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actualmente cerca del 19% del territorio continental chileno corresponde a Áreas Silvestres Protegidas por el Estado (INJUV, 2014). Dicha protección está velada desde 1984 por la Ley Nº 18.362, la cual tiene como propósito la conservación, regulación y mantención de ciertas áreas representativas de la ecología chilena, junto con sus flujos, ciclos y recursos particulares. Si bien la existencia de la normativa ha permitido gestionar los territorios declarados, ésta sólo aplica dentro de un límite geométrico —definido en los mapas— el cual no reconoce la condición de permeabilidad de los sistemas ecológicos, dejándolos susceptibles a lo que ocurre en los territorios adyacentes. Por esta razón es necesario cautelar el modo en que los paisajes naturales —producto del proceso evolutivo de la naturaleza—, se transforman en paisajes culturales —producidos por la ocupación del territorio hecha por el hombre— (Berg, 2008). Conflictos socio-ambientales Junto con lo anterior, el territorio nacional se encuentra amenazado por la existencia de múltiples conflictos socio-ambientales (Figura 2). Éstos han sido definidos por el Instituto Nacional de Derechos Humanos de la siguiente manera: «Disputas entre diversos actores —personas naturales, organizaciones, empresas privadas y/o el Estado—, manifestadas públicamente y que expresan divergencias de opiniones, posiciones, intereses y planteamientos de demandas por la afectación (o potencial afectación) de derechos humanos, derivada del acceso y uso de los recursos naturales, así como por los impactos ambientales de las actividades económicas» (INDH, 2012a).

Es decir, son problemas en la calidad de vida, tanto de las comunidades humanas como de otros seres, suscitados por efecto de la explotación de los recursos naturales del lugar en que viven para fines productivos. Figura 2 Mapa de conflictos socioambientales. Fuente: Elaboración propia, basado en INDH, 2012b.

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Es así como en la actualidad encontramos múltiples megaproyectos localizados en el borde de las áreas legalmente protegidas, obviando el hecho de que la biósfera, el territorio y los ecosistemas naturales no se desarrollan dentro de un perímetro fijo determinado por el hombre, sino que trasgreden estos límites y se conectan con los sistemas vecinos generando una trama viva de interacciones naturales. Si bien muchos de estos proyectos son necesarios para el desarrollo de nuestra sociedad, cabe preguntarse si los estamos ejecutando de la mejor manera. No hay que olvidar que el recurso primario es el territorio (McHarg, 1969) y que si excedemos su capacidad de regeneración, ya no podremos utilizarlo más. Por todo lo anterior, queda de manifiesto que Chile es un país donde las disputas por el territorio son constantes, lo que hace imprescindible que los arquitectos nos preguntemos cómo nuestra disciplina puede aportar en una situación de conflicto territorial. Metodología Para poder llevar a cabo esta investigación fue necesario, en una primera instancia, realizar un registro de todos aquellos conflictos socio-ambientales que comprometen áreas protegidas por el Estado en el territorio chileno. Esta tarea se llevó a cabo mediante la recopilación de datos duros y un análisis bibliográfico, lo

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Arquitectura no es sólo obra

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27 investigaciones seleccionadas para la XIX Bienal de Arquitectura y Urbanismo de 2015

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