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BAILANDO CON EL MUERTO Autor: ÓSCAR E. TABERNISSE

LA CANCIÓN DEL SOLDADO Autor: WALTER VENTOSILLA QUISPE

CERTAMEN INTERNACIONAL DE TEATRO BREVE FUNDACIÓN CIUDAD DE REQUENA 1999

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© Coordinadora de Actividades Teatrales Arrabal Teatro Primera Edición: Marzo 2001 Edita: M. I. Ayuntamiento de Requena Depósito Legal: V - 1.557 - 2001 Impresión: Imprenta GOVI, Requena - Tel. 96 230 25 02

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Según consta en el acta levantada por D. Joaquín Olcina Vauterén, Notario del Ilustre Colegio de Valencia, un jurado presidido por D. Rafael Muñoz García y formado por Doña María Fernanda D’Ocón, D. Juan Alfonso Gil Albors, D. Francisco J. Prada, D. José Luis Prieto, D. Miguel Ángel Plaza,. D. Ramón de Aguilar, Doña María José Viana y D. Tomás Motos, después de las oportunas deliberaciones, acordó conceder el primer premio del Certamen Internacional de Teatro Breve «Fundación Ciudad de Requena» 1999 a la obra titulada BAILANDO CON EL MUERTO, de la cual es autor D. Óscar E. Tabernisse, LA CANCIÓN DEL SOLDADO, de la que es autor D. Walter Ventosilla Quispe.

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BAILANDO CON EL MUERTO Autor: ÓSCAR E. TABERNISSE

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PERSONAJES: - CUQUI. - ADA. - CLARA.

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Escenario vacío. Living Recibidor de una prostituta, un par de sillones, un barcito, una salida al dormitorio y otra al baño. Suena timbre. Entra Cuqui, (treinta y cinco años), vestida con bata sobre body, portaligas, tacos aguja ... está nerviosa, llega hasta la puerta, toma coraje y abre. En la misma se recorta la figura de Ada (cuarenta y cuatro años). Trajecito sastre, aires de señora. ADA: ¿Cuqui? CUQUI: ¿Ada? ADA: (Poniendo distancia) Soy la señora de Torres. CUQUI: Si, claro. Pase. ADA: ¿Dónde está? CUQUI: En el dormitorio ... Ada pasa. Mira todo con asco ADA: De modo que ... acá atiende. CUQUI: (Ofendida) ¿Qué, parece un consultorio? ADA: Digo que ... usted me entiende CUQUI: (Con bronca) Sí acá recibo a mis clientes. Les doy una copa, los franeleo un poquito y después los paso al dormitorio, salvo que estén demasiado calientes y me la quieran poner acá mismo. Sobre el sillón, por ejemplo. Ada que estaba a punto de sentarse en el sillón se para como un resorte. CUQUI: O en la alfombra, o contra la ventana. (Con intención) Usted no tiene idea de las cosas que le pueden llegar a gustar a un hombre. -7-


CUQUI: ¡Qué se yo! No creo. La bolsa es de papel, tiene poros, aunque a lo mejor fue por eso. Pero ojo, ¡la idea de la bolsa no fue mía! La trajo él. ADA: ¡Usted lo mató! CUQUI: ¡Yo no maté a nadie! Es decir, yo siempre digo que los mato en la cama, pero en sentido figurado... ¡Oiga, a mí no me va a encajar el muerto! Perdón, es una frase. ADA: Cuénteme cómo fue. CUQUI: Se murió y punto. ¿Para qué quiere saber más? ADA: Quiero saberlo todo. Quiero ... Detalles. CUQUI: ¿Detalles? Y bueno... A ver... ¡Ah sí! él se tiró sobre la cama y se puso la bolsa en la cabeza. Yo me subí arriba y empezamos a darle duro y parejo. ADA: (La corta) Ahórreme esos detalles. CUQUI: ¡¿Pero a la final quiere detalles o no quiere detalles?!. ADA: Algunos detalles, ¡no todos! CUQUI: Oiga usted es bastante retorcida. ¿Cómo sé qué detalles quiere? ADA: ¡Está bien, cuénteme todos los detalles! CUQUI: Bueno, le decía que yo estaba arriba y en ese momento le hacía el remolino. ¿Vió? Doy vueltas la cabeza y revoleo el pelo así... (Lo hace). ADA: Abrevie por favor. CUQUI: Bueno cuando lo miré ya se había quedado ... ADA: ¿Cómo que se había quedado? ¿Usted no se dio cuenta en el momento? CUQUI: No, no le digo que yo revoleaba la cabeza, ¿cómo me voy a dar cuenta? ADA: Digo ... ¿no se quejó? CUQUI: Y quejarse se quejaba pero yo creí que era por otra cosa. ¿Me entiende? -8-


ADA: No tiene por qué ser grosera. CUQUI: Y usted no tiene por qué mirarme con esa cara de asco. Éste es mi laburo, ¿sabe? Yo me gano la guita poniendo el lomo. ADA: No lo dudo. Pausa, se miran, se miden. ADA: ¿El dormitorio...? CUQUI: (Señala) Ahí. Cuqui le señala el dormitorio. Ada vacila, luego toma coraje y sale hacia dormitorio. Hay una pausa. Cuqui sirve una copa. Entra Ada enseguida tomándose la barriga. Cuqui le pasa la copa, Ada la toma de un trago. CUQUI: Tómese otra. Le va a hacer bien. ADA: (Poniendo el vaso) Yo no tomo. Cuqui le sirve, Ada se toma la segunda copa. ADA: ¿Por qué tiene esa bolsa tapándole la cara? CUQUI: Ayuda, ¿sabe?, la bolsa le quita el aire y cuando se está por ahogar ... plin ... ADA: ¿Plin?. CUQUI: Acaba, si te corrés a tiempo te pinta el techo. ADA: Le pedí que no sea grosera. CUQUI: ¡¡Usted pregunta!!. ADA: Entonces, ¿fue así? CUQUI: Así... ¿qué? ADA: Se asfixió mientras... mientras ... No me haga decirlo. -9-


Ada sigue llorando. Cuqui se ablanda, va hacia ella, intenta consolarla. CUQUI: Bueno, no se me ponga así ... Yo me imagino como se siente. ¿Vió? Después de todo era su dorima. Pero... La tiene que apechugar, ¿sabe? El mundo no se termina acá. Se lo digo yo que se me murió mi vieja cuanto tenía ocho años, tengo a mi viejo en Sierra Chica desde que tenía nueve y a dos hermanos los bajó la cana. Y le digo la verdad me alegro, porque los dos cuando volvían en pedo se me pasaban a la cama... ¡Mire lo que me hace decir! Soy una hereje. Dios los tenga en la santa gloria. Después de todo eran familia... Cuqui solloza. Ada la mira, todavía sollozando ADA: Podría guardarse su lástima. No la necesito. CUQUI: Tiene razón, me enganché mal. Disculpe, yo le vengo con esto ahora cuando a usted se le acaba de morir su marido ... Lo único que trato de decirle es que la entiendo. ADA: Dudo que me entienda. CUQUI: No soy tan bruta como usted se cree... ADA: Entonces dígame cómo hago para cerrar el cajón. CUQUI: (Sorprendida) ¿El cajón? ADA: Si. Digo... Así no se puede. CUQUI: ¡Y qué se yo! Es la primera vez que un ñato palma en mi cama. ¿Pero por qué dice que no se puede? ¡No tuvo un accidente ni lo cosieron a balazos! ADA: Es que no va a cerrar la tapa. Digo... Está... Está... (Furiosa) ¡Usted sabe muy bien como está! ¡Usted lo puso así! -10-


ADA: Sí, la entiendo ... Ada se levanta y vuelve a ir hacia el dormitorio, se asoma y trata de contener un sollozo. CUQUI: Oiga doña, sin escenas. La llamé porque no quiero bardo. ¿Me escuchó? Es malo para el negocio. ADA: ¡Claro que es malo para su negocio si usted asfixia a sus clientes! ¡Lo asesinó! Por su culpa me quedé viuda. CUQUI: Oíme flaca. Bajá el copete. Si la cana viene y empieza a hacer preguntas ... A vos tampoco te conviene. Se enterarían los diarios y ... ADA: ¡No! Está bien ... Está bien ... A nadie le conviene saber cómo murió. ¿Pero cómo hacemos? CUQUI: ¡Y qué se yo! Llame a algún amigo. Usted debe tener influencias. ¿No? Digo ... Ada piensa. ADA: (Señala el teléfono) ¿Puedo? CUQUI: Sí, claro. Ada toma el teléfono disca y espera. ADA: Hola Clarita. Ada. Estoy en donde te dije. Por favor, vení, te necesito. Ada corta. Luego va hacia el dormitorio, se asoma, vuelve hacia el living y se pone a sollozar. CUQUI: Oiga doña, ¿va a empezar de nuevo? -11-


CUQUI: Este. ADA: (Sorprendida) ¿Rock and roll? CUQUI: Sí. Bailábamos rock and roll. Qué raro, ¿no? Es la primera vez que me toca uno que le gustaba hacerlo con los Rolling. Corta la música ADA: (Amarga) ¡Qué barbaridad! Veinte años de casados y no conozco a mi marido ... Nunca me dijo que le gustaba esa música. En realidad, ahora que lo pienso, no sé qué música le gustaba ... Ada vuelve a ir hacia el dormitorio, mira una vez más. ADA: ¿Qué es esa valija que está sobre la cama? CUQUI: Eso es de él. Se la puede llevar. ADA: ¿Qué tiene? CUQUI: Véalo usted misma. Ada sale hacia dormitorio. Pausa y entra espantada. ADA: (Asombrada) ¿Él usaba esto con usted? CUQUI: A veces... Según... ADA: ¡Qué horror! CUQUI: No crea... Eso va en gustos... ADA: ¿Gustos? ¿Le llama gustos a rebajarse de esa manera? ¿A hundirse en las más bajas pasiones? Eso no es gusto eso es... ¡Perversión! CUQUI: ¿La quiere o no la quiere? Pausa. -12-


CUQUI: (Entiende) Ah! Y ... La verdad es que estaba bastante entusiasmado con la cabalgata. ¿Vió? Por ahí van a tener que cortarlo. ADA: Eso sí. ¿Ve? ¡Se lo voy a cortar yo misma y con mucho gusto! Ada camina. Cuqui se sienta y espera. Pausa incómoda. ADA: No soporto un solo minuto más acá. CUQUI: ¡Oiga, si se raja se lleva el fiambre! ADA: ¡Ese fiambre era mi marido!. CUQUI: ¿Entonces por qué no lo cuidó? Digo ... Si venía acá dos veces por semana quiere decir que usted no lo atendía muy bien que digamos ¿no? ADA: ¿Dos veces por semana? CUQUI: Sí, durante dos años. No faltó un sólo día. Ya casi éramos una familia. Hasta me dejó su teléfono por si algún día lo necesitaba. ADA: Y ... ¿Qué? ¿Qué hacían? CUQUI: ¡Hablábamos de filosofía! ¿Qué se cree que hacíamos? ADA: Digo ... ¿Que le pedía? ¿Algo especial? CUQUI: Y sí ... Todos quieren algo especial. Algunos que les pegue. Otros se visten con ropa mía. ¡Hay cada uno!. ADA: ¿Y él? ¿Qué le pedía él? CUQUI: ¡De todo! Aunque lo que más le gustaba era bailar... Charlábamos un poco, tomábamos unos tragos y ponía uno de mis cassettes. Siempre el mismo... ADA: ¿Qué cassette? Cuqui va hacia el equipo. Busca. Lo pone y acciona el equipo. Música: Rolling Stones. -13-


¿Me los puede mostrar? CUQUI: Los tiré ... ADA: ¿Los tiró? CUQUI: Sí, me gustaban ¿sabe? Pero si me los pesca mi marido me revienta a patadas. Una cosa son los clientes y otra ... ADA: Y otra la poesía. ¡De eso no me cabe ninguna duda! Suena tiembre. Cuqui se sobresalta. CUQUI: La canal. ADA: Tranquila. Debe ser mi amiga. Cuqui va hacia la puerta. CUQUI: ¿Quién? CLARA: Clarita. ¿Está Ada? CUQUI: Sí, pase. Cuqui abre. Clara entra. Tiene alrededor de veinticinco años. Es bonita, natural, muy poca pintura, tímida. Ada va hacia ella y la abraza llorando. ADA: ¡Clarita esto es horrible! Llora. Clarita la consuela. Cuqui se emociona un poquito. CLARA: ¿Dónde está...? ADA: (La corta) En el dormitorio ... CLARA: No, digo... El baño... A mí estas cosas me angustian y cuando me angustio me da ganas ... CUQUI: (Señala) Ahí. -14-


ADA: ... Si era de él... CUQUI: (Sonríe) Sí, claro... Ya se la traigo. Cuqui sale hacia dormitorio. Ada va hacia el equipo. Lo enciende. Se escuchan algunos compases del tema de los Rolling. Lo vuelve a apagar. Entra Cuqui de dormitorio con la valija. CUQUI: ¿También quiere llevarse la botella de cahampagne? Está pagá. ADA: No, gracias... CUQUI: ¿Qué va a hacer? Digo... ¿Dónde lo va a velar? Me gustaría ir. Ada la fulmina con la mirada. CUQUI: ¿Qué? ¿No puedo? Le tomé cariño. ¿Sabe? Dos veces por semana durante tres años ... La verdad es que si hablábamos ... Y bastante ... Le gustaba mucho navegar. ADA: Antes dijo dos años. CUQUI: ¿Dije dos? ADA: Sí. CUQUI: Dos y medio ... Le bajé un poquito para que no se sienta tan mal. ADA: Gracias, muy amable de su parte. ¿Así que a él le gustaba navegar? CUQUI: Sí, y también escribía. ADA: ¡No! ¿En serio? CUQUI: En serio. A mí me escribió un par de versos. ADA: (Indignada) ¿A usted le escribió poemas ese desgraciado? ¡A mí en la vida me dedicó una rima! -15-


perder a su marido? CUQUI: Flaca, vos te perdiste la mitad de la película. ¡Ésta no perdió nada! ¡Yo perdí! ¡Perdí a un cliente! perdí un... y sí, perdí un amigo... Alguien que... (se queda se ahoga, va hacia el sillón) Qué estúpida... casi digo un amor. Usted tiene razón. Soy una puta... Pero con él, que se yo... Con él sentía algo. ¿Vió? No era un cliente más... Era... Era más que un cliente... (Llora). ADA: (Se ríe) ¡Pobre infeliz! Usted también cayó... ¿Realmente cree que en algún momento él iba a sacarla de acá como Richard Gere en «mujer bonita»? ¡No puedo creer que sea tan ingénua! CUQUI: Oíme concheta de cuarta. ¡Me pudriste! Si no te dejás de joder te corto! Va hacia un cajón, saca una navaja. Clarita se interpone. CLARA: ¡Un momento! ¿Se quieren tranquilizar las dos? Si arman un escándalo va a venir la policía. Cuqui al escuchar esto duda y termina por guardar la navaja. Ada también se tranquiliza. ADA: Disculpe... No quise... CUQUI: Ya sé... Yo tampoco... CLARA: Así está mucho mejor. ¿Ahora me pueden decir qué quieren hacer con el... con el cuerpo? CUQUI: Llévenselo. Para eso la llamé. Si la cana viene me arruina el negocio. CLARA: Pero... No se puede hacer eso... ADA: Se tiene que poder, Clarita... Te imaginás lo que voy -16-


Cuqui le señala el baño, Clara sale hacia el mismo. CUQUI: Tranquila doña... Perder un marido debe ser jodido, pero por lo menos le queda el consuelo de saber que la quería. Él me lo decía siempre. Seguía enamorado de usted, ¿sabe? ADA: No me mienta. Nunca me quiso ... Nuestro matrimonio fue una conveniencia para él. Gracias a mi familia pagó sus estudios... Él hizo su carrera, se recibió, pero yo abandoné la mía. Me quedé en la casa, cuidé a nuestros hijos... ¡yo me sacrifiqué por él mientras el señor se divertía!. CUQUI: Y... Así son los hombres... Una es una tarada porque igual los sigue queriendo... Y cuando se mueren... A una le duele. ADA: ¿Y a usted quien le dijo que yo lo quería y que me duele que se haya muerto? ¿Reventó? ¡Mejor! Me queda todo su dinero. Ahora voy a poder vivir mi vida. CUQUI: ¿Y entonces por qué llora? ADA: ¡Porque tuvo el descaro de morirse en la cama de una puta! Entra Clara del baño. CUQUI: (Furiosa) ¡Escúchame, Lady Di! ¡Lo mío es mucho más decente que lo que hace la mayoría de ustedes, las honorables esposas! ¡No cobran por hora, cobran por mes y bien que cotizan las encamadas! Yo no afano ni estafo. El tipo que viene acá sabe lo que se lleva. Yo doy placer y escucho. ¡Tu marido muchas veces venía solamente a hablar! ¿Y sabés por qué? Porque con vos no se entendía. ¡Nunca se entendió! CLARA: ¡No le hable así, animal! ¿No ve que acaba de -17-


pero su tío la tenía más grande de lo normal. Eso la tiene que poner contenta, digo ¿No? Tómese esto. CLARA: No tomo. CUQUI: Tu amiga tampoco y se bajó media botella. Dale, te va a hacer bien. Clarita toma la copa de un trago. CLARA: ¡Es un asco! Cuqui le sirve otra. CUQUI: Sí, pero un mal trago ayuda a pasar otro mal trago. ADA: Clarita, por favor, tenés que sobreponerte. Hay que sacarlo de acá. CLARA: No puedo Ada. No puedo. ADA: ¿Por qué no? Estás todo el día conviviendo con la muerte. No pienses en que es tu tío. Pensá que es un hombre cualquiera. Igual a todos. CLARA: No es igual. Es distinto... ADA: Distinto era para mí. Era mi marido. Era el desgraciado que me engañaba, el que me arruinó la vida. Para vos simplemente era un pariente que nunca te dio demasiada importancia. Te creía una mosquita muerta. ¡Nunca te prestó atención! CLARA: (Confiesa con esfuerzo) No. No es así Ada. Él... Él una vez me prestó atención. Ada la mira estupefacta. ADA: ¿Qué? Cuqui le sirve una copa a Ada.

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a tener que soportar si se enteran que mi marido murió en la cama de una... (Cuqui la mira mal) ¿En la cama de otra mujer? Ayúdame tenemos que sacarlo de acá y evitar el escándalo. Me conviene a mí y le conviene a ella y para él (señala el dormitorio) es lo mismo. CLARA: (Duda) Dejame pensar... Voy a revisarlo. CUQUI: ¿Para qué? ¡Ya es finado!. CLARA: Necesito saber de qué murió. CUQUI: Es evidente... Pero si te querés sacar la duda... Clarita va a salir hacia dormitorio. Mira hacia adentro no puede avanzar. Vuelve. CLARA: ¡Dios mío! Ada va a socorrerla. Cuqui resignada toma la botella y un vaso y le sirve. ADA: Clarita... Tranquilizate por favor, Clarita... CLARA: Creí que iba a ser más fácil. Digo... Estoy acostumbrada a manejar cadáveres, pero nunca uno que estuviera... ¡Que estuviera así! CUQUI: ¿Y qué? ¿Te pone nerviosa ver un tipo así? ¡Si vieras las que vi yo! De todos los tamaños. Una vez apareció un negro que te juro por mi vieja che, que hasta a mí me asustó. ADA: Deje de decir pavadas. Ella lo conocía. Clarita es su sobrina. Cuqui se arrepiente de lo que dijo. Habla mientras va al bar a servir una copa. CUQUI: Perdón. No sabía ... No sé si le sirve de consuelo -19-


ADA: ¡Yo no le conté nada! CLARA: ¿Entonces como lo supo? ADA: ¡No lo sé! Ése no es el tema ahora. ¡El asunto es que te acostaste con mi marido! ¿Cómo pudiste hacerme esto Clarita? ¡Cómo pudiste!. CLARA: No me quedó más remedio. ¿Vos creés que me gustó? Me dio mucho asco, Ada. Todavía no me puedo sacar esa horrible sensación de asco que tengo pegada a la piel. ¿No entendés? Y encima verlo así... Clarita llora. Ada la consuela. ADA: Está bien. Está bien Clarita ... Perdoname. CUQUI: ¿A ella le pide disculpas por acostarse con su marido y a mi me mira con asco? ADA: Le pedí que no se metiera. No es asunto suyo. CUQUI: Ahora sí. Desde el mismo momento en que a su marido se le ocurrió morirse en mi cama es asunto mío. ¡Y ya me estoy cansando! ¡Se llevan a ese fiambre de acá ahora mismo! ADA: (A Cuqui) ¿Y cómo quiere que me lo lleve? (A Clarita) Clarita... si lo odiabas tanto con más razón tenés que ayudarme a hacer esto. Sos la única que podés hacerlo. ¿Me entendés? Pensá, Clarita, pensá... CLARA: Podría llamar a un enfermero que conozco del hospital. Por dinero es capaz de hacer cualquier cosa. Lo sacaría en una camilla y lo llevamos a tu casa. Así podemos hacer como que murió en tu cama. CUQUI: No se lo va a creer nadie. Digo... Que usted haya logrado que no se pueda cerrar el cajón. ADA: ¡Cállese la boca! ¿Qué sabe usted de las cosas que -20-


CUQUI: Tomá, presiento que ahora vas a necesitar una copa vos. ADA: (A Cuqui) ¡No quiero tomar! Cuqui se encoge de hombros y se toma ella la copa. ADA: (A Clarita) Quiero escuchar lo que me vas a decir Clarita. CLARA: Una noche te fui a buscar a tu casa. Vos todavía no habías llegado. ADA: ¿Y? CLARA: Él estaba ahí, me convidó con un trago mientras te esperaba... CUQUI: ¿No dijiste que no tomabas? ADA: (A Cuqui) ¡Cállese! (A Clarita) ¿Y? CLARA: Fue horrible, Ada. ¡Me... me forzó! ADA: ¡¿Me vas a decir que te violó?! CLARA: Casi... ADA: ¿Cómo casi? CLARA: Es decir, se sentó a mi lado y me empezó a manosear y a decir cosas espantosas, que desde que yo era adolescente que me tenía ganas y no se cuantas cosas más... ADA: ¡Lo hubieras rechazado! CLARA: ¡Lo rechacé! ¡Es decir, quise rechazarlo, pero me amenazó con contarle a mamá y a todo el mundo las cosas que él sabía! CUQUI: (Interesada) ¿Y qué sabía? ADA: ¡Usted no se meta! CUQUI: (A Ada) Le pregunté a ella... CLARA: (A Ada, reprochándole) Vos sabés muy bien que es lo que él sabía, Ada. ¡Vos se lo contaste! -21-


Ada no le da colilla. Va hacia Clarita ADA: Algo tenemos que hacer Clarita... CLARA: ¿Qué querés que haga? ADA: No te das cuenta que ésta es la oportunidad que estábamos esperando... CLARA: No Ada, no puedo... No me pidas eso porque no puedo... CUQUI: Oiga... ¿Están hablando de lo que yo creo que están hablando? Ada y Clarita siguen sin darle bolilla a Cuqui. ADA: Clarita. Va a ser de la única manera que podamos cumplir nuestro sueño. Se miran intensamente. Cuqui las mira con la boca abierta. CUQUI: ¡Ahora entiendo que es lo que tenía para contar su marido!. Ada ahora si mira a Cuqui ADA: (A Cuqui) Muy bien. Por fin caíste de la palmera. (A Clarita) ¿Te das cuenta que siempre vas a tener que vivir con miedo de que a él se le ocurra contar lo nuestro? ¿Te imaginás lo que va a ser tu vida a partir de eso? ¿Qué va a pasar con tu trabajo, con tu vida? ¡Y con la mía! CLARA: Tenés razón Ada, pero de ahí a animarme a... ADA: ¿Preferís dejarte forzar por él cuando a él se le de la gana? CLARA: No, eso no, no lo podría soportar. ADA: ¿Entonces? -22-


soy capaz de hacer yo?. CUQUI: Supongo que es capaz de hacer muchas cosas, pero no con su marido. ADA: Por supuesto que no con él. Lo hago con quien a mí me da la gana y con él no se me daba la gana. ¡Además, no tengo por qué explicarle esto a usted! (A Clarita) Clarita... Hacé lo que tengas que hacer... CLARA: Bueno... Clarita se sirve otro trago y se lo toma de un saque, luego se levanta y va hacia dormitorio. Entra. Ada y Cuqui esperan mientas se miran recelosas. Entra Clarita demudada. CLARA: Está... Está... CUQUI: Ya sabemos que está, nena. Un fiambre no camina. CLARA: Es que está... ¡vivo! ADA-CUQUI: ¿Qué? ADA: ¡¿Cómo que está vivo?! ¿Qué querés decir? CLARA: ¡Eso! Que no se murió. Tiene pulso... (A Cuqui) ¿Usted le tomó el pulso? CUQUI: No, no sé... Me pareció que no respiraba... ADA: ¡Cómo puede ser tan torpe! ¡Mire el lío que armó por nada! CLARA: Está queriendo reaccionar. Puede volver en sí en cualquier momento. ADA: Pero entonces... Todo esto fue para nada... ¿Todo va a seguir siendo como antes? CUQUI: (Sonríe aliviada) ¿Vió? Al final todo salió bien. Pero el de arriba no da puntada sin hilo. ¿Vió? Por ahí si charlan los problemas los pueden ir solucionando y... ADA: ¡Te dije que te calles! CUQUI: ¿Ahora me tuteás? -23-


CLARA: ¿Qué querés que haga, Ada? ADA: No sé, sos médico ... Necesitamos que parezca un accidente. CUQUI: Oíme flaca, pará un chachito... CLARA: (Piensa nerviosa) Le... Le podemos inyectar aire. Eso lo mataría en el acto. CUQUI: ¡Oigan! ¡Ustedes no van a hacer esto! (Pausita) ¡No en mi casa, no señor! ¡Acá nadie mata a nadie! ADA: (Saca chequera) ¿Cuánto querés para cerrar la boca? CUQUI: ¿Por quién me tomaste? ADA: Por una mujer que hace cualquier cosa por dinero. CUQUI: ¡Te equivocás! Yo no hago cualquier cosa por guita. Yo tengo mis principios también. ¿O te creés que porque soy puta me da lo mismo cualquier cosa? ADA: Cualquier cosa no. Solamente te pido que mantengas cerrada la boca por... ¿digamos... diez mil? CUQUI: (Dudando) No va a servir. ADA: ¿Qué es lo que no va a servir? CUQUI: Eso de que lo encuentren en su casa. Acá los vecinos lo conocían. Estuvo dos años y medio viniendo a mi casa. Van a ver que sale un enfermero... Al final van a investigar y yo me voy a ver en medio del despelote. Ya estuve en cana, flaca, no quiero volver. CLARA: Tiene razón. ADA: Entonces que se quede acá. ¡Me puedo bancar la vergüenza de que lo encuentren en la cama de otra mujer, pero lo que no me voy a bancar es seguir viviendo con ese desgraciado! (A Cuqui) Danos un ahora y le avisás a la policía. Y a nosotras no nos viste nunca en tu vida. -24-


CUQUI: ¡No quiero a la policía acá! ADA: No te pueden hacer nada. A un cliente le dio un infarto en tu cama, Punto. Eso es lo único que pasó. Ni siquiera digas que era un cliente. Decí que era tu amante. CUQUI: (Duda) No sé si resultaría... ADA: Son diez mil, Cuqui. ¡Pensá en la cantidad de «trabajo» que te ahorrarás! Además tu «marido», como le llamás vos, no se tiene porque enterar. Son diez mil pesos para vos, Cuqui. ¿Qué decís? CUQUI: Quince. ADA: ¿Qué? CUQUI: Que quiero quince mil. ADA: Está bien. Ada se pone a hacer el cheque. Cuqui no se siente feliz por su decisión. CUQUI: (A Clarita) ¿Y vos que esperás? ¡Dale antes de que me arrepienta! CLARA: (Tomando su maletín de médico) Sí, sí... Clarita entra al dormitorio. Ada termina de hacer un cheque y se lo da a Cuqui. CUQUI: Tiene fondos, ¿no? ADA: ¿Querés consultar con el banco? CUQUI: No, está bien... Cuqui guarda el cheque. Clarita entra desde dormitorio, está medio descompuesta. ADA: ¿Y? CLARA: Ya está...

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Clarita tambalea. Ada va hacia ella y la hace sentar. ADA: ¿Estás bien? CLARA: No. No lo miré... Traté de pensar que estaba haciendo una práctica que era un cadáver de la facultad... Pero los espasmos ... ADA: Está bien Clarita, ya pasó... Ya pasó... Cuqui le lleva una copa. Clarita se la toma. CLARA: Ya estoy mejor... ADA: Entonces vamos, por favor, quiero salir de acá cuanto antes. Clarita se para, Ada la va llevando hacia la puerta. Suena Tiembre. Clarita y Ada se quedan duras. ADA: ¿Quién es? CUQUI: (Mira la hora) El cliente que le sigue a su marido. CLARA: ¡Que no nos vea! ¿Hay otra salida?. CUQUI: No. ADA: ¿Qué hacemos? CLARA: ¡Metámonos en el baño! Ella lo hace pasar al dormitorio y ahí aprovechamos para salir. CUQUI: ¿Cómo lo voy a hacer pasar al dormitorio? ¿Qué hago con el fiambre? ¿Digo con el finado? CLARA: ¡Tiene razón! Vuelve a sonar el Tiembre. ADA: ¡Dígale que se vaya! Explíquele lo que pasó ... CUQUI: ¿Qué le digo? ¿Que maté a uno en la cama? ¡El -26-


tipo no viene más! ADA: ¡Entonces decile que estás enferma, cualquier cosa! CUQUI: ¡Si mi marido se entera que no atendí un cliente me muele a palos! No señor, a éste lo tengo que atender. CLARA: ¿Dónde? En el dormitorio está... CUQUI: Lo atiendo acá. En el sillón. Ustedes escóndanse en el dormitorio. CLARA: ¡Ahí dentro ni loca! CUQUI: Yo lo lamento pero a este no lo puedo dejar de atender. Transé por mucha guita. ADA: Acabás de ganarte quince mil dolares. ¿No podés dejar de atender a un cliente? CUQUI: «Yo» me gané quince lucas. Mi marido no sabe nada. Escuche, ya las banqué lo suficiente. Ahora yo tengo un problema y lo voy a solucionar como yo quiero. ¿Está claro? Voy a hacer pasar a este tipo. CLARA: ¿Y qué hacemos nosotras? No nos puede ver acá. CUQUI: ¿Por qué no? Yo le digo que son del palo. Dos colegas que vinieron de visita. Después lo llevo al baño y ustedes se las toman. Ada y Clarita se miran. CLARA: ¿Usted cree que nos va a tomar por... colegas suyas? CUQUI: Tenés razón. Esperá a ver que tengo por acá ... Cuqui les pasa un par de pelucas. CUQUI: Pónganse estas...

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Clarita y Ada se ponen las pelucas. CLARA: ¿Y la ropa? CUQUI: Desnúdense. ADA: ¡Está loca! CUQUI: Es un momento nada más, ¿quién se va a tragar que dos yiros se vistan en Dior? Vamos rápido que abro la puerta. CLARA: Tiene razón, apúrate... Clara y Ada rápidamente comienzan a quitarse parte de la ropa o modifican su vestuario para lucir como yiros. Si hay tiempo reforzarán el maquillaje. El Tiembre suena insistente. CUQUI: (A la puerta) ¡Ya va. Ya va! ¡Ansioso! Me estoy preparando para vos, papito. (A Clarita y Ada) ¡Este es un ansioso! Yo a los tipos los tengo más por los horarios que por los nombres. Este es el de las nueve... Es la segunda vez que... Pobre, tiene problemas para... ADA: (La corta) ¿Dijo las nueve? ¡Pero si son las ocho! CUQUI: ¿Cómo las ocho? ¡No puede ser! CLARA: ¡Claro que puede ser! ¿No mira nunca la hora? CUQUI: Acá dentro el tiempo no existe... ¿Un momento... Entonces... El que está adentro... Alguien le vio la cara? Cuqui toma una agenda y mira. Clarita y Ada se miran entre ellas. Dejan de «Producirse». CLARA: No, no me animé a sacarle la bolsa... ADA: ¡Yo no me animé a mirarlo a la cara! -28-


CUQUI: (Leyendo) El de las ocho se llama... se llamaba Alfredo Meña. Pero entonces... ¡Su marido es el que está tocando el timbre!

APAGÓN FINAL.

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LA CANCIÓN DEL SOLDADO Autor: WALTER VENTOSILLA QUISPE

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PERSONAJES: - MARCELINA: Campesina. Pasado de Emiliana. - EMILIANA: Mujer. Presente de Marcelina. - SOLDADO UNO: Pasado del Soldado Dos. - SOLDADO DOS: Presente del Soldado Uno.

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A la vida y a aquellos que entre dos fuegos desaparecieron para reencontrarse en la memoria de sus pueblos Oscuridad total. Se oye un dulce tarareo en voz de mujer. De pronto el tarareo se interrumpe. Silencio. Acto seguido, por uno de los lados, ingresa lentamente el Soldado Uno alumbrándose el camino con una lámpara. Lo hace en actitud de búsqueda con la lámpara levantada a la altura del rostro. Alternadamente buscará iluminarse el camino. Viste uniforme de militar y trae una boina vieja que lo identifique como tal. Calza botas. El Soldado Uno, luego de buscar en el espacio vacío se dirige al lado opuesto por el que ingresó. Allí deja la lámpara en el suelo y sale siempre en actitud de búsqueda. El espacio queda alumbrado sólo por la luz de la lámpara. Se empieza a oír el leve tarareo inicial entonado por la mujer quien ingresa por el lado opuesto al que salió el Soldado Uno. Viste faldón negro, túnica blanca corta a manera de blusa y se cubre los hombros y parte de la espalda con un mantón oscuro. Trae el cabello suelto. En uno de los brazos le cuelga un pequeño bolso de tela. Camina tarareando y abrigándose con el mantón oscuro, lo hace con calma hasta llegar al lugar donde se encuentra la lámpara, se arrodilla delante de ella. Acerca el rostro a la lámpara como si buscara abrigarse con el calor de ésta. Denota en el rostro una paz profunda. Luego de buscar repetidas veces con el rostro la luz de la lámpara sale tarareando por donde vino. Silencio. El Soldado Uno entra rápidamente buscando a la mujer. Va de un lado a otro. Al no encontrarla, coge su lámpara y sigue buscando como cuando entró. Así, lentamente, abandona el espacio. Oscuridad total . -33-


Acto seguido hace su ingreso la mujer alumbrándose el camino con una vela. Llega hasta el centro. Deja la vela en el suelo y vuelve a tararear la melodía. Del bolso que trae saca un pequeño espejo, en el cual, arrodillada delante de la vela, se mirará sonriente. Luego de un breve momento pondrá el espejo en el suelo volviendo a mirarse el rostro como si lo hiciera delante de una fuente de agua. Con las manos hará como si separara el agua para verse mejor. MUJER: (Conversándole al espejo). Quieta..., quieta. Así, agua mansa (Con las manos, imaginariamente, separa el liquido de la fuente y coge un poco llevándoselo al rostro repetidas veces. Ella, con los ojos cerrados, siente el agua corriéndole por las mejillas) Agua mansa, quieta... (Apaga su vela soplando suavemente. Oscuridad total). SOLDADO UNO: (Ingresa con su lámpara retrocediendo de espaldas a la mujer. De pronto se oye el tarareo y voltea sorprendido. Descubre a Emiliana y se le acerca rápidamente. Le alumbra el rostro mientras ella sigue mojándoselo con el agua. Emiliana siente que hay alguien y asustada abre los ojos. Coge sus cosas y sale corriendo. El soldado la persigue alumbrándole siempre el rostro cada vez que ésta se detiene. Agotada, ella se detiene al centro del espacio y se cubre disimuladamente el rostro con el mantón. El soldado le acerca la lámpara y le pregunta)... ¿Quién? MUJER: (Tranquila). Soy agua mansa, tierra nueva... SOLDADO UNO: (Con curiosidad) ¿Quién? MUJER: Soy agua mansa... (Se descubre el rostro) Quieta, tierra nueva, molino de viento en reposo. SOLDADO UNO: (Alumbrándole siempre el rostro) Pero..., ¿quien? MUJER: Emiliana... (Pausa) ¿Y tú? SOLDADO UNO: Pasaba. MUJER: ¿A dónde? -34-


SOLDADO UNO: Hacia alguna ruta, la que hubiera. MUJER: ¿Y de dónde? SOLDADO UNO: De otras rutas, las que hubieron... MUJER: Por aquí no pasa ningún camino, estás lejos. El Soldado Uno apaga su lámpara quedando los dos personajes congelados y a oscuras. De pronto se oye un fuerte golpe en un instrumento de percusión (Bombo) como si se tratara de una explosión. Siempre a oscuras, se empieza a oír al Soldado Dos que canta con voz fuerte a la manera de un sereno. SOLDADO DOS: ¡Las doce han dado y sereno! ¡Las doce han dado y sereno! (A oscuras entra cantando. Acto seguido será descubierto por un haz de luz que lo ilumina poco a poco. Viste igual al Soldado Uno, pero su uniforme es viejo, sucio y raído, como si volviera de una larga guerra. Cojea apoyándose con la mano izquierda en una muleta. El pie izquierdo calza bota vieja y sucia sin pasador. El derecho, descalzo, sólo viene cubierto por una media sucia y rota. Su rostro también está sucio y tiene la mirada perdida. Trae un gran bombo colgado al cuello y recostado por uno de sus lados sobre su pecho. En la mano derecha trae el mazo con el cual lo toca. Avanza desde un costado cualquiera al centro situándose detrás del Soldado Uno y la mujer que están congelados) ¡Las doce han dado y sereno! ¡Las doce han dado y sereno! (Golpea suavemente el bombo como si se golpeara el pecho) ¡La noche brilla de frío, general! (Bombo) ¡Los cañones tiemblan de frío, general! (Bombo) ¡Me pudro y apesto de frío, general! (Bombo más fuerte, empieza a asustarse) ¡Tengo miedo y mi madre me espera, general! (Bombo más fuerte, con mucho temor) ¡He cortado mil cabezas y mutilado testículos! (Bombo fuerte. -35-


Pánico y atragantándose con las palabras) ¡Y se los volé a mi padre!... (Gritando) ¡¡Y me espera violada mi madre, general!! (Golpea el bombo con mayor fuerza y queda congelado) De pronto ingresa Marcelina, la campesina, corriendo hacia el proscenio. Lo hace alegre como si se encontrara en el campo. La iluminan luces de colores. La campesina trae el cabello amarrado en trenzas. CAMPESINA: (Trae una lliclla1 en la espalda con un bulto que no se identifica. Llama hacia el público) ¡Mariano, Mariano, chuy, Mariano...! ¡¿Has visto mis borregos?! (Se queda congelada) SOLDADO UNO: (Se quita la boina y corre hacia el proscenio, al extremo opuesto de la campesina. Es Mariano, ha corrido alegre con voz vivaz y andina) ¡Por ahí pues se han ido tus borregos, tu tienes que ir para atajarlos, pues, yo no puedo! (Se congela y se apagan luces del proscenio) SOLDADO DOS: (Empieza a cantar con voz normal, sin gritar y sale cojeando del espacio, agotado y cansado) Las doce han dado y sereno, general..., Las doce han dado y sereno, general... Las doce han dado y sereno, general... (Sale) MUJER: (Abrigándose con el mantón se dirige al público. Habla con voz calmada) Trenta y cinco años, creo que son los que tengo o trenta y ocho, tal vez; ya no recuerdo. No sé de un espejo hace mucho tiempo, tampoco sé cuánto. Pudo ser ayer la primera vez que me vi en uno o quizá la mitad de los años que digo tener... ¿Qué hora será? Tal vez estemos de día... (Recordando) Yo cantaba 1 - Especie de mantón andino de muchos colores que sirve de abrigo o para cargar bultos.

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cuando salía el sol, sabía... (Animada) También sé silbar... (Silba un huayno2. Ríe levemente) Aprendí a hacerlo mirando a mis compañeros de escuela, y me sirvió no sólo cuando andaba sola par la puna para espantar a los duendes, para engañarlos y hacerles creer que yo era hombre. Y no sólo a los duendes se les engaña, también a los hombres. Cuando andaba por el pueblo me terciaba el poncho3 al hombro y me ponía el sombrero de mi padre para aparentar ser hombre, porque sino a una la siguen hasta cualquier matorral (Picara) y así pues el pueblo también aumenta. (Pausa) Aquí no se sabe del tiempo, (Pausa) o tal vez sí, (Pausa) que no pasa... (Se queda callada y levanta la cabeza mirando para todos lados) Yo me acuerdo cómo era el tiempo, cómo cambiaba. Era fácil saber cuándo es que iba a llover, cuándo es que iba a hacer viento y cuándo la hora para todo lo que había que hacer... La mujer se sienta en el suelo como descansando y queda congelada. La campesina cruza delante de ella mirando al Soldado Uno; éste, cogiendo su lámpara apagada y colocándose la boina se le acerca y la mira interrogante. CAMPESINA: (Al Soldado Uno) Por aquí no pasa ningún camino, estás lejos. SOLDADO UNO: Tu canto me llamó la atención cuando pasaba. CAMPESINA: (Tranquila) ¿Hacia dónde pasabas? SOLDADO UNO: Tras el hombre de las cien banderas y mil vidas. Tras aquel que busca morir mirando 2 - Melodía popular alegre de la sierra del Perú. 3 - Atuendo de los varones que sirve de abrigo y que cubre del cuello a los pies.

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los horizontes... ¿Qué cantabas, Emiliana? CAMPESINA: (Interrumpiéndolo) No. Me llamo Marcelina. Mejor continúa tu camino, pasajero. SOLDADO UNO: ¿Vives aquí, Marcelina? CAMPESINA: Vivo y existo. Vivo sentada sobre las tierras de agua. Vivo para ver pasar la luz de los días. Existo sobre las piedras ovales, toscas, grises, hermosas; sobre la arena y las raíces, sobre las cordilleras del centro, sur y norte, sobre el crepúsculo verde de los eucaliptos... SOLDADO UNO: (Interrumpiendo) Pero, ¿qué cantabas? CAMPESINA: (Sin notar la interrupción continúa) Vivo incolora bajo los pueblos, bajo las retamas, al abrigo de los alisos y aprendiendo de la eternidad de las lluvias. SOLDADO UNO: ¿Qué hacías cuándo pasaba? CAMPESINA: (Apartándose de él) Me lavaba las carnes. SOLDADO UNO: (Se le acerca) Yo me llamo CAMPESINA: (Interrumpiendo) No me importa tu nombre. Para mí eres uno de los tuyos, como cualquiera... (Pausa) Por aquí pasó el hombre de las cien banderas ... SOLDADO UNO: (Inquiriendo) ¿Has visto al...? CAMPESINA: No, solo te digo que pasó, seguido por el general y sus hombres que no dejaron crecer el pasto donde las orugas de sus botas marcaron con fuego esta tierra ¿Para qué lo andas buscando? SOLDADO UNO: Me debe. CAMPESINA: ¿Qué te debe? SOLDADO UNO: La incertidumbre. CAMPESINA: ¿Nada más que eso, pasajero? SOLDADO UNO: La ignominia y el desarraigo de mi identidad. -38-


CAMPESINA: ¿Algo más? SOLDADO UNO: Una bandera... CAMPESINA: ¿Cuál de ellas? SOLDADO UNO: La que tiene el color de la libertad. CAMPESINA: Ellos también la buscaban... Tú y él la buscan, nosotros jamás hemos visto ese color, o quizá si un color que jamás fue en estas tierras una bandera... (Pausa, como recordando) Nuestra tierra tenía ese nombre, el cielo tenía ese nombre, la noche se llenaba con las estrellas de ese nombre, el agua nos dejaba ese nombre en los labios, nuestros animales tenían ese nombre, era ese nombre el abrazo del ser amado y nuestros hijos eran paridos con el dulce dolor de ese nombre..., libertad... SOLDADO UNO: Para mí es una bandera, mi emblema y razón de batalla. CAMPESINA:...Y muerte. SOLDADO UNO: No sé más ahora que olvido cada día tanto de mí. CAMPESINA: ¿Por qué buscas eso que llamas tu identidad? ¿Igual a quién eres? SOLDADO UNO: A él y tampoco a él CAMPESINA: (Interrumpiendo) ¿Por qué no a él? SOLDADO UNO: Porque me amputaron esa identidad... CAMPESINA: ¿Él? SOLDADO UNO: No, los que me mandaron a buscarlo. La campesina y el Soldado Uno, mirándose de frente, quedan congelados. Aparece el Soldado Dos cojeando, cansado y haciendo rodar su bombo. Se detiene frente a la campesina y la mira congelándose. La mujer se dirige al Soldado Uno quien voltea sorprendido a mirarla. MUJER: Continúa tu camino, pasajero, aquí no lo vas a encontrar. A este lugar, no regresará y menos si tú estás aquí. Deja tranquila a esta tierra. Hace -39-


tiempo que los árboles volvieron a crecer, libres, verticales; que los prados se alfombraron añejos de aroma y que las aves fueron y vinieron surcando al cielo tras la rosa de los vientos. SOLDADO UNO: (Se le acerca) Dime, Marcelina... MUJER: (Interrumpiendo) Me llamo Emiliana. SOLDADO UNO: (Confundido) Yo me llamo... MUJER: (Interrumpiendo) No me importan ni tu nombre ni tu número de identidad, pasajero, al fin y al cabo eso eres. Ya te irás. SOLDADO UNO: (Resuelto) Aquí me quedo, ése, a quien busco, ya vendrá. MUJER: (Enfrentándolo) No. De aquí te vas, ni tú ni él hacen falta. (PAUSA) Los últimos que estuvieron aquí, vestidos con tu color, se fueron hace mucho tiempo después de convertir en cenizas hasta a la última piedra que pisaron. En cuanto a él... (PAUSA) te dije que pasó camino al horizonte. SOLDADO UNO: ¿Cómo dices que no lo has visto? MUJER: (Apartándose) O quizá sí. No lo recuerdo. Mi memoria y la de este pueblo sólo quieren recordar su alegría. SOLDADO UNO: ¿Cómo entonces sabes de él? MUJER: Me lo dijeron mis padres. SOLDADO UNO: (Siguiéndola) ¿Y qué es de ellos? ¡Dónde están? MUJER: (Señalando hacia un costado) Allí, abajo, tras aquella quebrada; dormitan cabeceando con el viento. SOLDADO UNO: (Animado) Entonces voy hacia allá, hablaré con ellos y me dirán por dónde se fue él. MUJER: (Se le cruza en el camino y lo detiene con voz firme) No. (Pausa) Tú no vas a ir por ellos, con tus orugas no volverás a pisar la tierra que los protege. -40-


SOLDADO UNO: (Se detiene confundido) Entonces... MUJER: Cabecean, te dije, como cabecean los eucaliptos que sembré sobre sus lápidas. SOLDADO UNO: Entonces están muertos. MUJER: (Seria) No están muertos. SOLDADO UNO: (Tratando de convencerla) Claro que sí. MUJER: (Alterándose aún más) No, descansan. SOLDADO UNO: ¡Pero cubiertos! MUJER: ¡Sí, para que no sientan frío! SOLDADO UNO: ¡Están bajo tierra, entonces están muertos! MUJER: (Alterándose) ¡No! ¡Tienen vida sobre ellos! SOLDADO UNO: ¡Están muertos y enterrados! ¡¿Quién los mató?! MUJER: (Exasperada) ¡No están muertos! SOLDADO UNO: ¡¿Quién los mató?! MUJER: ¡No me interrogues! SOLDADO UNO: ¡¿Fue él?! MUJER: ¡No fue él! SOLDADO UNO: ¡Fue él! MUJER: (Iracunda) ¡No! ¡No! ¡Fueron los que como tú vinieron a buscarlo! SOLDADO UNO: ¡¡Entonces están muertos!! MUJER: (En el clímax, gritando) ¡¡No!! (Le asesta una feroz cachetada, luego se aparta asustada. Habla con estoicismo) Contemplan las estrellas... (Pausa. Habla con la voz quebrándosele) Y a mi hermana, que yace más abajo entre los murmullos del río, le dejaron la panza bostezándole a los montes porque dijeron que quizá ya tenía uno de los que ustedes buscaban palpitando en el vientre... (Pausa un poco larga)

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El Soldado Uno, impactado por el golpe y con la cabeza gacha, empieza a silbar leve y sentimentalmente un huayno subiendo poco a poco de intensidad. Deja su lámpara en el suelo. Se quita la boina y la guarda en uno de sus bolsillos. Al compás del huayno que silba empieza a bailar mirando de reojo a la mujer, a la campesina y al Soldado Dos quien deja la muleta y se quita la boina guardándola. El Soldado Uno, con la mirada los invita a silbar; ellos lo hacen siguiéndolo uno por uno y luego, mientras silban, bailan en parejas: el Soldado Uno con la mujer y el Soldado Dos con la campesina. Se oye música de una banda folklórica con la melodía que venían silbando. Todos bailan como si se encontraran en una fiesta de su pueblo, ebrios y con mucha alegría. Poco a poco sale la música y ellos empiezan a reconocerse y a mirarse extrañados. SOLDADO DOS: (Apartándose de su pareja empieza a cojear de a pocos. Se coloca la boina y camina sin sentido torpemente) Las doce han dado y sereno, general... (Canta como si lo obligaran) Las doce han dado y sereno, general... Las doce han dado y sereno, general... CAMPESINA: (Corre llamando) ¡Antonio Huaranga! (Se queda quieta y empieza a gemir cogiéndose el vientre) SOLDADO UNO: (Corre poniéndose la boina y se detiene agresivamente delante de la campesina como no permitiéndole el paso) ¡A quién escondes! MUJER: (Corre llamando) ¡Florencio Mallma! (Se detiene) SOLDADO UNO: (Siempre frente a la campesina) ¡Mientes! Debe estar aquí y lo vamos a llevar. MUJER: (Corre llamando) ¡Justino Quispe! (Se detiene) SOLDADO DOS: (Lentamente coge su muleta y el bombo mientras canta levemente) La noche brilla de frío, general... Las doce han dado y sereno, -42-


general... MUJER: (Corre llamando mientras la campesina sigue gimiendo cogiéndose el vientre) ¡Pedro Poma! (Se detiene a un costado, de espaldas al centro) El Soldado Dos empieza a tocar levemente un redoble en su bombo. La campesina, mientras gime, se quita la lliclla y se la amarra en el vientre formando un bulto como si estuviera embarazada; el Soldado Dos llega hasta ella y le cuelga su bombo en la espalda y da un leve golpe sobre él. La campesina siente como si golpearan sobre su cuerpo. La mujer que está de espaldas a ellos también gime de dolor. El Soldado Uno se agazapa como una fiera y se desliza bajo la falda de la campesina. Entre sus piernas busca «algo» con violencia mientras los golpes sobre el bombo se hacen cada vez más intensos. De pronto, con el sonido violento de un solo golpe sobre el bombo, el Soldado Uno le arranca de la lliclla (vientre) un pequeño muñeco que significará ser un bebé. La campesina lanza un alarido mientras el Soldado Uno, cogiendo su lámpara y siempre agazapado como una fiera, se lleva a su criatura entre los dientes saliendo de escena. Detrás de él sale el Soldado Dos cojeando y haciendo rodar su bombo luego de quitárselo a la campesina. La mujer, sin mirar la escena de violencia, ha sufrido mostrando su dolor al igual que la campesina. CAMPESINA: (Adolorida, cogiéndose el vientre, sollozando y mirando cómo se llevan al niño) Hijo..., hijo..., hijo (Desgarradoramente gritan la campesina y la mujer a la vez) ¡¡Hijo!! MUJER: (Luego de una pausa se dirige al público mientras sale el Soldado Uno agazapado y seguido por el Soldado Dos. La campesina se congela) A los borregos y huachitos4 hay que estarlos vigilando siempre... (Calmada) Me acuerdo de eso, si no el puma se los puede llevar... (Pausa) Yo siempre tuve mucho cuidado. (Picara) Yo más bien andaba perdiendo -43-


otra cosa. Es que frente a mi chacra, cruzando el camino, quedaba la de Mariano; y allí, pues, yo más paraba y de un día para otro (Picara) o de una noche para otra algo se tiene que perder. (Pausa) La primera vez que me dejaron sola, cuando yo estaba ya grande perdimos mi mamá y yo; mi mamá algunos huachitos y yo pues lo que se pierde cuando es la primera vez que una se mete a corral ajeno con un sabido como el Mariano... (Ríe pícaramente) Me castigaron mucho al día siguiente... Entonces no supe qué había perdido o ganado en mí. Después ya lo supe, mucho después, cuando llegó un cura por el pueblo y en uno de sus sermones me asustó, y nunca pensé que eso fuera tan grave, tanto que cuando me persignaba (Lo hace) como lo hacen todos, mentalmente también me persignaba allí, pues, abajito, allí donde el cura aquel dijo que la Virgen María nunca se lo había visto ni tocado. (Pausa) Pero no se puede evitar meterse a corral ajeno a pesar de los temores; mi chacra seguía allí, Mariano trabajando, mi mamá perdiendo sus huachitos y yo, pues, perdiéndome con Mariano... (Se queda callada y de su bolso vuelve a extraer su espejo. Mirándose en él camina por distintos lados sin percatarse de la presencia de la campesina. Continúa mirándose. Se queda quieta. La campesina abraza su lliclla y la oprime contra su pecho con mucho cariño. Paralelo a esto, la mujer habla mirándose en el espejo) Trentaicinco años, creo que son los que tengo…(Pausa) CAMPESINA: (Abrazando su llicla vacía) Veinticinco años, creo que son los que tengo… (Pausa) MUJER: (Guarda su espejo y mirando al vacío, como en sus recuerdos, suspira profundamente) Yo tuve 4 - Cría recién nacida de las ovejas y quedan huérfanas.

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cinco años y ayudaba a mi padre a cuidar los borregos. (Pausa) CAMPESINA: (Abrazando su lliclla) Cuando era chica nunca dejé escapar un borrego. Siempre volvía de la chacra con la manada completa... (Ella también mira a sus recuerdos) El puma nunca me robó una cría... (Pausa) MUJER: Ayudaba a cuidar los borregos de mi padre y nunca el puma me robó una cría... (Pausa) CAMPESINA: Nunca el puma me robó una cría… (Se desplaza con el cuerpo aún adolorido por la violencia recibida) Yo sabía escucharlo cuando se acercaba; sabía olerlo con la ayuda del viento. Reconocía su cercanía en las asustadas orejas de mis borregos. Ese animal nunca me engañó, nunca fue astuto conmigo, a pedradas lo hacía correr y más de una vez le reventé el hocico y lo vi huir sangrando entre los matorrales de mi chacra ... MUJER: A los diez años cargaba a mi hermanito en la espalda y seguía cuidando los borregos de mi padre y seguía juntando la leña y seguía cosechando la tierra, la buena tierra que nos dejó sus colores en la piel… (Pausa) Veía pasar un año tras otro, un invierno que seguía al otoño… (Como recordando) Veía la huerta helada y más tarde el patio blanco que en setiembre se llenaba de flores; así, los techos escarchados y fríos de enero y febrero, sonreían más tarde secos en primavera... (Pausa) A los diez años no había más tierra que la mía, más cielo que el que me cubría ni más viento que el que conocían mis trenzas ... CAMPESINA: (Cogiéndose las trenzas) A los quince años yo tenía las trenzas más largas del pueblo ... y a él le gustaba jalármelas ... Y a mí también me gustaba que sólo él me las jale ... MUJER: A los quince años una se vuelve distraída porque -45-


en la cabeza hay más cosas en qué pensar ... Y a veces hasta parece que el cuerpo pensara, porque empieza a sentir cosas que la cabeza no quiere ... Y el cuerpo ya no está para descuidarlo. Al cuerpo también le salen frutos como a la tierra, y aparece algo nuevo por aquí y algo nuevo por allá ... Y una amanece cualquier día llena de tentaciones ... Y aunque una no quiera sentir nada otros le hacen sentir todo a una ... CAMPESINA. A los quince años no importan los borregos ni el puma, tampoco el látigo cuando una se escapa a revolcarse a los corrales... (Ríe levemente sin dejar de abrazar su lliclla) Sólo eso y el resto de la vida pasaba por aquí y no estaba mal... (Pausa) Lejos de todo, encerrados por estos cerros estábamos como protegidos. Nadie venía, todos los rostros eran los de siempre. Las fiestas las mismas, los pies siempre sobre los mismos surcos que cada estación dejaban los arados... MUJER: (Se desplaza) Florencio... Pedro... Justino... Antonio, crecimos juntos… CAMPESINA: (Se desplaza) Sobre esta misma tierra nacíamos y nos enterrábamos... Si era nuestra la alegría también lo era el dolor, de nadie más. MUJER: Nadie se iba de nuestro pueblo, y si alguna vez salía alguno ya no volvía... La capital nunca los soltaba... (De pronto quedan frente a frente la mujer y la campesina) CAMPESINA: (Mirando a los ojos de la mujer) ¿Y si alguna vez salgo me soltará la capital? MUJER: (También mira de frente a la campesina como si estuviera frente a un espejo) Tuve que salir, tuvimos que hacerlo cuando a lo lejos vimos que el horizonte empezaba a encegueser cargado de miedo. CAMPESINA: Llegaron ellos buscando a los que huían -46-


con sus armas en alto y fueron a nosotros a quienes encontraron ... MUJER: Y sin un solo parpadeo, bufando sin razón ni pena vomitaron sobre nosotros y nos abrieron el alma (Pausa). Tuvimos que cerrar nuestras vidas acá y abrir otras, muy lejos, sobre otras tierras bajo un cielo ajeno que hería el recuerdo del nuestro. Escapamos con el aliento por delante, arrastrándonos como aparecidos hasta asentarnos en otros suelos y ver crecer de nuevo a los nuestros; pero nada ya era igual... Nunca pensé en volver, pero después de muchos años me soltó la capital ... He vuelto. CAMPESINA: (Como si se mirara en un espejo le habla al rostro de la mujer) ¿Me reconocerá alguien cuando vuelva? ¿Podré reconocer a ... MUJER: (Interrumpiendo)... A Florencio... Pedro... CAMPESINA: (Interrumpiendo)… Justino Antonio ... MUJER: (Interrumpiendo)... ¿A mis padres bajo la buena tierra que los cubre?, ¿a mi hermano jamás enterrado por nuestras manos, oculto en algún lugar bajo desconocidas piedras…? CAMPESINA: (Interrumpiendo abraza su lliclla vacía) ¿ A mi hijo…? (Pausa. Se queda mirando de frente a la mujer) Veinticinco años, creo que son los que tengo. MUJER: (Mirándose en el rostro de la campesina lo toca suavemente y lo recorre con sus dedos como si quisiera reconocerse) Yo tuve veinticinco años cuando... CAMPESINA: (Tocándole suavemente el rostro a la mujer)... Cuando salí... (Pausa) Mariano salió mucho antes que yo y por eso cuando volvió con los pasos de su general no me reconoció… MUJER: (Que sigue tocando el rostro de la mujer) Marcelina se quedó en el pueblo y Emiliana llegó a la -47-


capital... ¿A qué has vuelto si ya no queda nadie? CAMPESINA: (Gira de improviso dando la espalda a la mujer. Llama) ¡Mariano, chuy, Mariano ¿Has visto mis borregos? MUJER: (Que también gira como queriendo no recordar) Yo tenía quince años y llamaba así a Mariano para encerrarnos en el corral... (Cierra los ojos) Y no me reconoció..., después... (La campesina se coloca la lliclla vacía en la espalda) Después no me reconoció ... CAMPESINA: (De pronto empieza a correr desesperadamente alrededor de la mujer) ¡Allá vienen! ¡Allá vienen! Mujer: (La campesina se queda quieta mirando perdidamente con temor. La mujer corre alrededor de ella desesperadamente) ¡Allá vienen! ¡Allá vienen! (Ambas, ruedan por el piso para luego ponerse de pie. Retroceden hasta quedar, en el centro del espacio, espalda con espalda, como si se protegieran entre ellas. Mientras retroceden pronunciando nombres) CAMPESINA: (Asustada) ¡Justino Quispe! MUJER: (Asustada) ¡Antonio Huaranga! CAMPESINA: (Asustada) ¡Florencio Mallma! MUJER: (Asustada) ¡Pedro Poma! (Las dos caen de rodillas y se agarran de las manos. Hablarán en actitud dolida y con temor, sin mirarse, mirando indistintamente a diferentes puntos del espacio) Por eso no quise quedarme, yo sabía que tarde o temprano sus ojos no iban a tener más llanto. CAMPESINA: Justino... MUJER: Sus ojos... CAMPESINA: Antonio... MUJER: Sus ojos... CAMPESINA: Florencio... -48-


MUJER: Sus ojos... CAMPESINA: Pedro... Lo vi arrastrarse por la tierra como si fuera una lombriz, pero no lo era, quería cogerse del mundo y de esta vida con cada piel. MUJER: Yo le vi babear como si quisiera llorar por la boca; le olí los orines que se le vinieron de miedo. CAMPESINA: Tenía los ojos abiertos como si no pudiera mirar por el sol, como si quisiera abarcar todo el horizonte... MUJER: Como si recién quisiera conocerme... CAMPESINA: Como si quisiera espantar a las moscas de sus heridas... MUJER: Como si quisiera comerse los gusanos que le tragaban las vísceras... CAMPESINA: (Agitada) ¡Como si se burlara alumbrándose la vida!... MUJER: (Agitada) ¡Como si quisiera ver en la oscuridad que sólo él veía!... CAMPESINA: (Agitada y espantada) ¡Como si quisiera espantar a la muerte que se le echaba encima! MUJER: (Pausa) Apestaba..., con esa abertura en el pecho ya no era más mi padre ni mi madre. CAMPESINA: Ni mi hermano ni mi hijo. MUJER: Se pudría como se pudre la tierra con la pólvora. CAMPESINA: Se pudría sin lengua... MUJER- Se pudría sin ojos... CAMPESINA: Se pudría sin dientes... MUJER: Se pudría sin pecho... CAMPESINA: Sin rostro... MUJER: Se pudría sin sexo... CAMPESINA: ¡Sin carne! MUJER: ¡Se pudría sin cuerpo! -49-


CAMPESINA: ¡Sin nada!... (Pausa) MUJER: Lejos hemos quedado y volverán de nuevo. CAMPESINA: Volverán por nosotras y por nosotros. MUJER: Pisarán al padre nuestro que está en los cielos. CAMPESINA: Hágase tu voluntad, Señor ¡Hágase tu voluntad! MUJER: Volverán por este pan de cada día. CAMPESINA: No puedo escupir al cielo, Señor, porque me caerá en la frente. MUJER: (Como si rezara) Creo en Dios Padre Todopoderoso. CAMPESINA: Me caerá en la frente, ¡qué bien sabes lavarte las manos! MUJER: (Como si rezara con los ojos cerrados) Creador del cielo y de la tierra. CAMPESINA: ¡No puedo blasfemar, Dios, esta tierra es de cristianos! MUJER: (Como si rezara) Creo en Jesucristo, su único hijo. CAMPESINA: ¡No! También lo fueron mi padre, mi hijo y mi hermano. MUJER: (Como si rezara) Que fue torturado, muerto y sepultado. CAMPESINA: ¡También! MUJER: Amén. CAMPESINA: La procesión va en mis entrañas... MUJER: Amén. CAMPESINA: Volverán por nosotras y ya no seré yo ni tú tampoco. MUJER: Yo no seré alguien. Seré nadie, sin derechos que me cubran. CAMPESINA: Seré un registro, un número, una celda. MUJER: (Con ira) Carne de buitres... CAMPESINA: Pasto de gusanos. -50-


MUJER: Seré un inmundo cuerpo que olerá a semen de sus captores. CAMPESINA: Una vagina violada por bayonetas. MUJER: Mis senos saciarán la sed de mil mandíbulas. CAMPESINA: Dos nalgas hechas pedazos. MUJER: ¡No! (Pausa. Habla con calma) Yo quiero ser un mañana, tierra nueva..., molino de viento en reposo... CAMPESINA: Yo quiero vivir para ver pasar la luz de los días... MUJER: Yo quiero vivir bajo las cordilleras, al abrigo de los alisos y aprendiendo de la eternidad de las lluvias... Luego de una breve pausa las mujeres corren despavoridas y gritando se sitúan a ambos lados del escenario. MUJERES: ¡Allá vienen! ¡Allá vienen! ¡Allá vienen! Por un extremo aparece cojeando y maltrecho el Soldado Dos con el bombo en el pecho. El Soldado Uno, quien trae su lámpara encendida, lo empuja con un palo, a manera de lanza, por la espalda haciéndolo gemir. Las mujeres los observan sin expresar ningún sentimiento. SOLDADO DOS: (Gime y cojea empujado por el Soldado Uno. Canta con dolor sin tocar su bombo.) «Las doce han dado y sereno... Las doce han dado y sereno... Las doce han dado y sereno...» (Avanza hasta la mujer. Se detiene delante de ella y cae de bruces sobre su bombo). SOLDADO UNO: (Estático lo observa mirándolo caer) ¡No! (El Soldado Dos se reincorpora adolorido) SOLDADO DOS: (Empieza a llorar levemente mientras se reincorpora adolorido) ¡No!... No, general, yo no -51-


quiero ir, no quiero regresar... , deje que me vaya... Una bomba voló mi triciclo... (El Soldado Uno deja su lámpara entre el Soldado Dos y la mujer, se aparta a un costado y observa el cuadro con tristeza) No, general, yo no quiero ir. Si usted gusta yo puedo dar la hora de avanzar... (Pausa. Habla imaginando que tiene al general delante suyo) Escúcheme, mi general... (Levemente, sin, gritar) Las doce han... (Empiezan a gemir y prorrumpe en llanto, luego se tranquiliza) Pero si usted quiere yo puedo matar. Debe ser igual, ¿no, general?, como cuando mataba a mis soldados de juguete... Yo maté más indios que Custer, por eso me compraron mis pistolas... (Rompe a llorar desconsoladamente. La mujer se le acerca y lo acaricia mientras tararea el tema del inicio de la obra. El Soldado Dos deja de llorar poco a poco y la mira) Si tú sabes cantar así, pues, yo también puedo. Escúchame... (Tararea brevemente la canción) Y también sé hacer lo que tú haces en la chacra... También hundí los pies descalzos entre las semillas y azucé bueyes para que hicieran surcos en mi chacra ... Papá me enseñó y yo aprendí... (Mirándola) Marcelina, y yo aprendí... También dormí delante de la leña mientras mamá hilaba... SOLDADO UNO: (Desde su sitio) Ella también cantaba como nosotros, Emiliana... SOLDADO DOS: (Sin haber escuchado al Soldado Uno continúa) Ella también cantaba... (Habla como recordando con emoción contenida) En mi pueblo todos cantaban... SOLDADO UNO: Entonces de noche cualquier forastero confundía nuestras voces con la de los grillos... SOLDADO DOS:... Con la de los grillos Y al día siguiente... CAMPESINA: (Desde su sitio)... Y al día siguiente un -52-


nuevo canto con la tierra... SOLDADO DOS: (Contempla animado a la mujer) Sí, Marcelina, un nuevo canto con la tierra... A hablarle al río o al tiempo para que llueva... Y nada más... (Se pone triste) SOLDADO UNO: (Desde su sitio) Y después me fui, y nada más, ya no me acuerdo... SOLDADO DOS:... Y un día, cuando ya era un soldado de la patria me ordenaron que tenía que salir al encuentro del que esgrimia otra bandera, y nada más (Empieza a alterarse) Y salí como un perro para degollarlo... SOLDADO UNO: (Que también empieza a alterarse) Yo no me cansaba de correr, yo no tenía hambre porque me decían que no lo tuviera... Y llegué hasta allá... SOLDADO DOS: Hasta aquí... SOLDADO UNO: Y hasta allá... SOLDADO DOS: (Alterado) Y aprendí a levantar la mano sobre la sien como respeto... (El Soldado Uno desde su sitio hace la acción al igual que el Soldado Dos) Y después a bajarla con un puñal entre los dedos... (El Soldado Uno se ha quedado saludando militarmente) Y a cantar... (La exasperación va subiendo) Y a cantar que era invencible... SOLDADO UNO: (Cuadrado militarmente y estático) ¡Uno, dos, tres, cuatro! SOLDADO DOS: (Exasperado) Que era un invencible guerrero de acero, grandioso y eterno ... SOLDADO UNO: (Cuadrado militarmente y estáhco canta) «Un soldado no se cansa ni descansa, un, dos, tres, cuatro!» SOLDADO DOS: (Exasperado) ¡Sí, sí, sí! Cantaba que era fuerte e invencible mientras me asustaban con las patadas... -53-


SOLDADO UNO: (Idem. Canta estático) «¡No se cansa ni descansa, un, dos, tres, cuatro!» SOLDADO DOS: (Exasperado, nervioso y miedoso) ¡Y me enseñaron a olvidarme quién era! SOLDADO UNO: (Idem) «¡No se cansa ni descansa!» SOLDADO DOS: ¡Y me enseñaron a no pensar ni imaginar nada! SOLDADO UNO: (Idem) «¡No se cansa ni descansa!» SOLDADO DOS: ¡A no sentir ni reír! SOLDADO UNO: (ldem) «¡Un, dos, tres, cuatro!» SOLDADO DOS: ¡A no gemir ni vivir! SOLDADO UNO: (Idem) «¡Ni descansa, no se cansa?, dos, tres, cuatro!» SOLDADO DOS: (Conteniendo el llanto) ¡A saludar a mi bandera! SOLDADO UNO: (Idem) «¡Cuatro, dos, uno, ni descansa!» SOLDADO DOS: (Desesperado) ¡Y a orinarme en la cara del compañero mientras otros se cagaban encima mío, mío, mío!! (Prorrumpe en llanto. Pausa. Silencio de espectativa. Habla calmado) Pero amé a mi general, porque se sentía orgulloso de la gloria de nuestros héroes ... (El Soldado Uno deja de saludar y se queda estático) Y yo me sentí también orgulloso... (Con falso orgullo) heredero de esa gloria, por eso me dijeron que disparara... (Se pone de pie. Se cuadra y saluda torpemente) ¡A la orden, mi general! Y volví a esta tierra que ya no era la mía. Los surcos que hice en la tierra los volé con esquirlas. Y volví a hundir los pies, ya no descalzos, esta vez en los cráneos de mis hermanos... (Se queda callado) No sé más, no debo pensar ¡Todavía soy fuerte e invencible! ¡Papá general me enseñó y yo aprendí!... (Pausa) Y yo aprendí... SOLDADO UNO: Y yo aprendí... (Mira al Soldado Dos) -54-


SOLDADO DOS: (Mirando al suelo) Y yo aprendí... (Gira lentamente dando la espalda a la mujer) Y yo aprendí... SOLDADO UNO: (Se acerca al Soldado Dos para ayudarlo a caminar. Recoge del suelo la muleta y se la entrega) Y yo aprendí... SOLDADO DOS: (Camina torpemente ayudado por Soldado uno) Y yo aprendí... (Se quita el bombo y sale haciéndolo rodar. Cojea apoyado en su muleta. Camina torpemente, cansado, mientras canta con voz agotada) «Las doce han dado y sereno, general..., las doce han dado y sereno, general..., las doce han dado y sereno, general». SOLDADO UNO: Y yo aprendí... (Pausa) Y yo aprendí... (Pausa) Y yo aprendí... (Viendo salir al Soldado Dos el Soldado Uno se detiene a medio camino) MUJER: (Con frialdad) Y tú aprendiste... SOLDADO DOS: (Saliendo) Y yo aprendí... CAMPESINA: (Desde su sitio viéndolo salir) Y tú aprendiste... SOLDADO UNO: (Desde su sitio viéndolo salir) Y yo aprendí... MUJERES: (Las dos a la vez) Y tú aprendiste, Mariano... Ambos soldados se quedan quietos. El Soldado Uno mira a la mujer y el Soldado Dos a la campesina. Luego de una breve pausa el Soldado Dos sale empujando su bombo mientras canta su sereno en tono bajo. El Soldado Uno se queda estático demostrando temor. SOLDADO DOS: (Cantando) «Las doce han dado y sereno, general...». MUJERES: (A la vez) Y tú aprendiste, Mariano... CAMPESINA: (Mirando al Soldado Uno) Mariano, chuy, Mariano... MUJER: (Le habla al Soldado Uno) Y tú aprendiste... -55-


De pronto ambas mujeres salen de sus sitios y corren despavoridas alrededor del Soldado Uno que está atemorizado. MUJERES: (Gritando) ¡Allá vienen! ¡Allá vienen! ¡Allá vienen! El Soldado Uno empieza a sentir pavor. Con el palo como arma ataca al aire mientras las dos mujeres salen corriendo. SOLDADO UNO: (Pelea con el viento como si estuviera frente a enemigos imaginarios) ¡Fuera! ¡Fuera! ¡Lárguense! ¡No me sigan! ¡Fuera! ¡Déjenme! (Desesperado corre de un lado a otro) ¡No, no! ¡Yo no hice eso! ¡Yo no fui! ¡Yo no fui! ... ¡No me miren así! ¡Yo no fui! (Con la mirada desorbitada cae agotado al suelo delante de su lámpara. Mira a un punto perdido mientras de ambos extremos salen las mujeres arrastrando cada una un cadáver sin rostro. Ellas caminan lentamente mirando también puntos perdidos en el espacio. Contienen el llanto hasta llegar al centro del escenario. Se quedan quietas junto al Soldado Uno que no las mira, pero, las siente. Las mujeres se arrodillan junto a sus cadáveres, gimen y lloran bajo, sin gritar, mientras acarician, abrazan y besan a sus muertos) No..., no... (El Soldado Uno escucha el llanto y, le entra pánico) No..., no..., no, no, no, no, ¡no, no, no, no! ¡¡No!! Las dos mujeres y el Soldado Uno caen de bruces al suelo junto a los cadáveres pasando a formar nuevos cadáveres. Breve pausa y aparece el Soldado Dos caminando torpemente ayudado por su muleta y cargando el bombo en el pecho. Coge la lámpara. Camina, lentamente hasta -56-


llegar cerca a los cuerpos. Mira a los cadáveres sin mostrar mayor emoción, como si ya estuviera acostumbrado. Camina entre ellos alumbrándose con su lámpara y los observa. SOLDADO DOS: (Sin cantar. Hablando) Mambrú se fue a la guerra... (Observa los cuerpos) y no sé cuándo vendrá... Se fue a la guerra y no sé cuándo vendrá... (Tararea la canción) Mambrú se fue a la guerra... (Empieza a cantar caminando por entre los cuerpos. Se calla cuando se detiene a mirarlos) «Mambrú se fue a la guerra y no sé cuándo vendrá, quizá para la pascua o para na...» (Observa, luego continúa) «Se fue para la guerra y no sé cuándo vendrá». (Tararea y canta con alegría acompañándose la canción con el bombo. Empieza a girar sobre su sitio cantando fuerte, casi gritando. El Soldado Uno se pone de pie lentamente y va hacia él.) SOLDADO UNO: (Mirándolo de frente con voz calmada) No debiste venir... SOLDADO DOS: (Se detiene poco a poco de girar y de cantar. Mira de frente al Soldado Uno) Tú no debiste volver... SOLDADO UNO: Vete. SOLDADO DOS: ¿Lo encontraste? SOLDADO UNO: Vete. SOLDADO DOS: No lo encontré. SOLDADO UNO: No me importa. SOLDADO DOS: Tú debiste encontrarlo. SOLDADO UNO: Ahora busco a mi general. SOLDADO DOS: No me importa, no lo encontré. SOLDADO UNO: Mi general responderá por mí. SOLDADO DOS: ¿Y por mí? -57-


SOLDADO UNO: Y por ti y por nadie. SOLDADO DOS: (Hablando) Las doce han dado y sereno. SOLDADO UNO: General. SOLDADO DOS: No me importa. SOLDADO UNO: General. SOLDADO DOS: Las doce han dado y sereno. SOLDADO UNO: Las doce han dado y sereno, general; es hora de avanzar. SOLDADO DOS: De matar. SOLDADO DOS: (Se acerca al centro del escenario sin dejar de mirarse) General. SOLDADO UNO: Los cañones tiemblan de frío. SOLDADO DOS: General. (Deja la lámpara al centro con temor) SOLDADO UNO: La noche brilla de frío. SOLDADO DOS: General. (Suelta su muleta y empieza a caer de espaldas como recostándose por el peso del bombo que trae en el pecho). SOLDADO UNO: (Le quita el palo con el que el soldado Dos toca su bombo) Las doce han dado y sereno y tengo miedo... SOLDADO DOS: (Tendido de espaldas como si agonizara) General. SOLDADO UNO: (Con el palo golpea lentamente el bombo del Soldado Dos como si quisiera abrirle el pecho) Los cañones tiemblan de frío ¡Los cañones tiemblan de frío! ¡Me pudro y apesto! SOLDADO DOS: (Agonizante)... General. SOLDADO UNO: (Golpea) ¡Mi madre me espera! ¡Tengo miedo! (Golpea repetidas veces mientras habla) ¡Me pudro y apesto! ¡Tengo miedo! ¡Mi madre, he cortado mil cabezas, tengo miedo, me pudro -58-


y apesto, general! (El Soldado Dos ya no responde) ¡General! (El Soldado Uno, agotado, empieza a cantar) «Las doce han dado y sereno » ... (Lentamente le quita el bombo al Soldado Dos y se lo cuelga al cuello. Coge la muleta y camina torpemente. Canta sin gritar, pero con temor) «Las doce han dado y sereno, general... Me pudro y apesto de frío, me pudro y apesto de frío, (empieza a golpear una y otra vez el bombo que tiene en el pecho) me pudro y apesto de frío, me pudro, de frío, apesto de frío, de frío, (desesperado hasta llegar al paroxismo) ¡¡¡de frío, general !!!...» (Golpea con furia el bombo hasta caer violentamente de espaldas y quedar muerto en medio de los demás cadáveres). De pronto se escucha música de huayno alegre o cualquier melodía popular, quizá un carnaval. Con esa música todos se ponen de pie y empiezan a bailar alegres. Las mujeres, mientras danzan, cogen indumentaria campesina: sombreros, llicllas, hilados, etc. Y se visten o agregan a la ropa que ya tienen. Acto seguido cargan en sus espaldas a los cadáveres y siguen bailando. Los soldados se quitan los símbolos militares y se visten con ropa de; campesinos, cogen instrumentos de labranza, hablan y danzan entre ellos como si se dirigieran a la chacra a trabajar. Se visten con sombreros y ponchos. Beben licor. Todos bailan girando en el espacio. Los cuatro personajes salen hablando convertidos en gente de pueblo continuando con su vida diaria. Salen bailando por distintos lados dejando en el espacio los vestuarios anteriores, los cadáveres, la lámpara y el bombo del Soldado Dos que queda quieto e iluminado por un haz de luz al centro del escenario. La música continúa hasta terminar sola apagándose a la vez la luz que ilumina al bombo y al escenario. FINAL -59-


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ARRABAL-TEATRO

ha estrenado mundialmente la obra «BAILANDO CON EL MUERTO» de Óscar E. Tabenisse, el día 24 de marzo de 2001, en el Teatro Principal de Requena, con el siguiente: REPARTO: CUQUI MERCEDES LUJÁN ADA JULIA JIMÉNEZ CLARA PILAR OCHANDO EQUIPO TECNICO: DISEÑO ESCENOGRÁFICO NICOLÁS GARCÍA JOSÉ LUIS PRIETO REALIZACIÓN ESCENOGRAFÍA JOSÉ CARRIÓN NICOLÁS GARCÍA MIGUEL MONZÓ CARACTERIZACIÓN CARMEN GIMÉNEZ LOLA MONZÓ VESTUARIO AMPARO SERRANO CONTROL ILUMINACIÓN JUAN ZAZO CONTROL SONIDO LUIS MIGUEL MIRA ATREZZO Y PROD. EJECUTIVA LORENZO GABALDÓN REGIDURÍA CELIA RODRÍGUEZ AUXILIAR DE DIRECCIÓN PACO MUÑOZ DIRECCIÓN JOSÉ LUIS PRIETO

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TÍTULOS DE LA COLECCIÓN 1.- LA GUERRA DE TODOS LOS SILENCIOS de Francisco Prada FREDDIE: CEREMONIA PARA UN ACTOR DESESPERADO de Abilio Estévez 2.- AZOTEA

de Francisco Javier Puchades Hernández

FIEBRE

de Alberto Conejero López

3.- BAILANDO CON EL MUERTO de Oscar E. Tabernisse LA CANCIÓN DEL SOLDADO de Walter Ventosilla Quispe

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