ojos de los otros niños le dieron las razones que ella tanto había buscado. Eso, y las lecciones que le daba su madre, como la de ese pintor expresionista Munch y su emblemático cuadro que a ella tanto le gustaba. Ese sí que era su super héroe favorito. Ella ya no era solo esa niña pequeña que se escondía temerosa bajo sus libros en el salón de clases, ya podía mirarse al espejo y aceptar el miedo en ella, el miedo como mecanismo de defensa, el miedo como emoción que nos protege, el miedo como una madre prudente que nos cuida. Cuando ella se reconoció en los demás, cuando se enfrentó a sus propios miedos y cuando vio la belleza y perfección en sus temores sus amaneceres estuvieron acompañados de poderosas tormentas.

JULYA


AL MANDO DE MI CUERPO

¿Qué pensará Ixchel de la ansiedad? ella que es una mujer que cree en la superstición. Hablando hace días con ella me contaba, que, durante la estadía en marte, los días no eran tan coloridos, seguro era normal porque apenas estaba saliendo de su depresión como lo conté en el capítulo anterior. La gente de su aldea está en proceso de adaptación en el nuevo planeta, pues todo era completamente extraño, aunque la gente se observaba satisfecha pues ya no tenían la creencia de que la enfermedad los atacaría. Retomando la conversación con Ixchel sobre su estado anímico, ella no se notaba del todo tranquila. Era algo muy extraño porque decía que el cambio fue completamente drástico, nada se acomodaba a sus necesidades. Su magia decía que no tenía efecto en ella misma, siempre le daba vuelta a misma situación sin lograr llegar a una conclusión. Una noche decidido embriagarse con el fin de olvidar sus penas, lo que logró fue un guayabo y una mente aún más alterada. Ella pensaba que seguro era el calor en Marte, pues su Rivera Maya era un clima muy tropical y su energía estaba equilibrada. Yo entiendo a Ixchel, porque en algún momento de mi existencia sentía el corazón arrugado, y los emociones a flor de piel, pero con el tiempo algunos episodios de ansiedad iban desapareciendo. La mujer multicolorida consulto de nuevo con su mago de cabecera e inventaron las siguientes reglas para superar el dolor del corazón; Ama con todas las fuerzas cósmicas de la Rivera Maya. Ríete como si no tuvieras un mañana. Disfruta del presente y de la vida en marte. Nunca tengas miedo de sentir y sobre todo disfruta de lo simple del encierro…

IXCHEL


AL MANDO DE MI CUERPO

Amanece en la tierra y los seres especiales se levantan buscando los tiernos rayos del sol, estos abren sus alas y entonan hermosos cantos de júbilo y alegría. Crisálida, también se percata que el día ha iniciado y rápidamente se levanta para comenzar la búsqueda de sus hortalizas. Ese día en la ciudad de Cipre es muy importante, pues se celebra la fiesta más grande y bonita de todos los reinos. Por esta razón, todos estaban apresuradamente buscando sus trajes y los alimentos que se llevarían al banquete. Crisálida ese día se sentía muy diferente, no quería reír, se sentía alegre, pero al mismo tiempo triste. Ella tenía miedo y su corazón latía más fuerte de lo común; se preguntaba constantemente cómo sería el banquete, quiénes irían y si allí estaría su amigo el monito; Crisálida anhelaba que él fuera. Decidió entonces ir donde la flor de la vida que quedaba muy cerca, y contarle todo lo que hoy estaba sintiendo. Al llegar allí, le dijo: Flor que todo lo sabes, sé que mi amigo el monito estará en el banquete y estaremos muy felices; pero tengo miedo de que no esté. La flor con mucha compasión en sus ojos le contestó: “No te apresures a lo que pasará el día de mañana, que aún las aves del cielo que no han llegado a la tierra ni han recogido su trigo, se levantan con tranquilidad de que lo obtendrán tras una ardua labor” Crisálida sonrió y se fue para su casa, en el camino cantó, jugó con unos amigos que se encontró. Observó los hermosos campos y fue de esta manera que llegó Crisálida al banquete muy reluciente al encuentro con su monito.

CRISÁLIDA


AL MANDO DE MI CUERPO

Caminaba apresuradamente entre cada vagรณn; unos anchos, otros estrechos, unos en caos y desorden. Anduvo entre el cielo abrasador de la tarde, los rieles chispeaban con premura ante el afรกn del tren, su tren de pensamientos. Sin embargo, decide bajar. Ellen ya no estaba en sus pensamientos, sino que sus pensamientos estaban en ella.

ELLEN


AL MANDO DE MI CUERPO

Era la primera vez que salía desde hace algunos meses, la ciudad era la misma, pero las sensaciones eran totalmente nuevas. Las calles las veía como si fuera la primera vez, aunque durante toda vida las hubiera transitado. Sentí un cosquilleo en la punta de mis dedos, mis alas se movían de manera incontrolable como si fueran seres separados de mí; como advirtiéndome que algo no estaba del todo bien. Empecé a recordar cómo eran esos lugares antes de que el caos se apoderara de todo, momentos y personas, con las que los había visitado. La desesperación se apoderó de mí, pensando en que momentos como esos no volverán a suceder en mucho tiempo, no volveré a estudiar con mis amigos o compartir oficina con mis compañeros de trabajo. Mucho menos pasar fines de semana en familia. Mis ojos se llenaron de lágrimas, pero logré detenerlas. Sentía que mi vida iba a ser siempre dentro de cuatro paredes, sintiendo que salir era vivir en tiempo prestado. Me sobresalté fuertemente cuando mi mamá me llamó. Ya habíamos llegado a nuestro destino. Salí del carro y vi como un pequeño niño se acercaba corriendo, me agachépara poder recibirlo en mis brazos. Finalmente, después de tantos riesgos podía abrazar a mi hermanito y en ese momento, aunque el futuro era incierto sabía que había que intentar conseguir el mejor posible.

NAIA


AL MANDO DE MI CUERPO

Urkudú no volaba, sólo flotaba, como si se le hubiese olvidado la técnica para hacerlo. los vientos por estos lares eran distintos, desconocidos, ajenos. Estática sin saber a dónde dirigirse, ni por dónde comenzar, se encontró suspendida, en pausa, expectante. Cantó, con la esperanza de que las ondas que emitía rebotaran en los árboles machos de la zona y al recibirlas de vuelta pudiera comprender sus coordenadas, pero su voz no se oía, se sintió sola, no obtenía respuesta ni siquiera de su eco. Alcanzó a vislumbrar en el horizonte algunas señales de direccionamiento, que creía la podían ayudar a ubicarse al fin. Pero al intentar acercarse se desdibujaban, notó que eran producto de su imaginación, allí supo que había dejado de ser direccionada, era ella quien debía direccionar.

URKUDÚ


HABITÁNDOME


HABITÁNDOME

Margarita recorría su hogar como un animal encerrado (eso era), el no poder salir la había paralizado en una situación en dónde antes también estaba paralizada. Un paso a la cocina y recordaba los momentos de incertidumbre, un paso a la sala y el miedo a la muerte, un paso a la alcoba y sus dificultades laborales. Así transcurrían la mayoría de días. Pero, una mañana cuando daba un paso a la cocina vio el destello de un hilo blanco enredado en su sala, como era difícil seguirlo con la vista cerró los ojos, mientras con los dedos hacía el recorrido correspondiente, esto la llevó hasta donde las paredes de su hogar le permitían. Al abrir los ojos se encontró con que el hilo se conectaba directamente con los árboles, los pájaros y el cielo; así comprendió que iba a estar bien que de adentro algo siempre la iba a guiar hacia afuera.

MARGARITA


HABITÁNDOME

Ariel, una expositora de la que algunos decían que era un ser extraño. Otros, que era de otro planeta. Las palabras que ella expresaba generaban emociones o sensaciones diferentes, lo cual hacía que nadie quisiera perder la oportunidad de verla. En el mes de Marzo tenía una gira en Colombia, Chile, Argentina, Bolivia y Ecuador. En todos los países ya estaba vendida toda la boletería. Inicia esta gira en las principales ciudades de Colombia. Todos los teatros estaban llenos de admiradores listos para recibirla. Cuando entraba Ariel triunfante, el público explotaba; ella tomaba el micrófono y lo que continuaba era inexplicable. Al terminar la gira en Colombia finalizando el mes de Marzo, lista para iniciar el 1 de Abril en Chile; el presidente informa al país que de forma inmediata iniciaba la cuarentena obligatoria. En ese momento Ariel y su equipo buscaron alternativas para viajar a Chile, tal como estaba en el plan. Sin embargo, el día antes del viaje, nuevamente el presidente en una rueda de prensa informa del cierre inmediato de todos los aeropuertos del país. Por los cual los planes de la gira de 4 meses, se detuvieron. Ariel, reunió a su equipo de trabajo y con las palabras asertivas que la caracterizaba les expresó que la llegada del COVID era una oportunidad para reinventar y conectarse con lo verdaderamente importante, nosotros mismos y los seres que más amamos. En los siguientes meses de confinamiento Ariel y los compañeros de trabajo pasaron los días más cálidos y amorosos con los seres queridos. Finalmente, la virtualidad se convirtió en la herramienta más efectiva para llegar a todas las personas que estaban a la espera de su exposición.

ARIEL


HABITÁNDOME

Un día Aurora estaba caminando por un jardín de hermosas flores blancas, tan blancas que iluminaban todo el sendero por donde transitaba. A lo lejos Aurora divisó el mismo jardín, tenía unas flores de color negro, tan negro que todo el lugar estaba en completa oscuridad, esto le pareció muy extraño a Aurora, y le hizo pensar que esas flores le quitaban belleza al jardín de flores blancas y que sería mejor que las flores oscuras no estuvieran allí. Así que decidió decirles a estas flores que se fueran de allí, a lo cual una flor grande y muy gentil respondió: “somos el mismo jardín, no podemos irnos de aquí sin llevarnos las flores blancas” “¿cómo puede ser esto posible?”-preguntó Aurora-. “es sencillo, nosotras, las flores negras somos las más jóvenes y aún estamos aprendiendo a crecer en esta tierra tan árida, cada día intentamos hacer crecer nuestras raíces para alcanzar a las flores blancas” “¿y qué tienen las flores blancas?”- preguntó Aurora muy ansiosa. “allí está la fuente del amor, cuando la alcanzamos nuestros pétalos se vuelven completamente blancos” Aurora no entendía nada así que decidió preguntarle a una flor blanca sobre todo esto “todos estuvimos en oscuridad algún día, nuestros deseos por vivir en este planeta nos llevaron a buscar la manera de seguir creciendo y no morir así que nos pusimos en movimiento, nos extendimos por muchos lugares buscando donde más florecer, pero todos nuestros esfuerzos fueron en vano, cuando por fin aceptamos que crecer aquí era nuestro destino comenzamos a brillar y así supimos que el amor es el único camino “. Aurora sonrió y comenzó a amar todo lo que la rodeaba.

AURORA


HABITÁNDOME

La vida, los caminos, las circunstancias, decisiones por tomar, actitudes por asumir. Elme reflexionando... Que difícil, que duro, que diferente es todo a como lo imaginamos o lo deseamos. Pasa días quejándose, renegando, aburrido, resentido con el mundo. Llueve afuera, la tormenta es cada vez mayor; truenos, frío, soledad. Melo duerme y tras el pasar de las horas un potente rayo de sol lo despierta. Se levanta desubicado al ver semejante paisaje comparado con la noche anterior; respira aire puro, ve las plantas relucientes. El cielo despejado y un sin fin de colores vibrantes, que refleja el infinito de un arcoíris, sin principio ni fin. Melo avanza, ve posibilidades, se siente distinto. Contagia positivamente con su actitud. Descubre que al mezclar cada uno de los colores de los arcoíris simbolizados en sus vivencias, es posible aprender; decidir, avanzar hacia el sendero de la resiliencia, que permite crecer y que el camino venidero sea más llevadero.

ELME


HABITÁNDOME

El sentimiento más fuerte frente a la palabra cuarentena fue curiosidad. La mente de Nozomi no paraba de girar en torno a la novedad, a lo único de la situación. ¿Tener que vivir, durante un tiempo indefinido, sin salir de su hogar para protegerse a sí misma y a los otros de una potencial enfermedad y muerte? Ese escenario nunca había sido una opción en su cabeza cuando se preguntaba cómo imaginaba su 2020. La curiosidad traía de su mano el miedo, pero también la expectativa ingenua de existir en una época que indudablemente iba a marcar la historia de la humanidad. Al principio todo fue tranquilo, en su alma se posó un cierto alivio, una excusa que tenía validez cuando se expresaba en voz alta ante los demás para vivir en pausa. El mundo se sentía que estaba tomando un respiro, con sus brazos apoyados en sus muslos, buscando nuevo aire para continuar su traslación. El mundo descansaba de la humanidad contenida, cierta parte de la humanidad podría también vivir en calma, estaba bien si Nozomi solo existía. Se dio tiempo para descansar, de ver las aves cantar, el sol esconderse y las estrellas brillar, de perderse en una historia y vivir muchas vidas desde el confort de su edredón. Darles color a algunos sentimientos, forma a pensamientos y vida a otras sensaciones a través de las letras y la pintura. Su energía vital siempre aumentaba estando en casa, así que se sentía llena de vida cuando podía ser sin reprimirse ni limitarse. Su habitación era su templo, y habitarla con sus padres no era tan retante como lo hubiese sido hace unos años. Retomó así algunos pasatiempos mientras luchaba en encontrar un nuevo horario que le facilitara cierta estructura en su nueva cotidianidad, pero se encontró con la dificultad de organizarse: entendió ahí la necesidad de un agente externo que lebrindara esa estabilidad que le proporcionaba el trabajo y la academia. Desafortunadamente, recibió una noche aquella carta, donde después de leerla varias veces entendió que ya no hacía más parte de un lugar que pidieron en alguna ocasión llamara hogar y familia.


Pero por cosas del destino encontró un nuevo espacio para continuar con esa independencia económica que tanto bien le traía. Recibió este nuevo trabajo con un abrazo de gratitud, pero dentro de sí sentía como un vacío iba abriéndose paso en su cuerpo, buscando una salida y arrasando todo lo que encontraba a su camino. Nozomi se daba cuenta que iba perdiendo su brillo con el pasar de los días, que ese agujero se hacía más grande cada vez que ignoraba las implicaciones de su nuevo que hacer, poniendo oídos sordos ante el tumulto que su cabeza creaba con sus esquemas y percepción de valía, capacidad, de fracaso y decepción. Tenía una visión de túnel y finalmente dejó de ver. Sentía que su mundo solo giraba en torno a esta experiencia y caía hondo, profundo, indefensa, observando las oportunidades que no podía agarrar en sus manos porque las había decidido ella misma atar. Su universo se reducía, observaba sus posibilidades acortándose, el miedo de sentirse perdida la abrumaba, sentía que no había espacio para donde moverse y que sus extremidades flaqueaban. Se intensificó la sensación que ya marcaba su historia, de ser un pajarito que tenía miedo de volar y no confiaba en sus alas, simplemente porque aquellos a su alrededor habían sufrido y decidido por ella que volar era peligroso, así que le enseñaron a temer el mundo, volviéndose una criatura que miraba con ojos brillantes sus alas, que tocaba con recelo y asombro las sogas de colores que decoraba con toda clase de flores con las cuales las ataba, y que en lo más profundo de su interior reconocía que ellas serían las que le permitan finalmente soñar. Se sentó una tarde a escribir y expulsó de sí un hilo de baba negra llena de ideas irracionales, distorsiones y pensamientos negativos en su diario, que fueron reemplazados por unas cogniciones construidas con cariño y rodeadas de amor, paciencia y deseo de aprender. Asimiló su ocupación, se acostumbró a sus tareas y las experiencias negativas que traía, pero aprendió a valorar las amistades que fue creando, los conocimientos que iba obteniendo sobre ella y sobre las personas. Comprobó la importancia de comunicar su amor a los demás, de permitirse ser vulnerable y buscar el cariño y afecto del otro. Comprendió que quienes estaban a su alrededor posiblemente compartieran sus mismos miedos y reservas frente al buscar compañía, renunciando a una felicidad que está enfrente nuestro y por miedo no la tocamos.


La tranquilidad se volvió una presencia más constante, sentía el mundo caminar nuevamente, las calles vacías volvían a estar llenas de vida, el ruido de las personas entraba por las ventanas; pero los pájaros dejaron de bailar y jugar en las tardes. En momentos sentía su existencia en un standby, donde solamente tenía la capacidad de observar, meditar y aprender de sí misma y lo que pasaba. No era una agente de cambio, sino de conservación propia. Nunca ha resplandecido en ella esa llama que motiva a ayudar activamente a un otro o que empuja a emprender y producir. Le tomó algún tiempo manejar la culpa y el no dejarse llevar por la tensión del deber ser ideal, era suficiente preocuparse por sí misma y los que están directamente relacionados con ella. Esos días de quietud exterior, pero de avalanchas interiores le permitieron explorar adentro y cuidarse. Quizás el mejor aprendizaje fue el entender que, aunque el tiempo sana las heridas, no es suficiente dejarlas por sí mismas, sino que en momentos es necesario volver a ellas, observarlas y cuidar esa piel que todavía sana, que está tierna, que necesita su amor y paciencia. En su corazón hay reservas sobre la conclusión de esta contingencia, miedo y curiosidad de lo que el mundo termine convirtiéndose, de esperar si las transformaciones tenderán hacia un cambio a favor del planeta y la humanidad o si hemos fallado la prueba y solamente dificultades seguirán en el camino. Estos días le han hecho entender y divisar de una manera más clara su futuro y lo que espera de sí misma. Poco a poco, pero con paso seguro ha empezado a trabajar en construir no solo en su mente; sino también en su realidad, eso con lo que su corazón siempre ha anhelado. Aún ese miedo sigue presente, la incertidumbre su eterna compañera, vislumbrando esa montaña imponente que no evidencia una cima ni un camino, pero confiando en su luz interior y exterior, que saben realmente qué es lo que su alma desea y grita y la guiará por donde debe transitar; que finalmente le dará ese empuje para fortalecer su corazón, sus ideas y valores para seguir volando por el camino que su luz ilumina, no aquel que sus padres y sociedad señalan como el verdadero o adecuado.

NOZOMI


HABITÁNDOME

Panza Sana se siente muy cómoda y tranquila en su casa. Una noche se analiza y se dice así misma, ¿Qué sucede en el interior de las casas de los otros, tienen sus alimentos diarios?, ¿tienen amor de sus seres queridos o están obligados a vivir con sus agresores y quizá sin alimentación? Hay gritos, SÍ, se escuchan ¿Hay injusticias? Pero panza Sana pensó que había que actuar en la medida de las posibilidades y comparte lo que tiene. Actúa también pensando en su salud mental. Se suma a seguir ayudando cada que puede y hasta hoy todo le sobreabunda en su casa y su mente. Sigue trabajando para cultivar sus sentimientos que le dan salud mental y poder acompañar y dejarse acompañar.

PANZA SANA


HABITÁNDOME

Falafela se ocultaba en las páginas de “La historia interminable”. Llevaba días con mareos y falta de aire; pero aquella historia la hacía calmarse. El miedo no desaparecía, pero algo muy dentro de ella le decía que en la vida había más que muerte, más que dolor, más que temor. Había pasado ya suficiente tiempo compartiendo todo con los miedos y con las dudas. Ahora ya no quería compartir más su desayuno, su trabajo y sus pasatiempos. Falafela quería todo para ella porque eso merecía. Fue así que poco a poco fue tomando control, y se dice que para cambiar las cosas siempre una debe comenzar el cambio desde dentro. Primero tomó control de su cuerpo, de su respiración. Poco a poco supo que podía temblar, podría perderse, podría haber un incendio e incluso venir un tsunami, pero pase lo que pase ella era dueña de su cuerpo. Podía respirar bien y sentir como el aire entraba a su cuerpo llenándolo de calma y de vida. Se arrullaba con el sonido de los latidos de su corazón que le recordaban que seguía aquí y que nada pasaría. Cuando estuvo lista decidió salir del libro, abandonar la protección de las portadas duras y cambiarse a un libro diferente. No dejaba de sentir miedo, pero ahora él ya no mandaba. Y cuando menos lo pensó encontró algo maravilloso. Al entrar al “Libro de la selva” se dio cuenta que no estaba sola, había un montón de personajes que la acompañaban, que la entendían, que la ayudaban y que no la dejarían sola. Y decidió moverse a otro libro más. Aprendió a fluir y en cada historia aprendía algo nuevo de ella misma o de los demás personajes. Siguió viajando y pasó por “Las fábulas de Esopo”, “Los cuentos de los hermanos Grimm”, “Las mil y una noches”.


Falafela se ocultaba en las páginas de “La historia interminable”. Llevaba días con mareos y falta de aire; pero aquella historia la hacía calmarse. El miedo no desaparecía, pero algo muy dentro de ella le decía que en la vida había más que muerte, más que dolor, más que temor. Había pasado ya suficiente tiempo compartiendo todo con los miedos y con las dudas. Ahora ya no quería compartir más su desayuno, su trabajo y sus pasatiempos. Falafela quería todo para ella porque eso merecía. Fue así que poco a poco fue tomando control, y se dice que para cambiar las cosas siempre una debe comenzar el cambio desde dentro. Primero tomó control de su cuerpo, de su respiración. Poco a poco supo que podía temblar, podría perderse, podría haber un incendio e incluso venir un tsunami, pero pase lo que pase ella era dueña de su cuerpo. Podía respirar bien y sentir como el aire entraba a su cuerpo llenándolo de calma y de vida. Se arrullaba con el sonido de los latidos de su corazón que le recordaban que seguía aquí y que nada pasaría. Cuando estuvo lista decidió salir del libro, abandonar la protección de las portadas duras y cambiarse a un libro diferente. No dejaba de sentir miedo, pero ahora él ya no mandaba. Y cuando menos lo pensó encontró algo maravilloso. Al entrar al “Libro de la selva” se dio cuenta que no estaba sola, había un montón de personajes que la acompañaban, que la entendían, que la ayudaban y que no la dejarían sola. Y decidió moverse a otro libro más. Aprendió a fluir y en cada historia aprendía algo nuevo de ella misma o de los demás personajes. Siguió viajando y pasó por “Las fábulas de Esopo”, “Los cuentos de los hermanos Grimm”, “Las mil y una noches”. Falafela se reunía en las estanterías en un aquelarre con Caperucita, Sherezada y Momo. Hablaban por horas sobre los lugares que habían visitado, sobre sus sueños, sus dudas y sus dolores. Se acompañaron, se abrazaron, se consolaron y se hicieron fuertes. Poco a poco todo fue cambiando. Casi no se reconocía como aquella ilustración de última página de revista. Ahora Falafela sabía que ella era protagonista, el personaje principal de su propia historia. Buscó por toda la librería un libro en blanco pero las cosas no serían tan fáciles. Su viaje apenas comenzaba, pero ahora tenía todo lo que había aprendido, ahora sabía lo que buscaba y lo que quería. Sabía que contaba con el amor de su familia y de sus amigas. Comprendía que la vida no era solo miedo, no solo dudas, también certezas, también alegría.


Largo tiempo pasó reuniendo hojas de todos los colores; recortó, tejió, pegó, escribió y llenó de colores su nuevo hogar: Un libro lleno de las heridas, las caídas, las frustraciones, los miedos, los sueños, los caminos andados, los libros leídos, los besos dados, los abrazos recibidos, las traiciones, los vuelos, las nostalgias. La historia de su vida que ella misma crea cada día, sin importar lo que venga.

FALAFELA


HABITÁNDOME

Cada noche a las 7:45 pm, Magdalena tenía una cita inaplazable. Era la cita más tranquila del día, cada día, durante el tiempo en confinamiento. Se trataba de entrar en un momento de silencio, de realizar una observación de sus emociones, de sus pensamientos y de sus sensaciones. Lo cual, para ella era todo un privilegio del cual no gozaba antes del encierro. Antes de la Pandemia, La coste no contaba con el espacio para permitirse todo esto; debido a que su tiempo se distribuía en trabajar, trabajar y trabajar, pero ahora, era la mejor cita con ella misma cada noche. ¡La pandemia le brindó la oportunidad de aprender a meditar! Con lo cual empezó a ser más consciente de incluso, los latidos de su corazón. En definitiva, Magdalena empezó a sentir una paz que le llevaría a despejar su mente para lanzarse a crear y desarrollar nuevas ideas (mientras todo el caos de un posible contagio de un coronavirus seguía amenazando afuera). Todo fue como si este tiempo en cuarentena le estuviera permitiendo conocer la otra mitad de ella, esa mitad que está pintada en colores, que no está regida por normas ni exigencias, esa que le da el permiso de equivocarse una y otra vez. Porque las voces de afuera no están allí para hacer juicios, ahora solo ella escucha su propia voz y ha decidido que esa voz siempre sea compasiva con ella. Después de vivir más de 100 días en completo confinamiento es imposible no sufrir cambios y esto le pasó a Magdalena. Hoy ve con mayor aceptación la impermanencia de la vida y de lo importante que es aceptar las cosas tal y como vienen. Ella aún sigue atenta y vigilante por todas las precauciones que aún hay que tener; porque no se conoce la fecha final de esta contingencia, pero ha decidido focalizarse en otras cosas.


La Coste aún no sabe hacia dónde la llevará el nuevo camino que recorrerá y en realidad en este momento muy poco le interesa. Ha decidido vivir solo el aquí y el ahora, solo un día a la vez. Eso sí, con todo el agradecimiento por cada día vivido. Hay muchas cosas que Magdalena aún no sabe, pero lo que sí está completamente segura es que saldrá de la cuarentena más fuerte, más sensible, más humana y más realista que antes. Hoy agradece a esta gran oportunidad que la pandemia le permite de hacer un alto tan necesario en su camino y volver a ella, a la verdadera ella, a su esencia. Magdalena del río decidió hoy más que nunca hacer honor a su nombre, decidió navegar en las profundidades de sus miedos para encontrar sus verdaderos deseos. Atravesar de lado a lado sus inseguridades, para resaltar todo aquello en lo que es verdaderamente fuerte y tomar todo lo que vaya apareciendo en su camino con aceptación; para así no negarse la posibilidad de avanzar, tal como lo hace el Río Magdalena, que debe recorrer largos caminos pasando por todo tipo de terrenos y dificultades. Ser como el río que en ocasiones es caudaloso y en otras disminuye su cauce, que en ocasiones se ve turbio y en momentos sus aguas son cristalinas y no deja de ser el río. Hoy más que nunca estará siempre atenta a darle la bienvenida a la impermanencia, porque todo, absolutamente todo pasa, nada permanece y el cambio acontece. La coste ha trabajado toda su vida con adultos y hoy contempla la posibilidad de trabajar ¡con niños! ¿Por qué no? Quiere refrescar esa experiencia de estar inmersa en la inocencia, en la honestidad, en las risas más espontáneas. Quiere bajar el grado de complejidad que le había impuesto a su vida y llevar una vida más liviana, más reconfortante. ¿Será el trabajo con niños? No lo sabe aún, pero lo más importante es que se encuentra en la búsqueda de vivir de la manera más congruente con sus deseos y de estar en un ambiente que le llene ¡su alma y su espíritu! Hoy solo resta esperar que el río siga su curso y estar con la mente atenta para ir descubriendo todo aquello que le dará mayor sentido a su ¡existencia!

MAGDALENA DEL RÍO “LA COSTE”


HABITÁNDOME

Cuando miré a Dolor a los ojos por primera vez, me hice amiga de él. Caminaba de su mano, y nos quedábamos mirando el horizonte todas las tardes pensando; yo en cómo iba a comenzar de nuevo y él, en cómo se quería quedar a mi lado para siempre. Me ayudaba a llorar todas las noches; me decía al oído que yo nunca iba a ser capaz y yo lo veía como mi único amigo. El único sincero, me ofrecía sufrimiento y oscuridad y aprendí a vivir solo con eso. Se instaló en mi vida y en mi cuerpo. Mis espacios eran habitados por él, elegía mi ropa, mi comida, qué series ver y qué música escuchar. Luego de un tiempo, sentí que en mi cama ya no había espacio para él, me asfixiaba, me retrasaba el sueño, me hacía no querer despertar. Saboteo todo lo que antes me generaba placer, incluso bailar ya no era tan divertido desde que él llegó a mi vida. Un día, al mirarme al espejo no pude reconocerme, mis ojos ya no reflejaban ningún sueño; no encontré la mujer que yo conocía, en su reemplazo estaba un alma marchita. En el fondo me extrañaba, pero era tanta la presión de Dolor que a veces sentía que esa vida en el espejo, era la que yo merecía. Me acostumbré a los espacios que había construido en ese tiempo, a las paredes sin color, a las ventanas cerradas, la música en off. Solo había algo de mí que permanecía en mis espacios; el jardín que sembré años atrás estaba florecido. Dos hermosas flores me recordaron la primavera de mi vida; cuando bailaba feliz y horneaba pasteles, mientras que entraban risas por mis ventanas abiertas. Bastó ese segundo de felicidad para entender que debía buscar esa parte de mí que necesitaba ser curada, ese lugar dentro de mí dónde yo ya había estado.


Regresé con la intención de sanar, honrar ese espacio sagrado en el que pasé la mayor parte de mi vida y honrar también mi capacidad de vivir. Cerré los ojos, escuché mi voz, me abracé y tomé mi historia entre mis brazos. No tuve miedo, me volví a conectar con mi corazón, respiré mi cuerpo, habité los espacios interiores, regresé al lugar de oscuridad. Dolor se reveló, se aferró a los recuerdos, a mi historia, a mi vida. No quería soltar mis lágrimas ni mi pena. Pero yo, ya no le quería abrir más la puerta, no contesté a sus llamados y así como muchas personas también lo han hecho… lo saqué de mi vida Pero en mi mente mantengo ese regalo que me dejó mi amigo el dolor. Ese regalo es un lienzo, una experiencia, se convirtió en poema, lo abracé en un baile, lo escribí en un cuento. Cuando me despedí de mi amigo dolor su recuerdo lo convertí en arte.

JULYA


HABITÁNDOME

Han pasado aproximadamente 14500 días en Marte (Ohhh son muchos días, pero ¿saben por qué? allá los días duran 12 horas). Ixchel ya se encuentra muy recuperada de los episodios de ansiedad nombrados anteriormente, dice que ha retomado clases de yoga y pilates y esto le sienta muy bien. Hoy quiero contarles algo, Ixchel y yo somos antiguas amigas, nos conocimos en la Rivera Maya en un congreso de astrología, era llamada la diosa del arcoíris. Porque donde llegaba irradiaba luz, es decir; eso parecía una discoteca andante. Sentí en algún momento ser como ella. Una vez radicada en Marte, me realiza una llamada, echamos chisme de lo lindo, nos pusimos al día con todos los eventos, cuando terminamos la farándula, hablamos de un tema muy profundo y la sentí muy tranquila. Me decía, me siento extraña aquí en este nuevo planeta, pero he sabido adaptarme a la nueva vida, me siento con la responsabilidad de estar bien por mi aldea. Yo en medio de la conversación entendí algo que se llama resiliencia, porque sus palabras fueron enfocadas a entender que el estar en Marte, sería una opción de bienestar temporal, mientras en el Planeta Tierra las cosas siguen sin tomar un rumbo. Las palabras de Ixchel siempre son apropiadas para aquellas que estén pasando por alguna situación que no les deja tener paz en el ser y el alma. Mientras en la tierra algunas situaciones no cambian o no se tienen respuesta; ya nos hemos adaptado a tener una privación de la libertad, es algo forzado, pero no todos toman esto de una manera constructiva. Aquí termina un capítulo más, una conversación que me lleva a reflexionar sobre sí estoy dispuesta asumir este reto de adaptación de la libertad.

IXCHEL


HABITÁNDOME

Una pequeña niña llamada Crisálida perdió su hogar, tras un gran derrumbe que hubo en el pueblo donde vive. Ella observa desde una roca lo triste del suceso, ya no había nada, sus amigos no estaban, a su casa le faltaba una parte. Su parque favorito solo tenía sus bases. Crisálida a lo lejos vio como el radiante sol se escondía con el mismo esplendor como había salido, y se pregunta ¿Por qué te escondes con tanta plenitud? Si hoy mi hogar está triste, mis ojos son como arroyuelos que brotan de la tierra árida en el desierto. Una pequeña ventisca nace sin ningún origen y sin detenerse rompe a su paso todo lo que haya en mis mejillas. Indignada por lo visto bajó de la roca y partió a su hogar. Mientras caminaba a lo que quedaba de su casa observó que del barrio salían pequeños caracoles, y que aún las nubes luchaban por apagar el día y al sol que tanto brillaba dando rayos de luz. Rayos que le hicieron recordar que ella tenía el poder de transformar con su sonrisa la vida de sus amigos. Crisálida no fue a su casa ese día, ella con su magnífico don fue al parque y allí levantó y convirtió este lugar en un refugio de tranquilidad y amor, para ella y quienes buscaban rehacer su casa. Poco a poco todos aprendieron que la mejor manera de ganar una batalla es cuando ponemos nuestros talentos al servicio del otro.

CRISÁLIDA


HABITÁNDOME

Va casi un mes en el que nuestro único contacto ha sido virtual. En el año que llevamos juntos nunca había pasado algo semejante, lo que pasaban eran las visitas casi diarias, los besos frecuentes y las aventuras espontáneas. Ya nada de eso pasa. Lo que pasa es casi un mes en el que nuestros pensamientos y palabras de aliento eran que solo sería un mes, que no era tanto tiempo, que pronto podríamos volver a lo mismo. ¡Pura ingenuidad! Si “lo mismo” ya no existe, quedó atrás con el mundo en el que solíamos vivir, porque si el mundo cambia todo cambia y nosotros no somos la excepción. Observando las flores que se encuentran en mis brazos me doy cuenta de algo, y es que de tanto extrañar perdemos la perspectiva. Que a veces cuando me gusta mucho una flor no la podo, ni siquiera cuando ya está marchita. Pero, ¡que ciega soy! Si solo dejando ir lo que ya no es, se puede valorar lo que viene. Si ya no hay besos, visitas o aventuras, antes no había llamadas nocturnas; cenas remotas, cursos en pareja, ni Netflix a distancia. Los encuentros físicos, que antes eran cotidianos, desde ahora serán mucho más especiales. Porque lo que nos une no es nada de eso, sino el amor que nos profesamos y el respeto que nos tenemos y aunque es verdad que el amor no puede con todo, seguro el nuestro si puede con esto.

NAIA


HABITÁNDOME

El reloj del corazón, ese sin terminar, marca el presente. Era la noche, una noche tranquila, una noche en silencio. Ellel alzó la mirada, aguzó la vista y encontró el hilo, el hilo que sigue sus pasos, un poco enredado, pero la acompaña la gracia de la juventud. Ellel lee su historia y escribe sus días, cada vez con más frecuencia se piensa a sí misma: con detenimiento se acompaña y se siente. Casi siempre el tren del pensamiento se rehúsa a abandonar sus días. Sin embargo, el café, la caja, el libro y, sobre todo, la gardenia, hacen eco; un eco que fortalece su andar en el tiempo. Un tiempo presente que abraza el pasado y se abre a lo venidero, Ellel ahora tiene el tiempo y no al revés.

ELLEL


HABITÁNDOME

El plan pintaba solitario y Urkudú no tenía problemas con que así fuera, había estado atesorando por casi dos meses un vinito que destinó justo para esa ocasión y disfrutaba la idea de que pudiera disponer todo de él para sí. Lo sabía, pero aún no lo había interiorizado y cuando así fue, cayó sobre sí el peso de estar lejos, sin los suyos; un día como ese, donde sabía que no estaría el apapacho maternal acostumbrado, no escucharía las voces que desde el vientre de su madre reconocía entonando la típica canción que anunciaba un año más en la cifra de su edad. No podría visitar el lugar que entre sus amigas hayan elegido y hacerse la sorprendida al verlas, cuando sabía con antelación lo que sucedería. Lloró al punto de empapar sus plumas de papel que casi comenzaban a desmoronarse, se agitaba su respiración y se le dificultó pasar página. Pasó media noche y no vislumbraba letras que se le hicieran familiares, con algún mensaje de cariño que diera cuenta que alguien más que ella había estado esperando ese momento. Despertó por un fuerte llamado a su puerta, al asomarse casi no podía ver quién había interrumpido su sueño, porque un globo enorme que recitaba su nombre y un “Feliz cumpleaños”, ocupada todo el espacio. Ni siquiera había planeado qué desayunar ese día, solo había reservado el vino y un par de velas en forma de números 2 y 7, pero eso ya estaba solucionado: Jugo de naranja, café, sanduche, huevos revueltos, frutas picadas que incluían kiwi, de sus favoritos, y otras cosas más, y con ñapa; un mensaje y dos nombres bastante cercanos.


Así comenzó el día y así continuó, invadido de sorpresas, primeras veces, flores, no cualquiera ¡Girasoles! Sus favoritos. Invitaciones, tantas que debía rechazar algunas para dar cabida a las otras. Una familia adoptiva, juegos de azar, apuestas con cero suerte, claro, pero acompañada, física y emocionalmente. Pudo escuchar el canto con las voces de siempre por vigésimo séptima vez, ese día notó que el cariño no distinguía de fronteras. Irónicamente su primera fecha conmemorativa lejos de los suyos, fue en qué más le sintió cerquita al corazón y finalizó con un vino repartido entre varios, y un quedarse dormida en plena felicitación virtual proveniente del otro lado del continente, de tantas que recibió. Ese día, ese día Urkudú fue feliz y lo supo.

URKUDÚ


ARTESANAS EN CUARENTENA


Ana Gonzรกlez


Andrea Ă lvarez


Camila CastaĂąeda


Elisa Hurtado


Valentina Reyes


Manuela Monsalve


Vanessa David


Fernanda Garza


Lizeth PatiĂąo


Laura Cano


Estella Agudelo


Inés Hernández


Juliana Alvarรกn


Daniela Villegas


Créditos Facilitadores: Lorena Agudelo, psicóloga Jorge Giraldo, Licenciado en artes plásticas Ilustración: Mariana Betancur Jorge Giraldo Diagramación y diseño: Paula Tangarife Copyright 2020 © Artesanas en cuarentena. Prohibida su venta.


Proyecto ganador de la Convocatoria de Estímulos para el Arte y la Cultura 2020, Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín

Artesanas en cuarentena, cuentos y microcuentos

Profile for Jorge Ivan Giraldo Garces

Arte-Sanas en Cuarentena  

Proyecto ganador de la Convocatoria de Estímulos para el Arte y la Cultura 2020, Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín. Este libro es...

Arte-Sanas en Cuarentena  

Proyecto ganador de la Convocatoria de Estímulos para el Arte y la Cultura 2020, Secretaría de Cultura Ciudadana de Medellín. Este libro es...

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