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tresmil suplemento cultural

NO. 1159 / SÁBADO 28 / JULIO / 2012

PINTURA

FUNDADO EL 24 DE MARZO DE 1990

> Duke Mental El tunel (El Salvador)

ARTÍCULO ACCIDENTES DE TRÁNSITO: CICLO DE LA BARBARIE EN EL SALVADOR EL LENGUAJE HUMANO TIENE COMO CARACTERÍSTICA LA VERSATILIDAD, LA CAPACIDAD DE REPRESENTACIÓN DE OBJETOS PÁG 3 y 4

RESEÑA PRESENTACIÓN DE VOCES Y HUELLAS DE VLADIMIR MONGE PÁG 6 Y 7

IDENTIDAD MISOGINIA Y RACISMO SEGÚN DOS AFRODESCENDIENTES PÁG 8


"Los jerarcas jamás entenderán la poesía, o dejarían de ser jefes"

Bitácora

(MANLIO ARGUETA)

José Roberto

Ramírez TENTACIÓN INVERNAL I. Tu cuerpo de mujer exquisita se alimenta de atardeceres y lloviznas De pasos apresurados y miradas cautivas De silencios y besos suspendidos... Lo he descubierto mientras llueve... y te recuerdo... II. La distancia hace estragos como río indomable ¡La soledad cala los huesos! ...Es musgo afincado en las paredes anegadas y canto angustioso de reloj en el tejado...

III. Tu piel flama a pesar del frescor invernal El deseo tu concupiscencia las ansias mi lejanía Sublevan tus manos despobladas...

Diáspora e historia MAURICIO VALLEJO MÁRQUEZ COORDINADOR

IV. Llueve... Cerrados los ojos Impacientes tus labios Toda tú...disponible Entrañable Erógena Agónica en el vaivén de mi ausencia... ...No te olvides -al menospronunciar mi nombre...

Poemas cortesía del autor para el Suplemento Cultural 3000

| microrelato | volviendo a ver por si él cambiaba de opinión. Sólo hasta que ella no volteó a ver más, el levantó la cabeza de nuevo y se quedó viéndola, hasta que se le perdió en el horizonte. Se levantó con un suspiro y se marchó en dirección contraria. Yo me acerqué a donde él había estado, porque quería saber que había escrito en la arena.

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HARRY CASTEL Escritora

ILUSTRACIÓN: SUPLEMENTO CULTURAL TRES MIL/ELVIS AVID GUZMÁN

33. De un encuentro visto de lejos. Todos aquellos hombres se habían marchado muy disgustados. Hasta que todos se hubieron ido, el que estaba inclinado levantó la cabeza y le preguntó algo a la mujer, ella tardó en responder, pero al final parecía estar contenta, pero también estaba llorando; él volvió a hablar, yo creí que se iban a ir juntos, quizás ella también lo creyó porque se veía que no se quería ir, pero al final se fue despacito,

34. Tarde Ella solo habría necesitado una llamada, pero luego de dos semanas de llamarle al contestador, de enviar mensajitos y de escribirle en internet, dijo: «al diablo», sacó el vestido lavanda que había estado guardando para cuando salieran, llamó a una amiga y dejó el celular en la cama, tomó la cartera y bajó corriendo las escaleras, aliviada cerró la puerta de la calle y se la vio parar un taxi en la acera. Sobre la cama, la pantalla del celular se iluminó con la llamada entrante.

tresmil

La guerra siempre estará en nosotros. Aunque pasen veinte años o más de los Acuerdos de Paz, el recuerdo del dolor nos habita, y cada una de las consecuencias se ve en nuestra sociedad, en nuestra juventud. Pero en los que tuvieron que partir rumbo al exilio fue tan marcado y doloroso como en los que nos tocó vivir la guerra en El Salvador, con la diferencia que los que estaban lejos sufrían por no estar cerca, por tener que adaptarse a una cultura ajena, además de sentir el dolor de las víctimas de la guerra. A diario nuestro El Salvador muestra la herencia de doce crueles años de guerra, en los que muchos compatriotas fueron perseguidos por el campo, por la ciudad e incluso fuera de nuestras fronteras. Innumerables personas tuvieron que vivir el amargo exilio en países donde las costumbres son tan diferentes como el clima y el idioma. Vivieron la diáspora, fueron víctimas del conflicto y del exilio, el desarraigo obligado de su tierra; pero por la eterna añoranza de su país, que aunque sumido en la locura, siempre es recordado y desde la distancia no olvidaron a su tierra y trabajaron recordando y enviando remesas, así como teniendo la eterna promesa de regresar algún día. José Vladimir Monge acumuló esos años de guerra y diáspora en 121 páginas de su libro Voces y Huellas editado por editorial Círculo Rojo (España). 121 hojas que provocan una tormenta de remembranzas al leerlas, que nos convierte en testigos de su vida y de su exilio. En esta obra relata con su testimonio cómo fueron esos años, cómo los vivieron los salvadoreños que tuvieron que emigrar, las peripecias de la incertidumbre y la añoranza por el suelo patrio. Bajo la aguda mirada de un poeta relata la historia de una guerra civil que mermó la vida de muchos salvadoreños y obligó a tantos más a partir con rumbos distintos: Australia, Suecia, Estados Unidos, México y, en su caso a Costa Rica y Canadá. Y que a pesar de la distancia, el sentimiento de arraigo por El Salvador los acompaña sin importar el paso de las décadas, así como es difícil que la guerra deje de estar presente en nuestra historia y en nuestra sociedad.

http://vallejomarquez.blogspot.com

Director: Francisco Valencia. Coordinador: Mauricio Vallejo Márquez. Subcoordinadora: Lya Ayala. Diseño: Mauricio Vallejo M.

suplemento cultural

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Toda colaboración puede enviarse al correo electrónico:

suplemento3000@gmail.com


| artículo|

Accidentes de tránsito: Ciclo de la barbarie en El Salvador OSCAR SÁNCHEZ Investigador

E

l presente artículo pretende abordar uno de los problemas de salud pública más significativos en el país a la luz de algunos rasgos característicos del lenguaje. Este último como faceta importante del ser humano. El lenguaje humano tiene como característica la versatilidad, la capacidad de representación de objetos. El lenguaje evoca diferentes significados en distintas épocas y contextos. No significa lo mismo la rosa en literatura, que en biología o en jardinería. Noam Chomski, haciendo referencia al lenguaje, comenta que «ciertas estructuras lingüísticas están dentro de la estructura innata del ser humano». El lenguaje no puede separarse del contexto social, se adquiere de manera social. Pareciera un absurdo hablar de accidentes de tránsito bajo algunas nociones o elementos de la filosofía del lenguaje: Pero no es así. Sustento esta argumentación retomando el siguiente planteamiento de Edmund Husserl: «es imperativo volver a las cosas mismas (el problema de los accidentes viales), desde una perspectiva distinta» (en este caso desde la estructura del lenguaje). Continúo con Husserl: «Los filósofos hasta el momento se han apartado del verdadero gran problema que es examinar los datos en sí mismos, en su cualidad pura, en su efectiva condición de datos, por sostener debates acerca de la realidad y de la existencia del sujeto y del objeto». Siguiendo esta premisa husserliana se tratará, con este escrito, de hacer una lectura de esta problemática a partir de datos estadísticos o reportes epidemiológicos obtenidos de las instancias pertinentes, en este caso: Ministerio de Salud (MINSAL), Protección Civil (PC), Policía Nacional Civil (PNC) y Viceministerio de Transporte (VMT). Ahora bien, cuando se habla de barbarie, por alguna razón, en la memoria de algunas personas pasa la

Gráfica No. 1 Fallecidos por accidentes viales. El Salvador (2001 – 2010)

Fuente: Policía Nacional Civil. Abril de 2011.

Gráfica No. 2 Progresión automotriz de El Salvador (1995 – 2010)

Fuente: Viceministerio de Transporte. Abril de 2011. idea de que este término tiene nexo con la palabra barba. Si se le define, la explicación más aproximada sería: «parte de la cara que está debajo de la boca, y de pelo que crece en la cara»; pero ninguno de estos significados establece un convincente nexo entre barba y barbarie. Una explicación sobre el origen del concepto barba, como pelo facial, deriva etimológicamente del protoeuropeo bhar-dha. Es esta raíz la que

dio origen a la palabra latina barbarus (bárbaro), que a su vez, deriva de un vocablo griego que significa «extranjero», como una de las formas de designar a los foráneos, especialmente los germanos, que llevaban una espesa barba. Aunque los griegos empleaban el término bárbaro para referirse a personas extranjeras, que no hablaban el griego y cuya lengua extranjera sonaba a sus oídos como un balbuceo

incompresible u onomatopéyico (bar - bar) se ha vendido la falsa idea de que bar-bar está referido o es similar a lo que hoy día se representa dialógicamente como bla – bla. La onomatopeya bar – bar es un juego de voces peyorativas que imitan el sonido de ladridos de perro, por lo tanto bárbaro era para los griegos el que ladraba y se comparaba como un perro o era un amigo de éste. En la connotación del lenguaje, bárbaro es una expresión racista, xenofóbica de la cultura griega. Posteriormente bárbaro se le llamó al sujeto que vivió en algunos de las poblaciones que, a partir del siglo V, atacaron al Imperio romano. En la lógica del lenguaje y aplicando el modelo de la dualidad del signo de Ferdinand de Saussure -el cual no es el único modelo- respecto a esta relación entre significante (cualquier signo lingüístico, para el caso «barbarie») y significado (concepto o representación mental que expresa esta palabra); hoy día la barbarie está referida a la rusticidad, incultura, fiereza, crueldad, zafiedad y tosquedad de algunos sujetos, sectores o comunidades considerados en este estado. Relacionado a esto último, para fines del presente artículo, a la barbarie a la que se hará referencia es a la vinculada con la problemática cíclica de los accidentes de tránsito. Se aplica lo cíclico a lo que comienza de nuevo, en un orden específico, una vez que ha terminado de suceder. Los accidentes viales en El Salvador son eso: Un ciclo…una serie repetitiva de eventos representados de escenas de muerte, dolor, marcas psicológicas, impactos familiares, desequilibrios económicos y fuerte inversión del sistema de salud en la atención, curación y rehabilitación de las personas no mortales o sobrevivientes de estos tipos de incidentes. En el país, la tasa de fallecidos por accidentes viales por cada 100,000 habitantes es una de las más altas en toda América Latina. La constante de los percances viales, según las instancias responsables, responden a: 1. Una temporalidad: Festividades, periodos vacacionales (Semana Santa, agosto, navidad y año nuevo); ciertas semanas, meses, días, horas «pico», entre otros. 2. Un estado o condición: Imprudencia al volante (distracción del conductor, la invasión de carril, comportamientos agresivos, entre otros); conducción «temeraria» (exceso de velocidad, ebriedad o consumo de otras drogas y estupefacientes); estado de los automotores; falta de educación para la seguridad vial, por citar algunos. 3. Situaciones críticas de accidentes de tránsito: Embotellamientos, sobrecarga vehicular, crecimiento del parque

automotriz, deficiencia en la infraestructura viaria, otros. En vista que el conocimiento se genera o se construye a partir de preguntas más que por respuestas, alguien probablemente se ha cuestionado más de alguna vez: ¿Tendrá que ver la mortalidad por accidentes de tránsito con el incremento del parque vehicular? En este sentido, haciendo uso de una triangulación de los datos obtenidos se presenta en las siguientes gráficas un cruce de las variables que pretenden, modestamente, darle una interpretación a la interrogante anterior: Fallecidos por accidentes de vehículos de motor versus crecimiento vehicular de El Salvador ¿Realmente será esta una de las causas? Alguna otra persona podría comentar que este es un problema multicausal estructural y que por lo tanto su abordaje debe ser multifactorial, multisectorial, transdisciplinario e interinstitucional (VMT, gabinete de seguridad, mesa del transporte y el sector de motoristas del transporte público, por mencionar algunos), por lo tanto ambas variables no tienen relevancia o una relación directamente proporcional que establezca que a mayor número de vehículos mayor es el número de fallecidos. Desde la atalaya de la dialéctica, como método particular de aproximarse a la realidad: Los opuestos, la contradicción se halla en el seno mismo de las cosas. Desde este punto de vista el problema de los accidentes de tránsito en el país responden a una multiplicidad de categorías dialécticas, entre ellas: Causa – efecto; forma - contenido; apariencia y realidad; espacio – tiempo y otras más, pero siguiendo la tónica del escrito no debe faltar la contradicción que se retomó de Martín Heidegger: Civilización y barbarie. Para Heidegger en toda violencia late el esquema civilización-barbarie. A veces se mata en nombre de la barbarie. Se mata lo establecido, lo racional, lo instaurado. La civilización entendida como sacralización del Poder: El ¨poder desde el volante». Aquí, la barbarie se asume como lo distinto, lo nuevo, lo transgresor. Lo que transgrede el orden monolítico del ser. Toda cosificación es reaccionaria, y la civilización es eso: es la cosificación de un Poder constituido al que hay que destruir. Esto permite entender el nihilismo (del latín nihil, «nada»; para muchos la vida es nada: carece de sentido, significado objetivo, propósito o valor intrínseco) de ciertas violencias y –sobre todo- permitiría comprender el porqué en las vísperas de navidad y año nuevo es donde se tiene reportado el mayor número de fallecidos por percances viales, seguido de Semana Santa; el porqué de las 18:00 a las 20:59 horas es la mayor distribución horaria de muertes

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| cuento | Viene de página 3/ (le siguen de las 15:00 a las 17:59 horas); el porqué los fines de semana son los días donde más se viste de luto la población salvadoreña, con mayor predominio los domingos que sábados; se entendería porqué los atropellos y colisiones son los accidentes más frecuentes que se traducen en víctimas mortales; que los departamentos donde hay «mayor civilización», entiéndase éstos como San Salvador, La Libertad, Santa Ana , Sonsonate y San Miguel es donde hay mayor número de accidentes con saldos fatales; que las edades de 31 a 40 años representan la mayor cuota de fallecidos, seguidos en su orden los grupos de edad de 21 a 30 y de 41 a 50 años; que la razón por sexo en el 2009 fue de 4:1 (es decir que hay un predominio de 4 hombres muertos por accidentes de tránsito por una mujer) y para el 2010 la razón fue de 3:1. La barbarie que se vive en El Salvador, como máxima expresión del nihilismo, ha llevado a muchos de sus habitantes a una baja percepción del riesgo, a una falta de adherencia de valores tan inconmensurables relacionados con la vida misma. Como que el constante interactuar con la muerte, es decir la subvaloración de la vida y de los mismos valores, hace pensar que «da lo mismo morir producto de la violencia; morir atropellado; de dengue; de influenza AH1N1; enfermedad renal crónica», por mencionar algunas otras modalidades. En ese marco hermenéutico -o arte de interpretación- de la vida misma, resulta interesante hacer un análisis, una valoración sobre las causas de accidentes con fallecidos; en su orden se tiene: Distracción del conductor (hablando por teléfono celular, no

atender señales de tránsito, objeto entre manos, otros); velocidad excesiva o inadecuada (arriba de los 90 kilómetros por hora, invasión del carril contrario, mal estado de las calles, otros); imprudencia peatonal (cruzar curvas y redondeles, no usar pasarela, pasar frente al bus al bajar de éste, otros). Respecto a los vehículos involucrados en accidentes con daños materiales, se tiene de mayor a menor número de casos el predominio de carros con placas particulares (71%); le siguen camiones (8%); buses (7%) y microbuses (5%), entre otros. De estas cifras destaca que los saldos con pérdidas humanas corresponden a vehículos particulares (50%); motocicletas (9%); buses (7%);

microbuses (6%), por mencionar de mediciones básicas de algunos. epidemiología, como las tasas (las Siempre en la tónica de la dialéctica, cuales miden la ocurrencia de un es menester resaltar las opuestas evento en una población sobre el categorías entre lo abstracto – tiempo), se descubría que no hay concreto; universal – singular; cambios sustanciales. Tómese, a esencia – fenómeno. A manera de manera de ejemplo, los casos de 2009 ejemplo las categorías de lo universal y 2010; si dividimos 108 entre 100 y singular permiten al sujeto conocer mil personas (valor estándar o que los objetos, constante en fenómenos o hechos epidemiología) se La barbarie que se sociales tienen una tendría un dato que no vive en El singularidad que los tiene variación o Salvador, como diferencia de los cambio alguno máxima expresión demás. respecto a los 102 del nihilismo, ha Para el caso, cuando casos de 2010. Cosas llevado a muchos se ha detallado la del lenguaje. de sus habitantes situación de los Los datos a una baja accidentes viales en estadísticos dicen una percepción del el país se ha tomado cosa: la realidad marca riesgo, a una falta en cuenta la otra pauta. ¿A qué de adherencia de particularidad de El persona que no esté valores tan Salvador; pero no invadida por la inconmensurables pierda de vista que barbarie se le ocurre relacionados con este problema tiene sobrecargar sus la vida misma. una connotación unidades móviles, que universal, lo cual no las revisa ni da hace reconocer que la mortalidad por mantenimiento, y que posteriormente colisiones en percances viales tiene las conduce a excesiva velocidad? una enorme incidencia en todo el ¿No serán estos actos parasuicidas? mundo y que cada año resultan Se define como parasuicidio cualquier heridas de veinte a cincuenta millones acto que no llega a causar la muerte, de personas a consecuencia de que una persona realiza accidentes de tránsito no mortales, deliberadamente, sabiendo que puede muchas de ellas con secuelas de causarle algún daño físico o incluso discapacidad permanente. terminar con su vida. Las categorías de esencia y fenómeno Finalizo, retomando uno de los ya significan que la esencia es afín al mencionados postulados de Husserl, contenido, pero no idéntico. Si el y que con este artículo se ha tratado, contenido es el conjunto de elementos en la medida de lo posible, de examinar que constituyen un objeto o los datos en sí mismos; rechazando fenómeno, esencia es el aspecto otros temas que están en la agenda de principal, lo interno y relativamente políticos e intelectuales que estable. He aquí el problema con los posiblemente no lleven a nada. datos o cifras estadísticas. El tratar Mientras tanto, se aproximan las de hacer una interpretación de una vacaciones de agosto, inicia otra fase

porción, segmento o parcela de realidad a través de números absolutos lleva a un error epidemiológico (lectura del fenómeno). La esencia para este caso lo constituye el sinnúmero de problemas, razones o circunstancias –que desconocemos- que pasan por las cabezas de quienes conducen. El error epidemiológico ocurre cuando se interpretan números fríos o valores absolutos, que pueden denotar avances significativos en materias de prevención y control de una enfermedad o evento. Al observar en el cuadro No. 1, la trayectoria de casos por accidente por vehículo de motor pareciera, desde el 2006, un notable descenso en los casos por accidentes viales; pero al hacer uso

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del ciclo donde los encabezados de los periódicos y los titulares de noticieros de radio y televisión anunciarán a viva voz la cifra de muertes y lesionados, como producto de diferentes accidentes de tránsito en diversos puntos del país. Como se dijo al principio de este texto: El lenguaje evoca diferentes significados en distintas épocas y contextos. No significa lo mismo barbarie refiriéndose a hombres barbados, que un atentado terrorista o un «busero» que ha sobrecargado su unidad, llevando con exceso de volumen y velocidad su automotor, dejando a la buena del destino o de Dios la vida de todas las «almas» que en ese momento dependen de él.

IVÁN LARREYNAGA Cuentista Al asco del amigo Moya. arlos, regalame otro ron con mineral y limón. Sí, sí sé que parece insólito pero te lo repito: en una semana perdí mi volvagen negro, mi esposa con hija y todo, mi trabajo y mi dedo índice derecho. Esto sí te lo puedo enseñar ahorita... mirá... Regalame el trago y te cuento. Parece mentira, Carlos, cuánto te puede pasar en una semana. Mirá, te digo, me considero un tipo tranquilo, algo callado; pero esto sí que me ha dejado abrumado. La verdad yo nunca, en toda mi vida, fui de los que tienen la mejor suerte del mundo. Eso lo he aceptado, Carlos, la torpeza ha sido gran compañera en mi existencia. Pero es que esto que te voy a referir es el colmo, Carlos, ¡el colmo! Gracias por el roncito. Mi esposa se llama Angelita. Puedo decirte que mi matrimonio no pasaba de lo normal: igual y diferente como todos. Incluso, teníamos ya nuestros «rituales inconscientes» como les he querido llamar. Aquellos que se hacen en automático, vos me entendés, Carlos. Pero por esos «rituales inconscientes» me vino la desgracia. No, Carlos, no juzgués, dejame terminar. Vaya, mi esposa tiene una manía remanente de su adolescencia: le encanta comerse las uñas. ¡Es su obsesión! Y por esos encantos del amor, con el tiempo, ya no se comía sólo las de sus manos sino también las mías. Sí, Carlos, sí. No es mentira. Por cierto, yo encontraba excitante el que ella me mordiscara los dedos. Me llegó a gustar mucho. Varias veces empezamos a hacer el amor porque me excitaba que me mordiscara los dedos. Escuchame, Carlos, cuando la desgracia viene es porque tiene que venir y punto. Es como el viento, inesperado e invisible pero ahí está. Pues el viernes pasado… quiero ver, hoy es martes ¿verdad? No perdón, el viernes antepasado entonces, la desgracia se huracanó sobre mí. Dejá que te cuente, men. Ese viernes, tipo nueve de la noche, estábamos tirados, Angelita y yo, en nuestro querido sillón y veíamos una película de terror por cable. Pues resulta ser que a media muvi, Angelita, de un susto, rebanó la mitad de la uña de mi dedo índice, dejándolo en carne viva. No me voy a detener en detalles sobre el grito y la desfiguración de mi rostro. Eso se convierte en una pequeñez para lo que vas a oír, mano. Pues verás, en el momento todo se calmó. ¡A la púchica! El peliculón de plano que estaba bueno, men. Estábamos tan cómodos que, luego de detenerme la sangre con un vendaje improvisado que me hice por ahí, continué con Angelita disfrutando de la muvi en paz. Lo peor ni se me cruzaba por la mente. El finde lo pasé con el vendaje improvisado. Tenía cuidado con ciertos movimientos de la mano afectada, pero, la meramera, ese finde me tuvo sin cuidado el bendito dedo. La verdad, yo quería descansar, chis,

C

y no preocuparme por algo pasajero. Aunque ya la noche del sábado me desperté dos veces por un dolorcito palpitante. Aún así, me valió y no le presté mucha atención. Y además de que no sirvo para eso de la sangre, el vendaje se veía sanador. El lunes la desgracia misma me despertó en la cama, Carlos, para ser alegóricos. Vos me entendés: Amor -me dijo Angelita- fijate que hasta ahora me doy cuenta pero la tuallita amarilla de la Inesita, con la que te hiciste el vendaje, estaba rechuca. Yo la había ocupado para limpiar unos meados de ella. Te acordás que aquella vez se hizo en la mesa y… ¡Pues claro, men! Ese había sido el motivo de la infección que no me dejó dormir esa noche. No pude pegar un ojo, Carlos, del gran dolor. Cuando me vi el dedo esa mañana del lunes, ¡ja!, si parecía tapón de pila de lo inflamado que estaba el condenado. Es que hasta calentura tenía, Carlos, no te miento. Mirá cómo actúa la desgracia, mirá cómo son las cosas: en mi noche de tormentoso desvelo había decidido que, al despuntar el día, me iba ir a meter al Seguro Social para que me vieran esa babosada. Pues justo ese día Angelita tenía una entrevista de trabajo que me la venía cantando desde hace una semana atrás; habíamos acordado que la iría a dejar y le daría el beso de buena suerte. ¡Seamos honestos, Carlos, lo prometido es lo prometido! La bicha estaba bien entusiasmada, hombre, te lo juro, desde la semana anterior estaba con la cantaleta de la bendita entrevista y, aunque me retorcía del dolor, tenía que cumplir con lo dicho. Acepto que refunfuñé, y con razón, pero tomé las llaves del carro y como todo un caballero le pedí que se apurara. Nos fuimos. Ay, Carlos, para no aburrirte; no sé qué movimiento hijueputa hice en la curva esa de la avenida Bernal, viniendo de la Metrópolis, que me retortijé el dedo con el maldito volante. No te podés hacer una idea del alarido que pegué. ¡Puta, si es que sólo de recordarlo siento que todos mis esfínteres se contraen! Bueno ¿qué crees, men? No ves que me estampé en una cuneta, jodí los amortiguadores delanteros, ponché las dos llantas y destartalé un pequeño jardincito. Decime, Carlos, cómo te sentirías vos con ese lunes. Y escuchame esto: -Ay, amor, te prometo que te mando a mi hermano para que te eche una mano, pero yo te juro que tengo que estar en esa entrevista. Ese no fue el problema, Carlos, ¡te lo juro que ese no fue! Yo, mirá, y te lo digo en serio, me considero un tipo sosegado, pero esto ¡es la verga! Llevamos nueve años de conocernos, Carlos, ocho desde que nos dimos la primer amontonada. Siempre, Carlos, toda la vida nos damos un beso, «un piquito» como nos decimos, cuando uno de los dos se tiene que marchar. ¿Por qué me tuvo que tomar la mano?¿Por qué apretó mi dedo descachimbado? Mirá, viejo, la vista

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FOTO: SUPLEMENTO CULTURAL TRES MIL/ELVIS AVID GUZMÁN

FOTO: SUPLEMENTO CULTURAL TRES MIL/ELVIS AVID GUZMÁN

El índice de las desgracias Viene de página 4/ se me nubló. No sé qué pasó exactamente. Cuando caí en sí ella estaba en el suelo deteniéndose la quijada y la sangre del derechazo que le soné. ¡Del derechazo, Carlangas! Te imaginás lo que me hizo hacer. Mi dedo tenía encarnado el desdichado vendaje improvisado, Carlos. ¡Me horrorizaba de sólo verlo! No sirvo para esas cosas, no, no, nunca serví para la sangre. Pero eso no fue todo. Por ese mi condenado índice reaccioné de modos extraños. Empecé a gritarle hasta de lo que se iba a morir, se me salió todo lo que me había guardado, cosas que ni recordaba. No pensaba, viejo, no pensaba. Estaba encima de ella con los ojos encabritados, culpándola hasta de los gases pestilentes que le había aguantado, con lujo de detalles y todo. En mi cuello rojo de furia se dibujaban hasta las venas de los gritos que le daba. Yo tampoco lo puedo creer, Carlos. Ella salió corriendo, espantada, tapándose la cara con sus manos. Yo todavía la despedí vociferándole maldiciones, ¡ja!, alrededor había toda una congregación de curiosos con la cara pasmada del chou que presenciaban. A unos metros del carro un cuilio se apeaba de la moto y sacaba libretita y lapicero para clavarme. Yo salivaba como bestia, Carlos, como bestia salivaba de la consternación y mi dedo pulsaba de la inflamación... Me salió un verso sin esfuerzo, viejito, pero es que esta malapata pareciera un cuento de terror, ni más ni menos. Algo que sólo a un desocupado se le ocurriría. Qué te puedo decir, terminé en la Policía, en la de la Zacamil. Terminé peleándome allí con la burocracia de todo el mundo concentrada en la cara

FE DE ERRATA Este cuento fue publicado el sábado anterior con el crédito de Manuel Luna, siendo el autor el cuentista Iván Larraynaga, por lo que pedimos disculpas.

de aquella vieja, Carlangas viejito. Cada vez que le enseñaba el dedo a esa vieja desgraciada, para explicarle mi problema, sostenía una carcajada que le hinchaba las papadas. Carlos, está bien lo acepto. Yo me considero un tipo sereno, no sé si te lo comenté ya. ¡Sí soy un tipo sereno!, pero por favor… Es que el carro tenía vencidos los papeles, no le he arreglado el bolado de las placas extranjeras, está bien. Pero no ha sido la primera vez que arreglo esto con los señores agentes. No había necesidad de ir tan lejos, ¡yo insisto que si me hubieran comprendido, no había necesidad! Mirá, yo te voy a decir algo, men, me fijo mucho en los detalles. Si correspondo me tienen que corresponder. Me considero un ciudadano ejemplar. No, no, dejémonos de pajas. Cumplo con todo lo que la ley, como ciudadano, me exige. ¡Hasta emito mi voto secreto! Entonces, Carlos, por qué tenían que hacerme eso a mí. Ese tipo tenía que llegar. El mero hijueputón, viejo, el meromero de la delegación. ¡Pues sí!, yo estaba alterado con esa tipa, pero el otro cabrón vino a terminar de joder el asunto. Yo estaba alterado y nervioso, no me fijé que cuando el cabrón ese me tendió su mano para presentarse: me dijo su nombre completo, su cargo y recargo, su posición militar, unos números que

no entendí y toda la sarta de babosadas que dicen siempre. Decime, yo todo nervioso, cómo me podía percatar del error que se acercaba. Toda la perorata me desconcentró y le di la mano derecha, Carlos, ¡con mi índice pidiendo clemencia! Puta, Carlos, eso no fue todo. El grandulón de nombre inmenso me dio un apretón tan hijueputa que, mirá, sentí que todo mi cabello se puso erizo, papa, las orejas hasta me aletearon y hoy sí que mis ojos se me salieron como los chibolones de la semilla del jocote maduro cuando los sacas de la cáscara. ¡Por qué, Carlos, decime por qué! ¿Por qué siempre tienen que apretar los patecuma esos? Aaah, pasé del lunes hasta el miércoles en la tarde en el bote, por agresión física a un oficial de la República. Perdí el carro; bueno, lo doy por perdido porque para sacarlo tengo que pagarle al lagarto ese, al guardia grandulón, veinte mil pesos. No, no, cómo lo demando. Conque logré mucho que me sacara del bote, y eso por el aspecto y el hedor de mi dedo. Para colmo, yo que no sirvo para la sangre. Eso me salvó, si no todavía estuviera con el cachimbo de maleantes en el bote. Pero ese es otro desvergue, Carlos, es otro desvergue. Pero no te quiero hacer largo el cuento. Cuando llegué ese miércoles a la casa mi esposa se había marchado. No estaba ni donde la suegra y ella... la suegrita querida... como siempre, sólo me contestaba con monosílabos a cada pregunta mía. Ah, eso no lo dudés. ¡Claro que sí, me dejó en la calle! Únicamente encontré en la casa el radio que le prestábamos al sereno, una mesita que me llega a las rodillas, una hamaca (tan considerada ella), mi ropa y mi cepillo de dientes. Pero yo soy un tipo calmado, Carlitos, guachá esto: me bañé, me rasuré y me fui a dormir porque al día siguiente me presentaría al trabajo y daría una explicación por mi ausencia. No me iba a agüevar esta mierda... No, men, si no te digo que se llevó todo la Angelita, ¡pues sí, hasta el teléfono! ¿Cómo iba a reportarme por teléfono?

Pues agarré camino el día siguiente a la oficina. Después pediría permiso para ir al Seguro a que me vieran el dedo. Primero las obligaciones y ante todo la responsabilidad, no jodás. Soy abogado pero trabajo de cholero en la Fiscalía. ¿Ya sabías, vea? ¿o no?... Bueh...vos me entendés. Llegué a la oficina sereno y con cordura para resolver el problema de mi ausencia. ¡Puta!, Carlos… mirá... por la seriedad, el respeto y el silencio que noto en tu rostro yo podría asegurar lo comprensivo que sos. Sabés que lo que te cuento, por más increíble que parezca, es la pura verdad con tan sólo verme a los ojos. Si te pidiera ayuda no te negarías nunca, puedo verte el alma en la mirada. ¡¿Por qué nadie es como vos, Carlos?! Pues ya en el trabajo, llegó el jefe con patada al pecho, papa, con la peor de sus caras. Me tenía que sacar todas mis cagadas ese día, y a gritos, delante de todos los de la oficina. Soy humano, Carlos, tocame, por tanto no soy perfecto. Hago mi mayor esfuerzo por hacer bien mi trabajo y ayudar un poco a este mi paisito jodido. No me puede reclamar el gordo ese, con todo lo que había pasado, por errorcitos fuera de contexto. Además, Carlitos, ni siquiera me dejó hablar a mí. Empezó a vociferar una cantidad de reclamos. Acrecentaba mi justificada falta con acusaciones de irresponsabilidad: -Mirá, Segismundo, ya no se hable más del asunto, ya me tenés cansado –me dijo- pasá retirando tu indemnización. ¡Estás despedido! ¡A la verga! El que yo ni siquiera haya podido hablar no fue el problema, viejo, el que me haya despedido injustamente no fue tampoco el problema. El problema fue cuando me extendió la mano hipócrita del jefe que despide. ¡Pues sí, Carlos! Yo estaba anonadado con todo lo que me dijo, y al extenderme su detestable mano yo se la di, chis, por animal se la di. Sí, qué iba a hacer, decime, si ni me dejó hablar. Bueno, él terminó en el hospital y yo en la Agencia Policial de la Zacamil acusado de agresión e injuria. Chis, me pasó como con la Angelita creo yo, mientras le daba de golpes le gritaba en la cara todo lo que tenía atorado aquí dentro, se me salió el indio político de mi abuelo. Nunca me había oído de ese modo. El mencionar lo de su drogadicción y su homosexualidad fue lo que me chingó más. Por la cara de asombro de los de la oficina me di cuenta que nadie lo sabía. Perdí mi trabajo, Carlanga, y seguramente mi oportunidad de conseguir otro en mi profesión. ¡Ay, Carlanga, que vida desgraciada!… ¿Ah? No, de la Angelita campas... no sabía nada. ¿Que cómo perdí el dedo? Aaaah, viejito, viejito, eso es lo más digno que he perdido en esta semana absurda. Mirá, de la Policía de Zacamil me sacaron para que fuera a verme el dedo. El lunes en la mañana salí del bote. ¡Imaginate, Carlangas, viejito, estuve más de cinco días en total encerrado en el bote! Contando los anteriores. Ya estaba entrando en choc por esa

inmundicia. El famoso vendaje improvisado no se veía por la inflamación, y la infección tenía una coloración negra necrótica. Emanaba una pestilencia que me estaba haciendo delirar de la locura. Puta y no te digo que yo no sirvo para esa onda, pues ¡Detesto la sangre! ¡Anantes me volteaba a ver esa porquería, Carlitos! Pero esa es otra vaina, Carlitos, no te quiero aburrir. El lunes ese llegué al Seguro, el que queda allí por la Juan Pablo II, y ese suceso cortó el finísimo hilo de cordura que me quedaba. El papelón de mayor locura que he hecho en toda mi vida, mijo, lo peor. Carlos, mejor hubiera sido salir corriendo chulón y perderme en alguna selva. ¿Te acordás de lo que ocurrió ayer lunes en ese lugar? ¡Sí, oomb!, ¡Esa misma mierda! ¿Es o no es el colmo? Cabal, estaban dándose riata los médicos con la chota ¡Una huelga! Decime si no es lo peor que te puede pasar después de lo que te he contado. Pues, Carlanga, no me lo vas a creer, no me vas a creer lo que hice. Pero vos sí me vas a entender, con todo lo que te he contado sí me vas a entender que hay ciertos actos que por más locos que parezcan tienen un fondo de simple agobio. Cuando me di cuenta de que era imposible que me atendieran, se me nubló el pensamiento. No pensaba, viejo, no pensaba. Me escabullí dentro de las instalaciones del Seguro, entré en una habitación que tenía un nombre raro y tomé una especie de bisturí. Salí a la calle, justo donde se estaban dando duro. Mirá, no recuerdo cuánto me habré tardado en llegar al medio del tumulto, no recuerdo si mi perturbado estado se imaginaba todo el relajo que había, no sé hasta que punto era real o irreal lo que veía, olía y sentía en el revuelo de la huelga. Con los chispazos de recuerdo que me vienen a la mente de lo de ayer, mucho estoy logrando en contarte esto. Todo se me torna confuso, Carlitos. Oíte esto, men, me paré en medio del deschongue, elevé mis dos brazos colocándome el bisturí en posición para troncharme el dedo conflictivo. Respiré con furiosa hondura y un tirón bastó para que mi dedo saliera por los aires y me desprendiera un grito de la gran putas: ¡COMAAAN MIEEEERDA TOOODOS! Para no hacerte largo el cuento, Carlitos amigo, hoy amanecí en la casa de un joven médico que no tiene culpa de las desgracias mundanas. Él me recogió del suelo, luego de la incisión caí desmayado y «estaba perdiendo mucha sangre». Además de recordarme de todo lo sucedido después, el joven médico me dijo que si no hubieran herido al fotoperiodista, la noticia de primera plana hubiera sido yo. ¡Ay, Carlanga, que vida desgraciada!… Regalame otro roncito... …Carlos, ¿viste dónde pusiste el trago…? Si no me hubiera amputado el dedo ayer, el trago estaría sobre mi dedo índice… quién sabe lo que te hubiera armado... pero tranquilo, vos sí me comprendés.

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| reseña | CARLOS PARADA AYALA Escritor ¿Qué tiene este país que todos se nos van? Vladimir Monge

El contexto histórico de Voces y huellas resentar una obra como Voces y huellas de Vladimir Monge no es tarea sencilla. La complejidad de emociones que caracterizan este trabajo plantea un reto a cualquier lector en vista de que las experiencias que se relatan se llevan a cabo en una de las etapas más difíciles de la historia de El Salvador, la patria del autor. Vladimir Monge nace en 1967, en un país en que gobierna una dictadura militar en el contexto global de la Guerra fría. Dos años después, en 1969, los gobiernos militares de El Salvador y Honduras entran en un conflicto que termina en una guerra fratricida que destruye el modelo económico de desarrollo regional centroamericano que imperaba en la época. Durante la década de los 70, se agudizan las crisis políticas y económicas en Centroamérica. En 1979, triunfa la revolución sandinista en Nicaragua, mientras que en El Salvador, en octubre de ese mismo año, una junta compuesta por civiles y militares derroca al gobierno castrense que desde la insurrección de 1932 había venido protegiendo los intereses de una oligarquía agrícola a expensas del bienestar y desarrollo de las grandes mayorías salvadoreñas. Vladimir Monge entra en la adolescencia en 1980, año en que en El Salvador se desata una guerra civil que durará doce años y que dejará cicatrices indelebles en la juventud y vida del autor. Cabe destacar que Vladimir Monge nace en San Miguel, departamento de la zona oriental de El Salvador, una de las áreas rurales con los más elevados índices de pobreza, por lo que no es coincidencia que en Oriente surja uno de los más fuertes y sofisticados movimientos armados de liberación nacional que se haya visto en el continente americano. Oriente también fue teatro de una de las reacciones más sanguinarias en la historia de América Latina. Fue en el oriental departamento de Morazán en el que el ejército salvadoreño, financiado y entrenado por el gobierno de Estados Unidos de esa época, llevó a cabo la histórica masacre de aproximadamente mil civiles inocentes en el caserío de El Mozote. Entre 1980, año del comienzo de la guerra, y 1992 en que se firman los tratados de paz por parte de los dos bandos de la guerra civil salvadoreña, se desata además una inmensa ola de refugiados con destino a Estados Unidos, Canadá, Europa, Australia, México y otros países centroamericanos. La ola de

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emigración se exacerba con el proceso de globalización y desastres naturales que dejan a El Salvador en una situación de profunda vulnerabilidad que, irónicamente y hasta el momento, se resuelve de manera relativa con las remesas que los emigrantes, muchos de ellos indocumentados, logran enviar de manera regular a sus parientes y familiares en El Salvador. Lucha permanente en la obra de Vladimir Monge Es en ese contexto histórico que surge Voces y huellas. Estos relatos poéticos de Vladimir Monge, sin embargo, no fueron creados desde el punto de vista de un observador cercano a los acontecimientos, sino que desde una postura de actor, víctima y sobreviviente. En estos relatos, el autor revela las llagas de la pobreza en el campo, la indignidad de la cárcel, el trauma de la tortura, la angustia del exilio. Vladimir Monge por muchos años se negó a publicar estos escritos creados al fragor de su propia experiencia y solo fue por el ánimo entusiasta e insistente de su íntimo amigo, el escritor salvadoreño Grego Pineda, que el autor se atreve, aunque de manera renuente en un inicio, a trabajarlos y a publicarlos. No es difícil entender esa resistencia dado que en las páginas de Voces y huellas pugnan la esperanza con la desesperanza, los deseos libertarios con el terror reaccionario, el amor con el suicidio, la locura con la sobrevivencia, la victoria con el fracaso. Es extraordinario, por lo tanto, que el impulso fundamental de la obra no conduzca hacia el cinismo, como ya se ha visto en la narrativa salvadoreña con la «Generación del desencanto» o «Generación del cinismo,» representada por obras de Horacio Castellanos Moya, Jacinto Escudos, Miguel Huezo Mixco y Rafael Menjívar Ochoa, quienes han explorado a nivel literario los desfiladeros más oscuros del ser humano. Más bien, la obra de Vladimir Monge permanece en pugna, permanece en lucha — ese hilo conductor de nuestra historia y de nuestra conciencia – muy a pesar de la desilusión y el desencanto. «¡Estoy en permanente rebelión desde siempre!», declara de manera contundente el autor en la viñeta poética titulada «Las ideas». La campiña de San Miguel Elementos de esa pugna surgen en Voces y huellas a partir de la vida aparentemente bucólica en la que vive el autor durante su niñez en la campiña algodonera de San Miguel. «Recuerdos de infancia» y «Mi primera vez en San Salvador», por ejemplo, son relatos que describen con lujo de detalle ese ambiente puro e inocente en el que, entre imágenes de gallos, bramidos de ganado, y los lagartos y serpientes de «los últimos vestigios de selva tropical del país», resuenan las canciones infantiles y las

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Presentación de Voces y huellas de Vladimir Monge EMBAJADA DE EL SALVADOR EN WASHINGTON, D.C. 26 JULIO 2012 leyendas mágicas del folclor salvadoreño. Pero en medio de esa inocencia, también aparecen los campesinos explotados y hambrientos y el descubrimiento del autor a sus nueve años de edad de que él y su familia también forman parte de la servidumbre. «Así era mi patria. – concluye Vladimir Monge en «Recuerdos de infancia» — Así era hasta el día en que mi papá nos anunció que el patrón se largaba porque había empezado la Guerra, que los legítimos dueños venían con el corazón y el fusil en la mano decididos a recuperar su tierra: Esta tierra». Vale mencionar que los detalles y estilo narrativo en Voces y huellas sobre esta etapa de la vida del autor, recuerdan las anécdotas de otro migueleño, el insigne novelista y poeta Manlio Argueta en su libro auto-biográfico, Siglo de O(g)ro.

Lucha, cárcel suplicio y amor en Voces y huellas El proceso por el que pasa el autor en sus años universitarios como estudiante de educación, lo conduce a la acción directa y comprometida en tareas de concientización de la población. «… [F]ue entonces cuando a un militar salvadoreño se le ocurrió ponerle precio a nuestras cabezas», declara en «Nuestro despertar», por lo que el accionar político eventualmente lo conduce a su inevitable encarcelamiento. En los calabozos de la Policía Nacional el autor se enfrenta con el suplicio — más que la muerte, quizá la pesadilla más temible de todo revolucionario. Los relatos sobre la experiencia en los calabozos del régimen, a pesar de su condición trágica, están preñados de ternura como es el caso del relato titulado «Danilo Antonio Cerón» en el que los reos políticos se refugian en la locura — causada por las torturas – de un

compañero presidiario quien cantaba los versos de Silvio Rodríguez: «Vivo en un país libre, cual solamente puede ser libre, en esta tierra, en este instante, y soy feliz porque soy gigante». ¿Qué más queda que ampararse en la demencial ironía?, si como dice Vladimir Monge sobre Danilo Antonio Cerón y sobre sí mismo: «Estabas loco en una celda llena de locos que entraron sanos a los cuartos de tortura. No sé si yo también lo estuve». Llama la atención la transformación del amor a partir de las experiencias de lucha, cárcel y exilio. En el relato «Prioridades», antes de su arresto y contagiado por el entusiasmo de la acción revolucionaria, el autor, desafiando los paradigmas superficiales del amor, le declara a su amada: Yo no era romántico, en el sentido tradicional de la palabra, y fue por eso que te dije que a mí la luna se me hace pedazos, las estrellas se me esconden y que me parecen ridículas todas las canciones comerciales. Sin embargo, en «Monólogo de madrugada» aparece de nuevo la imagen de la estrella pero esta vez ya transformada en símbolo presente de intimidad, amor puro y consuelo pareciendo hasta vencer la distancia: Cuando veo esa estrella, a lo lejos, por el agujero que hay en esa pared de la celda, me imagino que eres tú y que me quieres decir algo. En el exilio, ese amor se convierte en angustia, se corrompe y deja de ser. O tal vez no, por lo que en «Monólogo en la ventana», aparecen en calidad de epígrafe los versos de Pablo Neruda en los que el poeta dice: …ya no te quiero, es cierto, pero tal vez te quiero… El sentido del humor de Vladimir Monge Brevemente, vale anotar que en algunos de los relatos de Voces y huellas, feliz e inesperadamente, existe un profundo sentido del humor. Sorprende, por ejemplo, «Filosofía», otra crónica poética de la cárcel, en la que aparece una hilaridad revestida del sarcasmo típico del sentido del humor salvadoreño. Esa misma calidad humorística reaparece en relatos tales como «Génesis» y «El Salvador, USA y nosotros», en los cuales resalta un agudo uso del humor como arma de crítica social y política. Exilio e identidad transnacional en Voces y huellas La experiencia en el extranjero de la ola masiva de inmigrantes salvadoreños causada, en primer lugar, por la guerra de los años 80, y, en segundo lugar, por el proceso económico de la globalización y los desastres naturales que impactaron a El Salvador en los años 90, se pone de relieve en Voces y huellas desde el punto de vista de la vida misma del autor. Ese éxodo, como veremos, dará inicio a un proceso que

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Viene de página 6/ transformará la misma identidad salvadoreña. Después de haber sufrido cárceles y torturas, Vladimir Monge milagrosamente logra la libertad y se ve obligado a partir hacia el exilio. Con estas palabras poético-míticas el autor describe el instante de su partida: Nadie, excepto mi padre, me vio cuando me iba, nadie más pareció preocuparse cuando una madrugada de insomnio, mientras dormían las aves del presagio, crucé la distancia del riesgo para desde la otra orilla quemar mis naves errantes. El exilio en Canadá le ofrece al autor una oportunidad para la reflexión, pero las llagas de la guerra no le permiten el sosiego, es decir, persiste el conflicto, persiste la pugna, persiste la lucha interna. Mientras se sorprende tarareando el himno nacional canadiense en una celebración de la independencia del Canadá, por ejemplo, el autor revela estos pensamientos: Pero… ¿qué digo?... mi presente en este instante no es más que un espejismo intentando burlar mi pasado; un pasado que me ata a una patria sangrienta que llena de significado mi vida; solo en su contexto existo en toda mi plenitud. Años después, ya establecido en los Estados Unidos y en el contexto económico de la globalización, Vladimir Monge redefine su vida a través del trabajo sindical, dedicándose a la protección de los trabajadores inmigrantes latinoamericanos, muchos de ellos en calidad de indocumentados o en condición de protección temporal y precaria. En este contexto, el autor, siguiendo el patrón de lucha que lo ha caracterizado a través de su vida, se enfrenta a la desigualdad laboral, a la discriminación y al racismo. «No quieres verme caminar por los amplios pasillos del Kennedy Center… Te entiendo», declara el autor en el poema «Comprendo». En «Cinco mil pies cuadrados», Vladimir Monge protesta en contra de las condiciones laborales que desgastan en cuerpo y alma a los trabajadores de la limpieza, obras que realizan no solo para sostenerse a sí mismos, sino que también para garantizar el envío de las remesas con las que sobreviven sus familiares en sus países de origen. Voces y huellas, por lo tanto, es un ejemplo de la literatura que en cierta forma, me atrevo a decir, define una nueva identidad salvadoreña. A partir de una población dispersada por el mundo, la identidad salvadoreña ya no solo se limita a la experiencia vivida dentro de las fronteras nacionales, sino que se amplía con el exilio político y económico, con la experiencia de lo que hoy llamamos la diáspora. Aunque un salvadoreño jamás haya salido de su país, su bienestar y su experiencia dependen en gran medida del constante envío de remesas que provienen de esa

diáspora y que mantienen al país a flote. De tal forma, como lo diría la catedrática salvadoreña de la Universidad de Maryland, Ana Patricia Rodríguez, la literatura salvadoreña escrita en el exilio plantea una literatura y una cultura transnacional que se inspira (o se informa) a través de una experiencia global (1). La identidad salvadoreña, por consecuente, es una identidad trasnacional y globalizada. Sin embargo, como declara contundentemente el poeta Luis Alberto Ambroggio (2), es justamente por ese proceso de globalización que es imprescindible hoy en día sustentar los valores de nuestras culturas autóctonas y ancestrales. Y esa característica, la pone de manifiesto Vladimir Monge

“La nostalgia se agita en nuestras venas mientras los grillos y las chicharras cantan alegres canciones y las luciernagas disparan chispazos de luz”

en su relato «Corazón de barro», al declarar: Y cuando la muerte con sus terribles lamentos comenzó a andar impunemente en [las] calles, me puse una máscara de barro cocido en mi alma, metí mis recuerdos y mis sueños, mis tiernos amores y el amor de los míos dentro de mi desesperado corazón y lo sellé con el mismo barro cocido a fuego lento. Le di una bofetada al espanto y me fui lejos, muy lejos, donde nadie pudiera intentar siquiera arrebatarme o quebrarme aquel San Miguel de mis sueños. ¡Hasta la poesía siempre! Los poemas a los caídos en Voces y huellas son dedicados a compañeros de carne y hueso que compartieron la lucha con el autor. En ellos se revela un tono triunfal, una promesa de que su muerte no ha sido en vano. En el relato dedicado a Jorge Quezada del Río, por ejemplo, el autor expresa: ¡Ya vendrá la paz compañero!... Y entonces con tu voz resucitada cantaremos con júbilo nuestra canción libre para gloria de los hombres y mujeres que, contigo, hicieron posible nuestra libertad. Sin embargo, esa paz, esa victoria elude al autor. En efecto, ha eludido al pueblo salvadoreño, y ésto resalta en el relato «Día de la paz» en el que el autor se pregunta: Cuando llegue el día de la paz, si no estoy, ¿cómo sabrán que por mi sangre también corrió calor de libertad? A lo cual responde en forma contradictoria y con sentida

frustración, pero en el tono de aceptación del combatiente que ha vivido en carne propia el dolor histórico de su pueblo: «Yo no estaré… Y nunca lo sabrán». Pero sí lo sabrán. Porque si la verdadera paz que soñamos no se ha convertido en realidad, lo cierto es que la literatura no nos ha traicionado y es a través de ella, con la publicación de obras como Voces y huellas, que nosotros y las generaciones futuras sabrán que por Vladimir Monge y toda una generación de jóvenes que lucharon en los años 80, corrió calor de libertad. Ese es uno de los valores fundamentales de Voces y huellas, un libro autobiográfico y poético que revela desde la intimidad el universo de emociones vividos en la historia profundamente conflictiva de El Salvador. Tomo esta oportunidad, en este momento, para agradecerle al escritor salvadoreño Grego Pineda, el entusiasmo activo, y podría decir que hasta obsesivo, con el que animó a Vladimir Monge a que publicara Voces y huellas. Grego Pineda, a la par de Vladimir, se tomó la tarea de revisar y editar cuidadosamente los relatos, hasta convencer al autor que este trabajo debería ser del conocimiento público por su valor histórico y literario. Me aventuro a afirmar que sin la intervención de Grego Pineda, estos relatos tan sentidos, tan llenos de lucha y esperanza, y tan latinoamericanos, no hubieran visto la luz del día. En mayo del 2011, Vladimir Monge y su servidor, asistimos al Encuentro Internacional de Poesía «El turno del ofendido» como poetas invitados. La convivencia e intercambio de ideas y letras con poetas y artistas de El Salvador y de varios países latinoamericanos alentó en nosotros la idea de que el pensamiento más crítico y avanzado de la juventud latinoamericana se expresa en gran medida en el género poético. Fue ahí que se hizo palpable, que si bien la consigna ¡Hasta la victoria siempre! se nos ha ido de las manos, o más bien, nos fue despojada, los nuevos poetas hoy en día encuentran la esperanza, el ánimo, el aliento en la nueva consigna: ¡Hasta la poesía siempre! Vladimir Monge retoma esa consigna en Voces y huellas marcando así un sendero hacia la larga resolución de un trauma social que siempre formará parte de la identidad e historia de El Salvador. En ese sentido, y a manera de conclusión, celebramos la publicación de Voces y huellas entonando, con el mayor de los entusiasmos, esa liberadora consiga: ¡Hasta la poesía siempre! ¡Hasta la poesía siempre! ¡Hasta la poesía siempre! Referencias 1. Rodríguez, Ana Patricia, Dividing the Isthmus: Central American Transnational Histories, Literatures and Cultures, University of Texas, 2009.

PROSALEGRE Carlos A. Burgos

TERRIBLE Y ESPANTOSO

A

mediados de 1975, la efervescencia policía y social del país estaba elevándose. Se analizaban las contradicciones sociales. Las protestas contra el régimen eran constantes y el gobierno perseguía a los opositores tildándolos de subversivos. La Universidad Nacional vivía un período álgido. Por una parte no podía ser indiferente a la crisis del país y por otra era cuna de las ciencias naturales y sociales donde se discutía el pensamiento filosófico, económico y social. Dos años antes pasé a prestar mis servicios como asesor técnico pedagógico a la Universidad. Permanecí un año en Odontología y seis en Medicina. Después del cierre de la Universidad en 1972 fue administrada por el CAPUES con el respaldo de un cuerpo de policías a quienes los estudiantes llamaban «grises» por el color del uniforme y posteriormente, los «verdes». Había roces, escaramuzas y confrontaciones con tiroteos. Dentro del recinto universitario los estudiantes protestaban contra el régimen de la Universidad y contra el gobierno del país. Se realizaban marchas en recorrido interno con pancartas, gritando sus consignas. El ambiente político y social, dentro y fuera de la Universidad se fue complicando a tal grado que hubo que lamentar la muerte de obreros, estudiantes, profesores, decanos y rectores. Con uno de estos rectores, el ingeniero Félix Antonio Ulloa egresamos de la Escuela Normal Superior y él, además, se graduó como ingeniero. Fue un maestro atento, amigable y muy confiado. Un mes antes de su asesinato, me lo encontré sentado en las gradas del Cafetín Central, frente a la Escuela de Periodismo. Conversamos y le sugerí no andar tan confiado, que recordara lo que le sucedió a otro rector. _ No tengo qué temer – me respondió – si no hago mal a nadie. _ Por supuesto que así somos los maestros, pero el mundo está cambiando. Volviendo a 1975, para el 30 de julio, se había planificado una gran manifestación de protesta contra el régimen gobernante, a pocos días de realizar en el país el concurso Miss Universo. Ese día, con mi compañero Galileo Flores, salimos de Medicina y nos situamos en las cercanías del monumento a Benito Juárez. Los estudiantes salieron por el portón de Derecho con sus carteles, mantas y consignas. Pasaron frente a nosotros con entusiasmo, desbordando energía. Cuando la cola iba por el redondel de la exembajada americana, la punta pasaba frente al hospital del ISSS, cerca del paso a desnivel sobre la avenida Juan Pablo Segundo, entonces, los guardias y otros gendarmes ametrallaron a los jóvenes. Muchos cayeron abatidos, unos se lanzaron desde el puente al pavimento muriendo al instante; otros se introdujeron al ISSS: a los heridos los encamaron y a los sanos les dieron gabachas de médicos y paramédicos. Los guardias ingresaron apuntando con sus armas a todos, y buscaron por los rincones a los jóvenes, pero no los reconocieron. Varios estudiantes se dieron por desaparecidos. El resto de los manifestantes se dispersaron por las calles laterales evadiendo a los guardias quienes les disparaban. Muchos regresaron a la Universidad. Cuando la gente les preguntaba sobre lo sucedido respondían: ¡Matanza! ¡Asesinato! ¡Fusilamiento! ¡Terrible y espantoso! Posteriormente las missis de todo el Universo desfilaron contentas, irradiando belleza. Ninguna supo de la masacre de los estudiantes universitarios. Declararon a los medios de comunicación que este país es maravilloso. En verdad, decían, es el país de la sonrisa.

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| identidad |

Misoginia y racismo según dos afro-descendientes

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i «olvidar (lethe) es perder la ciencia que se tenía antes» (Fedón, Platón), la historia salvadoreña ya perdió toda índole científica al eludir su carácter de verdad (a-lethe).

RAFAEL LARA-MARTÍNEZ (New Mexico Tech, soter@nmt.edu) Desde Comala siempre…

0. De la exclusión de la mujer y de los afro-descendientes I. De la mujer II. De lo africano III. De la mujer africana IV. Hacia la diversidad 0. De la exclusión de la mujer y de los afro-descendientes Cuando la historia la define un tipo de escritura, su lugar es el de la ficción. La historia es una literatura, una retórica letrada. En nombre de una nueva ortodoxia, construye un simulacro del pasado sin documentación primaria. Al respecto léase: http:// es.wikipedia.org/wiki/ Levantamiento_campesino_en_El_Salvador_de_1932. Ignoro su autor, pero ni las «secuelas del levantamiento campesino» ni «el levantamiento campesino en la ficción» se justifica con fuentes primarias de la época. No se cita ni una sola revista cultural de los años treinta. Basta disfrazarse de izquierda para tildar toda posible crítica de reaccionaria. La memoria y la historiografía serían retrógradas, ya que no proponen la quema inquisitorial de toda fuente primaria. En la fogata que honra al nuevo estalinismo se excluyen la diferencia racial y la de género. Su discurso sería un racismo y una misoginia encubiertos por una retórica política que se reclama correcta y liberadora. I. DE LA MUJER Hacia 1932, no habría cabida ni para la mujer ni para los afrodescendientes. Veamos cómo esta relación —mujer afro-descendiente— la establece la verdadera ficción, ahora vuelta historia, ya que la historia se vuelve ficción «en el jardín de los senderos» que se entrecruzan. Ninguna de las dos novelas tempranas sobre los eventos de enero de 1932 aparece en el artículo: El oso ruso (1944) del sandinista Gustavo Alemán Bolaños y Ola roja (1948) de Francisco Machón Vilanova. Pese a su carácter reaccionario, ambas novelas presentan a una mujer indígena violada por un hacendado

Sin título (S./fecha), Salarrué (Salarrué, el último señor de los mares (2006))

blanco como una de las líderes políticas, comunistas, de la revuelta. Se llaman Rosa María, violada por un hacendado, y María Gertrudis, al acecho sexual de los hacendados cafetaleros. En ambos casos, la primera comunista de América es La Chingada. Al negársele todo derecho sexual, se inclina por una acción armada que la ficción denomina «la honra» en los Cuentos de barro (1933) de Salarrué. Si la revuelta fue comunista, en El Salvador existiría el comunismo de La Chingada. A falta de derechos de género, el comunismo es su paliativo. Distante por una generación, en el artículo, la voz de Julia Ama no satisface el requisito de género, ya que ella restituye la memoria de un líder masculino de su propia familia. La voz de la mujer indígena —de la mujer como agente social— queda a la espera. ¿Acaso no serían quienes se le entregan chulonas a la mirada viril de José Mejía Vides, a la de todo citadino que la espía con morbo? Se le pediría demasiado a cierta izquierda salvadoreña del siglo XXI

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que admita la existencia de la ambigüedad y Gnarda suspiró, por fin profundamente mujer. «La participación oportunismo que —en su y murmuró un nombre: mi nombre. Dí formidable de la mujer; la esquizofrenia o escisión algunos pasos hacia ella y tendiéndole mujer aquí [dice Zapata] se del yo— oscila del los brazos la llamé: «¡Gnarda!...». pone al frente» (Alemán «bolchevismo» al Nos estrechamos fuertemente. Bolaños). Esa misoginia la «fascismo» (observación Cuando su sorpresa hubo menguado, testimonia el borrar su que debo a Arturo Alvárez se unieron nuestros labios y nos liderazgo histórico en 1932 y d’Armas). En flagrante besamos. El chasquido de aquel beso escribir una historia que sólo paradoja, Chinto acaba hizo estremecerse los árboles… menciona a los hombres. siendo miembro de un Si hacer historia es cuestión régimen tildado de racista. de hombres, le corresponde a Parecería que sólo el la ficción hablar de la mujer. liderazgo blanco — Tal como lo declara el novelista Por correlaciones extrañas el hombre Farabundo Martí «era blanco y bien nicaragüense, uno de los primeros es a la mujer, como la historia radical parecido»— le asegura una lealtad al poetas comprometidos con la del siglo XXI es a la novela marxismo salvadoreño. izquierda marxista era afroreaccionaria de los treinta, el lugar que descendiente. «Chinto representaba otorga una voz. XXXIII el tipo negroide, de labios gruesos y La agitación llegó a Juayúa en forma pelo ensortijado». El exalta al pueblo II. DE LO AFRICANO de un recitador de la lengua llamado de Juayúa a la rebelión en un acto Pero la omisión de esas dos novelas Chinto, cuyo éxito consistía en teatral de «poesía francamente no sólo atestigua la masculinidad de declamar teatralmente poesías de bolchevique» (Gustavo Alemán la propuesta. En el artículo de otros, desde un escenario cualquiera. Bolaños, El oso ruso, 1944). Su wikipedia, la historia es cuestión de Le acompañaba un propagandista y presencia también hay que borrarla. hombres. La supresión de la mujer al propio tiempo cobrador de El recuadro siguiente transcribe un redunda en el tachón de la presencia entradas en la taquilla. largo fragmento tachado de la historia africana en el país y de su de la negritud en El Salvador. Lo participación directa en los eventos. africano se caracteriza por su Continuará/

Suplemento Tres mil  

del periodico colatino